A ver,,, Arthe, sabes que no suelo hacer comentarios sobre lo que va a pasar, pero bueno, por esta vez, y para que no te rompas más la cabeza, y porque estoy encantada con mi regalo de cumpleaños "La Salvación de los inmortales" (jo, hasta el título me gusta), pues te digo que sí. Lo de los lobos está ligado con el que calumnia a Malachy. Y no diré ni una palabra más jajaja.
Bueno, no he pensado demasiado en qué sucedería después de que Leo transformara a Nadya, pero supongo que la historia vendría siendo más o menos la misma. Existe la misma conexión entre Leo y Nadya que la que tuvo con Lyosha, claro (por la mordida, y bueno, seamos cursis, por esto del "amor verdadero") pero tarde o temprano se encontrarían los tres, y la historia seguiría más o menos como la conocemos ahora... Siempre me planteo a los tres como algo inevitable, fruto del destino. No es Lyosha y Nadya o Leo y Nadya. Son Lyosha, Leo y Nadya. Los tres siempre.
No me importa complacerte, hermanita jajaja. Me inspiras con las preguntas, ya te lo dije.. Y siempre me gusta tener algo nuevo en lo que pensar.
Si me parece bien que Mimí te caiga mal jajaja. Está escrito para eso! Pero es que yo la conozco mejor jajaja.
Respuesta a nota: Leo es lujuria en estado puro jajaja. Y a mi también me encanta. Ya os lo conté, he ido a Italia, conozco un montón de italianos, y juro que son tal y como los pintan en las películas. Si no ligas en Italia, es porque no quieres. Y como Leo es italiano pues... eso.
Respuesta a nota 2: Lisías sale dentro de poquito. No sé exactamente cuánto, pero tranquila, sale. Y por mi puedes tener veto, tranquila. Lisías me gusta, pero no en ese plan. Pero tendrás que preguntarle a nuestra otra hermana jaja.
Kara, te echaba de menos hermanita jajaja. Sip, tres capítulos y subiendo, que estoy lanzada.
Relájate un poco guapa, que el estrés es malísimo, en serio. Si estás pendiente de las actualizaciones, pásate por "Y si hubiera sido él", que escribí hace poquito gracias a nuestra hermana Arthe. Ya me dirás si te gusta.
Nunca llegará la sangre al río entre Leo y Lyosha. Al menos, no demasiado, pero claro, los dos tienen mal genio. Son vampiros, leñe, TIENEN que tener mal genio.
Pues no, no te voy a responder. No tardarás en saber quien está contra Malachy. Y prontito.
Mi personaje, ya lo conoces en este capítulo. Lo repito: EN ESTE CAPITULO SALE UNO DE MIS PERSONAJES FAVORITOS (después de los protagonistas, claro) Imagino que cuando lo veáis, sabréis al momento quien es. Y bueno, no sé yo si incluir uno más en el grupo, ya me contaréis. Aunque.. Bueno, no diría yo que tiene la seriedad de Aleksei y la madurez de Lisías. No, definitivamente, no. Pero sobre Leo... Bueno, ya lo verás.
Ahí va el nuevo capítulo. Prontito el siguiente.
NADEZHDA. De premoniciones y otras historias.
Jamás he estado tan asustada. Ni tan furiosa. Aunque he conseguido detenerlos, aún ardo de rabia. Una rabia que surge de mi miedo y mi preocupación. Ha faltado muy poco para que se enzarcen en una pelea. Ellos, que siempre piensan al unísono como un solo hombre, estaban frente a mis ojos furiosos el uno con el otro, y más que dispuestos a arrancarse las entrañas. Necesito saber lo que ha pasado, y necesito saberlo ya. Abrí la boca para pedirles una explicación, controlando a duras penas mi rabia, pero antes de que pudiera darme cuenta, me estaban arrastrando escaleras arriba tan alegremente. El olor de su rabia ha desaparecido por completo, y hasta mi llega tan solo el más grato aroma de su deseo. Me revolví y me retorcí entre sus brazos, intentando esquivar sus exigentes caricias. Sé perfectamente donde me va a llevar todo esto, y estoy demasiado furiosa. Antes de que pudiera darme cuenta, mi ropa estaba hecha jirones en el suelo. Eso me enfureció aún más. Pero los sentimientos empiezan a confundirse en mi cabeza y en mi cuerpo. La ira se mezcló con la excitación, la preocupación con el deseo. Quiero gritar y protestar. Quiero usar mis garras y mis dientes contra ellos, y hacerles pagar por el susto que me han dado. Pero también quiero sentir sus cuerpos contra el mío, dentro del mío. Dejé de pensar, mi mente se desconectó por completo y mi cuerpo se dejó llevar por su confusión. Besé y mordí, acaricié y arañé, grité y susurré en el caos más absoluto. Mis compañeros respondieron al caos creando aún más. En perfecta coordinación. Cuando mi rabia cesaba, la provocaban, me incitaban a volver a la violencia. Cuando era la ira la que apagaba mi deseo de caricias, me acunaban y mimaban hasta que este renacía. Y así una y otra vez, como la pescadilla que se muerde la cola en una rueda sin fin.
