Hola! He vuelto. Sé que querrán matarme con tanta demora, pero es que se me hizo imposible subir el capitulo en el momento planeado. Surgieron un montón de inconvenientes (Olvidamer de la terrile sensación de que la tierra tiembla cada cinco minutos), problemas en el trabajo, estudio, familiares, amorosos, etc, etc, etc.
Bueno, pero como no quiero aburrirlos con los acontecimientos que me arbumaron durante todo este tiempo de ausencia, voy directamente con los agradecimientos...
Este capitulo esta dedicado a: hermioneandron, Annie, Anastasia Lila, zafiro potter, tatis, marce, carolagd, andrea316, jamesandmolly, BiAnK rAdClIfFe, lore, Eri mond licht, anisza, Knockturnalley7, juliehtm2, ghysella potter, Lady Black, RosyCarmen, thata, EstrelladelaTarde1, the gray princes, mayra, Potter&Weasley, Fanaticharry, Betty Jer (multiplicado por tres), Cucha. En especial a Moony Lovegood, quien me ayudo con la edición y corrección de este capitulo.
Moony, y a todos mir fan-lectores (tanto como los que dejan review y no, muchas gracias por todo; y espero de corazón que este capitulo, que es el ULTIMO), sea de vuestro agrado.
24.- Principio y Fin.
Habían transcurrido horas desde que hubiesen llegado a casa de Jeffrey Marshall. Harry se paseaba de un lado a otro, impaciente y furioso¿Dónde rayos estaba Marshall¿por qué se demoraba tanto? Su elfo doméstico le había dicho que su amo había salido al Hospital San Mungo a arreglar su cambio a España pero que ya pronto iba a llegar, así que habían decido esperar. Sin embargo, ya había pasado tanto tiempo…
-Cálmate, lo más seguro es que no tarde en regresar- le dijo Ron por enésima vez.
Harry lo miró con cara de matarlo si volvía a decir lo mismo.
- Le daré veinte minutos, sólo veinte minutos; de lo contrario, media vuelta y a la mierda con ese cabrón. Ron sólo asintió mientras devoraba otro de los bocadillos que el elfo había dejado sobre la mesa.
No habían pasado ni diez minutos, cuando Harry finalmente perdió la paciencia.
- Me largo de aquí. No aguanto más esta situación. ¡Estoy harto!
Con un suspiro, Ron dejo su pastel sobre la mesa y dijo: -Bueno, entonces, vamonos.
Sin embargo, justo cuando salían del salón rumbo al recibidor, se escuchó un ruido proveniente de la chimenea y una persona apareció tras una cortina de espeso humo y fuego verde. Inmediatamente, Harry lo reconoció.
-Marshall- dijo.
El aludido lo miró, un poco sorprendido. La verdad, había perdido la esperanza de volver a verlo para la platica que deseaba tener con él; había transcurrido casi un mes desde la última vez que se habían visto en la mansión Malfoy.
-¡Vaya¡Qué sorpresa! Creí que jamás vendría, señor Potter.
-Eso también creí pero, ya ve, aquí me tiene.
- ¿Y puedo suponer para que ha venido?
- Puede.
Hubo un pequeño silencio mientras Jeffrey miraba analizadoramente a Harry quien, a su vez, no le quitaba la mirada de encima. Después, Jeffrey reparó en Ron, quien le hizo un pequeño gesto con la cabeza, en señal de saludó; respondiendo con la misma seña, volvió su atención a Harry.
-Bueno, en ese caso, deberíamos ir a mi estudio. Si me hacen el favor de seguirme.
Les hizo un gesto para que lo siguieran, y una vez Jeffrey tomó su lugar, invitó a los otros dos a hacer lo mismo.
-Antes de que empecemos, señor Potter, me gustaría saber qué fue lo que le hizo cambiar de parecer con respecto a lo que le dije.
Harry suspiró con cierto malestar.
- Ginny- dijo –Finalmente recordó todo. Dijo que estaba completamente segura de que fue Marietta Edgecombe quien la atacó.
Una sonrisa trémula se dibujo en el rostro de Marshall.
- Ya veo- dijo Jeffrey en un tono cansino –Entonces¿qué es exactamente lo que quiere saber?
- Todo- fue la respuesta de Harry.
Jeffrey asintió.
-Bien, todo lo que te dije el día de la fiesta es verdad. Aranzazu Ziang es Marieta Edgecombe. Se hizo una cirugía plástica porque sabía que mientras siguiera siendo Marieta Edgecombe jamás voltearías a verla.
- Pero¿cómo es posible eso si las intervenciones muggles no dan resultado en brujos? –preguntó Ron, confundido –A menos que…
-Que por sus venas corran sangre muggle.- dijo Harry acertando.
-Exacto! El padre de Marieta es un muggle y su madre, aunque bruja, era mestiza.
Aquella información, hizo que Harry solo viera lo exasperante de la situación. ¡Estúpido¡Mil veces estúpido¿Por qué no se dio cuenta antes? Bueno, para ser sincero, jamás había conocido a los padres de Aranzazu, Marietta, o como quiera que esa mujer se llamara…
- Y usted cómo sabe que ella provenía de una familia mestiza- preguntó Ron con suspicacia. Era verdad. ¿Cómo podían estar seguros de lo que Marshall decía? Adelantándose a la pregunta que, seguramente le harían con respecto a la familia de MariettaJeffrey dijo:
-Jamás conocí a la familia Edgecombe. No sé nada de ellos, sólo lo que les he dicho. Eso lo sé porque una persona allegada a la señorita Edgecombe (que nunca estuvo de acuerdo con lo que ella había estado haciendo y que ha tratado de mantenerse alejada de este problema) me lo confió todo sin reserva alguna.
Se hizo un breve silencio y, tras un fugaz intercambio de miradas con Ron, Harry dijo:
- Me gustaría hablar con esa persona. ¿Quién es¿Dónde vive?
Jeffrey sacudió la cabeza.
- Lo siento pero no creo que se pueda. Esa perrsona no quiere verse envuelta en este asunto; suficiente tiene con tratar de controlar a la señorita Edgecombe además de internar protegerla de la justicia.
