Hola

Hola hermanitas. Aquí estoy para dejaros un nuevo capítulo. Me alegro mucho que os gustara el anterior!. (Y que os rierais jajaja. Yo también me río escribiéndolos)

Arthe, tu idea de encerrar a Nadya y a Marian, le veo un solo fallo… ¿Cómo vamos a poder con ellas? En especial a Nadya, con su fuerza, y tal.. Por el resto, la idea es buena jajaja.


Ah, y sácale una foto con el móvil a tu profe de inglés y nos la mandas. A lo mejor lo incluimos en la familia jajaja.

Kara ¿tú también con las abejitas y las flores, hermana mía? Jajajaja. Vale, tarde o temprano habrá algo de eso. Pero no será hoy jeje. Y en Canadá.. Pasará de todo, palabra.

Bueno, no me enrollo más, ahí va el capi.

NADEZHDA. Sorpresas y novedades.

Leo y Lyosha estallaron en sonoras carcajadas. Al ver la cara del pobre Milton les dediqué una mirada de advertencia que, como de costumbre, ignoraron por completo. Desde luego, hasta yo tengo que reconocer que Milton tiene toda la razón. Los dos se mueven con la evidente arrogancia del que sabe que jamás nadie se atreverá a disputarle el liderazgo. Son irritantemente seguros de sí mismos. Incluso en este instante, en el que están relajados y riéndose alegremente, su lenguaje corporal habla por si solo. Se sientan de tal modo que parecen ocupar todo el espacio, sin ningún tipo de prevención. Nada de cruzar los brazos en actitud defensiva, ningún rastro de tensión. Aunque sobra sitio en el sillón, dudo mucho que nadie, excepto yo, se animara a robarles ni un milímetro. La comparación con el macho alfa de una manada animal vendría a la cabeza de cualquiera, incluso de un profano en la materia. Al pensar en animales, recordé lo que había estado buscando segundos antes.

"Por cierto, y ya que hablamos de animales. Tengo una curiosidad y quizá vosotros podáis ayudarme", sugerí.

"¿De qué se trata, querida?", preguntó Lyosha, aún sonriendo.

"El otro día, cuando fui a cazar en casa de Lisías, me topé con un animal que no había visto jamás. No tengo ni idea de lo que era. He intentado buscarlo en la red, pero ha sido inútil", empecé. "Veréis, era una criatura muy grande. Tan grande como un oso"

"¿Y estás segura de que no era un oso, querida? Hay muchas clases distintas", me interrumpió Leo.

"Leo, sé perfectamente como huele un oso", repliqué molesta. "Ni de broma podía serlo. Esta criatura olía fatal. Lo peor que he olido en mi vida. De hecho, recuerdo haber pensado que no entendía cómo Lisías podía tenerlo en sus terrenos de caza. No probaría su sangre ni aunque estuviera desfallecida"

Leo y Lyosha cruzaron una curiosa mirada. Lyosha se volvió entonces hacia mí, su risa desaparecida por completo.

"¿Cómo olía exactamente, Nadya?", preguntó con seriedad.

"Como a putrefacción. Como un cadáver. ¿Recuerdas cuando pasamos por delante del cementerio en Irkutsk, al poco de transformarme? Pues era así, pero mucho peor", respondí.

Los ojos de mis dos compañeros se abrieron como platos. Lyosha cerró su mente con brusquedad, provocándome casi un sobresalto, como si una puerta golpeara inesperadamente. La inquietud de ambos es más que evidente.

"Nadya, ¿estás segura de lo que dices?", inquirió Leo. "¿Completamente segura? ¿Una criatura grande como un oso, y que olía a muerto? Intenta concentrarte, querida. ¿Puedes decirnos algo más? ¿Algo del olor, o de la forma?"

"Es muy difícil explicar un olor, y estaba demasiado lejos para verlo con claridad", contesté, intentando buscar en mi mente.

Miré a Lyosha, buscando ayuda. El asintió, mientras yo intentaba invocar los recuerdos de ese día. Leo contemplaba la escena con más que evidente ansiedad. Sentí la suave intromisión de Lyosha en mi cabeza, y le dejé hacer. Pocos segundos después, se levantó con rapidez, y Leo no tardó ni una décima de segundo en incorporarse junto a él.

"Es imposible", susurró Lyosha.

"Tiene que ser otra cosa, hermano. Acabamos con ellos hace siglos", replicó Leo.

"Aún así, tenemos que asegurarnos. Milton, ¿puedo usar tu teléfono?", pidió.

