Quinta entrega
Kyouya y Antonieta
Sábado en la mañana.
-¡No, espera!
-Lo siento, no puedo esperar más, el vuelo sale en una hora y tengo justo el tiempo para llegar al aeropuerto.
-¡Pero, espera idiota! No me puedo hacer cargo de esto…
-Kyo-kun –una mano fue apoyada con absoluta confianza en el hombro del muchacho –yo sé que lo puedes todo.
-¿Ah? ¡Oye! ¡¡Maldición, no te vayas!!
-¡Cuida a Antonieta por mí, sólo será por este fin de semana! –gritó un rubio desde la ventana de su limosina.
-Maldito Tamaki –gruñó Kyouya en la puerta de la mansión con el extremo de una correa en la mano y en la otra esquina una feliz perra rubia.
Entró con el perro y se dirigió a su habitación.
-Bien, creo que primero me tendré que cambiar el pijama y luego me encargaré de ti… miró con resignación una lista de actividades que se le había escrito el rubio y que tendría que hacer con el animal –maldito idiota… hasta me dejó dicho qué es lo que debo hacer con su perro…¡Acaso cree que soy su sirviente!
Se metió enfadado a la ducha y salió a los 20 minutos después, bañado, vestido y aún en su punto de ebullición.
-Tranquilízate… de todos modos no debe ser demasiado difícil… si controlo a los integrantes del Host Club… controlar a un perro no sebe ser demasiado diferente.
Lo que vio a continuación lo dejó helado. Todos sus libros regados por la habitación: sus zapatos de vestir favoritos, los que ocupaba generalmente para ir a La Academia, estaban mordidos y destrozados; la orilla de su escritorio hecha pedazos; los maseteros regados por la habitación y Antonieta echada, de forma aterradoramente pacífica sobre su cama.
-¡¡Animal del demonio!! –salió persiguiendo al perro, este arrancó de una esquina a otra de la pieza, creyendo que era un juego. Cuando por fin se rindió, sentándose en el sillón, terminó con el animal arriba, lamiéndole el rostro que se le iba desfigurando por la furia.
Ya con el mal rato superado y el humor levemente recobrado Kyouya paseaba con Antonieta por el jardín de la gran mansión, mientras esta caminaba lentamente, reconociendo el lugar.
-Por lo menos tienes la decencia de mantenerte tranquila un segundo… no eres tan caótica como tu dueño –sonrió levemente con el ánimo completamente reestablecido y como si hubiera invocado el momento un gato apareció frente a ellos y salió corriendo asustado por los ladridos y la loca carrera que emprendió la mascota de su mejor amigo. Antonieta salto al otro lado de las ligustrinas en las que había desaparecido el felino y termino dentro de una pequeña pileta en la cual por poco arrastró al chico -¡Me retracto! ¡¡Son endemoniadamente iguales!! ¡Ven sale de ahí, llamaré a la servidumbre para que te de un baño! –sin hacerse esperar y ante el llamado de su amo temporal, Antonieta corrió hacia él, botándolo y de paso embarrando completamente su ropa –eres… ¡eres…! No… espera…. –la perra se sacudió regando al chico de lentes -¡Rayos!
Mientras sus sirvientes bañaban a la perra y después de que él se lavara y cambiara de ropa Kyouya almorzó solo en su habitación pues quería evitar gritarle a alguien de forma burda e innecesaria, se recostó un momento dispuesto a dormir una pequeña siesta, sus intenciones eran recuperarse y recién ahí ocuparse del animalejo que habían dejado a su cargo.
Cuando abrió los ojos los rayos de sol que entraban a su pieza lo hacían de modo vacilante y casi efímero, teñidos con tonos naranjos y rojizos. Se levantó un poco somnoliento y se encaminó a donde supuestamente estarían sus sirvientes junto a Antonieta.
-¡Kyouya-bocchama! –exclamó asustada una de las empleadas que se había quedado con la perra.
-Bo… bocchama… ya despertó –tartamudeó nervioso un hombre que ayudaba a la anterior sirvienta para cuidar a la perra.
-¿Qué pasa? ¿Por qué ese rostro? ¿Dónde esta Antonieta? –preguntó el chico de forma seca, de pronto tuvo un mal presentimiento al escuchar a su personal. Se sacó los lentes y comenzó a masajear el puente de la nariz –por su bien espero que al animal no le haya pasado nada –y por mi propia salud mental…
-No… no es eso bocchama… como decirlo… -la chica lo miró asustada –tiene depresión…
-¿Ah? –eso era lo más ridículo que pudo haber escuchado ¿Un perro con depresión? ¡En que mundo se había metido! Claro… en el mundo del idiota de Tamaki -¿Dónde está?
-Acá… -los seis sirvientes a cargo abrieron paso al muchacho y señalaron a la perra que lloraba en un rincón y miraba de forma lastimera a Kyouya.
Maldición… ¡son idénticos!
-¿Le dieron comida?
-Sí.
-¿La sacaron a pasear?
-Sí.
-¿Jugaron con ella?
-Sí
-¿Llamaron al veterinario?
