Bueno, a continuación les dejo el segundo capítulo, espero les guste. Gracias por los reviews :)

CINCO DÉCADAS

Habían transcurrido varios días, las heladas habían desaparecido y las lluvias ahora eran menos frecuentes, pero el frío aún dominaba las calles por las que un niño navegaba en el barco de las tinieblas, acompañado del viento, de la luna, las estrellas y de vez en cuando de esa hermosa mujer que lo tomaba firmemente de la mano. Era como un extraño castigo salir con ella, le hablaba de cosas espantosas, lo atormentaba aun más, recordándole todo lo que le había sucedido, su miserable existencia, mientras en sus labios se dibujaban sonrisas siniestras y lo miraba de forma extraña. Pero las conversaciones más dolorosas eran las que mantenían en silencio, pues esa mujer podía leer sus pensamientos con facilidad, aunque de vez en cuando el podía bloquear su entrada, no le servía de nada, pues las comisuras de esos femeninos y gruesos labios se estiraban formando otra sonrisa que le recordaba a su acompañante lo que era. Ella disfrutaba totalmente esos momentos sin que él pudiera evitarlo, pues delataba su melancolía de cualquier forma. Algunas veces ella se agotaba de todo eso y lo trataba como lo había tratado antes, lo hacía sentir bien y hasta lograban disfrutar estar juntos.

Nunca logró encontrar la respuesta de esa enigmática mujer. Nunca supo cómo se mantenía tan alegre mientras enseñaba sus enormes colmillos, orgullosa de mostrarle al mundo lo que podía hacer con tan solo una mirada, una mordida.

Los árboles ya habían dejado atrás la capa blanca para vestirse de nuevo, primero con escasas hojas verdes y después con gruesos follajes de diferentes colores. Los vampiros habían tenido la suerte de encontrar un poco de sangre mágica de la que Bellatrix se había alimentado totalmente sin dejarle nada al "joven".

El cielo estaba oscuro y las primeras estrellas comenzaban a iluminarlo con ayuda de la luna llena que espiaba desde arriba. Un sarcófago color negro con adornos dorados se abrió y de el salió un niño con la piel blanca, cabello negro y liso, ojos del mismo color - que a veces adoptaban tonos plateados, verdes o cristalinos - cuerpo menudo, pequeño.

Como siempre en esos días, caminó hasta el comedor mientras esperaba no encontrarse con nadie por el camino o en la habitación, pero su fortuna no parecía haber cambiado durante todos esos años, pues ella estaba bebiendo un poco de sangre que había guardado desde su más reciente encuentro con magos y comiendo algo que parecía carne medio cocida. No tuvo más remedio, tomó asiento en la otra punta del largo comedor y observó a la mujer que detuvo su alimentación para verle. Su comida fue servida por la misma mano pálida y lastimada de siempre. Él no se demoró en comenzar a masticar, necesitaba salir de ahí lo más pronto posible, pero perdió, se resignó e intentó disfrutar su comida aunque fuera un poco.

Las palabras comenzaron a fluir.

-Severus… Creí que te desharías de esa idea en pocos años…– Esas palabras fueron seguidas por el eco que se había producido-…Ya veo…

El silencio reapareció y el juego de miradas comenzó sin que ninguno de los dos presentes lo hiciera a propósito. Duró un poco más que las guerras libradas anteriormente, pero el vencedor fue el mismo de siempre.

La noche transcurrió rápidamente para ambos vampiros debido a su edad y a su extraña forma de apreciar el tiempo. Esta vez los dos caminaban por el mismo corredor sin apartarse uno del otro, de cuando en cuando se separaban para observar detenidamente las flamas azul oscuro, como el del cielo, que flotaban a unos centímetros de donde deberían estar o simplemente para escudriñar en la oscuridad con esos ojos profundos que brillaban ante el azul marino que se formaba por todas partes. La luz de las llamas, en compañía de unos pocos rayos de luna, se reflejaban en sus uñas de cristal, dándoles un toque refinado y aun más escalofriante. Los dos evitaban pensar, algo fácil y difícil para cualquier vampiro, pero, inconscientemente, iniciaron la tan esperada e interminable conversación que siempre dejaban comenzada.

