CAP 6: DECISIONES... ¿CORRECTAS?
Me levanto a buscar mi móvil en el bolso y la veo de nuevo. La maldita foto. Le veo otra vez.
"¿Amas a Ben?" su voz vuelve a mi cabeza " Te estaré esperando si te decides"
No lo puedo evitar y cojo mi varita.
- ¡Expecto Patronum! – Le mando mi patronus con forma de pantera a Lily y cojo el traslador para ir junto a Sirius.
- Sabía que vendrías – escucho decir a la voz de Sirius mientras me recupero del mareo que me ha provocado el traslador.
De nuevo, su dedo corazón recorre mi columna vertebral, me giro y me lanzo a sus brazos. No nos besamos, solo nos abrazamos. Sobran las palabras.
- ¿Estás bien? – Me pregunta.
¿Qué si estoy bien? En sus brazos siempre estoy bien, pero en general no.
- No. Si. No lo se – respondo - ¿Tu?
- Estoy contigo – contesta apasionadamente – Con eso me basta.
Le beso. Un beso de esos largos y lentos, un beso tierno a la vez que apasionado que muchas veces tengo la sensación de que los hemos inventado nosotros. Finalmente me separo.
- ¿Dónde estamos? – Pregunto tras mirar a mi alrededor. Es un lugar precioso. Estamos en el balcón de lo que parece una casa inmensa, desde donde se ve una playa de agua casi cristalina y unas montañas alrededor.
- En España – contesta Sirius - ¿Te gusta?
- Me encanta – afirmo sonriendo.
- Me alegro – dice Sirius haciéndose eco de mi sonrisa. Me abraza por detrás y comienza a besarme el cuello, luego baja por mi hombro apartando el tirante de mi camiseta blanca con sus labios. Me giro para quedar frente a él, le rodeo el cuello con los brazos y él abraza mi cintura mientras nuestros alientos se mezclan. No aguanto más y nos fundimos en un beso salvaje que deriva en el acto que llevo ansiando desde hace cinco años.
Me levanto de la cama y me visto con la primera prenda que encuentro cerca de mi, que resulta ser la camisa blanca que Sirius llevaba antes de que se la quitase. Son las doce de la noche. Me dirijo al balcón y me enciendo un cigarro. La vista es simplemente espectacular. La luz de la luna llena se refleja en el negro del mar dándole un color azul cobalto a las montañas rocosas del acantilado.
- Bonito¿verdad? – La voz de Sirius tan cerca de mi me sobresalta. – Lo siento – se disculpa mientras rodea mi cintura don sus brazos por la espalda y apoya la barbilla en la curva que hace mi cuello al unirse con el hombro.
- No he visto nada mejor en mi vida – respondo.
- Yo si – dice Sirius – Y lo estoy rodeando con mis brazos ahora mismo.
- Tonto – le digo sonriendo. Empiezo a preguntarme si todo esto no es un sueño. No puede ser todo tan perfecto: el paisaje y Sirius abrazándome mientras me fumo un cigarro. Es este mismo momento no necesito nada más para ser feliz. Estoy disfrutando de los mejores placeres de mi vida. Desearía que no terminase nunca.
- ¿Tienes hambre? – Pregunta Sirius sacándome de mi ensoñación.
- Un poco – contesto.
- Tus deseos son órdenes para mi – dice sonriendo y conjura la comida.
- ¿Qué eres? – Le pregunto divertida - ¿Mi genio de la lámpara?
- Yo soy lo que tu quieras que sea con tal de que te haga feliz.
- ¿Sabes que te odio? – Le pregunto cuando nos sentamos en la mesa. Me mira y adopta una expresión entre asombro y dolor.
- ¿Por qué? Pregunta haciéndose el ofendido.
- Porque no puedo odiarte – respondo sonriendo. Hace un teatral suspiro de alivio.
- Si es solo eso... – dice mientras se encoge de hombros y se lleva el tenedor a la boca. Miro otra vez al oscuro cielo iluminado por la luna llena y lo recuerdo.
- ¿Y Remus?
- Pues en su casa – responde Sirius con obviedad – Si quieres le traigo, aunque no sabía que te gustasen ese tipo de perversiones – añade con una sonrisa burlona.
- Pero mira que eres tonto, eh! – Le digo dándole un golpecito en el brazo – Lo decía porque hay luna llena.
- ¡Ah! Bueno no te preocupes – responde – Esque no estás puesta, han inventado una poción para que los hombres lobo mantengan su conciencia humana durante la transformación.
