Hola

BUENO!! ARTHEMISA!! Llegué a pensar que habías releído la muchacha en las sombras y te había dado un infarto de verdad jajajaja. Qué alegría volver a leerte chica! (Aunque me alegraría mucho más si pudiera leerte algo más que reviews, QUE NOS HAS DEJADO COLGADAS!!)

Kara, hermana mía... Sobre lo que vio Nadya (y esto también va para ti, Arthe) Como tú misma dices... Tendrás que esperar a leer jejeje. Pero no tardará mucho, palabra. Que los próximos capítulos calculo que irán rápido.

Arthe.. ¿Árvidas también? Chica, deja a alguno, no sé... (¡A Armand no vale, que ese ya está muerto!)

Y si, bueno.. Hemos hablado Kara y yo... Y creemos que Demian... En fin, tú ya nos entiendes.. Ya veremos lo que hacemos con Marian.. ¿Presentársela a Nadya, y que hagan un club de dagnificadas?

Y si, claro, se admiten más hermanas. Donde caben dos, caben tres jajaja..

Sobre la boda... Ya, yo tampoco acabo de imaginárme… ehhhh… nada, que sigas leyendo.

(Sobre Lisías, y la segunda parte de la muchacha.. Si, a lo primero y dame un tiempo a lo segundo)

Por ahora os dejo el siguiente capítulo. Y el próximo prontito, palabra.

LEONARDO. El viaje.

Nadya me dirigió una mirada severa. No me cabe la menor duda de que si hubiera creído por completo nuestras palabras su mirada sería aún peor, pensé divertido. Pero, aunque si bien yo había hablado con franqueza al decirle que sus apetitos cada vez son más voraces, no es menos cierto que todavía distan mucho de aproximarse a los míos o los de Lyosha. Poco a poco va aproximándose ante nuestros complacidos ojos al vampiro que debe ser, pero aún queda mucho de la moral humana en ella. Su proceso de transformación había empezado mucho más tarde de lo que debería, probablemente por que nunca ha necesitado alimentarse de humanos, o tal vez por la burbuja en que Lyosha la mantuvo el primer año tras su transformación. Y no es que lo culpe. Si hubiera sido yo el que gozara de ese privilegio, probablemente me comportaría igual o peor que él. El caso es que, por un motivo u otro, mi joven compañera no había empezado realmente el camino sin retorno hasta convertirse plenamente en uno de los nuestros hasta la muerte de Sila. En ese momento empezó a mostrar por primera vez la fiera que un día será, y con cada día que ha pasado desde entonces, sus limitaciones mentales son cada vez menores. No es de extrañar, ya que una vez que el proceso comienza, es imparable, aunque tarde tanto en mostrarse como ha sucedido con ella. Y aunque sé que echaré de menos a la tímida mujercita que me ha acompañado el último mes también sé que, aunque parezca imposible, la amaré mucho más cuando pueda compartir con ella lo mismo que comparto con mi hermano. Como la reciente cacería de esta noche, o el hecho de que me importe muy poco cual es el motivo que ha llevado a Lyosha a querer matar al antiguo amante de Nadya. Aunque me lo contará cuando lo considere oportuno, tampoco me hace ninguna falta. Si mi hermano señala a un hombre, y me dice 'mátalo', no dudaré ni un segundo en arrancarle la cabeza, sabiendo sin ningún género de duda que él haría lo mismo por mí. Somos depredadores, matar es nuestro oficio y nuestra razón de ser. Es verdad que me gustan demasiado los mortales como para matarlos sin motivo, pero también es verdad que mis razones y las de mi hermano son mucho menos inflexibles que las de Nadya. Al menos de momento.

"No podéis ir por ahí amenazando con matar a todos mis ex novios", sonrió Nadya, en un tono que me demostró fehacientemente lo que yo ya sabía. Que piensa que Lyosha habla por hablar.

"No era una amenaza", replicó éste.

Cierto. Era una simple y pura declaración de intenciones. Si amenazas, puedes volverte atrás. Al igual que mi hermano, yo jamás amenazo. Actúo.

"Vale, es igual. Dejemos el tema, ¿de acuerdo?", pidió Nadya. "No es algo que me agrade recordar. ¿Por qué no vamos a ver como les ha caído la noticia a Shyn y Sandra?", añadió, poniéndose en pie.

Reconozco que yo mismo siento curiosidad por conocer la reacción de las compañeras de Lisías, así que no me costó nada levantarme para acompañarla a la mansión. Nada más entrar, la suave voz de Lisías, llegó en forma de susurro desde el piso superior.

"Nadezhda, querida, ¿serías tan amable de subir un instante?"

Nadya nos dirigió una rápida mirada antes de apresurarse escaleras arriba. Lyosha y yo nos dirigimos al salón. Si Lisías hubiese querido que subiéramos también, nos lo hubiera requerido. Tomamos asiento junto al fuego, disfrutando de su calor y de nuestra mutua compañía. Siempre es un placer llegar a ese grado de compenetración que te permite mantenerte callado durante horas en presencia de un amigo, sin sentir la necesidad de romper el silencio con comentarios banales. Me estiré, regodeándome con la poco habitual sensación de tranquilidad que invadía mis músculos. La cacería ya había templado mis nervios, pero el salvaje encuentro con Nadya, los ha serenado por completo. Estoy tan relajado como un maldito gato casero.

