Capitulo dedicado a:
moony lovegood, Anabella28, anisza, Anastasia Lila, rosycarmen, jamesandmolly, Vivi-G Weasley, Expeliarmus, Carolina Gatica, carolagd, cecyleonor, Medea Circe, Silver-plated, La .PauliiTah !!! xDD, BiAnk rAdClIfFe, rosycarmen(otra vez), Lady Black, gina lara, anjaliz, hermioneyron, Vicus Riddle, ghysella potter, Huastekita( te suena Dancing and midnight), tatis...y a todos los que leen este humilde fic y que NO dejan review...
Espero no olvidarme de nadie. Muchas gracias por los reviews y por ser pacientes.
Sin mas que agregar, aquí les dejo con este nuevo capitlo.
Advertencia: Capitulo Lemon, si eres susceptible a este tipo de cosas, sobre relaciones sexuales, mejor no entrar. Puede ser dañino para la salud. Ya están advertidos.
23.-La verdadera cara de la araña.
"Marieta Edgecombe…, Marieta Edgecombe…" ¿Quién demonios era Marieta Edgecombe?
Harry no la recordaba, no tenía ni la más mínima idea de quien podía ser esa mujer, sin embargo, en el escaso minuto en el que su mente trabajó fervientemente, ya que si bien el apellido Edgecombe no le decía nada pero el nombre le sonaba familiar…
"Marieta, Marieta…"
Entonces, Harry abrió los ojos como plato al recordar a la única Marieta que conoció en toda su vida.
-No puede ser…- dijo- ¿La amiga de Cho?
Miro a Jeffrey con incredulidad, sólo para ver como este lo observaba con suma seriedad y cierta cautela, como si estuviera esperando algún tipo de reacción de su parte. Pero la única reacción de era la eminente incredulidad.
-Sé lo difícil que debe ser para usted creer esto, pero es la verdad. Aranzazu Ziang no es otra que Marieta Edgecombe.
Harry sacudió la cabeza.
-No. Esto no es verdad. Esta mintiendo.
-No tengo porque mentirle. No gano nada con hacerlo. Créame que le digo la verdad.
-No puedo creerle.
-Pero debería!- exclamó Jeffrey fastidiado ante tanta cabezonería.
Harry lo miró con ganas de despellejarlo vivo.
-¿Y que le hace pensar que debería creerle sabiendo la clase de persona que es?- le dijo con la voz amenazante.- No señor Marshall, no le creo ni una sola palabra. Todo esto debe ser invento suyo para de una u otra forma librarse de la cárcel que es donde debería estar por secuestro, por que eso lo que usted ha hecho con mi esposa e hijo: los secuestro durante tres años, sin embargo, por consideración a Nandini, no he hecho nada para encerrarlo en la cárcel y mucho menos lo he buscado para matarlo.
Silencio.
Luego Jeffrey dijo:
-Reconozco que actué mal, pero ya le dije mis razones.
-Una razón que no tiene ni el más mínimo sentido de ser. Porque, por si no se ha dado cuenta, Marieta Edgecombe y Aranzazu Ziang son mujeres totalmente diferente tanto física como emocionalmente.
-¿Acaso usted nunca ha oído de las cirugías plásticas?- soltó Jeffrey. Harry lo miró desconcertado- Aranzazu Ziang, mejor dicho, Marieta Edgecombe, se hizo un cirugía facial, ya que deseaba hacerse modelo para, así, de alguna u otra forma lograr llamar su atención, ya que como acababa de quedarse "viudo" y se había empezado el rumor de que estaba saliendo con modelos…- se encogió de hombros- por otro lado, según Dayanne, Aranzazu Ziang sabía que usted nunca se fijaría en ella si desde un principio sabía quien era.
Otro silencio.
Por más increíble y descabellado que pareciera, su historia tenía lógica, aún así, Harry no estaba dispuesto a creerle una sola palabra.
-¿De verdad cree que después de lo que hizo voy a creer en su historia? No me tome por imbécil.
Jeffrey se vio obligado a luchar consigo mismo para no tener que soltar que no era un imbécil, sino, un completo estúpido.
-Bien, por lo que veo a sido una pérdida de tiempo venir aquí y tratar de convencerlo de la verdad (Porque es usted más terco que una mula.)- se abstuvo de añadir.- Sin embargo, si cambia de opinión puede buscarme en mi casa de la ciudad, pues estaré un par de semanas más antes de irme y…
-Puede esperar sentado, porque no pienso buscarlo.
-Comete un error- dijo el Marshall con una lúgubre sonrisa.
-El que comete un error, un gravísimo error es usted- dijo Harry harto ya.- Así que solo se lo voy a decir una sola vez: Aléjese de mi familia, porque la próxima vez que lo vea cerca, créame que no me importará ensuciarme las manos con su sangre.
Y no fue una amenaza o una advertencia, fue un aviso.
-La próxima vez que nos veamos, será porque tarde o temprano se dará cuenta de la verdad.
Le dijo a Harry, aunque el no le oyó. Se había marchado ya.
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Tras disculparse con los recién casados, Harry y su familia se marcharon hacia el Valle de Godric.
En todo momento, Harry se mantuvo en el más completo silencio mientras conducía hacia su casa. Ginny a su lado lo observaba detenidamente como si quisiera descubrir a través de su expresión lo que pasaba por su cabeza. Los niños atrás, Matt, dormitaba sobre el hombro de Jarod mientras este miraba una revista de deportes, y los gemelos (que siempre llevaban consigo sus cromos de ranas de chocolate), miraban los recientes cromos obtenidos tras intercambiarlos con unos cuantos de sus amistades.
Cuando llegaron a la casa, Harry se encerró en su estudio. Los niños y Ginny miraron la puerta que acaba de cerrarse bastante sorprendidos por su actitud.
-¿Papá está enojado?- le preguntó James a su madre.
Tras un suspiro, ella le respondió.
-No amor, sólo esta algo cansado y en estos momentos desea estar solo.
-¡Ah!
Pero sinceramente, Jarod no creía que su papá estaba cansado; se daba perfecta cuanta que estaba molesto. ¿Por qué? Jarod tenía el presentimiento de que se trataba por el señor hermano de la mamá de su amiga Prue.
-¿Por eso está molesto mi papá?- le preguntó Jarod a Ginny horas más tarde cuando, tras una cena ligera, él y sus hermanos debían irse ya, a la cama.
Ginny sabía que su hijo mayor era bastante astuto e inteligente para no darse cuenta de lo ocurrido esa mañana, así que no le quedó de otra que responder a su pregunta con la verdad.
-Si amor, esta molesto por eso.
-¿Por qué?
-Pues porque… el tío de Prue hizo algo malo conmigo.- Jarod frunció ligera mente el ceño, y para aclarar la situación añadió- amor, tu sabes que estuve viviendo con Prue y su mamá¿verdad?- el niño asintió- y también sabes que yo no me acordaba de nada ni nadie cuando yo vivía con ellas- Jarod volvió a asentir- Pues bien, el tío de Prue hizo algo malo conmigo. El sabía que yo era tu mamá., Ginny Potter, sin embargo, nunca me lo dijo y tampoco buscó a tu padre para decirle que yo estaba viva. El tío de Prue me hizo creer que yo era otra persona solo para quedarse conmigo.
Jarod tenía la boquita abierta. No sabía que eso había pasado. ¡Ah! Ahora entendía porque su papá estaba tan enojado.
-Entonces ese señor es malo.
Ginny sacudió la cabeza.
-No. En realidad no lo es. Jefrrey me ayudó mucho, me cuido y cuido a tu hermano Matt, por lo que le estoy agradecida, sin embargo, al actuar como lo hizo…
-Es malo- dijo Jarod resueltamente.
Ginny suspiró cansada. No tenía sentido ponerse a discutir con un niño de siete años sobre el comportamiento de otras personas.
-Es tarde- le dijo- Será mejor que descanses, amor.
Jarod refunfuño. No quería dormir, quería saber más sobre el tío malo de Prue… ¡momento! Si el tío de Prue era malo…
-¿Mamá, Prue es mala?
Ginny que estuvo a punto de apagar la lámpara, se detuvo para mirar a su hijo extrañada por la pregunta.
-No cariño¿Por qué piensas eso?
-Su tío es malo.
Ginny negó con la cabeza.
-Amor, por el hecho de que Jeffrey Marshall sea un canalla, no quiere decir que Prue también lo sea.
-¿Entonces no es mala?
-No cielo…
-¡Ah!- dijo un poco mas aliviado. Ginny sonrió.
-Como que mucho interés por Prue¿no?
Sonrojado hasta las orejas, Jarod le dijo:
-Cuando sea grande le diré que sea mi chica.