La escasa luz que lograba infiltrarse gracias a partes de la ventana que no estaban cubiertas por cortinas fue cada vez más clara y los dos detuvieron su conversación cuando sintieron el agudo dolor que indicaba que tenían que encontrar refugio, algo inusual. Era extraño cuando se adentraban tanto en los pensamientos del otro como para pasar por alto el hecho de que el Sol se presentaría tan puntual como siempre.

El viento soplaba, los árboles danzaban a su ritmo y sus escasas hojas susurraban mientras el Sol apenas se escondía en el firmamento.

El tiempo había avanzado de tal forma… Ya casi eran principios de invierno y el frío había comenzado a apoderarse de cualquier lugar en Londres. Las nubes se arremolinaban en torno a un cielo de color anaranjado con un pequeño toque de rosado y púrpura. La aparición de la Luna y de la primera estrella se aproximaba cada vez más. El Sol se había ocultado por completo y dos ojos grises se abrieron. En ellos había un toque de desespero, necesitaba sangre. Después de haber dormido tantos días, el sabor de la magia la renovaría. Tenía la ventaja de ser una madrugadora, su mente despertaba cuando el cielo apenas comenzaba a oscurecerse, a diferencia de otros vampiros. Decidió salir a las calles a probar su suerte, después de haber recorrido los oscuros pasillos de la mansión, esta vez iluminados con llamas de un color violeta que se encontraban flotando unos centímetros sobre la base de color negro. Las cortinas se corrieron totalmente para dejar ver lo que se encontraba al exterior de la mansión. Un poco de vegetación muerta, y, a lo lejos, el paisaje de Londres.

Sí, podía espiar y examinar detenidamente todos los movimientos de los humanos, podía olerlos, ese delicioso aroma que despedían los cuerpos de los mortales. Miles de ellos se movían apretujados y precipitadamente por las estrechas calles. Sus movimientos torpes contenían a la vez una pizca de gracia, sus atronadoras carcajadas, palabras incoherentes, -incluso obscenas- y los diferentes pensamientos y personalidades se mezclaban formando una sola esencia que atraía a cualquier vampiro, o eso pensaba ella.

El viento azotó en la cara de la vampiresa que acababa de dar un paso fuera de su morada, respiró hondo y absorbió el aroma que despedían los mortales. No había algo mejor en el mundo que no fuera lo que ellos brindaban. Esos seres tenía una belleza extrema para los vampiros que ninguno hubiera podido explicar. Era un amor que no podían evitar, un amor combinado con el más profundo desprecio. Su simple presencia les daba placer y no podían contenerse ante su cuerpo; ante su cuerpo casi siempre cálido y con sangre circulando por él.

Se detuvo a pensar en el Sol, en como los humanos lo esperaban ansiosos, en como lo necesitaban para vivir, en como dependían de su brillo, de su calor. En como era su mayor fuente de energía y felicidad. Mientras los de su especie huían de el y tenían que sentirlo a través de los humanos.

Aspiró de nuevo aquel olor que la embriagó por completo y comenzó a caminar con la elegancia acostumbrada. Se apresuró hasta llegar al mercado y ahí inhaló de nuevo. Cerró los ojos e intentó rastrear un poco de magia. Avanzó, rozando su cuerpo contra el de los humanos sin que ellos se percataran de que disfrutaba infinitamente cualquier contacto con ellos. Sus movimientos delicados y su elegancia, le daban presencia. Los hombres desviaban la vista mientras ella caminaba. Veían sus frágiles y brillantes uñas, sus ojos de colores extraños, falta de maquillaje, su cuerpo cubierto totalmente. A pesar de eso su apariencia era perfecta, percibían algo extraño en ella, pero ninguno le daba importancia a esos pequeños detalles, preferían engañarse pensando que todo era normal, cerrando sus mentes al mundo que los acechaba sin saber que ellos podrían ser los siguientes en dejarlo.

Bella seguía caminando a pesar de que aun no podía percibir nada. La sed se intensificaba cada vez más, lo único que mejoraba la situación era el olor, el olor que seguía recorriendo cada calle por la que ella había caminado. En los callejones había vagos dormidos, casi siempre con botellas de licor en la mano. Ella evitaba verlos, le recordaba el crimen que había cometido. Olvidó eso con un poco de esfuerzo e imitando a los humanos intentó embriagarse de nuevo con ellos.

