Después del sermón de Alexander, creo que comienza lo interesante, espero haber capturado lo mejor posible la esencia de cada uno de ellos sin llegar a atiborrarlos de algunas de sus características. Mil gracias por leer.
Todo cambia
Al regresar a Inglaterra, Alucard sin más la acomodó sobre su cama – Ataúd, y salió de ahí, puesto que ya suponía lo que lady Hellsing le diría.
- My master – a travesó la pared – Do you need me?
- yes, Alucard. Veo que no haz perdido el toque. Solo te diré que esa chica no es mi problema, tú la mordiste, tu verás su bien.
- y eso… ¿Debería darme miedo? – Aseguró mirando firmemente a su ama.
- No creo que cuidar de una niña te dé miedo Alucard, pero te dije cuando mordiste a Seras "Que no se te haga una afición" y tal parece que es así. Cuídala si es tan especial como tú dices. Yo no estoy de acuerdo con esto… Esta es tú problema. – Aseguró.
-Si, mi ama. Esta es mi problema.- Desapareció. Lady Hellsing miró fijamente el cuadro de su padre aún acomodado en la pared, pensando que habría sido lo "especial" que su sirviente había visto en esa.
A la tarde siguiente, despertó, encontrando a Alucard recostado en su sillón con las piernas y la cabeza en los reposabrazos y sosteniendo una copa de vino. No se le veía tan tranquilo, así que pensó que lo mejor era salir de ese lugar, antes de que a ella le tocara aguantar el azote.
- ¿A dónde pretender ir chica? – dijo tomando un sorbo y mirando al techo.
- Afuera, le ví molesto, así que pensé en mejor dejarlo tranquilo. Pero veo que es una mala idea. – dijo regresando a la cama. - ¿en dónde …
- En la mansión Hellsing… - no le dejó terminar la pregunta. – Esta casona le perteneció a Van Hellsing. Integra es su tataranieta o bisnieta, he perdido la cuenta, Lady Integra, como le llamarás, es mi ama. Y yo "trabajo" aquí siendo su chacha. Aquí verás hasta lo que pensabas increíble, aprenderás a matar monstruos. Yo te enseñaré personalmente, serás una asesina igual que yo.
- Seras¿es una asesina? – dijo.
- No, ella es un respaldo de la fuerza armada de Hellsing. Te contaré la historia: hay tres "corporaciones" o como les quieras llamar, una es la organización 13º de Iscariote, de esta pertenece el sacerdote que te lastimó, ellos eliminan vampiros y licántropos principalmente, pero igual, a los herejes; Millenium, formada por no-humanos, o personas no humanas, pero no inmortales como tu, Seras y yo, creen en la fuerza bélica, su jefe fue la mano derecha de Hittler, quieren iniciar la tercera guerra mundial y finalmente, nosotros Organización Hellsing, fundada por Van Hellsing, nos dedicamos a cazar vampiros, se supone que el vaticano y la reina nos apoya, pero realmente eso es basura, somos protestantes, el vaticano jamás nos brindaría un apoyo sincero. – se sentó correctamente, para luego pararse y caminar hacia la joven novata. – Y tú… eres mi nueva esclava, me dirás amo, igual que en Drácula de Bram Stoker. Solo obedecerás ordenes directas mías, ni la misma Hellsing puede darte una orden, dormirás durante el día, en la noche comienza tu vida, nada de plata, lo lamentarías toda tu muerte¿sabes disparar? Supongo que no. Aprenderás a defenderte, bajo ninguna circunstancia podrás salir de aquí, salvo entrenamientos o yo te llame. No te pueden ver caminando por toda la mansión como una sonámbula.
- Que forma tan sutil de decir que Lady Hellsing no está de acuerdo con esto, bien, y ¿cuándo comienzo? – dijo sin saber que le esperaba.
- justo ahora, la noche empieza, ven conmigo- ambos salieron al patio de pruebas que se ubicaba en la parte trasera de la casona. Sir Hellsing miraba profundamente, mientras que su mayordomo Walter, le llevaba una taza de té.
- Veo Madame, que Lord Alucard ha tomado enserio sus órdenes, jamás le ví enseñando a Seras. – Dijo punzando el orgullo de la dama.
- Así es. Jamás le había visto haciendo eso, se ve hasta más… humano. Por otro lado, siempre ha tomado enserio mis órdenes, Walter¿Cuál es tu asombro? – se escudó.
- Verlo, practicando, enseñándole sus secretos, será una gran draculina¿No opina igual, ama?
- mmm – dudó – supongo que eso fue lo que vió en ella. – sinceró.
- Bajaré por su cena sir. – Dijo Walter – con permiso. – avanzó.
- No. Bajaré yo. – dio vuelta mirando a walter – lleva la cena al patio de atrás, veremos que tan buena es.
Salieron de la habitación, y caminaron a través de los vestíbulos hasta el patio. Se acomodó de tal forma que podía ver el entrenamiento, pese a la poca iluminación. Solo miró a ambos sentados en el espeso pasto, platicando entre ellos.