- ¿Protegerla de la justicia¡Por favor! Si es verdad todo lo que me ha dicho entonces necesito comprobarlo en persona. Necesito que me diga las cosas como son
-Entiendo, pero…
-No hay pero que valga- hizo una pausa –Señor Marshall¡entiéndame! –dijo Harry con la garganta seca –Necesito saberlo todo y creo que la mejor forma es contactarnos con esa persona y que me diga más sobre éste asunto –al ver que Marshall no estaba dispuesto a hablar, añadió: -Ginny está en peligro. ¿Acaso es tan difícil de entender?
No, no lo era, y, sin embargo, Jeffrey no estaba dispuesto a confrontar que Harry se confrontara con Dayanne; temía por ella. No porque Harry pudiese lastimarla o insultarla, lo que temía era lo que podía pasarle si Marietta se enteraba sobre la reunión y de lo que se pudiera hablar en ella
Tenía que protegerla.
Miró a Harry. Éste se mostraba impaciente, molesto; parecía estar a un paso de explotar si no se le daba una respuesta inmediata ya fuera buena o mala. Cuando Jeffrey estaba a punto de replicar, alguien inesperado llegó a través de la red flu.
Inmediatamente, corrió hacia ahí cuando se dio cuenta de quién era. Se encontraba en el piso, bastante débil, y respirando con dificultad. Había sangre por todos lados debido a las contusiones que tenía en el rostro y en otras partes del cuerpo.
Harry miraba confundido la escena. No entendía lo que estaba pasando. ¿Quién era esa mujer¿Por qué se encontraba en aquél estado deplorable?
-Dayanne, pero… ¿Qué ha sucedido?- preguntó Jeffrey conmocionado, mientras la ayudaba a ponerse de pie pues ésta había aterrizado en el suelo frío. Se encontraba débil, adolorida, como si un tren hubiese pasado por encima de ella. Sin embargo, el dolor que sentía no era nada comparado a la angustia que la estaba matando; tenía que hablar, tenía que encontrarse con él, con…
- Harry Potter- fue lo único que pudo decir. Los ojos de Jeffrey miraron el bello rostro de la chica, ahora herido y golpeado; después, miraron a Harry, quien los observaba con desconcierto e incertidumbre.
- ¿Por qué?- le preguntó suavemente.
- Es ella…- decía, temblorosa –Está como loca.
Jeffrey abrió los ojos, asustado.
- ¿Acaso fue ella quien te hizo esto?- Dayanne asintió -¡Dios mío!
- Intenté detenerla pero Mari se puso como loca y dijo que nada ni nadie, ni siquiera yo, iba a detenerla de realizar su venganza contra ellos.
Harry escucho lo último que dijo así como había dicho su nombre y, entonces, sintió un revoltijo en el estomago. Algo no andaba bien y de inmediato quiso saber quién era Dayanne y por qué había dicho su nombre. ¿Qué era lo que deseaba con él?
- Marshall- llamó Harry. El aludido no lo miró pero Harry notó como los músculos de su espalda y cuello se tensaban -¿Qué está pasando?
Dayanne parecía a punto de desmayarse; lo miró con curiosidad y luego, abriendo los ojos como platos, supo inmediatamente quién era él –Harry Potter- musitó. Y él no supo qué decir. En ese instante la observaba mejor, la pobre estaba horrible pese a ser una mujer hermosa.
- Dayanne, tienes que descansar. Debo cuidar tus heridas –interrumpió Jeffrey, en un intento de persuadirla. Pero ésta negó con la cabeza y se resistió a que Jeffrey la tomara entre sus brazos.
- No, Harry Potter debe saber. Él y sólo él es el único capaz de detenerla.
- ¿De qué rayos está hablando?- preguntó Ron que se mostraba igual de desconcertado que Harry.
- Mari –dijo Dayanne. Y, al notar que ninguno de los dos parecía entenderla se corrigió diciendo –Aranzazu. Marieta. Ella… Ella planea hacer algo en contra de tu familia –le dijo a Harry.
Se hizo un terrible silencio y, entonces, el revoltijo que antes había sentido se convirtió en una punzada de dolor angustiante. Ya no había más dudas con respecto a la identidad de Aranzazu. Aquella mujer que tenía en frente debía de ser la misma a la que Marshall se había referido con anterioridad; la que debía conocer todas y cada una de las locuras de Aranzazu.
Inconsciente de sus movimientos, Harry se hincó frente a la pareja, toda su atención dirigida a Dayanne.
- ¿Cómo? – Dayanne pareció no entender la pregunta por lo que se vio en la necesidad de explicarse más -¿Cómo pretende hacerle daño a mi familia? Había sido tan brusco, tan amenazador, que Dayanne no pudo evitar estremecerse y aferrarse al brazo de Jeffrey. Con algo de dificultad, le explicó la idea del cachorro perdido; de cómo Aranzazu había planeado atraer al más pequeños de los niños para secuestrarlo y así llegar hasta su madre…
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Uno dos, ya vienen por ti
tres cuatro, cierra la puerta
cinco, seis, mira el crucifijo
siete, ocho, no duermas aún
nueve, diez, no podrás dormir…
Un pequeño niño de tres años, se encontrada sentado sobre la mantas que se encontraban en un duro piso de madera perteneciente a una casa en ruinas; abrazaba a su pequeño cachorro y miraba, sin miedo, a la loca que cantaba esa fea canción. Por otro lado, su hermano mayor se encontraba sentado en una silla, que parecía estar a un paso de desplomarse. Su actitud descarada y arrogante, muy parecida a la de su madre, esa mujer a la que Aranzazu tanto odiaba.
¡Mil veces máldita!
-... Es una lástima que esos odiosos gemelos no estén aquí para hacerles lo mismo que les voy a hacer a ustedes –decía con una voz que denotaba locura. Se encogió de hombros y luego siguió con su espantosa canción mientras volvía su atención a su bolso, comenzando a buscar algo. Mientras tanto, Jarod pensaba en alguna forma de escaparse y salir de ahí con su hermano y Max. ¡Rayos! No se le ocurría nada y eso lo preocupaba un poco. ¡Cómo deseaba que su papá llegara pronto y los rescatara! Porque estaba seguro, y confiado, de que su papá vendría a salvarlos de la araña.
