Esto no está ubicada específicamente en una ciudad de mi país, simplemente es un lugar, como podría ser tú casa.


La hora de la verdad

A la mañana siguiente, bajaban en el aeropuerto, Helena con lentes de Sol y una gorra, salieron de ahí y una limusina les esperaba en la entrada. Helena dio las indicaciones de la dirección que llevarían. En poco tiempo, llegaron a una casita muy linda en las afueras de la ciudad, tenía un gran jardín en el frente y una pequeña cochera. Helena salió y sacó unas llaves como si por fin regresara de un largo viaje alrededor del mundo y revisó si la cerradura era la misma. A lo lejos se veía normal, nadie la notaría. Abrió la puerta y se paro bajo el umbral, hizo un ademán de que podían pasar. Entraron junto con ella y miraron a su alrededor.

- ¿que harás con tu madre? – Dijo Alucard – ya lo has pensado, supongo.

- supone bien, amo, mi mamá a estas horas aún trabaja, no necesitamos más que algunos minutos – les decía desde la cocina – acomódense, ya les llevo algo de tomar – luego de unos minutos salio con dos vasos de refrescos – Ya vuelvo, en mi habitación esta el estuche con esa daga.

Helena subió unos escalones y entró a la que había sido su habitación durante 23 años, todo estaba igual de desordenado, así que ante tal reencuentro, husmeó en sus cajones revolviendo lo poco que aun estaba arreglado, y ahí la vio, una caja de cuero verde con un borde de metal negro, adentro, un forro de gamuza verde envolvía la daga con la leyenda rumana "Dios es tan solo un espejismo". La tomó entre sus manos pero antes de salir, una Guitarra acústica llamó su atención, se sentó en su cama un poco desordenada dejó la fría cajita en el borde de su cama, a un lado de su muslo, tomó su guitarra y rasgó las cuerdas, produciendo un dulce acorde, tocaba una balada muy triste. Después de un minuto, Alguien pasó por la puerta, en ese instante, el tiempo se detuvo, levantó muy lentamente la mirada y la vio ahí con un traje sastre color negro.

- ¡mamá! – dijo dejando a un lado la guitarra, se levantó y saltó cada obstáculo que había en el piso. La mujer miraba atónita, su hija definitivamente estaba frente a ella, abrió los brazos y con la voz entre cortada dijo: "te dije que limpiaras tu habitación antes de irte, nunca me haces caso" Helena la abrazo calculando su fuerza de tal manera que aun fue un "fuerte" abrazo. - ¡no estoy muerta! Pero tengo algo muy grave que decirte y necesito que me pongas un poco de atención y abras tu mente.

- la mujer que esta en la sala me lo ha explicado. No te preocupes – lloraba, y la abrazaba – Esto era una locura, la mujer me hablaba de vampiros y que tu eras uno, yo le dije que habías muerto, entonces escuché es rasgueo que tanto tiempo odié, y hoy me dí cuenta que es la canción más hermosa que haya alguna vez escuchado.

- gracias, vamos abajo, hay que explicar algunas cosas- se quitó su lentes de sol, secó sus lágrimas y entró de nuevo a su habitación y tomó los dos objetos anteriores y salió del brazo de ella, ambas bajaron las escaleras y ahí estaban ambos, Integra sentada con gracia y Alucard literalmente tirado en el sillón más largo.

- ya era hora, empezaba a dormitar de aburrimiento – dijo Alucard lanzando un bostezo y sentándose correctamente, la madre de Helena miraba fijamente al ex vampiro y pensaba lo poco educado que había sido.

- Perdone los modales de mi sirviente – se levantó nuevamente, pidiendo que se sentara. – a veces se le olvida que también solía conocer la palabra "educación" acompañada de "cortesía".

-tal parece que es un bello reencuentro¿La tienes? – dijo el hombre alto.

- Por supuesto – le tendió la cajita, Alucard la abrió y luego al sacarla de su estuche, un recuerdo regresó a su memoria.

Entre el pasillo principal de los calabozos subterráneos, un hombre de mediana edad, caminaba muy apresuradamente, acompañado de otro un poco más joven, con un monóculo en el ojo izquierdo, ambos se detuvieron frente a una puerta manchada de sangre, abrieron la puerta y pidieron ayuda al monstruo que ahí vivía. Este se levantó muy lentamente y se esfumó. Aquellos hombres, regresaron y a la puerta principal de a mansión, habían un hombre con una criatura en brazos, el señor de la mansión Hellsing le hizo pasar, al subir las escaleras, una mujer rubia caminaba de la mano con otra niña de dos años, ambas miraban calladas a los hombres pasar, el Nosferatu le dedicó una mirada inquisitiva a ambas damas de ojos profundamente azules y atravesó la pared.

