Yo siempre he sido de esa clase de personas que lo planifican todo hasta el más mínimo detalle, y si uno de esos detalles se sale de mis planes o un plan paralelo se cruza en ellos (como es en este caso), me desespero. No sé qué hacer y mi mente no para de preguntarse cosas que ni ella misma es capaz de responderse. Antes, en esas ocasiones, la mente prodigiosa que me contestaba esas preguntas, estaba recubierta por una impresionante cabellera pelirroja. Pero, ¿y ahora? ¿Estará dispuesta a responderlas?
Toc, toc, toc
Vuelven a golpear mi puerta. ¿Quién será ahora? Espero que no sea él otra vez. Me levanto del sillón en el que me he sentado después de que Sirius se marchase y voy a abrir la puerta. La abro y me encuentro con la prodigiosa mente en la que he estado pensando la última media hora.
- ¡Lily! – Exclamo al verla - ¿Qué haces aquí?
- He venido a que me lo cuentes – responde con decisión. La miro haciéndome la ingenua. Lo sabe. Y yo sé que lo sabe.
- ¿A que te cuente el qué? – Pregunto inocentemente. Lily alza una ceja y me dirige una mirada que viene a decir: "¿Tu crees que soy tonta o qué?" – Está bien. Pasa.
- ¡Joder! Pedazo de habitación ¿no? – Dice mi amiga asombrada al ver la elegancia y el tamaño de mi Suit.
- Cortesía de Ben – respondo sonriente - ¿Quieres tomar algo?
- Un café, gracias – pide Lily – Te debe querer mucho para pagarte la estancia aquí ¿no?
La lanzo una mirada asesina. Sé que lo ha dicho para hacerme sentir culpable. Ella me sostiene la mirada en un duelo que gana mi amiga. Descuelgo el teléfono para encargar el café de Lily al servicio de habitaciones.
- Supongo – respondo al fin – Pero no todo se demuestra con regalos caros. Ni se puede comprar con dinero el cariño de una persona.
- Ya lo veo, ya – dice Lily. No sé si lo ha dicho irónicamente o no.
- ¿A qué te refieres? – Pregunto. Mi tono a salido más agresivo de lo que pretendía. Me mira acusatoriamente. – Lo siento. ¿Qué quieres decir con eso?
- Nada Ary – responde. Su voz parece cansada – Que ya sé que no se te puede comprar con dinero.
Se crea un silencio. Pero no es incómodo, al contrario. Llaman a la puerta para traer el café. Lo cojo y le doy una propina al chico del servicio. Se queda mirándome. Mi cara le suena, pero afortunadamente no sabe de qué.
- Gracias – le digo, y cierro la puerta antes de que sepa quién soy. Me siento enfrente de mi embarazada amiga. El embarazo, ya muy avanzado, la sienta bien. Me enciendo un cigarro - ¿Té molesta el humo?
- No tranquila – me responde – Pero no deberías fumar – La miro agresivamente. Lo que menos necesito ahora es una charla sobre lo nocivo que resulta el tabaco para mi salud – Vale, vale. Ya no te digo nada.
Miro hacia el mini bar. Quiero beber algo, pero está en la otra punta de la habitación y no me apetece levantarme. Lo podría invocar con mi varita... . No, decido finalmente, mejor no. Me levanto y saco una botella de Sprite, otra de licor de mora y otra de Vodka. Lo mezclo todo ante la atónita mirada de Lily.
- ¿Qué? – La pregunto. Alza una ceja pelirroja – Necesito fuerza para contarte lo que te voy a contar.
- Ya, y ¿tu crees que a las once de la mañana es buena hora para "coger fuerzas?" – Me pregunta.
- No te vayas a pensar que acostumbro a hacerlo – la digo – Solo hoy.
- Bueno, ya eres mayorcita para atenerte a las consecuencias de tus actos, sean estos correctos, o no – Vale, eso iba con segundas. Decido pasar esa alusión por alto y me intereso por ella.
- ¿Tu qué tal estas? – La pregunto - ¿Sabéis ya cómo se va a llamar vuestro retoñito?
