DISCULPEN LA TARDANZA EN LA REDACCIÓN DE ESTE CAPITULO PERO ESTOY NAVEGANDO EN TAREA Y NECESITO MUCHO TIEMPO PARA HACER LAS MAQUETAS QUE LOS INCOMPRENSIVOS ARQUITECTOS ME DEJAN SIN PIEDAD... GRACIAS POR ESPERAR. )

Capitulo 19: Un país a la vez

Todo el pánico de esta noche había agobiado al Sr. Hellsing. Alucard había ofrecido sus servicios pero no aseguraba que los herederos llegaran al hospital con bien… Todo era… un desastre.

Por otro lado, Integra ya ni podía caminar... aguantaba el dolor tratando de hacerse la valiente, tras unas horas Helena apreció con un auto en la entrada para llevar a la dama al hospital, el camino estaba muy fluido, es decir, no había tráfico. Así que llegar a emergencias les tomo como unos 30 minutos. Al llegar al hospital les atendieron de inmediato y casi de inmediato se escuchó un llanto y después de cinco más el otro, Alucard sonrió.

- en otra situación, los herederos habrían nacido en cuna de oro – decía aún sonriendo – pero la guerra lo impidió, no fue muy buen momento para que llegaran al mundo.

- si, pero los bebés no deciden cuando nacer… tendremos que buscar un lugar para mantenerlos a salvo. – decía Seras, entrando a emergencia junto a Walter quien ya llevaba la taza de té nocturna de Sir Integra.

- No creo que Integra tenga ganas de tomar té en este momento – dijo Helena – debe estar cansada – añadió.

- Se equivoca Srita, una taza de té viene bien para relajarla y hacerla descansar tranquilamente después de tanto ajetreo.

- Decían hace cientos de años que el té de manzanilla, ayuda a desinflamar – dijo Alucard, que por primera vez había dicho algo "decente" y sin sarcasmo alguno. – deberías llevárselo ya debe esperar el té.

- debo pasar a ver a los bebés, ya deben estar con Integra – dijo Alucard – me encargaré que sean unos dignos hijos de su madre, unos dignos Hellsing…

- ¿dijo "unos"? ¿cómo sabe que son hombres? – dijo Seras nuevamente, sentándose a un lado de Helena, ambas habían quedado solas.

- ¿Qué ha pasado con Pip? – dijo Helena sonriendo con tranquilidad.

- pues nada bueno, sabe Helena, me ha platicado que todo ha estado de mal a peor – dijo mirando el piso – ha vuelto la mansión en un refugio para las personas que se han quedaron sin lugar.

- ¡Mira! ¡Qué excelente idea! Ja! Ni a mí se me habría ocurrido. – Sin duda Helena estaba nerviosa, la enfermera que atendía urgencias les escuchaba muy atentamente.

- Mañana mismo deberemos partir a Londres – miró hacia la habitación de Integra – ¿como está todo en general?, por que llegaron muy rápido ¿sabes? – decía mientras regresaba la vista hacia Seras.

- En la mansión, todo en calma, es más bien la ciudad la que está en ruinas – bajó la mirada

- ya veo- con tono de alegría – iré a ver al amo, ya debemos irnos.

Se levantó de su asiento y se dirigió hacia la habitación y tocó la puerta. Le abrió el feliz padre, Helena con cara de tedio pidió hablar con Alucard. En cuestión de segundos el Vampiro salió. Se dijeron unas palabras y luego de eso salieron juntos del hospital.

- ¡Es una hermosa noche! – sonrió Alucard.

- Así es amo – le miró la castaña y de nuevo devolvió la mirada al cielo y desaparecieron del lugar y enseguida llegaron a un aeropuerto. Helena se asomó a la ventanilla pidiendo dos boletos para llegar a Inglaterra y rápido. El vuelo más próximo salía en una hora, no llevaban equipaje, así que, le aligeró el ascenso al avión.

