Hola de nuevo, aquí con la tercera entrega, comenzamos con la historia como tal; no suelo escribir capítulos excesivamente largos, sin embargo, cuando terminé de escribir este, me pareció que nada le venía haciendo falta, así que espero que lo disfruten tanto como yo, que después de releerlo ya corregido, terminé con muchísima risa.

Como de costumbre, espero sus comentarios y sin más, les dejo con este primer capítulo oficial: Sueña... sigue soñando.


Sólo dura un instante, y luego se va…

Sueña… sigue soñando.

POV Bella

Faltaban un par de semanas para la boda cuando comencé a pensar en esto; cada vez que preguntaba a Edward que era lo que pensaba respecto a mí, como me veía; obtenía una y otra vez la misma respuesta críptica con que él daba por hecho que entendía a la perfección lo que pretendía decir –Bella, tú eres todo aquello sin lo que no puedo vivir—. Sobra decir que tras escuchar mil y un veces la misma respuesta, no sólo me era insuficiente, sino que podía traducir sus ojos en blanco como un "¡Por Dios Isabella! no intentes volver a lo mismo…", dicho de otro modo, estaba muy cerca de sacarlo de quicio sin el particular de ponerme en riesgo nuevamente; así fue como decidí vivir mi última experiencia de aplastante curiosidad humana: ver todo, mejor dicho, a todos a través de los ojos de los demás.

El quid del asunto, sería lograr que todos a mi alrededor –incluyendo Cullens, Hales, Charlie, Renée, Phil y mi s amigos de Forks en general-, colaboraran con mi pequeño experimento, sin contar con el oído experto de mi novio.

Así pues, habíamos regresado de nuestro brevísimo viaje a buscar algo parecido a un Bunker anti-guerra nuclear que pareciera acogedor y al cuál Edward pudiera llamar hogar, sin encontrarle por lo menos tres o cuatro contras y ningún pro, eso sin olvidar que debía estar prudentemente cerca de Dartmouth… ¿queda lo suficientemente claro que Edward volvió a salirse con la suya?

. . : : \/\/\/F\/\/\/B\/\/\/ : : . .

-Edward… voy a pedir una beca, por lo menos, como estudiante no soy mala, mis notas deben servir de algo- Él volvió a poner los ojos en blanco, algo así como la tercera o cuarta vez que esto sucedía antes de llegar al medio día.

-Bella, ya hemos hablado de eso y en cuanto digas "sí, acepto", todo lo mío será tuyo y DEFINITIVAMENTE NO VOY A PERMITIR que MI ESPOSA se preocupe por algo tan estúpido como el dinero- acto seguido, selló mis labios con los suyos, en lo que era un clarísimo intento por evitar a toda costa mi réplica y de ser posible, desviar mi atención del tema.

-Edward, en cuestión de semanas voy a casarme contigo, a salir de Forks para siempre y convertirme en vampiro, creo que es justo que haga algo y…- él volvió a callarme con un beso… maldito y mil veces maldito, su sonrisa en el beso sonaba a una victoria implícita; yo sabía por dónde iba la cuestión.

-Bien… entonces, si vas a buscar una beca, creo que será un desperdicio, si de inmediato vas a abandonar el curso- replicó en tono de fingida inocencia con su voz aterciopelada –Eso fue un golpe muy bajo Edward Cullen- respondí con la voz cargada de resentimiento.

-Lo prometiste, tu condición de la boda, mi seria y única exigencia y después, la conversión ¿a caso esto significa que te estás retractando?-.

Sonrió con esa sonrisa torcida que él sabía me desconcentraba –Sólo intento negociar, amor- respondió despreocupado, -mi boda, nuestra noche, tu beca, un semestre… MI SEMESTRE y después la transformación; de lo contrario, pagaré la matrícula en Dartmouth y me cercioraré de que ni siquiera un curso a distancia puedas tomar-.

Le miré con los ojos entrecerrados, le maldije tres veces mentalmente y respondí –está bien… pero NI UN PLAZO MÁS y si no cumples con tu palabra, iré con Carlisle a seguir con el acuerdo original-.