"Que extraña es la vida. El León se siente como un gato casero y nuestra dulce gatita se está convirtiendo en una leona salvaje", se burló Lyosha.

"Como debe ser", reí. "Pero tranquilo, aún disfrutarás algún tiempo de su inocencia. El proceso va rápido, pero no tanto"

Lyosha rió entre dientes, sabiendo perfectamente a que me refería.

"Tampoco me creyó cuando le dije que mataría a su último amante. Ya sabes, con el que vivió en Moscú justo antes de conocerla", sonrió. Hizo una pausa para mirarme. "¿No vas a preguntármelo?"

Me encogí de hombros.

"¿Para qué? Seguro que no va a gustarme, y sabes que lo que le dije a ella es cierto. Si el motivo es suficiente para ti, lo es para mí", respondí.

"No me refería a eso, Leo", replicó pacientemente.

Lo observé unos instantes, hasta que la luz se hizo en mi cerebro

"Comprendo", asentí, sopesando mi respuesta. "No. No voy a preguntártelo. Confío en ella. Si dice que sólo lo hizo presionada por él, yo la creo. No tengo otra opción"

Mi hermano asintió, sonriente. Es la respuesta que él esperaba, aunque no lo he dicho sólo por eso. No me hace ninguna gracia que Nadya haya estado a punto de comprometerse para siempre con otro hombre, pero si ella insiste en que no lo ha hecho movida por los sentimientos, yo la creo. No hacerlo me hubiera carcomido por dentro durante décadas. Quiero vivir convencido de que mi hermano y yo representamos para ella lo mismo que ella para nosotros. No me importan los demás hombres, siempre y cuando no haya sentido por ellos lo mismo que por mi hermano y por mi. Si, soy un celoso patológico, ¿y qué? Puedo permitírmelo.

Miré a Lyosha y lo vi perdido en sus pensamientos. Quizá yo no necesite de sus motivos para seguirle hasta el mismísimo infierno si me lo pide, pero él necesita desahogarse. Lo que quiera que sea que ese hombre le haya hecho a Nadya, lo ha ofendido hasta un punto que a duras penas puede soportar y decidí ayudarle a llevar esa carga.

"¿Qué fue, Lyosha? ¿La insultó, la amenazó?", pregunté.

"Todo eso. Y más", gruñó.

Ahora si que quiero saberlo. Y pronto. Lyosha levantó hacia mí sus ojos, negros como el ala de un cuervo.

"La golpeó. La escena está grabada a fuego en su mente, hermano", respondió rechinando los dientes. No pude reprimir un ronco rugido, mientras él continuaba hablando. "La abofeteó, ella cayó al suelo y el siguió golpeándola. Con los puños, con los pies. La dejó ahí, amenazándola con volver una y otra vez hasta que entrara en razón. Nadya se aterrorizó de tal modo que escapó esa misma noche, dejando atrás su casa y casi todas sus cosas. Cargó sólo con una maleta, un ojo morado y dos costillas rotas"

"¿Lo viste bien?", pregunté, controlando a duras penas mi rabia.

El asintió.

"No hay lugar en la tierra donde pueda esconderse. Conozco su cara, y su nombre. En el momento oportuno, iremos a por él"

"Que no sea demasiado tarde. Los humanos tienen la mala costumbre de morirse, y no quiero que nada me prive del placer de mandarlo al infierno con mis propias manos", gruñí.

"Tranquilo, no será tarde. Nadya vivía con él en King Solomon. Si aún está ahí...", dejó la frase a medias, esbozando una malvada sonrisa.

"¡Milton!", exclamé encantado.

Perfecto. Le habíamos prometido a Milton visitarlo cuando estuviéramos instalados definitivamente en nuestra nueva residencia. Adelantarlo no sería un problema, y Nadya no se extrañaría si una vez ahí, Lyosha y yo nos desplazábamos a la ciudad con cualquier excusa. Si ya me apetecía volver a ver a mi amigo mortal, ahora tengo la excusa perfecta para no posponer la visita por más tiempo.

Meditaba sobre mi extraña amistad con el anciano, cuando una puerta se abrió en el piso superior, tras lo cual Lisías y Árvidas no tardaron en reunirse con nosotros. Los dos traen sendas expresiones de exasperado aburrimiento pintadas en sus rostros. Lisías fue el primero en hablar.

"Os juro, amigos, que si llego a saber que esto iba a ser así, hubiera pensado en otra cosa", masculló.

Reprimí una carcajada. Su mal humor es tan evidente, que podría hasta tocarlo. Imaginé que se trataría de estúpidas cuestiones de protocolo humano, con las que Lisías está muy poco acostumbrado a bregar. Aprecia a los mortales, pero desde una interesada distancia. Él no es como mi hermano o como yo, que nos movemos continuamente entre ellos, divirtiéndonos con sus asuntos.

"Cuando ha empezado a hablar de vestidos, flores, anillos, madrinas y no se cuantas cosas más, creí que iba a enloquecer. Si Nadezhda no hubiera subido y nos hubiera echado de allí, me habría rendido. Estoy casi dispuesto a asegurar que esta ha sido la peor idea que mi primo aquí presente ha tenido en toda su larga existencia", rezongó Árvidas.