Las nubes se habían perdido ya en el manto color azul oscuro que arrullaba al cielo, una Luna escondida a medias y miles de estrellas lo adornaban brindando un poco de luz. El viento aun no se detenía y los susurros de los árboles seguían presentes, pero el bullicio se había esfumado. Los mortales escaseaban y la sed escocía. Siguió un pequeño rastro que el aire llevaba, era simplemente delicioso… Caminó por las calles cada vez más estrechas y desiertas, para entonces todo se había reducido a un oscuro y aun más angosto callejón. He ahí al que despedía ese aroma. Una ola de pensamientos asaltó la mente de Bellatrix, pero pronto desapareció.

Era un joven de ojos grises, tez blanca, su cabello era de un color rubio platino. Era alto y delgado, vestía de una manera un tanto extraña pero… Sus ojos… Eran como espejos que mostraban un reflejo, demostraban un extraño dolor que nadie había logrado notar hasta ahora. El recelo comenzó a aparecer en ellos y también un toque de fastidio. Pero el olor que su cuerpo despedía impedía cualquier movimiento de parte de Bella.

Una voz que arrastraba las palabras escapó de los gruesos y rosas labios del muchacho. Era un llamado, y ella tenía que acudir. Como si nunca hubiera estado ahí, la vampiresa desapareció para dejarse ver tras el joven que no había tardado demasiado en sentir un delgado brazo en su cuello. Unos susurros llegaron a sus oídos sin que el pudiera escucharlos, había cerrado fuertemente los ojos mientras intentaba apartarse de esa mujer. Sus manos no tardaron en moverse de la piel de su enemiga, a sus bolsillos. Hurgó desesperadamente en ellos, pero no encontró nada útil.

-¿Buscabas esto?-Preguntó ella mientras jugueteaba con una varita.

Los ojos del chico salieron de órbita y por un instante imaginó su muerte, vio sangre, ese líquido rojo que tanto le aterraba desde la muerte de su padre. Una sonrisa se dibujó en los labios de la mujer que aun no dejaba en libertad a su más reciente presa mientras ésta gritaba y forcejeaba. Balanceó la varita ajena con una habilidad asombrosa para después pronunciar unas extrañas palabras que no llegaron con claridad a los oídos de su víctima. Eran más bien escalofriantes silbidos. Minutos después ella había llegado a la mansión con la presa bajo un encantamiento, pero todavía viva. Las puertas se abrieron, dejando ver a Severus, que, al parecer, estaba a punto de salir.

Tengo algo para ti… ¡Feliz Cumpleaños!

Se escuchó con un tono divertido, pero la vampiresa moría de sed, sus ojos estaban inyectados en sangre y sus colmillos asomaban de su boca, rasgando sus labios con fiereza. Necesitaba que él hiciera lo que tenía que hacer lo más rápido posible, pero, como lo hubiera hecho en otra ocasión, ocultó esto y mandó algo más a la mente de su compañero. Dejó que el joven que cargaba cayera en el piso con gran estruendo y quitándole el hechizo mientras jugueteaba de nuevo con la varita y esperaba a que Severus diera el golpe de gracia. El desafortunado, de algún modo, se incorporó con gran rapidez e intentó arrebatarle torpemente la varita a Bellatrix, pero ella había leído, no su mente, sino sus ojos, y lo había esquivado con tal facilidad que las comisuras de sus labios se estiraron, dejando ver el resto de sus grandes colmillos.

Una carcajada escapó de los labios de Severus, el olor había logrado enloquecerlo, no se imaginaba el placer que brindaría la sangre. Acorraló a su víctima en una esquina mientras ésta lanzaba maldiciones. La causante de eso veía divertida la escena con una enorme sonrisa.

Era ese aroma, orgullo que bailaba por todo su cuerpo, eso era lo que los hacía perder la razón por momentos. Sabían que su sangre no sería menos que un suculento manjar. Efectivamente, el muchacho no se dio por vencido fácilmente, brindo una buena batalla, y sus pensamientos casi nunca fueron vistos por ninguno de los dos vampiros, una buena señal…

Lucius Malfoy, ese era su nombre, o el de alguien al que apreciaba demasiado, fue lo último y de las pocas cosas que lograron escuchar desde su mente.

