Hola

Kara, creo que Arthe ya ha encontrado la solución para encerrarlas. Eso de despertar los celos de Nadya es una idea genial jajaja..

Je, en el próximo capítulo habrá algo de abejitas y flores, así que aviso con antelación (esto se llama publicidad encubierta jajaja)

Las dos adivinasteis que se trataba de lobos... Si, reconozco que es muy evidente, trantándose de vampiros pero, ¿qué queréis? A veces hay que ser tópico jajaja.

Arthe, queremos una foto de ese profesor tuyo. YA!! Apáñatelas como puedas. Como dice Kara, tenemos que verlo para ver si lo podemos unir a la familia jajaja

Lisías aparece menos en esta historia, pero aún sale un par de veces, tranquila, no te voy a dejar sin tu amorcito (bueno, sin uno de tantos jajaja) Y si le hace gracia lo de Zeus, es porque muchas de las historias amorosas de Zeus (que como sabrás era un pendón berbenero y desorejado…) son aventuras sospechosamente parecidas a las de Lisías cuando era aún un joven nómada (aunque no pienso decirte cuándo fue eso. Eso es algo que se sabe en otra historia. Pero hazte a la idea de que tu amorcito es… ejem… escandalosamente antiguo) Es por eso, claro, por lo que a Alejandra no le hace la más mínima gracia...

Espero que este capítulo no os aburra. Pero me apetecía mostrar lo difícil que puede ser el trabajo de Nadya, y lo protocolarios que son mis vampiros.. Bueno, si os cansáis, saltaros trozos jaja (aunque me pondré muy triste si lo hacéis.. snif)

En el próximo, creo, empieza un poco más la acción.

LEONARDO. El hogar.

Recorrí todo el camino a King Solomon conteniendo la necesidad de correr hasta forzar al máximo mis piernas. La inconsciencia de Nadya siempre me pone de un humor de perros, y necesito librarme del exceso de adrenalina como sea. En el fondo, no puedo culparla. Ella no se da cuenta del peligro que corre, porque ni Lyosha ni yo le hemos contado toda la verdad sobre los lobos. Si así fuera, seguramente tendría más cuidado. Últimamente parece más dispuesta a dejarse aconsejar, sobre todo después de haber estado a punto de perder la vida por no hacernos caso. Y desde nuestra última gran discusión. Se asustó tanto, que la poseyeron sus visiones. No, ella no tiene la culpa. Pero cuando vi que se alejaba sola en dirección al bosque, me asusté de tal modo, que fui incapaz de controlarme. Y lo lamento solo en parte. Si ella supiera... Aún hay muchas cosas más de los lobos que podemos decirle sin romper la promesa que hicimos hace una eternidad, pero la casa de Milton no es el lugar adecuado. La explicación tendrá que esperar a que no haya oídos humanos alrededor. Me gusta Milton. Y confío en él. Pero no deseo compartir con un mortal que jamás será uno de los nuestros, los detalles de uno de los peores errores que mi especie ha cometido jamás. Contemplé a mi compañera, mientras golpea a mi hermano en la espalda, intentando que la ponga en el suelo. Ese gesto de Lyosha ha herido su orgullo, y tardará en serenarse. Sonreí. Tiene un genio de mil demonios y adoro a las mujeres con carácter, por mucho que me saquen de mis casillas. Las reconciliaciones son fabulosas. Mi sonrisa se ensanchó al recordar la última vez que la tuvimos entre las sábanas. En cuanto tenga oportunidad, le recordaré los detalles, sólo para ver si aún consigo avergonzarla. Me encanta cuando se avergüenza, casi tanto como me enloquece cuando se comporta como una fiera. Estaba empezando a imaginar que detalle en concreto iba a surtir más efecto, cuando vi con claridad como su mirada se volvía vidriosa y se perdía en algún punto indeterminado. Una visión. Ojalá arroje alguna luz sobre lo que está sucediendo. Supe que mis esperanzas eran vanas cuando esbozó un gesto de frustración. Alzó la vista, y sus ojos se clavaron en mí dubitativos. Intenté mantener una mirada severa, pero no pude evitar que mis labios se despegaran en una sonrisa, que me devolvió alegremente, con un deje de alivio. Siguió mirando en mi dirección sonriente, y supe sin ningún género de duda que habla con mi hermano de su visión. Siempre intenta disimularlo y en algún momento decidiré si se lo agradezco o me molesta. Por ahora sólo sé que me siento como un estúpido al saber que los dos se dan perfecta cuenta de la envidia que me provoca esa intimidad entre ellos.

Cuando llegamos al avión, Patrick estaba ya esperando en el hangar con evidente nerviosismo. Supuse que Peter lo habría llamado para contarle las novedades, y confirmé mi suposición con sus primeras palabras.

"¿Es cierto?", preguntó apresuradamente.

Lyosha asintió mientras bajaba a Nadya de su hombro con cuidado. Patrick maldijo suavemente entre dientes, mientras se volvía hacia el avión a grandes zancadas.

"Será mejor que os lleve cuanto antes. Los jóvenes que os esperan necesitarán refugio, y seguro que Lisías necesita el avión", masculló.

