+Una aclaración, a pesar de las apariciones de Johanna y Lucy, este es un Toddett, que os quede claro ¬¬
Capitulo 10
Esa misma Sweeney salió de la casa, y se encamino hacia la del juez, tal como le había prometido en la carta. No sabia que pasaría a partir de ahora, lo único que tenia en claro es que debía sacarla de allí, y después, interrogarla, y tal vez… matarla.
Ahora que Lucy había regresado, tenia la oportunidad de ser feliz, junto a su esposa y su hija de nuevo. Pero antes, debía saber el porque de su mentira, su curiosidad debía ser saciada.
Toc, Toc, Toc, TOC TOC TOC.
Llamo a la puerta, la ama de llaves salió a abrir la puerta.
-Buenas noches, quisiera ver al Juez Turpin –dijo con una amabilidad que ni el se creía-.
La Sra. Lovett le escucho, estaba cerca de la ventana. Se asomo y golpeo el cristal, el Sr. Todd miro hacia de donde venia el ruido. El alma se le callo a los pies. Pero toda su inseguridad y nerviosismo se disiparon, enfureciéndole y dándole seguridad.
Nellie, desde la ventana, le observaba, pero no tenia la cara que el recordaba. Ella no tenia ese moratón en el ojo, ni las heridas… Y entonces se fijo en el cabestrillo. Dios… a saber que le había hecho ese energúmeno bastardo.
-¿Señor? –le mira interrogante, llevaba un rato mirando la ventana.
-Eh… Si, si, quisiera ver al Juez –repite-.
-Espere un momento, voi a avisarle, ¿De parte de quien?
-Sr. Todd, Sweeney Todd –le responde-. (Pensabais que iba a decir Benjamin Barker acaso? xD)
-Espere en el hall, por favor –dice, dejándole en la puerta e indicándole que entre-.
El se quedo mirando el "hall". Era muy grande, con mucha decoración grandiosa.
Normal –pensó- a saber a cuantos a encarcelado sin motivos…
El Juez llego en unos momentos, no parecía tenso, es mas, estaba relajado.
Momentos antes…
La Sra. Lovett esperaba al Sr. Todd con impaciencia, en su carta solo decía que la iba a recoger, y que tenían que hablar. Pero nada mas. 2 simples líneas llenaban la carta:
Esta noche ire a recogerla, preparese.
Tenemos que hablar.
La leia en la cama, cuando el Juez apareció. Habia visto a Anthony tirando las piedras y las cartas. Afortunadamente, ella la escondió a tiempo y el no la pudo leer. Pero había estado interrogando al chico, no había sacado nada. Ni de quien era ni para quien eran las cartas. Tan solo que era un mandado. Asi que le metió una paliza, ahora tenia que castigar a la Sra. Lovett…
En la actualidad…
Si, venia "descargado", por asi decirlo. A Nellie le acababan de poner el cabestrillo una hora antes, estaba contento.
-¿Qué se le ofrece, Sr. Todd? –pregunto, relajado-.
-Vengo a recoger a la Sra. Lovett –le desafio con la mirada, y el Juez Turpin se tenso-. Vera, me han informado de que esta aquí retenida, me gustaría llevármela –le miro serio –y no es una petición.
-Ehh… Si, si, por supuesto…-Mierda, ahora sabra lo que la he hecho… pero si no le dejo llevársela, podría poner en duda mi criterio… -Voi a subir, la dire que se prepare. Espere aquí mientras. ¿Se le ofrece algo mas? ¿Quiere tomar algo?
-No, gracias –habia sido mucho mas fácil de lo que esperaba-.
Subio rápidamente la escalera. Aquel molesto barbero le estaba poniendo en una situación comprometida… Bueno, ya sabia lo que tenia que hacer. Entro en la habitación. La Sra. Lovett se acurruco en una esquina.
-Ha tenido usted suerte. El Sr. Todd esta abajo esperándola. Haga su equipaje –se le acerco amenazante-. Pero como digas algo, lo que sea, sobre lo que ha sucedido, le mandare lejos, muy lejos. Sabes que puedo. Y tu, iras a un burdel o como esclava. O, en el mejor de los casos, volveras aquí, conmigo, para siempre…
Se fue, riéndose de lo ingenioso que era, había vuelto al poder mas poderoso del mundo, que superaba todos los ostaculos, contra su poseedora, el poder aquel, era, sin duda, el amor.
Ella se levanto como pudo, Johanna estaba loca de felicidad y en unos momentos ya tenían preparada la maleta de Nellie.
-Antes de irme, Johanna… Quiero darte las gracias y… te juro que volveré a por ti.
-Esta bien Sra. Lovett, aun me debe una historia ¿recuerda?
-Le dire a tu padre, cuando te recoja, que te la cuente –le miro con una sonrisa-.
-¿Mi….m-i…padre?
-Shh, vamos, quiero salir ya de este lugar.
Bajaron las escaleras, Johanna le llevaba la maleta.
El Sr. Todd esperaba impaciente. Y entonces, dos figuras, bajaron la escalera.
Ante el se presentaron dos hermosas mujeres, ataviadas con delicados vestidos y el pelo bien recogido. Una de ella, llevaba cabestrillo, tenia un ojo morado y los ojos hinchados por llorar. Tenia los labios rotos, y con heridas. Todo era reciente. Aquella era Nellie Lovett. La otra era una muchacha, rubia, palida, de ojos azules. Era su hija, Johanna. Nunca se imagino verla tan de cerca. Deseo abrazarla, besarla. Y matar a todo el que intentara impedirlo.
Pero se contuvo. No podía hacer eso, tenia que tener la cabeza fría.
Aun asi, se quedo deslumbrado ante tal visión, su hija y su mejor amiga (algo maltrecha), bajaban por una escalera. Pero solo se llevaría a una.
-Sra. Lovett… -dijo, en bajo, pero las dos le oyeron-.
Nellie esbozo una sonrisa –si se puede llamar sonrisa- y le miro, sus ojos reflejaban tortura.
-Aquí tiene, Sr. Todd. Es la maleta de la Sra. Lovett –dijo, muy amablemente, Sweeney pensó que se parecía a su padre-. Bueno, Sra. Lovett, buenas noches –la beso en las mejillas como pudo y se subió a su habitación.
El Juez, que había estado observando, finalmente dijo:
-Buenas noches, Sra. Lovett. Ha sido un –recalco la palabra placer –tenerla aquí con nosotras.
-Vamonos –le susurro al oído a Sweeney, ella se había cogido del brazo de el con el brazo suyo bueno-. No lo dudo, Juez –le sonrio-. Buenas noches.
-Buenas noches, Juez Turpin –dijo Sweeney, y con la maleta de la Sra. Lovett, se encaminaron a la calle.