Dentro de la oficina, el hombre con la bebé en brazos, miraba muy triste, "te ayudaremos, Alucard se encargará que lleguen con bien, antes de que el vaticano se entere de esta melliza, lamento la perdida de tu otro bebé".

Entre las calles de Inglaterra, Alucard caminaba indiferente y de vez en cuando volteaba a ver a la criatura en brazos "Aquí van los últimos Valerious", el vampiro paró de caminar súbitamente. Se dio la vuelta, "¿Cómo se llamará?" el hombre miró atónito y dijo entrecortadamente "Helena". "Helena" susurró el Nosferatu, de su bordó saco una daga con una empuñadura de dragón y ojos de rubíes, se cortó la mano con ella y le dijo "si Helena alguna vez necesita que la protejan, llámame con esto - le entregó la daga - mis poderes se irán y así sabré que me necesitan. Cuando la daga este en mis manos, mis poderes regresarán. Solo alguien que pueda pronunciar en perfecto Rumano la inscripción de la daga pondrá hacer valer el hechizo". El hombre tomó la daga y caminó más rápido para llegar al aeropuerto.

- madame¿quien leyó la inscripción recientemente? – se hincó frente a ella, tomando sus manos y bajando la cabeza. Integra y Helena miraron atónitas, Alucard por propia voluntad era educado y bajaba la cabeza ante una humana.

- yo señor, mientras recordaba a mi esposo y a mi hija, leí la inscripción en rumano, una vez mi esposo me dijo que era una promesa que cuando Helena estuviera en problemas un gran vampiro llegaría a nosotras para protegernos. Me sentía devastada y pensé ¿por qué no intentarlo? – le miró, Alucard alzó la mirada y enseguida sus ojos grises, nuevamente se tornaban carmesí. Se paró y caminó hacia Helena.

- La última Valerious, frente a mis ojos, eres igual a ella – tomó su barbilla – han pasado siglos desde que Ana Valerious murió y aun así su belleza ha perdurado todo este tiempo.

- Explícate – dijo integra, igual poniéndose de pie – los Valerious habían muerto, eso me dijo mi padre.

- tu padre me despertó una noche para escoltar a un hombre y su bebé al aeropuerto, yo le dí mi palabra a este hombre y le entregué esa daga, por si alguna vez Helena Valerious me necesitaba. Helena Pruitt – sonrió – ese apellido lo cambió su padre para resguardarla, interesante sin duda. Por eso mataron a tú padre Helena, la familia Valerious comenzaban a entrenar a sus hijos a partir de los diez años de edad. Seguramente fue la SOC.

- Habrá que hablarlo en la junta de la mesa redonda, en compañía de la reina y el vaticano, si esta niña realmente es una Valerious tiene por deber dirigir a la SOC. – dijo Sir Hellsing, Alucard sonrió y asintió con la cabeza. – señora fue un placer conocerle, debemos regresar a Inglaterra y dejar al tanto toda esta situación. Helena tiene cosas que arreglar.

- Madame, he de cumplir mi promesa. Cuidaré a su hija, como hasta ahora – dijo Alucard, poniéndose sus lentes oscuros.

- Tenga amo – le tendió su gorra, Alucard la tomó y se la puso inmediatamente – en un momento les alcanzo – subió nuevamente a su cuarto y en una maleta, metió mas ropa y cosas que eran de su interés, tomo una gorra roja para resguardarse del sol

- cuídate hija, ya estoy más tranquila sabiendo que estas "viva" – sonrió frágilmente, la abrazó y le dio un beso en la frente.

- si, mami, yo me sé cuidar, y si no puedo, hay muchas personas en la organización Hellsing que pueden ayudarme, no te preocupes – le sonrió y salió de la casa para alcanzar a Lady Integra y a Alucard en el auto.

- ¿Para qué la maleta? – dijo integra.

- ropa, o al menos que el amo quiera acompañarme de compras – sonrió mirando al vampiro con cara de espanto.

