Efecto Colateral
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La universidad aburría definitivamente. No le fue difícil retomar la carrera luego de haberla congelado tan abruptamente; unas cuantas charlas con su rector, unos cuantos exámenes libres, y ¡chalam!, Yagami Light estaba devuelta en sus estudios. Y en su gloriosa rutina.
Había reanudado su relación con Takada Kiyomi. Luego de cerrar el caso, había terminado por convencer –con mucha persuasión y grandes citas- a Misa de que su noviazgo era solo unilateral y que él realmente no se acordaba del motivo por el cual la inició. Misa lloró, lo abucheó, pero tras unos dos meses aceptó la resolución de Light. Aunque claro decidió seguir siendo su amiga hasta que Light inevitablemente se enamorara de ella. Algunas cosas nunca cambiaban.
Takada era inteligente, refinada y hermosa. Lo que siempre se había imaginado en una persona para acompañar su vida. Era lo que alguien tan modélico como él, debía hacer en la sociedad. Takada había estado contenta al verlo nuevamente, tras unas cuantas escusas por su ausencia, la chica había aceptado salir de nuevo con él. Y de eso ya iban casi cuatro meses.
Ya iban seis desde que había visto por última vez a L.
No era como si pensara todo el día en el hombre insomne, por supuesto que no. Después de todo, Light tenía bastante actividad en el día como para que sus pensamientos mandilaran al detective. Su padre, unos días después de cerrar el caso y de reanudar su vida, le había recomendado iniciar una vida independiente. Así Light estaba arrendando un apartamento que pagaba a medias con su progenitor. Más los estudios y el trabajo de medio tiempo que se había buscado en la biblioteca de Tõõ –agregando además las citas junto a Takada- el tiempo libre para el joven genio era casi inexistente.
Aunque era inevitable, que de vez en cuando, quizás en alguna clase levemente –o enteramente- tediosa u ordenando los libros, Light se preguntara en que estaría L. ¿Trabajando en un caso difícil?, Light siempre se fijaba en las noticias, buscaba información de investigaciones en donde se mencionara al detective internacional. ¿En algún país lejos de Japón?, por supuesto, seguramente en Europa, en alguna habitación oscura, apática, atiborrado de dulces junto a su notebook.
Tenía un número de teléfono con el cual podría contactarse con él. Light no lo utilizaría claro, no era como si estuviese desesperado por conversar nuevamente con L. Era normal extrañarlo, al fin y al cabo había pasado más de medio año junto a él. Pero nunca como para llegar a los extremos de llamarlo para volverse a ver. Además, cuando el detective –con su voz monótona y sin emoción- le había dictado dicho número, había dejado entrever que era solo para una situación extrema. Y Light ni se estaba muriendo, ni estaba en una necesidad desesperada de ayuda. En fin, no estaba en ninguna situación extrema.
Light pensaba que habían quedado cosas sin decir a la ida del detective. La principal, era la ambigüedad con la que L le había declarado inocente. La segunda era si su amistad era real o no. La tercera era si se volverían a ver –otra ambigüedad más del hombre pálido- y la cuarta, era qué eran ellos realmente. Porque Light era un genio, un experto en leer emociones, y como tal, podía ver claramente que entre el detective y él algo había. ¿Amistad?, ¿atracción?, las habían, eran jóvenes que se habían encadenado las 24/7, sabían sus hábitos, y el hábito hacía el acostumbramiento, y verse tanto había terminado por crear la fricción de la atracción. Ya lo sabía en estos momentos, L le atraía y él tal vez le atraía a L. ¿Pero entonces qué?, el detective se había ido, dándole un número solo en caso de emergencias, y de ahí nada más.
Y bajo todo su orgullo y ego, Light sabía que le sería imposible intentar contactarse con L. Si quisiesen verse de nuevo, tendrían que ser ambos, L sabía donde encontrarlo.
