N/A: Uff... me he tardado mucho para escribir este capítulo pero espero que la espera haya valido la pena. Jejeje espero que les guste! Como siempre, naruto no me pertenece, tampoco lo quiero, aunque se mi regalan a Lee o a Iruka-sensei no me quejo kukuku

Ahora sí, a leer!!


..: Segunda Noche: Contemplando a mi Kazekage :..


-¿Y el Kazekage?- preguntó Lee completamente emocionado. Por momentos se olvidaba del chico que había conocido momentos antes y el enojo que le había provocado.

-Llegará pron...- las puertas abriéndose, nuevamente, interrumpieron a Temari- Ahí está- dijo en cambio.

Tenten dirigió una dura mirada a Lee, como diciendo "más te vale comportarte". El chico hizo caso omiso a la advertencia velada, en cambio sus ojos se abrieron como nunca antes, su mandíbula abierta, su expresión haciéndose cada vez más graciosa, en cambio su rostro estaba pálido,y al ver a la imponente figura del Kazekage hacer acto de presencia no pudo contenerse más...

-¡¡TÚ!!- gritó Lee señalándolo acusadoramente...

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Lo próximo que se escuchó en la sala fue un fuerte golpe proferido por Tenten en dirección al ruidoso ninja de la Hoja.

-¡Gomenasai!- se disculpó la chica haciendo una marcada reverencia.

Neji los observaba, apartado, profiriendo por lo bajo una maldición ante la estúpida actitud de su compañero de equipo que en ese momento se acariciaba el enorme chichón en su cabeza. Finalmente, fueTemari quien rompió la situación tan tensa y, con una gota en la sien, dio la orden para que todos pasaran a cenar.

Lee, con el ceño fruncido y una expresión completamente seria, observaba atentamente al "Kazekage".

-Es él...- susurró para sí mismo y sin que nadie le oyera.

¡Era aquel joven que había conocido esa misma tarde! ¿Entonces él era el Kazekage, la máxima autoridad de Suna? Lee no supo cómo sentirse en ese momento, varios sentimientos tratando de apoderarse de su pecho, entre ellos la molestia al saberse engañado, la decepción al no haber podido darse cuenta por sí mismo de quién era el joveny, finalmente, la confusión al percatarse de las palabras que aquel muchacho le había dirigido. Si aquel pelirrojo era el Kage, ¿entonces por qué había dicho que era malo?

Lee no entendió nada de nada, por más que su mente trató de buscar alguna especie de respuesta.

Mientras se acomodaba en su lugar de la mesa, entre sus dos compañeros, contemplaba por el rabillo del ojo la estoica figura del chico.

La verdad es que no lo hubiera pensado en un comienzo, que tan importante persona fuese tan joven e indudablemente tan apuesta. Tenía el pelo rojoy brillante y la expresión cansada del que ha vivido mucho, y a pesar de tan corta edad poseía enormes ojeras que resaltaban el tono aguamarina de sus ojos. El rostro era hermoso, de piel lozanay pálida a pesar de vivir en un clima desértico como lo era Sunagakure y, Lee notó no sin cierta fascinación, sus movimientos eran medidos y precisos como los de un muñeco, sus dedos largos y sin rastro alguno de marcas, tan diferentes a los del propio Lee, cuyos puños estaban llenos de heridas que tenían tanta antigüedad como él mismo.

La cena pasó calmada, ultimando detalles sobre el festival y toda la comitiva que se encargaría de la seguridad. Tenten iría con Temari y juntas se encargarían de todo lo concerniente a la festejación; Neji acompañaría a Kankuro y protegerían las fronteras de la aldea para así evitar cualquier intruso y, por último, Lee estaría con el grupo de ANBUs como escolta del Kazekage.

Extrañamente, el pelirrojo no miró a Lee en toda la velada y esto, de cierta manera, hirió al pelinegro. ¿Acaso fingía que no lo conocía? ¿Que su encuentro, minutos atrás, no se había llevado a cabo?

Lee apretó un puño por debajo de la mesa y dio un sorbo a su bebida mientras sus ojos se posaban en el Kage, quien comía en silencio, asintiendo de vez en cuando y sin prestar realmente atención. Esto, únicamente, hasta que el pelirrojo se sintió observado, entonces levantó la vista y sus gemas azules confrontaron las piedras negras que brillaban en el rostro de Lee.

