Bien, ya estoy en Londres, en el hotel. ¡Ben me ha alquilado una Suit enorme! ¡El baño es gigantesco y la bañera parece una piscina!

Me descalzo y voy a preparar la bañera, eso es lo que necesito, un buen baño relajante y una larga sesión de sueño para enfrentar con fuerzas el reencuentro de mañana.

Cause everytime we touch, I get this feeling... .

¡Oh, no! Mi móvil de última generación suena en algún lugar de la habitación. Me levanto de la cama con la visión nublada a causa del sueño y busco mi bolso, al que diviso en la mesa de la entrada. Me dirijo corriendo hacia él-

- ¡Auch! – Gimo de dolor al darme en el codo con el marco de la puerta – Joder! – Ahora gruño de rabia y de dolor al tropezarme con mis pies descalzos contra una dura silla de madera. Por fin llego hasta el bolso, vacío su contenido sobre la mesa y cojo el teléfono móvil.

Miro la pantalla pero desconozco el número que aparece en ella.

- ¿Diga? – Pregunto al descolgar.

- ¿Ary? – Contesta/pregunta la voz de Ben al otro lado de la línea telefónica - ¿Estás ahí?

¡Mierda! Me olvidé de llamarle anoche. Debe tener un cabreo... .

- ¡Ben! – Exclamo – Si, estoy aquí. Lo siento, se me olvido llamarte ayer.

- Ya me di cuenta – responde. Le noto molesto.

- De verdad, cari lo siento – Me disculpo otra vez – Llegué tan cansada que en lo único que pensé fue en darme un baño y dormir.

- Va, no te preocupes – Dice con una voz más alegre - ¿Te gusta la habitación?

- ¡Si! – Contesto – Es genial y el baño es enorme.

- Me alegro de que te guste – Me dice. Escucho una voz llamándole – Ary cielo, te tengo que dejar. Llámame esta noche y me cuentas como te ha ido con Lily.

- Claro – Contesto menos animada – Te quiero.

- ¿Qué te pasa? – Me pregunta

- ¿A mi? Nada – respondo - ¿Por?

- Últimamente me dices mucho que me quieres, antes no lo hacías – si, es cierto, nunca se lo había dicho, simplemente contestaba con un vago "yo también" cuando él me lo decía. Pero desde que prácticamente me obligase a volver a Londres se lo digo muy a menudo. Supongo que es para convencerme a mi misma.

- ¿No quieres que te lo diga? – Le pregunto fingiendo ofenderme.

- ¡Claro que sí! – Responde – Me encantan esas palabras si salen de tus labios dirigidas a mi. Bueno, te dejo cariño. Diviértete.

Cuelga, cuelgo. Bien, llegó la hora. Me ducho y me tomo un buen rato para hacerlo con tal de retrasar el inevitable momento de verles. Salgo de la ducha y envuelvo mi pelo y mi cuerpo en una toalla. Me acerco a la maleta y me quedo mirándola mientras decido qué ponerme, al final me decido por una minifalda vaquera y una camiseta de tirantes ajustada de color verde aceituna que deja mi espalda al aire. Me visto y me cepillo el pelo, no me lo seco, al fin y al cavo es Julio y hace calor.

Me enciendo el primer cigarro de la mañana mientras me tomo, con mucha calma, el café que he pedido que me suban a la habitación. Miro la hora y veo que son las doce y media, suspiro; cojo el bolso, las gafas de sol, y las llaves del corvette que Ben me ha alquilado para moverme por la ciudad. Me echo un último vistazo en el espejo y, tras suspirar de nuevo, salgo a la calle.

Me dirijo hacia el coche y pongo el motor en marcha, activo el GPS, y arranco en dirección al Valle Godric.

Cuando llego al punto que me ha indicado el GPS no veo ninguna señal de que ese lugar esté habitado. Empiezo a temer haberme perdido ya que el día que repartieron el sentido de la orientación yo debía de estar recogiendo flores; en New York ya me ha pasado alguna vez eso de perderme pese a las constantes indicaciones del GPS, algo comprensible por otra parte... . Y justo cuando estoy a punto de desesperarme, empieza a formarse un cartel rojo y dorado que dice: "BIENVENIDO AL VALLE DE GOCRIC". Sonrío al verlo, mis dos amigos eran y siguen siendo dos Gryffindor de pura cepa.