- Jarod, tengo hambre –dijo Matt, haciendo un puchero. Jarod creyó que no era el momento para ese tipo de comentarios, sin embargo, también le gruñeron las tripas, se sonrojó. Matt le sonrió –En mi bolsillo tengo galletas, si quieres, cómetelas.
Matt se puso inmediatamente de pie y rebuscó en los bolsillos de su hermano, encontrando un paquetito ya abierto. Su contenido estaba destrozado pero, aún así, se veían deliciosas y comestibles. Extrajo la primera galleta (o los restos de ésta) y le dio un buen mordisco, luego otro y otro, hasta terminarla y continuar con otra; pero no, se detuvo, porque al terminar la que ya se encontraba en su pancita, sacó otra únicamente para dársela a su hermano. Tenía que reconocerlo, Matt no era ambicioso; le gustaba compartir. Y aquél gesto hizo que surgiera el comienzo de una amistad sincera entre ambos hermanos.
Jarod abrió la boca para recibir el delicioso bocado, sin embargo, cuando Matt prácticamente había puesto el dulce en la boca de su hermano, Aranzazu llegó para impedirlo. Apartó la mano de Matt haciendo que la galleta cayera y que éste, al retroceder, tropezara y cayera, golpeándose la cabeza con una vieja mesa que se rompió al contacto. Como todo niño de tres años que sufriera un golpe de éste tipo, Matt se echó a llorar Jarod se puso rojo de la ira y tuvo ganas de lanzarse sobre la araña loca por haberle hecho eso a su hermano y, peor aún, por estar burlándose de él.
- Uh¿qué pasó, bebé¿Te duele la cabecita? –Comenzó a reír –Ven, entonces, que mamá Aranzazu te hará masajitos –lo cogió de los pelos, tirando de ellos. Matt gritó y lloró con más fuerza mientras que su hermano también lloraba, de impotencia, y gritaba; suplicando a Aranzazu que lo dejara.
- ¡Ya no lo lastimes¡Déjalo¡Déjalo!
- No, no, no¿O qué¿Acaso quieres tomar su lugar? –Él lo prefería así. Asintió con fuerza, pero lo único que logró fue que Aranzazu riera –Niño estúpido, no te preocupes, pronto llegará tu turno. Mientras tanto, pienso seguir divirtiéndome con ésta preciosura.
Y siguió maltratando a Matt hasta que sintió unos afilados dientes sobre su pierna.
- ¡Maldito perro¡Tu dueña soy yo y no este engendro del demonio! –pero el cachorro le ladraba y se mostró dispuesto a lanzarse, una vez más, sobre la mujer. Ésta le lanzó una patada que provocó que Max se alejase, aullando, a esconderse detrás de Jarod.
- ¡No! –chilló Matt forcejeando con Aranzazu sin resultado alguno; entonces, se le ocurrió una idea y ¡crach! mordió el brazo que ésta tenía alrededor de su cuello, logrando así, apartarse de ella y correr hacia su cachorro y Jarod.
- ¡Maldito engendro¡Me mordiste¡Dañaste mi hermosa piel! –chilló y peor se puso cuando vio sangre emanando de la mordedura que Matt le había hecho –Pero esto se va a quedar así, maldito, me la vas a pagar. Volvió su atención hacia su bolso y extrajo su varita de éste, al momento en que repetía esa espantosa y tonta canción:
Uno dos, ya vienen por ti
tres cuatro, cierra la puerta
cinco, seis, mira el crucifijo
siete, ocho, no duermas aún
nueve, diez, no podrás dormir…
- Creo que un con un cruciatus aprenderán a respetar a sus mayores –dijo mientras avanzaba hacia los niños pero, a quien en realidad buscaba, era al más pequeño. Y eso era lo que Jarod sabía, por eso, intentaba ocultarlo avanzando a rastras con su silla.
- No dejaré que le hagas daño –dijo con desesperación.
Aranzazu rió como una desquiciada.
- ¿Y qué vas a hacer, niño estúpido¿Acaso piensas saltar sobre mí? –rió –Por si no te has dado cuenta, no puedes hacerlo. No puedes contra m, nunca podrás enfrentarme –y volvió a reír como maniática.
Sin embargo, Jarod sonrió y eso silenció a Aranzazu, la enfureció -¿De qué te ríes¿Qué es tan divertido?
Pero él no habló, sólo continúo sonriendo, sabía que todo iba a estar bien. Aranzazu no lo veía de esa forma, por lo tanto, al ver la calma del niño perdió los estribos y lo golpeó, le dio una bofetada en el rostro.
Las lagrimas se asomaron por los ojos azul verdosos del niño pero éste no lloró, cosa que la enfureció aún más; alzó la varita para lanzarle el cruciatus, tal como lo había anunciado…
- ¡Alejate de mis hijos, maldita arpía! –se escuchó el grito desesperado de una mujer. Aranzazu se dio vuelta para ver quién era y lo único que logró ver fueron unas luces blancas y amarillas antes de caer al piso y quedar inconciente ante el enfurecido golpe de Ginny.
- ¡Mamá! –gritó Matt saliendo a su encuentro. Jarod quiso hacer lo mismo pero las cuerdas a su alrededor se lo impedían. Segundos antes la había visto llegar, por eso su sonrisa; sin embargo, su madre le había hecho una seña para que no la delatara. Se acercó hasta Aranzazu –quien ni siquiera se había dado cuenta de su presencia. Pensó en darle una paliza por haberse metido con sus hijos pero, aparentemente, el golpe que le había lanzado la había dejado fuera de combate. No sabía si había hecho bien pero no podía soportar más ver cómo maltrataba a sus hijos y había decidido actuar rápido con tal de defenderlos. La paliza quedaría para después, cuando la modelo estuviera lo suficientemente conciente como para sentirlo.
- Te dije, tarántula, que nunca más volvieras a poner un dedo sobre alguno de mis hijo –dijo mientras abrazaba a Matt y miraba con desprecio a la modelo quien se revolcaba en el piso por el dolor. Tal parecía que iba a desmayarse por toda la sangre que salía de su nariz rota.