"Y yo no puedo por menos que darte la razón", aprobó Lisías.

"Vamos, amigos, no puede ser tan malo", rió Lyosha.

"Al menos no tan malo como tener que esperar a que se olvide de esa idea", sugerí.

"No sé que decirte", gruñó Árvidas. "Siempre me quedarían las cacerías. Y las mortales"

Reprimí una sonrisa, y no me sorprendió ver como mi hermano ocultaba la suya tras las manos. Es cierto que la idea de que las mortales 'no cuentan' está muy extendida entre los nuestros, pero dudo mucho que Cora esté de acuerdo con eso. Casi tanto como estoy seguro de que a Nadya tampoco le iba a hacer la menor gracia que mi hermano o yo pusiéramos en práctica tal costumbre.

"Ahora ya no puedes volverte atrás, o Nadya te arrancará la cabeza, amigo. Y no seremos nosotros los que nos atrevamos a detenerla. Recuerda como te amenazó", sonreí.

"Soy muy consciente de ello, Leo, créeme", respondió contrito.

Lisías enarcó las cejas.

"¿Nadezhda te ha amenazado? ¿Y resultó convincente?", preguntó con incredulidad.

"Ya lo creo, Lisías. Lo de Sila no fue nada comparado con la forma en la que se mostró frente a tu primo. Nuestra pequeña está creciendo, amigo", sonrió Lyosha.

"No imagináis cuanto me agrada oírlo. Empezaba a temer que jamás se desembarazaría de sus limitaciones", comentó complacido. "Y será muy útil ahora que vuestra marcha ya es inminente. Y hablando de eso, ¿tenéis ya todo dispuesto para partir?"

"Sólo nos falta hacer las maletas, y buscar un transporte", respondió Lyosha.

"El transporte no es problema. Patrick os llevará cuando lo deseéis"

"Te agradecemos el ofrecimiento, Lisías, pero aún tenemos que hacer un par de escalas antes de llegar a Canadá", respondí. "Primero tendré que pasar por Siena, a cerrar mi casa y embarcar mi coche y algunas otras pertenencias que guardo allí. Y también teníamos previsto pasar por casa de Milton"

Lisías nos miró con sorpresa.

"Esperaba que cerraras tu casa, Leonardo, pero no alcanzo a ver el motivo de visitar a Milton en este momento. Creí que esperaríais a estar instalados"

"Si, esos eran nuestros planes. Pero recientemente hemos descubierto cierto asunto que requiere nuestra atención. No es que sea urgente, pero tampoco nos gustaría retrasarlo mucho tiempo", contesté, con cierta reticencia.

Lisías nos observó con atención durante unos segundos, mientras Lyosha y yo le sosteníamos la mirada con serenidad. Por supuesto, ha percibido nuestros sentimientos, y sabe sin duda que lo que nos lleva a King Solomon no es una simple visita de cortesía. Ni a mi hermano ni a mí nos importa lo más mínimo que sepa que nuestro objetivo es una caza del hombre. Si le contamos la historia, él mismo se ofrecerá a acompañarnos. Adora a Nadya. Pero no hay forma de saber si ella nos estará escuchando. No es la primera vez que lo hace, y si se entera de nuestros planes no podremos arrastrarla a casa de Milton ni atada.

"Comprendo", asintió, dándose perfecta cuenta del motivo de nuestro silencio. "Bien. Aún así no es un problema. No tengo pensado utilizar el Gulfstream de momento. Patrick estará encantado de llevaros. Si no tenéis inconveniente, por supuesto"

"En absoluto, Lisías. Y gracias una vez más", respondió Lyosha. "Si disponemos de tu avión nos moveremos mucho más rápido, y ya empieza a ser urgente que nos traslademos, teniendo en cuenta que nuestra alianza ya ha debido llegar a todos los oídos en los últimos días"

Lisías rechazó nuestro agradecimiento con un gesto de su mano.

"No me des las gracias. Yo soy el primer interesado en que os establezcáis por fin. Claro que si vuestra compañera no consigue hacer entrar en razón a Cora, tendréis que elegir entre retrasar aún más vuestra partida, o marcharos sin mi primo y su futura esposa", sonrió, pronunciando la palabra 'esposa' con más que evidente ironía.

"Esta si que será una curiosa familia. Por su fuera poco tener entre nosotros al primer vampiro que no ha deseado jamás la sangre humana, ahora también tenemos a la primera pareja que contrae matrimonio", reí.

"Y esperemos que la costumbre no se extienda. En toda mi milenaria existencia había oído jamás semejante cúmulo de absurdos rituales", gruñó Lisías.

La puerta del despacho de Lisías se abrió de nuevo y los apresurados pasos de Nadya se dejaron oír en el vestíbulo. La invitamos a entrar de inmediato, y pasó al salón con una expresión más que satisfecha dibujada en su hermoso rostro.

"Ya está todo solucionado. Sólo hacía falta un poco de mano izquierda", sonrió orgullosa. "La he convencido de que lo podéis solucionar todo mucho más fácilmente escapándoos esta misma noche a una capilla y expresando vuestros votos a solas frente al altar"

Lisías y Árvidas la miraron estupefactos.