- Si es niño Harry, y si es niña Ariadna, como su madrina si ella acepta, claro – dice Lily sonriéndome.
- ¿Me estás proponiendo que sea la madrina tu hijo/a? – Pregunto de nuevo. No estoy segura de haberlo entendido bien, los acontecimientos de esta mañana me han dejado un poco atontada.
- Si Ary, si – contesta mi amiga - ¿Aceptas?
- ¡Claro que sí! – Respondo mientras me levanto a abrazarla efusivamente – Ariadna Potter Evans. Suena bien, ¿verdad?
- O Harry Potter Evans – añade Lily – Que también suena bien.
- También, también – concuerdo.
- Ahora, cuéntame lo que realmente pasó con el vaso – dice mi amiga. Suspiro. Le doy un trago a mi deliciosa bebida y me dispongo a contárselo.
- Me fui a la cocina a beber agua... . – mientras le cuento la historia su gesto se mantiene imperturbable, y eso me pone nerviosa. – Y luego llegaste tu.
- Ya me imaginaba que iba a pasar algo así – dice Lily cuando he terminado el relato - ¿Y esta mañana?
- Esta mañana qué? – Pregunto. Eso no lo puede saber, ¿o sí?
- Ha estado aquí, ¿verdad? – Adivina. ¿Cómo ha podido saberlo? – Cuando Nat llamó preguntando por él, imagine que estaría contigo.
- Pues si, estaba aquí – afirmo – Y si no llegan a llamar Nat y Ben no sé lo que hubiese pasado – Lily me mira incrédula – Bueno, si lo sé, pero no pasó.
- ¿Llamaron los dos? – Pregunta mi amiga. Yo asiento con la cabeza - ¿Cuándo Sirius estaba aquí? – Vuelvo a asentir. Lily suprime una carcajada - ¡Qué estrés! ¿No?
- Ya te digo – corroboro – Pero lo peorcísimo no es eso. Lo peor fue que cuando estaba hablando con Ben, ¡Sirius empezó a besarme el cuello!
- ¡Qué dices! – se asombra mi amiga – JA, JA, JA
- No tiene gracia – su risa se corta, pero me mira sonriendo divertida – Y cuando te cuente lo que te voy a contar, tú tampoco se la verás.
- Sorpréndeme – dice Lily.
- ¿Ves esa caja de ahí? – La pregunto señalando el traslador.
- ¿No es la caja de la varita de Sirius? – Pregunta mi amiga extrañada.
- Si – afirmo yo – Pero no es solo eso. Es un traslador que me llevará a pasar dos días con él, lejos de todo y de todos, por citar las palabras exactas con los que tu amigo me lo propuso.
- ¡Vaya! – Exclama Lily – Y supongo que eso no entraba en tus perfectamente planificados planes, ¿verdad?
- No
- ¿Y ahora? – Vuelve a preguntar - ¿Entra?
Silencio.
- No. Sí. No lo sé Lily – respondo al fin – No sé ni dónde ir, ni qué hacer. No sé ni con quién ir, o con quién hacer lo que haga. No lo sé. No sé nada de nada.
- Tranquila Ary – dice mi amiga tomando mi mano entre las suyas – Mira, yo quiero mucho a Nathaly. No quiero que lo pase mal. Pero te entiendo, y también a Sirius. Él siempre te ha antepuesto sobre Nat, e incluso por encima de James. Pero los hechos y la presión hicieron que comenzase una relación con Nathaly.
- ¿Qué hechos y qué presiones? – Pregunto. Lily sabe algo que yo ignoro. Siempre he sabido que mi amiga me ocultaba información, y ahora empieza a soltarla por esa boquita. Me mira. Está buscando las palabras adecuadas.
- Tu sabes cómo era antes Sirius – me dice – Le tenia un pánico horrible al compromiso e iba detrás de toda falda para evadirlo – Hace una pausa – Pero siempre dedicaba unos minutos al día para mirarte, aunque no se acercaba, y no lo hacia por miedo.
- ¿Miedo? – Pregunto confusa - ¿Miedo de qué? – Vuelvo a preguntar. ¿Acaso doy miedo? Yo creo que no. O al menos esos espero.
