Capítulo V: ¡Félix Navidad!

Si tu suegra se te enoja
Tírale con un ladrillo.
Tómale bien puntería
Y dale en el mero ho(?)… calla,
Mujer, calla.

Deja de tanto llorar,
Que esta noche, con la luna,
Nos vamos a emborrachar.

—¡Eh, Félix! .¡FÉLIX! —llamó el futuro Dios de Weyard, al reconocer la cabellera castaña del Adepto de Tierra—. ¡Con un demonio, espera!

—¿Qué quieres, Álex? —preguntó Félix, aburrido, mientras Álex recobraba el aliento tras haber emprendido la carrera. Decididamente, un dios no debería rebajarse a cosas tales como perseguir a los mortales (je, rimó) que debían arrodillarse en pleitesía y suplicar por los dones que él, el Omnipotente Álex, había decidido otorgarles porque su bondad era inmensa y porque de no hacerlo no obtendría el poder del Sol Dorado y tanto sufrimiento habría sido en vano.

—¿Yo? Yo no quiero nada, nada en absoluto; nada que no sea el bienestar y la felicidad de todos ustedes, mis súbd… ejem, mis muy estimados y sufridos salvadores del mundo.

—Mmmmh… no te creo —soltó Félix, y se dio la vuelta para irse.

—¡Tienes que creerme!

—¿Ah, sí? .¿Y eso por qué?

—¡Porque te lo ordeno!

—… nunca vas a cambiar, Álex. ¿Qué te hace pensar que puedes seguir dándome órdenes?

—¡Pues nada más porque soy…! —se contuvo antes de meter la pata—. ¡Porque soy un pobre tipo al que lo han golpeado con la cabeza dura de Garet y se le revolvieron las neuronas! Perdón por el arranque de… eh… mandonería.

—Perdonado —soltó Félix. Que Álex estuviera soltando palabras inventadas como "mandonería" significaba que estaba muy mal.

—¡No, no puede ser tan simple! —estalló Álex melodramáticamente—. ¡No eres un dios para perdonar tan así como así! Me siento indigno de tu magnanimidad. ¿Qué puedo hacer para compensarte por mis manipulaciones y malos tratos pasados y presentes?

—… yendo a un psiquiatra, porque empieza a asustarme esa actitud de niño de la pradera que traes —respondió Félix con sinceridad.

—¡Félix! —Álex puso los brazos en jarra—. ¡Quiero cumplir con mi lista de buenas acciones antes de morir, así que coopera!

—¿Qué quieres que haga? Si quieres, cuando envejezca, te pediré que me ayudes a cruzar un camino para que no me atropelle una carreta de Tolbi. Pero mientras tanto…

El Adepto de Agua vio cómo se iba el siguiente afortunado ser de la lista que debía ver uno de sus deseos hecho realidad.

—¿En serio piensas rechazarme, así como así? —gruñó Álex, sin pararse a pensar que decir eso por Félix lo hacía verse como un acosador obsesivo, para después estallar—. ¿TE RESISTES A LA VOLUNTAD DEL DIOS DE WEYARD DE HACER TU VOLUNTAD? .¿QUÉ CLASE DE ARROGANTE ERES, QUE TE OPONES A LOS DESIGNIOS DE TU DIOS? .¡REGRESA AQUÍ Y ARREPIÉNTETE!

Félix, que se había detenido al escuchar la explosión de Álex, observaba al Adepto de Agua hacer una pataleta, oculto entre los matorrales. Al parecer, el golpe que le había dado Mía lo había afectado en serio.

—¡REGRESA AQUÍ, FÉLIX, O LA FURIA DEL DIOS DE WEYARD NO SE APLACARÁ DESPUÉS, Y PADECERÁS LARGOS TORMENTOS!

—¿Álex…? —llamó el Adepto de Tierra, saliendo de entre los arbustos y acercándose cautelosamente al iracundo y ofendido señor.

—Sabía que recapacitarías —sonrió Álex, calmándose al instante—. Así que, dime¿qué puedo hacer para contribuir a tu felicidad y por consiguiente a la felicidad global?

—Álex… creo que no estás nada bien —comenzó Félix, cauteloso.

—¡Pero claro que estoy bien! .¿Qué te hace pensar que no es así?