Embarcamos velozmente, y poco después Patrick dirigía el avión a la pista. Cora, refugiada entre los brazos protectores de su compañero, pasea sus ojos de uno a otro, asustada. No sabe lo que está ocurriendo, pero incluso para una mujer tan joven como ella el olor de la inquietud se percibe en el ambiente como un perfume. Al contrario que ella, Nadya mantiene una pose de serena dignidad, como si hubiera pasado por situaciones como esta un millón de veces. Es una inconsciente, es cierto, pero también es una de las mujeres más valientes que he conocido y eso lo compensa con creces. No hay peligro en el mundo lo bastante grande para detener a mi compañera mucho tiempo, si cree que con eso nos ayudará a mi hermano y a mí. Valiente, leal y con un claro deje de locura irreflexiva. Desde mi punto de vista, las cualidades de un gran guerrero. En una mujer tan joven y frágil, sonreí. Por mucho que este aprendiendo a librarse de sus límites, y cada vez le falte menos camino que recorrer hasta completar su transformación, Nadya sigue siendo débil, delicada en extremo. Y eso a pesar de que por sus venas corre ahora la sangre de Lisías. Pero tan preciado elixir no parece haber afectado a sus dones físicos. Sin embargo, sus poderes mentales han aumentado claramente. Dejando al margen las visiones, su excelente memoria ahora parece cosa de brujería. Es capaz de recordar hasta el más mínimo detalle de todo lo que escucha, lee, o ve, y enlazarlo con hechos del pasado con una facilidad asombrosa para llegar a conclusiones más que acertadas y sorprendentes a ojos de cualquiera que no conozca tan bien como nosotros su memoria y el alcance de su mente analítica. Lyosha no tardó en percatarse de que su voz mental es más firme, y su capacidad para acceder a su mente menos limitada. Aún así, mi hermano es lo bastante poderoso como para ser capaz de limitar sus intromisiones, pero con mucha menos facilidad que hace unos meses. Y por si eso fuera poco significativo, Nadya ha aprendido a dominar sus visiones en apenas unos días, una habilidad que Plauto había tardado meses en controlar. Pero aún así, ella no parece darse cuenta. Por fortuna. Si ya así se lanza de cabeza a la aventura sin considerar las consecuencias, no quiero ni imaginar lo que haría si se sintiera protegida por sus dones.

Mis ojos volaron entonces hasta mi hermano para encontrarlo perdido en algún lugar dentro de su cabeza. Planificando, sin duda. Lyosha es el complemento perfecto para mi impulsivo carácter. Es capaz de detenerse a pensar incluso poseído por las emociones o el ansia del combate. Sólo en lo que se refiere a Nadya pierde la paciencia con facilidad y deja que lo posean los celos, la preocupación o el deseo sin llegar a controlarlos con su habitual serenidad. Pero dejando eso al margen, no puedo imaginar nadie mejor para acompañarme hasta el mismísimo infierno. Antes de conocerlo, su fama ya había llegado a mis oídos en innumerables ocasiones, y lo tenía por un hombre digno de respeto, pero demasiado concienzudo y sensato para mi forma de ser. Nunca creí que fuera a caerme mal, pero tampoco hubiera esperado llegar a amarlo hasta el punto de sentirme no sólo orgulloso, sino también feliz, de poder llamarlo hermano. Al oír los relatos de los míos sobre él, me había imaginado a un tipo serio, incapaz de divertirse. Un buen compañero para el combate, pero nada más. No podía estar más equivocado, aunque en mi descargo debo decir que es algo que la mayoría piensa de Lyosha si no lo conoce a fondo. Pero nada más lejos de la realidad. Debajo de esa fachada de concentrada seriedad, se encuentra un demonio malicioso tan aficionado al humor, la diversión y las mujeres como yo mismo. Pero él es demasiado reservado para mostrar abiertamente esa faceta ante todos, como lo hago yo. Su lado burlón es un regalo con el que obsequia a quien resulta de su agrado, y eso hace que lo aprecie aún más. Si el destino ha acertado alguna vez uniendo a dos personas, sin duda su mejor jugada fue poner a Lyosha en mi camino. Media hora después de conocernos, nos sentíamos tan cómodos juntos como si lleváramos años coincidiendo, y ambos nos confiaríamos la vida sin dudarlo ni un segundo. Y suerte que fue así, ya que me llevó aún menos tiempo perder la cabeza por Nadya como un niñato. Estoy loco por ella desde la primera vez que posó sus ojos en mí. Y aunque nunca se lo he preguntado, estoy convencido de que Lyosha se dio cuenta incluso antes que yo mismo.

"Y sin leer tu mente", sonrió.

"Debí imaginar que estarías ahí", comenté, devolviéndole la sonrisa.

Cuando estamos solos o cuando todos permanecen en silencio, mi hermano suele asistir a mis procesos mentales, a sabiendas de que soy de los pocos a los que no le molestan lo más mínimo sus intromisiones. Como ya le dije en alguna ocasión, no tengo secretos para él.

"Menos mal que tú no puedes leer su mente, o me quedaría fuera de todas las conversaciones", replicó Nadya alegremente, dirigiéndose a mí.

Me lo ha puesto en bandeja de plata. Probablemente me llevaré un buen bufido por el comentario que va a salir de mis labios en presencia de sus primos, pero la idea de verla molesta y avergonzada es demasiado tentadora para resistirse. Le dediqué una sonrisa maliciosa.

"Oh, cuento con poder hacerlo algún día, querida. Me entreno duramente a tal efecto. Ardo en deseos de saber de primera mano lo que guarda esa cabecita tuya. En especial en esos momentos en los que tus garras se ensañan con mis hombros y tus caderas me empujan con la fuerza de diez hombres",

Ella abrió los ojos de par en par, mientras aparecía la expresión ofendida y avergonzada que yo esperaba y que empeoró con las carcajadas de Árvidas. Lyosha no perdió la oportunidad de provocarla aún más, tal y como yo esperaba.

"Pero para eso no necesitas leer su mente. Te basta con prestar oídos a lo que gime", sonrió.

"O a lo que grita", añadí yo. "Pero la lengua puede mentir. Tú me llevas ventaja en eso"

"Oh, es completamente sincera, te lo aseguro", comentó, dirigiéndome un guiño malicioso. "Y cuanto más soez es el lenguaje, mayor es su sinceridad"

"Normal. De labios de una dama desnuda, 'maldito cabrón' siempre me ha parecido un piropo", rió Árvidas, uniéndose a la fiesta.

