CAPÍTULO NUEVE
Monstruo al Ataque.
Al ver caer a Marciala, el público creyó que eso era parte de la rutina cómica y estalló en una gran carcajada, especialmente por lo natural había resultado la caída.
Jorge Pablo quedó espantado. Él no había esperado una cosa así. Su primer impulso fue arrodillarse y tratar de ayudar a Marciala, pero en ese momento escuchó que el público se estaba riendo y comprendió que las espectadoras no habían entendido nada. Ellas creían que era un desmayo fingido, una payasada más para hacerlas reír... y Jorge Pablo supo que tenía que seguir fingiendo para evitar que el público se diera cuenta de lo que en realidad había pasado.
Entonces se le ocurrió una idea para reemplazar a Marciala en el escenario y seguir entreteniendo al público él solito.
Con el micrófono en la mano, aparentando total indiferencia, saltó sobre el cuerpo de Marciala como si se tratara de un saco tirado en el suelo. Miró al público con arrogancia y dijo fingiendo ser enfermo de malo:
--¡Se desmayó la vieja!... A todas les pasa lo mismo cuando se acuerdan de mí.
El público encontró graciosa esa actitud tan vanidosa y le respondió con un grito burlón:
--Uuuuuuuuh...
--La dura, huevonas de mierda --gritó Jorge Pablo por el micrófono--. Todas las viejas se van de espalda cuando me ven de nuevo... ¿Y saben por qué?... Porque yo soy malo... porque conmigo se portan bien o les saco la cresta a todas ustedes.
--Chaaaaa... --respondieron las espectadoras con ese conocido grito de incredulidad... y después rieron.
Detrás del escenario, el diputado Torremora se puso blanco como cera de vela al escuchar lo que Jorge Pablo estaba diciendo. Desafiar al público de esa manera era demasiado arriesgado. Algunas veces esa forma de hacerse el malo resultaba bien y la gente se reía en lugar de enojarse... pero si el público no lo aceptaba... ¿Y si las mujeres presentes decidían ponerse a pelear con Jorge Pablo en lugar de reírse?.
Por fortuna, las espectadoras lo aceptaron bastante bien y comenzaron a seguirle la corriente a Jorge Pablo. Gritaron haciéndole burla y reclamando juguetonamente, pero no lo atacaron. Querían verlo bailar y querían que siguiera haciéndose el malo, porque los personajes malos siempre le gustan a la gente cuando son divertidos. Y Jorge Pablo se veía tan delicioso sobre el escenario, tan atractivo con su pelo rubio, sus ojos verdes y su cuerpo joven... sin su camisa, con los pies descalzos y haciéndose el enojado como un niñito fanfarrón, creyendo que podía ganarle a todas ellas...
--¿Querían ver veinte minos bailando, las huevonas calientes? --preguntó Jorge Pablo.
--Sííííííííííí... --respondieron las mujeres del público entusiasmadas.
--Se van a quedar con las puras ganas, ¿me escucharon?... Porque yo le saqué la cresta a todos esos mamones y los mandé pa'fuera.
El público respondió con varios gritos que lanzaron las más atrevidas desde diferentes puntos del local:
--Ya, seguro.
--Él no más, pos...
--Estoy que te creo...
--Jura.
--Yo, no más, pos... --respondió Jorge Pablo desafiante--. Yo las quiero tener para mí solo... Me las quiero tirar tranquilo... Me las puedo a todas si se ponen en fila y vienen de a una...
--Chaaaaa... --volvieron a gritar las espectadoras, encantadas con este nuevo personaje que parecía ser una mezcla de humorista y desnudista.
Y mientras él hablaba, el diputado Torremora mandó que subieran unos cuantos asistentes al escenario y bajaran a Marciala, aprovechando que la maestra todavía estaba desmayada.
Jorge Pablo apuntó a Marciala con el dedo, mientras la cargaban entre cuatro asistentes, y dijo con tono fanfarrón:
--Así van a quedar ustedes cuando me las tire... --y luego, como si le diera pena la pobre mujer que estaban sacando inconsciente, dijo regañando a las espectadoras: --Denle un aplauso a la pobre vieja que ya se va... no sean cagadas...
El público aplaudió con ganas la salida de Marciala, creyendo que todo era parte del show y que ahora simplemente continuaría la diversión a cargo de este nuevo personaje cómico.
Jorge Pablo alargó lo más que pudo esa discusión tonta con las espectadoras. Dirigió al público para que gritaran un par de estupideces más y para que hicieran la ola, pero las mujeres terminaron por exigir que comenzara el baile de una vez por todas:
--¡En pelo-ta! ¡En pelo-ta! --comenzaron a gritar todas juntas cuando ya la situación no daba para más y Jorge Pablo comprendió que tenía que darles lo que pedían.
