el sueño lo saqué del segundo ova del Hellsing utimate, disculpen, pero se me secaba un poco el cerebro. Gracias por leer.
Capitulo 21: El féretro
- Por toda la carne que es como el pasto y la gloria del hombre es como el pasto. Si el pasto se muere, la flor se marchitará, pero esta mi palabra durará por la eternidad - el mismo hombre empala a Alucard quien lloraba disimuladamente..
- ¿yo he sido derrotado? – dijo tratando de mantener los ojos abiertos y lúcidos, ahora sus ojos carmesí se veían más bien amarillos que soltaban unas cuantas lágrimas.
- asi es… esto es el fin – el mismo hombre de ojos azules le hablaba desde el claroscuro de la noche - Este no es un mal sueño del que puedas despertar. Tu castillo y tus posesiones ahora no existen… tus fieles sirvientes, todos han muerto. La marca de la sagrada hostia ha desaparecido, Ella jamás será como tú – le enterró mas la estaca – conde no te queda nada. Patético rey de los no muertos, ¡no dejas nada! ¡Nada!.
Helena estuvo teniendo pequeños pasajes que por fracciones de segundos recorrían su cabeza. Con eso ya eran tres días seguidos. Alucard, le preguntaba que veía y ella le respondía: "ahora le entiendo". En la noche de ese mismo día (que ironía ¿no?) Ella y Alucard estaban como siempre perdiendo el tiempo, esperando pacientes. Entonces, a la joven le vino a la mente "ella nunca será como tú" y enseguida bajó su mirada, durante esos segundos de debilidad mental Alucard leyó lo que pensaba y ella se dio cuenta.
- ¿quién es ella? – le miró - ¿en verdad fue tan especial para usted en aquél entonces?
- fue importante, no especial. – miró al techo –serás, talvez, el único ser viviente que sepa la verdad. Ella es Mina.
- en verdad ese era su nombre – pensó en la obra literaria.
- sí, una mujer hipnotizante ojiazul, rubia y muy gentil. En aquél tiempo creí, y aun lo hago, que el mundo es mío, mi egolatría superaba los estándares de los ya superados. Fácilmente me confié, confié en un par de ojos coquetos… que estupidez – sonrió. Desde ese momento, fui un poco ciego y no me daba cuenta que todo ese encanto… esa feminidad… no eran por que sí, por algo estaba conmigo. Me querían cazar… y toda esa maldita mesa redonda, que es más bien elíptica ¡qué tarados! Fueron muy astutos, supieron engañarme. Jamás pensé que esa ramera me estuviera acorralando, hasta esa noche… para aquel momento ya era mía en todos los aspectos, así que me confíe más. Ese ancestro Hellsing es el más astuto de todos, me supo esperar. Supo notar mi debilidad y me encerró en estas malditas paredes, humillándome, usándome como un perro guardián para cuidar su casa de los ladrones. Me odié tanto y me juré jamás volver a caer en el mismo error, pero…
- Pero fue tan tonto que se enamoró de su tataranieta. Que triste que Mina le haya pagado así, pero también, ella perdió mucho por un absurdo, pobrecita. ¿Qué sabe de ella? ¿Le ha vuelto a ver? – se acostó en la cama, desde ahí solo podía ver la espalda de su amo.
- No desde esa noche, y la verdad si la viera la asesinaría. – Miro sobre su hombro y regresó la mirada- para mi gracia y su desgracia, no queda amor hacia ella. "solo se puede odiar lo que alguna vez se ha amado".
- Vaya amo, que profundo – cerró sus ojos – creo que hoy será una larga noche ¿no cree?
- Ojalá que lo sea – sonrió – muero por ver la hermosa luna – Alucard se tiró al colchón – será una larga noche.
- sí, de esa de las que se anhela compañía humana – Miró hacia el techo, la chica tenia la mirada fija a la luz.
- ¿compañía humana? - miró sarcástico.
- ¿qué? ¿no puedo tener necesidades humanas? – le miró y vio su expresión pervertida en la cara - ¡digo! No lo mal entienda, no es lo que usted seguramente cree. Simplemente quiero conocer humanos… aunque sé que no es correcto – recalcó.
- ¿no te basta con mi compañía? – se puso serio.
- su compañía es lo único que necesito, amo – se recostó e inclinó hacia el, devolviendo la seriedad - Solo jugaba con usted jajajaja….
- eres una… niña hermosa, la no vida te sienta bien – le rozó la mejilla con los dedos. Ella sonrió levemente.
- Vamos a fuera a ver las estrellas – le tomó por la mano – queda prohibido comer humanos. Eso si es enserio.
- Lo sé – dijo levantándose de la cama. Llegaron al comedor, toda la multitud comía, pero un pequeño bulto les llamó la atención. Al parecer la noche sería mas larga de lo que creían.
El "pequeño bulto" se escabullía con avidez entre las personas del comedor, sonreía de manera burlona a los dos vampiros.
Helena buscaba la identidad del intruso, en ese momento, desapareció. Nadie notó nada. Luego un grito se escuchó en una de las habitaciones del segundo piso. La vampira desapareció y en el acto entró a la habitación de donde provenía el grito.
Ahí estaba Alucard estrangulando a una pequeña de 6 años; la misma niña que una vez llevó a comer al comedor.
- ¡amo! – se acercó a él – es un… ¿vampiro?.