Edward torció la boca y tras unos minutos de tenso silencio y su cuerpo excesivamente rígido, me tendió la mano –trato hecho- y volvió a abrazarme en silencio.

. . : : \/\/\/F\/\/\/B\/\/\/ : : . .

Volviendo al experimento… regresamos a Forks un par de días después de aquella negociación, en el equipaje, el trato, la carpeta de la compra del apartamento en que viviríamos, la respuesta afirmativa a mi solicitud de beca y el tiempo en mi contra para lograr lo que me había propuesto. En realidad, no me sorprendió que esa misma tarde, Alice me abordara con un torrente de preguntas, había visto lo que planeaba hacer y algo horrorizada, tuve que aceptar su ayuda; a veces creo que Jasper se queda corto al llamarla monstruito hiperactivo.

Como siempre, Edward me llevó a la casa de Charlie, por más que fuésemos a casarnos en cuestión de semanas, no debíamos presionar la suerte que comenzaba a tocarnos. Charlie nos recibió eufórico y con un dejo de alivio en la voz. –Pensó que no volveríamos, o que quizá, sólo a comunicarles a él, Renée, Esme y Carlisle que nos habíamos casado mientras veíamos lo de la universidad-, me susurró al oído Edward cuando nos despedíamos frente a la escrutadora mirada de Charlie, ambos reímos por lo bajo y le escuché subir al Volvo al tiempo que corrí a contestar el teléfono.

– ¿Bella? ¿Aún está ahí mi hermano? — preguntó Alice del otro lado de la línea. –Justo salió de aquí, así que podrás contarle todo cuando llegue a casa— dije conteniendo la risa; Alice y yo habíamos planeado todo para que Emmett y Jasper se llevaran a Edward de caza, mientras nosotras estaríamos en Seattle "viendo algunos detalles de la boda" que Alice amablemente me dejaría elegir; en realidad, iríamos a la ciudad y quizá veríamos algunas cosas respecto a la oda, pero como parte del trato con Alice respectivo a mi pequeño experimento, ella sería –ineludiblemente- la primer conejilla de indias, aunque Edward sólo pudiera ver la parte del viaje a Seattle en los revueltos pensamientos de su hermana. Ahora correspondía dar un p unto de razón a Emmett, mi mente es algo diabólico y aún peor si trabaja en conjunto con la de Alice.

Un par de horas más tarde, cuando Edward volvió, como todos los días, a pasar la noche conmigo, le noté incómodo, podía intuir algo de esa incomodidad, pues para mi adorable prometido, el separarse de mí, aunque fuese por lo más básico, como lo era mantener la sed a raya, se convertía en algo así como una tortura china, no, aún peor, era como tener a Jane mirándote angelical de tiempo completo. Edward estaba demasiado acostumbrado a que me quisiera matar algún otro vampiro… eso, o temía que Jacob Black tuviera la feliz ocurrencia de aparecer por mi puerta.

–¿Qué pasa Edward? ¿todo está bien?— pregunté literalmente fingiendo demencia con respecto a todo –Pues… en realidad no pasa nada, es sólo que Emmett y Jasper sienten que los he dejado mucho tiempo—, respondió en un susurro, había algo en su voz que no cuadraba así que me giré entre sus brazos helados para mirarle a los ojos –ya veo, creo que te he acaparado demasiado—, acaricié su mejilla pálida tras acomodarle un mechón de cabello cobrizo –pero ¿por qué crees que les has dejado demasiado?— le cuestioné tratando de precisar las palabras y el tono, buscando no equivocarme. –He discutido con Jasper porque cree que me he tomado tan en serio el papel del novio perfecto contigo, que incluso he convertido la cacería en algo sin importancia— concluyó cerrando los ojos con cierta pesadez.

