Saludos de nuevo, sé que tardé muchísimo en actualizar, pero la musa se me puso más allá de lo difícil entre su capricho de cooperar sólo en espacios abiertos y el hecho de que el clima en mi ciudad se ha convertido en algo así como una versión un poco menos nublada de Forks, se convirtió en toda una proeza terminar este capítulo.
Como compensación, les traigo el capítulo más largo que he escrito hasta ahora para ffnet, así pues, espero que lo disfruten, para mi gusto quedó bastante bien y descubrí que efectivamente se me da escribir a Rosalie.
Sólo dura un instante, y luego se va…
De Ojos y Miradas.
POV Alice
Bella iba a estar enfadada conmigo durante días, eso lo tenía muy claro, una cosa había sido el convencerla de dejarme ser su cómplice y primer conejillo de indias, y otra muy distinta que le pusiera de frente a Rosalie y Esme al mismo tiempo; a decir verdad, creo que Rose era el mayor de los problemas y no ayudaba ni siquiera un poco el ataque de pánico que le había dado a Bella en el preciso instante en que las vio en la mesa de la cafetería ¿es acaso que Rosalie no sabe cuánto es suficiente?, ¿no se supone que intenta mejorar la relación con nuestra cuñada? Esto me recuerda… estoy muy endeudada con Jasper y Emmett, por primera vez en décadas apostaron en mi contra, garantizando que mi extremadamente arrogante hermana vendría con Esme a Seattle… ahora debo ganar las apuestas que hice con Esme y Rose para pagarle a los chicos, si no, pasaré un par de meses en quiebra.
En fin, Bella, Esme y yo habíamos llegado finalmente a la mesa, Rosalie pareció compadecerse, pues quitó la mueca burlona de su rostro y dio una cálida bienvenida a Bella, que a esa altura, ya tenía el rostro tan rojo como la blusa que llevaba puesta. Si quisiera decir que no me entusiasmaba la idea de comenzar con esa recopilación de miradas ajenas, sería la peor mentirosa del mundo; si cabe decirlo, aún peor que Bella, porque a pesar de todo, la idea de ver como los demás perciben la misma realidad que yo, entrelazada con mis propias imágenes, me tenía perdida en la curiosidad.
Nuestra pequeña humana se esmeraba en no dirigirme ni la mirada, tenía los ojos fijos en Esme cuando comenzó a hablar y por supuesto, me tenía al borde de un colapso nervioso, por lo que, sin pensarlo, empecé a tamborilear los dedos en mis rodillas.
POV Bella
Cada día estoy más segura de ser la ama y señora del ridículo público; queda totalmente demostrado con los tropezones, caídas, choques accidentales y los momentos en que, como es común, me quedo mirando a Edward con el mismo gesto de total estupidez que tiene quien acaba de ser objeto de una lobotomía frontal; eso último también es aplicable a las no pocas ocasiones en que me dejan lo suficientemente sorprendida como para poder reaccionar… ya no digamos rápido, sino en un tiempo que entre en la definición de lo humanamente normal. Esta era una de esas ocasiones, porque según mi atribulada cabeza lograba poner en claro, Alice había decidido sin avisarme, ampliar el grupo uno de mi experimento y a juzgar por lo que tenía enfrente, se había ido -de nuevo- por la vía de lo grandioso; en ese instante había olvidado por completo el punto de partida y ese era un lujo que no podía permitirme, no por lo menos con Alice, Rosalie y Esme esperando escucharme hablar, con sus ojos dorados fijos en mí.
Pude escucharme suspirar con fuerza, a querer o no, ya las tenía ahí, así que debía aprovechar la oportunidad de avanzar con mi proyecto, así pues, busqué las palabras para comenzar: –bien…creo que… Alice logró sorprenderme más de la cuenta y en serio lamento la escena, pero en realidad, no esperaba verlas aquí hoy día—, volví a respirar tomando algo de calma, mientras Esme dirigía a Alice una de esas escalofriantes miradas de advertencia que sólo una madre es capaz de lanzar. –No necesito partir del hecho de la boda, por lo menos, no con ustedes—, dije en un intento de sacarlas de aquel duelo de miradas –a decir verdad, lo que pretendo con todo esto, es que Edward y yo podamos ver todo y a todos los que forman parte de nuestra historia a través de sus ojos, que siempre van a mirar distinto que los nuestros—.