Ginny rodeó a Aranzazu para llegar hasta Jarod, una vez junto a él, lo desató y abrazó. Las lágrimas se ciñeron sobre ambos. Matt miraba la escena, feliz, abrazó a su madre y a Jarod. Ginny los envolvió a ambos y los llenó de besos. Entonces, tras unos minutos de felicidad puesto que la pesadilla había terminado, Ginny les dijo que era momento de partir.
Aranzazu seguía en el piso, revolcándose de dolor mientras trataba de detener la sangre que salía de su nariz. Al mismo tiempo, ellos salieron de la habitación para dirigirse directamente a Hogwarts; desde ahí tenía pensado comunicarse con Harry para que fuera con ellos, sin embargo, cuando estaban bajando las escaleras, Matt obligó a su madre a detenerse.
- Max –fue su respuesta ante el interrogatorio silencioso de su madre. En seguida, se soltó de ella para regresar a la habitación; intentó detenerlo pero Matt fue mucho más rápido. Fue un grave error, debió impedir que se marchara. Fue detrás de él pero no pudo hacer nada para evitar lo que sucedió.
- ¡No!
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Aranzazu estaba de pie junto a Matt, quien se encontraba con Max; le apuntó con la varita mientras él la miraba sin miedo alguno, sólo con la inocencia de un niño de tres años que apenas está conociendo la vida. Un rayo de luz de color rojo salió de la varita de Aranzazu y golpeó de lleno en el pecho del niño.
De pronto, todo se puso oscuro y el piso comenzó a temblar. Ya no veía a su madre ni a Jarod pero podía escuchar sus voces llamándole: ¿Mamá¿Mamita¿Dónde estás¿Jarod¿A dónde se fueron? No quiero estar solo… Y entonces se puso a llorar, estaba asustado.
- No llores, no estás sólo –le dijo una voz suave y maternal, muy parecida a la de su madre.
La sola idea de que ella estuviera con él hizo que la buscara en medio de la oscuridad, yendo a tientas, hasta que finalmente una brillante luz lo atrajo. Entonces, pensó, que ahí encontraría a su mamá. Sin embargo, fue a una señora con la que se encontró, no era su madre, pero se parecía mucho. Tenía la sensación de haberla visto antes pero no podía recordar dónde. Ella le estaba sonriendo y le estiraba la mano, invitándolo a tomarla. Matt la miró con un poco de recelo, lo que provocó que la sonrisa de la mujer se anchara más.
- No tengas miedo, no te haré daño –Matt no habló pero continúo mirándola con recelo pese a la suavidad de su voz y a que ésta le transmitía paz y calidez –Te llevaré con ella, con tu mamá.
Entonces, Matt tomó su mano y toda la oscuridad se volvió brillante.
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Ginny temblaba de pies a cabeza. No sabía qué hacer para reanimar a su hijo más pequeño. Lo llamaba, lo sacudía, le suplicaba que abriera sus ojos, que le hablara, que gritara y dijera malas palabras si lo deseaba pero él no respondía; parecía…
- Matt, no. Por favor, no… -se abrazaba al cuerpo tibio de su pequeño. Mientras tanto, a su lado, Jarod miraba la escena con los ojos nublados, a causa de las lagrimas; tenía miedo. ¿Por qué Matt no abría sus ojos¿Por qué casi no respiraba? Matt¿Matt¿Por qué no hablas? Ya no te diré más bodoque y te dejaré jugar con mis cosas y podrás estar en los paseos que hago con los gemelos y mis amigos, sólo háblame. Te doy las galletas del mundo pero, por favor, despierta. ¿Matt?
- No te mueras.
Pero él no respondía. Y eso era malo.
La risa de Aranzazu resonada por toda la habitación, tan demente, tan burlona. Aranzazu Ziang acababa de firmar su sentencia de muerte. Embravecida, furiosa, llena de ira y odio y de desesperación al ver a su pequeño en ese estado… Ginny se puso de pie con violencia y, sin darle tiempo a reaccionar, se lanzó sobre la mujer, tirándola al piso. La varita había desaparecido. No habría magia en aquél enfrentamiento entre una madre herida y una frívola modelo; ésta iba a pagar lo que le había hecho a su hijo, no importaba si con eso se ensuciaba las manos. Aranzazu había matado a su hijo, a su Matt. Un niño inocente que nada tenía que ver con la rivalidad que existía entre ellas.
Le arrancó los pelos hasta dejar la piel descubierta la arañó, le dio de golpes mientras la insultaba, la maldecía. Estaba fuera de sí a causa del dolor que sentía por la perdida del más pequeño de sus hijos. Un Stupefy… Si bien, un adulto no siempre salía bien librado de esa maldición, un niño pequeño de tres años… Lo más seguro era que… No, no lo soportaría.
- Maldita víbora, rata rastrera. ¡Mataste a mi hijo! Infeliz… -Sin embargo, pesé a los insultos y los golpes que le propinaba, no podía calmar el dolor que sentía y, si la mataba, lo más seguro es que tampoco la ayudara.
De pronto, sintió unos brazos que la separaban de Aranzazu. Ginny luchó contra ellos, se revolvió, arañó, pateó al aire; quería que la soltaran, seguir golpeando a la modelo que yacía inconciente sobre el suelo. Pero aquellos brazos la seguían sujetando con fuerza, dispuestos a no soltarla por nada, por lo menos hasta que se hubiese calmado. Pasaron uno o dos minutos antes de que se tranquilizara, dejó de luchar, rindiéndose ante quien la había sujetado con fuerza, volviéndose cálidos y reconfortantes. Brindándole la paz y el consuelo que necesitaba…
- Calma, tranquila. Ya todo pasó, amor. Estoy aquí, no pasa nada.
Pero Harry no entendía. Él no sabía. Matt… Él… Él estaba…
- Matt –gimió Ginny contra su pecho. Se aferró a él como si fuera un pilar en el que podía apoyarse ante el agónico dolor que sentía. Sin embargo, Harry no era necesariamente un fuerte pilar cuando se trataba de sus hijos.