"Por supuesto, Aleksei. Está ahí mismo, en el escritorio. ¿Puedo preguntar que sucede?", inquirió, pero Lyosha ya estaba junto al teléfono acompañado por Leo, escuchando los tonos de llamada.

Sentí como el miedo me invadía. Su preocupación es tal que han olvidado sus propias instrucciones. Acaban de atravesar todo el salón a una velocidad imposible de percibir para Milton, y la inquietud en sus actitudes resulta evidente hasta para un observador casual. Hasta mis oídos llegó una voz conocida pronunciando un suave saludo al otro lado de la línea.

"Buenas noches, Peter. Soy Aleksei. ¿Podrías avisar a Lisías, o a cualquiera de sus hermanos, por favor? Es urgente", solicitó, intentando disimular la tensión de su voz.

"Aleksei, es un placer saludarte. Lo siento, Lisías salió para España con sus hermanos. Todo parecía tranquilo, y hace mucho que desean visitar a Pedro. Me temo que no estarán localizables hasta dentro de unas horas. Ya sabes que odia llevar teléfonos móviles. ¿Puedo ayudarte yo en algo?", ofreció.

Lyosha maldijo suavemente entre dientes. Cruzó una mirada con Leo, quien asintió, incitándolo a hablar con Peter. Lyosha tomó un innecesario aliento antes de empezar.

"Peter, escúchame con atención. Quiero que reúnas a los hombres más antiguos, y hagáis una batida en vuestros terrenos de caza. Ahora mismo", ordenó.

"Por supuesto. ¿Qué debemos buscar?", preguntó Peter, en tono eficiente.

Lyosha hizo una pausa.

"Lobos", espetó finalmente, y pareció casi como si masticara la palabra.

Un denso silencio se hizo al otro lado de la línea. Tras lo que pareció una eternidad, Peter volvió a hablar.

"¿Es una broma?", preguntó con la misma inquietud que mis compañeros comparten.

"No. Ojalá lo fuera"

"Saldremos ahora mismo. Os llamaré a este mismo número cuando sepa algo", respondió.

"Peter"

"¿Si?"

"Tened mucho cuidado", pidió Lyosha.

"Siempre lo tengo, Aleksei", respondió antes de colgar.

"No puede ser", murmuró Leo. "Nos llamará en un par de horas y nos dirá que ha atrapado un maldito oso"

Sus palabras parecían una oración, y me estremecí hasta la mismísima médula. Si lo que yo he visto hace que ellos se comporten de ese modo, no sé debajo de que roca podré yo esconderme.

"¿Alguien quiere decirme que está pasando?", rogué, contagiada por la histeria general.

Los dos se miraron, dubitativos, pretendiendo mantenerme al margen de lo que ocurre. Su maldita actitud sobreprotectora otra vez. La mente de Lyosha mantiene un decidido bloqueo que yo no podría saltarme ni en un millón de años, y Leo esconde sus ojos a mi escrutinio, manteniendo un obstinado silencio.

"Por favor", rogué. "Si es algo importante, y parece que lo es, tengo derecho a saberlo"

Sacudieron la cabeza, y se dirigieron lentamente hasta el sillón. Los seguí, en absoluto dispuesta a rendirme. Cruzaron nuevamente la mirada, y supe que Leo se dirigía a la mente de Lyosha, como suele hacer cuando pretenden ocultarme algo. Lyosha asintió un segundo, y me indicó que tomara asiento. Lo hice sin dudar un instante, aguardando expectante a que empezaran a hablar. Milton se sentó junto a mí, casi tan preocupado como yo. El nerviosismo de mis compañeros es evidente hasta para un mortal como él.

"No podemos estar seguros de lo que está sucediendo, Nadya. Quizá te preocupemos sin motivo", empezó Lyosha.

"Bueno, vosotros ya estáis preocupados, no veo porque no podéis permitirme compartir esa preocupación", repliqué.

"Porque juramos no hacerlo", respondió Leo, mirando sus manos entrelazadas entre sus muslos. "Hace mucho tiempo"

"Te contaremos lo que podamos, querida. Pero no nos pidas ni una sola aclaración más. Hay secretos que nunca deben ser desvelados", dijo Lyosha, en tono apesadumbrado.

"Si queréis que os deje solos, no tenéis más que decírmelo", ofreció Milton.

"No hace falta. Si esto es lo que parece, no tardarás en enterarte", gruñó Leo. "¿Quién empieza, hermano?", añadió en dirección a Lyosha.

