Nadie sabe lo que la noche esconde realmente, ni el ancestral vampiro conoce todos lo seres infecciosos que se esconden en la oscuridad, checa este cap. Gracias, mil gracias por tomarte el tiempo de leer estas palbras.


Un nuevo enemigo

Se asomaban las 3 de la madrugada y no había señal de ningún monstruo. "Vámonos" dijo una voz jovial, mientras se comenzaba a sentir un extraño aroma.

- Huele al mismo infierno – dijo Alucard.

- Es azufre amo, y creo que ya sé que es nuestro amigo – miro horrorizada el espectáculo.

De la tierra una niebla negra se movía entre la sombra, Helena le miró detenidamente, avanzó en dirección a Helena y ella por instinto tiro su cuerpo hacia atrás. "¿quién eres?" titiritó con nervios. ¡¿Cuál es tu nombre?! Dijo con más ímpetu. El viento silbó frió y chillante. "Astarot" susurró la niebla. Alucard no podía moverse, no era el miedo, sus extremidades no respondían.

- ¿Por qué le temes a tu igual, vampira? – dijo el demonio grave y quedamente – ambos somos criaturas de la noche.

Helena daba cada vez un paso hacia atrás, no podía hacer más que huir, sacó su glock y disparó sin miedo, pero las balas no le causaban ningún daño, Helena topó con un árbol. Miró a Alucard, y este no movía un músculo, miraba impotente la situación. El demonio de su manga sacó algo filoso que enterró en el vientre de Helena, la chica frunció el seño, pero no se permitió gritar o llorar, cayó al piso de rodillas, sosteniendo lo que parecía un puñal, aún enterrado en su vientre. La sombra desapareció. Alucard, al fin pudo moverse. Y salió en ayuda de su sirviente, la cargó y reconfortó entre sus brazos, desapareció diciéndole: "Llora, tienes derecho a hacerlo, pequeña niña".

Al llegar a Hellsing gritó desesperado¡WALTER! En anciano bajó, seguido de Integra, y Seras. La llevaron a su habitación, y la acostaron quitándole antes el abrigo, Victoria, le quitaba los tenis y le frotaba los pies, estaba más fría de lo que debía.

- ¿qué pasó allá? – inquisitó Integra.

- Es un demonio, Astarot. La atacó sin razón, y yo no pude mover un músculo – dijo desconcertado – vivirá sin duda, es fuerte.

Pasado el tiempo, Walter salió junto con Victoria Seras. Miró a Alucard, y un silencio se propagó, como si Walter quisiera decirle algo telepáticamente.

- Al momento de sacar el puñal, la herida cerró – dijo – tiene unas inscripciones, rumano, Alucard, nuestro amigo te conoce.

- No creo, me hubiera atacado a mi – pidió la daga con solo verla encontró al dueño – "Soy el corcel de muerte" – recito – era de mi padre.

- ¿no juegues con nosotros sirviente? – dijo integra

- no juego, es un arma humana, por eso no la dañó, pero apuesto que la lastimó mucho. ¿Puedo verla? – pidió, se acomodó la daga en la bota derecha y pasó a la habitación. La vio dormitando.

- No estoy durmiendo, era un arma humana¿verdad? Mañana estaré bien, ya verá. No es culpa suya, no íbamos preparados, al menos se quien es. – sonrió con una mueca de dolor – tiempos malos se asoman.

- No me defraudes esclava – sonrió Alucard – Estas fría, y demasiado – Se quitó el bordó y se lo puso encima como si fuera una sábana – te mantendrá cálida.

- Duerma en su cama, no podré irlo a acomodar esta mañana – sonrió Helena y cerró sus ojos.

- Ya sabía que eras tú – se paró y a grandes zancadas entró a su calabozo. Todos le vieron atónitos, cuando se escuchó un gran golpe en la pared. Todos entraron y lo vieron tirado en su cama, sin lentes y sin sombrero - Existen solo cuatro como ésta – aventó el puñal al piso – Una de mi padre, otra de mi hermano, la de mi hermano menor y la mía. Cuatro inscripciones diferentes. Estoy seguro que algo esta sucediendo, debo viajar, pero primero arreglar mi pequeño problema.

- ¿Qué intentas decir? – Dijo Integra Hellsing – tu no puedes salir de la mansión para pasear por ahí.

- no pasearé ama – contesto con la tranquilidad acostumbrada.

- Irá a buscar a las hermanas de esa daga – interrumpió pasando por la pared, a paso lento y se veía a un adolorida, aunque lo trataba de disfrazar – pensaban en tener una junta sin mí.

- debería estar en cama – interrumpió Walter ayudándola a caminar.

- Yo sé donde hay una – dijo sin más – solo que habría que remover un gran baúl de recuerdos.

- dime – ordeno con rapidez el hombre de la noche – debemos tenerlas, algo quieren con esas dagas, lo cual no me da un buen presentimiento.

- ¿Qué tienen de especial esas dagas? – intrigó Victoria Seras con ánimo de cambiar el ambiente y así consiguiendo la atención de todos.

- casi nada. Solo deben valer una fortuna – dijo sarcásticamente Walter.

- tienen la sangre de la familia Dracul – interrumpió – y es lo único que podría decir de ellas, el uso que le den, bueno, depende de quien las tenga. Dos están en mis manos ahora.

- y la otra en mi casa, en México – contestó la pregunta que a Integra le pasaba por la mente a Integra – la única forma de traerla en entrar a la casa… igual que ladrones – comentaba sentada y con mueca de un dolor latente.

- ¿Dónde tienes guardada la tuya Alucard? - preguntó Walter, sin gesto alguno

- justo ahí – señaló su antiguo féretro. Seras se acercó y del relleno tomo un puñal exactamente igual al primero, con dos imponentes dragones en la empuñadora, dos rubíes rojos eran los ojos de los seres mitológicos. Lo único que podría diferenciarlas era la inscripción que llevaba la hoja.

- "mi nombre es el ave de Hermes, trataron de domesticarme comiendo mis alas" – Helena recitó suavemente, mientras Victoria se acercaba con el fino cuchillo.

- ¿Cómo es que conoces la inscripción? – Preguntó desconcertado el antiguo Nosferatu, se paró de la cama y avanzó hasta quedar enfrente del joven vampiro.

- Mi padre era arqueólogo historiador, siempre le interesó la vida de la familia Dracul – hizo una pausa – la que está con mí madre dice algo así: "Dios es tan solo un espejismo" – repitió junto con ella Alucard.

- esa es la de mi hermano, Mircea, el mayor de 3 – dijo Alucard parándose.

- Lo que nos dice que falta la de Radu, el menor – Comprendió Lady Hellsing – pero aún así que paso con su descendencia, vivió y miurió en Rumania.

- creo que para todos es hora de ir a descansar y trabajar – anunció Walter – le acompaño a su habitación Srita. Pruitt – ayudó a Helena a levantarse y a caminar hasta la puerta.

- Creo que ya es hora de dormir, ama – se volvió a acostar - ¿No quiere quedarse conmigo todo el día? Un problema, mi condesa, no podría ser más inoportuno, a plena luz del alba.

- Mandaré a Walter, no creo que sea algo tan difícil, o peligroso, y por lo de tu oferta, no – se podría decir que Integra había leído la mente de Alucard, solo se acercaban tiempos muy complicados, todo comenzaría a cambiar, no solo por la aparición de las dichosas dagas sino también por que había que remover muchas cosas de un pasado muy largo.