Capitulo 10
Salieron de la casa. Nellie ya no iba agarrada de su brazo, el tenia bastante con la maleta y se mostraba distante. Parecía mascullar algo, pero era ininteligible. Debía estar pensando algo serio, tal vez relacionado con su venganza.
Bueno, ahora solo le quedaba llegar a casa, curarse, y seguir con su vida.
/Mirad, ahora mismo, podría unir las dos historias, la de AmorOdio y esta. Asi sabríais porque y de que estaba mala ella xD, pero no, tranquilos, que no pienso hacerlo. ¡Son dos Toddett diferentes!/
Pero, en su felicidad perfecta, el habló, y lo hecho todo a perder.
-Lucy me lo ha contado todo.
Ella se detuvo, estupefacta. Y el avanzo unos pasos mas, pero se dio la vuelta y la miro profundamente. Sabia el porque de su mirada aterrada. El porque de que se hubiese parado. Había destapado su mentira, pero no la estaba amenazando, no era una amenaza, ni una pregunta, era una afirmación.
-¿P-p-per-perdon? –tartamudeo-.
-Lucy, mi mujer, ¿recuerda? La mendiga, me lo ha contado todo.
-Pero eso… eso es… ¡imposible!
-No, no lo es. Ahora mismo, esta en NUESTRA casa, con uno de tus vestidos, enfrente de la chimenea –la cara de ella era indescifrable -. Tranquila, Toby esta con Mooney, no nos molestara –esbozo una sonrisa, una de aquellas que la hacían temblar-. Ahora, camine, me tiene que explicar muchas cosas.
Caminaron, Nellie llevaba la cabeza baja, mirando al suelo, entre aterrada y avergonzada, a una prudente distancia del barbero. Y el volvió a hablar.
-Sra. Lovett.
-¿S-si? –pregunto temerosa-.
-¿Qué le ha hecho el Juez Turpin?
-No… no puedo decírselo Sr. Todd… yo… -dijo, casi sollozando, no se esperaba esa pregunta, y mucho menos viniendo de el en esa situación-.
El la detuvo, y puso una mano en su brazo bueno.
-¿Me esta diciendo, que tiene un brazo en cabestrillo por gusto? ¿O se callo por las escaleras? ¡Ah no! Que en la habitación de Johanna no hay escaleras. Y cuando yo la vi y la perseguí… -reprimio un escalofrio al acordarse perseguir el carruaje llorando- no llevaba ese cabestrillo. Asi que, digame, que ha pasado.
-No, no puedo, yo… -lloro- si yo… usted… entonces… -dijo entre sollozos-.
-Lo mejor será que vallamos a casa y nos lo cuentes todo. Ya estamos cerca.
La empujo suavemente agarrándola por el brazo. Pronto llegaron al 186 de Fleet Street, la panadería-barberia de los asociados.
Entraron por la puerta de la tienda de ella, el dejo la maleta en el suelo, y la sento en una silla. Se encamino a la sala, pero le dirigió una ultima mirada a la mujer, esta le miraba con miedo,
temor, vergüenza, sabiéndose descubierta. Pero no había odio, amor si, pero odio no. Y el si que la odiaba a ella, por haberle mentido, pero, de alguna forma, la apreciaba. Era un amor… distinto. No de pareja o pasión, si no de amistad. Podria llamarse Una Relacion de Amor/Odio.
Aparto la mirada, y anuncio:
-Lucy, amor –recalco la palabra amor-. La Sra. Lovett ha llegado.
La mujer entro en la tienda. A Nellie le daba asco aquella mujer, no solo le había atormentado el ultimo año con sus repentinas "apariciones" en la tienda, si no que además se dedicaba a darle mala publicidad llamándola "La Esposa del Demonio". ¡Ya le gustaría a ella serlo! ¡Si tan solo pudiera acercarse al "Demonio"! Y ahora, encima, le había robado el vestido y una collar de diamante que le había regalado Sweeney, si, el mismísimo Sweeney Todd le había regalado un collar de diamantes por su cumpleaños. Y aquella… dios le perdone la palabra… zorra se lo había quitado.
Pero no dejo que su rostro lo reflejase, no iba a caer tan bajo, y menos delante de Sweeney, que seguramente la reprendería por ello.
