EPÍLOGO II

EPÍLOGO II

DOCE AÑOS DESPUÉS

Ahora mismo estoy tumbada en el sillón de mi casa en Inglaterra, donde vivo desde hace diez años, cuando me separé de Ben. Si, al final nos separamos, pero fue una separación de mutuo acuerdo, por lo que nos llevamos bien, y quedamos de vez en cuando. ¿Qué por qué nos separamos? Desde la muerte de Lily y James, yo no fui la misma, y Ben lo notaba.

En parte me sentía responsable de su muerte, siempre me martiricé con que si yo hubiese estado allí, con ellos, si hubieran confiado en mi para contármelo todo... . Seguramente hubiese sido distinto, o no. Eso nunca lo sabré. Lo peor es que nunca me despedí de ellos. No me despedí de Lily.

Bueno, Ben me dijo, el día que decidimos separarnos, que él me amaba, que siempre lo haría, pero que yo había cambiado, que no era la misma mujer alegre y divertida con la que se había casado; que sabía que yo no era feliz y él tampoco viendo en lo que me había convertido. Que por los dos era mejor separarnos, que él seguía enamorado de mi, pero que sentía que yo de él no y que eso le hacia daño.

Que en esos dos años había intentado engañarse a sí mismo, además de por él, por Dayan, "nuestra" hija.

Si, tengo una hija, pero no es de Ben, creo que el también lo sabe, pero no quiso y no quiere admitirlo, ya que los ojos grises de mi pequeña delatan quién es su padre.

... FLASH BACK ...

Hacía un año desde la muerte de James y Lily, y yo me negaba a creer que Sirius les hubiera traicionado, así que la única forma de constatarlo era que me lo confirmase él mismo. Por eso estaba yo allí, en el despacho de Albus Dumbledore, en aquel despacho donde me castigaron miles de veces, esperando al director del colegio que me había conseguido un permiso para una visita a Azkabán.

- Aquí tienes Ariadna – dijo el anciano tendiéndome un papel – Ya sabes que es peligroso.

- Lo sé – contesté – Pero no me importa. Estoy preparada.

- ¿Estás segura de que quieres hacerlo?

- Completamente.

- Bien, pues esta tarde tienes que estar allí a las seis – me dijo – Aquí tienes el traslador.

- Muchas gracias Albus – le dije guardando el permiso y el traslador en mi bolso.

- De nada - contestó Dumbledore – Ten cuidado.

- Lo tendré – dije saliendo por la puerta.

A las seis de la tarde me encontraba en la isla donde se erigía la imponente cárcel de Azkabán, acompañada por un auror caminando hasta la celda del prisionero más temido.

- Gracias – le dije al auror – Pero, ¿nos puede dejar a solas, por favor?

- Pero señorita, es peligroso – me dijo.

- No importa – contesté – Necesito estar a sola con el prisionero.

- ¿Está segura?

- Completamente.

- Está bien – cedió al fin.

- Gracias – tras esto se fue y yo entré en la celda.

Hacía frío y eso que a los dementores se les había ordenado retirarse de la celda mientras yo estuviese dentro; y estaba oscuro. No veía nada hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y entonces le vi. En un rincón, encogido en el suelo. No tenía nada que ver con el Sirius Black que vi por última vez. Tenía el pelo sucio, la piel cuarteada y mucha barba; sin embargo sus ojos brillaron con una intensidad inigualable cuando me vio.

- Tú – dijo simplemente. Su voz sonaba ronca, como si no la hubiese usado en mucho tiempo.

- Si – dije sonriendo. A pesar de estar tan delgado, sus rasgos aún conservaban los vestigios de su belleza de antaño – Yo.

Nos quedamos mirando, no se si fueron segundo, minutos, horas o días, en silencio.

- Yo no... . – comenzó a decir.

- Lo sé – le corte, solo me bastó mirarle a los ojos para saber que él no traicionó a James y a Lily - ¿Quién?