"Lo sabemos", replicamos Lyosha y yo al unísono.

Los tres nos miramos apenas un segundo antes de estallar en sonoras carcajadas, mientras Cora abría ojos y boca en la más perfecta exhibición de la confusión y la vergüenza. Nadya se levantó de un salto y la arrastró a la parte posterior del avión dirigiéndonos una mirada furiosa.

"Vamos, querida. Deja a los cerdos refocilarse en su pocilga", gruñó.

"La adoro cuando se insinúa de ese modo", suspiré sonriente, recibiendo a cambio un sonoro bufido desde el salón trasero que no hizo más que provocar nuevas carcajadas entre nosotros.

"Si continúo siguiendo vuestras bromas, me temo que seré el primer vampiro divorciado en la historia del mundo", rió Árvidas.

"Bah. En nuestra extraña familia, eso sería casi normal", replicó Lyosha. "Me alegro que hayas decidido quedarte con nosotros, Árvidas. Nos vendrá muy bien tenerte a nuestro lado"

El ambiente se ensombreció de inmediato al pensar qué nos había puesto en marcha con tanta precipitación. No sé quien diablos se ha atrevido a romper nuestra promesa, pero como le ponga las manos encima, lo lamentará durante generaciones.

"Sólo espero que haya alguno entre los jóvenes capaz de recordar", murmuré. "Tres hombres no son suficientes"

"Alguno habrá. No hace tanto tiempo que acabamos con ellos", me animó Árvidas. "Y con un poco de suerte, mis primos se encargarán de todo antes de que se convierta en un problema"

Asentí. Hablamos en veloces susurros dejando el final de las palabras en simples vocalizaciones para que Nadya y Cora no nos entiendan. Ninguna de las dos está aún acostumbrada a descifrar esos murmullos, y menos a distancia. Más tarde o más temprano tendremos que ponerlas al día, pero en esta ocasión cuanto más tarde, mejor. Deseé que Lisías nos llamara y nos dijera que ya había encontrado al creador del lobo, y así la conversación con ellas nunca tendrá lugar. Hay cosas que es mejor no recordar. Y desde luego, no repetir.

"Espero que tengas razón, amigo. Ya no fue divertido la última vez. Y eso que ninguno de ellos llegó siquiera a tocarme", comentó Lyosha.

"Ni a mi", gruñí yo.

"A mi si", masculló Árvidas con una mueca de dolor.

Mi hermano y yo lo miramos con asombro. Si eso es cierto, mi primo acaba de subir varios puntos en mi escala personal. Conozco a muy pocos hombres que hayan superado el ataque de un lobo. Una de las cosas que no les hemos contado a las mujeres, es que nuestros poderes de regeneración disminuyen y se ralentizan por culpa de su ponzoña. Una herida producida por sus garras, tarda tanto en curarse como la de un humano. Y puede ser igual de mortal.

"¿Hablas en serio?", preguntó Lyosha.

Árvidas se puso en pie lentamente y levantó la camisa mostrándonos la espalda. Cuatro gruesas cicatrices parduscas la atravesaban a la altura de los riñones. Silbé con auténtica admiración, mientras mi hermano dejaba escapar el aire en un impresionado soplido.

"Era demasiado joven para combatir, pero no quise quedarme atrás. Si Plauto no me lo hubiera quitado de encima, ese maldito monstruo habría acabado conmigo", masculló mientras volvía a sentarse, con una amarga sonrisa pintada en el rostro.

"¿Cuánto tiempo?", pregunté, señalando hacia su espalda.

"Inconsciente, cinco días. Tres semanas hasta recuperarme por completo", respondió.

"Es increíble que lo lograras", murmuró Lyosha. "Tuviste mucha suerte"

"Yo no diría tanto", sonrió. "Un día más sin sentido, y mi primo me habría dado su sangre", terminó con una risa carente de humor.

"Si el requisito para recibirla es que uno de esos bichos te toque, prefiero no probarla jamás", repliqué. "Estoy satisfecho con lo que tengo"

"Pues debes ser el único", replicó Árvidas. "Apenas puedo contar cuántos se han acercado hasta su puerta solicitando una simple gota. Y eso sabiendo que muy rara vez la concede. Hace cuatro siglos que estoy con él, y en todo ese tiempo sólo la ha entregado en una única ocasión, durante las guerras"

Lyosha miró en mi dirección, solicitando mi aprobación. Asentí sin dudarlo. Ahora Árvidas forma parte de nuestra familia, y confío en él. Tanto mi hermano como yo deseamos mantener los secretos de Nadya el mayor tiempo posible, pero no es buena idea empezar manteniendo un secreto ante el hombre que sin duda se convertirá en nuestra mano derecha.

"En dos", murmuró Lyosha.

"¿Cómo dices?", preguntó Árvidas.

"Ha dicho dos. Han sido dos ocasiones. Nadya bebió de él", respondí.

Árvidas nos miró con genuina incredulidad. Evidentemente le resulta increíble que su primo haya cedido su sangre en secreto y a una criatura tan joven como Nadya. Vi que Lyosha sonreía divertido.

"Ella siempre fue preciosa. Y si vuelves siquiera a pensarlo, te romperé todos los huesos del cuerpo", sonrió alegremente.

"¿Entonces...?"

"Nadya tiene un curioso don. Si bebe la sangre de alguien, conoce su localización de inmediato. Segundos más tarde, cae dormida y todos los acontecimientos relevantes de la historia de esa persona aparecen en sus sueños. Así fue como descubrimos que el refugio del creador estaba en Chernobil. Y el mapa exacto de su localización", explicó Lyosha.

