CAPÍTULO SIETE

Un Relámpago Triste:  los Recuerdos...

        Marciala continuó entreteniendo a las espectadoras y preparándose para convencerlas de votar contra el aborto.

Entre payasada y payasada comenzó a dejar salir algunos comentarios serios... y las mujeres del público escucharon atentamente sus argumentos, pues los humoristas siempre dicen algunas cosas serias para emocionar o para criticar.

--¿Saben una cosa, chiquillas?... --dijo la taimada profesora, después de terminar el último chiste--.  Esto de venir a mirar cabros piluchos es un poquito peligroso... porque con tanto filete a la vista una come de más y después termina así de gorda  --con su mano huesuda hizo la forma de la panza de una mujer embarazada--.  No les miento, cabritas.  Quedar embarazada era un problema que mi mamá tenía todos los años.  Mi mamá tuvo catorce hijos y mi papá tuvo ocho... el lechero tuvo los otros seis.   Pero es que antes no existían los anticonceptivos que existen ahora.  Antes había que recibir todo lo que llegara.  "A lo hecho, pecho", decía mi mamá y así terminó dándole teta a catorce críos.  Una sola cosa sí... mi madre nunca quiso hacerse un aborto, porque pensaba que no era justo. "Yo lo hice y yo lo crío"  : así tiene que pensar una mujer valiente.

Las espectadoras aplaudieron emocionadas y el diputado Torremora empezó a arrancarse el pelo de pura rabia, sabiendo que Marciala estaba a un paso de dar vuelta la opinión de las electoras con todas esas ideas que les estaba metiendo en la cabeza.

--Yo no digo que las mujeres tengan que vivir encerradas... Nooooh... --siguió diciendo Marciala--.  No es justo que nos quedemos en la casa cuidando un montón de cabros chicos... ¡Tenemos derecho a decidir cuantos hijos vamos a cuidar!... Pero la solución no es el aborto... ¡La solución es un anticonceptivo bueno!... ¡¡Y gratis!!... Porque tomarse una píldora es mucho más fácil que abortar.  Cientos de mujeres han muerto abortando, pero ninguna se ha muerto por tomar pastillas...

--Las pastillas no sirven  --gritó entonces una de las espectadoras--.  Y los condones se rompen...

--¡Usa condón de lata entonces, amermelá!...  --le contestó Marciala burlonamente, haciendo que todas se rieran de la mujer que se había atrevido a hablar--.   Nooooh... Hablando en serio... Lo que quiero decir es que podemos exigir que nos den anticonceptivos que sí funcionen y no esas porquerías que nos dan ahora.  El aborto es la solución más chanta que nos pueden ofrecer... Es peligroso, es caro y es super mula.  A nadie le gusta hacerse un aborto, ¿sí o no?.  ¿Cuantas prefirieron tener el hijo igual no más, antes que pasar por toda esa hevada tan penca de los abortos?  Mejor es que nos ayuden a evitar el embarazo antes que ayudarnos a abortar... El aborto es para las tontas.

--Hay que hacerla callar... hay que hacerla callar... --gemía el diputado Torremora desesperado.

Y todos sus asesores, ayudantes y secretarios lo rodeaban tratando de darle ánimos, pero nadie aportaba una idea que pudiera salvar la campaña electoral.

--Señor diputado, yo puedo hacer que se baje del escenario.   --dijo Jorge Pablo con decisión y todos se quedaron mirándolo como si estuviera loco.

--Yo también puedo hacer que se baje del escenario   --dijo el Jefe de Campaña burlonamente--, pero después las viejas locas nos matan a todos, porque están fascinadas escuchando a esa maraca de mierda... y no quieren que ella se vaya.

--Además, no basta sólo con hacer que se vaya    --dijo la secretaria principal, mirando a Jorge Pablo con desprecio--.  También tenemos que ofrecerle al público algo que reemplace a la mujer humorista cuando quede el escenario solo.  Tenemos que presentarles otro bailarín, pero ya no tenemos ninguno.

--Yo puedo hacer que ella se vaya sin que nadie se enoje    --insistió Jorge Pablo--.  Y también puedo ser el último bailarín que salga al escenario para cerrar el show.