Miré su rostro y parecía preocupado, pensé que a los chicos se les había pasado la mano con Edward, aunque no podía dejar de lado que mi novio dista mucho de ser una blanca paloma, de cualquier modo, había de charlar con ellos; suspiré por lo bajo, tratando de llamar su atención –entiendo… y ¿por qué salió la discusión?— Edward abrió nuevamente los ojos y me miró un segundo –salió de que esperaban ambos mi regreso par ir a cazar y cuando me lo propusieron, yo les dije que prefería ir con Alice y contigo a Seattle mañana—.

Mentiría si dijera que aquella respuesta no me sorprendió; por el contrario, hacía ya un par de días que los ojos de Edward se habían obscurecido, él tenía sed y prefería soportarlo a dejar de estar conmigo… la sola idea me hizo rabiar –Edward…— hablé con un tono de voz controlado, que sabía me costaría lograr mantener, él volvió a mirarme a los ojos, me puso nerviosa, pero no iba a ceder, no esta vez –creo que estás exagerando—, continué, modulando aún el tono de mi voz –si hay algo que reconozco fácilmente, es el momento en que tienes sed y no… esta vez no hay James, Victoria, neófitos o Vulturis detrás de mi cuello; así que no tienes pretexto para quedarte conmigo o en Forks y mucho menos para negarte a cazar con Emmett y Jasper, tú y yo hemos tenido algunos días para nosotros, es justo que tengas tiempo para ti y para ellos, que han estado ahí, aún cuando no tendrían por qué haberse arriesgado y lo hicieron por ti, porque ahora podamos ser felices—.

Los ojos de Edward destellaron con un matiz rojo, estaba furioso y no se tomaría la menor molestia en ocultarlo, sentí como se levantó súbitamente de la cama y en un golpe se encontraba mirándome del otro lado de la habitación, metido en una sombra, mirándome con rabia –entonces crees que tu vida, que es la mía no merece la pena para luchar por ella— su voz era fría, sonando más como una afirmación, que como un cuestionamiento; –entiende esto, Edward, si ellos han luchado, es porque saben lo mucho que te importa— le dije en tono de reproche –no puedes ir por ahí, pretendiendo que no están cerca y también, ten en cuenta que vamos a estar lejos un tiempo, mientras ponemos las cosas en orden y pueden estar cerca para evitar que me convierta en una amenaza para los que me rodean, para ti, para ellos y hasta para mí misma—.

Él me miró, apuesto que meditaba mis palabras y antes de que pudiera notarlo, volvió a recostarse a mi lado, parecía un poco más relajado; se abrazó a mí y susurró en mi oído –tienes razón, no puedo dejar todo lo que he sido, además… yo también los extraño, es sólo que…—, hizo una pausa frunciendo el ceño –quisiera que comprendieran que por ahora para nosotros no es tan sencillo como para ellos, Alice y Rosalie… yo.. quisiera que comprendieran que fue tanto el tiempo que tardé en encontrarte, que me aterra la sola idea de que puedas desaparecer si doy vuelta, aún me cuesta creer que existes y que te tengo— suspiró.

Sin soltarme de su abrazo, sacó el móvil del bolsillo de su pantalón, marcó un número con gran rapidez; por como hablaba, supe que Alice había tomado la llamada y después, habló con Emmett, cuyo jubiloso grito escuché con claridad cuando Edward se alejó el pequeño aparato del oído. Antes de colgar Alice pidió hablar conmigo, se escuchaba apenada por toda la escena, ella sabía lo que sucedería cuando Edward estuviera conmigo y prometió darme cada detalle cuando estuviéramos camino a Seattle la mañana siguiente; lo último que pude escuchar antes de rendirme al sueño, fue un sonoro ronquido de Charlie, y no pude evitar reír un poco ante la perspectiva de la discusión que hacía un momento habíamos sostenido Edward y yo en mi habitación, justo frente a la suya y de lo cuál, mi padre estaría siempre ajeno.


Un agradecimiento especial a los que se han dado a la tarea de leer las dos partes introductorias, espero seguir contando con su paso por la historia.

Saludos.

J. Saiph Lestrange-Black.