La reacción a esa última frase, fue algo que e resultó inesperado; Rosalie se movió en su silla, parecía curiosa con respecto a la idea, en tanto Esme, en quien volví a centrar toda mi atención, asintió con una sonrisa dulce pintada en los labios. Antes siquiera de poder hacer un intento de sacar la libreta que había destinado para este trabajo, Alice ya tenía sobre la mesa una grabadora de reportero y me miró preguntando – ¿por dónde comenzamos, jefa?—, sentí mis labios curvándose en una sonrisa nerviosa. Inesperadamente, fue Rosalie la primera en querer hablar.
POV Rosalie
Edward y Bella… según Rosalie
Sin siquiera dudarlo, encendí la grabadora que aún tenía colgando la etiqueta de recién comprada, aclaré mi voz y comencé a hablar.
–Edward Cullen e Isabella Swan, por Rosalie Hale— sonreí un segundo tras escucharme con ese inicio, y acomodé mis manos para recargar mi rostro –Edward fue, es y creo que seguirá siendo un huraño y empedernido solitario, o por lo menos, así había sido desde 1928, siempre pensé que para él, no había mas pasión que su música, porque jamás lo había visto entregarse con tanta fuerza como a las teclas de su piano; es serio, puntilloso, obstinado y sólo Dios es capaz de medir los alcances de su mal genio, aunque detrás de todo eso, se esconde un tipo noble y cariñoso, que no duda un instante en luchar hasta el final por aquellos que ama—, hice una pausa para detenerme en los rostros de mis tres escuchas; Esme parecía enternecida, en tanto Alice me miraba incrédula de que hubiera reparado alguna vez en alguien que no fuese Emmett o yo misma; y Bella, parecía absorta en cada palabra que acababa de escuchar. Continué satisfecha con los primeros efectos.
–Obviando el hecho del rechazo de Edward hacia mí cuando llegué a la familia y una vez que el universo a mi alrededor comenzaba a cobrar algún orden, comencé a compartir con Esme y Carlisle la agobiante preocupación por la obstinada soledad de Edward, que si bien, llegué a creer que la merecía, pasado un tiempo logré entender que parte de ella, era por que él mismo se la procuraba de cuando en cuando; sin embargo, ver a Esme y Carlisle, a Alice y Jasper y la propia felicidad que Emmett y yo íbamos alcanzando, me hizo sentir apenada por él y por la melancolía en su mirada cuando fijaba su atención en alguna caricia o detalle entre nosotros— puse pausa a la grabadora cuando vi que de los ojos de Bella se derramaban algunas lágrimas silenciosas, creo que jamás había tenido un encuentro tan directo con esa parte del pasado de Edward, me sentí un poco culpable por ello, pero me decidí a continuar con el relato.
–Fue entonces cuando llegamos a Forks, por alguna razón, tuve la sensación de que algo cambiaría radicalmente. Pasaron dos años en que, esa sensación no me dejaba aunque para entonces, ya la tenía más por una costumbre, por lo menos hasta ese día en que Isabella Swan, la hija del jefe de la policía local llegó a la escuela, con esa actitud de buscar enterrar la cabeza bajo la tierra o bien de querer volverse invisible… para su desgracia, estaba convertida en el blanco de las miradas y atenciones de todos alrededor— sonreí a Bella con complicidad, después de todo, yo también había tenido un primer día en esa escuela y sabía lo que era tener a todos encima de ti, no es que en realidad me molesta, pero tratar de controlar los celos de Emmett, ha sido una de las cosas más difíciles con las que he tenido que lidiar desde que estamos juntos.
–No recuerdo haber visto a mi hermano perder el control de la forma en que lo hizo ese día, parecía furioso y frustrado, pensé en hablar con él cuando volviera a casa, pero él no lo hizo; Carlisle al llegar del hospital, nos dijo que Edward se había ido a Denali y quizá no volvería con nosotros hasta que saliéramos de Forks. Las reacciones en casa fueron diversas, sólo Alice defendía que estaría pronto de vuelta—, bebí un sorbo del té que tenía al frente… me supo a tierra, como venía siendo desde hacía tanto tiempo, creo que los primeros cincuenta años te enseñan a no guardar más las apariencias, pero hay ocasiones, como la de hoy , en que vale la pena hacerlo, bajé la taza y continué –creo que en ese momento y más que nunca, todos nos sentimos muy aliviados cuando, cuatro días después, Edward volvió a casa bien decidido a enfrentar sus demonios y cuando le salvó la vida a esa chica en el estacionamiento de la escuela, realmente me cuestionaba que podía tener de especial Bella Swan como para que mi hermano cometiera semejante imprudencia con tantos humanos curiosos alrededor como testigos, y no he de negar que incluso, llegué a sentir celos—.