—Pues… ¿quieres la verdad, o seguimos siendo amigos?

—Ah, si no me dijeras la verdad no te consideraría mi amigo más cercano.

Félix negó con la cabeza. ¡El pobre Álex estaba tan mal! Ahora resultaba que lo consideraba su amigo más cercano, cuando la verdad era que no apreciaba a nadie más que a sí mismo. Y también era importante recordar que el único dios que veneraría Álex sería a él mismo.

—Pues… parece que te escapaste de un culto extraño, con tanta devoción religiosa y todo…

—¡Ah, eso! Es que conocer a El Sabio fue toda una experiencia religiosa. Deberías haberlo sentido tú también.

—Eh… sí, sentí algo —reconoció Félix—. Pero hay otra cosa que me hace preocuparme por ti.

Otra vez, pensó Álex. Al parecer, era cosa de familia eso de preocuparse por él. Primero Nadia y ahora Félix… ah, Taleanos tan locos.

—¿Qué cosa? —preguntó el Adepto de Agua, todo etiqueta y corrección.

—Que dijeras lo de la felicidad global.

—¿Qué tiene eso de raro? —se extrañó Álex.

—Pues que una persona sana y normal, en sus cinco sentidos, habría dicho "felicidad planal" Recuerda que Weyard es plano, no redondo.

—… vaya… —Álex se empezaba a cuestionar si alguien tan estúpido como Félix podría comprender sus designios de hacer de Weyard un mundo redondo, para evitar que la gente se cayera por el borde del mundo. Claro que eso de la redondez todavía estaba en consideración. Tal vez, al final, hiciera a Weyard una pirámide, una cosa parecida a un pepino o una hélice gigante. Tal vez, pensó, sería mejor que Weyard fuera hecho a su imagen y semejanza, así sería el mundo más bello de la creación. Pero tales cuestiones de ingeniería no eran para discutirlas con alguien con tan poca visión como Félix—. Bueno, entonces suéltalo ya.

—¿Qué cosa? —se extrañó Félix.

—¡Tu deseo!

—Ah, eso…

¿Qué podía hacer Félix? Sólo era un pobre Adepto de Tierra que había sido criado en una aldea perennemente congelada. ¿Qué se suponía que hiciera para remediar la locura de Álex? Tal vez tuviera que dejar que Mía lo golpeara otra vez.

—Bueno, pues quiero… quiero…

Y recordó esos viejos tiempos cuando era un niño que vivía en Prox y… la Navidad. ¡Era tan divertido! Todas las navidades eran perfectas, porque duraban prácticamente todo el año. Y aun así… estaba ese pequeño detalle que lo seguía incomodando. Ese pequeño capricho no cumplido.

—Quiero un Power Ranger —dictaminó.

—¿Eh? .¿Eso es todo? —preguntó Álex, escéptico.

—No, no es todo. Quiero que me lo traiga Santa Claus.

—¿Algo más?

—Quiero que venga con los renos y todo lo demás. También con un duende que lo ayude. Y eso es todo.

—¿No vas a agregar nieve, papas y refresco a tu orden? —comentó el Adepto de Agua, sarcástico.

—¡Oh, sí! —la mirada de Félix se iluminó—. ¡Quiero que caiga mucha nieve!

—Bien… —asintió Álex. Era el deseo más extraño que le habían pedido hasta el momento—. Sólo quédate aquí.

Y el Adepto de Agua salió del alcance visual y auditivo de Félix.

—Bien, bien. Me parece perfecto. Todo lo que tenga que ver con agua, hielo, o ser genial, es mi especialidad.

Conjuró su psinergía para aumentar la humedad relativa del ambiente, y convocó poderosísimos vientos desde Prox que destruyeron las casitas de paja en Daila y enterraron Alhafra con arenas del desierto de Yampi; además de confundir a las aves migratorias, que tomaron otra ruta y levantar las faldas de varias señoritas de Prox, lo cual fue un espectáculo… notable.

Pero nada de eso es importante. Lo importante es que Nueva Tale está en una blanca navidad adelantada.

Mientras tanto, Álex había arrancado otros cuantos árboles para hacer el trineo.