- Peter – contestó – Él era el guardián secreto. Cuando fui tras él iba a matarle, pero por una vez él fue más listo y más rápido que yo. Se cortó un dedo y se transformó después de hacer explotar una calle atestada de muggles.

- Rata traicionera – murmuré entre dientes. Me acerqué a él, los primeros pasos fueron cortos y lentos; pero cuando Sirius se levantó corrí hacia él y le abracé con todas mis fuerzas. Separamos nuestras cabezas después de unos minutos sin romper el abrazo. Nos besamos con fiereza, y su dedo corazón recorrió mi columna vertebral desde arriba hacia abajo. Me estremecí notablemente – Extrañaba eso.

- Lo sé – contestó sonriendo. Volvimos a unir nuestros labios y allí, en una fría celda de Azkabán, concebimos a nuestra hija.

Después yo volví a New York con Ben y no le he vuelto a ver.

... FIN FLASH BACK ...

Aún faltan una cuantas horas para que Dayan se despierte y tenga que llevarla a King Cross, pues este año empieza su educación mágica en Hogwarts. Estoy yo más nerviosa que ella, ya que Harry también estará allí para empezar su tercer año.

Un día de los primeros que llegué a Londres, fui a Privet Drive, donde viven Petunia y Vernon para ver a Harry. Le vi caminando solo por la calle. Nos quedamos mirando fijamente, mas no nos saludamos. Intuí que mi rostro le era familiar. Pero yo no me atreví a acercarme a él. Sus ojos... , fue como estar mirando a Lily en el cuerpo de James. Podéis llamarme cobarde si queréis, esta vez no me va importar, reconozco que fue una cobardía por mi parte, pero no fui capaz.

Después de separarme de Ben, dejé las pasarelas y ahora trabajo de inefable en el ministerio de magia. Pero, aunque esté vinculada al mundo mágico, no leo el Profeta, ni estoy enterada de las noticias. Me paso muchas horas encerrada en el departamento de misterios y cuando salgo, en lo único que pienso es en llegar a casa para estar con mi niña.

Ahora estamos trabajando en un maldito arco de donde salen voces que la mayoría de las veces solo escucho yo. Es bastante frustraste.

- Mama – dice Dayan llegando al comedor restregándose los ojos.

- dime – contesto.

- Canuto está vomitando otra vez – Oh, mi querido perro, ya está muy viejo y se pasa la mayoría de los días vomitando.

- Voy- le digo. Miro la hora en mi reloj de muñeca – Dúchate cariño que ya son las nueve.

- Vale – dice mi pequeña y entra al baño.

...

- ¡Corre Day! – Apresuro a mi hija mientras entramos corriendo en la estación - ¡Faltan diez minutos para que salga el tren!

- Es que tus piernas son muy largas – Dice Dayan alcanzándome – Mama ..., mama, ¿qué te pasa?

Me he quedado paralizada. Ahí está. Entre un grupo de pelirrojos veo una despeinada cabellera negra que gira la cabeza y fija sus ojos verdes en mi antes de atravesar el muro que da paso al anden 93/4 .

- ¡Hala! – Exclama Dayan - ¿Has visto lo que ha hecho ese niño? – No contesto - ¡Mama! Te estoy hablando.

- ¡Ah! Si, Day, eso lo vas a tener que hacer tu también – la digo.

- ¿Cómo?

- Así, mira, dame la mano – Enlaza sus pequeños dedos con los míos – Ahora andaremos hacia la pared. No tengas miedo.

- ¡Hala! – Vuelve a exclamar al ver el tren escarlata frente a ella.

- ¡Vamos! – La digo mientras empujo el carro con el equipaje y la ayudo a subir el baúl al tren – Dame un abrazo muy fuerte, muy fuerte, muy fuerte.

Mi hija me abraza con todas sus fuerzas.

- Pórtate bien – la aconsejo – Escríbeme todos los días y estudia mucho.

- Si mama – me dice antes de darse la vuelta y subir al tren.

