Capítulo tres: Pasos.
-''Te lo preguntaré una vez más. ¿Quién demonios eres?''-
Rehina bufó, la habían engañado como a una niña, y ella había mostrado debilidad, algo que le estaba vetado. Sus ojos entonces adquirieron el color del oro, mientras dejaba que su poderes fluyesen por su pequeño cuerpo muerto. Sentía cada poro de la arena del camino en su espalda, y podía escuchar perfectamente los latidos del corazón de los dos hombres que la estaban atacando. En ese momento clavó la mirada en su atacante y lo sintió estremecerse ligeramente sobre ella, pudo oler miedo, sin embargo otro sentimiento se apoderó de ella, y supo que no podría mantener la transformación durante mucho tiempo sin perder el control, puesto que estaba sedienta.
-''Soy la primera en oler tu miedo.''
David soltó una maldición al sentir que unos brazos lo rodeaban por detrás, la vampiresa había desaparecido literalmente de su campo de visión, y cuando vio los blancos e inmaculados brazos rodear su cintura comprendió que él era ahora la presa. Sintió frío en un oreja, y supo que su enemiga esta oliendo su cuello, no esperaba encontrar a alguien con tanto poder en un pueblo tan alejado, y no había tomado la infusión correcta en la taberna. Ahora pagaba las consecuencias, y probablemente lo haría con su vida.
La pelirroja pudo oler la sangre de su enemigo fluir bajo su cuello y deseó beberla, saciar la sed que la estaba consumiendo. Estaba perdiendo el control, y tan rápido como había invocado sus poderes los rechazó, separándose del cazador con brusquedad e imponiendo una distancia más que prudencial entre ella y los otros dos hombres. Aún sentía el calor del humano en sus brazos, y la sed que le oprimía la garganta, mas pudo respirar con dificultad al mismo tiempo que la sensación de necesidad se desvanecía lentamente.
David había sentido el abrazo de la muerte hacía tan sólo unas milésimas de segundo antes, y aún estaba conmovido por la experiencia cuando sintió que ya nada lo sujetaba y se balanceó hasta casi caer al suelo. Con pasos temblorosos se mantuvo erguido y buscó a la vampiresa entre las casas, la localizó a bastante distancia, y pudo ver que respiraba con dificultad, y lo miraba con una mezcla de odio y compasión a la vez. Era la primera vez que tenía este tipo de experiencia, y se inquietó aún más cuando comprendió que la vampiresa se había negado a matarlo, teniendo en cuenta que él lo habría hecho segundos antes sin dudar de haber tenido la oportunidad.
-''¡David!''
Su compañero lo llamaba desde el tejado, sin embargo no se atrevía a despegar la vista de la criatura que le acababa de perdonar la vida, había escuchado historias de vampiros que jugaban con sus presas antes de desmembrarlas y despedazarlas, para luego dejarlas morir al sol.
-''¿Esto es un juego para ti eh?, ¡No eres más que un monstruo, como todos los otros! No eres nada, ¡No eres más que otro Varther...''
No pudo terminar la frase, unos gélidos dedos le rodeaban la garganta y sus palabras se ahogaron antes de salir de su boca. Delante de él un bello y pétreo rostro se encontraba a pocos centímetros del suyo, y los negros ojos brillaban peligrosamente.
''Si quieres mantener la cabeza puesta y el cuerpo con vida no vuelvas a compararme jamás con ese maldito hijo del demonio... No eres más que un estúpido y orgulloso humano que se cree un dios por beber drogas y matar a seres menores... En el fondo no eres mejor que nosotros, la diferencia es que tú sigues vivo, y nosotros no.''
La vampiresa lo soltó entonces, aún taladrándolo con la mirada, recuperando el control de sí misma lentamente. Le temblaban las manos, y no había nada que desease más que separar la cabeza del cuerpo del humano que tenía delante, para así saciar su ira, y la sed que la seguía atormentando. Bufó ofendida y alzó la barbilla mientras desafiaba a su oponente, sin embargo cuando intentó ubicar al otro humano no fue capaz y se sintió en peligro, no sin motivos, pues el otro cazador lanzó un frasco con agua directamente a sus pies. Rehina a penas tuvo tiempo de saltar hacia atrás, sin embargo algunas gotas le habían salpicado en un brazo y no pudo reprimir un gemido de dolor. Retrocedió varios pasos y se ocultó entre las sombras mientras esperaba que sus heridas se curasen lentamente.