No era como si estuviese desesperado por volverse a ver con L. Por supuesto que no, él era Yagami Light, estudiante modelo, hijo perfecto. Claro que no extrañaba tanto al maniático del azúcar. Y no utilizaría aquel número. Además tenía una vida ocupada, en pocas horas más se encontraría con Takada, irían a ver una película, luego la iría a dejar a su casa, llegaría a la suya, comería algo, se sentaría frente a la computadora y vería por horas el número que le dejó…
¡No!
Yagami Light era Yagami Light. Y tenía muchas cosas más importantes como para perder su valioso tiempo en aquel detective.
—¿Kiyomi?, voy para allá.
Y ahí iba la última galleta de chocolate. Una gran galleta, fina y costosa, comprada por Wammy esa misma maána. Era el quinto paquete que se comía aquel día.
Los casos últimamente, estaban…escasos…no, estaban… poco atrayentes. Eso era. Desde la aparición de Kira, los asesinatos, robos, violaciones, y otros, habían disminuido considerablemente, y aunque ya era oficial la desaparición del asesino con complejo de dios, los delincuentes aún no se atrevían a perpetuar sus crímenes. Y eso le frustraba, aun después de desaparecer, Kira seguía jodiéndolo.
Wammy le había dicho que aprovechara de tomar unas vacaciones ante la "escasez" de casos. Que visitara a los huérfanos y de una vez se decidiera por su heredero, claro que el hombre mayor no había optado por esas palabras, había sido algo "…L, ¿no crees que ya es hora?, esos chicos…" y L había puesto su mejor cara de prestar atención, mientras en su mente seguía maldiciendo al dichoso asesino. No era que él fuera un trabajólico, ¡Dios sabía que no! –aunque él era ateo, eso sí-, era simplemente que Wammy House, le abrumaba; tantos niños, estresados, excéntricos, infantiles… claro que estaban Mello, Near, incluso Matt. Pero a L nunca le habían gustado los niños, él siquiera había sido uno normal. Sin embargo Wammy le había convencido de que, después de la presión de la investigación de Kira, se merecía un descanso.
Así que ahora se encontraba en Winchester, en la habitación más oscura, un tanto apática, atiborrado de dulces –y galletas- mientras buscaba en el notebook algo interesante. Claro que no había nada interesante. Y L se aburría, y un L aburrido no era un L feliz. Recordaba estar hace unos meses atrás deprimido porque sus conjeturas, aunque correctas, no probaban nada y lo dejaban en el mismo sitio que cuando empezó a investigar a Kira. Recordaba su pelea con Light, sus discusiones con el joven…
…y se preguntaba que estaría haciendo ahora Light Yagami.
Seguramente habría reiniciado sus clases. Seguramente ya tendría alguna novia –tal vez no Misa, pensó-, una como aquella que había visto con él alguna vez, Takada. Quizás incluso, ya habría empezado una vida autónoma…
Analizándolo, sus pensamientos recaían por lo general en el joven nipón. Y con frecuencia. Con mucha frecuencia. Ya no estaba confundido, no era solo por Kira que Light le interesaba, era el propio joven el que despertaba su atención, sin importar Kira.
Light era su amigo, ¿no?, aunque su amistad se había paralizado bruscamente cuando se fue.
Pero él le había dado su número exclusivo a Light Yagami, le había dicho de manera explícita "Light-kun, el número es de L, así que es para comunicarte con L". Y el chico no lo había llamado. Quizás Light había bloqueado todo recuerdo de Kira, incluyéndole. Tal vez estaba tan feliz en su nueva vida que ya no se acordaba del detective. Como fuera, Light no lo había llamado.
¿Por qué él no lo llamaba?
¿L, el mejor detective del mundo, llamando a su ex sospechoso para saber como está?
Ridículo. Imposible. Era rematadamente imposible. El solo pensarlo le provocaba muecas. No, no era su orgullo –bueno, tal vez un poco-, pero encontraba un tanto ridículo hacerlo si se habían visto hace unos, ¿seis meses?, además que no era como si lo extrañara tanto. Claro que se acordaba de él, se había estado aburriendo el último tiempo y recordaba los buenos momentos que paso en compañía del joven japonés.