Éste suspiro y sacudió la cabeza, reacio a comenzar. Por una vez, Leo tampoco parece muy dispuesto a adelantarse, y mi preocupación se multiplicó por mil en un instante. Siempre pretenden protegerme, incluso de historias del pasado, pero rara vez les toma tanto tiempo empezar. Finalmente, tras cruzar una mirada, Leo inició su relato en apenas un susurro.

"Ten en cuenta que lo que vamos a contarte es un secreto celosamente guardado desde hace al menos tres siglos. Como te ha dicho Lyosha, hay cosas que juramos no revelar, y no vamos a hacerlo ahora. Ni por ti, ni por nadie". Me miró severamente, y yo asentí con solemnidad. Tomó aliento antes de continuar. "Hace mucho tiempo alguien descubrió un ritual, una serie de complicados pasos que, seguidos cuidadosamente, conseguían crear una nueva especie. Unas criaturas poderosas y eternas, con nuestro poder de regeneración, pero con una inteligencia muy limitada. Obedientes hasta la muerte. Eran los guerreros perfectos y pronto el secreto de su creación estuvo en boca de todos. Se crearon por decenas, se usaban como carne de cañón, como mascotas, como vigilantes. Los primeros en empezar a utilizarlos, aumentaron su influencia y su poder rápidamente. Pero con el paso de los años, todas las familias disponían de ellos, y las fuerzas volvieron a igualarse. Y entonces..."

Se interrumpió bruscamente, sacudiendo la cabeza, murmurando 'es que no puede ser' en un tono tan bajo que hasta a mí me costó captarlo. Lyosha tomó el relevo, mientras apoyaba una mano tranquilizadora en el hombro de Leo.

"Entonces descubrimos que aparte de la inteligencia y el aspecto, había algo más que los diferenciaba de nosotros. Ellos podían reproducirse. Tardan casi cincuenta años en alcanzar la madurez, o como quieras llamarlo, pero después de ese tiempo, empezaron a llegar las crías. Al principio nadie se preocupó, pero pronto nos dimos cuenta de que la nueva generación era mucho más inteligente que sus padres. Pero aún así, seguimos ignorándolo, diciéndonos que no importaba, que podíamos controlarlos"

"Y no pudisteis", susurré.

Lyosha sacudió la cabeza.

"La segunda generación podía razonar. La tercera, empezó a desobedecer. Y la cuarta..."

"La cuarta se rebeló contra nosotros", terminó Leo. "Se liberaron de nuestro yugo, formaron sus propias colonias... Y empezaron a matar indiscriminadamente. A los nuestros, a los humanos... La situación se descontroló. Finalmente, se estableció una alianza y todas las familias enviaron a sus guerreros a terminar con ellos. Fue una guerra larga y cruenta. Hubo muchas bajas en nuestro bando, pero finalmente, conseguimos exterminarlos. Los cabezas de familia se reunieron, y hasta el último de nosotros juró no revelar jamás el secreto de la creación de los lobos. Nadie ha vuelto a ver uno en los últimos trescientos años. Hasta hoy"

"Esperad un segundo. ¿Habéis dicho 'lobos'?", pregunté atónita. "¿Me estás diciendo que creabais hombres lobo? ¿Los hombres lobo existen?"

Leo y Lyosha dejaron escapar una risa carente de humor.

"Querida, eres un vampiro. ¿Por qué te resulta tan difícil creer que existen los lobos?", replicó Leo.

"No sé. Supongo que no debería, pero... Siempre pensé que eran una leyenda"

"¿Una leyenda como nosotros?", sonrió Lyosha.

Milton asintió. Parece mucho más sereno que yo, lo que no me hace ninguna gracia.

"Las leyendas siempre se basan en algo real, Nadya. El paso de los años, y la tradición oral las van convirtiendo en cuentos cada vez más alejados de la realidad, pero el trasfondo persiste", explicó.

"¿Tendré que creerme entonces que existen las hadas, los duendes, los elfos, los dragones y todo eso?", repliqué incrédula.

"Bueno, muchas de esas criaturas probablemente hayan existido. De hecho, algunas existen aún. Pero ni las reconocerías con lo que has escuchado en los cuentos y las leyendas. Del mismo modo que nosotros no nos parecemos en casi nada a las novelas y películas", comentó Leo.

Esto da al traste con todo mi racionalismo. Por todos los diablos, si empiezo a creer en hombres lobo, hadas y brujas, pronto terminaré por pedirle a Cora que me bautice.