-Sí.
-¿Y qué les dijo?
-Eso… que tenía depresión…
-Oh… maldición… bien… déjenla junto a mí…
Prácticamente tuvo que arrastrar a Antonieta hasta su habitación, luego mentalmente repasó los acontecimientos del día, intentando dilucidar la tristeza repentina de la perra.
…kiss kiss fall in love… -comenzó a sonar su celular. Miró la pantalla y observó la imagen de Tamaki en el visor.
-¿Aló?
-¡Kyouyaaaaa! ¿Qué tal? ¿Cómo ha estado todo? ¡No me digas! Mi niña se ha portado muy bien… -claaaaro… en tus sueños… idiota, si es igual que tú…-pero mira que bien… supongo que seguiste al pie de la letra lo que decía la lista, si no lo haces Antonieta comienza a ponerse muy, muy triste… ¡Ella tiene un alma sensible igual que su dueño- ¡Idiota, y ahora lo dices!
-Ella está bien…
-Que bueno es escucharlo, prometo que mañana llegaré con regalos para ti en agradecimiento.
-Sólo quiero que te lleves a este animal de acá lo antes posible… es igual de imbécil que tú…
-¡Mamá! ¡No diga esas cosas que Antonieta es muy sentimental!
-Adiós Tamaki.
-¡Oye! ¡Espera…! –cortó el teléfono con un suspiro. Si seguía juntándose con ese idiota iba a envejecer demasiado pronto.
-Por lo menos te quedarás tranquila ahora en ese estado de desánimo –dio media vuelta y salió del cuarto a cenar.
Domingo en la mañana…
-No puede ser… -exclamó Kyouya en un susurro enojadísimo –el perro dentro de su depresión había aullado toda la noche con lastimera pena –Tamaki… me la pagarás por esto… -se levantó con sueño, frustrado e irritable dispuesto a bañarse y comenzar con la lista que el rubio le había programado para el día domingo.
El reloj marcaba las 8 de la mañana cuando el menor de los Ootori trotaba… o más bien era arrastrado… por una Antonieta que rápidamente había recobrado el humor. A las 9 desayunaban juntos en el gran salón. A las 10:30 jugaban a la pelota y a las 11:00 el chico de lentes peinaba a una alegre perra rubia.
Así estuvo todo el día junto a la mascota Tamaki y para cuando el amo llegó a la mansión Ootori y entró bulliciosamente a la habitación de su amigo se encontró con una escena para él conmovedora.
-Mamá… te ves tan tierna sin esa expresión de avaricia en tu rostro… –susurró con cariño hacia su mejor amigo mientras tomaba a una dormida Antonieta en brazos con una mano y con la otra tapaba a Kyouya quien se encontraba descansando junto al animal arriba de su cama.
Eran las 8:00 de la tarde cuando el heredero de la familia Suou se retiraba de las inmediaciones Ootori con una sonrisa en los labios y dejando en la habitación de su mejor amigo una cantidad insufrible de recuerditos inútiles.
Gripe
Caminaba resignada hacia la habitación de Tamaki… ¡Si no era su culpa que el rubio se hubiera enfermado! ¿Por qué tenía que pagar ella las consecuencias? No le iba a alcanzar el tiempo para comprar las cosas del almuerzo del día siguiente… pero claro… estos ricos bastardos con su mundo tan acomodado no entienden esta clase de cosas.
Es día su King no había aparecido por el colegio.
Cuando llegó atrasada a la tercera sala de música todos la miraron con una extraña sonrisa oscura.
-Haruhi, buenas tardes… -saludó de forma escalofriantemente cortés Kyouya -hoy Tamaki amaneció enfermo –comentó con una angustia muy estudiada –y como vicepresidente voy a suspender el club por hoy ya que no vale desgastarnos por apenas el 30 de las clientas…
Las miradas malvadas sobre ella intensificaron su fuerza y Haruhi comenzó a sentir como sus piernas le rogaban por salir corriendo de ese lugar.
-Habíamos planeado ir a visitar a nuestro King… pero… a todos se nos presentaron cosas urgentes por lo que decidimos en forma unánime que irás tú en representación de todos nosotros.
-¡¿Qué?! –Haruhi no sabía por qué extraña razón aquel 'decidimos' de Kyouya le sonaba realmente a un 'decidí'.
Teman al rey de las sombras –pensó aún demasiado impactada como para reclamar.
Luego todo pasó muy rápido. Dos gemelos la arrastraron fuera de la tercera sala, la subieron arriba de la limosina de Kyouya, este le pasó un botiquín con medicamentos de su parte, un ramo de flores de los hermanos Hitachiin, un pastel por parte de Honey y toda la energía y buenas vibras de Takashi –supongo que muy en el fondo Mori-senpai debe rebosar de libres y alegres ondas... como las de Honey-senpai…-meditó no muy convencida.
Y en ese minuto se encontraba caminando en dirección de la habitación del rubio, pasando por largos corredores y sumida en sus sombríos pensamientos.
-Aquí es –informó la sirvienta que la había guiado.