"Pero no sabíamos lo que iba a ocurrirle cuando bebiera la sangre de uno de los nuestros. Hasta ese momento, sólo había probado un par de gotas de sangre que habían manado de la herida de un cachorro humano que ella intentaba localizar. Y cayó en un sueño que duro tres días. Pero cuando Lisías llegó a casa de Milton, mi hermano vio la solución para encontrar al creador y asegurarnos que Nadya no correría peligro. Y por fortuna, aceptó sellar un trato. De no ser así...", sacudí la cabeza, recordando como el cuerpo de Nadya se llenó de llagas en su sueño.

Intenté apartar de mi mente esos pensamientos. Estar a punto de perderla casi me hace enloquecer. Mataré a quien se me ponga por delante antes de permitir que vuelva a hacer nada semejante. Con o sin Lisías. Lyosha apoyó una mano tranquilizadora en mi hombro. Le agradecí el gesto con una sonrisa, mientras Árvidas meditaba nuestra historia.

"Es curioso. No me malinterpretéis, aprecio a Nadya, pero no parece que haya adquirido la fuerza de Lisías", comentó.

"No, estás en lo cierto. Pero por lo que el mismo Lisías nos ha contado, su sangre aumenta los poderes que ya están en ti. Y los dones de Nadya son más mentales que físicos", respondió mi hermano.

Un segundo después Patrick nos interrumpía para informarnos de que en cinco minutos tomaríamos tierra en nuestro nuevo hogar. Nadya y Cora regresaron junto a nosotros, olvidando su enfado gracias a la impaciencia que sentían ante la perspectiva de conocer por fin nuestra casa. Debo reconocer que hasta yo mismo estoy deseando verla por fin. Por supuesto, conozco los planos al detalle, y he visto varias fotos, pero eso es un triste sucedáneo. El avión tomó tierra en la pista que Lisías había hecho construir a tal efecto. ¿Por qué no? Tenemos terreno de sobra.

Salimos del avión casi antes de que terminara de detenerse. Miré a mi alrededor, satisfecho, mientras Nadya y Cora correteaban por todas partes riendo alegremente. La casa es tan magnífica como mostraban las fotos e incluso mejor. Se trata de una gran mansión de estilo colonial de tres plantas. Las edificaciones anexas para los visitantes son pequeñas cabañas canadienses situadas en ambos laterales de la casa. Miré a Lyosha y los dos nos dirigimos al interior de la mansión. No tengo ni idea de cómo ha quedado por dentro. Nadya se había encargado de pedir muebles nuevos y había pasado horas al teléfono y frente al ordenador especificando hasta el mínimo detalle. La curiosidad me está consumiendo. Descargamos nuestras cosas rápidamente y nos despedimos de Patrick que partió de inmediato. Amontonamos las cajas en la entrada, impacientes por ver el interior. Tras abrir la puerta, cualquier duda que hubiera podido tener acerca del gusto de Nadya se esfumó de inmediato. La casa es alegre y luminosa. Las paredes están pintadas de suaves tonos anaranjados aprovechando la escasa luz que se filtra por los enormes ventanales. Ha prescindido de las alfombras dejando al descubierto la magnífica madera del suelo. Entramos en el salón y tuve que reconocer que yo mismo no lo hubiera hecho mejor. Quizá hubiera elegido muebles menos modernos, pero debo reconocer que los que Nadya ha seleccionado encajan a la perfección en el ambiente general. El piso superior está decorado con igual gusto. Las habitaciones de los que serán nuestros primos y primas, situadas en el segundo piso a la izquierda de las escaleras, son amplias y confortables. Nos dirigimos entonces al ala derecha, donde estará nuestra vivienda. Lyosha y yo entramos en el dormitorio y nos miramos complacidos. La pared exterior es un gran ventanal con vistas a los terrenos de caza y al lago. Frente a ella un inmenso armario empotrado más que necesario, teniendo en cuenta la ingente cantidad de ropa que Nadya parece coleccionar. La cama es increíble. Ornada con un hermoso dosel, debe medir al menos tres metros de ancho. Jamás he visto nada parecido. Sin duda la ha mandado hacer de encarga. Una chimenea, tres cómodos sofás y un disimulado equipo de música completan el conjunto. Comprobé además que es la única habitación en la que ha colocado alfombras. Sabe que mi hermano y yo las adoramos.

Curioseamos el resto de la casa encantados ante su amplitud y el buen gusto de Nadya con la decoración. Cuando volvimos al piso inferior, nos recibió a los pies de las escaleras, expectante.

"¿Os gusta?", preguntó con impaciencia.

"Es magnífica", respondió Lyosha.

"Has hecho un trabajo increíble, querida", añadí yo.

"Me alegro que os guste", dijo con satisfacción. "Vamos, ayudadme a cargar las cajas que habéis dejado fuera. Cora y Árvidas ya han colocado las suyas y están esperando en el salón"

Me había olvidado por completo de las cajas. No tardamos nada en subirlas y dejarlas en la habitación. Mire para ellas desalentado. Odio colocar armarios. Si por mí fuera, dejaría mi ropa dentro e iría sacándola a medida que la necesitara, pero estoy seguro de que Nadya no va a permitírmelo.

"No te preocupes, Leo. Ya me encargaré yo de colocarlo todo. No pienso detenerme mucho esta vez", comentó divertida. "Y cuando termine había pensado que podíais acompañarme a la ciudad. Tengo que comprar ropa y algunas otras cosas para Cora. No creo que esté preparada aún para ir ella misma", sugirió.

"Puedes pedirle a Árvidas que te acompañe, querida. Nosotros tendremos que quedarnos", respondió Lyosha.