- Miedo de que si se acercaba demasiado, tendría que acabar definiendo y aceptando sus sentimientos hacia a ti – Explica Lily. Yo la miro. No lo termino de comprender. - ¡Joder Ary! ¿Es que la fama te ha dejado gilipollas o qué? Antes pillabas más rápido las cosas. A ver, - hace una pausa para coger aire. – Sirius estaba enamorado de ti. Aunque tu no te dabas cuenta porque tu también andabas por ahí evadiendo el compromiso liándote con todo ente que tuviese un cromosoma XY en su ADN – la dirijo una mirada agresiva – No me mires así porque sabes que es verdad – si, de acuerdo, es verdad. No creía en el amor, así que, en vez de perder el tiempo comiéndome la cabeza por los tíos, lo aprovechaba.
El caso – continua mi amiga – es que no se en qué momento comenzaste a fijarte tu también en él ni por qué, pero de la noche a la mañana te sorprendí mirándole como si te fuese la vida en ello.
Yo si recuerdo ese día.
... FLASH BACK ...
El fatídico día en el que el destino decidió que le viese como algo más que un engreído por el que mi rubia amiga perdía el culo. Antes de ese día nunca me había fijado en él. Mentira. Claro que lo había hecho. ¿Quién no se fijaría en un monumento como Sirius Black? Pero nunca me había propuesto nada con él. No lo había hecho porque Nathaly se moría por él desde el principio de los tiempos. Además, sabía que era ese tipo de chicos que tienen todas las cualidades necesarias para que una chica se pille por él.
Pero una noche de luna llena, en la que por fin había conseguido que todos los estudios que había empleado para convertirme en animaga dieran sus frutos, decidí pasearme por Hogsmade y disfrutar de mi primera transformación allí. Utilicé el pasadizo de Honeydukes para llegar al pueblo. Una vez en él, me preparé para transformarme en una imponente pantera negra con unos llamativos ojos verdes.
Una vez transformada, empecé a caminar por las bonitas calles y llegué a un pequeño bosque. Caminaba tranquilamente disfrutando del paisaje, hasta que topé de frente con un lobo. Un aterrador lobo castaño y ojos dorados que me gruñía y me enseñaba sus afilados dientes. Alcé mi vista al cielo y mis sospechas se confirmaron al ver la luna llena iluminando un cielo negro salpicado de estrellas. No era un lobo cualquiera, no. Era un hombre lobo.
Tan solo disponía de unos segundos para decidir qué hacer, e hice lo que todo aquel con un mínimo instinto de supervivencia hubiese hecho: echar a correr. Y corrí, corrí tan rápido como mis piernas, ahora fuertes patas, me lo permitieron. El hombre lobo me perseguía en mi carrera, y un ciervo y un perro perseguían al lobo.
Pero las transformaciones cansan, sobre todo la primera, y las carreras también, así que presa del cansancio, una de mis patas delanteras se enganchó en una raíz que sobresalía del suelo y me caí. Lo último que vi fue al lobo sobre mi cuerpo y que el perro negro seguido del ciervo se abalanzaban sobre él.
Desperté en el colegio, al desmayarme había recuperado mi forma humana, sobre el regazo de un chico con los mismos ojos grises que el perro que me había salvado la vida la noche anterior. Dicho chico me acariciaba el pelo con ternura mientras me miraba con preocupación.
- ¿Black? – Pregunté confusa. No recordaba nada. Me incorporé rápidamente, pero me dolía todo el cuerpo - ¿Qué crees que haces? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde me has traído?
- Tranquila Millers – respondió el chico con una sonrisa divertida – No te he hecho nada, malo al menos. Aunque dado que anoche te salvé la vida, deberías ser más amable y llamarme por mi nombre, ¿no crees Ary? – Entonces lo recordé: mi transformación, el perro, el ciervo y el lobo sobre mi - ¿Desde cuando eres animaga?
Hice caso omiso de la pregunta de Sirius y me dediqué a inspeccionar cada parte de mi anatomía en busca de cualquier rasguño que pudiese haberme hecho el lobo.
- Tranquila – volvió a hablar Sirius – No te mordió – Suspiré de alivio y miré al chico – No me has contestado.