Dejo el coche aparcado en la entrada, bajo del vehículo y me dispongo a empujar la verja, pero no se abre. A través de sus barrotes veo un montón de enormes casa con unos cuidados jardines. Es una urbanización preciosa. Vuelvo a empujar la verja sin obtener mejor resultado que la primera vez. Abro mi bolso y saco un cigarro. Venga Ary, relájate. Me lo enciendo y al ir a guardar el paquete de Marlboro Light se me ocurre. ¡Cómo no me he dado cuenta antes! Es una urbanización de magos, no pueden permitir la entrada de los muggles. Saco mi varita del bolso y toco con ella la puerta, suena un pequeño "click" y la puerta se abre. Bien, ya estoy dentro.

Voy caminando hacia el número ocho con mis tacones rompiendo el silencio. Al fin llego y la puerta del jardín está abierta. Entro y cuando estoy frente a la puerta de mansión alargo mi dedo índice hacia el timbre, estoy a punto de presionarlo, pero no puedo y retiro rápidamente la mano. Suspiro, le doy una calada al cigarro y miro mi reflejo en la ventana. Estoy perfecta. Suspiro de nuevo y, ahora si, mi dedo hace contacto con el timbre.

Escucho una voz familiar que decir "Voy yo" y que hace que el vello de mis brazos se erice. Cada milésima que pasa se me antoja mil y me arrepiento más y más de haber ido allí. La puerta comienza a abrirse y mi corazón empieza a palpitar tan rápido y tan fuerte que me hace daño; mis manos están heladas. Cuando la puerta está completamente abierta, el rápido y doloroso palpitar de mi corazón se detiene completamente y el frío de mis manos se extiende por todo mi cuerpo paralizándome al verle a Él, en el umbral de la puerta observándome con sus ojos grises desde la punta de mis pies, subiendo lentamente por mis piernas, mi torso, hasta finalmente llegar a mi cara; sonrío con fingida calma mientras me quito las gafas de sol que cubren mis ojos verdes, para posarlas sobre mi melena negra, ahora con reflejos caobas por el sol.

Él abre la boca de asombro al reconocerme. Mi sonrisa se ensancha al verle por primera vez sin habla. Le doy otra calada a mi cigarrillo.

- Hola Sirius – le saludo antes de expulsar el humo por la boca. Le miro, sigue igual de guapo que la última vez que le vi. Con su brillante pelo negro azulado recogido en una coleta y sus ojos grises mirándome sin conseguir pronunciar una palabra. Eso me da un atisbo de confianza; sonrío, sonríe y mis piernas tiemblan amenazando con dejarme caer al suelo al ver de nuevo la sonrisa que me enamoró con diecisiete años.

Ese es Él. Ese es Sirius Black, y ese es el nombre que he temido pronunciar durante cinco años.

- ¿Quién es Sirius? – Pronuncia otra voz masculina detrás de Sirius haciéndonos romper el contacto visual. La cabeza de James se asoma por encima de su hombro y me mira también asombrado, tras unos segundos de sorpresa me sonríe cálidamente.

- Pero, ¿a quién tenemos aquí? – Dice son su típica sonrisa de pillo que volvía loco al sector femenino de Hogwarts - ¡Nada más y nada menos que a la desaparecida Ariadna Millers!

- Hola James – saludo sonriendo a mi pesar, mientras avanzo hacia sus brazos extendido para abrazarle – Me alegro de volver a verte, y enhorabuena por la boda, que por fin conseguiste cazar a nuestra escurridiza pelirroja, ¡eh!

- Si, aunque me costó lo mío – contesta sonriendo con nostalgia – Pero lo logré. Tenias que haber venido. Lily te echó mucho de menos, y yo también.

- Lose, y de verdad que lo siento James – me disculpo – pero el trabajo es el trabajo, ya lo sabes.

- Si, lo sé – se aleja un poco de mi para mirarme bien de nuevo. Me coge de las manos – Estás helada – dice provocando que mis mejillas se enciendan e inconscientemente le dirijo una fugaz mirada a Sirius que continua mirándome como si fuese un fantasma. Jemes vuelve a hablar sin darse cuenta del estado de su amigo – Pasa, ya verás cuando te vea Lily que contenta se pone. Voy a buscarla.

El animago entra por una puerta que hay a nuestra izquierda para avisar a Lily dejándonos solos a Sirius y a mi.

- ¿A mi no vas a saludarme? – Logra preguntar por fin.

Pero si ya le he saludado, le he dicho hola cuando me ha abierto la puerta y eso se considera saludo, ¿no? ¿Espera que le abrace como a James? Eso no sería sano para mi salud mental (ni física) pero ..., al fin y al cabo (aparte que desde que le he visto he estado luchando contra el maldito deseo de hacerlo) ya lo tengo casi superado, ¿verdad?

