CAP 8: DE VUELTA A LA REALIDAD. ¡SORPRESA!

- No – Contesto – Nada me gustaría más que hacerlo, pero no puedo. Llámame cobarde si quieres, pero no soy capaz.

- ¿Por qué no dejas de hacerle caso a tu razón por una vez y te dejas guiar por tus sentimientos? – Me pregunta Sirius.

- Porque no soy así. Podría quedarme, pero si lo hago sabes que no dejaría de remorderme la conciencia. No lo disfrutaría.

- ¿entonces?

- Prefiero vivir con tu recuerdo y ser feliz recordándolo.

- No lo entiendo.

- No te pido ni espero que lo entiendas – le digo – Tan solo quiero que lo aceptes. ¿Serías tu feliz sabiendo todo el daño que le has hecho a Nat? – No contesta – Pues yo viviría sabiendo que he herido a dos personas que me importan.

- Visto así tiene su lógica – admite – Pero no puedo dejarte ir. No ahora.

- Pero no serías feliz – le digo – Ni yo tampoco. Todo se iría al traste y cuando eso pasase¿qué haríamos¿Serías capaz de volver y mirarles a todos a la cara, especialmente a Nat? Porque yo no.

- Tienes razón – acepta al fin – Como siempre.

- No, como siempre no.

- Tenemos que volver – dice.

- Prepara el traslador anda – le pido. Se levanta mientras yo hago lo mismo y me visto.


- Entonces – dice Sirius. Estamos ya vestidos frente al traslador - ¿es el fin?

- No lo digas así que suena muy mal – le digo – Pero si, me temo que si.

- Bien, pues vamos a ello – dice mientras los dos estiramos el dedo índice hacia el traslador – Uno, dos y ... .

- ¡Espera! – Interrumpo la cuenta.

- ¿Qué? – Pregunta Sirius. Me lanzo a sus brazos. No quiero olvidar el tacto de su piel, ni el calor de su abrazo, de su último abrazo. Le quiero. – Yo también te quiero.

- Pero si no he dicho nada – Le miro confusa aunque no rompo el abrazo.

- Ya, pero como tu dijiste, no necesito que lo digas para que lo sepa – Me dice. Le beso. Quiero retrasar al máximo el momento de dejarle.

- ¿Dónde vamos a aparecer? – Pregunto rompiendo ya el abrazo.

- En tu hotel, luego yo me apareceré en casa de James que hemos quedado para comer. ¿Irás?

- No lo sé – respondo.

- Cómo quieras – se encoge de hombros - ¿Lista?

- No – contesto. Sonríe y me hace sonreír a mi. No se por qué, pero cuando le veo sonreír me contagia su sonrisa – Pero ya es la hora.

- Bien – Volvemos a acercarnos al traslador – Uno, dos y ... tres.


- ¿Ary? – Esa voz la conozco, pero no debería estar aquí - ¿De dónde sales?

Me giro deseando que no sea quien creo que es, y que si es, que no haya visto cómo hemos aparecido.

- ¡Ben! – Exclamo y efectivamente es quien yo creía que era - ¿Qué haces aquí?

- Llegue hace unas horas – responde. Está sentado en un sillón justo enfrente de la puerta - ¿No te alegras de verme?

- Eee, si, claro que si – contesto – Es solo que me ha sorprendido que nada más entrar por la puerta verte aquí.

- ¿Habéis entrado por la puerta? – Pregunta. Me acerco a él tratando de desviar su atención a otro lado, a mí por ejemplo – No os he visto entrar. Me habré quedado dormido.

- Si, será eso – aseguro. Ben corta la distancia que nos separa y me besa. Al principio no respondo al beso, me siento incómoda con Sirius delante. Finalmente respondo para que Ben no se pispe.

- Ejem, ejem – Sirius carraspea. Me separo de Ben y sonrío. Me doy la vuelta y le miro - ¿No nos vas a presentar?

- Es cierto – dice Ben que se acerca a Sirius y le tiende la mano – Ben Stuart.

- Sirius Black – se presenta estrechando su mano.

- Ben – digo – Sirius es un antiguo amigo.

- ¿Sirius? – Pregunta Ben – Nunca me habías hablado de él.

- ¿No? – Me hago la tonta. Claro que no, si me fui para olvidarle¿cómo voy a hablar de él?. Sirius me mira alzando una ceja – Bueno, pues es el mejor amigo de James, el marido de Lily; y el novio de Nathaly. De ella si te había hablado¿verdad?