David se apoyó en su compañero y buscó a la pelirroja, todo lo confundía una y otra vez.
''¿Quién eres?''
''David, escúchame.''
El susurro de su compañero atrajo la atención del cazador, y escuchó sin despegar los ojos de la sombra que se correspondía con la vampiresa. Sabía que sus heridas se curarían con rapidez y no les quedaba más agua bendita.
''Hay rumores de una...'' Entonces bajó la voz lo máximo posible, en un vano intento de ocultar sus palabras a los agudos oídos de la enemiga. '' renegada''
David abrió los ojos profundamente, sin embargo pudo percibir movimiento en la sombra y se preparó para otro ataque mientras le seguían dando información.
''Dicen que odia a su propia raza, escúchame bien porque podría sernos muy útil, y más aún teniendo en cuenta el poder que posee. Ésta no es una esclava cualquiera, ésta es fuerte... quién sabe...''
La pelirroja había desaparecido de su línea de visión, y David sintió que sus ojos se clavaban en su nuca. Estaba claro que la habían enfurecido profundamente y aquella vez no les perdonaría la vida. Renegada o no, era su enemiga y no podían bajar la guardia. David se giró con rapidez, tirando a su compañero al suelo, y se encontró con los fríos ojos de la vampiresa. Ésta flexionó las piernas ligeramente y David supo que no tendría otra oportunidad.
''Espera, podemos ayudarte...''
Lo había dejado acabar la frase, lo cual mostraba que había captado su interés.
''Nuestro objetivo es el mismo que el tuyo, podríamos llegar a un acuerdo..''
''¿Cómo sabes que puedes fiarte de mí?''
David sonrió levemente y adoptó una postura más relajada, obviando el hecho de que la vampiresa lo seguía mirando con hostilidad.
''Porque podías haberme matado tres veces y no lo has hecho ninguna.''
''Eso no significa nada''
La voz de Rehina era fría, afilada, áspera, sin embargo no estaba cargada de odio como segundos antes, David sabía que estaba ganando la negociación.
''Entonces supongo que tendré que confiar en ti.''
Lentamente unos segundos se escurrieron entre ambas facciones y finalmente Rehina se irguió completamente, sus ojos adquirieron una tonalidad agradable, casi amistosa. La vampiresa nunca antes había contado con ningún tipo de ayuda, y quizá aquellos humanos podrían serle útiles a la hora de interceptar el cargamento de doncellas y paisanas que iban a morir cruelmente. El golpe supondría manifestar una rebeldía que hasta ahora parecía inexistente, pero las sospechas no caerían sobre ella, sino sobre los humanos. El partido era bueno, y no perdía nada intentándolo.
''Llámame Rehina''
La sonrisa de David se amplió entonces y antes la incrédula mirada de su compañero efectuó una sutil reverencia.
''David, para serviros. Éste es Antonio, mi guía.''
''Sé que planeáis interceptar el envío, estamos perdiendo el tiempo, nos vemos en el valle de Surdana. Yo os encontraré.''
Las últimas palabras de la vampiresa no fueron más que un mero suspiro, puesto que ya no había nadie en el callejón. Ambos se miraron confusos y David sonrió levemente, mientras que Antonio parecía enfrascado en sus pensamientos.
''No te fíes de ella, podría ser una espía...''
''No lo es.''
''¿Cómo lo sabes?''
''Simplemente lo sé, ella no es como ellos.''
''Otra vez te estás confundiendo con una cara bonita. Recuerda qué es, su naturaleza la pide matar, no olvides eso nunca.''
''Si es así, ¿por qué no lo hizo cuando tuvo la oportunidad? ¿por qué parecía tan ofendida cuando la comparé a los Von Roy? Cualquiera de su raza lo consideraría un halago.''
''No lo sé, David, pero no bajes la guardia y prepárate para cualquier posibilidad. Esta noche estamos vivos y aún no sé muy bien por qué.''
Las dos figuras montaron entonces a sus respectivas monturas y desaparecieron bajo el manto de la noche, dirigiéndose a la antigua fortaleza de Surdana. Uno sonreía plácidamente, otro suspiraba preocupado.
Mientras tanto una vampiresa acariciaba su brazo aún enrojecido y se mantenía profundamente alerta.
Daría su primer golpe aquella noche.