Cuando me doy la vuelta me choco contra alguien, es un hombre. Su túnica está ajada y vieja. Lleva un maletín que dice R. J. Lupin. No puede ser. Comienzo a elevar la vista. Sus manos con delgados y largos dedos, sus hombros estrechos, su delgado cuello y su pálido rostro con sus desconcertados ojos dorados fijos en mi. Sonrío inconscientemente.

- ¡Rem! – Exclamo lanzándome a su cuello.

- ¿Ary? – Pregunta. Aparto mi rostro de su cuello sin romper el abrazo. Me mira y sonríe - ¡Ary! – Exclama y me devuelve el abrazo con fuerza - ¿Qué haces aquí?

- Traer a mi hija – me mira sorprendido – Si, tengo una hija. Empieza este año.

- ¡Vaya! ¿Y Ben que dice?

- Nada – contesto – Nos separamos hace casi diez años.

- ¿Vaya! – Repite.

- Tu elocuencia me fascina – le digo sonriendo. Me da un golpe cariñoso en el brazo - ¿Y qué haces tu aquí? ¿Vienes con... ? ¿Vienes con Harry?

- ¡Oh, no, no! – Contesta. Su expresión se vuelve seria – Voy a dar clases este año en Hogwarts.

- ¿Si? ¿De qué? – Me intereso.

- De defensa.

- Wow! – Exclamo - ¿Y eso?

- Dumbledore creyó, y yo estoy de acuerdo, que debido a los últimos sucesos es lo más conveniente. – Le miro extrañada, ¿qué sucesos? – Ya sabes, lo de... , lo de Sirius.

- ¿Sirius? – Siento mi rostro palidecer - ¿Qué pasa con él?

- ¿No te has enterado? – Me pregunta. Yo niego con la cabeza – Se ha fugado de Azkabán.

- ¡¿Qué?! – Mi tono ha salido más alto de lo que pretendía y varias personas se giran a mirarnos - ¿Qué? – Pregunto de nuevo en un tono más bajo.

PI. PI

- Lo siento Ary, tengo que marcharme – me dice – Te escribiré, ¿vives en Londres?

- Si, si – contesto – No te preocupes.

- Adiós – me besa en la mejilla y sube apresuradamente al tren que empieza a ponerse en marcha.

- Adiós – me despido.

¡No puede ser! ¡No puede haberse fugado! ¡Nadie, nadie puede escapar de esa fortaleza! ¡Es imposible! ¿Qué demonios pretende?

Antes de subirme al coche veo un perro negro. Mi corazón se detiene, pero vuelve a palpitar cuando veo una mancha blanca en la punta de su rabo. Estoy paranoica, Subo al coche, arranco y llego a casa. Al bajar del vehículo me enciendo un cigarrillo. Llego al portal, y el portero me cede el paso, así que subo hasta la puerta de mi casa.

Busco las llaves en mi bolso y, para variar no doy con ellas, el humo del cigarro que descansa en mi boda se me empieza a meter en el ojo. Por fin las encuentro y me puedo quitar el cigarro de los labios para colocarlo entre los dedos índice y corazón de mi mano izquierda, mientras que con la derecha introduzco la llave en la cerradura, pero no llego a girarla, ya que siento un fino dedo recorrer mi columna vertebral desde arriba hacia abajo. No me doy la vuelta, me quedo paralizada sin hacer el más mínimo movimiento. No parpadeo, no pienso, no respiro; pero mi corazón late con fuerza y rapidez dentro de mi pecho.

- ¿No vas a saludarme? – Pregunta una voz grave y profunda en algún lugar muy cerca de mi oreja. Lo sé, no porque lo haya escuchado, sino porque su aliento golpea mi pabellón auditivo y parece que el líquido linfático (el que hace que nos mantengamos en pie) también ha paralizado su circulación en algún lugar de mi cabeza, ya que mis piernas comienzan a tambalearse amenazando con no poder mantener mi peso por más tiempo.