Y aquí estoy, horas después, enredada entre sus brazos, y contemplando como se pone el sol mientras intento en vano recuperar el tren de mis pensamientos. Y no me importa lo más mínimo. Lo que quiera que haya causado su pelea, se ha desvanecido ya, y no seré yo quien lo remueva. Lo único que deseo ahora es quedarme en esta cama para toda la eternidad. Lyosha celebró mis pensamientos con una risa suave.
"Leo, explícale a tu compañera que no podemos quedarnos aquí para siempre, como está pensando ahora mismo", sonrió Lyosha.
"Querida, tu compañero tiene razón. En algún momento tendremos que salir a alimentarnos", dijo Leo, sonriendo a su vez.
"No veo la necesidad. Bastará con que mis compañeros les ordenen a nuestros primos que nos dejen en el pasillo unos cuantos animales vivos un par de veces al mes", reí. "Y que se marchen de inmediato a sus asuntos después de hacerlo"
"Te advertí que acabaríamos por morir de inanición entre sus brazos, hermano", rió Leo.
"Eso si no nos matan antes sus garras", terminó Lyosha, uniéndose a sus risas.
"O si no os matáis entre vosotros. ¿Se puede saber que os pasó?", gruñí.
Se miraron uno al otro, compungidos. En la mente de Lyosha pude ver una sentida disculpa de Leo, a la que respondió con una sonrisa amarga. Fuera lo que fuese lo que había provocado su riña, ahora les avergüenza profundamente. Y a pesar de que hace unos minutos había decidido dejarlo correr, ahora necesito saberlo. No quiero que esto vuelva a repetirse en el futuro.
"¿No quieres que se repita? Me sorprende. Creí que estabas algo más que cumplidamente satisfecha", sonrió Lyosha con picardía.
Intenta salirse por la tangente tratando de avergonzarme, como suele suceder con esos comentarios. Pero esta vez no va a funcionarle. A la fuerza ahorcan, y estoy empezando a librarme de la timidez a base de escuchar sus irritantes comentarios burlones. Decidí seguirle el juego y esperar a que estuvieran preparados para decirme lo que había sucedido entre ellos.
"¿En serio? ¿Y qué te hace pensar eso? Podía estar fingiendo, ¿no se te ha ocurrido pensarlo?", pregunté maliciosamente, provocándolos. Una provocación que pensé que ninguno de los dos iba a obviar.
En lugar de responderme, me miraron un segundo enarcando las cejas con burlona incredulidad, y estallaron en sonoras carcajadas.
"No es lo más absurdo que he oído nunca, pero se le acerca bastante", rió Leo.
¿Es que no hay nada en este mundo que haga vacilar su inquebrantable confianza en si mismos? ¿Ni siquiera en esto? Con cualquiera de mis amantes mortales, hubiera funcionado.
"Tus amantes mortales eran idiotas", replicó Lyosha con una sonrisa malévola.
"Al menos ellos se tomaban la molestia de preguntar por mi satisfacción, en lugar de darla por supuesto de forma tan tajante", respondí, pensando que los celos que sienten por mis relaciones pasadas me harían ganar la partida esta vez.
Una vez más no funcionó. Los dos se miraron sonrientes antes de soltar sendas risas maliciosas.
"¿Lo dice en serio?", preguntó Leo.
"Me temo que sí", rió Lyosha.
"Has tenido que aburrirte mucho, amor", sonrió su hermano con evidente picardía.
"¿Por qué demonios dices eso, Leo? Qué tú no te tomes la molestia de preguntar...", empecé.
Sus carcajadas no me dejaron seguir.
"¿Y quién necesita preguntar tamaña cosa? Si dudas, es que no hay duda. La dama no está complacida", concluyó sonriente.
"Y por supuesto, vosotros nunca dudáis", espeté, empezando a irritarme.
"Jamás. Y si eso ocurriera, continuaría hasta calmar mis dudas", sonrió Lyosha.
"Y el apetito de la dama", añadió Leo.
"Sois increíbles", gruñí.
"Ya lo sé, querida. Me lo dicen a menudo", replicó Leo.
