Capítulo II: Lo que Eolo desea…
Ahí viene el maistro Graciano,
El que toca el acordeón.
Mientras lo estira y lo encoge,
Vamos a hacerlo ca... lla,
Mujer, calla.
Deja de tanto llorar,
Que esta noche, con la luna,
Nos vamos a emborrachar.
—¿Agu? —Eolo se sorprendió por la súbita aparición de Álex frente a su cuna.
—¡Hola, pequeño! Dime, .¿qué es lo que deseas? —saludó el Adepto de Agua—. Te advierto que no cambio pañales.
Y lo sintió. La comunicación telepática con el pequeño fue casi inmediata.
—Quiero… bueno, .¿qué podría querer? Que seas mi esclavo por siempre.
—No sueñes, pañaludo.
—Bah, no quiero nada.
—Debe haber algo que quieras.
—Te digo que no. Mi mami me acaba de dar de comer, me limpió, y me dejó dormidito, pero llegaste y me desperté.
—Entonces, te haré dormir de nuevo. ¿Es eso lo que quieres?
—No tengo sueño.
—¿Entonces?
—Mmmh… ¡juguemos!
—Bien, bien. ¿A qué quieres jugar?
—No sé. Hazme caballito.
—… :) ¿Seguro?
—Sí, ándale.
— :) Bien.
Y Álex convirtió a Eolo en un equino. Eoloquino, claro, relinchó.
—¡Esto no es a lo que me refería!
El niño-caballo… es decir, el potranco, empezó a hacer una pataleta. El escándalo atrajo a Chaucha, su madre.
—…¡.¿QUÉ DEMONIOS PASA AQUÍ?.! —gritó Chaucha, al observar lo anormal que era entrar al cuarto de tu bebé y encontrarte a un tipo condenadamente bueno y un potranco, pero no a tu bebé—. ¿QUÉ LE HICISTE A EOLO?
—Yo… yo… —el Adepto de Agua nunca había visto a nadie tan enojada, ni siquiera a Mía—. Esto… eeeehm… n.nU ¡Adiós!
Se teletransportó a un lugar seguro, lejos de ahí.
—Ah, eso estuvo cerca. Bueno, bueno. A por el que sigue.
—¡Álex! —lo llamó alguien desde sus espaldas.
—¡Ya estaba así cuando llegué! —se excusó él, aunque nadie lo había acusado de nada.
— ¬.¬# Tienes que deshacer eso, Álex —lo reconvino El Sabio.
— :) ¡Pero si él me pidió que lo hiciera caballito!
— ò-ó ¡No te pases de listo!
— :( … bueno, .¿qué no estabas tú de vacaciones?
— ¬¬… —el Sabio volvió a irse.
Y Álex regresó con Eolo, con un disfraz convincente para que Chaucha no lo reconociera. Dicho disfraz consistía en un bigote postizo castaño, espeso y despeinado y unos lentes muy grandes de armazón grueso.
—¡He llegado! —dijo, entrando a la casa de Briggs.
—¿Quién eres? —le preguntó Chaucha, recelosa.
—Soy… eeeh… soy… ¡soy el magnánimo y célebre detective Sheldon Homes! Vine aquí porque me enteré de la misteriosa desaparición de un niño.
—¡Oh, sí! —Chaucha empezó a sollozar—. Mi pobre Eolo. Lo dejé en su cuna por unos instantes, dormido, y regresé al escuchar un relincho. ¡Fui corriendo a ver qué pasaba, y en vez de encontrarlo a él me encontré un caballo y un tipo extraño!
— :) Ah, este tipo extraño del que habla era ciertamente un galán, .¿eh?
— ô.ò ¿De qué habla?
—Eeeh… ¡de nada! Déjeme ver el cuarto.
Subieron al cuarto de Eolo, y el caballo seguía ahí.
— ò.ó ¡Hasta que volviste! —reprochó el niño mentalmente.
— ô-ò ¿Cómo sabes que soy yo? —le preguntó Álex por el mismo medio—. Mi disfraz es perfecto.
—¡Sí, claro! Tan perfecto como tus "deseos". ¡Regrésame a mi forma normal!
—Mmmmh… Señora Chaucha, necesito explorar el cuarto del niño a solas. Presiento que aquí hay una pista decisiva, y no me puedo concentrar en mi búsqueda si alguien me está viendo.
Chaucha, recelosa, asintió. Cuando Álex se vio libre de ella, empezó a hablar con Eolo directamente.
—Bien… :) ¿Seguro que quieres volver a ser un niño normal? Mira que eres un caballo de buena raza…
—¡Déjate de tonterías y deshaz lo que hiciste de una buena vez!
— :( ¡Pero si yo sólo quería ayudar!
Y con eso, Álex regresó a Eolo a la normalidad. Lo levantó del suelo.
—¡Señora Chaucha! —gritó—. ¡He encontrado a su niño!
Chaucha entró corriendo, para ver cómo el "magnánimo y célebre Sheldon Homes" arrullaba a Eolo.
—Sí, señora, Eolo estuvo aquí todo el tiempo. De mis investigaciones he deducido también que ese sujeto que usted vio con el caballo sólo quería traer una alegría a su niño porque tiene un corazón demasiado noble y nadie lo comprende. También me aventuraría a asegurar que…
El auto-elogio de Álex se vio interrumpido cuando Eolo, molesto por tan "desfachatadas mentiras" (yo no encuentro nada que no sea verdad en eso), le quitó el bigote y los lentes.
Chaucha, por su parte, le arrebató a Eolo y empezó a arrojarle a Álex los diversos objetos que había en el cuarto: almohadas, peluches, revolvedoras de cemento, armarios, jarrones, mazas, elefantes de circo y libros para colorear.
El Adepto de Agua corrió, apenas esquivando algunos de los objetos más grandes, y olvidando que podía teletransportarse.
Cuando por fin salió de Champa, con una turba furiosa tras él, empezó a considerar seriamente la posibilidad de renunciar al Sol Dorado. Pero después, un jarrón le dio en la cabeza y volvió a estar en sus cabales.
No, en vez de renunciar al Sol Dorado, lo primero que haría sería asegurarse de que a Champa le vinieran más sequías, y más frecuentemente. También haría que sus mares fueran imposibles de navegar y que tuvieran que ver todos los capítulos de Barney, uno tras otro, y hasta que murieran de inanición.
Eso se sacaban por enfurecer al futuro Dios de Weyard, sí.
Pero antes de eso, tendría que concederle deseos a otras nueve personas.
El próximo sería Hans.