Lyosha soltó una carcajada. Sin duda ha estado leyendo mis pensamientos.

"Eso no será necesario, querida. Que la mitología tenga ciertos visos de realidad, no supone que tengas que lanzarte a una apresurada conversión", rió. "Conozco de la existencia de muchos seres que considerarías míticos hace siglos, y eso no me ha hecho lanzarme de cabeza a adorar a ninguno de ellos"

"¿Pero entonces existen los dioses? Maldita sea, creía que erais ateos", exclamé desesperada. Mi mundo se está desmoronando a mi alrededor.

Leo me miró con una mezcla de ternura y diversión.

"Una cosa es que no seamos religiosos, Nadya, y otra muy distinta que nos hayas oído decir que no creemos en las historias sobre los dioses. Una vez más, la tradición oral degenerando la realidad para hacerla más apasionante", respondió risueño.

"No lo entiendo", respondí confusa.

"Tú pregúntale a Lisías. Se parte de risa cada vez que escucha hablar de Zeus", comentó Leo en tono burlón. "Pero creo que a Alejandra no le hace ni la mitad de gracia", añadió con un guiño malicioso a Lyosha.

Apenas un segundo más tarde los dos se reían a carcajadas, mientras Milton y yo nos mirábamos completamente atónitos.

"¿Pretendéis decirme que nuestra mitología se basa en vosotros?", preguntó Milton con los ojos abiertos de par en par.

"Parte de ella", rió Lyosha. "Pero desde luego no toda, amigo. Hay más criaturas extrañas por el mundo. Y hace dos milenios había aún más, por lo que me han contado"

Todo esto es demasiado para asimilarlo en una sola conversación. Me llevará años hacerles todas las preguntas que están apareciendo en mi cabeza a velocidad de vértigo. Acabo de descubrir que el mundo es aún más extraño de lo que yo había imaginado. Y eso lo dice un vampiro. Diablos, debí pensarlo antes. Si la Naturaleza ha permitido que existamos nosotros, ¿por qué no todo lo demás? Claro que esa asunción, plantea decenas de interrogantes más. Si las leyendas sobre nosotros apenas aciertan de casualidad en algunas cosas, ¿qué sucede con el resto de los seres mitológicos? Si sigo ese hilo de pensamiento yo sola, acabaré por enloquecer. Pero tampoco me parece el momento oportuno para embarcarme en una interminable ráfaga de preguntas, así que me centré en lo que había provocado esas revelaciones.

"Dejemos ese tema por el momento", empecé, recibiendo a cambio dos hermosas sonrisas cargadas de ironía. Los dos saben perfectamente que 'por el momento' significa que más tarde o más temprano tendrán que sentarse a responder todas mis preguntas una por una. "Tengo un par de preguntas sobre los lobos"

"Si podemos responderlas, lo haremos, Nadya. Pero no te enfades si no es así", dijo Lyosha.

Ordené mis pensamientos, eligiendo cuidadosamente aquellas preguntas que pudieran responder. Sospecho que no me dirán nada del ritual, pero quizá puedan explicarme como eran en realidad esas criaturas. Si las leyendas aciertan tanto como con nosotros, me voy a llevar unas cuantas sorpresas.

"¿Cómo eran en realidad? Quiero decir, ¿se parecían a los hombres lobo de las películas?", pregunté.

Cruzaron una mirada entre ellos, y esperé pacientemente su respuesta. Leo sonrió.

"Tendrás que concretar más, Nadya. ¿Qué quieres saber exactamente?"

"Bueno, no sé. ¿Se transforman con la luna?", pregunté, sintiéndome estúpida.

"No", respondieron al unísono.

"Entonces, ¿cómo funciona? ¿Se transforman a voluntad?", pregunté.

"Son lo que son, Nadya. Nada de transformaciones", respondió Lyosha.

"Pero eran algo antes de ser lobos, ¿no?", insistí.

Los dos me miraron fijamente. Esa es una de las preguntas que no están dispuestos a contestar. Supuse que algo tendría que ver con el ritual y sentí deseos de seguir por ese camino, pero ya me habían advertido que no lo hiciera. Y que no me molestara si no me respondían, así que lo dejé pasar. Nada en este mundo conseguiría que rompieran un juramento. Ni siquiera yo. Pero aún así, la curiosidad me está matando. Decidí cambiar de tema.