Espero a que Lucy se sentara. Ella estaba en el banco, entre la mesa y la pared. Lucy se sento a su derecha, a ella si se le notaba la cara de asco, pero se sento igualmente. Sweeney se sento a su izquierda. No tenia escapatoria. Fue Lucy la que empezó a hablar, pues, se dio cuenta, del estado de su enemiga. Su cara ya no expresaba asco, si no prepotencia y preocupación, como la de Sweeney.
-Nellie… eh… yo… ¿Qué te ha pasado?
-¿Perdon? ¿Cómo has dicho? –pregunto nerviosa. Aquel cambio de tema la intrigaba-.
-¡Que que te ha pasado! ¡Por dios, Nellie! ¡Te odiare pero me compadezco de mis enemigas!
-Sra. Lovett, Lucy tiene razón, tiene que contárnoslo –dijo Sweeney, preocupado-.
-No, yo no puedo, no… yo… usted… entonces… -sollozo-.
-¡Dinoslo! –la insto Lucy-.
-No puedo… -sollozo, pero la fulminante mirada de ella le hizo confesar-. ¡Vale! ¡Esta bien! ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me violo? ¡Pues si, me violo! ¡Dos veces! –y volvió a llorar.
Sweeney y Lucy compartieron una mirada, el de comprensión, estaba viendo lo que había pasado su esposa en otra persona, ella de ira, prepotencia, preocupación. Le intentaba hacer ver lo que ella había pasado.
El Sr. Todd le cogió la mano buena -la izquierda-, ella se dio cuenta, pero no se inmuto. Lucy no se dio cuenta, pero si lo hubiese hecho, se hubiese enfadado seguramente.
-¿Por qué…? –se atrevió por fin a preguntar el-.
Ella le miro, con una mirada que haría llorar al mas fuerte de espíritu.
-Por cartearme con usted, por eso. Por hacer que Anthony le llevase una carta y por recibir otra. Me castigo dos veces, las dos me pillo y las dos me obligo –ya no lloraba, pero se la notaba deprimida, necesitaba un calmante-.
-Sra. Lovet… lo siento –dijo firmemente-. Lucy, cariño, ¿me harias el favor de ir a buscar un calmante? Creo que hay arsénico en el boti…quin… -los tres se miraron al escuchar la palabra "arsénico", pero el aun no había apartado la mano de Nellie.
-Claro… ahora vengo –dijo con cierto nerviosismo-.
Y cuando Lucy desapareció por la puerta, el Sr. Todd le hizo girar la cara y la beso, apasionadamente, como si hubiese sido algo difícil de alcanzar y ahora quisiese disfrutarlo todo de golpe. Ella, entre la estupefacción, el dolor, el llanto, la confusión y el dolor, le correspondió. No entendía nada, pero tampoco quería entender. Pero de repente, se dio cuenta de todo lo que sucedia. La estaba besando ¿pero porque? Y Lucy estaba cerca, demasiado… Y la estaba besando… ¿Era su forma de pedirle perdón?
Ella se aparto bruscamente y le miro a los ojos. La mano de el ya no estaba en la suya ni tocaba su cuerpo, de hecho, nunca lo había hecho.
-¿¡ Que hace, Sr. Todd ¡? –exclamo, pero sin gritar.
-Pedirle perdón.
-¿Qué…?
Entonces entro Lucy, sabia porque el la miraba asi, la estaba pidiendo perdón. Puso el arsénico en la mesa.
-Antes de que te lo tomes, -dijo, atrayendo toda su atención- me gustaría aclarar algo.
-Estaaaa…. Bien, supongo…
-Johanna, como esta Johanna.
La Sra. Lovett suspiro, esperaba otra cosa.
-Bien, esta muy bien. Ha crecido saludablemente, y… se parece mucho a sus padres –dijo bajando la cabeza, mientras otra lagrima se le escapaba-.
Ella le tendio el arsénico y la dejo salir de aquella incomoda situación, la guio a la habitación, la ayudo a cambiarse, pero no pudo evitar mirarla estupefacta. Ella, Nellie, había recibido mas daño que ella misma, el Juez… la había hecho muchísimo mas daño.
Le tendio un vaso y las pastillas. Ella se tomo una e intento dormir.
Lucy, antes de salir, le dejo el bote cerca.
-Te dejo aquí el bote, por si no te puedes dormir. Buenas noches.