Ginny rió divertida.
-Ya, para eso aún falta mucho, así que por mientras sólo dedícate estudiar¿va?
Jarod asintió.
Tras darle un beso en la frente y apagar la luz de la habitación, Ginny salió y se dirigió hacia la recamara, sin embargo, cuando su mano tocó el pomo de la puerta la retiró de inmediato y se dio media vuelta. Bajó las escaleras y fue directamente al estudio. La puerta no estaba cerrada con llave como pensó. Entró. Miró en el interior de la estancia, hasta que finalmente dio con él. Estaba sentado en un sillón frente a la chimenea encendida, observando intensamente el retrato que descansaba sobre.
Su retrato.
A Ginny le recorrió un escalofrío por toda la piel, no entendía la razón, pero tenía un mal presentimiento.
Caminó hacia él preguntándose en qué estaría pensando mientras observaba su retrato, que ni cuenta se dio de su presencia.
Harry pensaba en muchas cosas últimamente., pero sobre todo pensaba en alguna solución para descubrir al responsable o responsables del intento de asesinato de Ginny y también… no, no tenía porque pensar en lo que Jeffrey Marshall le había dicho.
-No creeré ni una sola palabra de lo que me ha dicho- dijo en voz alta y a la vez se inclinaba hacia delante para enterrar su rostro entre sus manos.
-¿Harry?- llamó Ginny arrodillándose frente a él y colocando una mano sobre su rodilla. Harry levanto la vista para mirarla.- ¿Qué pasa, amor?
Harry parpadeo varias veces antes de decir.
-No pasa nada.-dijo secamente- ¿Qué haces aquí?
-Vine a hacerte compañía- le dijo la pelirroja con sutileza.
Harry estuvo a punto de decirle que deseaba estar solo, sin embargo, al perderse en delicioso marrón chocolate de sus ojos que brillaba misteriosamente al contraste del fuego de la chimenea, no lo pensó dos veces. La necesitaba cerca. Necesitaba de su calor de su olor. Ella era la única capaz de poder calmar sus miedos y angustias.
Durante tres años la había creído muerta, y todo por qué, porque había unos mal nacidos que querían cobrar venganza por haberles estropeado sus planes. Harry se sentía atormentado por ello ¡maldición! Deseaba acabar con todo de una vez y poder tener una vida tranquila junto a su mujer. Sin embargo, la conversación de esa tarde con Jeffrey Marshall…¡Maldito cabrón! Pese a todo, había algo en su historia que…No. Harry no quería creer, no lo iba a hacer. ¡por favor! El, Harry conocía perfectamente bien a Aranzazu y sabía lo tranquila y dulce que era como para hacer las atrocidades que Marshall aseguraba. No, definitivamente estaba en un error. Por otra parte, estaba la tal Marieta. Harry no la conocía lo suficiente como para opinar sobre ella, pero en varias ocasiones, Harry había tenido que escuchar los relatos de Cho acerca de su amiga Marieta y de lo pesada que se estaba volviendo. "Está medio loca¿sabes?, a veces me da la impresión de que esconde algo y ah! También me he dado cuenta que te mira mucho. Creo que le gustas"- le había dicho una vez.
-Harry…-le llamó Ginny sacándolo de sus pensamientos. El morenito sacudió la cabeza y la miró..
-Perdona corazón¿Me decías?- Ginny lo miró con el ceño fruncido.
-Harry¿Qué pasa?- quiso saber la pelirroja.
-¿Que pasa de qué?
-No sé, por eso te pregunto.
Harry se inclinó hacia ella y le depositó un beso en la frente, luego le instó a ponerse de pié para después sentarla en su regazo. Ella algo confundida por su actitud obedeció sin hacer preguntas. Se acomodó en el regazo de su marido de tal forma que sus cuerpos encajaran a la perfección. Y por manía, sólo por absoluta y completa manía, Ginny empezó a desabrochar los botones de la camisa de Harry.
Él la miró con un brillo especial en los ojos. Adoraba a su mujer; la amaba como nunca jamás creyó se podía amar a alguien. Idiota. Y tan cerca que estuvo de perderla por sus estupideces y luego la cuestión esa del intento de asesinato…
Suspiró.
-Gracias- le dijo hundiendo su rostro en la garganta femenina. A la vez que deslizaba una de sus manos por la piernas, los muslos bajo el faldón que llevaba puesto.
-¿Por qué?- preguntó ella estremeciéndose por el contacto de los labios masculinos sobre su piel, e su mano caliente que la carbonizaba.
-Por existir, por ser tu, por darme la familia que siempre soñé, por ser mi mujer, la madre de mis hijos, mi amante, mi compañera, mi amiga, mi…
-Harry para, para- le dijo divertida y a la vez extrañada por tanto despliegue de halagos o lo que sea lo que Harry le estuviera tratando de decir.- ¿Qué pasa contigo?
El morenito se encogió de hombros.
-Nada. Acaso no puedo adular a mi mujer…
-Claro que puedes, pero…
-Pero nada.
-Harry…
-¡Chitón!- dijo colocando un largo dedo sobre sus labios.- No hables, no digas nada, sólo bésame.
Fue un beso apasionado, rudo y dulce a la vez, con el que le devoró la boca y le saboreó y lamió el paladar. Ella sintió un placer tan intenso que se estremeció a la vez que una cálida y conocida sensación le invadió los pechos hasta sus partes íntimas.
-Harry no…-trató de detenerlo, pero el saborearlo: una esencia sutil y seductora, la afectó como si se tratara de un elixir exótico, que ya no pudo pronunciar palabra alguna. Notó cómo le introducía la lengua, cómo le exploraba suavemente la boca, cómo la deslizaba más y más adentro.
Tras este beso exuberante, Harry redujo la presión hasta que sus bocas apenas se tocaban. La besó con suavidad una, dos veces. Le recorrió la mejilla con los labios hasta el hueco de la oreja. Entonces, al sentir cómo Harry le acariciaba con la lengua y cómo le tomaba el lóbulo entre los dientes, Ginny no pudo evitar emitir un pequeño gemido. Buscó a ciegas su boca, la caricia delicada de su lengua. Y él se las ofreció con un beso tierno pero firme.
-Voy a hacerte el amor, ahora mismo- le dijo Harry a la pelirroja.
Ginny le rodeó el cuello con el brazo libre permitiendo a su marido que la alzara y la pusiera a horcajadas sobre él. Se miraron el uno al otro antes de que Ginny terminara de desabotonarle la camisa y tirara de ella hacia atrás, y le susurrara antes de volver a fundirse en otro apasionado beso.
-Entonces tómame.
La sensación de sus labios le provocó escalofríos de placer por todo el cuerpo. Él le dio un mordisquito en el labio inferior y luego la lamió hasta que ella empezó a respirar entrecortadamente. Rozándola con los labios, Harry introdujo la lengua en su boca y emitió un sordo gruñido de satisfacción. Movió la cabeza para variar el ángulo del beso, haciendo que encajasen mejor.
Se separaron.
Con la respiración entrecortada, Ginny deslizó sus tibias manos por el pecho masculino para luego bajar la mano hacia la protuberancia en la entrepierna de su marido. Desabrochó la bragueta que constreñía aquel miembro viril mientras notaba el aliento contra el pelo. Una vez que abrió bien los pantalones, la erección brincó libre, dura y sedosa, asombrosamente caliente. Ginny excitada, deslizo sus finos dedos sobre el sensible glande y la venosa zona central. Harry masculló su nombre con voz gutural, guiando las manos de Ginny con las suyas, muy despacio, siguiendo un movimiento rítmico, hasta que Harry ya no pudo aguantar más y empezó a liberar a Ginny de su ropa hasta dejar su cuerpo expuesto. Le acarició los pechos desnudos, pellizcó ligeramente el pezón y jugueteó con él hasta endurecerlo. Ella arqueó la espalda, presionando contra su mano, con la respiración entrecortada debido al placer que le producía que le sobase también el otro pecho. Ella se apartó un poco y él acabó de quitarse el pantalón. Luego, una vez que Harry se volvió a colocar bien en el sofá, Ginny volvió a sentarse a horcajadas sobre él, le buscó la boca con besos provocadores, mientras los pezones le acariciaban el pecho y ella se restregaba contra él ronroneando de satisfacción al absorber la calidez del cuerpo masculino.
Él soltó un grito ahogado cuando Ginny deslizó una mano entre ambos. Estaba tan excitado que tuvo que manipularle con cuidado el sexo antes de lograr encajárselo entre los muslos. Su vello púbico le hizo cosquillas en la piel sensible mientras lo guiaba entre los pliegues de su cuerpo. Ginny le había situado la punta del sexo en su abertura, tan ajustada y suave que lo dejó sin aliento. Harry la detuvo antes que continuara y juntos empezaron a guiar el miembro duro hasta la entrada de Ginny introduciéndolo y entonces se produjo el deslizamiento lento y milagroso de la dureza en la suavidad.