Y ese momento fue...

Como una explosión.

Encerrando el aliento dentro de su pecho, Lee se congeló en su sitio.

De pronto, y por razones desconocidas para él, sus pulmones parecieron abandonar su función y su propio cuerpo pareció olvidarse hasta de pestañear. No respiraba, no se movía, tan sólo miraba, casi acechante, a ese rostro impertérrito de tan duras facciones que en ese instante parecía devorarlo con la mirada. ¡Había tantas emociones en esos ojos! Estaba el odio, Lee pudo percibirlo casi al instante,y la ira siempre presente. Pero había más grandes y complejas emociones que el shinobi de la Hoja no pudo comprender. No era tristeza, no era soledad, era una especie de alejamiento consciente por temor a algo que no puede entender, que no lo acepta por completo, ¿pero qué?

-Lee, ¿qué pasa?- preguntó Tenten apretando su brazo, haciendo que le mirara.

-N-No es nada- respondió Lee un tanto incómodo, aún sintiendo la inquisitiva mirada del Kazekage que le impedía respirar, de pronto como si sus ojos acabaran con todo el oxígeno a su alrededor.

-No te ves muy bien- aseguró la chica con expresión preocupada-. ¿Quieres ir a ver a un doctor?

-No, sólo...- había empezado a sudar- Sólo voy a salir a por un poco de aire- dijo levantándose lentamente y, tras disculparse, salió de la habitación que de repente se le hacía tan pequeña.

Salió sin mirar atrás pero sabiendo de antemano que el pelirrojo aún le observaba.

Su corazón latía apresuradamente dentro de su pecho y, rápidamente, se apresuró a saltar por una ventana hasta llegar al tejado del edificio donde, con los ojos muy abiertos, contempló la blanca luna que se alzaba en su cuarto menguante, incompleta y casi destruida, pero solitaria en el alto firmamento. Inspiró y exhaló repetidas veces, obligándose a sí mismo a calmarse. Llevó una mano a su pecho. Su corazón... ardía. Ardía tan fuerte, quemaba casi. ¿Pero por qué? ¿A causa de quien?

Fue entonces, horas después, cuando Lee llegó a la conclusión de que todo su extraño comportamiento se debía a aquel pelirrojo de mirada glaciar.

Sus ojos...

Esos ojos eran tan profundos y oscuros...

-Hermosa noche, ¿no es cierto?- susurraron suavemente en su oído.

Lee pegó un brinco, con el corazón a punto de saltar del pecho, y observó con ojos desorbitados la silueta que había estado robando sus pensamientos durante todo ese tiempo.

-K-Kazekage-sama- llamó tratando de contener la marea de sensaciones que lo recorría. Y el hecho de no haberle sentido acercarse no ayudaba mucho en su actual situación.

Los ojos aguamarina no se concentraron demasiado tiempo en él, minutos después volvió la vista al cielo y se perdió en el infinito despejado, sin una sola nube, tan sólo el pedacito de luna que brillaba fantasmalmente en lo alto. El aire movió sus hebras rojas, que danzaron con gracia al compás del arenoso viento del desierto y allí, casi embobado, Lee le observó, maravillándose en la saludable piel brillante que parecía relucir bajo la luz de la luna, los ojos perdidos y distantes en quién sabe qué sitios, tal vez vagando dentro de sus propias memorias, recordando antiguas guerras que se han encargado de endurecerlo.

Y se veía entonces tan fuerte, con el destructivo poder de su chakra abandonando los poros de su piel, como una energía ajena a su voluntad.

-No es cortés mirar tan fijamente al Kazekage- susurró la grave voz del pelirrojo, ocasionando que Lee volteara el rostro inmediatamente, con las mejillas rojas a causa de la vergüenza.

Entonces, sin ser plenamente consciente, aquellas palabras escaparon de sus labios...

-¿Por qué no me dijiste que eras el Kazekage?- su voz denotaba cierto despecho, como si se sintiera engañado pero, por toda respuesta, el Kage sonrió arrogantemente y cruzó los brazos a la altura del pecho.