Mi respuesta fue tan solo un sonoro bufido. Me escapé de sus brazos, y me dirigí al baño para darme una ducha que me ayude a poner en orden mis pensamientos. Apenas había entrado en la bañera, cuando se reunieron conmigo, sonrientes. La casi palpable corriente de camaradería que siempre está entre ellos, se ha reparado por completo. Quizá hace unas horas habían estado a punto de arrancarse la cabeza el uno al otro, pero ya lo han olvidado, y nuevamente charlan animados, lanzándose pullas y sonriéndose alegremente. Aún así no puedo dejar de preguntarme que ha sucedido.
"No ha sido nada, querida. Los dos tenemos mal genio, eso es todo", sonrió Lyosha.
"Pero aún así me gustaría saber que lo ha provocado", insistí en voz alta.
"Ha sido una tontería, Nadya. Nada importante", respondió Leo, mirando a Lyosha con una sonrisa de disculpa. Él se limitó a encogerse de hombros, sonriendo a su vez.
Podía haber insistido, pero los dos demuestran la clara intención de no volver a hablar sobre el tema, restándole importancia. Decidí rendirme. Si pretenden olvidarlo con tanta determinación, no hay ninguna necesidad de insistir. Dudo que traiga nada bueno.
"Pues espero que no vuelva a ocurrir. Me habéis dado un susto de muerte. No quiero ni pensar lo que habría pasado si no os hubiera separado", comenté, mientras salíamos de la ducha.
"Nada serio, Nadya. No íbamos a matarnos, ni mucho menos. Sólo le habría pegado una soberana paliza a mi hermano menor", respondió Lyosha alegremente.
"¿Con la ayuda de qué ejército, vikingo?", replicó Leo en el mismo tono ligero.
"Dejadlo ya. Me aburrís", exclamé, volviendo al dormitorio para vestirme.
Tras de mi, escuché unos apresurados susurros, y por mucho que agucé el oído y concentré la mente, fui incapaz de descifrarlos. Los odio cuando hacen eso. Cuando Lyosha y yo hablamos mentalmente, rara vez es porque desee esconderle nuestra conversación a Leo. Pero cuando ellos usan esos susurros indescifrables, invariablemente intentan evitar que yo me entere de algo. Y normalmente, siempre se trata de algo que va a ponerlos en peligro. Me vestí con el oído aún inútilmente concentrado en su conversación y mi mente recibiendo únicamente un decidido bloqueo en torno a ella por parte de Lyosha. Pocos segundos después, entraban en el dormitorio como si nada hubiera pasado.
"¿Qué ocurre? ¿Hay algo que la jovencita no deba saber?", pregunté irritada.
Cruzaron una rápida mirada entre ellos y me sonrieron alegremente.
"Has mejorado mucho, querida. El mes pasado ni siquiera podías oírnos", comentó Leo.
"Para lo que me sirve, preferiría no oíros. Me pone de mal humor que me ocultéis cosas", repliqué.
"No te estábamos ocultando nada, Nadya. Sólo nos poníamos de acuerdo sobre lo que debemos o no decirte ahora mismo", respondió Lyosha.
"¿Y eso no es ocultar?", gruñí.
"No esta vez", murmuró, incitándome con delicadeza a que tomara asiento.
Su expresión concentrada me indicó que debía ser algo importante, así que me senté de inmediato a los pies de la cama, dedicándoles toda mi atención. Tomaron asiento junto a mí, y volvieron a mirarse, sin duda decidiendo quien de ellos va a hablar en esta ocasión.
"Necesitamos que intentes invocar una visión, Nadya. No queremos influenciarte, por eso no te contaremos los detalles, pero se trata de algo importante", empezó Leo.
"Queréis que intente averiguar algo más sobre los lobos", le interrumpí. "Contaba con eso"
"No sólo sobre los lobos, querida", me frenó Lyosha. "También sobre Malachy, o sobre cualquiera de las otras familias"
Me sorprendió su petición, pero asentí sin dudarlo. Mis visiones no son de tanta utilidad como habíamos imaginado en un principio, y mis sobreprotectores compañeros no son muy partidarios de que las invoque. Cuando surgen espontáneamente, no me suponen ningún esfuerzo, pero cuando trato de invocarlas a fuerza de concentración, me agotan la cabeza hasta dejarme aturdida durante horas. Eso no les hace ninguna gracia, y más teniendo en cuenta que no siempre consigo averiguar algo acerca de lo que en realidad estoy buscando. Es como si mi mente tuviera sus propias opiniones acerca de lo que es importante y lo que no, y me devuelve lo que desea. Hubo días, mientras intentaba aprender a detenerlas y dominarlas, en las que no conseguía ver absolutamente nada, como si el futuro fuera tan incierto que no existieran visiones que pudieran aclararlo. Plauto, que también tiene ciertos poderes premonitorios y me había ayudado en mi tarea, me explicó que era absolutamente normal. Es exactamente lo que le ocurre a él.