"¿Y eso es todo? ¿Nada de anillos, ni de curas, ni de trajes, ni de ceremonias? ¿La llevo a una capilla y ya está?", preguntó Árvidas atónito.

Nadya se encogió de hombros, satisfecha.

"¿Y se puede saber como has podido convencerla, Nadezhda? Por más yo que intenté negociar con ella, no hubo forma de hacerla entrar en razón", preguntó Lisías.

"Bueno, alguien me dijo una vez", empezó, dirigiéndole una mirada divertida a mi hermano "que la vida no es como en las novelas de Jane Austen. Pero acabo de demostrar que en algunos casos se equivoca. Sólo tuve que apelar su romanticismo. Una mujer que espera durante veintiocho años al hombre ideal, a la fuerza ha tenido que fantasear con la idea de un matrimonio secreto, en una pequeña capilla, en la que su amado le jura amor eterno con bellas palabras. Así que no me decepciones, Árvidas, y procura que tus votos hagan palpitar su muerto corazón vampírico", sonrió.

En la cara de Árvidas apareció una expresión confusa. Supe lo que estaba pensando antes de que abriera la boca, y no pude reprimir una sonora carcajada. Mi futuro primo no se distingue por su sutileza. Sin duda había imaginado que bastaba con llevar a Cora a una iglesia, forzar la puerta, plantarse delante del altar y decir algo del tipo: "Tú. Mía. A partir de ya". Lyosha rompió a reír en el mismo instante en que esos pensamientos aparecieron en mi mente. No es muy difícil imaginarse al hombretón de esa guisa, y aunque debo reconocer que eso funcionaría con bastantes mujeres, dudo mucho que la dulce Cora lo considere adecuado.

"No te preocupes, amigo. Nosotros te ayudaremos a redactarlos", ofreció Lyosha entre risas.

"Por supuesto. No pude ser tan complicado", añadió Lisías.

Volví a reírme a carcajadas.

"¿Estáis bromeando? ¿El eslavo y el anciano piensan escribir una declaración de amor? Por todos los diablos, jamás nos marcharemos de aquí. Cora se volverá atrás en cuanto Árvidas abra la boca", me burlé.

"¿Piensas acaso que tú podrías hacerlo mejor, Leonardo?", preguntó Lisías con evidente sarcasmo.

"Déjalo que lo intente, Lisías. Esto puede ser divertido", me provocó Nadya.

"¿Acaso piensas que no seré capaz, amor?", pregunté, enarcando las cejas. "Soy florentino, por todos los demonios. Nosotros inventamos el amor romántico. Por mis venas corre la sangre de Dante. De Petrarca. De Bocaccio..."

"De Maquiavelo", añadió Lyosha con sarcasmo.

"Un verdadero genio", repliqué. "Como él mismo dijo, el fin justifica los medios, querido hermano. Y cuando el fin es seducir a una joven dulce y romántica como Cora, el mejor medio es la poesía"

"Pues adelante, trovador, demuéstranos tus dotes", replicó Nadya.

"No es que me moleste, querida, pero hasta ahora siempre has preferido la intimidad para mis demostraciones", me burlé.

Ella se levantó con un bufido, y tras rebuscar en el escritorio situado junto a la ventana, le tendió a Árvidas unas hojas de papel y una estilográfica, sin dejar de mirarme con expresión retadora.

Sonreí. Si Nadya espera que yo me vuelva atrás, se va a llevar un gran chasco. Cerré los ojos, intentando concentrarme, y empecé a hablar.

"Por ti cambiaré las alas de mi libertad por las dulces cadenas de tus brazos. Tus ojos serán la estrella que guíe mi camino en la solitaria eternidad de mis noches, tu amor mi manta y mi abrigo, tu sonrisa mi único dios. Seré para siempre esclavo de tu cuerpo, prisionero de tus besos. Rendido ante tu belleza, suplico de tus labios el mágico beso que sellará hasta el fin el amor que hoy te ofrezco trémula, humildemente. Y serás por siempre tú, mi compañera y mi vida. Mi esposa"

Abrí los ojos para encontrarme con la atónita mirada de todos los presentes. Reí entre dientes, al comprobar que realmente no me creían capaz de pronunciar un discurso empalagoso. Por todos los diablos ¿qué esperaban de un latino que había nacido a su nueva vida en un burdel? Apenas era un niño recién apartado de las faldas de su madre, cuando aprendí que las palabras melosas abren más piernas que puertas abre una ganzúa. Miré hacia Nadya, y sonreí para mis adentros. Por mucho que presuma de ser diferente a Cora, a ella también se la seduce con poesía y miel.

"Demonios jorobados", murmuró Árvidas. "No está nada mal. Creo que servirá. Gracias, amigo. Yo no habría sabido ni por donde empezar"

"No me des las gracias a mi, dáselas a Nadya. Ella es mi inspiración", dije, con la más seductora de mis sonrisas.

Tal y como yo había esperado, funcionó a la perfección. Me sonrió con increíble dulzura, y dejó escapar un encantado 'oh, Leo'. Lisías hizo rodar los ojos con exasperación mientras Nadya se acercaba a mi y besaba suavemente mi mejilla. Crucé una mirada con Lyosha, sabiendo que éste ha asistido a todo mi proceso mental. Tal y como había esperado, me mira con una sonrisa sarcástica.