- Que no te he contestado a qué, Black? – Pregunté.
- A la pregunta de desde cuando eres animaga, ilegal además – Le mire con lo que creo que era mi mirada más agresiva, pero él se limitó a sonreírme bulonamente.
- ¿Desde cuando lo eres tú? – Pregunté de nuevo. No sé cómo supe que él era el perro negro, supongo que sus ojos y su mirada eran inconfundibles-
- ¡Vaya! – Dijo - ¡Chica lista! Y yo que pensaba que no eras más que una cara bonita. – Volvió a sonreírme, esta vez con sinceridad. Creo que fue la primera vez que mis piernas temblaron al verle sonreír. Pero entre el tambaleo de mis piernas y el cansancio que soportaba todavía, caí al suelo; o lo hubiera hecho si Sirius no me hubiese cogido antes de llegar a él. - ¡Ey! ¿Qué te pasa Ary? ¿Estás bien? – Al ver la expresión preocupada del chico no pude evitar sonreír.
- Si – contesté – Solo estoy cansada – El chico me sentó en una silla frente a él – No me has contestado, ¿desde cuando lo eres tu?
- Desde que chicas indefensas pasean a solas por los bosques en las noches de luna llena. – Respondió mirándome con burla.
- ¿Y qué hacías con un ciervo y un hombre lobo en Hogsmade?
- No sé si puedo responderte a eso – dijo el chico bajando la mirada. Un ruido hizo que yo también la apartara y me percatase de donde estaba. Era la habitación de los merodeadores y James estaba saliendo de la cama.
- Yo creo que si podemos contárselo – dijo el moreno de pelo revuelto. Se acercó a mí - ¿Te encuentras bien? – Yo solo pude asentir. Por primera vez me di cuenta de que los dos chicos más guapos de la escuela estaban desnudos, de cintura para arriba, frente a mí. - ¡Menos mal! – Volvió a hablar James sacándome de mi mundo de fantasía - ¡Menudo susto nos diste! Remus estaba muy preocupado.
- ¿Remus? – Pregunte confusa. Entonces recordé los ojos dorados del lobo. Pero no podía ser. ¿O sí? - ¿Lupin era...? ¿Remus Lupin era el lobo? – Los dos chicos asintieron con la cabeza - ¿Entonces tu...? – Dije señalando a James - ¿Tu eras el ciervo?
- ¡Wow! – Exclamo el aludido. Miró a Sirius quien asintió sonriendo. James se hizo eco de esa sonrisa divertida – Detrás de esa cara bonita hay una cabeza pensante.
- Si os molestaseis en mirar más allá de los órganos genitales de las chicas con las que os acostáis, descubriríais que tras sus "caras bonitas" hay además muchas "cabezas pensantes", Potter – contesté con la mayor frialdad que pude.
- ¡Vaya! – Dijo James aun sonriendo. – Y además con carácter – Se giró para mirar a Sirius - ¿Por qué nunca nos hemos planteado una cita con ella Canuto?
- Porque sabéis que en cuanto abrieseis la boca, seríais rechazados sistemáticamente – contesté. Pero ellos no me hicieron caso y seguían actuando como si yo no estuviese allí.
. No lo sé cornamenta – le respondió Sirius – Yo creo que es porque no hemos encontrado un hueco libre en su agenda ya que estoy seguro de que no hay chico en este colegio que no haya salido con Millers.
- ¿Envidia Black? - Le pregunté alzando una ceja. Estaba totalmente alucinada, no sabía que me había ganado esa fama. A partir de ese día no volví a salir con ningún chico del colegio.
- Bueno, nos estamos desviando del tema – James salió en el rescate de su amigo que se había puesto rojo. Me miró – No se lo puedes decir a nadie.
- Tranquilo Potter – conteste un poco extrañada por la reacción de Sirius – No diré nada - Los chicos suspiraron aliviados. - ¿Dónde esta Lupin? Me gustaría hablar con él.
