Holaaa! Acá estoy nuevamente con otro capítulo de "Detrás del Velo". Quiero agradecer todos los reviews que he recibido, todo el cariño y el apoyo, pues me hacen sentir que no estoy escribiendo cualquier estupidez sólo por escribir xD. Muchísimas, MUCHÍSIMAS gracias por su apoyo y espero que la historia les siga gustando :)

Como siempre tengo que aclarar que Harry Potter no me pertenece, sino que a cierta señora asesina llamada JK Rowling.


Capítulo Cuatro (hubo un error en el capítulo anterior, lo sé)

Sirius Black apenas había podido cerrar los ojos aquella noche. Estuvo pensando en el beso con Hermione y eso no dejaba de perturbarlo. ¿Por qué tenía que ser tan impulsivo? "Dios, James, amigo, no sabes cuánto te necesito aquí", pensó.

Se dio vuelta en la cama y miró hacia el techo.

Hermione era una persona muy especial. Era bonita, era encantadora, inteligente, graciosa "y muy atractiva"… pero tenía 20 años menos que él. Y era la mejor amiga de su ahijado. Era intocable. IN-TO-CA-BLE.

Pero, ¿por qué estaba pensando todo eso? Hermione no le gustaba. "¿O sí?". No. NO LE GUSTABA. Era su amiga, y él sólo era un viejo perro que se había dejado llevar al verla tan vulnerable. Sí, eso tenía que ser, nada más.

Ella sólo había llegado a detener su soledad, y a ayudarlo a salir, pero eso NO implicaba que tenía que besarla. "Y mucho menos gustarte".

Arg, porqué Sirius Black tenía que comportarse como un chiquillo rebosante de hormonas si era un viejo, muerto en la oficialidad, y había vivido más vidas que cualquier otro hombre.

Se dio vuelta en la cama y quedó hacia la ventana, donde la luz de la luna iluminaba su almohada.


Por otro lado, Hermione Granger también estaba batallando con su conciencia. No podía comprender cómo se había vuelto tan vulnerable. Su personalidad estaba basada en la fuerza y seguridad. Ella era un Gryffindor, y "estoy dotada de un grandísimo autocontrol", pensó.

Pero al lado de Sirius le era imposible. Desde que lo había conocido le había producido esa sensación de atracción, pero ahora que compartían casi todo el tiempo juntos ya no podía dejar de pensar en ello. Y tenía que hacer esfuerzos horribles para no mirarlo a cada instante o no sonreír como boba por cada cosa que hacía o decía.

- ¡Agh! – la castaña se dio vueltas en la cama hasta quedar boca abajo. Se tapó la cabeza con la almohada.

"Merlín, Hermione, tiene 20 años más que tú, y es el padrino de Harry. ¿Es intocable, entendiste? IN-TO-CA-BLE. Además, te estás comportando como una adolescente… digna de Corazón de Bruja…"

¿Por qué diablos se sentía como una niñita? ¿Por qué?

"Vamos, Herms, asúmelo, te gusta el tipo. Es guapo, atento, inteligente, simpático… y no te trata como el idiota de Henry. Mira cómo te abraza, cómo te cuida, cómo le importas. ¡Cómo te besó!"

La chica no pudo reprimir una sonrisa.

"Touché".

Se dio vuelta y se tapó hasta la cabeza, sintiendo a su razón derrotada en la batalla contra su corazón.


A la mañana siguiente, Hermione se levantó como de costumbre a la salida del sol, sólo que con un poco de temor. Bajó a la cocina y preparó el desayuno, tratando de aparentar la mayor normalidad posible, pero se sentía tan nerviosa que las cosas las hacía con torpeza. Se le había caído por cuarta vez una taza con leche cuando en el umbral de la puerta se escuchó un hechizo.

- Reparo. Fregotego –Sirius entró a la cocina con una cara que no había visto desde que había llegado: ojeras pronunciadas y sin haberse afeitado.- Buenos días.

- Buenos días –dijo Hermione tímidamente, sentándose.