Y sí. Después de analizar, calcular, y precisar sus emociones había concluido que en su amistad con Light, había también un gran porcentaje de atracción. Light era su igual intelectual, y no podía negar, -nadie podía negar- que el chico fuera indudablemente atrayente a la vista.
Pero no. No averiguaría más del joven. Ya mucho tenía cuando hace unos días atrás Wammy lo había atrapado… no, lo había encontrado, viendo unos videos de cuando instalaron cámaras de video en la casa Yagami. Y los videos eran específicamente, de la habitación del primogénito de la familia. Wammy no había dicho nada, lo había mirado y L había sentido una rara necesidad de explicarse, diciéndole finalmente que estaba estudiando nuevamente esos videos.
Quizás ahora necesitara un nuevo paquete de aquellas deliciosas galletas. Mientras cargara ese video del día treinta y dos del confinamiento, le pediría a Wammy que le trajese un paquete nuevo.
Muy bien.
Yagami Light sabía cuando decir que algo alcanzaba proporciones asombrosas.
Primero aceptó que su relación con Takada iba a ninguna parte, así que habló con ella y la terminó por convencer de aquello. El que justo haya llegado Misa en aquel instante le ayudó. Takada pensó que le estaba siendo infiel con la menuda rubia, armándole un escándalo de proporciones.
Perfecto. De igual modo se había terminado.
Lo segundo que hizo en aquel ataque impetuoso de decisiones, fue renunciar al trabajo de la biblioteca. Claro que le gustaban las rutinas, ¡pero aquella era demasiado rutinaria!, así que se había buscado un nuevo trabajo como repartidor de comida china. Si, era muy diferente a lo que cualquier persona se imaginaría para Yagami Light, pero pagaban bien –o por lo menos mejor que en la biblioteca- y tenía transporte.
Por último, lo tercero que hizo, fue –después de cavilar unos cuantos días, eso sí- tomar el número telefónico de L para llamarlo.
Y en eso estaba.
Claro que no había preparado nada que decir o preguntar. Había sido en un momento de espontánea impetuosidad. Y mejor hacerlo antes de que pasara, después de todo, aquellos ataques no le daban con frecuencia.
Marcó el número, pensando en la cuenta que le llegaría a fin de mes. Por lo menos era un teléfono celular, pensó.
1
2
3
4
5…
Y treinta tonos más, justo cuando estaba decidiendo colgar –haber si así se ahorraba la llamada- una voz al otro lado de la línea habló.
Y era monótona y sin emociones.
Light se quedó congelado. Cuando marcó, no creía que realmente le contestarían, y si lo llegaban hacer, no pensó que fuese el propio L.
—¿Light-kun?
Light parpadeó.
—¿Cómo supiste que era yo?
—Pues, solo a ti te he dado éste número, Light-kun.
Light se golpeó mentalmente.
—¡Oh, claro!, no lo pensé —carraspeó un poco—, y… ¿Cómo te ha ido?, ¿no he escuchado noticias de ti hace un rato?
—He estado bien, decidí tomar un poco de… descanso, después de lo de Kira y todo eso, y ¿Cómo estás, Light-kun?
—Bien, recuperando una vida, tú sabes, todo eso.
—Así.
—Así.
—…
—…
—Y ¿Amane-san?
—Ah, bueno con Misa hemos terminado, somos amigos, y si preguntas, mi familia ha estado bien también.
—Me alegro, Light-kun.
—Ajá.
—Ajá.
—…
—…
— ¿Estabas ocupado?, ¿te llamé en un mal momento?, si no fueses un insomne te preguntaría si te desperté –dijo intentando aligerar el momento.
—No, estaba realmente comiendo.
—Veo…
—…
—Bueno, fue un gusto hablar contigo, L, quizás te llame de nuevo.
—Sería agradable hablar con Light-kun.
—…
—…
—Ahora estamos conversando…
—Ciertamente.