- Si, de Nathaly si - Responde.

- Bueno, yo me marcho – anuncia Sirius - ¿Vais a ir a comer a casa de Lily y James?

- ¡Claro! – Dice Ben – Me muero de ganas por conocerles a todos.

- Pues a las doce allí – Sirius me mira y sonríe burlón – Hasta luego.

- Adiós.

Cuando Sirius se marcha, Ben se acerca a mi y me abraza por detrás mientras me enciendo un cigarro.

- ¿Y cómo que has venido? – Pregunto.

- Te echaba de menos – contesta mientras me besa el hombro.

- Me voy a duchar – me separo de él y me dirijo al baño.

¿Qué coño hace Ben aquí? Mierda, mierda, mierda. ¿Y qué hago yo ahora? Se va a dar cuenta de todo. Se va enterar de que soy bruja, de que todos lo son. Espero que Sirius les haya avisado. Joder. Le puedo mandar un mensaje a Lily para que no hagan magia delante de él. Cojo mi móvil y la llamo. Un tono, dos tonos, tres, cuatro. Mierda, no contesta. Bien, a situaciones desesperadas, medidas desesperadas... . Cojo la varita y le mando mi patronus.

Cuando salgo del baño, Ben ya está vestido esperándome. Me pongo unos vaqueros y una camisera y salimos.

Conduzco yo, porque Ben no conoce la ciudad y llegamos al Valle Godric. Por fortuna hay una piedra atrancando la verja, por lo que no tengo que sacar la varita. Ben me coge de la mano y entrelaza sus dedos con los míos.

- ¿Qué tal el viaje? – Le pregunto. Son las primeras palabras que cruzamos desde que hemos salido del hotel.

- Bien – responde. Le noto seco. Normalmente suele hablar más.

- ¿Te pasa algo?

- No, pero creo que a ti si – contesta – Estás tensa.

- ¿Yo¡Qué va! – Me mira alzando las cejas – Bueno puede que esté un poco nerviosa, pero es normal. ¡Voy a presentar a mis amigos de la infancia / adolescencia a mi futuro marido¿Tu no lo estarías?

- Ya lo hice – responde.

- Si pero yo ya conocía a la mayoría y tu no llevabas años sin verles.

- Ary¿por qué nunca me habías hablado de Sirius? – Pregunta de pronto. Ahí si que me pongo nerviosa. Él lo nota - ¿Novio tuyo?

- ¡¿Qué¡No! – Exclamo – No, éramos muy amigos, y él estaba con mi mejor amiga. Si no te hablé de él es porque no había nada relevante que destacar de él.

- Y¿crees que les gustaré? – Pregunta con una sonrisa nerviosa.

- Claro que si – respondo sonriendo – Joy está deseando conocer al guapísimo actor Ben Stuart.

Ya hemos llegado a la puerta. Toco el timbre y me giro hacia Ben para colocarle el cuello de la camisa.

- Verás como les caes genial – Le beso justo cuando James abre la puerta.

- Buenas pareja – nos saluda sonriendo alegremente. Le tiende una mano a Ben – James Potter.

- Ben Stuart – se estrechan la mano – Encantado.

- Pasad – dice James después de besarme en la mejilla – Ya están todos.

Después de las presentaciones pertinentes, nos sentamos a comer; la comida fue tranquila y sin magia.


- ¿Queréis café? –Pregunta Lily.

- Si – respondemos todos a la vez.

- ¿Se lo has dicho ya? – Me susurra Ben a l oído.

- No – respondo en el mismo tono – Ahora se lo digo.

- ¿Decirnos qué? – Pregunta Remus que con su oído de licántropo nos ha escuchado. Sonrío.

- Cuando vuelva Lily os lo digo – contesto a la vez que llega mi amiga con el café.

- Ya ha vuelto - anuncia Sirius innecesariamente.

- Yo también la he visto – le respondo. Igual he sonado un poco borde. Sonrío. – Bien, pues os quería preguntar una cosa chicos.

- Pregunta – dice Joy. La miro y sonrío de nuevo.

- Joy¿quieres se mi madrina? – Pregunto. Mi amiga sonríe y me abraza.

- ¡Claro que si! – Contesta. Sabía que la haría ilusión acompañar a Ben al altar.