"Bueno, supongamos que lo que vi era uno de ellos. ¿No puede ser que se os escapara uno?", pregunté. "Si Peter y los demás hombres de Lisías lo atrapan, se habrá terminado el problema, ¿no?"

"Hay otra posibilidad", respondió Lyosha, con su voz cargada de negros presentimientos.

Abrí la boca para preguntar, pero la cerré de inmediato. Claro que hay otra posibilidad, y deseé darme de bofetadas por no haberlo pensado antes. Alguien puede estarlos creando de nuevo. Eso es lo que habían pensado los dos en un principio, y de ahí su inquietud. Temen que todo vuelva a comenzar. Pero, ¿quién puede ser tan irresponsable?

"Eso quisiera saber yo. Pero es inútil preocuparse por adelantado", respondió Lyosha a mis pensamientos.

"Lo más seguro es que Peter nos llame y se ría de nosotros por haberle mandado a cazar un oso enfermo acompañado de todos sus hombres. O en el peor de los casos, que nos diga que se trata de una criatura anciana, que por algún extraño motivo ha permanecido oculta sin que la descubriéramos en todos estos años", añadió Leo.

Y de pronto, su rostro se ensombreció y bajó la cabeza concentrándose en sus manos, como hace siempre que algo le preocupa. Hasta él mismo se ha dado cuenta de lo absurdo de sus palabras. Es imposible que una criatura así, con ese olor, haya pasado desapercibida entre los nuestros durante tres siglos.

Esperamos en silencio, sumidos en nuestros pensamientos, durante lo que pareció una eternidad, aunque probablemente no fueron más de dos horas. El agotamiento pudo con Milton, que se hundió en un sueño inquieto. Leo salió de la habitación y volvió pocos segundos después con una manta. Tomó al anciano en sus brazos con infinita cautela, y lo acomodó en el sillón, cubriéndolo con la manta delicadamente. Al verlo ahí, dormitando, me percaté de lo viejo que es en realidad, lo próxima que está su muerte. Y me recorrió una profunda tristeza. No sólo por él, sino también por Leo. Milton no desea ser transformado, y aunque mi compañero respetará sus deseos, sé bien que lamentará profundamente su muerte. Adora a Milton. A Lyosha y a mí nos resulta encantador, pero entre ellos existe una corriente de simpatía sorprendente.

Me acurruqué en el sofá, mientras mis compañeros se embarcaban en una partida de ajedrez para pasar el rato. Cuando sonó el teléfono por fin, arrancando a Milton de su inquieto sueño, Lyosha se levantó velozmente. La voz al otro lado de la línea, no le dejó ni saludar.

"Tenías razón, Lyosha. Era un lobo"

Tanto él como Leo, dejaron escapar sendas maldiciones en voz baja y furiosa.

"¿Estáis todos bien?", preguntó Leo.

"Si. Pese a nuestras precauciones, no nos costó demasiado terminar con él", su voz se transformó entonces en un susurro bronco y airado. "Era una criatura joven, de primera generación"

La noticia cayó como una bomba entre mis compañeros. Leo rugió furioso, y caminó a grandes zancadas por el salón, incapaz de controlarse. Lyosha cerró los ojos y dejó caer el teléfono sobre la mesa, apretando los puños. Sin molestarse en tomar de nuevo el auricular, se dirigió a Peter, sabiendo que lo escucharía tan bien como si lo tuviera en sus manos.

"Avisa a tus primos de inmediato", ordenó. "Nosotros estaremos ahí lo antes posible"

"No es necesario por ahora, Aleksei. Vosotros id a casa, ya os habéis retrasado bastante. Ya he dejado un mensaje en casa de Pedro. En cuanto mis primos regresen, decidiréis que hacer", replicó.

"¿Estás seguro?", preguntó Leo. "Podemos llegar en unas diez horas, si nos apresuramos"

"Por supuesto. Hemos peinado toda la zona, y no hay ni rastro de ningún otro lobo. He mandado a varios hombres a recorrer la ciudad y los bosques cercanos, y por ahora no han encontrado nada. Ahora debo dejar la línea libre, pero me pondré en contacto con vosotros en cuanto sea posible, ¿de acuerdo?"

Lyosha lo pensó aún un momento más.

"Está bien, Peter. Dile a Lisías que nos llame. Y sed prudentes", añadió, antes de colgar el teléfono, perdido en sus pensamientos.

"Tenemos que marcharnos cuanto antes, hermano. Lo que ha sucedido en casa de Lisías puede estar pasando en más sitios. Y quiero a todos los jóvenes que estén esperando a ser recibidos a salvo en casa cuanto antes", lo instó Leo.