Cuando llegaron a Inglaterra inmediatamente se trasladaron hacia la mansión Hellsing, tal era la impresión de Helena al ver tanto desastre, gente muerta… que mejor decidió no mirar hacia ningún lado que no fuera hacia el frente. Así llegaron a la casona y vieron personas desayunado con tranquilidad, niños que preocupados lloraban por su mamá. Helena se acercó a uno de ellos y les prometió que los encontraría; por su lado Alucard miraba molesto tanta gente junta y en la mansión, pero ya estaba advertido, nada de muertes, desapariciones o "cenas inocentes" con lo inquilinos.

Así bajaron a las mazmorras y cenaron su habitual sangre, extrañaban a Walter quien era el que les llevaba sus bolsas de trasfusiones para cenar, platicaron un momento y luego Helena subió inmediatamente a buscar a Pitt.

- Hola Pitt – dijo como una aparición espectral, por lo que el pobre hombre sintió unos calosfríos recorrerle hasta la médula espinal. Miró sobre su hombro con un poco de nervios. - ¿Por qué me temes? No te comeré, ya cené…

- Hola señorita Helena- con claro nerviosismo - ¿Qué se le ofrece?

- bueeno, quisiera saber si tienes un registro actualizado de toda la gente que tienes aquí albergada, por si alguno de los familiares quisiera saber si están aquí – dijo mirándole con una sonrisa.

- si señorita, con forme van llegando, los voy escribiendo, ahora hay solo 20 personas, esperamos salvar las más posibles – dijo con tono serio

- gracias Pitt, que bueno que llevas un registro. – sonrió otra vez y se fue.

La joven caminó derecho hacia su habitación y la abrió sin más. Ya no era sorpresa ver a Alucard ahí husmeando lo que no le importaba, le miró y con cara de tedio le preguntó que hacía en su habitación removiendo las cosas de sus cajones. El vampiro no dio ni la más pequeña importancia y siguió haciendo lo que tenia que hacer sin importancia alguna.

- Amo ¿Qué es lo que busca en mi cajón? – la vena de la sien le temblaba, si hay algo que a cualquier persona le molesta es que le revisen su cosas y esto también incluye a los Nosferathus.

- Nada querida, solo esperaba encontrar algo interesante – se sentó en la cama – las mujeres siempre tienen algún artefacto extraño y pensé que no serias la excepción, pero me equivoqué, no tienes nada extraño.

- ¿¿ – No tenía coherencia lo que le había dicho, revisaba sus cajones sin ningún motivo aparente. – me voy – fue lo único que dijo y seguido de eso y aun con su expresión de atolondrada salio del lugar hacia la sala de TV donde ya había unas cuantas personas viendo las noticias:

Después de la explosión registrada hace ya tres días, la población londinense no saben a que se debe tanto alboroto y demandan que esto acabe pronto, cientos de familias se han disipado y están concentrados en diversos centros que se han implementado en hogares, hospitales, centros religiosos y demás, los responsables de estos lugares ponen una lista en la entrada con un concentrado de las personas y edad de estos por si algún familiar de ellos desean encontrarlos.

Por otro lado del gobierno insiste en que no hay razón para que la declaración de estado de emergencia se dictamine, debido a que no es culpa del país. Muchos están saliendo del país hacia lugares más tranquilos en busca de paz. Por mi parte eso es todo.

Todas las personas se quedaron expectantes mientras Helena apagaba la TV.

- Es increíble que no vayan hacer nada, ¿Qué piensan que somos? ¡animales! - decía una mujer mientras abrazaba a su bebé. Helena miraba con tristeza, no llevaba puesto ningún tipo de protección, así que dejó a la vista ojos tan extraños, nadie lo notó pues ya se había desencadenado una discusión.

Salió del lugar, miró hacia todos lados y lo único que podía ver era un cuadro extremadamente miserable de humanos que lloraban lo que había sido su vida. Caminaba entre las personas verificando que todo fuera bien y no hubiera ningún tipo de problema, sin embargo, una niña de escasos seis años le llamó la atención, estaba sola, no había nadie que aparentemente le cuidara, estaba hasta atrás de una maraña de personas que querían obtener algún tipo de alimento que se les proporcionaba.