Cuando habíamos descubierto mi nuevo don, las imágenes se disparaban en mi mente cada vez que me enfurecía o aterrorizaba, y me resultaba sencillo hacer llegar las visiones conjurando esos sentimientos. El hermano de Lisías se mostró entusiasmado con las primeras manifestaciones de mi capacidad, pensando que podía ser mucho más poderosa que la suya, y más útil. Pero eso fueron los primeros días. Como si mi cuerpo aún se estuviera acostumbrando a su nueva habilidad y no consiguiera hacerse a su intensidad. Plauto se esforzó en enseñarme a acallar las voces de mi mente, y trabajamos durante días para conseguir detener las visiones antes de que empezaran. Algo que es mucho más importante que aprender a conjurarlas, ya que en una situación de peligro real, los pocos segundos que tardaba en frenarlas, podían suponer un terrible riesgo para mi integridad. Cuando por fin conseguí detenerlas sin que me paralizaran ni un instante, descubrimos con cierta frustración que me costaba mucho más recibir mensajes de mi cabeza que pudieran resultar de utilidad. Ahora mi don se parece más al del propio Plauto, que gasta una cantidad ingente de tiempo y energía, intentando descubrir algo de utilidad.
Y por supuesto, eso había hecho que mis compañeros se mostraran cada vez más y más reacios a que usara mi don. En más de una ocasión, cuando Leo y Lyosha volvían de sus reuniones con Lisías y sus hermanos, me había ofrecido a rebuscar en mi mente en busca de información acerca de nuestro nuevo destino y los posibles rivales, y al principio, aceptaban que intentara ayudarles. Pero después de comprobar en un par de ocasiones lo mucho que me agotaba esa actividad, y la poca información que en realidad podía recabar, habían empezado a negarse rotundamente a que les ayudara.
Y ahora se sientan junto a mí, y me piden que me concentre en invocar visiones y no sólo sobre los lobos, algo que los tiene enormemente preocupados, sino también acerca de Malachy. Algo ha cambiado esta tarde, y yo necesito saber que es. Quizá yo no sea tan poderosa como ellos, y no pueda protegerlos de continuo como hacen conmigo, pero nada conseguirá que no lo intente de todos modos.
"Lo haré, claro. Pero, ¿por qué sobre Malachy? Hasta ahora no habíais considerado necesario que buscara algo sobre él", pregunté. "¿Qué ha ocurrido?"
"Malachy nos ha visitado esta mañana, querida", respondió Leo. "Y creemos que puede haber, digamos ciertos errores en los informes que teníamos de él. En dos días recibiremos la visita de otra familia, como ya sabes, y necesitamos estar lo más preparados posible"
"¿Errores? ¿Qué clase de errores?"
"Eso es algo que tendrás que intentar decirnos tú, mi vida", sonrió Lyosha.
"Lo intentaré", respondí, devolviéndole la sonrisa.
"Inténtalo por la mañana, querida. Te necesitamos ahora. Sólo tú sabes como están siendo instalados los invitados", sugirió Lyosha.
"Árvidas también está al corriente", respondí. Ahora que por fin podía ser de utilidad, estaba impaciente por ponerme manos a la obra.
Los dos volvieron a cruzar la mirada. Leo se encogió de hombros, mirando a Lyosha con una sonrisa.
"Árvidas está fuera, Nadya. Tenía un trabajo que hacer. No creo que vuelva a tiempo", respondió este último.
Algo me dice que es mejor no preguntar acerca del tema, así que me limité a asentir, aunque un poco frustrada.
"Una cosa más", anunció Leo, mirándome con severidad. "Si empiezas a agotarte, detente de inmediato. No quiero verte convertida en un maldito zombi durante días, ¿me he explicado con claridad?"
Volví a asentir, fastidiada. Me protegen demasiado. Me miraron un instante más, advirtiéndome sin palabras, y se pusieron en pie, dispuestos a empezar el trabajo. Los visitantes no tardarán en llegar. Cuando ya estaban en la puerta, una curiosidad se abrió paso a través de mi mente.
"¿Existen?", pregunté.
Se volvieron con idénticas expresiones de confusión en sus rostros.
"¿A qué te refieres, querida?", preguntó Lyosha.
"Leo ha dicho que no quiere verme convertida en un maldito zombi. ¿Existen?", insistí.
Los dos estallaron en ruidosas carcajadas. Pero yo hablo completamente en serio. Desde la conversación que mantuvimos en casa de Milton sobre los lobos, le he dado muchas vueltas a la posibilidad de que existan criaturas que yo sólo he creído posibles en los cuentos de hadas. Aún no he encontrado el momento oportuno para interrogarlos al respecto, pero lo tengo muy presente la mayor parte del tiempo. Al fin y al cabo, saber que no somos los únicos seres míticos que caminan sobre la tierra, ha sacudido los cimientos de mi férreo racionalismo hasta un punto que apenas puedo detenerme a considerar.
