Mis disculpas para quienes se ha tomado la molestia de leer esta "cosa" jeje. ¡Había tenido perdido el dispositivo que contenia el capitulo pasado! A partir de aquí la historia da un giro un poco drástico.
¡Nos vamos a México!
Por primera vez en 4 siglos pudo sentir el sol como una ligera "brisa" no le molestaba en lo más mínimo, podía andar sin los fastidiosos lentes oscuros, a los cuales ya se había acostumbrado. Caminó al parque más cercano, miro a las familias jugar con sus hijos, personas paseando perros o simplemente distrayéndose; ese era el mundo que Helena estaba acostumbrada a ver y que el, desde luego, había olvidado. Sin más miró cerca de un pequeño estanque dar de comer migajas de pan a un pequeño de aproximadamente 8 años, lo reconoció entonces, era el mismo niño que Helena había salvado disparándole a su propio amo; la madre de aquel pequeño lo abrazaba por detrás y le entregaba a los peces del estanque pedacitos de pan. Empezaba a entender.
Se acercó a su madre, sin saber que decir, pensó que el pequeñín había olvidado su cara, pero este al verle se puso detrás de las piernas de su madre, quien un poco asustada preguntó quien era. El no dijo nada, solo se agachó y miró a chiquitín. Puso su mano sobre su hombro y le sonrió, el niño cambió su actitud, y se armó de valor: "¿Qué le hizo a la niña que me salvó? Verdad que no la mató", el solo susurró "jamás podría, pero la castigué injustamente". El niño corrió hacia un arbusto floral, arranco tres pequeñas flores de diferente color y dijo fuerte: "¿Podría darle estas flores a la Señorita que me ayudó?, y dígale que la quiero mucho", a Alucard le dolió el comentario, nadie jamás le habría dicho algo tan lindo, al menos no lo recordaba. Tomo las flores y dijo que se las daría personalmente; dio la vuelta y siguió caminando por el sendero de concreto, lograba notar que el pequeño le miraba con mucha extrañeza, no se recordaba a esa edad, no sabía que había pasado que no recordaba cosa alguna de su infancia, entonces frunció el seño en señal que había recordado algo doloroso, solo los regaños de su ancestral padre era lo que había marcado su infancia.
Al cabo de las 4pm, terminó de avanzar por el parque tratando de recordar cada rincón del soleado lugar. Regresó a la mansión Hellsing, pero esta vez si estaba el guardia así que agachó la mirada y ordenó firmemente que lo dejaran pasar; al portero le admiró haber visto a Alucard durante la tarde pero aún así no dijo nada, pues no quería ser atravesado por una bala, si estaba afuera era porque seguramente Integra le había encomendado alguna misión.
Bajó a los calabozos, aún Helena seguía durmiendo, tal como la había dejado, Alucard dejó las tres pequeñas flores frente al rostro de la joven, en la mesa Walter había dejado una bandeja con carne asada y vegetales, al igual que cubiertos, para que el conde se alimentara, se sentó y comenzó a degustar de sus alimentos. Para cuando hubo terminado, se acomodó en su sillón siguiendo la sugerencia de Walter, se dispuso a dormir hasta la noche que saldrían de viaje.
A las 7 de la noche, Helena abrió los ojos encontrando las tres pequeñas flores frente a ella, las tomó y miró a su amo dormir en el sillón, decidió no molestarlo, debía quedarse despierto más tiempo que pudiera para no levantar sospechas, tomó ropa de el y la metió a una valija, lo necesario como para tres días, aunque no esperaba quedarse tanto tiempo, al encontrar el puñal regresarían de inmediato a Londres, luego acomodó ropa para ella en su cuarto. Dieron las 9 de la noche y el dormilón no abría los ojos, Integra no había hablado aún, pero talvez se debía a que esperaba que Alucard llegara a molestarla, así que lo despertó y pidió que fuera a ver que pasaba.
- ¿qué hora es? – bostezando preguntó.
- Las nueve. Le sugiero que visite a Lady Integra, talvez desee verle – salió de la habitación.
La noche cada vez se hacía más contundente, todos estaban en el aeropuerto alrededor de las 12 de la noche, ya casi no habían personas en la sala de espera, Alucard y Helena llevaban lentes oscuros, Integra miraba inquisitivamente al vampiro, lo notaba diferente, aunque no lograba saber qué.