- yo no salgo de compras desde hace tanto que no recuerdo, y menos con una mujer… es la peor tortura. –miró a través de la ventana del auto, tranquilo por que sus poderes estaban de regreso, se sentía igual de fuerte que siempre.

En Inglaterra, Walter recibió a Lady Hellsing con una maravillosa sonrisa, Seras miró a Alucard con extrañeza, se veía extraño con una gorra y lentes oscuros. Helena por su parte entro un poco cansada y en las magas escondía una de sus manos.

- Amo mi país – dijo Alucard – me derretía en México¡hace el mismo que calor que en el infierno! – caminaba gritando a los cuatro vientos, Integra movía la cabeza con una sonrisa ofuscada.

- ¿Cómo fue su viaje a México madame? – decía Walter mientras guardaba el abrigo de su jefa.

- muy gratificante, pese a todo, realmente hace mucho calor allá. – subía las escaleras - ¿hay algún pendiente?

- solo algunos que realmente necesitan su atención, la más importante es la junta de mañana, así que le recomiendo irse a dormir – sonrió Walter.

- gracias Walter, baja con Helena, y dile que la junta es a las 8am para que esté lista – revisando los papeles en el escritorio.

- ¿A la señorita Helena¿le aviso a Alucard? – dijo Walter con extrañeza.

- si, por favor. A los dos, supongo que Helena querrá que el esté con ella – decía sin despegar la vista de los papeles.

- si madame – Walter salió y caminó a los calabozos. Llegó a la habitación Helena, y no vio a nadie. Siguió avanzando a la de Alucard. Pasó y vio al vampiro tomando su copa de sangre envinada y a Helena sentada en el aire a unos cuantos pasos de El.

- Señorita Pruitt…

- Valerious – corrigió Alucard, sonriendo.

- Señorita Pruitt, Lady Integra me pidió que le informara que la junta con la mesa redonda será a las 8am, para que esté lista, creo que ira con ella. Tú también Alucard.

- Es Valerious Walter, Helena Valerious – mientras ondeaba la copa para sentir el aroma del licor.

- ¿Cómo? – Dijo Walter conteniendo las lágrimas.

- Ella es el bebé que ayudamos aquella noche¿recuerdas? – dijo el Nosferatu.

- Señorita Valerious… debe vestirse formal – unas lágrimas por la mejilla del anciano. Salió de la habitación.

- ¿Por qué se comportó así amo? – Miraba Helena salir a Walter – me refiero a las lágrimas.

- Eres más importante de lo que crees… Tu familia es muy importante, algo como otra Integra Fairbrook Wingates Hellsing… Helena Valerious – Tomó el ultimo sorbo – tu padre fue un noble. Y tú también lo eres. Cuando la mesa te vea, se llevarán una gran sorpresa, ven vamos a escoger ropa que llevarás, ahora se me a ocurrido una excelente broma.

- si amo. – desapareció al mismo tiempo que Alucard. En su habitación, Helena estaba sentada, mientras Alucard revisaba una pila de ropa que Helena había sacado de su armario, entre momentos cerraba sus ojos tratando de recordar. - ¿Qué trata de lograr?

- que te veas como ella – tiraba de la ropa, y la miraba fijamente. Eres igual a ella, solo hay que saber vestirte y esos ancianos morirán de paro cardiaco

- o por un cargo de conciencia – sonrió Helena – ya entendí, cual es su plan.

- así es – rió macabramente – esta es la ropa. No es exactamente igual, pero se asemeja en un 80 - se la entregó – guarda la otra ropa.

- ¡Ah no¡Usted me ayuda! – Tomo al vampiro por la maga de su traje - ¡que fresco ¿No?! Usted desacomoda y yo tengo que guardar todo su alboroto. Al menos ayúdeme a doblar la ropa y yo la guardo.

- Soy un vampiro, no una mucama – dijo serio.

- Vampiro o mucama me va ayudar – dijo ella desafiante – es muchísima ropa. Por eso le pregunté que era lo que buscaba, pero usted "¡no no, yo lo busco" Ahora aguante.

- bien – gruño – tienes razón, yo hice todo este pandemonio. Pero es tu ropa¿estas segura que no hay nada que no deba ver?

- segura, ahora no sea miedoso y ayúdeme – se sentó doblando la ropa con junto con Alucard. Tardaron alrededor de una hora acomodando y guardando. Después de un rato, ambos se dirigieron a descansar.