"Hablo en serio", mascullé, molesta por la divertida expresión con la que me contemplan.
"Te presentaré a un par de ellos algún día", sonrió Leo, antes de salir por la puerta con Lyosha, muertos de risa los dos.
¿Habla en serio? Maldita sea, nunca consigo saber a la primera cuando me están tomando el pelo. Corrí tras ellos escaleras abajo, dispuesta a solventar mis dudas, pero el olor del primer visitante me obligó a concentrarme en el trabajo. Según me han dicho, aún tardaremos un par de días más en recibir a todo el mundo, pero yo ya empiezo a hartarme de tanto protocolo. Estoy deseando que la situación se normalice de una vez. Tengo aún un montón de cosas sin colocar y un montón de trabajo que hacer en los ordenadores.
Mientras ellos se dirigían al salón, abrí la puerta principal y esperé por la figura que se aproximaba a buen paso por el camino. Es una mujer alta y esbelta, que camina con mucha más seguridad en si misma que la mayoría de los jóvenes que nos han visitado hasta ese momento. Algo en su actitud no me gusta, pero que me aspen si puedo decir que es.
"Buenas noches", saludé, cuando se aproximó al primero de los escalones que conducían a la entrada principal.
"Soy Melina, del clan de Mateo, y traigo un mensaje para los cabezas de familia", respondió, sin molestarse en devolverme el saludo.
Sus palabras sonaron casi como una orden, y el desagrado que me provocaba se multiplicó por mil. Estaba a punto de poner en su sitio a esa estúpida, pero me contuve con dificultad, recordando todos los consejos que acerca de mi mal genio me había dado Alejandra.
"Acompáñame, por favor", indiqué con un gesto, mientras me volvía para guiarla al interior de la casa.
Abrí la puerta y le franqueé el paso. Ella se detuvo en el centro de la estancia, con más que evidente arrogancia, y sin dirigirme una segunda mirada, centrando toda su atención en mis compañeros, con una sugerente sonrisa. Pasé junto a ella con mi mejor actitud de dignidad y me situé entre Leo y Lyosha en actitud posesiva.
"Es una mensajera del clan de Mateo. Trae un recado para vosotros", expliqué, disfrutando de mi pequeña trasgresión.
No me había molestado en presentarla por su nombre, dando a entender que el mensaje era lo importante, y ella algo secundario, que no merece ser tenido en cuenta. Por supuesto, se percató de inmediato de mi omisión, y me dedicó una mirada ofendida. Se la devolví con la más encantadora de mis sonrisas.
"Eres cruel, querida", sonrió Lyosha. De pronto, sus cejas se fruncieron, y le dedicó una concentrada mirada a la mujer. "Cierra tu mente", ordenó con brusquedad.
Leo percibió el cambio en la actitud de Lyosha, y lo miró discretamente por el rabillo del ojo. Éste trazó un gesto disimulado, pasando los dedos sobre su frente, como si se apartara el cabello. Dudaba que Leo pudiera entender algo tan sutil, pero me sorprendió asintiendo con un lento parpadeo. Tendré que estar más atenta a esos gestos en el futuro. Si se comunican sin palabras con tanta facilidad, seguro que yo he sido víctima de esa compenetración más de una vez.
La mujer no pareció darse cuenta del momento de privada comunicación, y deslizó los ojos por cada uno de nosotros. Una décima de segundo más tarde, su rostro se frunció en una expresión molesta que disimuló rápidamente. Lyosha estaba en lo cierto. Melina es una lectora.
"Mi primo espera visitaros a la mayor brevedad posible. Me envía para preguntaros si estaréis preparados para recibirlo mañana al anochecer", declaró.
Espera visitarnos. No solicita una audiencia, o pide nuestra hospitalidad. Una vez más, el tono de orden encubierta de sus palabras, aumentó mi irritación.
"Es bastante apresurado. Dudo mucho que sea posible", respondió Leo, en tono neutro.
Y lo conozco lo suficientemente bien como para saber que ese tono es mucho más peligroso de lo que parece a primera vista. Está casi tan ofendido como yo.
"Dile que le recibiremos de hoy en siete días, así podremos ofrecerle la debida hospitalidad", respondió Lyosha, con un tono idéntico al de su hermano.
La mujer disimuló una expresión de fastidio.