El diputado lo miró entrecerrando los ojos para evaluar qué tan confiable era Jorge Pablo, y preguntó:

--¿Estás seguro de eso, huevón?  No me vayas a dejar una cagada más grande que la que ya tenemos.

--Estoy seguro.  Puedo hacerlo si me consigo la ropa que me hace falta para salir a bailar.

El diputado Torremora tomó su decisión sin perder más tiempo:

--Denle todo lo que necesita    --le mandó a sus asistentes y en un minuto la nube de colaboradores que rodeaba al parlamentario se trasladó a rodear a Jorge Pablo... y a tratar de ayudarlo.

El muchacho pidió que le dieran algunas instrucciones al DJ y que buscaran en el camarín, por si los desnudistas habían dejado algo de ropa tirada cuando se escaparon.  Los asistentes encontraron solamente una zunga roja, de esas que dejaban casi todo el trasero a la vista, y Jorge Pablo se vio obligado a conformarse con eso y con la misma ropa formal que había llevado para trabajar en el evento: una camisa blanca, un pantalón de traje y la famosa zunga roja, que era bastante difícil de usar.

Jorge Pablo se cambió de ropa interior en el camarín y descubrió que la zunga era una talla más chica de lo que él habría necesitado.  Apenas le tapaba lo que tenía que tapar y se corría por cualquier cosa.  ¿Cómo iba a presentarse con eso sin que se le salieran las presas o se rompiera la tela en el momento más inoportuno?...  Pero no tenía más alternativa y se consoló pensando que por lo menos no iba a tener que mostrar sus propios calzoncillos blancos, que eran harto fomes.

Hubiera querido que Zascha estuviera ahí para darle algunas ideas de cómo hacer mejor su presentación.  Lo único que le quedaba era recordar cómo había bailado el desnudista profesional y tratar de imitarlo... recordando también su escasa experiencia personal en esas actividades.

  Jorge Pablo nunca había bailado desnudo para un público real, en un verdadero escenario, pero sí había jugado a desvestirse frente a su polola y frente a unos cuantos amigos y amigas, cuando estaban en la escuela... a los trece años de edad.

Esa era la travesura por la que Marciala los había delatado.  Se encerraban en una sala durante el recreo y jugaban a bailar desnudos, sacándose prenda a prenda el uniforme escolar, aunque nunca llegaban a quitarse mucho, porque el recreo era corto y porque la vergüenza no los dejaba llegar muy lejos.

Por eso recordaba a la tía Marciala con una extraña mezcla de cariño y rabia al mismo tiempo. La tía Marciala había llegado al colegio ofreciendo ser una gran amiga para sus alumnos.  Se integró tan bien que parecía una chiquilla más en ese unido grupo de chicas y chicos.  En un par de meses ya confiaban tanto en ella que le contaron todos sus secretos... incluido todo lo que pasaba durante esos juegos prohibidos, donde participaban doce estudiantes.

La tía Marciala quedó horrorizada... pero en lugar de acusarlos los había protegido.

La comprensiva profesora había hecho un trato con ellos: se comprometió a guardar silencio siempre y cuando dejaran de jugar a eso inmediatamente, antes de que el director los descubriera y los expulsara a todos.  Por desgracia, ellos eran casi niños en ese tiempo y no sabían respetar su propia palabra empeñada... continuaron jugando a lo mismo, tratando de esconderse de la tía Marciala, hasta que ella finalmente los delató.

Jorge Pablo cerró los ojos con pesar al recordar lo que había pasado entonces.  Todavía le dolía mucho el castigo que le habían dado, porque el director los expulsó a todos juntos... y ese grupo de amigos y amigas nunca más pudo volver a reunirse.  Y la polola de Jorge Pablo tuvo un tremendo problema : la mandaron a un lejano pueblo del sur y le prohibieron  volver a ponerse en contacto con sus antiguos compañeros, especialmente con Jorge Pablo.

El muchacho todavía la echaba de menos... y eso que ya habían pasado más de cinco años. (T.T)

¡La vida es entera loca!  Jorge Pablo se rió al recordar todo eso, mientras se cambiaba de ropa interior en el camarín del gimnasio.  Pensar que de todo lo que había aprendido cuando estaba en la escuela, de todas las clases de historia, matemáticas y lenguaje... lo único que le iba a servir ahora iba a ser lo poco que aprendió jugando a bailar desnudo con sus compañeros... Era una de esas ironías estúpidas que a veces tiene la vida.