Llevo tanto tiempo sin oír su voz más que en mis sueños... . Tanto tiempo sin sentir su tacto sobre mi piel, sólo imaginándomelo por las noches... . Que temo que esto no sea más que eso, otro de mis sueños; quizás ahora me despierte y esté aún tumbada en el sillón, esperando a que Day se levante para llevarla a la estación.

Seguramente, como todas las noches que me traiciona el subconsciente; cuando me gire y le vea sonriéndome, cuando alargue la mano para tocarle; me despertaré y tendré que meterme en la ducha para que sus gotas se mezclen con las lagrimas que emanarán de mis ojos verdes y comenzará el martirio de todos los días. Empezaré a martirizarme por no haber estado al lado de Lily cuando más me necesitaba, por no haber apoyado a James, por haber sido tan cobarde de no haber sido capaz de cuidar a Harry. Y volveré a odiarme, volveré a lamentarme de mi burda existencia. Y luego me maquillaré para que mi hija no vea a su madre en ese estado, sonreiré y me olvidaré de todo mientras Day esté a mi lado.

Así que cuanto antes termine todo mejor. Cuanto antes despierte, antes veré a mi pequeña.

Me giro y le miro, parado frente a mi, pero a diferencia de mis sueños, no sonríe y yo no estiro mi brazo para acariciar su rostro. Su rostro... , no es como en mis sueños, en ellos no tiene barba y no está tan delgado y consumido. Pero cómo decía, yo no estiro mi brazo para tocarle, sino que es él quien alarga el suyo, con suma lentitud, para posar el dorso de su mano sobre mi mejilla.

Mi cigarro cae al suelo al sentir el contacto tan real, la suavidad de su mano deslizándose por mi cara. No puede ser un sueño, es demasiado real para serlo. Pero tampoco puede ser verdad, mi mente no lo concibe. Aún así, a pesar de no creerlo realmente, alargo una temblorosa mano hacia su cara lentamente, con miedo, mucho miedo de que cuando vaya a hacer contacto con su piel, desaparezca y yo despierte. Le siento tan increíblemente real que ahora no quiero despertar.

Cierro los ojos mientras mi mano rompe la distancia que la separa de su rostro. Ese contacto ya es demasiado real para ignorarlo; así que, aún con miedo, abro lentamente los ojos y le veo sonreír. Y, como siempre, al ver su sonrisa, esta se me contagia y hace que mis labios también formen una.

- Sirius – susurro, y él me empuja hacia si mientras sus brazos estrechan con fuerza mi cintura. Mis brazos no pueden moverse. Ellos reclaman pasarse alrededor del cuello de Sirius, pero mi cerebro no formula la orden de hacerlo, y si lo hace, los impulsos nerviosos que transportan las órdenes que emite el encéfalo, están tan paralizados como mis brazos.

Finalmente, el aliento de Sirius en mi cuello, el sentir las palpitaciones de su acelerado corazón contra mi pecho derecho, el calor reconfortante de sus brazos en torno a mi espalda, hacen que esos impulsos nerviosos vuelvan a circular por mi cuerpo y mis brazos abrazan el cuello de mi animago favorito.

Le abrazo con fuerza, como si se fuera a evaporar de un momento a otro entre mis brazos y estos quisiesen impedirlo. No sé cuánto tiempo pasamos así. No sé si son minutos, horas, o días. Sólo sé que no quiero separarme otra vez de él. No quiero dejar de sentir el calor de su abrazo. No quiero que su inconfundible olor deje de introducirse en mis fosas nasales.

- Me quedaría así eternamente – susurra Sirius sobresaltándome – Pero mi vejiga no está dispuesta a hacerlo.

- ¡Oh, lo siento! – Me disculpo y me doy cuenta por primera vez que mi vejiga también va a estallar de un momento a otro – Pasa.

Al soltarnos siento un vacío en mi interior. Lo ignoro y me giro para abrir la puerta.

- El baño está en la primera puerta del pasillo de la izquierda – le indico.