—…
—…
Suspiró exasperado—, ¡eres imposible Ryuuzaki!, puedes estar a mil millas de distancia y aún así eres imposible, ¡adiós! —colgó después de despedirse –con un adiós que salió más como un "¡jódete!"- y se sentó pesadamente en el sillón.
Sus manos sudaban, genial. ¿Como el detective podía sacarlo de sus casillas?, aunque claro, había sido él quien llamó, quizás L estaba ya en otro caso, y no había vuelto a pensar en él durante todo este tiempo.
Lo mejor sería levantarse, dejar de auto compadecerse y prepararse algo de comer. Aún tenía bastantes cosas que hacer como para seguir perdiendo el tiem-
El estruendoso sonido del teléfono lo sacudió de sus pensamientos. Lo que le faltaba, seguramente era Takada recriminándole su seudo infidelidad, o Misa preguntándole si le daría una segunda oportunidad ahora que había terminado con Takada. O tal vez, o tal vez era alguien peor, aquel tipo gordo de la renta, que ya venía llamándolo desde hace una semana –y Light diría que rozaba el acoso, por las fugaces miradas que el tipo le echaba-.
Contestó frío, fuese quien fuese, no lo encontraría de humor.
—¿Diga?
—¿Light-kun?
¿Qué?—,¿qué?, espera, ¿Ryuuzaki?
—El mismo, Light-kun.
—¿Por qué me llamas?
—Creo que terminamos nuestra conversación abruptamente, y no sé que hice para ofender a Light-kun, así que localicé tu teléfono y te llamé.
—…
—…
Suspiró—, ¿quieres saber porque te llamé en primer lugar?
—Me placería, Light-kun.
—Bueno, he pensando últimamente en el caso Kira, y en… nuestra amistad… pensé que dos amigos suelen conversar, y cosas por el estilo, además ¿no dijiste que era tu primer amigo? —de la otra línea escucho un quedo 'sí'—, entonces decidí, viendo que tú no harías nada, dar el primer paso para concretar nuestra amistad verdadera.
—Bonitas palabras Light-kun.
—…
—Para serte sincero, también he pensado últimamente en el caso Kira, y por consiguiente en ti, pero no había encontrado tiempo para comunicarme contigo…
Como no, pensó con sarcasmo. Sintió una vibración en el bolsillo del pantalón, mientras L seguía con su coja escusa, leyó el mensaje "trabajo, 10 min". Mierda, pensó.
—… Y por eso, no había podido-
—Ryuuzaki, por mucho que quisiera seguir esta conversación, me veo arrastrado por fuerzas mayores llamadas trabajo.
—Oh… veo, Light-kun.
—Sí, muy lamentable, cuando vuelva te llamaré.
—Estaré esperando tu llamada.
—Sí, bien, adiós.
Y esta vez el adiós sonó bien, sin ningún "¡jódete!" entre líneas.
L esperó la llamada. Aquel día, y el próximo.
Jodida llamada que nunca vino.
L estaba seguro de dos cosas. Primero, que Light era un irresponsable por no haberle devuelto nunca la llamada –aunque dos días después, no era un "nunca"-. Y segundo, extrañaba realmente a Light-kun.
Mucho.
Y eso era muy muy muy raro en él. L no extrañaba a las personas, ya que no se hacía accesorios emocionales con ellas. Salvo unos cuantos que podían contarse con los dedos de su mano, L podía dar una maldición por el resto.
Pero con Light Yagami no.
Y hablar nuevamente con él, además de probar que el japonés también lo extrañaba –por muy patética que fuese su escusa de la "amistad"- probaba que L estaba encariñado con el otro genio. Y si las miradas que le daba Wammy cada vez que lo veía frente a uno de sus videos no mentían, también estaba atraído físicamente hacía Light.
Así que hizo lo que todo buen detective –o acosador- haría. Investigó profundamente la vida de su ya ex sospechoso.
Después de aprenderse sus horarios de clases y del trabajo -¿repartidor de comida china?- L esperaba la llamada.
No era como si tuviera mejores cosas que hacer. Ir a ver a los niños no era una idea que lo despertara mucho.
Y espero.