"¿A esperar la llamada de Lisías? ¿Cuándo os acostumbraréis a llevar móviles?", replicó molesta.

"Nunca", sonreí. "Pero no es solo por eso. Pronto tendremos visita"

Ella me miró sin comprender, y mi hermano y yo nos reímos suavemente ante su confusión. La mujer que se empeña en acompañarnos a todas las batallas es incapaz de percibir el olor de al menos media docena de vampiros en los alrededores. La mente de Lyosha debe estar abierta para ella, ya que frunció el ceño y olfateó discretamente.

"Oh, vaya. Pues yo también tendré que quedarme. Habrá que asignarles habitaciones, y ver si necesitan algo", respondió.

"Eso sería de gran ayuda, querida. Pero si deseas irte, podremos arreglárnoslas", ofreció Lyosha.

"No. Prefiero quedarme. Ya iremos otro día. De momento tendrá que conformarse con mi ropa. Le daré algunas cosas que yo ya no me pongo. Siempre serán mejor que lo que tiene ahora. Demis la obligaba a vestirse como una anciana", gruñó.

"Sólo con lo que no te pones, tendrá suficiente para un par de años", reí.

"No exageres. No tengo tanta ropa", replicó.

"¿Comparado con qué?", sonrió mi hermano.

Nos miró exasperada, dejó escapar un bufido y abrió la puerta del salón, ignorando nuestras risas. Pocos segundos más tarde, salía acompañada por Cora, mientras nosotros nos reuníamos con Árvidas que había preferido quedarse abajo. Se había sentado en el sofá, cediéndonos a mi hermano y a mí los dos sillones más cercanos a la chimenea. Esa fue la primera ocasión en la que agradecí los privilegios del rango. Y no sólo porque me gusta sentarme lo más cerca posible del fuego, sino también porque los dos sillones parecen tan terriblemente cómodos que no me resistiría a probarlos aunque estuvieran en la otra punta de la habitación. Me dejé caer en uno de ellos, dejando escapar un gruñido satisfecho mientras estiraba las piernas. Es tan cómodo como parece.

"Hay al menos media docena. No creo que tarden mucho en empezar a llegar", comentó Árvidas.

Mi hermano y yo asentimos. No creo que tarde más de diez minutos en llegar el primero. Y empiezo a sentir cierta impaciencia por verlo, ya que nos dará una idea acerca de cómo serán los que están esperando. Las primeras audiencias de una familia, son como las grandes fiestas. Nadie quiere ser el primero en llegar, así que ese turno le corresponde normalmente al más joven e inexperto. Si el primero resulta ser demasiado joven, habrá que esperar y ver como son los demás. Pero si se trata de un hombre de cierta edad, estaremos de suerte. Los demás serán al menos tan experimentados como él.

"Crucemos los dedos. Si Lisías no nos da buenas noticias, vamos a necesitar buenos guerreros", comentó Lyosha, siguiendo mi hilo mental.

Me pasé de largo en mis previsiones. Tan solo dos minutos más tarde escuchamos unos pasos dirigiéndose la casa a través del camino principal. Sin esperar ninguna indicación por nuestra parte, Árvidas se levantó de inmediato a abrir la puerta para recibir al primer visitante. Su olor me resulta vagamente familiar, pero no fui capaz de ubicarlo en mi memoria hasta que entró en el salón tras mi primo. Cuando lo vi, mantuve una expresión serena y cortés, aunque por dentro sentí deseos de bailar de alegría. Mi hermano cruzó una rápida mirada conmigo, y eso me demostró que piensa lo mismo que yo. Conocimos a Lucas en casa de Lisías hace más de un mes. Es mucho más joven que nosotros, pero no mucho más que Árvidas. Cuenta ya sus buenos cuatro siglos, y está curtido en bastantes batallas. Si esto es lo peor que va a ofrecernos el día, apenas puedo esperar para ver lo mejor. Por supuesto, no todos querrán quedarse. Algunos sólo buscarán un refugio temporal, un lugar donde pasar un período de tiempo más o menos largo, ofreciendo sus servicios a cambio de nuestra hospitalidad, pero sin pretender formar parte de la familia. Conozco bien esa postura, ya que es la que yo mismo he seguido durante once largos siglos. He convivido con muchas familias en ese tiempo. Con algunas, incluso llegué a sentirme tan cómodo que mi estancia duró varios años. Pero aún así, nunca tuve la intención de pasar a formar parte de ellas como un miembro de pleno derecho, aunque fueron muchas las que me lo ofrecieron. Y sé bien que las que no lo hicieron fue porque dejé muy clara desde el principio mi intención de no comprometerme, o también habrían intentado ganarme para si. No es presunción, simplemente soy muy consciente de lo que vale un guerrero como yo. Era consciente de ello hasta cuando aún era un niñato, y por ello decidí muy pronto labrarme una reputación que me permitiera tarde o temprano formar mi propia familia. Si te unes a un clan, tus méritos pasan a ser los suyos, y aunque los demás conocen tus hazañas no se extienden con tanta rapidez como si te mantienes nómada. Aún así, son pocos los que aguantan esa vida. Somos seres sociables, y como nómada pasas mucho tiempo solo, en interminables combates, probándote cada vez más a ti mismo ante los demás, forzándote hasta el límite en cada ocasión en la que puedes demostrar tu valía. No todos los hombres valen para eso, pero yo sí y mi hermano también. Quizá porque los dos supimos siempre que acabaríamos dirigiendo nuestro propio clan y ese es un objetivo más que deseable. Echaré de menos mi vida como hombre libre, pero ahora tengo algo mejor. Y no hablo sólo del respeto, o el poder. Hablo del hogar. El lugar donde siempre quieres volver. Y para Lyosha y para mí, ese lugar son los brazos de Nadya. Lo que nos impulsó por fin a establecernos, tras mucho tiempo de espera. Cierto que nuestra reputación nos hubiera permitido hacerlo mucho antes, pero los dos necesitábamos ese acicate. Y nos necesitábamos el uno al otro, aunque no lo supimos hasta encontrarnos.