"Si abres la boca, te la cierro de un puñetazo", sonreí.

Y por una vez él me devolvió la sonrisa en lugar de enfadar a Nadya diciéndole lo que ha encontrado en mi cabeza.

"Vamos, Casanova. Hay que empaquetar nuestras cosas, y buscar un transporte para mi coche"

"¿Casanova?", mascullé, poniéndome en pie. "Ese principiante con más fama de la que merece era veneciano. No me ofendas, hermano. Aún hay clases", protesté.

El resto de la mañana transcurrió plácidamente. Mi hermano y yo no tardamos ni diez minutos en lanzar toda nuestra ropa y un par de objetos que habíamos adquirido durante nuestra estancia en casa de Lisías a las maletas y cajas que teníamos preparadas a tal efecto. Un par de llamadas telefónicas solucionaron el problema de su coche y de los muebles que aún había dejado en Irkutsk después de que Aníbal y Plauto cerraran la casa que compartía con Nadya en un pueblo cercano a esa ciudad. La misma empresa de transportes se hará cargo de mis pertenencias y de mi querido Murciélago. Si todo va bien, y no hay ningún motivo para pensar que no será así, mañana al atardecer yo también lo tendré todo dispuesto.

Pero naturalmente, Nadya se demoró una eternidad. Moviéndose a una exasperante velocidad humana, se empeñó en doblar cada prenda y envolver cada frasco cuidadosamente. Yo ni siquiera me hubiera molestado en llevarme la ropa, de no ser porque ella se había empeñado en que era un regalo que nos había hecho, y nos había soltado un aburrido discurso sobre lo inadecuado de tirar el dinero. No alcanzo a comprender como no se da cuenta de que para nosotros la única forma de gastar nuestra fortuna es precisamente tirar el dinero. Once siglos son muchos para hacerse rico. Las casas y terrenos que adquiriste en el pasado hoy se venden por una cantidad exorbitante. El valor de tus libros, sellos, ropas y joyas se vuelve incalculable. El cuadro que compraste en aquella pequeña galería atraído por sus colores resulta ser al cabo de unos años una obra de arte codiciada, a pesar de que el pintor que la creo, en su momento murió en la más absoluta miseria. Sólo el oro y los terrenos con los que me pagaron mis servicios como mercenario serían más que suficientes para que viviera con comodidad durante siglos. No tengo ni la más remota idea de a cuanto asciende mi fortuna, ni tampoco me importa. Nadya insiste en que ese dinero hay que emplearlo en ayudar a los desfavorecidos, pero no existe esa clase de ser entre los nuestros. Los vampiros muertos de hambre sólo se encuentran en las malas películas. Y con respecto a los humanos, prefiero dejar que se las arreglen solos. En ocasiones no me importa ayudar a un mortal que me resulte simpático, pero son acciones puntuales con seres que me agradan. No pienso ayudar a una ingente masa de desconocidos que probablemente ni siquiera me caerán bien.

Llevaba ya un buen rato concentrado en ayudar a mi hermano con su entretenimiento más reciente, traducir al ruso las obras completas de Sófocles, cuando los pasos de Lisías y sus hermanos se detuvieron ante nuestra puerta. Me levanté para abrirles, y entraron sonrientes, acomodándose en torno a la chimenea. Nadya asomó la cabeza a la barandilla de las escaleras circulares que partían del centro del salón.

"Buenos días, caballeros", saludó

"Buenas tardes, Nadezhda", replicó Lisías. "Son más de las tres"

Ella abrió los ojos de par en par, mientras consultaba su reloj.

"¡Diablos! Me he entretenido demasiado. ¡Y había quedado de ayudar a Cora! Quiere elegir un vestido, y peinarse, y...". Se dirigió a nosotros "¿Podéis encargaros vosotros de subirlo todo al avión? Ya está prácticamente todo embalado. Sólo falta guardar un par de perchas"

"Por supuesto, querida. Ve tranquila", respondió Lyosha.

Nadya no se hizo de rogar ni un instante más. Bajó las escaleras de un salto, y tras dedicarle una sonrisa a los presentes, salió a toda velocidad en dirección a la mansión.

Aníbal nos miró divertido.

"Creía que Nadezhda estaba totalmente en contra de toda esta historia. Sin embargo, parece muy emocionada con la idea de ayudar a vuestra joven prima", comentó

"Cualquiera diría que quiere ser la siguiente", rió Ahmed.

"Ni de broma, amigo", contesté con absoluta seguridad.

"Yo no sería tan rotundo, Leonardo", sonrió maliciosamente Lisías. "Puedo leer en ella una curiosa mezcla de sentimientos, y alguno de ellos tiene más que ver con la envidia que con la repulsión"

"Me tomas el pelo", aseguré, mirando hacia mi hermano, para que desmintiera las palabras de Lisías.

En lugar de eso, Lyosha se encogió de hombros con cierta resignación.

"Se le pasará", afirmó, no sé bien si para responderme a mi, o a si mismo.