- No me he presentado, amo. Mi nombre es Helena Pruitt Aldecoa. Soy de México. Estudiaba Arte, filosofábamos y todo eso, a mí particularmente me aburría, prefería dibujar.
- Pruitt… es un apellido inglés. Tú padre es inglés. Eso explica que hacías aquí. Bueno, supongo que tu familia ya se ha de haber enterado que estas
"muerta". El sacerdote judas le ha de haber dicho y sin cuerpo que llorar, será difícil. – dijo con tal tranquilidad que le extrañó mucho a Helena. – Como te dije mi nombre es Alucard, sirvo a la familia Hellsing. Es lo que necesitas saber, lo demás sobra.
- ¿Eres Vlad Tepes? – preguntó esperando un no. – se cuenta eso de ti.
- ¡Vaya Gente! Como te dije no hay más que debas saber de mi. – se levantó. Y desapareció.
- Vaya que es extraño. – dijo levantándose, caminó hacia donde estaba sir Hellsing. – Bonita noche madame. – Sir sorbió el té y Helena caminó hacia la entrada
- Quédate – dijo Alucard, sentado enfrente de Integra – creo que hay que aclarar las cosas. – Helena miró desconcertada, hace un segundo él no estaba ahí.
- Si, amo. – tomó asiento a un lado de Lady Integra.
- Yo no tengo que decir. – dijo Integra
- ¿Segura ama? – Insinuó – yo creo que hay cosas que quiere saber, por que no pregunta.
- ¿Cuántos años tienes? – dijo áspera.
- veintitrés – dijo insegura. Helena miró casi con miedo la mirada que lady dirigía a Alucard.
- ¡veintitrés Alucard! Es una niña. – gritó. - ¿sabes cuántos años tiene él?
- ¿500 y algo? – dijo todavía mas nerviosa.
- tiene buen ojo – rió Alucard – pero fallaste, 577.
- Así es, 577 años! – exclamó en descontento. - ¿Por qué tan bien a ella le desgraciaste su vida?!
- desgracié su muerte, si es lo que trató de decir ama; además fue su decisión, yo no forzo a nadie a que sea como yo, usted lo sabe… AMA.
- Hay muchas formas de forzar Alucard, tú lo sabes mejor que yo – dijo tentativamente.
- Lady, si me lo permite, fue mi decisión, yo no quería morir – alucard sonrió abiertamente. – como usted dice soy joven.
- dime una cosa más niñita… ¿A quién le debes lealtad? – tentó a Helena esperando que ella diera su palabra.
- A mi amo. – Indicó - creo que debo practicar disparos, con el permiso de ambos.
- ¿Para qué quería su palabra? – gruñó.
- La tentaba, Alucard, yo creo que Hellsing no necesita otro vampiro –comentaba mientras se tomaba el último sorbo de té.
- Este vampiro no es de Hellsing… – se paró recargando las manos en la mesa e inclinándose de tal forma que quedaron cara con cara. - … es de Alucard, ama – se desvaneció.
- ¿Cuál es el problema de este? – pensaba para sí misma. Walter atravesaba la puerta con la cena de Sir Hellsing.
- Ha discutido con el vampiro¿verdad? – mientras dejaba la bandeja en la mesa y servía la cena.
- Al parecer Walter. – Tomó el plato – le molesta profundamente que toquen el tema de esa vampira. ¿Por qué crees que sea?
- No sé ama, talvez Lord Alucard esta cambiando, siempre ha sido muy protector con sus sirvientes. Sin duda a la Srita. Helena le ha tocado la mejor parte del amo Alucard. En mi opinión, algo pasó dentro del parque que hizo que el conde pusiera especial atención en ella. – se acomodó de su lado.
- Siéntate Walter. Necesito compañía – mientras Walter se sentaba, Integra pensaba en la posibilidad que Walter había dicho. – O… Simplemente es su ego. Le dije que era su problema y el dijo que se haría cargo de ella.
- Pues ahí lo tiene, Lady. – Recargó sus codos – Alucard solo quiere retarla.
Mientras en la sala de disparos, Helena, trataba de acertar aunque fuera un tiro, de los cuales todos eran muy malos, dejó la pistola recostada en una mesa, se quitó los protectores de oídos y los lentes protectores, se sentó y revisó el arma, que curiosamente parecía pesar una pluma. Pensaba en las vacaciones de verano, donde con su mejor amigo surfeaba en las costas de México. "vaya" pensaba "creo que jamás regresaré a sentir una ola" sonrió. – Ahora ni el sol puede darme en la cara – esbozó una sonrisa.
- puedes andar en la claridad, no en el sol, ningún humano lo soportaría – atravesó la pared - ¿Cómo vas con los disparos? – miro al maniquí estaba casi intacto, tenia solo un tiro "acertado" y eso que en brazo. Alucard miró resignado, tomo el arma y disparo al piso, no hubo explosión – solo diste uno, de 15 municiones¡vaya! Eso si me espanta, podría confiarte mi vida. – ella miró al piso un poco apenada. – Ven, te explicaré como funciona.