- Está en la enfermería – me informó James mientras se ponía una cazadora – Yo os dejo, que he quedado – Nos lanzó una sonrisa de superioridad y salió por la puerta justo antes de que el cojín que Sirius le había lanzado le diese en la cara. Yo me senté a los pies de la cama de James, y Sirius se incorporó en la suya para quedar frente a mí.
- ¿Te encuentras bien? – Me preguntó tomando una de mis manos ente las suyas, una sensación electrizante me recorrió el brazo, pero no le presté atención.
- Si, solo un poco cansada – respondí – Demasiadas revelaciones en un solo día.
- Lo entiendo – dijo él – Cuando nosotros lo descubrimos tampoco nos lo podíamos creer. Pero era nuestro amigo, y lo mínimo que nos correspondía hacer era apoyarle. ¿No crees?
- ¿Qué? – Pregunté confusa. No le había prestado atención. Todavía estaba pensando en cómo me había ganado esa fama de guapa, tonta, y además promiscua. – Eee..., si, era lo mínimo.
- Ary, ¿seguro que estás bien? – Mi expresión debía ser de alelada total, porque Sirius se acercó, se puso en cuclillas frente a mi y cogió mi cara entre sus manos. Eran tan cálidas y reconfortantes ... . Nos quedamos conectados con la mirada mientras nos acercábamos el uno hacia la otra lentamente. Finamente nuestros labios chocaron. Me sentía tan bien. Por fin entendía por qué Nat estaba tan colgada por él. ¡Oh, Dios mío! ¡Nat! ¿Qué demonios estaba haciendo? Me separé bruscamente de Sirius.
- Lo siento – me disculpé – Tengo que irme.
- ¿Por qué? – Preguntó el chico, pero le ignoré y me dirigí a la puerta.
- Ya nos veremos Black – me despedí. Al comprende que a lo mejor había sido un poco grosera, me giré antes de salir - Por cierto, gracias por, bueno..., por lo de anoche.
- De nada Millers – Al oír que volvía a llamarme por el apellido me sentí un poco mal, como si me echasen un cubo de hielos por encima, pero me recupere rápido, al menos hasta que volvió a hablar – ¡Ah! Y recuérdale a Nathaly que hemos quedado esta noche.
- Claro Black – respondí. Salí con la cabeza en alto, pero, aunque no lo quería admitir, esa tarde comencé a enamorarme de Sirius Black.
Cuando salí de la habitación de los merodeadores, me dirigí hacia la enfermería a hablar con Remus. Le dije que estaba bien y que no se preocupase. Después de que el chico se disculpase un millón de veces, le aseguré que no iba a revelar su secreto.
A partir de entonces comencé a forjar una relación más estrecha con los merodeadores que casi se la podía calificar de amistad.
Cuando Remus me contó que Peter se transformaba en rata no me lo podía creer.
Dos lunas llenas más tarde, Remus accedió a que yo también le acompañase.
... FIN DEL FLASH BACK...
- Ary – Me llama Lily - ¿Me estás escuchando?
- Si perdona, estaba en la luna – O recordando las noches de luna llena, vaya. Pienso sonriendo – Continua.
- Pues eso, que se cuando comenzaste a fijarte tu también en él – prosiguió mi amiga – Pero dejaste de salir con chicos y perfeccionaste tus habilidades como bruja convirtiéndote en una de las mejores, sobre todo en transformaciones.
Por aquel entonces, Sirius aún se llevaba medianamente bien con su familia, y los Black tenían especial interés en que su hijo mayor saliese con la pequeña de los Stanford, es decir, con Nathaly, y además, como tu tenias una relación tan extremista como impredecible con él (un día eras super amable y atenta, y al día siguiente no le aguantabas), empezó a salir con ella.
Supongo que por aquello de que el roce hace el cariño y tal, Sirius, aparte de encontrarse a gusto con Nat, algo lógico ya que por opinión popular, es la chica perfecta (guapa, divertida, inteligente, ingeniosa, etc. )pues terminó cogiéndola cariño. Pero sus ojos no emitían ese brillo con el que destellaban como cuando te miraba a ti.
