Esto es lo padre de ser el escritor, puedes hacer que los personajes x o y bailen la macarena, puse a alguien con temple para decirle a Alucard que debe ser un poco mas misericordioso.

Y pues ahora nuestra chica tendrá que afrontar las consecuencias... Lee, y haber que te parece .


Lo que no mata fortalece

A la mañana siguiente, se despertó, con moretones en brazos, cuello y cara, sacó un libro muy especial: Vampiros por Van Hellsing. Hablaba muy específicamente de Alucard, ella despejó muchas dudas de que tenía. Practicó algunos poderes mas avanzados, como telequinesia, atraer grandes pestes, de las cuales, apenas logró atraer una que otra rata; y transformarse en niebla. Descubrió que podía salir a la luz del sol, pero solo por determinado tiempo.

Como a las doce del día salió a caminar por el campo de entrenamiento, tratando de atraer manzanas, cuando lo consiguió, la probó para ver que pasaba. Sabía igual, pero no le llenaba. Vio a Seras cercano, parecía discutir, con un subordinado, se acercó para ver que pasaba.

- ¡Te he dicho que lo hagas! – ordenó Seras al novato.

- No quiero - dijo - ¿me chuparás la sangre?

- No tomo sangre podrida¿Te avergüenzas de que una chica te dé órdenes? – sugirió.

- ¿Por qué no lo obligas Seras? Tipos como éste dan ganas de arrancarles la cabeza.

- Estas toda… moreteada – se exaltó – Veo que el amo te trato mal¿cómo estas?

- adolorida, pero solo fueron apretones¡gracias jefa! – señaló a Sir Hellsing

- Son reales los rumores, hay otro vampiro en Hellsing… un vampiro muy sexy – se le acercó.

- Aléjate – lo empujó con los dedos con tal fuerza que lo estrelló junto a un árbol – yo no pertenezco a Hellsing, así que los rumores no son ciertos. Ahora, haz lo que diga mi amiga o estas amiguitas comerán tu trasero en la noche – un gran circulo de ratas rodearon al hombre haciendo que este se asustara mucho hasta que…

- Deberías estar entrenando¿no lo crees? – dijo Alucard debajo de una árbol de manzana.

- Solo me divierto con el humano, y pase a ver a Seras – dijo, tranquilamente.

- amo, que hace despierto, durante el día - dijo Seras

- ¿no que los defendías? Vampiresa – ignoró a Seras

- No busco quién me la hizo, sino, quien me la paga, amo. – miró al hombre correr hacia el campo de entrenamiento, realizando todos los ejercicios. Las ratas se fueron, Alucard con la sangre hirviendo no había notado el poder, hasta que las ratas se esparcieron.

- bien, ven acá. – Se paró de un salto – Levitación. Es talvez lo más complicado.

- Por supuesto. Supongo que eso me tomará día y noche – caminó hacia a alucard.

- Es lo que harás, día y noche, hasta la perfección – se paró frente a ella – bien, hazlo.

- ¿Perdón? No cree que debería primero explicarme como hacerlo, es solo una idea, amo.

- Puedes hacerlo sola, regresaré a dormir – desapareció.

-Ah? - O.o – bien, creo que tengo trabajo – se sentó a pensar muy seriamente como rayos haría para levitar, recordaba al amo levitando, pero realmente eso se veía un millón de veces más fácil de lo que era en realidad.

Pasadas las horas aún seguía tratando de volar. Caminó a la deriva y entre lo mucho que pensaba como hacerlo, finalmente dio unos pasos en el aire, caminó sin darse cuenta pensando en lo corrido hacía algunas horas, miró, nuevamente, la cara asustada de su amo, y recordó el tiro. Sin más sonrió pensando en lo osado de su acción, y cuando logró darse cuenta, estaba por lo menos a unos 3 metros de altura. Miró el piso, en cuestión de segundos, miró el cielo nocturno.

- ¡Rayos! La ventaja de ser inmortal es que jamás mueres, creo que iré por agua – se levantó tallando la cabeza y su "cola"

Entró a la mansión, y vio salir a Alucard, atravesando la pared, "no irás" le dijo desde afuera. Ella frunció el seño y caminó en dirección a la cocina, por un poco de agua. Al llegar ahí, se sirvió. Walter entró con la bandeja vacía del té nocturno que diario se le servía a Integra.

- Supongo que es parte de su castigo, señorita – se dirigió a la joven – le vimos caminar por el aire, muy hábil de su parte, y también su lamentable caída.

- No me dí cuenta cuando levité – dijo aun dolida de la cabeza – supongo que no sé que pensaba.

- Despejó su mente, eso fue todo, mientras más pensaba en volar, menos podría hacerlo – se sentó a un lado de ella. – Él ya no más está enojado con usted, solo pretende… hacerla sufrir un rato. No creo que pase de una semana más.

- Espero que así sea, es muy cansado estar despierto día y noche – aseguró tomando el último sorbo de agua – estaré en mi habitación, gracias por tu compañía Walter.

Dos meses más tarde…

Helena estaba practicando el llamado de las pestes que hasta ese día podía ya atraer un verdadero ejército de alimañas, luego siguió con la telequinesia con una goma de borrar que movía a su voluntad, escuchó abrir la puerta y lo aventó al personaje que atravesaba la puerta.

- ¡lo bueno es que era solo una semana más Walter! – la goma golpeó la cabeza del anciano. – supongo que aún me quiere castigar, tengo un mes sin salir a alguna misión, no he podido probar mis poderes.

- De alguna forma está bien, aún no sabe descender – se agachó para recoger el borrador y dárselo a su dueña.

- Si, pero si quería castigarme, ya es suficiente¡tengo un mes sin dormir! Si yo fuera humana ya hubiese muerto. – Se volteó – toma asiento Walter¿qué pasa?

- El conde le habla – dijo áspero – le sugiero que vaya ahora.

- Ah!, ahora que otra cosa más me mandará hacer. – se levantó – gracias Walter quedas en tu habitación. – salió del cuarto.

Al entrar al calabozo de Alucard, lo vio como siempre sentado en su sillón, estilo imperio, tomando una copa de sangre. Se acercó a él no muy dispuesta y se hincó.

- ¿me llamaba, amo? – bajo la cara y esperó ordenes.

- Si. Báñate y arréglate, saldremos – dijo seriamente – en la cama hay una caja, tómala y pruébate el vestido, es de tu talla.

- ¿A dónde amo? – levantó la mirada desconcertada, pero la volvió a bajar cuando miró el rostro serio de su amo.

- Eso no te importa, es formal – tomó sangre – ya vete.

- si, amo. - Se levantó y a paso lento tomo la caja con el vestido y se fue de ahí.