- Nat, Lily, me gustaría que fueseis mis damas de honor¿aceptáis?

- ¡Por supuesto! – Nos fundimos en un abrazo colectivo.

- Mañana nos vamos todos a New York – anuncia Ben – No os preocupéis por los billetes. Yo me hago cargo de todos los cargos del viaje y del hotel.

- No te preocupes Ben – dice James – No hace falta.

- Si, si, si – dice mi prometido – Sois los invitados de honor de Ary, por lo tanto yo me ocupo.

- Gracias – dicen todos a coro. Yo miro a Ben y le beso.

- Bueno cari¿nos vamos? – Le pregunto.

- Claro, como tu quieras – contesta.

- ¿Tan pronto? – Pregunta Joy.

- Si que te tienes que preparar – la digo – Tenéis que hacer la maleta y todo, porque mañana a los ocho tenemos que estar en el aeropuerto.

- Es cierto – dice Nat – Sirius yo me voy a casa¿te pasas mañana a buscarme?

- Si – contesta él – Yo también me voy a mi casa.

- Y nosotros – dicen Remus y Joy.

- Pues hasta mañana a todos – dice James.

Ben y yo nos dirigimos a la puerta, pero los demás no nos siguen.

- ¿No venís? – Les pregunta Ben.

- No – contesta Lily – Tienen que recoger unas cosas.

- si – afirma Joy – Mañana nos vemos.

Las sonrío con gratitud por no desaparecerse frente a Ben y nos vamos. En el coche no hablamos, cuando conduzco yo nunca lo hacemos porque Ben sabe que si me distrae me pierdo, así que vamos al hotel en silencio.

- ¡Puf! Estoy cansadísima – digo al entrar en la habitación. Tiro el bolso sobre la mesa y me dejo caer de espaldas en la cama. - ¿Te han caído bien?

- Si, son muy simpáticos – contesta – Pero yo pensaba que querías que Lily fuese la madrina.

- Ya, pero seguramente que Sirius y Nat se casen pronto y Lily será la madrina. Además eres el amor platónico de Joy y la hace mucha ilusión ir de tu brazo hasta el altar.

- ¿Nathaly y Sirius no viven juntos? – Me pregunta.

- En teoría Remus y Sirius viven juntos – le explico – Pero en la practica, Remus se pasa los días en casa de Joy, y Nat en casa de Sirius y Remus. Ella vive con sus padres.

Mientras hablamos Ben se ha acercado a mi y me masajea la espalda.

- ¿Por qué? – Me pregunta.

- ¿Por qué, qué?

- Que por qué vive con sus padres.

- ¡Ah! Porque está estudiando medima... , medicina y si trabaja no tiene tiempo para estudiar – explico. Menos mal que me he corregido a tiempo – Ya sabes que es una carrera muy complicada.

- Si – contesta - ¿Y los demás no estudian?

- Ya han terminado, bueno Remus sigue estudiando magisterio, pero los demás ya trabajan.

- ¿En qué? – Se interesa. ¿Y cómo le explico que son aurores?

- Son policías – contesto.

- Pero la casa de James y Lily es muy grande para que la mantengan don el sueldo de la policía – razona Ben.

- Ya, pero es que James heredó esa casa de sus padres, murieron cuando él era pequeño.

- ¡Ah!

- Gordo me voy a duchar – digo mientras me levanto – Gracias por el masaje – Le beso – Y también por pagarles el viaje – Le vuelvo a besar.

- De nada – me dice, ahora me besa él. Sigue sentado en la cama y yo de pie, inclinada frente a él. Me estira del brazo y me besa de nuevo – Dúchate luego – dice antes de besarme otra vez – Te he echado de menos – me besa nuevamente pero ahora profundiza el beso. Qué diferencia entre sus besos y los de Sirius... . Me dejo caer sobre él que se tumba en la cama quedando así ente mis piernas.

Me acaricia la pierna subiendo hasta mi trasero. Espero a que su dedo me recorra la columna vertebral, pero no lo hace y me recuerdo que quien está debajo de mi no es Sirius, sino Ben. ¡Maldito Sirius, sal de mi mente de una vez¡Y tú, cuerpo traidor, deja de reclamarle a gritos las 24 horas del día!

Ben me quita la camiseta y me caricia el tatuaje (una cruz egipcia en la tripa) y se dispone a quitarme también los pantalones.