No sé si tu te diste cuenta, pero a partir de que ellos dos empezasen a salir, tú volviste a ser amable con él y se te veía más relajada en su presencia. Vuestra confianza fue creciendo y, aunque cuando os mirabais directamente vuestros ojos no transmitían emoción alguna, si tu no le estabas mirando sus ojos seguía emitiendo ese destello. Además, para un buen observador, vuestros actos, seguramente inconscientes, os delataban.
- ¿Qué actos? – La interrumpo.
- Por ejemplo, cuando estábamos todos, pero faltabas tú, al llegar al primero que mirabas era a él y una radiante sonrisa aparecía en la cara del merodeador. Y las miradas de complicidad que cruzabais muchas veces ... . Yo creo que Nat también lo notaba, pero ya sabes cómo es... .
Bueno, a lo que iba, un día desapareciste toda la noche, dijiste por la tarde que habías quedado para estudiar Runas con Sirius, y por la noche no fuiste a dormir a nuestra habitación. Pero cuando a la mañana siguiente llegaste, un aura de evidente felicidad te envolvía, aunque tu mirada se apagó un poco al ver a Nathaly, y yo supe inmediatamente lo que había pasado.
- Tan inteligente como siempre – digo sonriendo – Pero te equivocas, los ojos de Sirius brillaban cuando miraba a Nat, no a mí. La única vez que lo hicieron fue en 7º, el último día de clase.
- ¿El último día que te vimos antes de desaparecer dejándome una mísera carta de despedida? – Pregunta Lily mordazmente. Yo asiento con la cabeza manteniendo su mirada. Finalmente mi amiga vuelve a hablar – Que no lo mostrase ante ti, no significa que no lo hiciesen. Pero bueno, a partir de entonces todos los jueves desaparecías y luego venías a contarme tus desgracias, me decías que no lo ibas a volver a hacer más, y al jueves siguiente otra vez lo mismo.
Después del relato de mi amiga se crea un silencio. Me enciendo otro cigarro.
- Vale, y ahora ¿qué? – Le pregunto a Lily.
- Pues como comprenderás, no te voy a decir que te vayas con él – dice mi amiga. – Eso es algo que tienes que decidir por ti misma. Pero, como ya te habrás dado cuenta, lo vuestro es imposible. Hay demasiadas personas que os importan a ambos de por medio. Aunque yo creo que os merecéis unos días de tregua y felicidad antes de continuar cada uno con vuestra vida.
- Pero no puedo irme con él – razono yo intentando convencer a mi amiga y a mi misma – Voy a casarme, y además, Nat no se lo merece – Lily me mira alentándome a que diga lo que de verdad me perturba – Además si me voy no se si seria capaz de volver.
- Ahí ya no puedo decirte nada – dice Lily – Yo ya te he dado mi punto de vista, ahora lo que hagas es decisión tuya.
De nuevo se crea un silencio. Cada una metida en sus pensamientos.
- Tengo que irme ya Ary – dice mi amiga mientras se levanta – Avísame con lo que decidas.
- Claro Lily - contesto
La abrazo en el umbral de la puerta.
- Gracias por todo – la digo.
- De nada – responde antes de irse.
Me dejo caer en la cama dilucidando qué hacer, finalmente decido posponer esos pensamientos para después del baño relajante que me voy a dar. Lleno la bañera, me desnudo y entro en ella.
Media hora después me visto y cojo la varita. No sé por qué abandone la magia. Me encanta se bruja. ¡Ah! Ya sé, demasiados recuerdos en un palo de madera. Pero ya que he vuelto al país donde esos recuerdo acuden a mi mente por si solos... , ¿por qué no usarla? Me conjuro la comida y como.
Cuándo he terminado me acuesto vestida sobre la cama, veo que sobre mi mesita de noche hay un jarrón con margaritas, ¿por qué no? Cojo una y dejo que ella decida por mí si ir o no ir con Sirius.
Un pétalo: si voy.
Otro: No voy.
Si voy.
No.
Sí.
No.
Sí.
No.
Sí.
No.
Bien, la flor ha decidido. No voy. Tampoco sé cómo me siento en este momento. Por una parte satisfecha, pero por otra... si quiero ir. Pero no, si la margarita dice que no, es que no. Al fin y al cabo, la naturaleza es sabia ¿no?.