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Dayanne le dijo lo que Aranzazu pensaba hacer con su familia; secuestrar a los niños y, de esa forma, atraer a la madre. No quiso escuchar más sobre el asunto e inmediatamente se marchó a la Madriguera a buscar a su familia, sin embargo, una vez ahí, se encontró con unos gemelos asustados, un Arthur Weasley preocupado y una Hermione demasiado alterada para el estado en el que se encontraba. Sin que nadie se lo dijera, sabía qué había pasado. No quería saber nada, sólo que le dijeran dónde estaban Jarod, Matt y Ginny.
- La casa de los gritos.
Y ahí fue donde se dirigió con Ron. Llegaron y rodearon la casa, no sabían cómo entrar sin ser descubiertos. Harry estaba impaciente. No quería perder tiempo ya que Aranzazu, estando tan loca como lo estaba, era capaz de hacer cualquier cosa en contra de Ginny –Espera, tenemos que hacer un plan.
Pero él no quería planear nada. Simplemente deseaba entrar y sacar de ahí a su familia. Y así lo hizo, entró mientras atrás de él, Ron protestaba. Le hizo una seña para que guardara silencio.
Ambos callaron. Entonces, escucharon ruidos provenientes de la planta superios, ruidos parecidos a golpes, gemidos de dolor, súplica, sollozos. Harry se imaginó a Ginny siendo golpeada salvajemente por Aranzazu. ¡Por los pantalones de Merlín! Podría perder al bebé que estaba esperando. No lo pensó dos veces y se dirigió a la parte superior de la casa; tenía que llegar junto a su esposa. Al entrara la habitación donde se suponía que ésta y los niños debían estar, se llevó una gran sorpresa al descubrir que era Ginny la que golpeaba ferozmente a Aranzazu y no viceversa. Se asombró al descubrirla fuera de sí y pegando de esa forma a la mujer.
Corrió a separarlas. Ginny luchó por apartarse, dispuesta a seguir con los golpes, pero él no la soltaba, no lo haría hasta que estuviese tranquila y recapacitara sobre lo que estaba haciendo. Para su suerte, dejó de luchar y se aferró a él, sollozando –Calma, tranquila. Ya todo pasó, amor. Estoy aquí, no pasa nada.
Pero él no sabía. No entendía lo que estaba pasando hasta que Ginny pronunció, con dolorosa agonía, el nombre de Matt. Al principio no entendió lo que quería decirle. Matt. Sabía que Matt estaba ahí, en algún lugar junto a Jarod, los dos a salvo, esperando a ser sacados de ahí. Sin embargo, cuando sus ojos recorrieron la habitación buscando a sus hijos, lo que vio lo dejó frío. Jarod se encontraba llorando junto al cuerpo de su pequeño hermano, quien tenía el rostro completamente en blanco. Su boca estaba entreabierta y sus ojos cerrados… Su respiración… Parecía no respirar.
- ¡Dios mío, no! –dijo con el alma a punto de salírsele del cuerpo. No, no podía ser verdad lo que estaba viendo. No. Matt no.
Inconcientemente, se separó de Ginny y caminó, con pasos tambaleantes, hacia el pequeño e inerte cuerpo del menor de sus hijos. Se dejó caer de rodillas junto a él. Lo observó de cabeza a pies, necesitaba ver si era verdad, comprobar si él… Las lágrimas se asomaron en sus ojos. No podía creer que fuera verdad, no podían ser… Su hijo… No. Simplemente no. ¿Por qué Matt¿Por qué no él, Harry? Su hijo apenas era un niño de tres años, tenía mucho por vivir, muchas cosas que hacer. No era justo que la vida le estuviera arrebatando a uno de sus hijos; al menor de todos, al que apenas y tenía unos cuantos meses de conocer, con el que no había hecho las cosas que hizo con sus otros hijos… ¿Por qué? Harry observó una vez más el cuerpo de su hijo, queriendo grabar cada uno de los detalles de éste. Matt parecía estar dormido y no estar… Abrió los ojos en señal de sorpresa. No lo estaba, no estaba muerto.
Al menos todavía no.
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Algunos meses después…
Iban por un caminito de piedra, bordeado de árboles y setos con todo tipo de flores que comenzaban a brotar de sus capullos. La brisa fría que danzaba en aquél lugar, nada tenía que ver con el crudo invierno que acababa de quedar atrás. Era normal, muy natural que en una parte como aquella, un cementerio que tenía siglos existiendo, diera esa sensación. Aferrándose firmemente a las flores que llevaba consigo, Ginny se puso un poco nerviosa, siempre se ponía así cada vez que iba de visita al cementerio. A su lado, Harry, llevando también flores. Al notar el nerviosismo y la tristeza que parecía empezar a invadirla, le pasó un brazo por los hombros, estrechándola más contra sí. Quería reconfortarla; brindarle seguridad, confianza, pero, sobretodo, calma. Ella lo miró con los ojos cristalinos, y le sonrió nerviosamente agradeciéndole silenciosamente el gesto.
Finalmente llegaron a la tumba que habían ido a visitar. Sencilla, sin ningún tipo de decorado o extravagancias. Sólo había una cruz en la cabecera de la lápida y, sobre ésta, escrita con letras que sobresalían de la misma piedra, había una dedicatoria: "Nunca te olvidaremos, siempre estarás en nuestros corazones."
Sin poder evitarlo más, como cada vez que siempre iba a visitar esa tumba, Ginny no pudo reprimir sus lagrimas. Era normal, pese al tiempo, aún no podía superar la perdida de una de las personas más importantes de su vida.
Flash Back
Ginny pensaba que su pequeño estaba muerto, afortunadamente, Harry se había dado cuenta que Matt aún tenía pulso. Sin perder el tiempo, lo tomó en brazos y se apareció con Ginny y él en San Mungo. Unos minutos después, llegaron Ron, Jarod y Aranzazu.
Matt fue atenddo de emergencia. Lo llevaron a una sala donde nadie, ni siquiera sus padres, tenían permitido ingresar. Ginny estaba desesperada. Quería estar con él, que la dejaran entrar; Harry la abrazó, tratando de tranquilizarla, de aliviar su dolor… Pero todo resultaba inútil. ¿Cómo alguien que sentía el mismo dolor y la misma desesperación podía ayudar? Sin embargo, debía de ser fuerte, tenía que serlo, por los dos.