Harry recostó la cabeza en el respaldar del sillón con las facciones desencajadas de deseo mientras se miraban a los ojos. Ginny emitió un murmullo de satisfacción y cerró los ojos mientras se concentraba en aumentar la penetración. Se movió con cuidado, mientras ascendía y descendía, y su sexo mojado le frotaba y acariciaba el miembro a Harry. Harry se oyó a sí mismo mascullar súplicas y palabras excitantes, para luego, inclinarla más hacia él y hacerla apoyar más en su cuerpo para ajustar el ángulo entre ambos. Ginny no se resistió ni un solo instante pues sabía que aquella postura sólo aumentaría la profundidad y penetración de Harry en su cuerpo.
—Sí, amor mío... —le susurró, tembloroso—. Así, cariño... Sí, muévete así...
El mundo se redujo al lugar donde ambos se unían literalmente. Ginny cerró los ojos y sus párpados ocultaron su mirada perdida. Harry vio cómo se ruborizaba. La adoraba y, sin dejar de provocarle placer con sus embestidas, lo embargó una ternura inmensa.
—Bésame —pidió con voz gutural, y acercó los labios a los suyos para saborearle despacio la boca con la lengua.
Ginny sollozó y se estremecía de placer con las caderas pegadas a las suyas cada vez que él la penetraba por completo. Harry se entregó a ella para que llegara al éxtasis en grandes oleadas voluptuosas. Cuando se relajó sobre él e intentó recuperar el aliento, Harry le acarició la espalda sudada y le deslizó los dedos con suavidad hacia el redondeado montículo de las nalgas. Para su placer, Ginny se retorció y se tensó sin poder evitarlo.
El latir de sus corazones era lo único que se escuchaba por sobre el crepitar del fuego y sus jadeos. El estudio, su ambiente estaba empapado de pasión y amor recién derrochada.
Exhausta y temblorosa, Ginny se acurruco en el pecho de Harry, que la rodeo con sus brazos y le daba pequeños besos en la frente y en el pelo.
Pasaron algunos minutos en los que se mantuvieron en silencio mientras recuperaban el aliento y sus respiraciones volvían a la normalidad. Recostada sobre el pecho masculino, Ginny podía oír el latir acelerado, satisfecho y colmado del corazón de su amor. Se acurrucó más contra él con un ronroneo casi imperceptible. Harry sonrió a la vez que alargaba la mano para recoger su camisa del piso. Ella lo miraba mientras se dejaba vestir con la prenda., y acarició su rostro con sus delgados dedos hasta tocar sus labios y los abrió ligeramente. Harry que acaba de abotonar el último botón de la camisa, la miró con una ceja enarcada y una pequeña y picara sonrisa.
-¿Quieres más?- le preguntó significativamente.
Ginny sonrió.
-Después- le respondió divertida- ahorita estoy exhausta- acercó su rostro al suyo y le dijo- Pero un beso no me caería mal- le dijo con una sonrisa. Harry inmediato junto sus labios al de ella, y tras separarse, Ginny le pregunto- ¿Ya te sientes mejor?
Sonriendo, Harry le apartó varios mechones pelirrojos del rostro. No había duda que, Ginny lo conocía tan bien, que sabía como calmarlo cuando se sentía mal por algo, sabía como hacerle olvidar los problemas, como hacerle sentir mejor, ya sea empleando sus conocimientos en el campo sexual, o, con un delicioso postre o comida preparada con sus delicadas manos. Sin embargo, el primer campo era el que tenía mucho mas poder sobre él, y Ginny lo sabía.
-Sí, gracias amor- y le besó la nariz pecosita.
-Que bueno- le dijo con una sonrisa- Porque hay un par de cosas de las que quiero que hablemos.
Harry se tensó ligeramente, temiendo que Ginny quisiera preguntarle sobre su conversación con Jeffrey Marshall, algo de lo que no estaba dispuesto hablar con ella¿Por qué? Porque lo dicho por Jeffrey Marshall era una locura que carecía de lógica.
Pero harry no se tuvo que preocupar, por ahora, sobre ese asunto, pues Ginny quería hablar con él de otra cosa. Lo que lo relajó completamente. Para harry, cualquier conversación que no involucrara su encuentro con Marshall esa tarde estaba bien…
-Quisiera retomar las riendas de Ambrossia.
Harry la miró intensamente durante un par de segundos o tal vez meno, antes de responder.
-Corazón, si lo que quieres es mi permiso para tomar algo que es tuyo, no lo necesitas.
Ginny frunció el ceño.
-Yo no te estoy pidiendo permiso, sólo te he dicho lo que pienso hacer.
Harry sonrió divertido. Como le encantaba que ginny fuera tan… directa.
-Muy bien, entonces que así sea. De echo, ya me estaba preguntando, cuándo te ibas a decidir a decidir retomar tu trabajo.
Con una sonrisa divertida, Ginny rodeo el cuello de Harry con sus brazos y acercó su rostro hasta que sus narices chocaron, entonces le dijo:
-Empezare el lunes- le avisó, y luego lo besó apasionadamente, de tal forma que se apoderó de él completamente en todos sus sentidos, así pues, provocando que el fuego se reavivara, sin embargo, cuando Harry ya tenía sus manos puestas en las nalgas de su mujer, masajeando y apretando, y su boca estaba sobre unos de los pecho que se había descubierto, Ginny trató de detenerlo.
-Harry… ah… hay-hay otra cosa de la que…ah… quiero que ha-hablemos- decía entre jadeos.
-Después.- decía él muy concentrado en endurecer el pezón de Ginny que tenía en la boca.
-No…-dijo Ginny sacudiendo la cabeza y haciendo un gran esfuerzo para no sucumbir.- tiene que ser ahora….es-es importante.- logró decir.
Con un gruñido de inconformidad, Harry dejó de jugar con el pecho para mirarla, sin embargo, aunque la boca ya no estaba sobre el montículo rosado, la mano masculina sí.
-Dilo.
Ginny estaba segura que no iba a poder a hablar con Harry si este seguía tocándola como lo estaba haciendo. Le hizo caritas y a regañadientes, Harry retiró la mano.
Tras un suspiro, Ginny le dijo:
-Soy muy conciente de que no quieres hablar conmigo sobre ciertos asuntos…, pero necesito saber algo y…- Antes siquiera que Ginny terminara de decir lo que deseaba, Harry ya sabía lo que le iba a decir.
-No quiero hablar de eso contigo- le dijo mientras la apartaba de sí y se levantaba del sofá.
Su cuerpo desnudo brilló exquisitamente baja la luz del fuego.
Ginny se desconcentró momentáneamente hasta que se obligó a apartar la mirada para seguir con su lucha.
-Pero¿Por qué no? -quiso saber- Que fue lo que Jeffrey te dijo como para ponerte mal, y peor aún no querer contármelo.
"Me dijo que Aranzazu no es quien dice ser, sino, que Aranzazu es una loca desquiciada llamada Marieta Edgecombe."- Pero se mordió la lengua antes de soltar tamaña información.
-Nada que valga la pena- dijo finalmente- Marshall…solo buscaba sacarme de mis casillas, provocarme. Dijo un par de tonterías que…- se encogió de hombros- no vale la pena repetir.
Ginny lo miró con suspicacia, como si quisiera encontrar algun "pero", o cualquier indicio de que Harry le estuviera mintiendo. Sin embargo, nada.
Ginny suspiró. Se acercó a él por Detrás y lo abrazó por la cintura. Su rostro lo hundió en la espalda masculina, y aspiró su olor natural mezclado con sudor de pasión recién derrochada.
-Te creo- dijo más para sí misma que para él.
Y Harry se sintió una basura por tener que ocultarle algo tan delicado como eso.
-Ginny, yo…
-No tienes porque decirme nada si no quieres. Tal vez tengas razón, y lo que Jeffrey te dijo era una tontería que no vale la pena repetir.- Hizo una pausa- No insistiré.
Para ese momento, Harry se había dado vuelta y la miraba a los ojos con un brillo especial: Adoración, amor…
-Además, si fuera algo grave y delicado, ya me lo habrías dicho- dijo como si nada, lo que provocó en Harry cierta tensión, pues era conciente de que estaba traicionando el voto de confianza que Ginny había puesto en él.
Malvada.
De manera u otra le estaba recordando el pacto que habían hecho.
-Si fuera algo grave, te lo diría, pero no hay nada.- dijo seguro, aunque su voz al principió sonó dubitativa.