Pasó los dedos sobre la cintura del pantalón y metió la mano dentro, hasta el pubis, haciendo que la tela se levantara como si tuviera una erección tremenda:
--¿Quieren ver algo guuuuuueno... de verdad? --preguntó con picardía.
--Sííííííííííí... --gritaron las mujeres emocionadas, exigiendo que empezara a desvestirse luego.
La música de Nueve Semanas y Media comenzó a sonar otra vez y las luces giratorias se movieron recorriendo todo el escenario con sus vivos colores.
Jorge Pablo bailó lo mejor que pudo sin soltar el micrófono, aunque mantuvo el audio apagado. No lo hizo exageradamente bien, pero tampoco estuvo tan mal. Sabía mover las caderas y bailar ondulando suavemente para mostrar ese cuerpo delgado y apetitoso con bastante gracia.
Las mujeres gritaron y lo aplaudieron, volviendo a desesperarse y a tender las manos hacia el escenario, llamando a Jorge Pablo y gritándole cualquier tontera:
--Mijito rico.
--Huachito carnudo.
--Papito...
--Chanchi perri cuchi huachi...
--¡Quién fuera turnia pa' verte dos veces!
Jorge Pablo tuvo un pequeño problema cuando llegó la hora de quitarse los pantalones, porque esa no era una prenda diseñada para arrancarla de un tirón. No tenía broches a los costados... Eran sus pantalones normales y tenía que sacárselos como de costumbre, abriendo el cierre y bajándolos hasta los tobillos.
Decidió que era mejor ponerse de espaldas, para que se le viera el trasero mientras se desvestía... y cuando sus nalgas quedaron a la vista de las espectadoras, apenas cubiertas por el cordón de la zunga roja... las mujeres enloquecieron otra vez, exigiendo que Jorge Pablo se acercara a ellas y pusiera ese trasero tan rico al alcance de sus manos.
El muchacho terminó de sacarse los pantalones, se volteó de cara al público y sostuvo el pantalón de tela sobre su cabeza, haciéndolo girar como si fuera el lazo de un vaquero.
La zunga roja le quedaba tan apretada que parecía que iba a reventar y marcaba demasiado bien lo que tenía adentro.
Las mujeres chillaban histéricas, con esos gritos agudos que todavía podían lanzar bastante bien, a pesar de estar casi roncas de tanto que habían chillado. Y recordando lo que habían hecho con el pantalón de Zascha, comenzaron a pedir que Jorge Pablo tirara sus pantalones fuera del escenario, hacia ellas.
Jorge Pablo no podía hacer tal cosa, porque si perdía los pantalones tendría que volver a su casa en calzoncillos.
Lo que hizo fue avanzar hacia la orilla del tablado, parándose un par de centímetros más allá de donde las mujeres podían alcanzarlo. Volvió a conectar el audio del micrófono, sacudió los pantalones en alto frente a las espectadoras... y gritó desafiante:
--¿Lo quieren?... ¿Lo quieren?
--Sííííííííí... --aullaron las espectadoras enloquecidas.
--Entonces suban a buscarlo... La primera que llegue aquí y se atreva a bailara conmigo se lo lleva puesto... el pantalón, digo. Si ella quiere que le ponga algo más... nos vemos después afuera.
Fue un verdadero error proponer semejante cosa. Las mujeres reaccionaron como una manada de yeguas desbocadas. En un movimiento general el público se abalanzó sobre el escenario y comenzaron a trepar como monas salvajes sobre las tablas.
Jorge Pablo retrocedió espantado y cayó sentado junto a la cortina de atrás, soltando al mismo tiempo los pantalones y el micrófono, que se apagó al caer, después de lanzar un penetrante zumbido electrónico.
Horrorizado, Jorge Pablo vio como las muchachas más jóvenes y ágiles ya habían logrado subir al escenario y corrían hacia él.
En ese momento supo que ese público descontrolado era capaz de matarlo sin darse cuenta, sólo por la locura de correr a lanzarse sobre él todas juntas. También entendió que si se levantaba y corría lo alcanzarían igual... y de todas formas lo iban a matar por pura jugarreta, sin alcanzar a entender lo que estaban haciendo...
Después se arrepentirían y se apartarían espantadas...dirían que fue sin querer... pero eso no le iba a quitar lo muerto.
CONTINUARA...
Hoy solamente dos capítulos nuevos, porque tengo mucho que hacer... mañana a ver si termino la historia... Chau chau