- Claro Sirius – le contesto con una de mis más radiantes sonrisas y extiendo mis brazos alrededor de su cuello.

Me abraza por la cintura apretándome con fuerza hacia él. Un fuego abrasador se extiende por mi interior. El calor de su cuerpo contra el mío y su inconfundible olor que se introduce por mis fosas nasales me envuelven en un sueño del que no quiero despertar. No, definitivamente el contacto físico no ha sido buena idea.

- ¿Ary? – Una asombrada e incrédula voz pronuncia mi nombre con un toque de desconcierto y rencor. Levanto la vista del hombro de Sirius para mirar las dos esmeraldas que me observan desde la cara de mi amiga pelirroja.

- ¡Lily! – Exclamo rompiendo inconscientemente el abrazo de Sirius para lanzarme a los brazos de Lily que al principio no me lo devuelven pero que al final me estrechan con fuerza.

- Bueno, ¿comemos o qué? – Pregunta una voz infantil que pertenece a Joy, la miro sonriendo todavía abrazada a Lily y me devuelve la mirada con estupefacción - ¡Ary! ¡Qué alegría! – Grita corriendo hacia mi y me abraza dando saltitos emocionada.

- Joy, cariño, yo también me alegro de verte, pero como sigas saltando así me vas a partir la columna – la digo, y esque con mi 1,78 m de altura y su 1,60m me tiene totalmente doblada.

- Lo siento – se disculpa mientras me suelta sonrojada.

- No te preocupes – contesto, la echaba de menos – La falta de costumbre.

- ¿Qué es todo este alboroto? – Una voz angelical me llega a los oídos y me giro para ver a Nat, tan radiante como siempre, con su melena rubia cayendo en dóciles rizos por su delgada espalda y sus ojos azules fijos en mi sorprendidos - ¡Ary! – Exclama acercándose rápidamente también a abrazarme y yo la devuelvo el abrazo con fuerza.

¿Seguirán Sirius y ella juntos? Pero ¿a mí que narices me importa? Tengo un novio guapísimo y buenísimo con el que me voy a casar.

- Veo que tenemos que poner un plato más en la mesa ¿no? – Pregunta Remus entrando en el recibidor con una sonrisa mientras me mira.

- Pues si Rem, si – contesto acercándome sonriente hacia él para abrazarle.

Ya estamos todos.

- Bueno Ary, no es que me importe que estés aquí – dice James. Ya hemos terminado de comer y estamos sentados en la mesa del jardín – Al contrario, me alegro un montón de verte otra vez, y tan guapa como siempre. Pero conociéndote como te conozco, y creo que te conozco bastante, tienes que haber venido por un motivo en concreto.

Le miro alzando una ceja; he retrasado este momento desde que llegué. No sé por qué pero soy incapaz de decirlo delante de Sirius.

- ¿Y no has pensado que puede ser que os echase de menos? – Pregunto sonriendo con inocencia.

- No – contesta Remus – Si fuese por eso no habrías estado cinco años desaparecida y hubiese vuelto antes, o al menos. Hubieras mantenido el contacto – acuso el golpe e intento que mi gesto se mantenga imperturbable, pero no lo consigo ya que mi ceja alzada baja de golpe y mi sonrisa baila temblorosa en mis labios.

- En su defensa debo decir que seguramente ha estado muy ocupada y no habrá tenido tiempo de escribir cartas – Menos mal que la buena de soy sale en mi defensa – Mientras desfilaba por las pasarelas de New York, París o Milán, entre otras – O eso pensaba yo hasta que desvela mi profesión, intento detenerla antes de que meta la pata – Además no ha estado desaparecida del todo, porque su foto y nombre aparecen en todas las revistas de moda y del corazón muggles – al mencionar esto último me dirige una elocuente mirada que me indica que va directa a desvelar el notición que, como ella ha dicho, ocupa, además de las revistas, todos los programas de cotilleo.

- ¿Y tú por qué sabías todo esto no nos lo has contado? – Pero gracias a todos los dioses en los que no creo, la furiosa voz de Sirius la interrumpe.

Su arranque me resulta divertido, aunque no puede ocultar un matiz celoso escondido en su voz. Le miro divertida, pero por lo que veo no soy la única que dirige sus ojos hacia el merodeador, Nathaly también ha captado lo mismo que yo, aunque la mirada que le dirige a su novio (si, siguen juntos) no es para nada divertida. De nuevo, al igual que en el colegio, vuelve a asaltarme el sentimiento de culpabilidad (pese a ser consciente de que esta vez yo no he hecho nada, remordimientos creo que lo llaman). La miro. Me mira y cambia su expresión para sonreírme amablemente. La culpabilidad en mi pecho aumenta.