"Hay ciertas circunstancias que obligan a adelantar la visita más allá de lo que la cortesía recomienda", replicó en el que supuse sería su tono más amable. "Os rogaría que aceptarais recibirlo mañana mismo. La semana que viene puede ser muy tarde. Por favor, aceptad su propuesta"
Reprimí una sonrisa. Su tono de orden imperiosa había surtido el efecto contrario al que ella esperaba. Lejos de amilanarse, mis compañeros habían respondido ofreciéndole una fecha inaceptable e incluso ligeramente descortés, negándose a reconocerse inferiores. Eso no era lo que ella esperaba, y ahora debe mostrar sumisión, para conseguir su objetivo. Hasta yo puedo ver que por mucho que se esfuerce en disimularlo, le revienta comportarse de ese modo.
Mis compañeros cruzaron una mirada, y parecieron considerar su propuesta durante lo que pareció una eternidad, aunque no fueron más que unos segundos. Finalmente, Leo la miró con altivez.
"Está bien. Si es tan urgente para él, supongo que podríamos hacer un esfuerzo", respondió, con un suspiro.
"¿Sabes si pretende disfrutar de nuestra hospitalidad durante la noche?", añadió Lyosha. "Porque me temo que hemos tenido demasiados visitantes, nos costará ofrecerle un sitio adecuado. ¿Qué dices tú, querida?"
"Creo que podré arreglarlo. Siempre y cuando no recibamos hoy tantas visitas como en los días pasados", añadí, comprendiendo su juego.
"Les trasmitiré vuestra respuesta de inmediato", murmuró Melina.
Evidentemente, las cosas no se han desarrollado como ella esperaba. La acompañé a la puerta sin decir ni palabra, y observé como se alejaba con actitud a todas luces molesta.
Volví a toda prisa junto a mis compañeros, que cruzaban una mirada molesta.
"No me gusta", comenté. "¿Quién es tan descortés como para enviarnos una lectora para sonsacar información y aún encima exigir ser recibido con tanta prisa?"
"Esto se complica", dijo Lyosha, más para si mismo que para nosotros.
Leo sonrió abiertamente, estirándose como un gato satisfecho.
"Te lo dije, hermano. La situación es mucho más interesante de lo que parecía"
"Adoras los líos, ¿no es cierto?", le reproché.
"Me alimento de ellos, mi amor", respondió sonriente.
Lyosha le dedicó una mirada afectuosa, que él correspondió alegremente.
"El día que algo te haga perder el buen humor más de diez minutos, hermano, haré que nos escondamos en la caverna más profunda que pueda encontrar", sonrió.
"Hazlo. El mundo estará a punto de acabarse", rió Leo.
De pronto se quedó completamente quieto, concentrado en algo que provenía del exterior. Un nuevo visitante se acercaba, y me disponía a salir a recibirlo, cuando Leo se me adelantó corriendo fuera con una enorme sonrisa pintada en su rostro. Lyosha y yo nos miramos el uno al otro intrigados, y salimos tras él. A unos metros de las escaleras, mi compañero apoya sus manos en los hombros de un hombre casi tan alto como él, riendo encantado. Se abrazaron y palmearon con fuerza las espaldas, hablando en un idioma que pude identificar como italiano, pero del que no conseguí traducir ni una sola palabra. Y mi italiano no es malo. Lyosha rió entre dientes, sin apartar los ojos de ellos.
"Dudo que en tus libros aparezcan esos términos, querida. Sobre todo porque dejaron de usarse muchos siglos antes de que se publicaran, pero también porque no creo que 'maldito bastardo' y 'condenado putero' sean precisamente las expresiones que suelan recogerse en un libro de texto", sonrió.
En ese instante, Leo pasó su brazo en torno al cuello del hombre y lo arrastró hacia nosotros a grandes zancadas. Mientras se acercaban, observé a su amigo con curiosidad. Una alegre sonrisa burlona, idéntica a la de Leo adorna su hermoso rostro, ligeramente más tostado de lo que es habitual entre nosotros. El cabello castaño claro le cae en grandes ondas hasta los hombros, y él lo retira continuamente de sus bellísimos ojos verdes en un gesto casi inconsciente.
"Lyosha, Nadya. Este es Ángelo. Es un maldito veneciano, pero no se lo tengáis en cuenta", rió. "Y tú, cuidado con lo que piensas. Ya sé que mi compañera es hermosa, pero te arrancaré las tripas si a mi hermano no le gusta lo que ve en tu sucia cabeza", añadió alegremente dirigiéndose a Ángelo.
Lejos de ofenderse, Ángelo le dedicó una burlona sonrisa antes de volverse hacia mí. Le tendí la mano y él la llevó a sus labios, mirándome directamente a los ojos sin abandonar su sonriente actitud ni por un instante. Después de eso, se volvió hacia Lyosha, y estrechó su mano con firmeza.
"Es un verdadero honor, Aleksei", comentó con absoluta sinceridad, antes de que Leo volviera a arrastrarlo, esta vez en dirección al interior de la casa. Cuando estuvimos cómodamente instalados junto al fuego, Leo volvió a mirar hacia Ángelo con alegre incredulidad.