- eso parece. Hay un vampiro original aquí – le arrancó la cabeza, Helena hizo una mueca de asco con susto – busquémoslo no debe haber huido – decía mientras una arenilla tan fina como la harina caía de sus manos.
Salieron hacia el patio, al gran comedor, las habitaciones, no la encontraban, sin embargo, sabían que estaba ahí. Decidieron esperar, al cabo de 20 min. Se dirigieron al campo de entrenamiento; ahí estaba.
El dichoso vampiro era una mujer, no muy alta, estaba en la oscuridad y sonreía muy peculiarmente. Decía llamarse "María" (es un nombre muy común acá en mi país), también se jactaba diciendo que pronto los vencería y que si no lo hacia ella alguien del "Last Batallion" lo haría. Con eso confirmaban que Millenium, estaba inmiscuido.
Alucard sonrió Los estoy esperando pensó para sí. Dile al gordito que estamos ansiosos, los estamos esperando le dijo a "María".
Sin duda Alucard estaba fascinado con la simple idea de regresar a 1945 en vísperas de los últimos días de guerra donde el joven Walter y él (en su forma femenina) peleaban contra un ejército de muertos vivos.
- ¡El gran Nosferatu Alucard! – rió la mujer - ¿y quién es tú compañera?
- Helena es mi nombre – rompió el silencio- ¿A qué haz venido a Hellsing? ¿a morir? ¿o a elogiar a mi amo?
- Un poco de ambos mocosa – miró con sus ojos amarillentos a la Draculina - En realidad, vine a dar un mensaje, ¿por qué te molesta tanto mis elogios hacia tú amo?
- No me gusta socializar con el enemigo – mustió – Danos el dichoso mensaje… anciana – Alucard rió la rivalidad. A esas alturas "María" permanecía en la penumbra. Sin embargo, algo, en su voz le era familiarmente odioso a Alucard; su cerebro lo asociaba con algo muy malo, pero al mismo tiempo cancelaba la entrada al recuerdo en su mente.
- el comandante te manda a decir que te mantengas alerta, que el "last batallion" ya no es el mismo – sonrió – esta vez nosotros venceremos. Adiós cariño – dirigiéndose a Alucard – Hasta la vista mocosa enana – desapareció.
- bruja – Susurró Helena - ¡Aaaah! La odio y aún no la conozco a la desgraciada.
- me gustan tus celos – dijo triunfal – te ves más bonita cuando te encelas.
- ¿celosa? ¡¿celosa yo?! – fingió - ¡soy incapaz , si a usted le gusta que lo elogien ¿porqué me voy a molestar?!
- celosa – remato el vampiro.
-¡No soy celosa y no estoy celosa! – desapareció.
- niña celosa, mmm… me gustan tus celos – sonrió.
En los calabozos Helena se reprendía continuamente celosa yo, ¡celosa yo! Y de él, ¡ja! ¿Pues quien se cree? daba vueltas en su habitación, se sentó en la cama y luego se dijo sé sincera Helena, si estas celosa. Serás tonta en ese momento se le ocurrió una buena broma para callar al egocéntrico inmortal. Pasó las paredes hasta la cocina y con unas pinzas tomó de ahí unos ajos que luego acomodó debajo del relleno del ataúd, pronto amanecería, ya quería ver la cara del Nosferatu huyendo del olor, así que aguardó a escucharlo llegar.
Luego de 10 minutos el airoso vampiro entro a su habitación, al no ver a Helena se dirigió a su ataúd y sin más se acostó ahí, al recostar la cabeza el ataúd se cerró sobre sí, empujó pero no podía levantar la tapa.
- ¿Cómo está amo? – le dijo Helena que estaba sentada sobre la tapa.
- Vampira celosa – sintió el olor a ajo - ¡abre el ataúd! Esta cosa me esta asfixiando…. Helena, abre el ataúd, si no quieres tener un problema conmigo. ¡Abre el maldito ataúd!
- si claro, para que me mate… seguramente – mustió - ¿sabe amo? No midió sus palabras, llamarme a mí celosa, es un ultraje…
- si claro, como tú digas, abre el ataúd, no te haré nada, te lo prometo – pidió con amabilidad.
- pídame disculpas. A final de cuentas no esta Sir Integra, y no tiene porqué enterarse, usted no se lo dirá y yo no se lo diré, jamás se enterara, esto quedara entre nosotros – pidió airosa.
- ¡no lo haré! – dijo indignado – eso no…
- ¡vamos! Tan solo es una disculpa – miro el féretro – además, yo puedo quedarme aquí todo el día y la noche ¿y usted?
- mmm… - "tiene razon" se dijo – esta bien – mustió – me disculpo – dijo con dificultad, como su se estuviera atragantando con su propia saliva – ¿me disculpas bonita? – preguntó con gentileza y en voz baja.
- no le escuché, ¿dijo algo? – sonreía.
- discúlpame Helena supuse algo que no era – dijo mas claro y con obvia pena.
- esta bien – se levantó feliz y quito la tapa al féretro. En el momento Alucard literalmente brinco al otro extremo del cuarto, Helena salió feliz porque había, otra vez, logrado lo que quería, entró a su cuarto y se metió a dormir.
Gracias a todos los que leen y ¡HEY! 1000 GRACIAS JUANIS POR DARME LA IDEA DE LOS AJOS EN EL ATAÚD, espero que te haya gustado como lo introduje en la historia... gracias otra vez :)