Ginny suspiró, y se separó de él mientras empezaba a recoger su ropa regada.
-Iré a la cama- dijo- si quieres venir…
Salió del estudio, pero dejó la puerta abierta, y antes de que pusiera un pie en el primer peldaño, Harry ya estaba a su lado. La alzó en vilo y se la llevo a la cama.
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Los días transcurrieron tranquilamente para la familia PotterGinny retomó el mando en Ambrossia con ayuda de Harry que la puso al día en todo lo concerniente al manejo del restaurante, (y en otras cosas, cada vez que se encontraban a solas). Los empleados se mostraban muy amables con ella y le ofrecían su ayuda para lo que necesitara.
-No son más que unos lambiscones- decía Harry frunciendo el ceño, y mirando a los machos que disimuladamente lanzaban miraditas sobre su mujer.
Ginny, que se había dado cuenta del comportamiento posesivo de su pelinegro, sonrió divertida.
-¿Celoso?
Harry resopló.
-Por supuesto que no.- Ginny enarcó las cejas significativamente- Bueno, un poco.
-¿Solo un poco?
-¡Oh, pues! No me gusta que te miren.
-Ya, pero no hay nada de malo que miren, lo malo sería que tocaran.
-Si alguien te pusiera una mano encima…
Ginny suspiró negando con la cabeza. Al parecer lo papeles se habían invertido. Antes era ella quien lo celaba sobremanera, en cambio ahora…, bueno como decía Harry, Ginny estaba bien buena.
Una tarde mientras Ginny y Harry revisaban los libros de contabilidad, Jarod llamó a la puerta del estudio. Ginny al verlo le hizo una seña para que entrara.
-¿Qué pasa cariño?- le preguntó. Harry levantó la vista del libro para mirarlo.
Jarod hizo una mueca de duda. No, mejor no les decía, porque no estaba seguro que le dieran permiso para pertenecer a la liga infantil de quidditch.
-No nada…- y ya se iba, pero se detuvo y regreso la vista hacia sus padres que seguían mirándolo atentamente. Sintió que su carita se ponía roja.
-¿Jarod, hay algo que quieras decirnos?- le preguntó Harry, que lo conocía muy bien.
Jarod sintió que su lengua se le pegaba al paladar. Asintió.
-¿Qué es?- le preguntó- su madre.
¡Oh, bueno! Mejor les decía lo que quería decirles. Solo esperaba que no le dijeran: NO.
-Es que… ¿saben? Mi amigo Alec me dijo que su papá lo va a "escribir" en un equipo de quidditch para niños, y yo… a mi siempre me ha gustado el quidditch y…me gusta ser cazador…
Harry y Ginny intercambiaron miradas, y luego miraron a su hijo mayor antes de decir:
-¿Amor, tu también quieres inscribirte?
Jarod hizo muecas antes de asentir.
-Pero si no quieren…- Jarod miraba los pasadores de sus tenis.
Harry se puso de pie y camino hacia él. Ginny también se puso de pie, pero se mantuvo un poco alejada de padre e hijo. Harry se hincó frente a su hijo y le buscó la mirada.
-Jarod, mírame- le dijo. El niño levantó la mirada azul verdosa, para encontrarse con los ojos verdes de su padre.- ¿Por qué piensas que no vamos a querer?
Jarod se encogió de hombros.
-No sé- dijo finalmente.
-Esa no es una respuesta- le dijo Harry.
Jarod volvió a hacer muecas antes de decir.
-¡Hum!… porque…¡Hum! …el otro día Thor- Thor Finigan, hijo de Seamos- dijo, que a ti ya no te gustaba el quidditch porque por su culpa tu y mi mamá peleaban, y que por eso te fuiste con otra señora. Y…-Guardó silencio, y miró a su papá que tenía un semblante bastante serio, antes de decir:- Yo no quiero que mi mamá y tu se peleen por mi culpa….
-Cariño, cariño…-decía Ginny acercándose y uniéndose a la conversación- Eso fue hace tiempo, y el quidditch no tiene nada que ver con las peleas que tu padre y yo teníamos.
-¿No?- Jarod abrió los ojos interrogante.
-No- dijo Harry.- Tu madre y yo peleamos por las tonterías que yo hacía- dijo por no decir "estupideces".
-Además…,-continuó Ginny- a tu padre y a mi nos sigue gustando el quidditch, o ya te has olvidado todas las veces que tu padre te ha llevado a un estadio a ver un partido, o a ver como entrenan.
-No.- dijo Jarod con una sonrisa asomándose en su rostro.
-Bien, entonces, no sé de donde tu amigo Thor a sacado la absurda idea de que tu padre y yo…
-Yo sí, sé, de donde ha sacado la idea- dijo Harry con el ceño fruncido- Creo que le haré una pequeña visita de cortesía a Seamos.
Ginny frunció los labios.
-No creo que sea para tanto- dijo Ginny,- después de todo…- se encogió de hombros sin decir mas palabras, sin embargo, para Harry aquel gesto fue como si estuviera diciendo: "no son mentiras".
Suspiró.
-El caso es…- continuó Ginny, - Que nuestro hijo quieres jugar quidditch, y creo que debemos apoyarlo.
La sonrisa en el rostro de Jarod se ensanchó.
-Por su puesto- dijo Harry decidido- Es más, entérate que me encargaré de entrenarte como es debido.
-¡Super! Gracias papá- dijo estallando de alegría y abrazándolo. Y luego dirigiéndose a su madre, hizo lo mismo.
Una vez que Jarod salió del estudio, Harry y Ginny se miraron con una sonrisa.
-Creo que habrá que comprarle una escoba nueva.- dijo Harry.
Ginny asintió.
-Y…hablando de regalos- decía volviendo a tomar asiento- El cumpleaños de James y Sirius es el próximo jueves.
-Sí, no lo he olvidado- le dijo Harry.- ¿Por? Piensas celebrar alguna fiesta.
Ginny asintió.
-He pensado celebrarles la fiesta en la madriguera.
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-Harry,Harry! Detente!... No puedes hacerme esto- le gritaba entre lagrimas y desesperación.
-Claro que puedo!... Ya estoy harto... harto de ti.-Hizo una pausa mientras buscaba en el armario una maleta-Nunca debí casarme contigo- Con un simple chasquido de sus dedos hizo que todas sus pertenencias se empacaran solas.
-Haryy! Por favor!..No me dejes!.
-¿Qué parte no entiendes?... Esto se acabo! No te aguanto más. Me tienes enfermo con tus escenas de celos injustificados, me pudre tu manera de ser, por último no te sabes ni comportar... Yo ya no estoy dispuesto a aguantarte mas- hizo una pausa. Todo lo que decía le dolía mucho, tal vez hasta más que ella.
Ginny cayó al piso dolida por todo lo que escuchaba de su marido. Por un momento le pareció que Harry deseo de arrodillarse frente a ella y consolarla. sin embargo,se quedó mirándola sin pronunciar palabra. estaba dicho: la iba a dejar.
-Nos separaremos- sus palabras provocaron un temblor en ella. Instintivamente se llevó las manos al vientre, a la vez que intentaba decirle que no podía dejarla porque serían padre otra vez. Era una bajesa querer amarrar a su marido con un hijo, pero si ese era el único camino, sin embargo, él no la dejo hablar y continuo- La luna de miel numero... quien sabe cuanto termina aquí. Como nuestra historia.
-No..
-Cada quien por su lado. Trataremos de hacer nuestras vidas lo mas tranquilas- Ginny negaba con la cabeza se ponía de pie y quería acercarse a él, pero Harry no la dejaba- Me regreso a Londres. Espero verte allá para arreglar nuestra situación.
Ginny dándose por vencida, sintiéndose humillada y cansada de todo dijo- Si eso es lo que quieres. Eso se hará pero, si cruzas esa puerta créeme que jamás en tu vida me volverás a ver... ni siquiera para darme el saludo.- Hizo una pausa y mirándolo desafiante dijo- Ahora vete. Vete y desaparece para siempre de mi vida.
Harry salió de la habitación, dejando a una destrozada Ginny que deseaba en ese momento que la tierra la tragara y la consumiera en el infierno. Se dijo a sí misma que nunca le perdonaría tal humillación a Harry Potter.
Ginny no supo cuanto tiempo pasó desde que Harry se fuera y la dejara en ese cuarto de hotel, pero decidió que era momento de que ella también se marchara. Necesitaba estar en su casa junto a los suyos, junto a sus niños.
Como si fuera un robot, Ginny hizo su equipaje. Antes de salir, miró en torno mientras cerraba los ojos. Suspiró. Su cuento de hadas acababa de finalizar en una pesadilla. Su vida ya no sería la misma, pues el amor de su vida la acababa de dejar.