"Apenas puedo creer que estés aquí, amigo. ¿Cuánto tiempo hace? ¿Cinco años? ¿Seis?", sonrió.
"Di más bien diez. Y no deberías asombrarte tanto. Te he dicho muchas veces que si en algún momento te decidías por fin a establecerte, me uniría a ti sin dudarlo un instante. Y aquí estoy"
"¿Hace mucho que os conocéis?", pregunté.
"Leo me transformó, mi dama", respondió, Ángelo. "De modo que, si. Yo diría que hace mucho que nos conocemos. Casi toda mi vida, para ser precisos"
"¿Tú le trasformaste?", pregunté con asombro. No sabía nada de eso. Es de suponer que han transformado a otros en todo este tiempo, pero nunca se me había ocurrido preguntarles por ese tema en particular.
"Y no ha habido un solo día desde entonces que no lo lamente", replicó Leo entre carcajadas, mientras su amigo reía entre dientes. "Maldita irreflexión"
"¿Y cómo os conocisteis? ¿O fue casual?", pregunté con curiosidad. Sé lo que había llevado a Lyosha a transformarme, pero quiero saber que había movido a Leo a hacer lo mismo con Ángelo.
Ángelo pareció dudar un instante, y miró a Leo como solicitando su permiso para contar la historia. Leo se encogió de hombros, con una sonrisa divertida.
"Adelante, amigo. Cuando Nadya empieza a preguntar, no hay forma de detenerla", lo animó.
"Nos conocimos en Venecia, durante un carnaval. Por aquel entonces, yo era un joven soldado de la guardia de la ciudad. Estaba..." dudó un segundo, "haciendo una ronda..."
"¿Una ronda?", preguntó Lyosha con sarcasmo, mientras Leo dejaba escapar una risa maliciosa.
"¿Qué tiene de extraño que estuviera haciendo una ronda?", pregunté.
"Nada en absoluto, querida. Tonterías de mi hermano", respondió Leo sonriendo. "Continúa, amigo"
"Como decía antes de ser tan groseramente interrumpido", reanudó su relato con una sonrisa en dirección a Lyosha, que según pude ver, intenta controlar a duras penas su risa, "Estaba en plena ronda cuando se desató una pelea. Al poco, me vi rodeado por al menos una docena de hombres. Entonces..."
"Entonces me metí en el medio de la pelea, le quité a los atacantes de encima y él quedó eternamente agradecido", lo interrumpió Leo.
Ángelo le dedicó una mirada sorprendida. Luego me miró a mí, y en su cara apareció una sonrisa burlona, mientras Lyosha renuncia a dominar sus carcajadas. Ya he pasado por esto antes. Empiezo a imaginar donde había tenido lugar la pelea, y a hacerme una idea del resto de la historia. Le dediqué a Leo una mirada inquisitiva, y el me devolvió la mejor de sus sonrisas.
"Déjame adivinar, querido", dije en tono letal. "¿Erraría mucho si dijera que la pelea fue por una mujer?"
"No, no demasiado", respondió sonriente. Ya sabe que me he dado cuenta de lo que ocurre, pero intenta ver hasta donde estoy dispuesta a llegar. "Pero no olvides que el que se estaba peleando era Ángelo, y no yo"
"Lo tengo presente. Y ¿en qué tipo de establecimiento tuvo lugar esa pelea?"
"Bueno, no lo recuerdo con exactitud. Hace mucho tiempo de eso", replicó Leo en tono ligero.
"Déjame que te ayude a refrescar la memoria, cielo. ¿No se trataría de un burdel?", insistí.
Por supuesto, ya hace un buen rato que sé que es así.
"Ahora que lo dices...", sonrió.
Lyosha y Ángelo estallaron en carcajadas, mientras Leo me miraba con la más beatífica de sus sonrisas. Mascullé un molesto 'tenía que ser', y miré a Ángelo, con resignación, esperando el resto de la historia.
"Tendríais que haberlo visto", rió Ángelo. "Los tipos entraron borrachos, armando jaleo y molestando a damas y clientes. Les pedí que lo dejaran y se volvieron contra mí, sacando sus espadas. Me disponía a vender cara mi vida, cuando vi a un tipo que saltaba desnudo desde el piso superior, y antes de que pudiera enfocar la vista tenía a todos los atacantes tirados a mi alrededor. Se oyeron aplausos, miré hacia arriba y vi media docena larga de mujeres sonriéndole y haciéndole señas para que volviera a subir. Iba a darle las gracias por su intervención cuando se volvió hacia mí, me dirigió una mirada divertida y me preguntó si quería acompañarlos. Antes de que pudiera darme cuenta estaba recibiendo las atenciones de las cortesanas más cotizadas de toda Venecia. Y gratis"
"¿Y te trasformó entonces?", pregunté.