- oye, ¿ya comiste? – Le dijo la mujer de ojos carmesí. La niña sencillamente bajó la mirada y tímidamente dijo que no había podido conseguir nada de comer –Ven conmigo – dijo abriéndose el paso entre la gente - pidió a una de las personas un platillo de comida para la infante, enseguida la tomó de la mano y la llevó al comedor, un grupo de hombres la miraban al entrar a la gran habitación, sentó a la pequeña y supervisó que ingiriera todos sus alimentos, cuando hubo terminado la dejó en una habitación que estaba destinada para los infantes que se habían extraviado durantes las explosiones.

- Hay algo tan frágil en los seres humanos que me gusta apreciar, tan solo con una pequeña sonrisa confían tontamente en alguien, hasta en alguien como nosotros… - se decía a sí mismo, pero con obvias intenciones de fastidiar a Helena.

- No entiendo lo que dice, lo juro, sencillamente, no entiendo – entró a su habitación y se recostó en su cama – ataúd. Seguido, se escuchó un gran estruendo, cercano a la mansión, Helena se levantó insofacto y se apresuró a llegar a la salida. Alucard, sencillamente se sentó en la cama, esperó por varios minutos y luego se fastidió de esperar a que su víctima entrara por la puerta así que puso en práctica un antiquísimo proverbio: "si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña". Y así lo hizo, salió y se dirigió hacia la cocina, donde Helena estaba tomando su bolsa de transfusión. El famoso Vampiro le miró sarcástico…

- Lo siento, pero ya tenia mucha hambre, amo – dijo dándole un sorbo más a la bolsita transparente.

- Pasó algo durante mi "ausencia"? – caminó hacia ella.

- nop – dijo tragando la sangre, sonrió, lo cual se le hizo muy extraño a él – ahora mismo Pitt está trayendo a los sobrevivientes de la explosión, si llegara a pasar algo más, iría usted… volvió a sonreír.

- ¿¿ – ahora si, no entendía nada. Helena solía ser incomprensible a veces, pero esta vez solo no se daba a entender, ni él mismo, podía deducir que quería.

- amo, ¿porqué está guerra no es más estruendosa y sangrienta? - Terminando de tomar el ultimo sorbo, caminó de nuevo al refrigerador y sacó una nueva bolsa, pero esta vez sería para su amo, sin más, se la lanzó, el vampiro reaccionó rápidamente (como si fuera algo extraño en él) y atrapó la bolsa, eso lo asombró todavía más; hasta empezaba a pensar que Helena le quería jugar una muy buena broma.

- ya lo será. ¿Sabes cual es la regla de oro en el ajedrez? – rio – los peones avanzan primero.

- bien. Ya decía yo porque no estaba matando midians y demonios allá afuera ¡Ja! Supongo que me apresuré a sacar conclusiones. Provechito – salió sonriente de la cocina camino hacia su habitación.

- ¿provechito? – Se dijo, tomo un sorbo – tonta, ¿Qué querrás? – sonrió pues había recordado las bromas que se hacían a menudo cuando no había nadie en la mansión o simplemente cuando Helena estaba aburrida. Si algo podía lograr esa vampira en Alucard era que de alguna forma inesperada él terminara haciendo lo que ella quería, ¿irónico no? Como la vez en que supuestamente Helena cambió su vino por sangre, al principio Alucard dudó la consistencia de la bebida, pero ¿Quién se atrevería a tocar su vino? Sobre todo a sabiendas de que podía perder la cabeza por ello, solo Walter tenía la libertad de hacerlo y eso por es el mayordomo de la familia. El descuido de olerlo, pues a sus cientos de años, ¿Qué necesidad tenía si ya su cerebro descifraba incluso el sabor de un vino fino. Así que, simplemente lo bebió. Eso le supo lo mismo que a un perro un tomatazo, así que lo escupió. Helena reía a carcajadas, Alucard estaba tan molesto que sintió la necesidad de darle un zapatazo en la cabeza con tal de acomodarle las ideas. Pero esta se adelanto y sonriendo le regaló una copa del vino que ya tenía servido, y con una sonrisa, lo compró; aunque él no diera su brazo a torcer o más bien no lo dejara notar. Regresando sus pensamientos al cerebro, decidió mejor ir a su ataúd, pronto seria la hora de la cena y él ya había cenado.

Se acercó a su silla y se sirvió un poco de vino, esta vez tuvo la precaución de olerlo. Una chica se dejó ver frente a él, recargada al otro extremo de la mesa.