El joven Lucas estaba explicando que llevaba tres días en nuestros terrenos esperando nuestra llegada, y que había unos cuantos que incluso habían llegado antes. Habíamos pensado en media docena, pero Lucas confirmó que son al menos quince hombres y cinco o seis mujeres. Si no los habíamos percibido aún es porque unos cuantos habían decidido marchar a la ciudad y algunos están en los terrenos de caza. son muy buenas noticias. Al menos para nosotros. Nadya va a desesperarse cuando sepa que tendrá que ubicar a una veintena de invitados, pensé reprimiendo una sonrisa.

"Supongo que estarás deseando desentumecerte un poco, y quizá darte un buen baño", ofreció Lyosha.

Lucas asintió, intentando aparentar indiferencia. Pero sus ojos lo traicionaron, cuando mi hermano mencionó el baño. Tres días en la nieve no es plato del agrado de nadie. El frío no nos afecta. De hecho, casi no podemos sentirlo. Pero es terriblemente incómodo estar mojado y no poder disfrutar del calor del agua o de una buena chimenea.

Escuché los apresurados pasos de Nadya en el piso superior. Lyosha la ha reclamado mentalmente, y ahora ella corre escaleras abajo. Poco antes de llegar al vestíbulo, sus pasos se ralentizaron bruscamente. Abrió la puerta sin esperar a ser invitada, y entró con su más perfecta pose de dignidad. Controlé a duras penas las ganas de soltar la carcajada. A ojos de cualquiera que no la conociera tan bien como yo, la imagen es perfecta, pero no me hace falta el don de mi hermano para saber que está intentando recordar todas y cada una de las cuidadosas instrucciones que le dieron Shannen y Alejandra sobre el modo en que debe conducirse y como debe solucionar las cuestiones protocolarias.

"Ella es nuestra compañera, Nadezhda. Querida, ¿serías tan amable de indicarle a Lucas dónde puede alojarse?", preguntó Lyosha.

"Por supuesto. Acompáñame, por favor", pidió.

Lucas se levantó, y tras despedirse con una formal inclinación de cabeza, abrió la puerta para dejar pasar a Nadya. Esta se deslizó por la habitación con un aire de serena dignidad que parece tan impropio de ella, que cuando por fin se alejaron, no pude reprimir mi risa ni un solo segundo más.

"Eres muy cruel, Leo", sonrió Lyosha.

"Gracias. Hago lo que puedo", reí.

"No deberías burlarte, lo ha hecho muy bien", comentó Árvidas. "Aunque, en realidad, nunca dudé que así sería"

Le agradecimos el cumplido con una sonrisa. Desde que Nadya le había hecho frente, mi primo ha empezado a apreciarla sinceramente. Y después de que solucionara su situación con Cora, ese aprecio se ha convertido en un indudable afecto. Confía en ella casi tanto como en nosotros, y eso es un logro sorprendente para una criatura tan joven como Nadya.

No tuvimos más tiempo para detenernos a valorar la actuación de Nadya, o lo buena señal que había sido la aparición de Lucas en primer lugar. La segunda visita no tardó en llegar. Su olor me dijo que esta vez se trata de una pareja. Un hombre y una mujer que están a punto de detenerse en la entrada. En esta ocasión no fue necesario que Árvidas se levantara. Nadya ya estaba pendiente y abrió la puerta pocos segundos después de que llegaran a ella. Cruzaron unas formales presentaciones, e inmediatamente los guió hasta nosotros.

"Estos son Antonio y Magdalena. Han venido desde Guatemala", presentó. "Él es mi primo Árvidas. Y por supuesto, ellos son mis compañeros"

Un nuevo acierto. Presentar a Árvidas es una señal de cortesía, pero hacerlo con nosotros habría sido un error garrafal. Se supone que los visitantes saben a quien vienen a ver. Si hay tres hombres en la habitación, es lógico señalarles a quienes tendrán que dirigirse, pero no indicar sus nombres, ya que estos son sobradamente conocidos. Shannen y Alejandra la han preparado bien. Tomé nota mentalmente para enviarles un buen regalo. Y otro aún mejor para Nadya. Aunque tanto mi hermano como yo no teníamos la menor duda de que nuestra compañera iba a ser capaz de dominar en pocos días las farragosas cuestiones de protocolo con las que nosotros llevamos conviviendo siglos, hubiera sido perdonable que cometiera errores. Mujeres mucho mayores y con más experiencia que ella, los cometen continuamente. Puede parecer que eso no tiene demasiada importancia, pero en realidad no es así. Las mujeres de la casa cumplen una extraordinaria labor. Somos criaturas orgullosas e irritables. Un simple fallo de protocolo puede ocasionar un incidente difícil de arreglar. Alguien puede sentirse ofendido por la forma en que se le trata, por el modo en el que se le presenta, por el tiempo que espera a ser recibido, o por las estancias que se le asignan. O por mil pequeños detalles más. Una mujer capaz de solucionar esos temas con una sonrisa, y que al mismo tiempo pueda manejar los suministros, las cuentas, ayudar con la documentación y los problemas administrativos y por supuesto organizar la logística durante los desplazamientos y combates, es el contrapunto perfecto para los cabezas de familia, y ayuda a realzar su imagen. O a tirarla por tierra, si no realiza su labor a la perfección. Si Nadya comete un error grave, nadie se fijará en lo joven que es para disculpárselo, pero si actúa tan bien como hasta ahora, su juventud será una gran baza. Todos se mostrarán encantados de que una mujer que lleva tan poco tiempo entre los nuestros pueda realizar su labor tan eficazmente, suponiendo con acierto que cuando esté más hecha a ello, no habrá dama en familia alguna que pueda comparársele.