"Totalmente de acuerdo", gruñó Lyosha. "Milton, una vez más tenemos que dejar apresuradamente tu hospitalidad. Lo lamento, amigo"

"Cierra la casa a cal y canto, Milton. Por lo menos hasta que sepas con certeza que no hay peligro. Te avisaremos si hay novedades", ordenó Leo.

Milton le dirigió una mirada dubitativa, reacio a obedecer. El maldito anciano es incluso más curioso que yo, gruñí. Estaba a punto de insistir en la necesidad de que se mantuviera al margen por una vez, cuando Leo se me adelantó.

"Estoy hablando en serio", espetó en tono amenazador. "No son como nosotros, Milton, no razonan, no piensan y no tienen piedad. Si dejas entrar a uno acabará con todos vosotros antes de que podáis pestañear. Y si eso ocurre, más te vale conseguir que te maten, por que te juro que si te encuentro moribundo, yo mismo te arrancaré de las garras de la muerte para volver a meterte en ellas de una paliza, ¿me has comprendido?"

Milton asintió, tragando saliva ruidosamente. Incluso pareció encogerse un par de milímetros. Sabe a la perfección lo peligrosos que podemos ser, pero con toda seguridad, Leo nunca se había dirigido a él en ese tono. Lo aprecia demasiado.

"Disponemos de cámaras, de sistemas de seguridad. Si viene uno de ellos, no podrá pasar sin que nos enteremos. Pero yo también tengo responsabilidades, Leonardo. Si se acerca uno de los vuestros buscando refugio, no puedo negárselo. Tienes que comprenderlo, por favor", respondió en la voz más sumisa que he oído jamás.

Leo gruñó exasperado. Apretó el puente de su nariz con los dedos, como siempre hace cuando es incapaz de serenarse. Tras unos segundos, Lyosha se acercó a él.

"Sabes que tiene razón. Y será mejor para él y para los demás habitantes de la casa que los nuestros estén aquí para protegerlos. Y al fin y al cabo, aún no sabemos hasta que punto esta situación es peligrosa", lo tranquilizó. "Milton, lleguemos a un acuerdo. Los mortales manteneos dentro de la casa. Cierra puertas y ventanas lo más firmemente que puedas, y no salgáis solos nunca. Si vienen más vampiros, pedidles que os acompañen. Nadie se negará, dadas las circunstancias. Y si te enteras de algo más..."

"Me pondré en contacto con vosotros de inmediato, Aleksei. Gracias por vuestros consejos", lo interrumpió. "Vamos, marchad, por favor. Estaremos bien"

Leo y Lyosha le dirigieron una última mirada de advertencia, antes de salir apresuradamente rumbo al bosque, seguidos por mí. Durante nuestra carrera, comprobé que en lugar de adelantarse como suelen hacer, mantuvieron mi ritmo, protegiendo mis flancos continuamente. Sentí auténtico terror. Los lobos tienen que ser mucho más terribles de lo que yo imaginaba, si la aparición de uno sólo de ellos consigue ponerlos en semejante estado de alerta. Y yo había estado a escasos metros de uno.

A unos veinte metros de la cabaña, mis compañeros se detuvieron en seco, cruzando una mirada divertida. Me detuve tres pasos por delante de ellos, a tiempo de ver como Leo dejaba escapar una risa maliciosa.

"Creo que nuestro primo está firmemente decidido a recuperar todo el tiempo perdido", rió. "Y con hercúleos esfuerzos, debo añadir"

Lyosha lo acompañó con una suave risa entre dientes.

"Y yo creo que a la dama no le importa lo más mínimo. Yo diría incluso que coopera activamente en tal propósito", añadió con una carcajada.

"¡Sois increíbles! ¿Qué hay de todos los discursos que me habéis soltado una y otra vez para convencerme de que no debemos usar nuestros poderes para cotillear?", les reproché.

Me miraron sonrientes.

"Querida, tú eres joven, y debes aprender cuáles son las reglas. Con el tiempo ya sabrás cuándo flexibilizarlas", rió Leo.

"¿Y este te parece el momento adecuado?", gruñí molesta.

"Sin ningún género de duda", replicó Leo.

Dejó de prestarme atención apenas un segundo, atento a lo que llegaba a sus refinados oídos desde la cabaña, tras el cual se volvió hacia su hermano, estallando los dos en sonoras carcajadas.