Yo voy a la cocina a beber agua porque tengo la boca seca. Pero es un error, ya que mi vejiga no admite más líquido, así que salgo corriendo al servicio que se encuentra en mi dormitorio. Cuando salgo, Sirius está en el salón viendo fotos, algunas mágicas de Hogwarts que saqué de un baúl que tenía escondido; otras de Day; mías... , y otras muggles.

- ¿Y esta niña tan guapa quién es? – Me pregunta al verme señalando una foto de mi pequeña. ¿Y ahora qué? ¿Le digo que es su hija? Igual le da un patatús. Acaba de fugarse de la cárcel y puede desestabilizarle; aunque por otra parte ... , acaba de fugarse de la cárcel, así que muy estable tampoco tiene que estar... .

- Mi... , eso ahora no importa – me interrumpo en mitad de la frase - ¿Por qué?

- ¿Por qué, qué?

- ¿Por qué lo has hecho?

- Tenía cuentas importantes que saldar y allí encerrado no podía hacerlo – me responde encogiéndose de hombros mientras sigue mirando fotos – La cara de esta niña me es familiar.

- ¡Deja a la niña en paz! – Me acerco a él y le quito la foto muggle de Day de su mano - ¡Y mírame! ¿Qué piensas hacer ahora? Toda la comunidad mágica te debe de estar buscando.

- Lo sé – contesta – Mañana iré a Hogwarts. Afortunadamente los únicos que sabéis que soy animago sois Remus y tu, así... .

- Espera, espera, espera – le interrumpo - ¿Cómo que los únicos que lo sabemos somos Rem y yo? ¿Qué pasa con Nat y Joy?

- Ary – dice con cautela - ¿En qué mundo vives? ¿No sabes lo que pasó?

- Lo que paso, ¿de qué? – Pregunto.

- Nathaly lleva años en San Mungo y Joy... , bueno, a Joy la mordió Fenir Greyback y ... , bueno, no sobrevivió al ataque.

- ¿Qué? – Atino a decir.

- Que a Nat... .

- Ya te he oído la primera vez – le corto – No hace falta que lo repitas. ¿Cómo, cuándo, dónde, por qué?

- La verdad es que yo tampoco me enteré de mucho – me dice – Ya sabes que en Azkabán... .

- Si, si, lo sé – dice – Pero cuéntame lo que sepas.

- No se lo que estuvo haciendo Nat desde que me encerraron, pero hace tres años la atacaron unos mortífagos y la torturaron hasta la locura igual que hicieron con Fran y Alice Longbotton – me cuenta. Se sienta junto a mí en un sillón y me toma la mano.

- ¡Merlín! – Exclamo - ¡Eso es horrible!

- Si, si que lo es – coincide Sirius. Nos quedamos unos minutos en silencio. Todas mis amigas. Las mejores amigas que he tenido y que he podido tener, están muertas o inválidas... .

- ¿Y Joy?

- De eso si que no que no se nada más – me dice – Solo que la atacó un hombre lobo y murió.

- ¡Vaya! – Digo, y como siempre que me entero de algo que me afecta, una coraza de frialdad se crea en mi interior - ¿Por qué no te das un baño?

- ¿Qué? – Sirius me mira sorprendido. Supongo que no se espera tan rápida recuperación por mi parte.

- Que te des un baño – repito. Sonrío – Empiezas a oler mal.

- Si tú lo dices... .

Estoy preparando la comida cuando Sirius sale del baño. Su pelo vuelve a estar limpio y se ha afeitado la barba.

- ¡Canuto! – Le oigo exclamar. Me giro y está en el umbral de la puerta jugando con el perro que me regaló - ¿Todavía vive?

- Si – contesto – Le cuido mucho.

- No lo dudo.

- Venga vamos a comer – le digo – Espero que te guste.

- ¿Lo has hecho tu? – Pregunta mirándome receloso.

- Claro.

- ¿Por qué no pedimos una pizza? ¿O comida china? – Sugiere.

- ¿Qué te pasa? – Le pregunto en poco mosqueada.