-Muchas gracias –le sonrió la chica de forma amable y entró al lugar.
Le extrañó sentir todo tan tranquilo… ¿No era la habitación de Tamaki? Debería haber una estresante carga positiva en el ambiente. Caminó detrás de la empleada que fue a anunciar su llegada y se percató de la pálida figura que estaba recostada sobre la cama, tapada hasta la nariz y escuchando lo que decía la muchacha.
-Haaaa… ruuuu… hiiii -a medida que un escalofrío le recorría la espalda, su rostro iba perdiendo el color.
-¡Senpai está muerto! –soltó una exclamación ahogada.
-¿Ah? ¿Muerto? ¡¿Me estoy muriendo?! –el rubio tomó por la manga de la sirvienta y la zamarreó en gesto dramático.
-No… me he equivocado… no está muerto… -habló para si misma mientras se sentaba a la orilla de la cama totalmente recobrada de la sorpresa –Tamaki-senpai, lo he venido a ver.
-¡¡Oh… Haruhi!! –se dio impulso para abrazarla, pero un ataque de tos detuvo sus movimientos, dejándolo tirado sobre la cama.
-¿Te sientes bien? Kyouya-senpai manda esta caja con medicamentos, los gemelos te envían las flores, Honey-senpai estos pasteles y Mori-senpai… bueno él… te da todas su energía y buenas vibras…
-¿… su… energía? –la cabeza de Tamaki comenzó a enviarle imágenes de él vestido con un taparrabo y una lanza, corriendo por una selva.
-Están todos preocupados por ti.
-¿Y por qué no vinieron a verme? –Preguntó con lágrimas infantiles en los ojos –he estado muy solito…
-Dijeron que tenían cosas que hacer, pero me enviaron a mí en su representación.
-¿Y tú estabas preocupada por mí? –sabía que el berrinche infantil sólo era teatro, pero aparte de eso se notaba que hervía en fiebre y que realmente se debía sentir muy mal.
-Pero claro que sí, especialmente si se me acerca Kyouya-senpai con rostro sombrío y me dice que estabas enfermo –aunque claro luego me sonrió informándome que era la encargada de venir.
-Me siento feliz de que estés aquí –sonrió de forma brillante y Haruhi no tuvo más remedio que responder aquella sonrisa -¿Me vas a dejar solito ahora que me entregaste los encargos?
Tenía cosas que hacer, pero realmente le daba pena dejarlo así. Se veía tan desanimado y de cierta manera, muy retorcida quizá, extrañaba su burbujeante manera de ser.
-Hagamos algo, yo traje mis apuntes, si tú me dejas estudiar, yo prometo quedarme acá, sentada al lado tuyo.
-Hecho –bostezó, cansado el rubio y Haruhi se detuvo a medirle la temperatura.
-Tienes mucha fiebre, deberías aprovechar de descansar.
-Pero no te vayas sin despedirte de mí ¿sí?
La chica le sonrió con dulzura y asintió a sus palabras. Repentinamente unas ganas enorme de cuidar a su amigo nacieron desde muy dentro llenándola de calidez.
La tarde había pasado de manera rápida y para cuando Tamaki abrió los ojos el cielo ya era de matices rojos, rosas y naranjos. Intentó sentarse sobre la cama, pero un peso le impidió cualquier movimiento. Miró a su costado y una gran alegría lo hizo sonrojarse al notar que Haruhi estaba durmiendo, apoyada en su regazo, con los libros y cuadernos esparcidos por el suelo.
Con trabajo logró taparla con la frazada y acarició dulcemente sus cabellos.
-Ya veo que no te fuiste sin despedirte… te ves tan dulce así… -miró por unos segundos su rostro dormido y casi de forma inconciente rozó ambas narices, cuando sintió la respiración de la chica sobre sus labios por fin fue conciente de sus actos mas no los detuvo.
Lo primero que Haruhi escuchó al despertar fue un "no hay nada de malo en esto… es sólo un beso de padre e hija" y acto seguido, unos labios robando de forma sutil y precisa, la respiración de su boca.
Tan rápido como vino todo se terminó dejando su huella efímera en la cabeza de la muchacha.
Notas de autor: ajá!! beso de Tamaki?! O... jeje... ¬w¬ no se apresuren, todavía falta muuuuucho fics y las cosas simplemente empezaron recien, recien a complicarse.
Ya noté que no puedo dejar acá mi mail, pero de todas formas está en mi perfil :P.
También una amiga me hizo ver que no aceptaban comentarios anonimos TT... pues bien, ya lo solucioné.
Capítulo más liviano que el anterior, espero que les haya gustado, si tienen algún tema para alguno de los one shot que siguen me dicen xq a veces la imaginación se vuelve un poco escasa n.nU.
Ya saben, su review es mi sueldo!! w... hay que aceptarlo... yo sé que lo leen, pero aun asi uno no tiene otro medio para saber si les gusto o no o si en realidad me debo dedicar a otra cosa.
Además es agradable cuando sientes que hay personas a las cuales les llegaron tus palabras!!
Saludos, nos vemos en la siguiente entrega.