"Por todos los diablos, eso si que ha estado bien", exclamó Lyosha, muerto de risa.

Me miró entonces, sabiendo que yo empezaba a arder de rabia. Sonrió, encogiéndose de hombros.

"Los interrumpiré ahora mismo, si tanto te molesta", ofreció sonriente.

Lo pensé un instante.

"Bueno, démosles unos minutos. ¡Pero dejad de espiar!", ordené.

"Como si unos minutos fueran a marcar una diferencia. Diablos, tendremos que esperar horas, y no tenemos tanto tiempo", dijo Leo. Se adelantó unos cuantos pasos más hasta llegar a la puerta. Esperó unos segundos, y finalmente la golpeó con el puño un par de veces. "¡Árvidas! Sabes perfectamente que estamos aquí. ¡Súbete los pantalones y baja ahora mismo, condenado inoportuno! Vamos, maldita sea, sabes que no te interrumpiría si no fuera urgente"

Incluso a mis oídos, que intentan no concentrarse en lo que sucede dentro de la cabaña, llegó una maldición ahogada, y el ruido de pasos apresurados. Leo escuchó con atención y regresó junto a nosotros, con una sonrisa satisfecha pintada en la cara.

"¿No podías haber sido más delicado?", le reñí.

"Nunca estás contenta, querida. Deberías fijarte en tu prima. Te aseguro que es bastante más fácil de complacer que tú", replicó sonriente, mientras Lyosha rompía a reír de nuevo.

Antes de que pudiera contestarle, Árvidas apareció en la puerta con gesto irritado y sus ropas hechas un caos. Casi lo agradecí. Iba a reprocharle una vez más a Leo que espiara, y a preguntarle que le parecería a él que los demás se dedicaran a escucharnos, y ahora me doy cuenta de que probablemente su respuesta sería un burlón encogimiento de hombros. Carece del más elemental sentido del pudor. Los dos carecen de él.

"¿Se puede saber que diablos ocurre?", preguntó furioso. Se dirigió a Leo con una mirada amenazadora. "Si esto es una broma, Leonardo..."

"Peter ha encontrado un lobo en los terrenos de caza de tu primo", interrumpió Lyosha, desaparecida ya su hilaridad.

Árvidas sacudió la cabeza, como si no comprendiera el significado de esas palabras. Finalmente, sus ojos se estrecharon en una fina línea.

"¿Te refieres...?", empezó.

"Joven. De primera generación", añadió Leo.

"¿Estáis seguros?", preguntó con la misma inquietud que había visto anteriormente en mis compañeros.

"A no ser que Peter se haya equivocado, si, completamente seguros", respondió Lyosha. "Escucha, Árvidas, si deseas volver con tu primo, lo comprenderemos"

Árvidas negó violentamente con la cabeza.

"No. Ellos disponen de guerreros más que suficientes, sin embargo vosotros... Por muchos jóvenes que estén esperando a vuestras puertas, necesitaréis hombres experimentados, que puedan ayudaros a dirigirlos y entrenarlos", respondió, con un deje de orgullo.

"Son tu familia, Árvidas. Si prefieres ir con ellos, no te lo reprocharemos", ofreció Leo.

"Ya he tomado mi decisión. Vosotros sois ahora mi familia, aunque ellos no dejen nunca de serlo. Además, no separaré a Cora de Nadya, y donde vaya ella, voy yo. Si os parece bien, naturalmente"

Leo y Lyosha sonrieron abiertamente.

"Por supuesto que nos parece bien, amigo. Estaremos encantados de tener un guerrero como tú entre nuestras filas", agradeció Lyosha. "Y ahora, dado que tendremos que partir de inmediato, quizá sea mejor que vayas a buscar a la joven dama", ordenó con una sonrisa maliciosa.

Lo que vi a continuación en Árvidas, fue la mejor cara de circunstancias que jamás han contemplado mis ojos. Inmediatamente, corrió dentro de la cabaña, seguido por las carcajadas de mis compañeros.

"¿Alguien va a contarme que sucede?", pregunté, sin tener ni la más remota idea de a que venía esa expresión, ni desde luego sus risas.

"Ni de broma", respondió Leo, sonriente. "No pienso llevarme otra reprimenda por cotillear"

"Tenías toda la razón, querida. Está francamente mal espiar", añadió Lyosha, con un falso tono solemne.

