Capitulo 12
Nellie decidió que lo mejor seria ir a buscar al niño, pero pronto desecho la idea. Era mejor que no la viese asi. Asi que se dirigió a la cocina a preparar el desayuno. Ahora que lo pensaba, hacia meses que no preparaba uno.
Preparo uno para ella y otro para Sweeney. Lucy ya se prepararía el suyo a su gusto. Pero justo cuando terminaba de comerse el suyo –que por cierto estaba buenísimo y lo había echado mucho de menos- apareció el Sr. Todd.
-Sra. Lovett… ¿Qué se cree que esta haciendo? ¿Por qué prepara el desayuno?-pregunto serio.
-Pues… por la costumbre, supongo. Tome, ya que esta aquí, no tendre que subírselo.
El procedió a comerse el desayuno –que también había echado de menos- y esta vez decidió, que lo mejor era agradecérselo. No quería que volviera a irse por su culpa.
-Uhmmm –dijo, en señal de que le gustaba-. Esto esta muy bueno, Sra. Lovett –ella le sonrio, sorprendida pero agradecida-. ¡Ya echaba de menos estos desayunos! –se dio cuenta de lo que había dicho, y ella tenia la cara expectante y sumamente sorprendida-. Quiero decir… cuando me los comia –dijo algo averginzado.
-, yo también los echaba de menos –dio otro mordisco a su tostada, pero una pregunta la asalto. Cerro la puerta de la cocina y se sento al lado de el-. Sr. Todd…
-¿Si? –dijo mientras seguía devorando-.
-¿Qué ha hecho con los cadáveres?
El Sr. Todd se atraganto.
-¿Lo único que le preocupa es eso? –dijo mientras recuperaba la compostura y tragaba-.
-Pues… Si… -dijo tímidamente-.
-Esta bien. Estuve almacenándolos en las catacumbas de St. Dunstan. Quedan bastante lejos de aquí, asi que no nos podrán relacionar si el olor sube.
-Ya… -dijo pensativa- Pues… Es una buena idea, en verdad. Pero… ¿Lo sabe –hizo un gesto con la cabeza- ella?
-Si.
-¿¡Si!? –exclamo- ¿¡Se lo ha contado!? –se levanto- Auch… -gimio de dolor-. ¿¡Por que!?
-¿Se ha hecho daño, Sra. Lovett? –pregunto alarmandose- Sientese, siéntese –la ayudo- No, lo dedujo ella misma.
-Ah… eso es diferente. Crei que había perdido la chaveta.
-Si… Eh… -decidio tocar el tema que estaban evitando-. Lo de hace un rato…
-Tranquilicese, Sr. Todd. No le culpo. Seria otro impulso. Yo no le… -el la interrumpió-.
-No, Sra. Lovett. No fue un impulso. Lo hice en serio.
-¿Qué? –pregunto sorprendida-.
-Pues… que lo hice en serio.
-Pero… ¿Por qué? Quiero decir… Su mujer esta ahí… –dijo confusa-.
-Esa no es mi mujer.
-¿Cómo?
-Mi mujer no mentia. Mi mujer era dulce. Mi mujer no odiaba. Aunque ella tenga su apariencia, ella no es mi mujer.
-Pero… Sr. Todd. Yo le menti. Le dije que estaba muerta, aunque en un principio era verdad que no lo sabia… luego lo descubri, y no se lo conte por egoísmo…
-No, Sra. Lovett, no intente que crea que ella es mejor que usted por que no lo es. Si usted mintió, seguramente seria por mi bien, aunque hubiese segundas intenciones detrás –le coloco la mano en el hombro, pero enseguida retiro la mano y miro a otro lado.
-¡Bueno, parejita! –dijo alegremente Lucy, mientras entraba en la cocina-. Ah… ¿Pero ya estais desayunando?
-S… -iba a contestar la Sra. Lovett-.
-En realidad ella ha preparado el desayuno. La Sra. Lovett lo suele preparar todas las mañanas para todo el mundo. Yo acabo de llegar y me he puesto a desayunar –dijo tranquilamente-.
-¡Ah! ¿Y el mio? –dijo, como exigiéndolo-.
-No hay –dijo la otra-.
-¿Cómo que no hay?
-La Sra. Lovett se lo ha dejado bien claro. Usted no tiene desayuno, Sra. Barker.
-Sweeney, cariño, no me llames asi –dijo mientras se sentaba en sus piernas, pero nada mas hacerlo el la aparto bruscamente-. ¡Ey! ¿¡Pero que haces!? –grito alarmada-.
-¿Cómo tiene la desfachatez de tomarse tales confianzas con el Sr. Todd? –grito la otra mujer, levantándose de la silla-. ¡Ni que fuera su esposo! –grito indignada, mientras le guiñaba un ojo a Sweeney, y el pareció apreciarlo.
-¡Es que lo es!
-No, no lo soy, Sra. Barker –se levanto también-. Usted se ha equivocado de persona.
-¿¡Pero que…!?
-Me veo obligada a pedirle, Sra. Barker –empezo la Sra. Lovett-, que abandone esta casa. Yo en ningún momento le he dado permiso para permanecer aquí. Ademas, ese vestido es mio. Asi que vaya a mi habitación y cambiese. No oponga resistencia, o nos veremos obligados a llamar al Alguacil –puso énfasis en la palabra nos pero temblo con la de Alguacil-.
-¡¡Pero esta es…!!
-La Sra. Lovett tiene razón, Sra. Barker –dijo con un tono inhumano-. Ella, como titular y propietaria de la casa tiene derecho a echarla de aquí si asi lo desea. Yo soy su inquilino. Si me lo pide, tendre que ayudarla. Le ruego que se marche antes de que tenga que subir a la barbería.
-¡¡Agh!! – pego un grito y se marcho a la habitación de Nellie, seguramente a cambiarse o a reflexionar-.
Nellie miro a Sweeney, y este, la miraba con una sonrisa de esas que son como la Aurora Boreal, puede ser la 1º y la ultima vez que la veas si no vives en el Polo.
Y ella, a su vez, le sonrio.
-Magnifica actuación, Sra. Lovett –le dijo-.
-Gracias, Sr. Todd. Usted tampoco lo hizo nada mal .
Y entonces, volvió a pasar. Sintieron los deseos irrefrenables de besarse. Lo único que no sabían, es que posiblemente fuera una de las ultimas veces que se besarían en mucho tiempo.