Afortunadamente, Ron estaba con ellos y se había hecho cargo de todo lo necesario mientras Harry y Ginny trataban de superar, aunque fuera un poco, el dolor que los embargaba. Jarod sólo tenía unos golpes y rasguños por lo cual, otro sanador lo atendió.
Por otro lado, Aranzazu, que también había sido llevada al hospital fue atendida inmediatamente ya que se encontraba en un estado deplorable. A pesar de que no quedaría ninguna cicatriz externa, que pudiera mostrar el mal que había sufrido; interiormente estaba marcada de por vida; conforme pasaba el tiempo, mostraba signos de mejoría… Hasta que un día, sucedió una tragedia. En la sala especial para enfermos mentales del hospital, una bella mujer de finos rasgos orientales estaba sin vida, tenía una soga alrededor del cuello. Su cuerpo colgaba como si fuese un muñeco de trapo y su cabeza estaba ligeramente inclinada en una posición extraña mientras un hilo de sangre seca ensuciaba su piel.
Harry y Ginny no se habían enterado del accidente. Ni siquiera les interesaba el destino de la modelo, sólo les importaba el destino de Matt y la depresión en la que Ginny se había sumergido. Harry trataba de sacar adelante a su familia, sobretodo a su esposa; sin embargo, nada parecía resultar y eso también lo entristecía. Habían transcurrido tres meses desde que su hijo había sido alcanzado por el Stupefy y, si bien no estaba muerto, los sanadores no daban muchas esperanzas…
La navidad llegó siendo fría y triste, como ninguna otra. Era la primera vez que se encontraban en familia después de tanto tiempo de haber estados separados pero Ginny no tenía ganas de festejar, no deseaba cenar y mucho menos intercambiar regalos. Nada. Ella sólo deseaba estar con su hijo, estar a su lado, hacerle compañía. Quería verlo.
- No eres la única que está mal por esto –le dijo Harry, colérico –Por el hecho de que uno de nuestros hijos no está aquí sino en un cuarto de hospital… -hizo una pausa tratando de dejar a un lado las palabras que estaban a un paso de salir por su boca: debatiéndose entre la vida y la muerte… Ginny se encogió tanto que Harry estuvo seguro que se habría encogido más de no ser porque su abultado vientre de cuatro meses no se lo permitía. Suspiró –Ginny, esto está mal. Por favor, no te cierres, no te deprimas. Tienes que hacerlo, debemos ser fuertes. Por ti, por mi, por nuestros hijos y por el que viene. Pero, sobretodo, por Matt. Él no querría esto –hizo una pausa y, al ver que Ginny no parecía escucharlo, se sintió desesperado. Quiso tomarla del cuello y sacudirla para que reaccionara, sin embargo, sólo optó por decir -¡Muy bien! Si quieres, quédate, húndete en la tristeza si eso es lo que deseas pero no te olvides de algo: Matt no es nuestro único hijo. Abajo hay tres pequeños y uno más que vienen en camino que te necesitan tanto como Matt –hizo una pausa –y yo… También te necesito.
Y, sin decir más, salió de la habitación, cerrando la puerta con un golpe. Ella se quedó pensando en lo que su esposo le había dicho Matt no es nuestro único hijo. También te necesito. No eres la única que está mal… Tenía razón. Se había olvidado por completo de sus otros tres tesoros, del que venía en camino y de él, de Harry.
Se llevó una mano al vientre y lo acarició con suavidad, pensando en Matt y en cómo estaría. Suspiró.
- Matt –musitó su nombre. Cerró los ojos unos momentos mientras en su mente se iba dibujando la forma de la carita de su bebé, que le sonreía, que la miraba con amor y adoración.
- Mami –le llamaba –Mami, ven.
Y ella quería estar junto a él. Pero no podía –Matt –volvió a llamarlo mientras abría los ojos y, al hacerlo, vio claramente la carita de su bebé sobre ella, como si estuviese ahí. Inmediatamente se puso de pie y miró incrédula al lugar donde lo había visto. No había nada. Nada. Tragó duro e instintivamente se llevó una mano al corazón. La presión que sentía en el pecho no era angustiante pero la inquietaba. ¿Qué estaba pasando? No estaba segura pero tenía un presentimiento.
Los niños cenaban sin muchas ganas. Harry trataba de animarlos, de hacerlos sonreír aunque fuese un poco pero, al parecer, la tristeza y depresión de Ginny se había expandido por toda la casa. Hasta el pequeño cachorro de sus hijos se encontraba así. Sin embargo…
- ¡Mamá!- gritaron los niños, al unísono, cuando su madre entró a la cocina preguntando si podía unirse a ellos. Los pequeños la rodearon y la abrazaron, ella correspondió el gesto. Harry también se acercó, la abrazó y depositó un suave beso en sus labios -¿Te encuentras bien? –preguntó.
Ginny asintió mientras lo abrazaba. Después de cenar, fueron a la sala a tomar chocolate mientras los pequeños hablaban sin parar acerca de lo que iban a hacer cuando recibieran los regalos de navidad que deseaban. Sin embargo, más allá de lo material, los tres hermanos deseaban, con todo su corazón, que el más pequeño de ellos estuviese pronto de regreso.
Una lechuza de color pardo llegó en el momento en que todos se disponían a ir a la cama. Al reconocerla como la lechuza del Hospital San Mungo, se detuvieron. Harry tomó la carta entre sus manos y, con una mirada nerviosa y angustiante, le pidió a su esposa que la abriera:
Señor y Señora Potter:
Es de inmediata urgencia que se presenten en el hospital. Tenemos noticias importantes acerca de su hijo, Matthew Potter.
atte.
Clark Simpson.
Sanador. 1ª clase en la Orden de Merlín. Director General del Hospital San Mungo.