Miró la sortija de oro que tenía en el dedo, la contempló unos minutos antes de quitársela y dejarla sobre el buró.
Salió.
En el aeropuerto, Ginny tuvo que esperar tres horas para abordar el avión que la llevaría a Londres.
No se sentía bien, la cabeza le dolía y tenía ganas de vomitar.
-¿Qué me pasa?- se preguntó cogiéndose con ambas manos la cabeza.
-¿Se encuentra bien?- le preguntó un hombre a su costado.
Ginny pensó en responderle que la dejara en paz, pero era tan fuerte su dolor de cabeza, que asintió.
-Me duele mucho la cabeza- dijo, no sé porque, además…- se puso palida pensando en su bebé- estoy embarazada…
El hombre a su costado se removió en su sitio.
-Bien, entonces creo que no debería viajar. – dijo a la vez que miraba en torno -Señorita- le dijo a la aeromoza que pasaba por ahí- la joven se siente mal, sería bueno que la llevara al tópico.
-Lo siento señor, pero ya vamos a partir.
-La joven se siente mal- insistió el hombre- creo que su deber es asegurarse que los pasajeros se encuentren perfectamente antes de viajar¿no? Además, entérese que la joven está embarazada¿Qué pasaría si algo malo llega a pasar durante el vuelo?.
La aeromoza se puso un poco colorada, avergonzada por su comportamiento.
Tras pedir disculpas, la aeromoza sugirió a Ginny a abandonar el avión e ir hacia el tópico del aeropuerto.
Ahí se dirigieron y un "doctor", le ordenó a Ginny no viajar y guardar reposo por lo menos 48 horas.
-Está usted bajo mucha tensión, lo mejor será que regrese a su casa y suspenda su viaje para después.
-Pero, mi casa esta en Londres.
-Bueno, en ese caso vaya a un hotel.
-Usted no entiende…
-Lo primero que debe importarle es su salud y la de su bebé. ¿Usted quiere tenerlo?- Ginny asintió indignada por tal pregunta. Claro que quería tener a su hijo. Ese tipo que se creía.- Entonces obedezca. Regrese a su hotel y guarde reposo.
Refunfuñando, Ginny pidió que sus cosas sean bajadas del avión, y una vez en el paradero de taxis, abordó uno.
Mientras el taxista le ayudaba a guardar el pesado equipaje en el maletero, y Ginny abordaba el automóvil, una misteriosa mujer envuelta en su capa oscura apuntó al muggle con su varita y entonces…, el sujeto quedó bajo su poder.
Ginny que ya se había acomodado en su asiento y miraba distraídamente, dio un brinco de muerte cuando la puerta del vehículo se abrió y la misteriosa mujer ingresó con la varita apuntándole.
-Guarda silencio- le dijo la tipa con una sonrisa maquiavélica, aunque Ginny no le vio el rostro porque lo llevaba oculto bajo la capucha, le dio la impresión de que así era.
-¿Quién es usted?.
-Te dije, silencio- le recordó. Pero Ginny no podía mantener la boca cerrada, necesitaba saber quien era la estúpida que la amenazaba.
-¿Y, por qué tendría que hacerle caso?
-Si sabes lo que te conviene, es mejor que lo hagas.
-Lo que me conviene, es saber quien es usted y que quiere.
La mujer volvió a sonreír, esta vez, Ginny pudo ver su dentadura perfecta bajo la capucha., y supo enseguida que se trataba de una loca…
-¿Qué quiere?
-Pronto lo sabrás- dijo, y entonces el chofer ingresó al automóvil y arrancó el motor. – Vaya por la carretera- le ordenó.
Ginny notó que la mirada del hombre estaba como perdida, y supo de inmediato que estaba bajo algún hechizo.
¿Sería el "Imperius"?- Cual fuera, lo grave era que se encontraba en un grave problema.
El automóvil empezó su marcha y entonces Ginny insistió en saber quien era su captora.
-¿Qué es lo que quiere?
-Quiero que mueras- le dijo con una voz sinistra. Ginny se quedó petrificada.
-¿Por qué¿Qué le hice?
-Existes.- Ginny no le encontraba ni pies ni cabeza a sus palabras.- Eres un estorbo en mis planes, contigo viva, jamás podré obtener el amor del hombre al que amo.
Entonces Ginny lo entendió todo.
-¿Harry?- preguntó con la voz ronca.
-El nunca se fijara en mi si sigues viva, si dejó a Cho, que es la mujer que todas deseamos ser, por ti, menos lo hará conmigo.
-Harry no se fija en el físico, a él le importan más los sentimientos que cualquier otra cosa.
-Sí, si. Bueno, el caso es que mientras sigas viva, el no podrá nunca fijarse en mi, así que… debes morir.
Ginny sacudió la cabeza,
-No puedes matarme.
-¿Por que, no?
-porque primero tendrás que vértelas conmigo.
Entonces empezó una lucha encarnizada entre estas dos dentro del vehículo mientras estas forcejeaban y se arañaban y se golpeaban. Ginny se cuidaba mucho de no recibir ningún golpe en la parte baja de su cuerpo. Tenía que proteger a su bebé y salir de ahí lo más pronto posible.
-Loca estúpida- decía Ginny asestándole un golpe en el rostro, lo que hizo que la capucha que le cubría se le deslizara. Entonces la vio.
Era una mujer atractiva, no había duda, sin embargo, su rostro estaba marcado por pequeñas cicatrices debido a alguna clase de acne. Lo que quizá le hiciera verse menos atractiva.
-¿Quién eres?- insistió la pelirroja en saber, su rostro se le hacía terriblemente familiar. Demasiado. Sabía que la había visto antes, sabía que…no, no podía ser cierto…-Tu eres, tu eres…
-Tu peor pesadilla- dijo la rubia, para luego encestarle una patada en medio del vientre lo que dejó a Ginny sin aliento y llena de pánico.- Te vas a morir.- dijo sacando la varita, para luego apuntar directamente a su corazón.
Con un último esfuerzo, Ginny se hizo a un lado en el último momento, logrando no evitar del todo ser golpeada por una maldición, de la que Ginny jamás había oído hablar. El costado de su cuerpo estaba ensangrentado provocándole un dolor incandescente.
La bruja rubia empezó a reír como una loca. Ginny estaba bastante asustada. Por primera vez temía a la muerte. Sus hijos, su único pensamiento era para ellos. Y el bebé que estaba esperando…No, no iba a morir, no en manos de una loca como Marieta Edgecombe. La había reconocido. La amiga de Cho Chang., no había duda de ello.
-¿Qué es lo que quieres?- le preguntó Ginny con odio.
-Ya te lo dije; verte muerta. De lo contrario, Harry jamás pondrá sus ojos en mí.
"Harry"- Ginny pensó en él y se sintió terriblemente mal. Solo habían sido horas en los que acaban de romper su matrimonio, y ahora esto…
-No será para ti, él jamás se fijará en ti, porque me ama a mí.
-Sí, claro, por eso te abandonó.
Ginny abrió los ojos grandes.
-¿C-cómo es que tú?
-Yo siempre lo sé todo- dijo con una sonrisa triunfante.- Puedo ver el futuro,- le dijo como si le fuera a contar un secreto- Y en este mismo instante estoy viendo el tuyo. Te vas a morir…
La volvió a apuntar con la varita. Ginny luchó, se defendió como pudo, pero estaba herida, débil por la perdida de sangre, y lo peor de todo…su bebé, no quería perder a su hijo, no quería morir. Sus hijos, ellos la estaban esperando. No podía, no debía…por ellos.
Ginny cerró fuertemente los ojos. Necesitaba encontrar alguna manera de protegerse. Entonces lo hizo.
Convocó un poderoso escudo que expulsó a Marieta Edgecombe fuera del vehículo en el momento en el que ella le lanzaba la maldición Septusempra.
Y entonces todo se volvió negro.
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Lloraba, gemía, se retorcía y músitaba palabras y frases incompresibles.
Y Harry estaba desesperado.
-Tranquila, tranquila. No pasa nada, estoy contigo, corazón. Estoy contigo.
Pero Ginny seguía sin dar signos de ponerse bien.
Ocurrió después de la fiesta de cumpleaños de los gemelos. Los invitados ya se habían marchado, y sólo quedaban los amigos mas cercanos y familiares en la madriguera. Ginny, ya daba muestras de no encontrarse bien. Se le veía pálida, desganada… Harry le había preguntado si se encontraba bien, pero ella siempre le decía que no tenía nada, que solo era el cansancio y nada más. No obstante, Harry la conocía demasiado bien para saber que le estaba mintiendo.