- ¡Os lo iba a contar! – La voz indignada de Joy me devuelve a la conversación y veo que se ha levantado – Os lo iba a decir pero como siempre estáis criticando "la porquería que leo" pues se me quitaron las ganas de hacerlo.

Se sienta de golpe mientras se cruza de brazos y yo suelto una carcajada cariñosa al ver la cara y la pose infantil de mi amiga. ¡Cómo la he echado de menos! Todos me miran, así que me levanto y me dispongo a contarles la noticia. Abro la boca para empezar a hablar pero... .

Cause everytime we touch, I get this feeling... .

... Mi móvil suena interrumpiéndome.

- Perdón – me disculpo mientras busco el teléfono en mi bolso, pero no consigo encontrarlo y el volumen de la melodía aumenta poniéndome más nerviosa y convirtiéndose en un estridente ruido para mis oídos. ¡¿Por qué cuando tengo prisa nunca lo encuentro?!

- Accio – dice Sirius apuntando con su varita hacia mi bolso y el móvil sale disparado hacia él, que está sentado a mi lado.

- Gracias – digo mientras cojo el teléfono que me tiende con mis mejillas encendidas. Miro la pantalla y veo que es la persona con quien menos me apetece hablar ahora. Suspiro y descuelgo - ¡Ben! Hola, ¿qué tal?... . No, aún no se lo he dicho... . Iba a hacerlo cuando has llamado... . Tranquilo, no pasa nada... . Vale luego te llamo... . Yo también, adiós. – Cuelgo y me fijo que tengo seis pares de ojos que me miran con curiosidad, bueno, cinco de ellos, hay un par que me mira con diversión. Suspiro. Me enciendo otro cigarro, siento placenteramente cómo mis pulmones se llenan de humo y la nicotina recorre mi cuerpo. Expulso el humo. Todos me miran expectantes. Suspiro de nuevo y le doy otra profunda calada al cigarrillo preparándome – Ben y yo vamos a casarnos – expulso el humo de golpe. Silencio – Y os quiero invitar a mi boda – Los ojos de mis amigos están abiertos como platos, y si Sirius alza un poco más las cejas, se le juntarán con el pelo.

- ¿Ben? – Remus es el primero en hablar, pero no tengo tiempo de contestar porque Josephin Potter, Joy para los amigos, prima de James y la chica más cotilla que ha existido en Londres (con permiso de Ritta) se lanza a mis brazos.

- ¡Ah! ¡No me lo puedo creer! ¡Voy a conocer a Ben Stuart en persona! – Dice mi amiga mientras siembra mi cara de besos – Gracias, gracias, gracias.

- ¡¿Ben Stuart?! – Grita Sirius asombrado - ¿El paleto ese con el que nos dabas la brasa en el colegio? ¿Ese Ben Stuart?

- No es un paleto – defiendo a mi prometido apasionadamente – Pero si por paleto te refieres al actor que sido nominado a tres Oscar este último año; si, es ese Ben Stuart.

- Pero es muggle – dice Nat.

- Lo sé – respondo – No me importa.

- Pero tu eres bruja – reincide Nathaly que no entiendo cómo una bruja se puede enamorar de un ser no mágico.

- Ya – contesto siendo consciente de que lo que estoy a punto de revelar a continuación conmocionará a mis amigos – Aunque como si no lo fuese; llevo desde que terminamos el colegio sin hacer magia.

Silencio.

- ¿Por qué? – Pregunta James; yo simplemente me encojo de hombros mientras le doy otra calada al cigarrillo - ¿Eres feliz?

- Mucho – contesto con mi voz imperceptiblemente quebrada. Lily me mira suspicazmente.

- Pues ¡enhorabuena! – Me felicita James abrazándome. Y en un segundo me veo atrapada en un abrazo colectivo de todos mis amigos, bueno, de casi todos.

- ¿No vas a felicitarme? – Le pregunto a Sirius que sigue de pie mirándome sin intención de acercarse.

- Claro Ary – contesta aproximándose y dándome dos palmadas en el hombro – Felicidades. Si me disculpáis, tengo que ir al servicio.

- Bueno, ¿y cuándo es la boda?- pregunta Lily intentando romper la tensión que se ha creado en el ambiente.

- En cinco días – pero una vez más no soy yo quien responde a la pregunta, sino Joy - ¡En cinco días! – Exclama de nuevo como si ella misma se asombrase - ¡Y todavía tenemos que comprar los vestidos, zapatos, elegir maquillaje, el peinado..., ¡En cinco días!