Así que sólo quedaban los pequeños y triviales detalles de conseguir un duende, un tipo gordo que quisiera hacerla de Santa Claus y unos cuantos renos. Sería ligeramente complicado.

—Mmmh… me supongo que el viejito gordo tendré que ser yo —reflexionó Álex, con aire ofendido—. ¡Agh! .¡Tener que disfrazarme de un tipo obeso y anciano que va por la vida regalándole cosas a los mocosos irresolutos que no se lo merecen! Lo que hago por el Sol Dorado…

Y la Iluminación Divina llegó a él. Si él tenía que disfrazarse, los renos y el duende también podían ser alguien disfrazado. Sacudió la cabeza al pensar que muy probablemente nadie querría ayudarlo.

—… maldición —soltó, dándole una patada a un árbol.

Las leyes físicas indican que cuando se golpea un árbol, es probable que caiga algo de él. Sea este algo simple polvo, manzanas o vendedores de seguros, lo cierto es que los decretos de la Alquimia al respecto son misteriosos y ni siquiera El Sabio los comprende del todo.

Estos misteriosos designios Alquímicos determinaron que lo que cayera del árbol no fuera ni polvo ni manzanas ni vendedores de seguros, sino Djinns. Doce Djinns de Tierra y uno de Agua. Todos sobre Álex.

—… doble maldición —se quejó el Adepto, para que la Iluminación Divina volviera a él—. ¡Oigan! Ustedes tienen cara de ser Djinns muy nobles y talentosos.

Los Djinns deliberaron algo entre sí.

—¿Quieres un favor, verdad? —preguntó el Djinn Mercurio finalmente.

—Eeeh… sí.

—¿Y por qué deberíamos ayudarte? —soltó burlón uno de los Djinns Venus.

—Porque… eeeh… porque… —Álex fingió dudar un momento—. ¡Ah, claro! Porque pronto seré su jefe directo, adiós a la roca voladora de un solo ojo.

Los Djinns volvieron a reunirse y deliberar.

—Este tipo está más loco que una chiva paracaidista —dictaminó otro de los Djinns de Tierra—. Mira que creer que puede sustituir a El Sabio…

—Bueno, podría ser —meditó otro Djinn de Tierra—. Con eso de que la Alquimia ha sido liberada, cualquier cosa podría pasar.

—Mmmh… eso es una interesante teoría del porqué El Sabio quería impedir a toda costa la ruptura del Sello de la Alquimia. Si ahora que la Alquimia fluye libremente por el mundo el Dios de Weyard será reemplazado, El Sabio no tendrá nada más que hacer en este mundo —divagó el Djinn de Agua hasta que otro Djinn le dio un golpe con una de sus orejas.

—¡Suficientes estupideces! La cuestión aquí es¿lo ayudamos o no?

—Yo voto a favor de ayudarlo —asintió el Djinn Mercurio.

—Pero claro que votas a favor —retrucó, mordaz, el mismo Djinn que lo había golpeado—. Se le nota a leguas que es un Adepto de Agua. ¡Esto es favoritismo elemental, sin duda alguna!

—… ¿Ya acabaron? —intervino Álex, impaciente.

—¡Sí, te ayudaremos! —respondieron todos los Djinn. Después de todo, amaban la democracia, y al no haber tenido tiempo para votar en contra, la situación se había resuelto tomando en cuenta el único voto a favor.

—Bien —sonrió Álex, tomó una baya roja y se la embarró a uno de los Djinn de tierra donde debería estar su nariz. Asintió repetidas veces—… sí, funcionará.

—¿Qué rayos planeas? —se sacudió el Djinn que había sido embarrado.

—Planeo adelantarle la Navidad a un niño crecido. Así que todos los Djinn de Tierra se disfrazarán de renos y el de Agua, de duende.

—Interesante —caviló uno de los Djinn que se disfrazarían de renos—. Pero hay un pequeño problema con tu plan.

—¿Cuál? —se extrañó Álex, acostumbrado a que todos sus planes fueran perfectos, aunque ninguno hubiera funcionado del todo hasta el momento.

—Los renos tienen patas. Patas muy largas.

—¿Y eso qué?

—¡Que no parecemos renos, imbécil! —le espetó un Djinn de Tierra, haciendo que un peñasco se dirigiera hacia el no bello, sino bellísimo rostro de Álex, quien esquivó grácilmente.