-No veo por qué tenga que darte explicaciones- respondió taladrando al pelinegro con sus pupilas electrizantes.

Lee jadeó, nuevamente consumido por aquel deseo que no podía contener. ¿Qué era? ¿Qué eran esas ganas que lo invadían? ¿Qué quería hacer precisamente? Quería correr, gritar, perderse en el desierto, golpear una pared... ¿Pero por qué? ¿Qué era aquello que se posesionaba de su mente cada vez que contemplaba las cortas hebras del color del fuegoy escuchaba el respirar pausado?

-Yo...- agachó la cabeza- Lo siento, Kazekage-sama.

El pelirrojo asintió.

-¿No querías decirme algo?

Lee le miró entonces, con los ojos bien abiertos. Y recordó...

Recordó y sonrió con aquella sonrisa tan especial y tan característica.

-Hai- se colocó de pie rápidamente y realizó una pronunciada reverencia-. Gracias por salvar mi vida, Kazekage-sama.

El otro joven contempló la marcada muestra de respeto y sus ojos se perdieron en la nuca descubierta, los cabellos negros y gráciles, la piel sonrosada y ligeramente bronceada... Le miró fijamente, sintiendo algo extraño en su interior, deseando de pronto que alzara la cabeza y le observara, perderse en los ojos negros pero, más que eso, acercar su mano hasta tocar su rostro, la mejilla que aparentaba tan suave, y los labios que se partían en esa bella sonrisa. Una sonrisa... ¿Cuándo había sido la última vez que alguien le había sonreído sinceramente? No aquella mueca de superioridad que le entregaban sus enemigos antes de reconocerle, siquiera la risita nerviosa que sus hermanos soltaban cuando le tenían cerca, sino una de verdad, como aquella... ¡Una sonrisa real!

Puedes tocarlo si deseas, dijo una voz en su interior a la cual reconoció de inmediato.

Nuevamente aquel ser había vuelto a despertar, como cada noche, torturándolo con su siempre molesta presencia.

-No.

-¿Qué?- preguntó Lee alzando el rostro, confundido.

-Llámame Gaara- se presentó el pelirrojo tratando de ignorar la voz del demonio mapache que yacía encerrado en su interior. De hecho, aquella voz era la causante de todos sus problemas. Condenado desde su nacimiento,Gaara había tenido que lidiar con la muerte y los asesinatos, el rencor y el odio, pero finalmente había logrado dejar eso atrás. Olvidarlo todo, por momentos, y fingir que aquella demencial sonrisa no se presenta en los linderos de su memoria...

-Hai, Gaara-sama- aceptó Lee con otra brillante sonrisa bailando en su rostro.

El Kage desvió la mirada, de pronto incómodo ante aquel suave susurro que era la voz del pelinegro.

Déjame salir, Gaara, y prometo que te divertirás, susurró el demonio con malicia, como cada noche, instándole a perder el control.

Llevando una mano a su rostro, Gaara mostró un semblante molesto pero, más que eso, frustrado. Su cambio fue tan brusco y tan notable, que Lee le observó, de repente preocupado.

-¿Se encuentra bien, Gaara-sama?- preguntó con sincera consternación.

Pero el pelirrojo tan sólo le miró una última vez y desapareció en una voluta de arena...

Y allí, nuevamente en silencio, Lee contempló el espacio vacío que anteriormente había ocupado el otro joven.

Cerró los ojos y sonrió.

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¿Qué es lo que te preocupa?, preguntó Shukaku, el Bijuu de una cola, mientras sentía el desconcierto de su contenedor.

-No lo sé- respondió Gaara observando atentamente sus manos.

Temblaba.

Por alguna desconocida razón, no podía dejar de temblar.

Esa era la primera vez que le ocurría algo así. La primera vez que se sentía mínimamente interesado por otro ser humano. Esta vez lo movía un sentimiento diferente. No eran las ganas de asesinar ni de hacer sufrir al otro, sino... ¿Tocarlo tal vez? ¿Estrujar sus miembros hasta asegurarse de que es un ente real, hecho de carney hueso, algo más que sangre y músculos dispuestos a ser retorcidos?

-Rock Lee...- susurró Gaara apretando los puños.

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Medianoche.