Ginny no estaba bien de salud, lo sabía. Y Hermione se lo confirmó después. Le confesó que Ginny andaba demasiado mareada., que tenía fuertes dolores de cabeza y que además le dolía el pecho al punto de sentir que le faltaba el aire.
Eliot le dijo que el estado de Ginny se debía dos razones, una de ellos es que estaba embarazada, y lo segundo, era que al parecer su magia estaba regresando.
-Embarazada.- A Harry no le importaba si la magia de Ginny estaba regresando o no…, iban a tener otro hijo. ¡Merlín! Ginny se pondría feliz de la vida cuando lo supiera.
Sin embargo, llevaba horas sin reaccionar y además, tenía fiebre.
-Calma corazón, calma- le decía sentado junto a ella acariciándole su rostro pálido y sus mejillas encendidas producto de la fiebre. Temblaba.
¡Maldición¿Qué es lo que pasaba con ella? Harry estaba convencido que su malestar no era solo producto del embarazo y del regreso de su magia, era algo más.
-Papá.- Entraba Jarod seguido de sus tres hermanos.- ¿Mi mamá ya está bien?
Tras un suspiro, Harry sin apartarse de Ginny, miró a su hijo mayor que tenía carita de preocupación. Sus hermanos junto a él miraban a su madre, si bien no estaban asustados, el temor de que le pasara algo a su mamita, los ponía mal.
-¿Se va a morir?-preguntó Sirius mirando a su madre con miedo a perderla.
La pregunta tomó por sorpresa a Harry, lo que provocó que se quedara en silencio durante casi dos segundos.
-Por supuesto que no. – dijo el morenito- Tu madre esta perfectamente bien,
-Pero no abre sus ojitos- decía James.
-Es normal- trataba de explicar su padre.- Ginny, está pasando por un proceso…es decir, tu madre esta recuperando su magia y es por eso que está así, además de…- los niños lo miraban con curiosidad.-Bien, veo que deben saberlo. –y luego de mirar a cada uno agregó- Vuestra madre y yo vamos a tener otro hijo.
Silencio.
Y luego los gemelos abriendo grande los ojos mientras intercambiaban miradas decían al unísono…
-Un hermanito nuevo.
-Y por estrenar…
-Jarod, Jarod, yo no entender.- decía Matt a su hermano mientras le jalaba de la chompa.
Jarod enrolló los ojos.
-Un hermanito, es otro bebé.
-¡Ah!- dijo como si todo fuera claro- ¿Como yo?- Jarod lo miró con el ceño fruncido- Yo soy un bebé- explicó.
Y mientras los gemelos discutían sobre como sería su nuevo hermanito y mientras Jarod trataba de hacer entender la diferencia entre un bebé y él, Harry los miraba con un brillo especial en los ojos: orgullo, amor. Como adoraba a sus hijos. Lo eran todo para él, así como lo era Ginny, y eso todo el mundo lo sabía.
Pero nadie sabía que tan fuerte era ese amor que Harry sentía por su familia, nadie, excepto una loca que estaba dispuesta a todo por vengarse ya no solo de Ginny, también de él, por haberla despreciado.
Harry habría querido darles la noticia de la llegada de su nuevo hermano junto a Ginny, sin embargo, debido a las circunstancias, se vio obligado a hacerlo inmediatamente, ya que los pequeños estaban sufriendo con el estado actual de su madre.
-¿Cómo sigue?- le preguntó Ron, horas más tarde cuando los niños fueron llamados a cenar, para luego ser acostados por Hermione, que estaba más que encantada por la tarea. Ron la ayudó, ya que por su estado, tampoco debía esforzarse ni mucho menos afanarse y - o andar de sobresalto en sobresalto, con labores que podrían poner a ella y a sus bebé en peligro.
-Sigue igual, pero la fiebre a cesado. – dijo Harry, mas tranquilo.
Ron suspiró pasando una mano por el pelo rojo.
-¿Qué será lo que tiene? Porque no creo que el embarazo y el hecho de que esté recuperando su magia, la tengan así.
Harry también suspiró.
-Yo tampoco lo creo, sin embargo…- se detuvo en seco, no sabía si contarle a Ron sobre lo del supuesto accidente que había sufrido, no había sido más que un atentado contra ella. Finalmente lo hizo y también le platico sobre su conversación con Jeffrey Marshall., y de lo que este le había dicho sobre Aranzazu.
Ron había escuchado todo con suma seriedad, tanta, que Harry temió que Ron comenzara a echarle una vez más la culpa sobre las desgracias que caían sobre Ginny, o peor aun, que quisiera otra vez romper su amistad.
Silencio.
-¿Sabes algo?- dijo finalmente Ron- Creo que deberíamos dar crédito a las palabras de Marshall.- Harry lo miró confundido.-Bueno, no crees que deberíamos investigar antes de dar por sentado que esta loco de remate?
-Puede ser, pero…para mi esto es muy difícil. No puedo creer en la palabra de un tipo que le ha hecho mucho daño a mi familia…
-¿Pero?- se aventuró Ron sabiendo que existía esa palabra.
-Pero, creo que de alguna u otra forma tienes razón. Marshall me ha dejado con la duda, y la idea por más descabellada que pareciera tiene lógica.
-¿Entonces?
Refunfuñando, Harry le dijo:
-Hablaré con él. Creo que Nandini dijo que aún no se había marchado a España como lo tenía planeado, así que aprovecharé la ocasión.
-Perfecto. ¿Cuándo iremos?- dijo Ron apuntándose al encuentro.- Harry lo miró con las cejas enarcadas- Ey! Alguien tiene que evitar que te encierren en Azkaban por hacer puré de Marshall.
Los dos hombres empezaron a reír, pero enseguida se callaron al escuchar una débil voz llamando a Harry.
Ginny había despertado finalmente, y Harry se precipitó hacia ella.
-Aquí estoy- dijo sentándose junto a ella. La tomó de la mano u la beso- ¿Cómo te sientes?
-Siento como si me hubiese pasado un hipogrifo encima- decía mientras miraba ansiosamente la jarra de agua. Ron al darse cuenta de esto le sirvió un vaso y luego se lo pasó a Harry para que se lo diera.- ¿Qué me pasó?- preguntó llevándose las manos a la cabeza.
-Te desmayaste- le dijo Harry. Estábamos despidiendo a nuestro último grupo de invitados y de pronto te tambaleaste y…- se encogió de hombros.- perdiste el conocimiento.
-Oh, vaya. ¡Qué papelón habré hecho! - dijo lamentándose.
-No pasa nada.- dijo Harry para tratar de animarla
-Sin embargo, nos pegaste un susto.- dijo el pelirojo.
-Lo siento se disculpo.
-Lo importante es que ya estas mejor¿verdad?- le preguntó Ron. La pelirroja asintió, aunque lo cierto era que tenía aún, un poco de fiebre.- Perfecto. Entonces iré con Hermione y los otros para contarles.- dijo y antes de abandonar la antigua habitación de Ginny en la madriguera, le estampó un beso en la frente y salió.
Harry la abrazó, y ella se acurrucó entre sus brazos.
-¿Estas segura que te sientes mejor?- le preguntó el morenito.
-Sí- dijo segura,- aunque…- Harry la miró interesado- Hay algo- dijo finalmente.
-¿Cómo que?- le preguntó él.
Ginny sacudió la cabeza.
-No lo sé. No recuerdo con claridad, o si habré soñado, o no.
-¿Quieres contarme?- le preguntó su esposo.
Ginny como que dudo, pero al final decidió contarle sobre su extraño sueño.
Le contó desde el momento en que salió de la habitación del hotel para marcharse hacia el aeropuerto, sobre su malestar y lo que el "Sanador muggle" le recomendó hacer. Le contó de que antes de que el conductor del taxi subiera al vehículo, una persona encapuchada lo hizo amenazándola con la varita.
-El conductor estaba bajo algún hechizo- le dijo, porque no hacía nada, ni siquiera miraba, estaba como ausente y la mirada perdida; concentrado únicamente en conducir y nada más.- Hizo una pausa, en la que suspiró llevándose una mano a la sien. Le comenzaba a doler la cabeza por el esfuerzo que estaba haciendo para recordar los hechos.- ¿sabes? Esa persona que subió me quería matar, dijo que yo no "debía existir", de lo contrario tu nunca te fijarías en ella.
Ahora las cosas comenzaban a toar un rumbo mas claro para la pareja. Ginny acababa de descubrir que una loca enamorada de su marido había sido la causante de tanto dolor. Por otra parte, Harry ya no pudo seguir negando la posibilidad de que lo dicho por Marshall era una vil mentira.