Tras las presentaciones, se sentó junto a Árvidas que le dedicó una sonrisa encantada, infundiéndole nuevos ánimos. Mi querida Nadya pareció incluso crecer unos centímetros llena de orgullo ante nuestra aprobación. Adora acertar casi tanto como detesta no hacerlo.

La pareja tomó asiento entonces en el sillón libre, mientras mi hermano y yo los observábamos con atención.

"Guatemala es un lugar lejano, ¿Lleváis mucho tiempo en nuestros terrenos?", preguntó Lyosha amablemente.

"Dos días. Sabíamos que os estableceríais cerca de aquí desde hace algún tiempo. Nos llegaron noticias de Europa tras lo ocurrido en Chernobil. Magda y yo llevábamos algún tiempo pensando en trasladarnos y buscar una familia de nuestro agrado, pero no deseábamos dejar el continente. Cuando supimos que vendríais, pensamos que podía ser la solución a nuestro dilema, y estuvimos atentos a las noticias sobre vuestra llegada", explicó Antonio.

Una frase cargada de significado. En primer lugar, confirma que nuestra fama ha atravesado el Atlántico, algo que ya sospechábamos hace tiempo y no sólo por la magnitud de nuestra reputación. La familia de Lisías se ha encargado de que así sea desde que la alianza entre nosotros fue un proyecto en su mente. Sabían de sobra que no íbamos a rechazarla. Y en segundo lugar, la pareja muestra su intención de formar parte de la familia si es admitida. No pretenden quedarse como simples invitados, lo que desde luego es una buena señal.

Cruzamos unas cuantas frases más, que a cualquier observador casual le hubieran parecido simple cortesía, pero que todas las familias llevan utilizando siglos para hacerse una idea de los logros, la edad y la experiencia de quienes se presentan frente a ellos buscando un lugar en su clan. Me pareció divertido ser yo el que por una vez hiciera las preguntas, después de haberlas contestado una docena de veces. Claro que de eso hace una eternidad. Cuando tienes mi reputación, te evitas todo ese inacabable protocolo. Todos saben quien eres, y están ansiosos por recibirte.

Cuando Lyosha y yo quedamos satisfechos, Nadya se ofreció a acompañar a los recién llegados a sus estancias. Y muy oportunamente, porque en ese instante, el teléfono comenzó a sonar en un extremo del salón. Tan pronto como Antonio y Magdalena salieron, me abalancé literalmente sobre el teléfono, seguido por mi hermano y por Árvidas.

"¿Lisías?", pregunté sin dar tiempo a nada más.

"Si, Leonardo, soy yo. No os interrumpiré demasiado, porque supongo que estaréis recibiendo a vuestros invitados. Sólo quería que supierais que ya hemos sido informados de lo ocurrido. Os agradezco el aviso, y por supuesto, partiremos ahora mismo de regreso a casa. Pedro se encargará de acercarnos de inmediato"

"¿Te ha dicho ya que era una criatura joven?", pregunté.

"Por supuesto. Y me parece increíble, aunque confío plenamente en el criterio de Peter. No obstante, prefiero verla con mis propios ojos. Entonces quizá pueda deciros algo más", contestó. "No os preocupéis, os mantendremos informados. Llamadme cuando terminéis con vuestras labores, no deseo molestar más"

"Tú nunca molestas, amigo", respondí cortésmente.

"Oh, eres muy amable, Leonardo, pero los dos sabemos que no es así. Un par de horas, o de días, no cambiaran la situación, y vosotros tenéis demasiado de que ocuparos. Os dejo ahora. Buena suerte", colgó sin añadir nada más.

"Tendremos que esperar", gruñí.

Esta situación me está poniendo de un humor de perros. Odio esperar. Si por mi fuera, ya estaría con la familia Lisías rastreando todo el maldito país hasta encontrar más lobos o al descerebrado al que se le ha ocurrido crearlos de nuevo.

"Ahora tienes otras responsabilidades, hermano. Deja que Lisías y los suyos se encarguen del problema. Son más que capaces de hacerlo solos", sugirió Lyosha.

"Alyosha está en lo cierto, primo. Lisías puede resolver esto sin necesidad de ayuda. Y si la situación se escapa de sus manos, no dudará en llamaros. Confía en vosotros como en su propia familia. Créeme, lo sé bien", me animó Árvidas.

"Sé que tenéis razón. Pero llevo demasiado tiempo metiéndome en problemas como para que se me pase fácilmente el deseo de ir en su busca", sonreí.

"No sabes como te comprendo", rió Lyosha. "Llevo todo el día lamentando que Nadya no nos advirtiera antes. Podríamos haber acabado nosotros mismos con esa criatura"

"Y ella se hubiera puesto como una fiera", respondí yo entre risas.

"Vamos, dejadle algo a los más jóvenes, también necesitan ganarse una buena reputación. Me consta que los dos matasteis suficientes lobos durante la guerra", nos reprochó Árvidas sonriente.

"Muchos, si. Suficientes no. En cuanto empiezas con ellos, nunca tienes bastante", repliqué.

"Que curioso. Es exactamente lo mismo que te ocurre con las mujeres", me provocó Lyosha.

"No creas. Tengo una idea aproximada de cuantos lobos he matado, pero perdí la cuenta de las damas que me otorgaron sus favores mucho antes de transformarme", reí.

"Controla tu lengua y tus hormonas, Leo. Tenemos más visitas", replicó mi hermano.