—¡Pues no importa! .¡El tipo para el que nos vamos a disfrazar nunca ha visto un reno!

—¿"Nos", kimosabi? —se burló el Djinn Mercurio—. Suena a manada.

—Pues sí, "nos" —reiteró Álex—. Y seremos una manada.

Con parsimonia, Álex cortó unas ramas delgadas de varios árboles y las pegó atrás de las orejas de los Djinn Venus, y fue a robar unas cortinas rojas y verdes de Nueva Tale, además de una cantidad considerable de algodón y unas almohadas.

Ya estaban todos disfrazados, así que sólo faltaba la parte central del deseo: El Power Ranger. Álex divagó por espacio de diez minutos para llegar a la portentosa conclusión de que sólo en Tolbi venderían algo así; y él ya no era bien recibido allí desde la muerte de Lord Babi. Así que se decidió ir al único lugar donde había visto uno, y se teletransportó al cuarto de Eolo… otra vez.

—¡Guaaaaaaaaaaa! —clamó el niño, y Álex le injertó un chupón en la boca.

—Ahora no —espetó el Adepto de Agua, recorriendo con la mirada rápidamente la habitación. En cuanto visualizó al Power Ranger Azul, lo tomó—. Adiós, Eolo.

¡Espera! .¡Deja mi Power Ranger!

—A ver, a ver —caviló Álex en voz alta, sacándose las puntas de sus falsos bigotes de la boca—. Desprecias lo que hago por ti y me lanzas a todo tu pueblecito de piratas para que me den la golpiza de mi vida. Intento tomar mi justa paga por mis servicios y me dices renuncie a ella. Creo que mi punto está claro.

Y se teletransportó, dejando a Eolo llorando más fuerte que nunca.

—Agh, lo primero que haré al tener el Sol Dorado en su totalidad será tomar unas vacaciones —refunfuñó el Adepto de Agua.

—¿Ya? —se impacientó el Djinn disfrazado de Rodolfo el Reno.

—Ya vamos, ya vamos —gruñó Álex, y subió al trineo con el Djinn Mercurio y el Power Ranger.

—No esperarás que tiremos del trineo, .¿verdad? —ironizó el mismo Djinn Venus que había golpeado al Djinn Mercurio antes de la votación.

—No —suspiró Álex, cansado de tantas discusiones en un día—. Supongo que no. Pero al menos finjan que lo hacen.

Hizo levitar el trineo y avanzaron hacia donde estaba Félix, haciendo ángeles en la nieve.

—Jo-jo-jo —soltó Álex, con mucha menos alegría de la que debería tener un Santa Claus.

Félix se levantó de golpe y comenzó a dar saltitos como niño de tres años en Navidad.

—¡Santa, Santa! —llamó el Adepto de Tierra, corriendo a abrazar a Santa Claus cuando esté bajó del trineo—. Santa, estás demasiado… suavecito —notó, picando el abdomen de Santa Claus, que en realidad eran unas almohadas.

—Es por no hacer ejercicio —soltó Álex, esforzándose por que no entrara su barba de algodón en su boca al hablar—. ¡Duende! —llamó al Djinn Mercurio.

—¡Sí, Santa! —respondió aquél, medio burlón, llevando al Power Ranger.

Félix tomó el juguete, corrió en círculos un rato soltando muchos "¡Gracias, Santa!" y se fue tras mencionar algo de enseñárselo a Nadia.

Álex se arrancó la barba, mientras los Djinn se sacudían para quitarse sus respectivos disfraces.

—Empiezo a pensar que la recompensa por hacer esto no es suficiente —masculló Álex, dejando un reguero de almohadas en el trineo, mientras los Djinn se iban para comentar con otros Djinn lo que acababan de presenciar.

Álex soltó un largo suspiro de resignación al pensar que la siguiente de la lista era la terca paranoica de Sole.


(?)… perdí la canción… T.T ¡Ya no tengo a mi charro ponciano en la pc! No recuerdo bien este verso y no estoy del todo segura de cómo va, así que… imaginen lo que quieran. Por cierto, mil grax por sus comentarios! Realmente me anima mucho el ver que hay más fans de Golden Sun de los que parece, yes sir.