Helena miraba de vez en cuando a los dos jefes, poniendo especial atención en las muecas de su amo, esperando que este empezara a dormirse, para indicar que estaba todo aburrido.
"El avión está listo" se dirigió a Integra un joven mozo que les indicaba que ya era hora de partir, Lady se levantó de su asiento, esperó que su esclavo repitiera la acción, pero Helena intervino diciendo en voz muy alta "Al fin, vaya ya era hora", bajo los lentes Alucard abrió los ojos e inmediatamente se puso en pie.
Caminaron por un largo pasillo alejado de los demás, una pared de vidrio a su derecha dejaba en entrever un majestuoso avión con el logotipo de la organización Hellsing. "La Jefa" caminaba al frente, mientras que Alucard y Helena iban a unos pasos de ella "susurrando" como personas normales, Sir veía de reojo un poco intrigada.
- Le pedí que durmiera bastante, para que aguantara un poco más. Lo que le ayudó es que "misteriosamente" lleva lentes oscuros y yo puedo leer la mente – Helena hablaba entre dientes, mirando al frente como sí no le hubiera hablado.
- Era aburrido estar ahí sin hacer nada, además¿tú por qué me regañas? Si mal no he de recordar tú eres el sirviente y yo el amo.
- Perdone por procurar su bien… amo – Avanzó ahora sin dirigirle una palabra
Subieron al avión que viajaría con destino a México. Durante el viaje Alucard acompañó a su ama, se miraron durante un breve lapso, Alucard por fin decidió romper el silencio, apostando a su buena suerte.
- Pregunte ya, la curiosidad le corroe – tomo agua, para el asombro de Integra.
- ¿Por qué esta enojada? – dijo, leyendo una carpeta repleta de papeles.
- esa no era la pregunta, estoy seguro – Trató de no sonreír evitando a toda costa mostrar su dentadura.
- Te veo diferente – sin apartar la vista del papel tomó un bolígrafo y puso su firma en la parte inferior – y no es por el hecho de que lleves puesto una gabardina negra y evites los sombreros estrambóticos. ¿Por qué no te has quitado los lentes negros?
- Todos tenemos derecho a cambiar de ropa, hasta yo. Y creo que es obvio, el por qué de los lentes oscuros – cometiendo el error de mirar hacia un lado.
- Muéstrame tus ojos Alucard – ordenó – también es obvio que no eres un vampiro.
Alucard palideció un poco, esta vez se podía notar a kilómetros. Se quitó los lentes y esperó.
- ¿En todos estos años, no te he inspirado la confianza suficiente¿Qué ha pasado?- cerró la carpeta de golpe – desde el principio – le miró.
- en su oficina, mientras pedía…
- no me refiero a "ese principio" – Alucard, forzaba su mente por atinar de nuevo al pensamiento de su ama.
- Las dagas se dividieron a cada uno de los hermanos… pero una… la de mi hermano Mirceas quedó en manos de una orden secreta del vaticano, la dinastía Valerious ayudó a ese flanco durante muchas generaciones, durante una batalla, El Rey logró arrebatármela y entregárselas a esos simios.
- ¿Cuáles simios? – tomó un puro y lo encendió.
- La Santa Orden de los Cazadores – la miró a los ojos – Ahora tengo armada una pequeña hipótesis de cómo esa arma llegó a casa de Helena. Pero lo mejor será preguntarle a su madre biológica. ¿No cree?
- Jamás había escuchado hablar de ellos, mi padre jamás me habló de ellos - exhaló una vez más el humo del puro.
- Se debe a que su padre no tenía conocimiento alguno, si visitaran más la biblioteca privada, estarían un poco más… informados – ahora pudo sonreír abiertamente.
- ¿Tú crees que Helena tenga idea alguna? – La volteó a ver, estaba sentada mirando por la ventanilla, mientras con su mano izquierda tocaba su muñeca derecha.
- Por supuesto – aseguró – no le he preguntado, por que no ha habido una oportunidad donde no suene como un psicópata.
- Tu forma de hablar no es la de antes¿tu ego se ha ido? – reto Integra – supongo que no es nada agradable creer ser todo y no ser nada – rió.
- Es más desagradable aún, pretender ser un hombre, cuando eres una mujer – sonrió más amplio – pero supongo que el hábito no hace al monje ¿no?