"Yo no estaría tan seguro", replicó Plauto, sonriente. "Nadezhda puede ser muy testaruda cuando se obceca en una idea"

Paseé los ojos de uno a otro, intentado decidir si es una broma que Lisías y sus hermanos han preparado a modo de despedida. Decidí que tiene que ser así, y que mi hermano al leerla en sus mentes, se ha unido a la burla. Es sencillamente imposible que Nadya considere siquiera la absurda idea de seguir los pasos de Cora. Y por supuesto, yo no soy Árvidas. Ni en un millón de años conseguirá de mi algo tan ridículo. No en vano he tardado once siglos en decidirme a sentar cabeza, y eso a pesar de que ofertas no me han faltado nunca. Por supuesto, no me arrepiento lo más mínimo, amo a Nadya más de lo que jamás creí posible, y haría lo que fuera por ella. Lo que fuera menos esto. Por todos los diablos, ¡tengo una reputación que mantener!

"Minino, minino", susurró maliciosamente Lyosha.

"Al infierno, Lyosha", repliqué molesto. "Espero que esto sea una broma, por que si no lo es y se te ocurre siquiera pensar en apoyarla en semejante ridiculez, no te lo perdonaré en lo que queda de siglo", gruñí.

"Tranquilo, hermano. Estoy contigo. ¿No lo estoy siempre?", respondió sonriente, mientras Lisías y sus hermanos estallaban en carcajadas.

"Es una pena que os marchéis. Esta historia promete", rió Lisías.

"Déjalo ya, hermano. Dudo que Leonardo pueda hacer frente a esa idea ni un instante más", se burló Plauto. "Y hablando de marchar, Patrick tendrá todo preparado para que podáis salir de madrugada. Aníbal ya ha empacado sus pertenencias y tenía pensado dejarlas en el avión antes de marchar a la ciudad con Cora"

"En cuanto se reúnan con nosotros, partiremos inmediatamente. No es que no apreciemos vuestra hospitalidad, pero ya estamos deseando instalarnos. Además, dado que ya habéis anunciado la alianza, imagino que ya tendremos varios nómadas rondando ante nuestras puertas, y no sería cortés hacerlos esperar por más tiempo", respondió Lyosha.

"Y sin embargo, tenéis pensado deteneros en casa de Milton", replicó Lisías. "Ahora que podemos estar seguros de que Nadezhda no nos escucha, ¿no vais a contarme que os mueve a hacer tan inesperada escala?", preguntó Lisías.

"Será una escala muy breve. No nos retrasará más de un día o dos. Tenemos que solucionar una cuenta pendiente con alguien en King Solomon. Un antiguo amante de Nadya", explicó mi hermano.

Lisías nos miró, demandando más explicaciones. Sabe que tiene que ser algo que Lyosha y yo consideramos importante, o no nos demoraríamos ese tiempo innecesariamente, pero aún así, la curiosidad es más fuerte que él. Una cualidad común a casi todos nosotros.

"Le dio una paliza", respondí con un gruñido.

La ira brilló en los verdes ojos de Lisías.

"Comprendo. Si no fuera porque hay ciertos asuntos que me lo impiden, me encantaría acompañaros y ver como saldáis esa cuenta", masculló.

Satisfecha su curiosidad, Lisías se embarcó en una detallada explicación de las últimas noticias que ha recibido de sus espías en Estados Unidos. El clan de jóvenes bebedores humanos que será nuestro principal rival se está moviendo mucho últimamente. Reciben visitas de otras pequeñas familias de continuo, y sus miembros viajan de un lado a otro del país con misiones que no han podido descubrir los espías enviados por Lisías. Sea lo que sea lo que están preparando, no debe faltar mucho para que se ponga en marcha. No es una idea agradable. Tanto Lyosha como yo esperábamos disponer de tiempo para admitir a unos cuantos hombres en la familia, y formarlos adecuadamente antes de empezar ninguna acción. Quizá nuestra relación con el clan rival se pueda resolver con la diplomacia, pero no es lo habitual entre seres tan irritables y egocéntricos como nosotros, y preferíamos estar preparados para la guerra.

Las horas transcurrieron velozmente mientras intentábamos descifrar los absurdos mensajes y movimientos de los jóvenes bebedores de humanos, sin conseguir mucho más que elucubraciones inservibles. En un momento dado, Nadya apareció para informarnos de que Cora y Árvidas ya habían marchado a la ciudad, y que se reunirían con nosotros en el avión. 'En cuanto les sea posible', añadió con un rintintín malicioso. Reí para mis adentros. Mi futuro primo lleva varios días con una sola idea en la cabeza. No tengo ni la más mínima duda de que aún dispondremos de muchas horas antes de que se de por satisfecho.

Aprovechamos para embarcar nuestros bienes, y dar las últimas instrucciones a Shannen y Alejandra para que permitieran el acceso a la mansión a la empresa que se encargaría de transportar los muebles y los coches. Nadya se mostró alegre y excitada hasta que llegó el momento de despedirse de las compañeras de Lisías. Los últimos días ha estrechado sus lazos de amistad con ellas, mientras la introducían en todas las farragosas cuestiones administrativas y de protocolo de las que tendrá que encargarse en nuestro futuro hogar, y ahora que ha llegado el momento de marchar, le cuesta apartarse de sus nuevas amigas. Aunque me dolió verla tan desanimada, me lo esperaba. Al fin y al cabo, son las primeras mujeres de su nueva especie con las que traba amistad después de un año de pertenecer a los nuestros. Cuando desaparecieron de nuestra vista, Nadya parecía a punto de romper a llorar. No me costó nada prometerle que la traeríamos a visitarla al menos una vez al año, y eso pareció animarla.