Estuvieron un buen rato sin hablarse, sólo sorbiendo de su café. Hermione trataba de ocultar su nerviosismo pero no podía. Finalmente la garra Gryffindor salió.

- Sirius…

- Hermione.. –ambos hablaron al mismo tiempo.

- Habla tú –dijo la castaña sonriendo.

- No, anda, no tiene importancia –dijo Sirius mostrando por primera vez en la mañana su sonrisa de medio lado.

- No, habla tú, en serio –el estómago de Hermione no se revolvía de aquella manera desde que Víctor Krum la había invitado a salir. ¿O fue en los EXTASIS?

- ¿Hermione? –preguntó Sirius confundido, sacándola de su ensimismamiento

- ¿Ah? Sí, habla... te escucho.

Sirius tomó aire y la miró fijamente.

- Yo... quería disculparme por lo que pasó anoche. Creo que se me pasó la mano, fui muy impulsivo..

- No hay problema, Sirius –dijo automáticamente Hermione.

- Es que en serio, me gusta esto de que seamos amigos y todo, y no quiero que esto lo arruine… -el moreno sonaba algo inseguro.

- De verdad, por mí está bien –dijo la castaña sonriendo y mirando hacia la ventana- vaya, estoy tarde para leer unos mapas rúnicos que quedé de explicarle a Roslyn… si me disculpas –dicho esto salió disparada de la cocina dejando al animago completamente desconcertado.

Hermione salió corriendo hacia su habitación y cerró la puerta. Se quedó de espaldas apoyada a ella y descendió lentamente al suelo, tapándose la cara con las manos.

¿En qué había pensado? Se sentía como una estúpida. Ni en este ni en ningún mundo Sirius Black haría siquiera el atisbo de fijarse en una chica como ella. Ella, la aburrida y tonta ratón de Biblioteca Granger.

Por lo general la chica era bastante segura y, sin pasar a la soberbia ni la egolatría, se consideraba con las habilidades y la inteligencia suficiente como para poder resolver los problemas de su vida. Pero cuando se equivocaba, sobretodo en el ámbito amoroso, se sentía horrible y fracasada. Se sentía hasta fea. Y eso era algo que la acompañaba en todas sus relaciones de tipo sentimental.

Ella fantaseaba con encontrar al hombre perfecto, muy en el fondo, pero en el exterior, lo que ella llamaba la sensatez, pensaba que terminaría sola. Siempre había tenido el apoyo incondicional de Harry, Ron, Ginny, o Anna cuando necesitaba un consejo. Y con ello no le faltaba nada más, sólo un poco de intimidad de vez en cuando.

No hacía grandes esfuerzos para cambiar aquello. Es más, en sus relaciones se mostraba fría y distante, por miedo a equivocarse.

En ese momento se dio cuenta de que no sabía nada del amor. Ningún libro se lo había enseñado.

Se golpeó en la frente con la palma de una mano. Estaba cabreada. Quería un cambio. "Y debo hacerlo ahora" suspiró.

Hubiese seguido sentada reflexionando si la puerta de su habitación no hubiese sido casi echada abajo a golpes.

- ¡Hermione! ¿Estás bien? –preguntó Sirius.

- Sí, perfectamente –contestó la castaña poniéndose de pie y abriendo la puerta. La cara del animago la desconcertó, estaba entre ansiosa y contenta - ¿qué sucede?

- Encontraron el lugar donde probablemente se encuentra Bluhmn –contestó Sirius.

La cara de Hermione pasó desde la preocupación a la misma expresión que tenía el moreno en ese momento.


- Y, señor Brownlow, ¿dónde está el mapa? –preguntó una recién llegada Hermione al cuartel general del Bando.

- Aquí, Mione, ven –el viejo le señaló un antiguo mapa de la zona de Gales que estaba encima de la mesa.

- Aquí –dijo Maullieé – existe una raza de perros de ojos vidriosos, producto del frío del lugar. Se hacen llamar los Cristalizados. Este podría ser el lugar que buscamos.

- ¿Pero cómo podremos estar seguros de que está allí y no decidió cambiar de idea? –apuntó Sirius.