-Tu…tu viste quien era.- le preguntó apartándose de ella y levantándose de la cama. Ginny lo miraba en el completo silencio. Estaba raro, como tenso, preocupado¿Qué le pasaba? Tuvo un presentimiento.
-No estoy segura, pero… me gustaría saber algo.- dijo masajeándose la sien. Y el dolor de cabeza era cada vez más fuerte. Harry no la miró, pero sabía que su mujer era lo suficientemente astuta como para darse cuenta de las cosas, y él, Harry, era demasiado estúpido para ella, como para intentar ocultarle las cosas.
-Ginny…
-Tú ya lo sabías¿verdad?- le pregunto refiriéndose a su supuesto accidente.
Harry ya no podía ocultarle nada. Tenía que hablarle con la verdad.
-Lo supe hace poco.- confesó.- Recuerdas cuando fuimos a ver a Eliot para hacerte esos exámenes. -Ginny solo lo miraba- Bueno, ahí Eliot me dijo que tenías una pequeña cicatriz en la que hay rastros de magia oscura.-Ginny abrió ligeramente la boca, no creyéndose lo que Harry le estaba diciendo- Pensé entonces que se trataba de mortifagos, sin embargo…
-No fueron mortifagos- dijo Ginny sintiendo que algo caliente, que no era fiebre, comenzaba a sofocarle todo el cuerpo- Fue una mujer. Una tipa enamorada de ti…
Y comenzaba los reclamos.
-Ginny, créeme que yo no tengo ni la menor idea de quien pudo haber…
-Yo sí sé- dijo con los ojos cerrados. La cabeza le dolía demasiado. Harry se acercó a ella pero no se atrevió a tocarla, tenía miedo a que su amor lo rechazara.
-¿Quién?-Sólo pregunto, temiendo a que su respuesta coincidiera con el relato de Jeffrey Marshall, porque si era así, todo lo dicho por este sería verdad, incluso lo de Aranzazu.
Ginny abrió los ojos para mirarlo directamente.
-Marietta Edgecombe.
Estaba dicho.
Era verdad.
Harry suspiró cansado, se restregó la cara con las manos y luego…
-Ya lo sabía- dijo. Y Ginny lo miró asombrada.- Marshall- fue su respuesta ante la pregunta silenciosa de su pelirroja.- Eso y lo otro- dijo refiriéndose a lo que Jeffrey decía sobre: amarla.- eran sus excusas por las que no te quiso devolver a nosotros.
-Dios mío.- dijo Ginny sintiéndose de repente enferma. Miró a Harry como pidiéndole que continuara, pero él no lo hizo, así que preguntó-Y Jeffrey¿Cómo es que él…?
-No lo sé.- Mintió. No quería seguir entrando en detalles con respecto a ello- No se lo pregunté. No quise hacerlo.
-Pues debiste hacerlo.
-Pero no le creí.
-¿Por qué?
Porque no, porque después de todo lo que nos hizo… cualquier cosa que él dijera tenía que ser puesto en duda.
Silencio.
Ginny sabía perfectamente, que Harry tenía mucha razón. Sin embargo…
-¡Esto no es justo!- exclamó ella con reproche- Debiste decírmelo todo en el preciso momento en el que te enteraste. No debiste ocultarme tada.
-Corazón, sólo quería evitarte un mal momento.
-Pero es mi vida, y soy yo quien decide lo que es bueno o malo para mi.
Harry se contuvo de decir algo que a Ginny le habría parecido desagradable lo que hubiese ocasionado un grave problema, así que respirando hondo y contando hasta diez, finalmente dijo:
-Lo siento- se disculpó no solo sorprendiéndose así mismo, sino, también a Ginny- No pretendía excluirte de esto; es solo que no quería que te angustiaras por si las cosas no eran como parecían ser. Perdóname.
Ella lo miró un poco mortificada, por la forma dura como lo estaba tratando.
-Harry, no se trata de que pidas perdón y que yo te perdone y lo olvide. ¡Entiéndeme!, se trata de mi vida, y estoy en todo mi derecho de saber cosas tan delicadas como lo que me acabas de confesar.
-Lo sé, pero sólo pretendía protegerte. Si te pasara algo yo…
-Amor, ya no soy una niña, y mucho menos soy frágil y asustadiza, por si no lo recuerdas, ya soy una mujer que se puede cuidar por cuenta propia.
-Pero no tienes magia, y sin ella…
-No soy ninguna inútil.
-No dije que lo fueras.
-No era necesario decirlo- le reprochó.- Además, no olvides que crecí rodeada de siete hombres. Tus cuñados y suegros, por cierto.
-Como si eso fuera de gran ayuda- mascullo, pero Ginny le escucho.
-Harry- sonó amenazante.
-No dije nada.
-El caso es que no quiero que me sobre protejan.
-sin embargo, tendras que aguantarte., porque este marido tuyo no te dejara a solas ni a luz ni sombra. Cuidaré de ti y de nuestros cinco hijos, aunque la vida se me vaya en ello.
Frunciendo ligeramente el ceño, Ginny le dijo.
-Harry, tenemos cuatro hijos, no cinco.
-Cinco- repitió él con una adorable y tierna sonrisa.- Jarod, Sirius, James, Matt y este pequeñín que está aquí- dijo inclinándose y besando el plano vientre de su esposa.
Ginny tardó un par de segundos en entender lo que Harry le quería decir.
-¿Estas de broma?
Harry negó con la cabeza. Ginny abrió grande los ojos al ver la sinceridad dibujada en el rostro de Harry, y esa sonrisa radiante…
-¿Estoy…esperando?
-Te dije que estoy acostumbrado a cumplir todo lo que mis hijos me piden. Ellos querían un hermanito…
-¡Harry!- Ella le dio un golpecito en el brazo.
Harry rió divertido. Se sentó junto a ella en el cabecero de la cama y mientras le pasaba un brazo por los hombros le iba diciendo:
-Eliot dice que no tienes más de cinco semanas.
Algo sonrojada, Ginny le dijo:
-Bien, eso solo comprueba lo efectivo que eres.
Ginny pudo sentir los labios de Harry curvarse junto a su sien, que era donde él la estaba besando.
-Y tú no te quedas atrás, corazón.
Ginny bostezó.
-Tengo de quien aprender.
Cerraba sus ojos y suspiraba. Harry la recostó sobre su pecho mientras le tocaba la frente. La fiebre, aún no había desaparecido del todo.
-Debes descansar- decía arropándola- Mañana los niños vendrán a verte, y me gustaría que encontraran a su madre con fuerzas y energías.
-Te quedaras conmigo.
-¡Por supuesto! Mi lugar está aquí, contigo.
Ginny se abrazó al cuerpo de su marido, y con una sonrisa en los labios dijo:
-Que Dios me ayude.
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Tres días después, Ginny retomó las riendas de su vida. En las mañanas se dedicaba al trabajo en Ambrossia. Por las tardes a estar en su hogar cuidando de sus hijos y disponiendo de una de las habitaciones para decorar la para la llegada de su nuevo bebé. Y por las noches a pasarla de lo lindo en brazos de su amorzote.
Una noche, después de un delicioso despliegue de energías en el campo amoroso, Ginny le preguntó a Harry si finalmente habían encontrado alguna pista de Marieta Edgecombe.
-Por más que busco, no encuentro ni un solo rastro de ella. Es como si la tierra se la hubiese tragado. Como si nunca hubiese existido.
Ginny suspiró, y tras una leve pausa dijo:
-¿Y que hay con su amiga?- Decía Ginny refiriéndose a su antiguo dolor de cabeza.
Harry supo de quien le hablaba, e inmediatamente le dijo:
-Esté en América. Según sé, se ha casado y tiene una familia.
Ginny lo miró interrogante.
-¿Y, cómo lo sabes?
-Remus- fue su respuesta.- Un amigo suyo, auror creo que es, fue el que finalmente le hizo sentar cabeza.
-Ah¿Y eso… te molesta?
-Todo lo contrario, Corazón. Es un peso de encima, menos.
Ginny guardó silencio antes de decir.
-Bueno, bien por ella¿no? Digo, después de todo estaba perdiendo su tiempo intentando que me dejaras.
Harry suspiró.
-Sin embargo, lo hice.
-Pero no por ir detrás de ella.
-Pero lo hice.
-Harry, ya hemos hablado de eso. Creo que no deberíamos…
-Tienes razón corazón- la abrazaba.- Lo que pasó, pasó. Ya no tiene sentido seguir manoseando las viejas heridas.
-No, no lo tiene- decía la pelirroja trazando con su índice figuras abstractas sobre el pecho de su amor.- Eso, nos deja como en el principio: en cero.
Otro suspiro de Harry.