- Nada – responde con tono de inocencia. Le miro arqueando una ceja – Ary, no te enfades. Lo que ocurre es que... , bueno... , la cocina nunca fue tu fuerte y ... – mientras él habla, yo me voy acercando con expresión amenazante – Y llevo mucho tiempo alimentándome de ratas, y me gustaría comer comida de verdad.

- ¿Qué insinúas? – Le pregunto. Mientras que yo me acerco a él, Sirius va retrocediendo y ya hemos llegado al salón - ¿Qué mi comida no es de verdad?

- No Ary, de verdad que no he querido decir eso. – Aclara con un tono entre bromista y temeroso.

- Eso espero – contesto. Sigo avanzando hacia él, y él retrocediendo – Porque mi comida está buenísima, ¿o crees que te voy a envenenar?

- No, no, no. ¡Ay! – Ha tropezado con el respaldo del sillón y ha caído hacia atrás. Pero me ha agarrado del brazo provocando que le acompañe en su caída, por lo que hemos quedado tumbados, y yo sobre él. Estar tan cerca de él me pone muy nerviosa. Me reconforta y me asusta a la vez.

- Pero sé algo que puedo comer y me encanta hacerlo – me dice.

- ¿A si? – Contesto - ¿Y qué es?

- Esto – responde antes de hacerme una demostración práctica besándome como hacía años que nadie lo hacía. Yo le respondo al beso. La verdad es que a mi también me encanta el cambio de..., alimentación.

Nuestras ropas quedan tan olvidadas como la comida que he preparado cuando su dedo corazón vuelve a recorrerme la espalda.

- ¡Auch! – Me quejo cuando caemos al suelo invirtiendo la posición y quedando yo bajo su cuerpo desnudo. Pero seguimos "comiendo" aquí abajo.

...

- ¿Estás dormido? - Le pregunto; la "comida" nos ha durado toda la tarde, y la luz de la luna se filtra ya por la ventana de mi dormitorio, donde hemos decidido trasladarnos.

- No – dice moviendo el piercing de mi ombligo. Yo estoy de espaldas a él, con la espalda apoyada en su pecho y su brazo rodea mi cintura.

- ¿Por qué has venido a mi casa? – Le pregunto.

- ¿Te ha molestado? – Dice.

- No, no, para nada – aclaro – Solo es curiosidad, como has dicho que tenías cuantas que saldar, me extraña que las hayas pospuesto solo por "comer comida de verdad".

- Verte era una de esas cuentas que saldar – contesta – Además me debes una cena que llevo esperando 13 años.

- ¿No te conformas con la "comida"? – Le pregunto con ironía.

- Para nada. Buenas noches Ary – dice besando mi mejilla.

- Hasta mañana Sirius – le digo medio dormida.

- Te quiero

- Yo también – me giro y nos besamos antes de caer dormida entre sus brazos.

...

Los rayos de sol calentando mi rostro me despiertan, mas no abro los ojos. Sonrío y palpo el colchón que se extiende junto a mi esperando encontrar a Sirius a mi lado, pero no está ahí. ¿Acaso todo a sido un sueño? Abro los ojos y siento la sábana rozando directamente mi piel desnuda, por lo que deduzco que no ha podido ser un sueño. Me envuelvo en la sábana y me levanto buscando a Sirius por cada rincón de mi casa, pero no le encuentro. Cuando entro en la cocina veo, junto al plato vacío de la comida que le preparé ayer, que al final se ha comido, una nota.

"Ary:

Siento haberme ido así, sin despedirme, pero de otra forma hubiese sido muy doloroso, y estoy seguro de que al ver la tristeza en tus ojos ( sé que no me hubieras pedido que me quedase) no habría sido capaz de marcharme.

Espero que nos veamos pronto. Pensaré en ti cada día como he hecho hasta ahora, y eso ha sido lo único que me ha impedido enloquecer en Azkabán.

Te quiero, te amo, y siempre lo haré.

Sirius.

PD: Aunque has mejorado tus habilidades culinarias, aun me debes una cena, no lo olvides."