Les lancé una mirada asesina que, como de costumbre, no les afectó lo más mínimo. Lancé un sonoro bufido, y empecé a correr hacia el bosque, en dirección a King Solomon. Antes de que pudiera recorrer tres metros, los dos aparecieron frente a mi, interrumpiéndome el paso mientras me miraban con severidad.

"¿Dónde demonios crees que ibas, Nadya?", rugió Leo con evidente furia.

"Al aeropuerto. ¿Qué diablos te pasa ahora?", repliqué.

"¿Qué diablos me pasa?", gritó. "Por todos los demonios, mujer, ¿cuándo aprenderás a tener un poco de sentido común?"

"Nadya, ¿es que no viste cómo corríamos a tu lado al venir? ¿No te das cuenta de que hasta que sepamos que está pasando no puedes ir sola a ningún lado? Y eso va también por ti, Cora", añadió, mirando a la joven que se había detenido junto con Árvidas tras nosotros. Ella asintió varias veces con la cabeza, sin dudarlo ni un segundo.

Tienen toda la razón, por supuesto, pero no me había detenido a pensar en ello. Me había irritado, y pretendía hacer una retirada digna para poner de manifiesto mi enfado. Y en cualquier otra circunstancia, me habría disculpado, y ellos se habrían serenado con mis disculpas. Pero si ya normalmente odio que me corrijan, que lo hagan delante de otros, y más de alguien tan joven como Cora, es más de lo que mi orgullo puede soportar. Antes de que pudiera sujetar mi lengua, las palabras salieron de mi boca sin pensar. Lamenté la frase antes de terminar de pronunciarla, pero era demasiado tarde.

"Sé cuidar de mi misma. No necesito niñeras", gruñí.

Hasta ese instante sólo Leo, el menos controlado de los dos, ardía de rabia. Pero después de mi salida, Lyosha, que se había mantenido sereno hasta que abrí la boca, me miró con furia. Sin darme tiempo a reaccionar, me cargó sobre sus espaldas, y echó a correr seguido por los demás. Colgada de su hombro, pude ver como Árvidas cargaba gentilmente con Cora en sus brazos, mientras Leo cerraba la marcha, mascullando maldiciones.

"Si vas a comportarte como un cachorro, te trataremos como si lo fueras", espetó con ira en mi mente.

"Lo siento, Lyosha. Tenéis razón, no lo pensé. Por favor, bájame", pedí

No me respondió, y cuando intenté buscar en su mente, descubrí que una vez más me impedía acceder a ella. Lo intenté de nuevo.

"Lo siento", gemí. "No iré sola a ningún lado, ya lo sabes"

"No me cabe la menor duda. Ya nos encargaremos Leo y yo de que así sea", replicó

Volví a enfurecerme. Ya me he disculpado dos veces, ¿qué más quiere? Soy demasiado orgullosa para arrastrarme, y la angustia que siempre me provoca discutir con cualquiera de ellos me incomoda demasiado, así que me refugié en el único sentimiento confortable que podía invocar. La furia. Golpeé su espalda con fuerza, pero ni siquiera se inmutó. Eso me enfureció aún más, pero no podría liberarme de su presa ni aunque fuera capaz de controlar por completo mi fuerza, y ese no es el caso. Cuando la ira empezó a dominarme, sentí la sombra de una visión, y la detuve de inmediato. No tengo malditas las ganas de ver nada. Sólo quiero que me ponga en el suelo cuanto antes.

"Muy bien. Precisamente ahora que necesitamos tus visiones, las detienes. Enhorabuena, Nadezhda. Sigue demostrando tu madurez", espetó Lyosha con sarcasmo.

Una vez más, tiene razón. Cerré mi mente, aún sabiendo que puede saltar mis barreras con la misma facilidad con la que salta un charco, mientras me debatía entre disculparme una vez más o seguir irritada. Venció el sentido común. Por esta vez.

"Lo siento. Lyosha, por favor, ya me conoces. Cuando me enfado no razono, lo siento. Intentaré invocar una visión en el avión. Y no iré a ninguna parte sin decíroslo, te doy mi palabra"

"Está bien, Nadya", suspiró. "Ya hablaremos. Ahora no es el momento ni el lugar"

"Pero, ¿estás enfadado conmigo? ¿Y Leo?", pregunté

"No, querida", respondió con resignación. "Sólo preocupados en extremo"

Abrió su mente y me permitió ver una breve imagen. El pavor que me provocó esa simple proyección de su mente fue tal, que me estremecí incontrolablemente. Sentí como las visiones venían a mi, y esta vez no las detuve.