Susurros que viajan a través de la arena, llevando consigo inmemoriales secretos.

Una duna desértica, un oasis para aquellos que no tienen pies, desesperanzados, sedientos y sangrantes. Era un sueño, Lee lo sabía, aquel pacífico lugar bajo el manto estrellado y la hermosa luna llena. El viento se siente como una caricia directo a su alma mientras los ojos azules lo observan, desde las sombras.

Lentamente abre los ojos y contempla la sombra que se mueve, lentamente, hasta internarse en el agua cristalina. Las ondas atrapan su mirada, más allá de los cabellos rojos y las negras ojeras, más allá de la lujuriosa sonrisa tan arrogante, cuando su sonrosada lengua viaja sobre los sedosos labios, humedeciendo... Un jadeo en la negra nochey Lee siente consumirse.

-Estoy tan confundido- murmura mientras extrañas manos apartan su chaleco de jounin.

Relájate...

La voz es profunda, grave, pero invariablemente se siente diferente, como el sonido de un espectro.

-Siento como... como si ya te hubiese visto...- susurra Lee quedamente, sintiendo el aire golpear su pecho desnudo. Casi tiritando de frío, dos cálidas manos tocan su piel expuesta. Lentamente acarician su brazo izquierdo, los dedos perdiéndose en la carne fresca, allí donde descansa...

La herida, dice mientras desciende más y más hasta tocar su pierna izquierda. Contempla con devoción aquella zona, donde yace aquella marca tan grande y tan horrenda. ¿Yo hice esto?

-No lo sé- responde con la respiración agitada, mordiéndose los labios, entrecerrando los ojos al tiempo que millares de escalofríos lo recorren, justo allí donde la tibia garra se posa, los ojos amarillos de negras manchas... Es un demonio, no puede evitarlo, pero le conoce-. ¿Quién eres?

No soy nadie, mientras besa amorosamente los lastimados miembros.

Una nueva melodía invade el oasis. Y Lee se repite: "es un sueño, todo esto es un sueño", pero acaricia el cabello rojo y alza el rostro hasta poder besar los tersos labios.

-No quiero despertar...

Pero despierta.

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Silencioso cual peor ladrón, Gaara caminó hasta estar cerca, tan peligrosamente cerca, del chico que descansaba descuidadamente sobre la cama y roncaba apenas perceptiblemente, sumido en un sueño profundo. Su pecho se mueve frenéticamente mientras sus ojos de desigual color recorren presurosos la habitación. Una pupila es azul, lastimaday perdida; la otra es amarilla y cruel, divertida y deseosa.

Caminó hasta posarse sobre la cama y la arena se movió, inquieta y excitada hasta rozar los bordes de la sábana.

Sus manos volvieron a temblar y esto no hizo sino molestarlo. Frunció el ceño y acercó el rostro al del otro, sintiendo el cálido aliento estrellarse contra sus mejillas.

Ahí está... murmuró Shukaku con voz ronca.

-Descuidado- añadió Gaara mientras sus dedos viajaban imperceptiblemente sobre la suave piel de los labios de Lee, mirándole, devorándole.

Tan... expuesto.

-Tan estúpido.

Aww... no seas así con el pobre chico, Gaara-kun, bromeó el tanuki mientras sus ojo brillaban y comandaba a la arena para que se acercara.

También la arena quería ser partícipe. También quería tocar y sentir, como si se tratara de un ser vivo completamente aparte.

-Madre se está... divirtiendo- habló el pelirrojo en voz tan baja que su voz resultó casi inaudible.

Tan sólo una carcajada por parte del demonio resonó en su cabeza. También él se divertía siendo partícipe de los caóticos pensamientos de su contenedor. Estuvo tentado de susurrar: "yo conozco el secreto", pero tan sólo se limitó a tocar con la arena, maravillándose en aquel lejano recuerdo mientras lo fuertes hombros quedaban al descubierto. Luego el fuerte pecho y el trabajado abdomen. Definitivamente, un cuerpo perfecto.

¿Es lo que esperabas? ... ¡Oye!

Pero Gaara lo ignoró. De un salto se colocó sobre Lee, balanceando la cama y haciendo detectable su presencia.

¿Qué estás haciendo? Va a despertar.

