Saludos de nuevo... con esto terminamos la introducción a las viñetas, espero que no haya sido muy difícil de leer lo que he estado escribiendo, probablemente así sea, ya que lo fui escribiendo conforme las ideas iban golpeándome la cabeza.
Ya saben que los personajes no son míos, sino de Stephenie Meyer y su saga de Un Amor Peligroso y no busco lucrar en ningún sentido con estas letras.
Sin más, los dejo con la continuación de nuestra pequeña serie y espero sus comentarios.
Sólo dura un instante, y luego se va…
Un Instante...
(Continúa...)
Cuando miro hacia atrás, a momentos me siento tan orgullosa de poder controlarlo… décadas enteres ignorando por completo la sed, sin probar la más mínima aproximación de la sangre humana. Tal como en su momento se lo dijera a Isabella, mi elección habría sido muy diferente a la suya, porque habría preferido vivir y alcanzar mis objetivos, por triviales que fueran y morir en algún momento, a ser esto en lo que estoy convertida de algunas décadas hacia acá.
Quizá… ni siquiera tengo derecho a quejarme, muy a pesar de que, ser egoísta me ha dado la mejor parte; viéndolo en retrospectiva, no entiendo como es que Carlisle esperaba que su niño de oro me tomara por compañera, en ese entonces ni él y mucho menos yo, estábamos listos para eso, aunque aquel desprecio fuese todo un golpe a mi ego. Fue entonces cuando lo encontré, con su bello rostro infantil y a punto de morir… era tan perfecto, lo deseaba para mí, él jamás cometería la osadía del rechazo.
Emmett es… algo más de lo que podía haber esperado, y aún me mira con esa profundidad, como queriendo encontrar algo más allá cuando mira mis ojos; un instante fue la diferencia para nosotros; el instante que decidí traerlo aquí y pedirlo para mí, ciertamente, en un acto de egoismo puro que al día de hoy, le ha convertido en mi eje y a mi en su motivo.
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Rosalie, mi hermosa, fría, dura y letal Rosalie; sigo pensando que su nombre suena a poesía, a belleza, a la paz que me da cada vez que me dirige una mirada, y ni qué decir cuando sonríe ¡Wow! resulta por completo deslumbrante, como un ángel, el ángel que logró salvarme ¿de qué? pues… creo que del oso que estaba matándome, de la amenaza que era para mi mismo y de una muerte sin sentido, que me dio una vida nueva.
No, en serio que no soy ajeno a como la gente nos mira, ellos no entienden como es que alguien como Rose puede estar conmigo y si he de ser sincero, hubo un tiempo en que yo mismo no podía entenderlo, sé que ha omitido más de un detalle al respecto, pero honestamente, el motivo me importa muy poco, lo que cuenta es el aquí y el ahora, porque no podría concebir la eternidad sin su cabello dorado y el dulce veneno de sus labios.
He perdido ya la cuenta de todas las veces que hemos anunciado, planeado y llevado a cabo nuestra boda; siempre me ha parecido una novia muy hermosa y sé que, la ilusión con que me mira cuando avanza tomada del brazo de Carlisle por el pasillo mientras todos la están mirando, es algo más allá, es ilusión, deseo, pasión, arrebato… es ella, es Rosalie, mi Rosalie.
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Cuando salté por aquel acantilado, pensaba que lo había perdido absolutamente todo, a mí hijo, mi vida e incluso lo poco que quedaba de mi integridad mental, literalmente me había vuelto loca y esa angustia que me estaba llenando el pecho, fue la que me ayudó a decidirme a morir. No contaba yo en ese momento con hallarlo a él… ese hombre noble de cabellos rubios que no sólo intentó salvar mi vida, sino que, me ofreció una segunda oportunidad para empezar de nuevo, para sentirme amada y para tener la familia que añoraba y había perdido con la muerte de mi hijo.
Según Carlisle, no había otra forma de hacerlo, aunque no soportaba la idea de que hubiera muerto entre sus manos, como mucha otra gente en aquella sala de urgencias, él me eligió, porque vio en mí una compañera de verdad, alguien que compartía su visión del mundo y sobre todo, que le apoyaría incondicionalmente cuando de tomar una decisión importante se trata. Él no sabe que si decidí quedarme a su lado, fue por esa forma en que me contagió de ganas de vivir, sin que me diera cuenta, sin que estuviera segura del camino a seguir.
Él es un ser de paz, su paciencia, su calma y su conocimiento lo convierten en el compañero, padre, mentor y amante perfecto, porque siempre ha de encontrar una manera en que las cosas puedan funcionar sin que alguien resulte herido. Después de poco más de tres siglos, ha dejado de culparse por la naturaleza que le fue dada y trata de reemplazar aquellos instintos con nobleza de espíritu, dando salud a quien la necesita, consuelo a quién se lo pide y una existencia llena de comprensión y aprendizaje para los que estamos a su lado; esos somos nosotros, la compañera e hijos de Carlisle Cullen.
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Solía pensar que la soledad era el castigo por mi descuido, por confrontar lo que desconocía y durante mucho tiempo así fue, cuando intentaba dejarme morir de sed e irresponsabilidad, cuando aún no comprendía en qué me había convertido y tuve mucho miedo, porque sabía que en adelante, lo único que me quedaba era huir de mi sangre y tratar con mi especie. He pasado largo tiempo tratando de mostrarle a los otros que podemos coexistir sin tener que alimentarnos de humanos y mi familia es el más claro ejemplo de ello… mi familia, Alice, Jasper, Rosalie, Emmett, Bella, Edward y ella, la hermosa Esme.
Siendo un poco romántico y melancólico, podría decir que de cierto modo, había sido una auténtica bendición que aquel vampiro anciano me mordiera en la persecución, porque de otro modo, no la habría encontrado, aún cuando ella no era capaz de reconocerse a sí misma siquiera; herida, rota, lastimada y decepcionada de no haber muerto, sus ojos irradiaban todo el dolor que estaba sintiendo y que era incapaz de expresar con los labios… era tan frágil. No pude evitar caer preso de ella, una mortal que había intentado suicidarse y que yo, hacía todo lo posible como médico para poder salvarla, para que tuviera sólo un momento más, pero eso no sucedió y desesperado, resolví que sería una excelente compañera para mí y una grata compañía para Edward, que estaba en tiempos difíciles.
Ella sigue siendo la luz de mis noches, la música de mis mañanas, ese motivo para sonreír cada que salgo de la casa al hospital y la prisa que siento por llegar al salir de ese; es mi compañera, mi mejor amiga, la que de haber conocido en el tiempo correcto sin ser un vampiro, seguramente habría sido mi mujer y la madre de mis hijos; hoy en día lo es, es mi mujer y la madre de nuestros cinco diferentes y especiales hijos y ahora también de una sexta, que resultó ser el complemento de nuestro empedernido solitario.
Gracias a todos los que se han pasado por aquí a leer, espero que les esté gustando, agradezco especialmente a Sinceridad y Erive que dejaron huella de su paso por la lectura; Sinceridad, tomaré en cuenta el comentario, a veces las cosas no suenan tan bien ya escritas como una las piensa, gracias por hacérmelo notar.
Un saludo a todos y hasta la siguiente publicación.
J. Saiph Lestrange-Black.
