EPÍLOGO III

TRES AÑOS DESPUÉS

Son las once y media de la noche. Estoy sentada frente al arco en el que llevo años trabajando.

Desde que Sirius lo atravesó hace ya un año, me puse a trabajar en él con más ahínco que nunca, hasta que el 20 de noviembre del año pasado logré hallar su misterio. Todas las almas de las personas que han muerto están tras ese velo, y solo aquellas inocentes gritan a sus seres queridos para ser liberadas. Sólo he podido encontrar la forma de sacar de ahí a aquellos que lo han atravesado directamente, y únicamente se les puede sacar de ahí el día 1 de Noviembre, el día de todos los santos, a media noche.

Así que aquí estoy, sentada en una silla con las piernas cruzadas esperando a que den las doce para poder gritar el nombre del padre de mi hija. Para que la pueda conocer.

Faltan cinco minutos.

Tres minutos

Dos.

Uno.

Treinta segundos.

En quince segundos más le volveré a ver.

Cinco, cuatro, tres, dos, ... .

- SIRIUS IZAR BLACK

Un incontrolable viento comienza a azotar el velo. Escucho gritos, unos mencionan mi nombre con evidente alegría. Escucho risas, lamentos y veo cómo un remolino frente a mí forma una silueta que comienza a volverse más sólida con el paso de los segundos.

El cuerpo de un hombre muy delgado cae al frío suelo de cerámica.

Yo observo todo el proceso sentada sin inmutarme. El hombre me mira, él sabe lo que ha pasado; todos los que entran en el arco, saben cómo salir, pero no pueden hacerlo por ellos mismos.

- Ary – el padre de mi hija pronuncia mi nombre. Yo sonrío, mas no me muevo - ¿Has sido tú?

Mi sonrisa se ensancha, pero no menciono una palabra.

- ¿Por qué? – Pregunta de nuevo Sirius.

- Te debo una cena – contesto – No lo habrás olvidado, ¿verdad?

... FIN DE VERDAD ...