Espero.
Y ya iba como en la quinta tarta de manzana –es decir una hora después- cuando el teléfono que solo conocía Light Yagami sonó.
—¿Si?
—Hola Ryuuzaki —un suspiro cansado provino de la otra parte—, lamentó haberme demorado en devolverte el llamado.
—Oh, ¿eso?, no te preocupes Light-kun, he tenido algunos casos y casi no me acordaba.
—Me alegro, por un momento pensé que me recriminarías –río levemente.
—…
—…
—Y ¿Qué has hecho estos últimos días?
—Wstudiar y trabajar, ¿que más te imaginarías que puedo hacer?
—¿Un trabajo, Light-kun?
—Ehm… sí, tengo un apartamento, y los estudios, bueno, nada se paga solo… tenía un trabajo en una biblioteca, pero lo dejé… soy ehm, repartidor de comidas.
—¿Repartidor de comidas?
—Sí, pagan bien y tengo transporte —se notaba que estaba acostumbrado a dar esa respuesta cada vez que le hacían esa pregunta.
—Veo.
—Y ¿como está Watari?
—Bien.
—…
—Iré al grano, Light-kun.
—…
—He estado pensando en ti, y no sé, tal vez podrías volver a vernos…
—Oh.
—…
—…
—Ese 'oh' ¿ha sido de aceptación o negación?
—Fue solo un 'oh', una exclamación de sorpresa.
—¿Favorable o desfavorable?
—…
—…
—Quisiera volver a verte también, Ryuuzaki, para ser franco contigo, y aunque esto suene muy poco característico viniendo de mi… te he… extrañado.
—Aunque no lo creas, Light-kun, yo también.
—Oh.
—Ése 'oh' ¿también ha sido de sorpresa?
—Ehm…si.
—Entonces, Light-kun, podríamos arreglar una visita, para volver a vernos.
—Me encantaría Ryuuzaki, debemo- ¡Mierda! –un sordo grito de dolor se escuchó-
—¿Ocurre algo malo, Light-kun?
—No, nada, es solo… uff... nada Ryuuzaki, no te preocupes.
—Te oyes adolorido, ¿estás seguro que estás bien?
—Sí, sí, mañana conversamos más, acá ya es tarde y quisiera dormir un poco.
—Está bien, Light-kun, mañana me llamas.
—¡No!... llama tú, me debes devolver la llamada.
—…
—…
—Esta bien, Light-kun, adiós.
—Adiós.
Mierda. Porque a veces las cosas no le sonreían a Yagami Light, se preguntó él mismo. Las cosas iban de mal en peor; con el dinero que le daba su padre y el dinero del trabajo no le alcanzaba para pagar todas sus cuentas.
Quien diría que la vida independiente era tan difícil.
Pero claro, todo en su vida era difícil. Desde que tuvo que pagar el año que no estudió, más éste año, más el apartamento, más el agua, más la electricidad, más la comida, más la… y la lista seguía y seguía.
Había decidido pagar el teléfono, para así poder hablar con L. Y en medio de la conversación se le había cortado la luz. Y no fue en mejor momento que cuando iba camino a su alcoba, chocando así con un pequeño mueble y golpeándose fuertemente la pantorrilla. Podía vislumbrar la risa de L, si lo hubiese visto.
Lo mejor que podría hacer, era buscarse un apartamento más pequeño. O irse a vivir simplemente a una pensión.
Lo único bueno de la semana, había sido volver a tener contacto con el detective.
Porque sí, era su amigo, porque sí, lo extrañaba, y porque sí, le atraía. Eran ya verdades innegables que simplemente no podía seguir ignorando.
Hasta el momento de conocer a L, nunca se pensó homosexual. Siempre había sentido atracción por mujeres, o por lo menos las pocas veces que pasó a tercera base, fue con una mujer. Nunca se había sentido despertado por hombres o mujeres enteramente.
Y por supuesto que L iba y le ponía todo al revés.