Nuevamente no obtuvo respuesta. Gaara tomó los pálidos hombros y sacudió a Lee repetidas veces, haciendo que este despertara, asustado y a punto de lanzar un golpe pero su puño deteniéndose al percatarse de quién se trataba.

-¿G-Gaara-sama?- preguntó aún medio adormilado pero con los sentidos alerta.

Mareado, así se sentía, aún bajo los efectos del sueño. Porque allí estaban... las pupilas, las ojeras, el cabello, ¡un ojo amarillo! ¡Como en su sueño! ¿Quién era? Ahí, de pronto, el rostro delKazekage daba miedo, pero no se dio por vencido ni demostró su temor. Al contrario, se mantuvo altivo y confrontó la dura mirada.

El pelirrojo respiraba dificultosamente, miles de pensamientos arremolinándose en su cabeza mientras la risa de Shukaku rompía contra sus oídos. ¡Lo había visto antes! Su arena apresó la pierna y brazo izquierdos y Lee tembló visiblemente, no pudiendo controlar las reacciones de su cuerpo.

-Kazekage-sama, ¿qué sucede?

Un gruñido brotó de los labios del otro.

Abrió los ojos al máximo como si de pronto fuesen a saltar de sus cuencas y una sonrisa sádica se apoderó de sus labios. Una de sus fuertes manos se cerró sobre el cuello de Lee, aprisionando dolorosamente su garganta. Eljounin tuvo que hacer un gran esfuerzo para no contestarle con un puño, porque realmente no podía golpear al Kazekage, por más que le estuviese asfixiando.

-No...- susurró Gaara acercando sus labios al oído de Lee, desatando incontenibles escalofríos a todo lo largo y ancho de su cuerpo- No me agradas...

Dicho esto, se levantó y le miró altivamente, esta vez los ojos permanecían del mismo color aguamarina fríos y callados. La arena se apartó suavemente y, como si nunca hubiera estado allí, el chico desapareció, dejando en su sitio a un muy confundido Lee.

-¿Q-Qué fue eso?- se preguntó el pelinegro llevando una mano a su garganta, sintiendo la piel escocer.

El resto de la noche, Lee la pasó en vela.

Pensando en Gaara.

Soñando despierto.

Ojos amarillos como los de un demonio.

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Al día siguiente, en las áreas de entrenamiento, Temari, Kankuro, Tenten, Neji, Lee y el capitán Shisui, líder del equipo ANBU, se reunieron para comenzar con los planes que habían trazado con anterioridad.

-Lee, ¿estás mejor?- preguntó Tenten a su compañero mientras ambos se alejaban un poco de la multitud- Pareces no haber tenido una buena noche...

-Estoy bien, Tenten-san- mintió Lee mostrando una apabullante sonrisa y alzando el pulgar en lo que ya todos conocían como 'Pose Nice Guy'.

La chica sonrió abiertamente y le palmeó la espalda con fuerza.

-¡Muy bien!- exclamó mientras se dirigía hacia Temari, quien le llamaba en la distancia.

Atrás, Lee le vio marchar, preguntándose realmente qué habría significado la extraña visita del Kazekage a su habitación. ¿Y por qué le había dicho que no le agradaba? Algo en esta afirmación hacía a Lee sentir incómodo. La verdad es que a él no le gustaba ser odiadoy nunca se había encontrado en una situación así, pero el Kage lo había dicho de forma tan seria y tan directa...

-¿Doushite?- se preguntó un tanto triste, pero una mano en su hombro lo sacó de su momentáneo ensimismamiento- ¿Are? ¿Shisui-san? ¿Ya es hora?

El capitán negó levemente.

-Kazekage-sama ha dado órdenes nuevas- dijo mientras se rascaba la máscara en gesto nervioso. Extrañamente, Lee había empezado a notar, todos los que se referían alKazekage se ponían extremadamente nerviosos y, se atrevía a decir, hasta temerosos. Este misterio no hacía sino cautivar la pelinegro más y más.

Había algo extraño alrededor de Gaara y, fuese lo que fuese, lo averiguaría.

Shisui carraspeó llamando su atención y continuó:

-Gaara-sama ha ordenado que seas su escolta personal...

Continuará...