Pude ver un brillo orgulloso en la mirada de Esme cuando la miré por el rabillo del ojo, quizá había logrado engañar a los hombres en casa, Carlisle y Edward incluidos, pero Esme me conocía demasiado bien, además, es virtualmente imposible engañar a una madre que aunque en silencio, ve cada día como sus hijos medio adultos, medio adolescentes, han ido cambiando por dentro todo lo que permanecen iguales por fuera –conforme pasaban los días y las interminables discusiones silentes con Edward, pude contemplar, con cierto horror, como toda aquella fingida indiferencia con que él maquillaba su lucha interna, en una expresión que me resultaba dolorosamente familiar; era esa misma expresión que rompió mi propia fachada de frialdad en el pesar de la incertidumbre y la más grande expresión de mi inhumanidad, mientras esperaba angustiada, por saber si aquella agonía en que Emmett se retorcía durante su transformación llegaría a buen término—, dije con cierta pesadez, apartando la mirada de los ojos de Bella, cuya mirada no pude soportar tras reconocer después de tantos años, lo vulnerable y humana que sigo siendo, aunque no soy del todo capaz de reconocerlo en voz alta.
Controlé el estremecimiento que comenzaba a recorrerme, volví a hablar buscando con desesperación poder combatirlo –era tan fácil ver como mi hermano luchaba contra sí mismo intentando decidir… decidir si seguiría al lado de la chica de quien se había enamorado; si se alejaría de ella para protegerle, o si finalmente, lograría tener el coraje para acabar con todo, ya fuese bebiendo hasta la última gota de su sangre o bien, haciéndola una de nosotros…—.
Alice parecía sorprendida ante aquellas revelaciones, no necesitaba de la pequeña habilidad de Edward para notar que jamás se había esperado que mi egoísmo, permitiera que sentimientos como la solidaridad o el entendimiento empático pudieran generarse, después de todo, no era imposible sorprender al duendecillo; sentí como las comisuras de mis labios se curvaron de pura satisfacción, sólo por eso, había valido la pena venir a Seattle. Decidí continuar con mi historia, después de todo, aún faltaba que Esme y Alice hablaran y comenzaba a hacerse tarde; así pues, seguí hablando.
–Recuerdo aún con algo de furia, cuando Edward te reveló nuestro secreto— miré a Bella directamente, olvidando por completo el tono ajeno que había guardado durante la grabación –era difícil de creer que la niña de los ojos de Carlisle hubiese roto las reglas de tal forma; no sólo nos había puesto en riesgo con aquellos osados rescates, no señor, nos había puesto en evidencia y estaba decidido a seguir con esa descabellada idea de mantenerla humana y a su lado ¡era una locura!, tenía que serlo, no encontraba otra explicación, había pasado muchas noches fuera de casa y no se molestaba en disimular que el aroma de la humana lo cubría de cabo a rabo y estaba a punto de estallar cuando, con una sonrisa en los labios, Emmett me dijera que Edward llevaría a su novia humana que sabía de más de la cuenta a nuestra casa… sobra decir que esa tarde mi mal humor se hizo expansivo y pasé la tarde entera discutiendo con Emmett la grandísima estupidez que me parecía todo ese asunto y sólo logré animarme a medias con la idea de la tormenta y el baseball en el claro del bosque… aunque claro, estarías ahí— resoplé al terminar aquella frase.
–Las cosas terminaron por rebasarme cuando la estridente risa de Edward nos alcanzó en la distancia, fue entonces que los celos me golpearon nuevamente en el rostro; jamás había escuchado a Edward reír de ese modo, a decir verdad, no recuerdo siquiera que le hubiese escuchado reír en poco más de cincuenta años; odié profundamente que nunca hubiera logrado hacerle reír de ese modo, pero odié más aún que él nunca me hubiese mirado con la intensidad con que estaba mirándote, y fue en ese momento, cuando me separé del cálido y absorbente beso de Emmett, cuando comprendí que en realidad, Bella Swan, la común y corriente humana de Forks, era la mitad perdida de Edward, esa que tardó un siglo en aparecer… el sabor amargo de la derrota me llenó los labios, pero nunca había de decírselo a él directamente—.