Cuando los dientes de Severus se incrustaron en su blanca piel, sus ojos se tornaron de colores cristalinos y adquirieron el violeta de las llamas. La sangre estaba derramada, y al ver que el niño había arrojado el cuerpo que aun contenía sangre Bella se abalanzó contra el muchacho para terminar de dejarlo sin vida. Después de haber bebido, humedeció sus labios con la lengua y lanzó un suspiro mientras veía como el desgraciado mago agonizaba. Su corazón no tardó mucho en detenerse y los dos vampiros se vieron simultáneamente mientras jadeaban.

Sabes lo que esto significa ¿cierto?

Eso fue lo que Severus logró escuchar, le dirigió una nueva mirada a su creadora mientras le pedía una respuesta.

20 de Diciembre. Hace exactamente medio siglo te convertiste en lo que eres, hace cincuenta años te di la bendita mordida que te arrancó la mortalidad y te brindó todos los dones que tienes ahora. Eres mi legado, y como tal debes conservar la pureza en la sangre. Mi sangre, será la tuya. De ahora en adelante necesitaras beber magia; y magia obtendrás.

Severus interrumpió todo eso con palabras.

-Yo nunca pedí esto…-dijo en un susurro mientras veía a la mujer que estaba frente a él, recargada en la pared y con la mirada perdida en los ojos negros de su "bebé".

"Se que no…"Pensó Bellatrix sin dejar que su compañero se enterara de que esas palabras pasaron por su mente.

Pero eres mi compañero, ambos fuimos condenados a vivir entre mortales sin compañía de más vampiros, hemos sido obligados a ver como ellos nacen, crecen, envejecen y mueren. Mientras nosotros seguimos de la misma forma durante siglos, estoy al borde de la locura, sabes lo que pasaría si te niegas.

Todo esto llegó a la mente del niño en un tono desesperado, pero el rostro blanco y angelical de Bella no mostraba demasiado de esto.

De pronto un dolor lo atacó. Sintió que su corazón se había detenido. Un calambre recorrió todo su cuerpo y comenzó a escupir sangre mientras se arrodillaba en el frío piso, a los pies de su "madre". Ella le miraba de una forma extraña, pero sin pronunciar una palabra o sin dejar que algún pensamiento escapara, y si lo hubiera hecho, nada importaría, él estaba sufriendo de tal manera que ni siquiera se hubiera percatado. Pronto Severus se encontraba vomitando sangre y cada miembro de su cuerpo estaba paralizado. Un frío lo había envuelto, y sus ojos se habían encontraban completamente rojos. Un nuevo escalofrío recorrió su cuerpo fugazmente y el dolor fue desapareciendo poco a poco, pero el seguía derrumbado en el suelo con lágrimas de sangre en las mejillas y un charco del mismo líquido frente a él.

Había sufrido un nuevo cambio. Una sensación de poder corría por todo su cuerpo. Por sus venas circulaba la magia, sus ojos, más cristalinos que nunca, habían adquirido nuevamente el color de las llamas que adornaban los muros de la mansión, que ahora se habían cambiado a un color lavanda. De una forma pausada, Severus se incorporó mostrando sus colmillos, que tocaban su frío labio inferior rogando por más sangre, en su cara se había formado una mueca. Rasgó el aire con sus nuevas garras y examinó sus uñas. Eran largas y de un vidrio aun más fino que antes. Parecían tan delicadas como el resto de su cuerpo. La sangre permanecía en sus mejillas y se había acumulado un poco debajo de sus ojos, brindándole un aspecto aun más extraño y sanguinario… Angelical, desde el punto de vista de cualquier vampiro. Lo único que interrumpía el blanco de su rostro era el rojo y el lavanda que bailaba en sus ojos. Su cabello negro se encargaba de tapar la mitad de sus mejillas y sus movimientos eran aun más veloces que antes. Otro cambio…

Eso fue todo por hoy, por favor, espero sus reviews :)