Nadya hizo pasar a los visitantes, y repetimos la rutina habitual. Una y otra vez. El goteo de jóvenes fue constante durante horas y horas. Cuando el flujo de gente que se acercaba a nuestra puerta comenzó a descender, y sus visitas se espaciaban en ocasiones casi una hora, decidí mandar a Nadya y a mi hermano a darse un baño y descansar un rato. Yo aún estoy fresco, pero ellos necesitan un respiro. Lyosha se ha mantenido concentrado no sólo en la conversación, sino también en los pensamientos de los recién llegados, en mis sugerencias mentales, y respondiendo a las preguntas que Nadya formulaba en su mente. Y ella se ha mantenido en tensión durante todo ese tiempo, concentrada al máximo en no cometer ningún error. Mi trabajo es mucho más fácil. Yo sólo tengo que seguir mi instinto, y eso no supone ningún esfuerzo. Siento curiosidad por saber si lo que mi hermano ha percibido en sus mentes es parecido a lo que yo he imaginado, pero eso tendrá que esperar. Levanté mi vista hacia él, que frota sus ojos con gesto cansado. Nuestros cuerpos no pueden agotarse, pero no me cabe ninguna duda de que su cabeza estaba a punto de estallar.

"Lyosha, ¿por qué no vas arriba con Nadya y estrenáis la bañera? No creo que venga nadie más por ahora, y si es así, Árvidas y yo podremos encargarnos solos", ofrecí

"¿Estás seguro?", preguntó.

"Claro", respondí poniéndome en pie y obligándolos a levantarse. "Vamos, id arriba. Estaremos bien"

"Gracias, hermano. Te relevaré en unas horas", sonrió Lyosha.

"No tengas prisa", repliqué abriéndole la puerta. "Y no hagas nada que yo no haría", añadí sonriente.

"Eso me deja mucho margen de actuación", rió, empujando a Nadya hacia el vestíbulo.

Los contemplé alejarse escaleras arriba, abrazados y sin duda manteniendo una de sus conversaciones privadas. Por una vez, no me molestó lo más mínimo. Volví a entrar en el salón, donde Árvidas me espera tranquilamente sentado.

"Siento pedirte que te quedes, primo. No lo haría si no fuera necesario, pero Nadya y Lyosha necesitan desconectar la cabeza durante un rato. Llevan demasiado tiempo concentrados en los pensamientos de los demás", me disculpé.

"No te preocupes, Leo. Es un placer ayudaros", respondió.

Habla con total sinceridad, aunque eso yo ya lo esperaba. Mi petición confirma su ya predecible puesto como nuestra mano derecha, y haría cualquier cosa por demostrar que está a la altura del honor que se le ofrece. Hace mucho tiempo que merece ese estatus, pero nunca podría conseguirlo en la familia de Lisías. Al menos hasta que Peter decida marcharse para formar su propio clan. Y si conozco bien a los hombres, y me consta que así es, pasará mucho tiempo antes de que eso suceda. Peter espera formar su clan algún día, pero por el momento disfruta demasiado de su actual forma de vida. Mi primo echará de menos a su familia, pero lo que puede lograr en la nuestra es una recompensa más que suficiente para ayudarle a sobrellevar su nostalgia.

"Los primeros días son los peores", comenté, tomando asiento. "Y si te soy sincero, no esperaba tanta gente. Al menos, no tan pronto"

"¿Y qué esperabas, primo? Los dos sois más que sobradamente conocidos. Y por si eso fuera poco, la noticia de vuestra alianza con la familia de Lisías ha corrido como reguero de pólvora. Tardaremos días en recibir a todos los nómadas", sonrió.

"Si esto sigue así, habrá mucho donde elegir. ¿Qué te han parecido hasta ahora?", pregunté, sabiendo que le agradaría que pidiera su opinión. No me equivoqué. Sonrió complacido, y meditó cuidadosamente su respuesta.

"Bastante bien, en general. Aunque sería conveniente planear un par de entrenamientos, para ver como se mueven los más nuevos", sugirió. "De todos modos, hemos tenido suerte. Hasta ahora el más joven e inexperto es Lucas. Y me consta que muchas familias lo considerarían una buena baza. Lucha bien, y es inteligente y astuto"

"Hay un par de ellos que no me gustan. No puedo explicarte porque, quizá Lyosha tenga más datos que yo, pero no me fío de ellos"

"Lisías habla maravillas de tu instinto, Leonardo. No sé lo que pensará tu hermano, pero si tú no te fías de ellos, es suficiente para mí", respondió.

Lo miré confuso unos instantes. Siempre me he guiado por mi instinto, y me consta que ha fallado en muchas ocasiones. Pero al escuchar el comentario de Árvidas, no pude evitar pensar en mis últimas corazonadas. Cualquiera de ellas ha resultado ser más que acertada, y llevo mucho tiempo sin errar en ninguna de mis predicciones. ¿Será posible que...? Rechacé la idea con un encogimiento de hombros. No tengo ningunas ganas de pensar en eso ahora. Levanté la vista hacia mi primo, que me mira con curiosidad, y busqué rápidamente otro tema de conversación más ligero.

"Hablemos de otra cosa. Mi cabeza también está un poco saturada. Dime, ¿qué tal la vida del hombre casado?", pregunté con una sonrisa sarcástica.

"Yo no me burlaría demasiado, Leonardo. Cora me ha dicho que cree que Nadya quiere ser la siguiente", rió

"Y un cuerno", mascullé.

"¿Cuál es la diferencia, al fin y al cabo?", contestó, encogiéndose de hombros.

"Pues, básicamente, que al contrario que otros yo no necesito decirle a una mujer cuatro cursilerías delante de un tipo clavado en una cruz para gozar de su cuerpo", repliqué sonriente.

"De momento", sonrió.