- Bluhmn por lo general siempre deja un rastro hacia dónde va, lo dice o deja alguna especie de acertijo –dijo Maullieé- así que si tenemos problemas podemos consultar a nuestra pequeña biblioteca ambulante –señaló a Hermione, quien frunció el ceño y sonrió a la vez.

- Entonces deberíamos enviarla junto contigo, Jacques –dijo el viejo Brownlow- y creo que Sirius debería acompañarlos, dado que es el más calificado de todos para pelear con un millar de estrombos.

- Yo creo que Hermione debería quedarse –dijo el moreno mirando a la aludida- puede ser peligroso.

- No, ¡yo quiero ir! –replicó la castaña- y si no lo recuerdas antes de Inefable soy un Auror calificado.

- Tú no conoces este mundo –le encaró el ojigris- eres muy joven y no sabes a qué te puedes enfrentar…

- Ya no soy una niña, Sirius. Soy capaz de protegerme, además como dijo Maullieé pueden necesitar mis conocimientos.

- ¡Los consultaremos acá! –gritó Sirius perdiendo la paciencia- te quedas aquí y no..

- Creo que yo tengo la última palabra a eso, Black –intervino el viejo Brownlow lanzando una bocanada de humo- no podemos enviar a alguien más, ella es joven y está bien entrenada. Ella va y no se diga más.

Hermione miró al animago con suficiencia, lo que terminó de cabrearlo. Hizó un gesto con la mano y salió de la habitación.

Dos días después salieron hacia Gales, con un completo hermetismo de parte del moreno. En la dimensión del velo era imposible aparecerse, por lo cual tuvieron que viajar a pie. Hermione lo agradeció pues eso le daría un poco de tiempo para pensar, sobretodo en las actitudes que Sirius estaba teniendo para con ella desde la discusión en el cuartel del Bando. Era sumamente extraño. Desde la amistad en que habían quedado se transformaron en prácticamente dos extraños que hablaban sólo por necesidad.

El viaje fue bastante crudo, dado que estaban pasando por lo que Maullieé nombró como el "Invierno del Velo".

Unos kilómetros antes de llegar al valle donde supuestamente vivía Bluhmn, decidieron acampar para observar un poco la zona. Tuvieron una cena frugal y se fueron a dormir. Pero su tranquilidad no duró mucho, debido a algunos aullidos que comenzaron a escuchar cada vez más cerca.

Sirius, gracias a su condición de animago tenía el oído más fino que sus acompañantes, y pudo distinguir los aullidos antes de que significaran un peligro real. Despertó a Maullieé y a Hermione, y arreglaron sus pertenencias lo más rápido posible. Cuando los aullidos se hicieron más audibles y cercanos, el moreno se paró enfrente de la chica y el anciano y sacó su varita.

- Lumos –susurró. La luz reflejó una jauría de perros gigantes, similares a lobos, con los ojos horriblemente cristalizados y brillantes. Gruñían amenazadoramente.

- Oh Merlín, estamos rodeados –lloriqueó Maullieé, que estaba en su camisa de dormir y tenía un gorro de lana encima.

- Hermione –dijo Sirius sin darse vuelta- quiero que no saques la varita en ningún momento, y cuando te dé la señal, los dos salgan corriendo hacia el frente, sin parar. Encuentren un árbol o una cueva donde puedan esconderse y estar seguros. Yo los encontraré.

- Pero Sirius, si te quedas solo puede ser muy peligroso…

- No hay tiempo para explicaciones, pequeña –y en ese preciso instante se transformó en Canuto, el gran perro negro. Ladró a Hermione y Maullieé, y luego a los perros-lobos. Acto seguido salió corriendo en la dirección opuesta a donde estaban. Los perros salieron disparados detrás de él.

- Vamos, Maullieé –susurró Hermione comenzando el trote. El viejo la siguió.

Corrieron lo que les pareció horas, hasta que encontraron un árbol lo suficientemente alto. La bruja ayudó al francés a subir, y cuando ella puso el primer pie en una rama sintió la punta de una varita en la nuca.

- Vaya, vaya...