Suspiré teatralmente, y sentí una de las manos de Esme en mi hombro, me animaba a seguir con el relato, ella mejor que nadie sabía lo increíblemente complejo que me resultaba hacer estas confesiones, le sonreí agradecida y continué con la historia. –Tras la aparición de los nómadas, y todo lo que eso provocó, la furia había regresado y para ser honesta, destilé la última gota de veneno contra Bella, sabiendo de sobra lo mucho que le importaba la pésima relación entre nosotras… Carlisle fue duro aquella noche y logró provocarme culpa, aunque lo más duro, fue enfrentar la sombra de decepción en los ojos de Emmett que estaba listo para cazar con Edward y Carlisle hasta que lograra decapitar y mutilar el cuerpo de ese rastreador, que había hecho a nuestro hermano caer en la desesperación. Lo que siguió a todo aquello me tenía fuera de mis cabales, peor aún cuando Carlisle, Emmett y Edward subieron a ese avión de camino a Phoenix, jamás lo había tenido tan lejos y jamás me había hecho reflexionar tanto como con las últimas palabras que me dijo antes de marcharse 'Rosalie, sabes cuanto te amo, pero estás volviéndome loco… sabes muy bien que me necesitan, yo también soy rastreador y sé el peligro que nos espera, pero por una vez se sensata, tú misma me enseñaste la lealtad a esta familia y espero que tengas claro que no voy por obligación… voy con ellos porque estoy seguro que si tú o yo estuviéramos en peligro, no se detendrían para ayudarnos, por eso hago lo mismo, porque sé lo que siente Edward ahora, que es lo mismo que siento yo cuando no estás cerca'—. Me alegré profundamente de no ser humana, porque probablemente, habría arruinado mi impecable maquillaje llorando en ese momento.
–Pasados unos meses— continué –creo que nadie estaba preparado para lo que sucedería tras el cumpleaños de Bella, yo misma no podía creer que de la noche a la mañana estuviéramos saliendo de Forks, tampoco me esperaba ver que Edward, partido en dos por el dolor, hubiera decidido separarse de ella por guardar su seguridad; la parte más difícil, fue meses después, cuando Alice, totalmente consternada, me habló de una visión que había tenido en la que la humana intentaba matarse… los nervios me llevaron a cometer un error grave; Edward no había ido con nosotros tras dejar Forks y aterrada por la visión de Alice, marqué el número de su móvil, para explicarle la visión de nuestra hermana… de todos nosotros, era él quien más derecho tenía a saberlo, mientras tanto, Alice había tomado un vuelo a Seattle para poder llegar a Forks—, hice una pausa para tomar una innecesaria bocanada de aire, aún ahora, poco más de un año después, la culpa seguía embargándome respecto a ese asunto, ya que mi error había llevado a Edward, Alice y Bella a Italia, hecho que daría por resultado la próxima conversión de Bella, con la que no he estado, ni estaré de acuerdo.
–La culpa se hizo más pesada poco después, cuando Jasper, totalmente alterado, hablaba con Alice por teléfono… ella y Bella irían a Volterra, debían impedir que Edward hiciera una estupidez mayor a la que había hecho antes al pedir a los Volturi que le mataran, él iba a provocarles para que de cualquier modo acabaran con su existencia y todo era mi culpa, absolutamente todo— escuché mi propia voz quebrarse en esa última frase –al enterarme de que estaban a salvo y volverían a Estados Unidos, un poco de alivio se extendió por mi cuerpo… después de todo, el error que cometí no había sido irreparable, o por lo menos eso pensé de momento, antes de que aquella reunión tuviera lugar en nuestro hogar— miré directamente a Bella una vez más –sigo sin comprender por qué quieres algo así Isabella, creo que no tiene sentido renunciar al preciado regalo de seguir viviendo, sé cuanto se aman tú y Edward, pero es difícil asumir que te sientas capaz de dejar todo atrás por el amor que le tienes… si tuviésemos que votar nuevamente, si fuera algo que no estuviera decidido y en cierta forma, forzado, seguiría manteniendo mi negativa, sabes bien mis motivos. Sin embargo, creo que el hecho de que te unas a esta familia… nuestra familia, con todas sus letras, sólo significará el principio de un camino brillante a la eternidad para ustedes—.
Me descubrí sonriendo a mi casi nueva hermana, ella me devolvió la sonrisa –ahora que estamos a tan poco de la boda, de que por fin puedan estar juntos sin ningún pretexto de por medio, agradezco ser la primera en tener la oportunidad de poder decir lo que veo, porque lo que en realidad tengo frente a mí, no es más que una mujer –una gran mujer – y a un hombre profundamente enamorados, llenos de vida, de pasión y de valor para recorrer el mundo tomados de la mano—. Apreté el botón para detener la grabación, sonriendo a mis tres escuchas; acto seguido, Bella se levantó de su silla y rodeó la mesa a trompicones para abrazarme... me hizo sentir realmente bien.
Si han llegado hasta aquí, muchas gracias por leer y espero no tardar tanto en el siguiente capítulo, que será ahora lo que Esme tiene que decir y quizá, no se concrete a la parejita estelar, así que no pierdan detalle.
Saludos de nuevo y hasta el próximo capítulo.
Jillian Saiph Lestrange-Black.
