Capitulo 15
-No, espere –dijo antes de marcharse-. No coja un carruaje. Lleve un pistola y vaya andando, será mejor que me acompañe mientras le explico el plan. También necesitaremos a Johanna, mándela que en 2 horas este delante del emporio en un carruaje.
-¿A Johanna? ¿Para qué? –le observó suspicaz-.
-Confié en mí. Le espero fuera –lo que Turpin tenía que hacer, precisamente, era de todo menos confiar en él.
Salió momentos después, con el abrigo puesto y guardándose el arma.
-Usted dirá… Sr. Todd… -empezaron a caminar.
-Bien, este es el plan…
De camino a por el niño, le explicó lo que tenían que hacer. El juez se había confiado demasiado y había olvidado una de las reglas que él mismo se inventó: Nunca, NUNCA confíes en alguien que sabe tus secretos. Estaba cayendo en una trampa mortal sin siquiera sospecharlo.
Al joven también se lo explicaron, aunque algo más maquillado, si no, el barbero sabía que echaría a correr a la casa y acabaría muerto.
Los últimos metros fueron en silencio. Toby alternaba la vista entre el ya conocido hombre del que estaba enamorada la Sra. Lovett y el indigno de confianza Turpin.
Sweeney llevaba cara de concentración y angustia, pero sus ojos era imposibles de leer. Solo le había visto esa cara en contadas ocasiones y ninguna había sido por su madre adoptiva. Se le notaba angustiado, como esperando lo que sabía que era una especie de final, para empezar otra historia.
No puede ser… -pensó de pronto-. ¡Están enamorados! ¡Quién lo iba a decir! Parece que la Sra. Lovett tenía razón, no es un hombre malo… A pesar del plan.
En cambio, el juez iba sereno, tranquilo. Con una fachada de "todo está controlado", seguramente la que ponía siempre para hacerse el importante. Nadie le echaría de menos si se fuese. Que pena que no lo fuese a hacer.
-Juez Turpin, espere aquí, por favor –arrastró las palabras Sweeney- Tengo que subir con el chico. No haga ningún ruido.
Le agarró fuerte del hombro y tiró hacia arriba, indicándole que subiera. Una vez estuvieron dentro, fue a la caja de sus amigas y tomó una, la abrió y se dio la vuelta. Toby estaba detrás de él y le miró alarmado cuando colocó la parte delantera (1) en su barbilla y le hizo alzar la cabeza para que le mirase a los ojos. Era una mirada severa, que transmitía que lo que le iba a decir era muy serio y que tenía que cumplirlo a rajatabla.
-Escúchame bien, muchacho. Vas a tener que soportar cosas ahí abajo y quiero estar seguro de que lo entiendes todo y no lo echas a perder.
-Sí, señor.
Le explicó la situación, sin maquillar nada. Más o menos le contó toda la historia, incluyendo lo de Turpin.
La mirada de Toby fue pasando de miedo a asco y después a furia.
Si comprende esto –pensó el barbero-, ha perdido la inocencia (2)
-Si las cosas se ponen feas, vas a tener que matarle –aun no había retirado la navaja, aunque tampoco la tenía en posición como para matarle y mucho menos amenazarle-. ¿Entendido?
-Sí, señor –dijo seguro.
-Cógela y escóndela –apartó el objeto de su cuello, lo cerró y se lo dio por el mango. Acto seguido, él lo metió en el calcetín del zapato, escondido de la vista-. Pase lo que pase, recuerda, siempre nos ceñiremos al plan.
Bajaron las escaleras, no habían tardado más que diez minutos. Suficiente.
-Sr. Juez. Cuando entremos, cuente 20 y después ya sabe lo que tiene que hacer (3).
-Entren –semi-ordenó-.
Todd puso una mano en el hombro de Toby y fueron a las escaleras del sótano.
-¿Listo?
-Listo
Bajaron las escaleras y el show empezó. En cuanto abrió la puerta, Todd cogió a Toby del cuello de la camisa y lo tiró al suelo, provocándole una hemorragia nasal (sangrar de la nariz, valla). Con un pie y bajo la aterrada mirada de Nellie, lo hizo ponerse boca arriba.
-¡Levanta, muchacho! –gritó, con odio.
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3
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La Sra. Lovett miró suplicante a Sweeney, esperando encontrar algún indicio, un deje, algo que le indicara que todo era mentira. Pero no lo encontró. No paraba de llorar y las muñecas ya no las podía mover de lo doloridas que las tenía. Se sentía como una niña abandona a su suerte en una calle desierta.
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No podía cometer fallos. Su ex-mujer le conocía totalmente, por no decir a la perfección, y sabía que si se mostraba un poco blando, lo notaría, por mucho que le doliese, tenía que ser así.
-¡Ben! ¡Ya has llegado! ¿Por qué has tardado tanto? –era extraño-.
-El mocoso no quería venir –decía a la vez que cogía del cuello y lo colocaba delante de la Sra. Lovett. El niño y la madre lloraban uno frente al otro. Uno lloraba porque sabía lo que le debía doler a su madre. También por el estado de esta y por no poder contarle nada. La otra, pensando en que sería el final de todo. Su vida, sus sueños, sus seres queridos, sus ilusiones, tirados por la borda. Tal vez su vida había sido inútil. Quizás había pasado más tiempo soñando con un hombre tonto que viviendo la vida, su vida. Sí… lo había echado todo a perder. No había hecho lo que tenía que hacer y ahora lo pagaba. Un castigo cruel de los Dioses.