- ¿aún recuerda esa pequeña broma? – sonrió, con esa sonrisa que le erizaba la piel a Alucard, no por lo bella que se viera o lo inocente que aparentara ser, sino porque esa sonrisa es la sonrisa que siempre pone antes de jugarle una mala treta.

- es solo precaución- sorbió su vino – ya no sé que esperar de ti – dejó la copa en la mesa – sabes Helena, cuando convertí a Victoria, creí que me estaba volviendo sentimental, pero contigo, pequeña niña, he perdido la poca cordura que me queda, le mostró el pantalón que acababa de quitarse, pues una parte de la tela se había quedado pegada en el asiento de la silla. Helena se dobló de la risa, y apenas podía articular "juro que no lo hice yo" pero su falta de oxigeno y su mirada de una buena broma bien lograda, la delataba. Alucard se levantó del asiento, había ya pensado una magnifica respuesta a su pequeña bromita, caminó hacia ella y se hincó dejando sus caras frente a frente, lo cual ya no le causó gracia a ella.

- ¿qué hace amo? – dijo apenas con un poco de oxigeno para hablar.

- Hermosa sonrisa – le miró más de cerca. - ¿Qué haré contigo? No te soporto, pero también me haces falta cuando te vas, me duele tu indiferencia, pero uno de mis pasatiempos es sacarte de tus casillas. – Helena empezaba a sentir que esto ya no iba como ella quería, la única forma de salvarse de esta, era cooperar o correr….

- Ah, sii… muchos me han dicho que mi sonrisa es bella, ¿sabe amo? Creo que Walter me llama… - y sin más, literalmente salió corriendo hacia la puerta. Sin embargo, siglos de experiencia lo respaldan y obviamente, él llegó primero; Helena se paró en seco y comenzó a reír muy nerviosa.

-dile a Walter que puede vivir sin ti 10 minutos más – cerró la puerta.

- ¡Noooooo!! – gritó pues ya suponía lo que se le avecinaba – corrió hacia algún lugar donde pudiera estar a salvo y solo había de dos: o el ataúd o sobrevivir a la peor corretiza de su vida. Corrió como cuando un gran mastin negro de seis ojos rojos te corretea por la avenida principal de tú ciudad. Los inquilinos que pudieron ver la escena pensaron que era el perro de la chica y que jugaban. Por otro lado Walter hubiese dado su alma al demonio por ver eso. Después de un buen rato, Helena simplemente cayó sobre la pastura, cansada y hastiada de tanto "ejercicio", Alucard solo se sentó con gracia y transmutó en el Vampiro que todos conocemos.

- Espero que me devuelvas el pantalón que rompí gracias a ti – le miró acomodándose a su lado.

- Claro amo, ¿dónde conseguiré una prenda que viene del siglo XVII aproximadamente? – Devolvió con una mirada sarcástica – Es mi forma de decir que debe cambiar de guarda ropas…. Jajajaja…. La verdad es que no. Estaba aburrida y pensé que sería divertido, jamás imaginé (o talvez si) que se le rompería el pantalón. Demás eso es culpa de usted por no medir su fuerza… Ya imaginó como se vería su trasero pegado a una silla estilo imperio, jajajajajaaja.

- ¿ah? ¿te causa gracia? – miró a la luna, se veía amarillenta – debo decirte que ni aun pegado a una silla, pierdo mi elegancia. Pero por un minuto, puedo hacerlo – se tiró sobre la draculina haciéndole cosquillas hasta que se cansó. Nadie hubiese imaginado tales reacciones en Alucard, la verdad era que ni él mismo podía haberse imaginado comportarse como lo hacia.


Espero que te haya gustado tanto como a mí. Hagánme saber si les agrado o que no... DEJENME REVIEWS. OTRA COSITA, SI POR ALGUN MOTIVO QUIERES PONER UN FRAGMENTO DE LA HISTORIA O TOMAR ALGUNA IDEA DE ELLA, PIDEME PERMISO... GRACIAS... NO OLVIDES QUE LOS DERECHOS DE LA HISTORIA SON DE QUIEN LOS ESCRIBE... O SEA MOI... JAJAJA