Porque L le atraía física y mentalmente. Y eso le desconcertaba, y cuando se desconcertaba perdía control. Así que aceptar aquellas ideas, le hacía más fácil volver a adquirir el control.
Ahora, saber si en esa atracción era totalmente correspondido era otro punto.
Y el que L quisiera volver a verlo, podía ser una pista a su favor.
L estaba nervioso.
Si, idiotamente nervioso.
Quería juntarse con Light. Pero no sabía que más hacer ahí.
Bueno, eso sería una subestimación, ya que si sabía lo que quería hacer ahí. Lo que no sabía era si Light quisiera hacerlo también.
Intuía que en su ex sospechoso había una atracción hacia él igualmente. Pero de eso, a pasar a terrenos vedados, era bastante.
L estaba acostumbrado a tener lo que quería. O ha manipular las cosas hasta obtenerlas.
Así que viendo que no podría hacer ni lo uno ni lo otro, fue a lo que toda persona racional haría: pedirle consejo a Wammy.
Claro que no lo hizo exactamente así, no era después de todo el mejor –los tres mejores- detective del mundo por andar pidiéndoles consejos a otros.
Dejó caer disimuladamente el comentario de volver a encontrarse con Light. Wammy escuchó, lo miró y le dijo que le parecía una actitud obsesiva la que tenía con el chico –o algo por el estilo, pero en mejores palabras-.
Después de explicarle levemente la situación, que si, era una obsesión malsana, y que si, ya no podía vivir sin ella. Wammy pasó a darle el bendito consejo.
"Ve directo al grano" fueron sus palabras.
Así que L estaba aquí, llamando por teléfono a su "amigo" para convocarlo a una visita. Y explicarle en que consistiría la visita.
Marcó el número que ya había memorizado y esperó atentamente a que le contestaran del otro lado.
Y Light le contestó.
—¿Ryuuzaki?
—El mismo, Light-kun.
—Me alegra oírte.
—También me alegro —suspiró—, iré directo al grano, Light-kun, te llamó por la reunión que te ofrecí.
—Ah, ¿sucede algo Ryuuzaki?, ¿no nos podremos juntar?
—No, Light-kun, por supuesto que nos podremos juntar… incluso, quisiera dejar listo el día, para que vengas.
—…
—…
—¿Qué yo vaya para donde sea que estés?
—Eso mismo, Light-kun.
—…
—…
—Pero no crees Ryuuzaki, que sería más cómodo que vinieras tú para acá, después de todo ya conoces Tokio…
—Pero Light-kun, te he dicho que estoy tomando un descanso.
—¿Y eso significa que no puedes venir para acá?
—En palabras simples, sí. Si necesitas, te puedo ofrecer transporte.
—No, gracias Ryuuzaki. Mejor dime donde estás.
—En Inglaterra, Light-kun.
—… Bien, ¿en que ciudad?
—Esa es información confidencial.
—¡¿Entonces como iré a verte?!
—Me llamarás cuando llegues y enviaré a buscarte, Light-kun, no es necesario que te compliques.
—…Bien
—Que te parece, mmm, el catorce.
—¿Sel próximo mes?
—yo pensaba el catorce de julio.
—¡Pero si eso es en cinco días Ryuuzaki!
—¿Acaso no te parece?
—…
—Está bien, así que en cinco días más, llegaré a Inglaterra y te llamaré a este número, ¿correcto?
—Exacto, Light-kun.
—Ahí tú me irás a buscar-
—Mandaré a buscarte.
—… Bueno, de ahí alguien me irá a buscar y nos juntaremos, ¿correcto?
—Exacto, Light-kun.
—…
—…
—Así pues, mañana me llamas.
—… ¿No te tocaría a ti llamar?
—… No seas infantil.
—Está bien,. Light-kun.
—Adiós
—Buenas noches, Light-kun.
—…
—…
—Es de día.
—Lo sé, pero suena más cortés "buenas noches"
Y colgó.
Notas de la Autora: Y aquí el segundo cap, espero que les haya gustado, el próximo será el último D:
No sé porque pero L me recuerda a Groucho Marx xDD.