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-Adelante, amor –dijo una voz a sus espaldas –hazla sufrir.
-No… -susurró la prisionera-. Por favor…
-Me mintió –dijo con odio contenido.
Aquello hizo temblar a la aludida, lo decía de verdad.
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¡¿Cuánto se tarda en contar 20 segundos?!
Lentamente, acercó el mortífero instrumento a la garganta del chico. Lucy –alias, la guarra- sonreía complacida ante la escena.
Estaba a escasos centímetros de la piel pálida del cuello y se seguía aproximando. Hasta que llegó un momento, en que el material de la navaja y la piel de él se encontraron. El tacto de ella estaba frío, mientras que la textura de la piel de él estaba ardiendo por el calor.
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¡20!
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Lo siento Toby, Nellie –pensó Sweeney-.
Lo siento Sweeney, Toby –pensó Nellie-.
Lo siento Sra. Lovett –pensó Toby-.
No tuvo más opción que apretar en el cuello. Finalmente, la piel cedió al filo cortante y este penetró en el cuello. Un chorrito de sangre se deslizó suavemente.
-¡Mátalo ya! –gritó Nellie, para que al menos no sufriera-.
Entonces, se escuchó un disparo desde la puerta de la estancia y Lucy cayó al suelo. Estaba muerta. El Juez la había matado.
Desconcertada, miró a los tres hombres, que la miraban con una sonrisa. Sweeney se agachó a su lado y empezó a quitarle las cadenas bajo la atenta e incrédula mirada de ella.
-¿Pero qué…? –logró articualar.
-Shh –dijo él, tomando entre sus manos la cara de ella para después besarla suavemente. Luego se abrazaron y Toby se unió.
Un coche de caballos se escuchó a lo lejos.
-Bueno, señores, creo que es hora de que me retire –dijo el juez, con intenciones de marcharse.
-No, espere –dijo Sweeney mientras le hacía un gesto afirmativo a Toby para que cerrase la puerta.
-¿Qué más quiere? –se estaba enfadando. Muchas experiencias y Johanna estaba arriba. SOLA.
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Su tutor la había ordenado que en 2 horas estuviera delante de una barbería llamada "Sweeney Todd's Tonsorial Parlor" –supo que era la de su amiga la panadera- y se había ido. Había obedecido, con la esperanza de poder ver más allá de sus cuatro paredes y el baño.
Había llegado en el tiempo previsto, pero no pudo evitar el salir a ver lo que la rodeaba. Bajó con cuidado del carruaje y observó un poco a su alrededor. Era muy lúgubre. Unas 12 mesas adornaban un patio. Seguramente ahí se sentaba la gente. Las escaleras de madera estaban oscuras y habían perdido el brillo y la chimenea despedía un humo negro azabache, pero no se veía a nadie dentro.
Entró con cautela y se sentó a esperar en la tienda de empanadas.
Momentos después unas personas aparecieron. Un niño de no más de 12 años con una mujer –su amiga- y un hombre llenos de sangre. El cuadro aquel no se lo esperaba. Parecían una familia de asesinos a sueldo o algo así (muy cerca de la realidad).
Durante los siguientes meses, Londres se enteró de la desaparición del Juez y el Alguacil subió al poder, escudándose en miles de guardaespaldas por temor al barbero, pues sabía que el asesino era él.
Johanna se enteró de la historia de sus padres y de todo lo que había pasado y se quedó a vivir con la familia. Ni siquiera se molestó en volver a por sus cosas. Pero más tarde, se enamoró de Anthony y juntos se fueron a recorrer el mundo.
Nellie fue ingresada en un hospital y dada de alta 2 meses después completamente curada.
Sweeney y ella se casaron y junto a Toby y un nuevo bebé se mudaron al mar.
Toby también se enteró de toda la historia, y no pudo más que admirar a su "padre" adoptivo. Acabaron queriéndose casi como padre e hijo y ambos aprendieron cosas del otro.
Fin
(1) Cuando la navaja está abierta, la cabeza. Se la puso de la misma forma que a Johanna cuando la descubre y la pone en la silla y después le dice "Olvida mi cara".
(2) Eso me ha echo mucha gracia al escribirlo, pues estaba pensando en añadir "¿Le habrá hablado la Sra. Lovett de las abejas y las flores?"
(3) El plan basicamente era que entrase y la matase. ¿Simple verdad? Entonces ¿Por qué la aclaración? Bien. Es que en un principio pensé otra cosa, y luego ya no me acordaba de nada (mucho tiempo sin actualizar -.-) así que ideé uno nuevo. Pero luego pensé. Que le diga a Toby: Ponte unas bolsitas de ketchup en el cuello xDDDD Pero claro, que no había en esa época, y tampoco era plan para ponerse a fabricar bolsas de tomate natural, así que me decidí por lo fácil.
Parece que este fic no es tan famoso o de gusto como la del Ramo y la Navaja, que por cierto dejare unos meses en la estacada (Sweeney, Nellie, Toby y los otros personajes también necesitan descansar ¿sabeis? Llevan mucho tiempo pidiendome unas vacaciones y me amenazaban con irse del fic), así que si llego a los 30 RR -casi imposible- subire quee es lo que pasó en el sótano cuando Johanna estaba observando su nuevo entorno. ¿Hace? ¡Pues ala! ¡A revierrear!