- Así es… hablaré con la chica, ya que tú no te atreves a pronunciar una sencilla pregunta – se levantó dejando al ahora hombre solo.
- Helena¿Puedo? – la joven esperó la respuesta, Helena le miró e hizo un ligero movimiento de cabeza.
- si sé de qué me habla – la volteó a ver – pero no quiero errar, hágame la pregunta.
- ¿Qué sabes de esa daga muy especialmente? - sin más preámbulo, se sentó frente a ella.
- le contaré un historia algo larga, pero falta alguien para que me corrija – miró a Alucard, aún sentado comiendo unos panecillos – Amo¿sería tan amable de venir acá? – Aquel hombre se levantó con toda la flojera del planeta y caminó unos cuantos pasos, se sentó y puso su frente sobre la mesita. – gracias, Amo.
- supongo que ahora estamos listos – Integra se quitó los lentes y los limpió con un pañito blanco.
- Hace ya varios siglos, existía una orden llamada SOC. Ellos se encargaban de el exterminio de todo ser impuro que vivía en este planeta, cierto día se enteraron que tan solo quedaban dos descendientes de un rey gitano. Mandaron a tu tatarabuelo Van Hellsing a tomar cartas en el asunto, puesto que un vampiro nombrado Conde Vlad Islaus Draculea había ya reinado hacia tanto que el mismo pueblo no podía recordarlo, aquel Conde Rumano demandaba sangre unas dos veces cada mes para satisfacer su necesidad más básica: comer. Tu pariente, llegó a las frías tierras de Rumania, sin mayor agrado que por el que su trabajo le brindaba. Imaginaba a un freak cualquiera, de la clase más baja que podría existir; pero en cambio, había alguien más siniestro, más vil: el mismo hombre que alguna vez suplicó a Dios y después le dio la espalda. – hizo una pausa, mientras miraba a Alucard, casi dormido, le había importado lo mismo que a un cacahuate la historia que Helena contaba. Por otro lado, Integra Fairbrooks estaba muy interesada en la historia que por primera vez escuchaba y hasta su mismo padre había desconocido todo este tiempo.
Cuando se dio por enterado del asunto, notó que solo la joven princesa y su hijo estaban vivos, la familia Valerious había prometido matar al Conde Draculea o no serían dignos de pasar al reino de los cielos. El señor Hellsing, logró vencerlo, después de varias semanas de escudriñar al ancestral ser y aparentemente, matarlo.
Años más tarde, después de la muerte del primer Hellsing, pero antes de su sometimiento, el Conde Draculea, era ahora llamado Conde Drácula, conoció a una adorable mujer, de labios carmesí y mirada de ángel, tenía por nombre Mina. Mina fue sutilmente arrastrada al servicio del conde Drácula, después de eso conoció al nuevo Hellsing que lo rebajaría de un honorable noble, hasta un perro faldero – Alucard levantó la mirada e hizo una mueca de que tal frase no le era de su agrado sacando la lengua y la volvió a poner en la misma posición de hacia un momento.
- Veo que aún sigues despierto, Alucard, quita esa cara de niño resentido – sonrió Integra – Prosigue.
- La joven noble se dio cuenta a tiempo de la locura que estaba a punto de cometer, decidió que la jugarreta la haría ella, así, esperó el tiempo prudente, y lo traicionó, aunque para ella era tarde… también era un vampiro, así que debía morir.
Tu ancestro, tomó la daga de los Dracul y la clavó en el corazón del Vampiro…
- y recitó un espantoso ritual que me hizo esclavo de la familia Hellsing, esa daga la devolvió a que en ese momento era el último Valerious y se perdió en la infinidad del tiempo, hasta hoy – Alucard levantó la mirada y recargó sosamente la barbilla en la mesita – es solo un mal recuerdo en la línea del tiempo, si no les importa, iré a dormir.
- Parece un niño berrinchudo, - susurró Helena – en este momento, no le va.
- A veces siento que mi padre en vez de una ayuda, me heredó una maldición, buenas noches Helena, mañana será un día muy ajetreado.
AQUÍ DEJO LA RESPUESTA A UN REVIEW QUE ME DEJARON HACE UNOS DÍAS.
JUANIS: mil gracias por leer, y mis disculpas por que no estas despistada, jeje, yo no puse el cómo pasó, hasta hace el capitulo pasado, "solo pasó". Gracias otra vez.