Eran más de las doce, cuando Árvidas y Cora se reunieron con nosotros. Él nos saludó sonriente, tomando asiento junto a nosotros, mientras ella arrastraba a Nadya hasta el fondo del avión, que Patrick se apresuró a poner en marcha, rumbo al único lugar en el mundo que yo había considerado como un hogar en los últimos once siglos. La hermosa Florencia y la Toscana. La región más bella de la tierra. La echaré de menos cuando tenga que instalarme en las frías laderas del norte de Canadá. He vivido en toda Europa, parte de Asia e incluso algunos meses en ciertas zonas del norte de África. Pero una y otra vez, siempre acabo regresando a mi ciudad natal, visitando sus calles y plazas, perdiéndome en los recovecos de lo que hoy son sus museos y en el pasado habían sido los hogares de mis familiares y amigos. De todas mis pertenencias, la única de la que no estaré jamás dispuesto a deshacerme es mi villa en la Toscana, próxima a Siena. En cada ocasión en la que he fingido mi propia muerte, para heredar mis bienes con otro nombre, presté especial cuidado de no perder los papeles de esa casa en particular. La conservaré hasta que mis cenizas se esparzan por la tierra. Ningún otro sitio en el mundo me otorga tanta paz como ese lugar, sus densos bosques y sus aromáticos viñedos.

El viaje fue breve, y pasé la mayor parte del tiempo escudriñando el cielo a través de las ventanillas, esperando ver aparecer ante mis ojos el maravilloso espectáculo de mi hermosa ciudad vista desde el aire. Cuando por fin empecé a distinguir su familiar silueta recortándose en la distancia, mi humor pasó de la expectación a la exaltación en un instante. Ahí estaba el Duomo, el Battisterio con su Porta del Paradiso. El palazzo Uffizi. El Campanille. El Ponte Vecchio... La bella Firenze una vez más.

"Desde los Médicis, siempre ha sido una de las ciudades más hermosas de Europa", sonrió Lyosha, tras leer mis ensimismados pensamientos.

Asentí. Definitivamente, voy a echarla mucho de menos. Demasiadas aventuras entre sus calles como para poder dejarla sin sentir un estremecimiento.

"Volveremos a menudo, Leo", me animó Lyosha. "Establecernos tampoco significa enclaustrarnos", sonrió.

Suspiré. No es momento para melancolías, tengo trabajo que hacer, y hay que organizarse.

"Mi casa está a unos ochenta kilómetros de aquí. Deberíamos alquilar un coche en el aeropuerto para trasladar algunas cosas que deseo llevarme. En ocasiones tengo que darle la razón a Nadya. Los deportivos no siempre resultan prácticos", reí.

"Siempre tengo razón, querido", sonó su voz a mis espaldas. Se asomó a la ventanilla, mientras el avión seguía sobrevolando mi ciudad, en espera de poder aterrizar. "¡Qué ciudad mas hermosa! Nunca he estado en Italia, aunque siempre he deseado visitarla".

"Te prometo que volveremos con más tiempo, querida. Y te enseñaré hasta el último rincón de mi querido país natal. ¡Qué demonios! Me siento generoso. Te llevaré incluso a Venecia", reí.

Tras un aterrizaje impecable, el avión se deslizó suavemente hasta los hangares. Nos disponíamos a abandonarlo, cuando Patrick salió de la cabina con gesto preocupado.

"He recibido las previsiones meteorológicas, y me temo que tendréis que apresuraros. Han anunciado un día soleado y una temperatura de veintiún grados", explicó.

Maldije entre dientes. Tenía que haberlo supuesto. Ese es el único inconveniente que tiene para un vampiro vivir en un lugar así. Florencia es hermosa, pero demasiado cálida. No es infrecuente encontrarse en pleno invierno con días radiantes y soleados. Cada vez que me decido a vivir aquí unos cuantos años, paso una infinidad de días encerrado en la villa, o escondido entre los bosques ocultándome del sol. Consulté el reloj. Las tres y media. El buen tiempo tira por tierra mis planes de dar una vuelta por la ciudad antes de partir, pero aún faltan unas cuantas horas para el amanecer. Tendré tiempo de sobra para sacar de mi casa lo imprescindible y volver al aeropuerto antes de que el sol nos ponga en evidencia, revelando nuestros cuerpos convertidos en transparentes ante sus implacables rayos. Pero mi hermano y yo tendremos que ir solos. Sólo Árvidas puede seguir nuestro ritmo, y ya que el sol se pone en nuestra contra, es mejor que se quede con las mujeres. Por otro lado, si surge algún inconveniente, y nos retrasamos, Lyosha y yo somos los únicos que podemos movernos lo suficientemente rápido como para no ser percibidos por ningún ojo mortal. Es cierto que no podemos mantener esa velocidad por mucho tiempo, pero si lo suficiente como para bajar de un coche y colarnos en el hangar.