Era preocupante no saber nada de Marieta Edgecombe, pues tanto Harry como Ginny habían llegado a la conclusión de que había sido ella quien atentara contra ellos, o mejor dicho: contra ginny, la noche en la que estuvieron a punto de hacer el amor contra la pared junto a la puerta del balcón. Resultaba mortificante, que ella supiera todos los pasos que daban, y que ellos no supieran nada de ella.
Pero Harry, tenía la posibilidad de saber sobre el paradero de Marieta Edgecombe. Sólo tenía que decidirse, como le había dicho Ron, a ir en busca de Jeffrey Marshall.
-No te preocupes, corazón, moveré cielo, tierra y mar en busca de esa mujer. Usaré mi influencia, le pondré un precio a su cabeza si es necesario, pero la encontraremos. Te prometo que la encontraremos.
A la mañana siguiente, Harry fue a buscar a Ron a su casa, y le dijo lo que tenía planeado hacer.
-Te acompaño- le dijo decidido. Harry se lo agradeció, así que ambos decidieron encontrarse en la madriguera, donde ambos llevarían a sus esposas e hijos (en el caso de Harry y Ginny), para allá.
-¿Para que quieres que vaya a la madriguera?- le preguntó Ginny un poco recelosa con la actitud de su marido.
-Para que no te quedes sola. Tengo que hacer unas cosas y no sé cuanto tiempo tardaré.- Hizo una pausa- Hermione también estará ahí.
Ginny guardó silencio antes de preguntar.
-¿Se trata de Marieta¿Ya la han encontrado?
-Todavía.- fue la respuesta de Harry. Por más que lo intentara no podía mentirle sobre ese asunto tan delicado.- Pero tenemos una pista y… bueno, aunque no es nada .concreto.
Ginny suspiró.
-Esta bien, esperare en casa de padre, si es lo que quieres- hizo una pausa.- Pero prométeme algo amor- Harry la miro- prométeme que cuando sepas algo, regresaras a mi, tan pronto como puedas.
Harry la abrazó y le dio un beso en la frente.
-Te lo prometo.
Y por alguna razón ginny sintió un estremecedor frío recorriéndole por todo el cuerpo. ¿Qué significaba?
-Me sentí rara- le decía Ginny a Hermione- No sé como explicarlo. Es como si…, como si no lo volviera a ver más.
Hermione la miraba con atención y un poco de preocupación.
-Quizá sea estrés. Harry y tú están pasando por un mal momento. Con esa loca suelta por ahí, planeando quien sabe qué locuras… Vamos Ginny, no te aflijas.
Ginny suspiró.
Creo que tienes razón. Me estoy preocupando por nada¿cierto?- Hermione asintió.
Sin embargo, Hermione también se sentía inquieta, pese a no demostrarlo. Había algo en el ambiente que hacía que uno respirara inquietud y angustia, cuando en la madriguera se debería respirar paz y amor.
Habían transcurrido horas desde que Harry y Ron se habían marchado en busca de alguna pista que los llevara al paradero de Marieta Edgecombe.
Pese a que Arthur, intentaba hacer plática, hablar de alguna que otra cosa entretenida que les ayudara a olvidarse de ese angustioso momento, le resultaba casi imposible hacerlo.
-¿Cómo que se están demorando demasiado, no?
Hermione, ya no podía ocultar su preocupación, y asintió ante la pregunta de su amiga.
Se hizo un silencio mientras Arthur suspiraba cansado.
El viento soplaba demasiado frío para la estación de otoño, Ginny se acercó a la ventana con el propósito de cerrarla, sin embargo, las lejanas siluetas de dos de sus hijos corriendo apresuradamente hacia la casa, le llamó mucho la atención. De pronto sintió que su corazón se apretaba contra su pecho de manera angustiante. Su cuerpo empezó a temblar y a sudar frío. Se dirigió hacia el jardín con las piernas pesadas y adoloridas, y corrió al encuentro de James y Sirius.
-¡Mama¡Mamá!- gritaban ellos.
Ella se detuvo frente a ellos, y los miró con el rostro desencajado por el temor.
-Mamá… Matt…
-Jarod…
-Pero no lo…
-encontramos…
Intentaban decir.
-¿Encontrar, que?- pregunto angustiada la pelirroja.
-Matt…
-¿Qué le paso a Matt?- pregunto con angustia. Sus ojos se llenaban de lagrimas.- ¿Y dónde está Jarod?- preguntó notando su ausencia.
-Mamita, Matt se perdió- decía James.
-Y fuimos a buscarlo- dijo Sirius.
-Pero no lo encontramos- dijo James con carita triste.
-Pero, entonces…- se interrumpió Sirius.
-¿entonces, qué?- le insistió Ginny.
Con algo de temor, mi ró a su gemelo que asintió.
-La araña- dijo finalmente Sirius.
-¿Aranzazu?- dijo Hermione que había llegado junto a ellos. Los gemelos asintieron.
-Ella dijo que sabía donde estaba Matt y que debíamos ir con ella.- contaba James con algo de dificultad.
-Jarod dijo que no, que iría el solito y que nosotros viniéramos a decirte- explicó Sirius.
-La araña se enfadó mucho, pero después dijo que ya.
-Mami, la araña se llevo a Jarod y a Matt. Y dijo que si los queríamos volver a ver tenías que ir a …a…
-¿Dónde?- exigió Ginny saber.
-Dijo algo sobre una casa donde puedes gritar.
-No, Sirius, dijo la casa de los gritos…
Ginny se puso de pie inmediatamente dispuesta a ir en busca de sus hijos.
-¡No, Ginny, espera! Es muy riesgoso que vayas tú sola.- pero Ginny no escuchaba.
Ginny era conciente de que su magia era escasa, que si la utilizaba podría acabar enferma, pero por sus hijos…
Fue al cobertizo en busca de una escoba.
-Hija¿Estas loca? No puedes volar en tu estado. Es muy riesgoso.
-No me pasará nada, papá- aseguro- Estaré bien.
-No, no lo estarás. No con esa loca que pretende hacerte daño.
-No me hará más daño de lo que yo puedo hacerle si toca a alguno de mis hijos.
-Al menos deberías esperar que regrese Harry.
Ginny sacudió la cabeza.
-No, es tarde, y yo no puedo dejar a mis hijos en manos de esa mente enferma.
Y sin escuchar las suplicas de su padre y mejor amiga, Ginny dio un golpecito al suelo antes de elevarse por los aires rumbo a la casa de los gritos.
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El sol decaía. Se hacía de noche, y una ligera neblina cubría la poca luz que quedaba. El viento frío y espeso azotaba latigazos que provocaban un intenso dolor al contacto con la piel.
Llevaba casi dos horas volando, cuando finalmente visualizó la casa de los gritos. Una casa en ruinas y abandonada, de aspecto lúgubre y siniestro.
Descendió frente a una puerta trasera que la llevaría directamente hacia la parte superior de la casa, donde había una luz encendida.
"Mis hijos"- pensó con angustia.
Entró y mientras subía escucho una voz femenina que iba canturreando una canción algo estremecedora.
1, 2 ya vienen por ti.
3, 4 cierra bien la puerta.
5, 6 mira el crucifijo.
7, 8 no duermas aún.
9, 10 no podrás dormir.
Ginny se estremeció. Aquella canción era horrible. Típico de una loca como…
Ginny se detuvo de golpe al comprender lo que estaba pasando.
-No, no, no… Esto no es verdad, ella no puede ser…
Pero la verdad era tan dura y cruel. No podía ser de otra y mucho menos tratarse de una equivocación.
Era ella.
Comprendió que Aranzazu Ziang era en realidad Marieta Edgecombe.
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N/A: Vaya! Por fin he terminado el capitulo. Jajaja¿Verdad que me quedó algo loco? Bueno, pues. Ahora Ginny ya sabe la verdad¿Qué pasara cuando se enfrente a la desquiciada de Marieta? Eso se sabrá en el siguiente capitulo de Reset: Principio y final.
Espero que el capitulo les haya gustado, de lo contrario pueden dejarme TAMBIEN, un review diciéndome que no les gusto. Por cierto, y hablando de reviews, Gente ya publique un nuevo fic llamado "A Pesar de todo", así que dense una vuelta por ahí y apóyenme con sus reviews. Créanme, el fic promete ya que estará lleno de acción, drama y romance.
Por otra parte, Gente linda, muy pronto estaré subiendo un nuevo capi de La Rebelión del elegido, así que no vayan a pensar que lo he abandonado. No! Es solo que se me fue la inspiración, (eso sin contar que tengo problemas en el trabajo), pero ya esta volviendo, así que esperen la actualización con la paciencia que hasta ahora conservan.
Un beso a todos.
