Capítulo 4:
-¿Hola?
-¿Harry?- respondieron del otro lado.
-Rachel, ¿está Ginny?. Dijo que tendría un día muy agitado y querría...
-Pero ella no ha venido, ni ayer ni hoy...
-¿qué?
-Creímos que tú nos dirías porque Harry.
-No tengo idea. Gracias. Adiós- cortó. Marcó otro número y esperó- ¿Cariño?
-¡Hola Harry!
-¿Crees que podríamos vernos un ratito?
-Lo siento cielo, es que tengo mucho trabajo, me quedaré hasta las once más o menos...
-De acuerdo, ¡Besos!- No podía creer que le mintiera así de descarado.
Al día siguiente, Harry estaba seguro que lo engañaba. Nunca se le hubiera ocurrido pensar eso de ella jamás, pero ahora todo era diferente, ella le había dado todos los fundamentos que necesitaba. ¿Por qué?. Sinceramente no lo podía creer, pero estaba seguro de que así sucedía. Durante su falsa ausencia estuvo preguntándose qué podía ser tan importante como para ser escondido, y mucho más importante como para dejar de lado los deseos de su familia, de su esposo, de sus HIJOS. Lo único que se le ocurrió fue un amante y todo encajaba a la perfección. Pero, ¿quién?.
Se levantó a preparar el desayuno, como siempre hacía. Le dio el biberón a Charly y cocinó un par de tostadas.
-LiLy, ¿puedes cambiar a tu hermano mientras limpio?
-De acuerdo- Tomó a su hermano en brazos y lo subió a su cuarto. A la media hora bajó con su hermano ya cambiado y ella ya peinada y preparada para salir. Ginny recién bajaba a desayunar y no habían cruzado una sola palabra.
-Vamos chicos, ya es hora- anunció el morocho.
-¿No nos lleva mamá?
-Su madre ha cambiado de prioridades. Parece que tiene cosas más importantes que hacer en estos momentos de su vida. Dejémosla en paz, no la molestemos- Ella lo miró buscando una respuesta, pero solo consiguió una fría, ¡más que fría!, una congelada, mirada.
Harry no quería pensar en nada de todo lo que le estaba sucediendo, así que, decidió asistir al trabajo.
-¡Te digo que algo pasa!
-Pero, ¿que...?
-No es la misma. Nunca está en casa, se olvida de sus hijos... y eso sin contar que a mí ni me registra.
-Quizás... tenga algunos problemas dándole vueltas en la cabeza- sugirió su amigo Ron- te aconsejo que le preguntes antes de sacar conclusiones.
-Lo intentaré... ¿Podría dejarte a los niños solo por hoy?.
-Ningún problema.
Ya terminado su jornal laboral, volvió a su casa algo cansado. No fueron necesarios más de dos minutos para divisar la carta que había dejado su esposa. "Cariño sé que debíamos hablar, pero mi amiga y yo habíamos arreglado para ir al cine y luego a cenar. Nos vemos en la noche. Besos. Gin". Arrugó el papel y lo tiró. ¿¡Tan poco le importaba todo lo referido a ellos cuatro!?.
Eran las dos de la madrugada. Ginny bajó del auto en donde el rubio la transportaba. Se despidió y se adentró en la casa con sigilo. Todo estaba oscuro.
-¡Claro que tenemos que hablar!, pero parece que a ti no te importa...- dijo sentado en uno de los sillones del hall de entrada, y únicamente con una tenue luz alumbrándolo, la cual acababa de encender.
-¡Harry!, ¡me asustaste!
-Pues será que hacías algo de lo que no debía enterarme...
-Te dije que me fui con una amiga...
-Y, ¿te importa más eso que intentar arreglar esto?. No eres tonta, pudiste deducir que las cosas no andan nada bien. Intento entenderte pero... No encuentro nada rescatable en la incoherencia de suplantar el futuro de tu familia.
-¡Y no hay nada más importante!
-No parece, estás despistada con tus hijos... estás... indiferente.
-No es verdad.
-Lily no para de preguntar si tienes otra familia. ¡¿Cómo te sentirías en mi lugar?! ¿Qué es lo que se supone que le conteste?- ella no podía responder- ¿Sabes?, sabía que no me amabas como yo a ti, pero a tus hijos... pensé que significaban algo en tu vida.
-¡Claro que significan!, No pasé nueve meses gestando a cada uno de ellos para que no lo signifiquen.
-¡Pues demuéstralo!- Le dijo colérico y subió las escaleras al cuarto.