No perdieron el tiempo. Los niños fueron enviados con Dobby a la Madriguera mientras que iban al hospital. Una vez preguntaron en recepción, fueron directo a la oficina del director Simpson. Ambos sentía el corazón volcándose de la angustia; nerviosos por las noticias que el sanador podría darles. El director tenía una cara llena de cansancio, aún así, les explicó las razones por las que los había llamado. Tenía mucho que ver con el estado del pequeño Matt y de lo que había ocurrido con él en la última hora. Ginny tenía los ojos llenos de lágrimas, se abrazaba a Harry quien a su vez, se aferraba contra ella. Su rostro considerablemente pálido. Lo que el sanador le había dicho era algo que esperaba desde hacía mucho tiempo y ahora que se hacía realidad, no sabía qué hacer.
- Si me hacen el favor de acompañarme…
Si no hubiese sido porque los brazos de Harry la sujetaban fuertemente, no habría podido dar un paso más. Él podía sentir cómo Ginny temblaba de pies a cabeza. Trató de reconfortarla pero parecía que no podía sentir nada, como si todo hubiese dejado de existir alrededor.
Y él sabía por qué. Finalmente llegaron a la habitación y una vez ahí, cuando la puerta se abrió, Ginny no lo resistió más y corrió junto a él.
Flash Back end.
- Hola, mamá –dijo Ginny con una sonrisa melancólica en el rostro –Bastante tiempo ha pasado desde la última vez que vine a verte –suspiró –bueno, tú mejor que nadie debes comprender las razones por las que se me hizo complicado venir –se llevó una mano a su abultado vientre, ya de más de seis meses, mientras una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Sin embargo, ésta se desvaneció al recordar la otra razón por la que no había podido visitar a su madre, su hijo, Mathew Potter.
Se quedó pensando en lo que hubiese pasado si el niño no hubiese superado la maldición. Sacudió la cabeza para quitarse aquella idea. Afortunadamente, su hijo estaba fuera de peligro, dentro de poco, podría regresar a casa y hacer su vida normal –Y todo gracias a ti, mamá. Gracias por devolvérmelo con bien –sonrió y, tras un suspiro, le tendió la mano a Harry para que se acercara. Harry sonrió y, abrazando a Ginny, dijo:
- Matt nos dijo lo que pasó –le decía a la tumba de Molly, como si estuviese hablando con ella –nos dijo que lo cuidaste mientras encontraba el camino para regresar con nosotros –sonrió aún más, la garganta seca y el corazón latiéndole con rapidez –Gracias –no sabía qué otra cosa podía decir para agradecer profundamente a Molly todo lo que había hecho por su hijo.
Después de que Matt despertara del coma, se lo habían llevado a casa. Al principio no había logrado pronunciar más palabras que mami, hambre, sed y baño. Poco a poco habló de nuevo. Un día, al ver una fotografía de su abuela, se acordó de la señora que se parecía bastante a su mamá y del bonito paseo que habían dado juntos –Le prometo, señora Weasley, que de ahora en adelante, no descansaré, haré todo lo que esté a mi alcance para hacer feliz a Ginny y a mis hijos. Mi familia. Las personas que amo sobre todas las cosas. Gracias. No la defraudaré nunca más. Tras decir aquello, Ginny le dio un suave beso antes comenzar a colocar las flores que había llevado para su madre. Y eso marcaba el fin de una dura etapa que Harry y Ginny tuvieron que sortear para finalmente dar inicio a otra nueva, una que les daría la oportunidad de ser felices. Una etapa que ninguno desaprovecharía.
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Tiempo después…
Sigilosamente y con mucho cuidado, para no ser descubiertos por la señora de la casa, un hombre de 30 años y su hijo de once, subieron al ático de la casa en que vivían con la finalidad del que el primero le legara algo importante al mayor de sus hijos.
- Papá¿no me dirás que estás buscando? Puedo ayudarte… -le dijo el niño.
Negando con la cabeza, su padre le respondió: -No te preocupes, sé dónde está. Sólo aguarda y vigila que nadie se acerque… Creo que debe estar por aquí. –Jarod entornó los ojos con una sonrisa en el rostro. Fuese lo que fuese que su padre estuviera buscando, de seguro a su madre no le gustaría, de lo contrario, no le habría pedido discreción.
Mientras Harry buscaba entre baúles llenos de recuerdos y trastos viejos, Jarod se asomó a la entrada del ático. Su cabeza apenas sobresaliendo. Podía escuchar desde su posición las voces de sus hermanos y la de su mamá tratando de poner orden a la calamidad que (a petición de su papá), los gemelos (9 años) habían hecho; Matthew (7) llamaba a Max, a Lily (3) gritaba reclamando atención.
¡Quién lo iba a decir! Su familia creció en un abrir de ojos. Algunos años atrás, con el accidente de su mamá, creyó que la había perdido. Pensó que su familia consistía en sólo su padre, los gemelos y él. Sin embargo, su madre regresó y evitó la boda de su padre con la araña. Su madre había regresado y no lo había hecho, traía consigo a Matt. Y los cuatro se convirtieron en seis. Pasó algún tiempo y llegó Lily a la familia. Y crecieron a siete. Y dentro de muy poco tiempo llegaría otro miembro a su familia.
Serían 8.
Y su tío Ron había dicho: ¿quieren parar ya? Parecen conejos… Sus tíos, Ron y Hermione, habían tenido trillizos: Lancelot, Galahad e Ixchel y el año pasado tuvieron a Arantxa.
- ¡Lo encontré! –exclamó Harry, victorioso.
Jarod se dio vuelta para ver a su padre sonriendo de oreja a oreja. Con una mano sujetaba una vieja y roída capa plateada y con la otra un pergamino amarillento. Frunció el ceño. ¿Qué era lo que su padre tenía ahí? Al ver su desconcierto, Harry sonrió aún más –Ven aquí –le dijo –Te voy a explicar…
Y una vez ambos tomaron asiento sobre un viejo y polvoriento baúl lleno de recuerdos, comenzó a contarle al mayor de sus hijos lo que eran esas dos reliquias familiares y lo que significaban para él; le contó cómo muchas veces lo salvaron de meterse en problemas por andar deambulando en los pasillos de Hogwarts a media noche y de cómo gracias a su capa se salvó de la muerte cuando la guerra estaba sobre él. No le contó nada íntimo pero sabía que, con el tiempo, su hijo descubriría para qué otra cosas podía hacer uso a la capa invisible. Mientras Harry explicaba todo lo referente a la capa y el pergamino, una bella mujer de brillante cabellera roja, escuchaba detrás de la puerta, con una sonrisa dibujada en el rostro.