Lyosha me dedicó una sonrisa radiante. La idea del coche le había parecido razonable y, sensato como es, la había asumido sin rechistar, pero mi hermano adora correr. Si forzamos al máximo nuestras piernas, llegaremos a mi casa en unos veinte minutos, y la mera perspectiva de una carrera a toda velocidad a través del bosque lo está poniendo de un humor excelente. Y debo reconocer que a mi también.

"A no ser que tengas demasiadas cosas que llevarte, es una buena opción", comentó, disimulando su excitación.

"No es un problema", respondí, mientras en mi cabeza preparaba a toda prisa un plan de contingencia. "Recogeremos documentación, mis armas, y unas cuantas tonterías más que guardo escondidas y el resto de los objetos a los que tengo aprecio podremos guardarlos en la cámara blindada del sótano. Nunca me deshago de esta casa, así que hace mucho tiempo que la tengo protegida. Recogeremos todo en diez minutos, y luego le llevaré las llaves a mi vecino. Él se encargará de todo"

"¿Y ese vecino no se molestará si lo sacas de la cama a las cuatro de la madrugada para darle las llaves de tu casa?", replicó Lyosha con una sonrisa irónica.

"En absoluto", reí. "Estará encantado. Ya lo verás"

Explicamos rápidamente los planes a los demás. Por supuesto, Nadya puso medio millón de objeciones. Odia quedarse al margen de los planes. En otra ocasión no me importaría llevarla, pero hoy nos retrasaría demasiado. Incluso aunque cargara con ella, no sería una opción viable. Tanto mi hermano como yo cargando con Nadya a nuestras espaldas, somos más rápidos que ella corriendo sin equipaje. Pero aún así nos retrasaría unos cuantos minutos vitales. Finalmente entró en razón, y tras dirigirle una mirada de advertencia a Árvidas para que la vigilara, salimos velozmente del avión. Menos de media hora después, entrábamos en mi casa.

Los jardines se han estropeado un poco en el último mes, pero aún así, siguen espléndidos. Es lo bueno de tener unos jardines agrestes. La Naturaleza se encarga perfectamente ella sola de mantenerlos vivos. Por un largo camino de tierra se llegaba a mi hogar. Un antiguo caserón de tres plantas construido de madera y sólida piedra. Lyosha silbó suavemente al contemplarlo.

"No me sorprende que no quieras deshacerte de ella, hermano", comentó sonriente. "¿Cuánto hace que la tienes?"

"Desde el siglo XIV, más o menos. Es una masía construida en el siglo XIII, y a pesar de las reformas y añadidos que he ido levantando a lo largo de los años, he mantenido la estructura y los materiales originales", expliqué. "En la parte posterior cultivo un pequeño viñedo, y vendo las uvas a mis vecinos. A un precio irrisorio, según me han dicho. Pero como comprenderás, no lo hago por dinero. Adoro el olor de las vides. Vamos, te enseñaré el interior"

Al entrar en la casa, Lyosha volvió a sonreír. Sé que mi casa es magnífica. He invertido mucho tiempo y dinero en ella.

"¿La has ido restaurando tú solo?", preguntó, mientras pasaba sus dedos por la piedra de la chimenea, la pieza central del salón.

"La mayor parte. Aunque contraté a varios artesanos para hacer algunos de los trabajos en piedra. ¿Te gusta?"

"Lo único que lamento es que no podamos trasladarnos aquí en lugar de a Canadá. Es una auténtica belleza, Leo"

"Lo sé. Paso horas simplemente contemplándola", suspiré. "A Nadya le encantaría. Es una pena que no haya podido acompañarnos"

"Volveremos, no te preocupes. Y ahora, pongámonos en marcha. No tengo ganas de agotarme inútilmente corriendo para evitar el sol y las miradas indiscretas"

Apenas quince minutos más tarde, habíamos trasladado todos los objetos valiosos que lamentaría perder a la cámara del sótano. No hace demasiado que instalé yo mismo esa cámara, comprando materiales a diversos proveedores, y estudiando cuidadosamente todos los adelantos en cuanto a paredes ignífugas y cierres de alta seguridad. Disimulada tras una pesada estantería de roble, la cámara no se muestra ante tus ojos a no ser que sepas que está ahí. Y sólo yo, y ahora mi hermano, conocemos su existencia. Empaqué rápidamente el resto. Documentación oculta en los dobles fondos de mis armarios, mis arcos y ballestas, cuidadosamente adaptados por mí a la fuerza de mis brazos, un par de espadas a las que les tengo especial cariño, mi Glock de nueve milímetros y una preciosa Mágnum '44, que compré hace unos meses. Adoro la precisión de las armas de fuego, y aunque me aburre soberanamente utilizarlas como auténticas armas, si me parecen un entretenimiento adecuado para los días de sol. Después de meterme el efectivo que tenía desperdigado por toda la casa en los bolsillos, di un rápido vistazo a mi alrededor para asegurarme de que no faltaba nada, y me dirigí a Lyosha, sonriendo.

"Listo. Sólo queda avisar a Gino", dije, recogiendo las llaves de la casa y de mi coche.

Guié a Lyosha a través de un camino al que se accede por la parte posterior de la casa, y poco después estábamos frente a la puerta de mi vecino.