- ¡Vaya! – Exclamo – Si que ha avanzado la ciencia mágica... . Pero Remus es un desastre con las pociones, y esa debe de ser especialmente complicada.
- Nat se la prepara – explica Sirius.
- Ah.
- ¿Sabes que Lily me ha propuesto ser la madrina de la pequeña Ariadna? – Le pregunto a Sirius rompiendo el tenso silencio que se ha creado después de la mención de Nathaly.
- ¿Si? – Pregunta él – Pues yo seré el padrino de Harry, porque va a ser niño.
- ¿Ah, si¿Y en qué te basas para asegurarlo?
- Se le nota en la cara – me explica convencido.
- ¡Ah¿Que ahora eres capaz de ver a través del feto? – Le pico.
- No boba, que se nota en la cara de Lily.
- Pues yo creo que va a ser una guapísima niña idéntica a Lily pero con el color de pelo de James, aunque solo el color que si a la pobre le toca esa mata de pelo indomable de su padre... .
- No, no, no – me contradice – Va a ser un niño igualito a James, con el despeinado pelo incluido, pero con los ojos y la inteligencia de Lily. También será un excelente jugador de Quidditch.
- ¿Qué te apuestas? – Le reto.
- Una cena – responde. Yo me quedo paralizada. Cuando el/la niño/a nazca, yo ya estaré casa con Ben ¡Así que no me puedo ir a cenar con Sirius! – Si gano yo me invitas a cenar, y si ganas tú te regalo un perro.
- Prefiero un gato
- Ya lo sé, pero los gatos no van conmigo, me van más los perros – dice despreocupadamente – Además como voy a ganar yo, no te preocupes por eso y ve pensando ya el restaurante.
Le saco la lengua y me llevo el tenedor a la boca.
- ¿Y los nuestros? – Pregunta tras un silencio.
- ¿Nuestros qué?
- Pues nuestros hijos – contesta como si fuese algo obvio - ¿Qué cómo se van a llamar?
- De ninguna forma, porque no va a haber ninguno nuestro – respondo mirándole como si estuviese loco.
- Si es niño me gusta Alejandro – dice sin hacer caso alguno a mi aclaración – Siempre me ha encantado ese nombre... . Y si es niña..., no sé ..., Dayan, si, Dayan me gusta.
- Sirius, para empezar deja de montarte películas porque ningún ser vivo va a salir de nuestra "relación" – le digo – y para seguir¿Dayan?
- Si¿No te gusta¿Cuál prefieres tu?
- Elisabeth.
- No, Elisabeth no, suena muy rimbombante, mejor Dayan. Dayan Black. Perfecto. – Decide - ¿Y Alejandro te gusta?
- No está mal, ese nombre es de por aquí¿verdad?
- Si – contesta. Mira a través del balcón hacia el acantilado con nostalgia – Solía venir aquí cuando era crío – me dice – Esta casa era de mi tío Alphard, pero al morir me la dejó junto con una buena cantidad de oro. Y escuchaba mucho es nombre, creo que es muy común aquí.
- ¿No se llamaba así tu padre? – Pregunto. Según tenía entendido, Sirius no quería tener nada que ver con su familia, y ahora le quiere poner a nuestro..., perdón, su hijo, el nombre de su padre.
- No, mi padre se llamaba Alexander – corrige – Que no es lo mismo.
- Claro, claro – afirmo riendo – Tengo una idea – Sirius me mira - ¿Por qué no nos damos un baño en la playa?
- No, no, no y no – se niega.
- ¿Por qué – pregunto desilusionada.
- Porque no quiero que se me moje el pelo – responde. Yo no puedo hacer otra cosa que echarme a reír a carcajadas. Se supone que eso lo tendría que haber dicho yo – No te rías.
- ¿Cómo quieres que no me ría? – le digo. Me mira con seriedad – Vale, ya no me río, pero vamos a la playa, por fi, por fi, por fi.
- No.
- ¿No has dicho antes que mis deseos eran órdenes para ti? – Pregunto. Él asiente con la cabeza – Pues ahora deseo ardientemente ir a la bañarme en la playa.
- Pues ve – dice - ¿Quién te lo impide?
- Pero yo quiero ir contigo – Me levanto y me acerco a él mimosa abrazándole el cuello por detrás y acariciándole el pecho. Acerco mi boca a su oreja y le susurro: - Además así practicamos para cuando vayas a tener un hijo.
- Tus deseos son órdenes para mí – dice. Me estira de un brazo y hace que me siente sobre sus rodillas, me abraza y se aparece conmigo en brazos en la arena de la playa.