Ninguno se había dado cuenta que el ruido en la planta baja se había calmado y que los había descubierto –Ahora que ya sabes toda la historia, Jarod, la capa y el pergamino te pertenecen hasta que creas que no los necesitas y decidas entregárselos a tus hermanos; comenzando con los gemelos y terminando con Matthew.
Jarod enarcó las cejas -¿Y Lily? Ella también va a querer.
Harry frunció el ceño, pensativo. Ginny sonrío, sabía lo que estaba pasando por la cabeza de su esposo. Degenerados aprovechándose de la inocencia de su pequeña… -Aún falta mucho para eso –dijo, serio –Mientras tanto, esto te pertenece.
Los ojos de Jarod brillaron intensamente mientras observaba las reliquias familiares –Genial.
- Sólo una cosa –comenzó Harry –úsalos con sabiduría, sólo cuando sepas que los necesitas –Jarod asintió fervorosamente –Y, otra cosa, no le vayas a decir nada a tu madre sobre esto. Me mataría.
Ginny creyó que era el momento para salir de su escondite –Pero antes, te sometería a toda clase de tortura posible, hasta que pidas piedad y después te mataría –dijo entrando al lugar.
Jarod, por más que deseo esconder lo que su padre le había dado, no pudo.
- Er, corazón¿qué haces aquí?
- ¿Tú qué crees, cielo?
Harry tragó saliva. Jarod miraba de su padre a su madre, entre divertido y confundido. ¿Ahora qué pasaría con la capa y el pergamino? Ginny le pidió que saliera del ático y fuera a cenar de una vez para que se acostara temprano. El día siguiente partiría hacia Hogwarts.
- Y llévate la capa y el pergamino.
Tanto Harry como Jarod la miraron, sorprendidos. ¿Habían escuchado bien¿Ginny estaba dando su autorización para que se llevara las reliquias con él?
- ¿Te sientes bien, corazón? –le preguntó Harry con suavidad. Ella lo miró con el ceño fruncido.
- Harry Potter¡qué estás queriendo decir!
Titubeó –Eh, no, nada cariño. Jarod, será mejor que salgas y te lleves eso contigo.
Jarod asintió. No lo pensó mucho antes de salir corriendo. Harry y Ginny se quedaron solos en el ático -¿Y bien? –le preguntó a su esposa. Ésta arqueó la ceja -¿Por qué has dejado que Jarod se quedara con eso?
Sonrió, divertida -¿Por qué crees? –Harry se encogió de hombros –Pues por la misma razón que se las diste.
- ¿Así¿Cuál?
Haciendo una seña para que Harry se volviera a sentar en el baúl, se acercó a él y se acomodó sobre su regazo, abrazándolo mientras él pasaba un brazo por detrás de su cintura y depositaba una mano sobre su vientre redondeado de 8 meses y medio.
–Jarod tiene una habilidad increíble para meterse en problemas sin que los busque y, si no me equivoco, la vaca de Parkinson, siendo profesora de Pociones, no descansará hasta encontrar alguna excusa para castigar a nuestro hijo.
- En cierta parte tienes razón. Pero, créeme, a nuestros hijos no le irán peor que a los de Malfoy.
Ginny hizo una mueca recordando lo que una mujer despechada podría hacer para vengarse del hombre de otra.
-A Prudente aún le falta un año para ir a Hogwarts, Paúl irá en el mismo año que Matt. Por otro lado, Lily y los trillizos estarán juntos, y Deidre asistirá con Arantxa y con nuestro bebé- se acaricio la pansita suavemente. Deidre era la única hija de Draco y Nandini. No tenía más de dos semanas de nacida.- Creo que entre ellos podrán protegerse de Parkinson; además, no olvides que contarán con el apoyo de Neville.
Harry asintió. Hundió su rostro en el cuello de Ginny y respiró su olor. ¡Por Merlín! Cómo lo enloquecía su aroma de flores –Eres perfecta –le dijo sin pensarlo.
Ella no pudo evitar sonreír -¿Y eso¿A qué viene?
Sonriendo, contestó –Que te amo.
Ginny sonrió y lo miró con tanta ternura y amor que difícilmente podría expresarlo con palabras
–También te amo.
Se besaron. Un beso suave, lento, profundo. Sus lenguas se movían al compás de un vals erótico que no parecía dar tregua; Harry había deslizado una de sus manos por debajo del vestido de maternidad de Ginny, acariciaba, sobre el algodón de sus bragas, la abertura de su sexo caliente. Sin embargo, ella tuvo que detenerlo sabiendo lo que pasaría si seguían con eso.
- Después. Cuando los niños se hayan ido a la cama –le dijo contra la boca palpitante de su marido.
Tratando de recuperar el ritmo normal de su respiración, asintió y, después, ayudó a Ginny a levantarse.
–Muy bien, más tarde y en nuestra cama. Quiero recibir el primero de septiembre a lo grande.
Una sonrisa cómplice se dibujo en el rostro pecoso de Ginny. El primero de septiembre era el día de su aniversario de bodas; ese año cumplirían doce años juntos, como matrimonio.
- Además –continuó Harry –quiero que cumplas con tu amenaza.
- ¿Cuál? –preguntó ella, sin entender.
- El de torturarme de mil y todas las formas posibles antes de acabar conmigo.
Ginny no pudo evitar reír a carcajadas.
- Bueno, si la cama no se vuelve a romper… con mucho gusto.
FIN.
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¿FIN?
¡No! NO, PAREN! Esta historia aún no termina. Aún falta el Epilogo, y los agradecimientos y la despedida.
Les ruego a mis queridos fan-lectores, que por favor sean pacientes con esta fan-autora medio loca. Trataré de no retrasarme mucho, mientras tanto pueden seguir leyendo mis otros fics... Y hablando de mis otros fics, con respecto a la actualización de: La rebelión del elegido, ya les explicaré luego lo que pasó el motivo de tanta demora...
Por otra parte lean A pesar de todo!
Y dejen reviews.
Hasta la próx.