Cuando estuvo listo para salir del camarín, recordó una última cosa : a su polola nunca le habían gustado las camisas blancas que usaban en el colegio.  Eran demasiado formales, demasiado anchas y no dejaban que su cuerpo se viera bien mientras estaba bailando.  Ella prefería que Jorge Pablo comenzara a moverse con el torso ya desnudo, mostrando desde el principio la espalda y el pecho.

Pensando en eso, Jorge Pablo decidió dejar a un lado la camisa blanca, aunque así limitaría mucho lo que podría hacer sobre el escenario.  A la hora de comenzar a desvestirse iba a tener muy poco de donde elegir : tendría que partir por quitarse los pantalones... y luego sólo le quedaría quitarse la zunga.

Los organizadores del evento se reunieron con Jorge Pablo detrás del escenario y rápidamente se pusieron de acuerdo sobre lo que tenían que hacer.  Jorge Pablo se ubicó detrás de la cortina y esperó el momento preciso.  El diputado Torremora lo miró fijamente y le advirtió:

--No me falles.

--No     --dijo Jorge Pablo, aunque la pura verdad era que no estaba muy seguro de ser capaz de hacer lo que tenía planeado.

Ahora que tenía que salir a bailar y a quitarse la ropa frente a más de dos mil mujeres... se le estaba haciendo un nudo en el estómago y sentía que las rodillas le temblaban de puro nervioso que estaba.  Recién entonces Jorge Pablo empezó a entender que había que ser muy valiente para salir a bailar desnudo.  Eso es algo que muy pocos hombres son capaces de hacer.

Y mientras Jorge Pablo permanecía parado detrás de la cortina, esperando el momento oportuno para salir a escena, Marciala seguía hablando sobre el escenario, sin sospechar que estaba a punto de recibir la sorpresa más grande de su vida.

--¿Y si el gobierno se interesa tanto en controlar la natalidad, por qué no reparten anticonceptivos gratis en todos los kioscos y también de noche?   --preguntó con tono desafiante la delgada profesora.

Las mujeres presentes aplaudieron la idea con tanto entusiasmo como habían aplaudido el discurso del diputado.

--A los políticos debería darles pena proponer el aborto legal, cuando eso es puro matar niños inocentes    --siguió diciendo Marciala--.    Por ahí dicen que los fetos no son personas y que los podemos matar cuando queramos, pero no se vayan a creer eso, chiquillas.  Eso es tan falso como cuando te dicen que la pura puntita...  ¡No hay que creerles!...  Bueno, sí, la verdad es que los fetos son una porquería chica y fea, que no tienen corazón, que no tienen cerebro y que no sirven para nada... pero lo mismo se puede decir de la mitad de los políticos de este país... y nadie los quiere matar por eso.

Y en ese momento, interrumpiendo el monólogo de Marciala, las luces de colores comenzaron a girar y la música de Nueve Semanas y Media se dejó sentir en todo el recinto con una potencia ensordecedora.

Esa era la señal para que Jorge Pablo saliera a escena.  El muchacho tomó aire y atravesó la cortina con los ojos cerrados, sin saber si su plan resultaría bien o mal.

Nunca antes había estado tan asustado en toda su vida.

CONTINUARÁ.

  Piluchos:  desnudos, sin nada de ropa...

Zunga:  prenda interior masculina, similar al colaless que usan las mujeres... O sea que tapa la parte delantera y por detrás lleva solamente un hilo o un tirante muy delgado.

Polola:  novia... esta palabra se usa solamente en Chile, significa una novia informal, sin intenciones de casarse.  La incluyo porque en Chile nadie habla de tener novia... todos dicen mi polola o pololo... y dicen que están pololeando o que van a polorear...

   Trabajé mucho para no incluir ningún chilenismo en este fic... pero veo que hay muchas palabras que no se entienden.  Por favor dejen algún comentario señalando las palabras que habría que cambiar por sinónimos más claros... Y si pueden entenderlo todo, dejen un comentario igual no más... me encantan los comentarios... )