Intenté aparentar seriedad, pero la verdad es que la historia me ha hecho gracia. Es tan típicamente Leo, que ni yo puedo enfadarme. Soy perfectamente capaz de imaginármelo haciendo algo así. En realidad, soy capaz de imaginarme a cualquiera de los dos haciendo algo así.
"No, querida. Nos corrimos unas cuantas juergas durante el carnaval, nos hicimos amigos, y lo visité unas cuantas veces en los dos o tres años siguientes. Y la última vez...", se detuvo, sacudiendo la cabeza.
"La última vez me salvó la vida de nuevo", terminó Ángelo. "Estaba a punto de morir víctima de la peste, cuando Leo vino providencialmente a visitarme. No me quedaban ni unas horas de vida. Me confesó su secreto y me ofreció la transformación. Debo reconocer que creí que estaba completamente loco, pero aún así, acepté. Me moría, y si había una posibilidad por pequeña que fuera de salvarme, no iba a renunciar a ella. Diablos, sólo tenía veintidós años"
"Y por increíble que parezca, no te volviste contra mi jamás", sonrió Leo con afecto.
"¿Por qué iba a hacerlo? Dejando al margen lo que todos sabemos, me lo he pasado estupendamente durante estos seis siglos", respondió alegremente.
Leo miró a Lyosha con expresión concentrada. De la mente de éste me llegaron las palabras de Leo, consultándole acerca de Ángelo. Lyosha asintió aprobadoramente sin dudarlo un segundo.
"En fin", estaba diciendo Ángelo, ajeno a la privada comunicación entre nosotros. "Lamento ser tan descortés, pero llevo caminando horas bajo la nevada, y me gustaría darme un baño. Esas cabañas tienen buen aspecto"
"Me alegro que te gusten, pero me temo que no vamos a ofrecerte una", dijo Lyosha en tono serio.
En el rostro de Ángelo apareció una mirada dolida, que se apresuró a disimular.
"Comprendo", murmuró con tristeza.
"No comprendes nada", rió Leo. "Anda, te acompañaré yo mismo al piso superior. ¿En serio pensabas que no iba a ofrecerte un lugar en mi familia, pedazo de mula estúpida?"
Los vi alejarse por el vestíbulo, charlando animadamente. Me volví a Lyosha, que los contemplaba con una sonrisa divertida.
"Me agrada mucho", comenté. "¿Pero no es apresurado incluirlo entre nosotros?"
"En absoluto. Leo lo ha educado y entrenado. Eso es más que suficiente para mí", respondió. De pronto su expresión se ensombreció, perdido en sus recuerdos. Iba a buscar en su mente, cuando se adelantó, explicándome el motivo de que su ánimo se hubiera apagado tan repentinamente. "No sé como lo ha hecho. No es habitual que mantengas la amistad con aquellos a quienes transformas. Por eso me costó tanto decidirme contigo"
"Yo jamás me volveré contra ti. Y no me arrepiento ni un segundo de estar a tu lado""Lo sé", sonrió.
Pocos minutos más tarde, Leo volvía junto a nosotros, de un humor excelente.
"Gracias, hermano", dijo, mientras se sentaba. "Te garantizo que no te arrepentirás"
"Leo, tú te encargaste de educarlo. Estoy convencido de que tarde o temprano me arrepentiré", rió Lyosha.
"Es posible. Pero seguro que nuestras primas estarán encantadas", replicó. "Deberías elegir alguna más querida. Sue no será suficiente", rió.
"Tienes suerte que están llegando más, Leo. De lo contrario, me encantaría responderte a eso", gruñí, dirigiéndome a la puerta.
Recibimos cuatro visitas más esa noche. Dos hombres y dos mujeres. Los hombres no me llamaron demasiado la atención, pero las dos mujeres me agradaron bastante. Por supuesto, tuve que aguantar de nuevo los comentarios de Leo sobre la necesidad de incluir cuanto antes a más mujeres en la familia, adornados con breves anécdotas acerca de sus aventuras junto a Ángelo, que Lyosha le incitó a contar. Únicamente para molestarme, estoy convencida. Cuando empezaba a amanecer, me dirigí a nuestra habitación para ver si finalmente podía invocar una visión que pudiera resultar de utilidad. Mis compañeros se dispusieron a acompañarme, cuando el teléfono dejó oír su estruendoso timbre. Lyosha se apresuró a contestar, y un gesto de alivio apareció en su rostro al escuchar la voz de Árvidas.
"¿Dónde diablos te habías metido, primo?", espetó sin más preámbulos.
"Regresaré por la tarde, Alyosha. Tranquilos, estoy bien. Pero me temo que Leo tenía razón", masculló.
Lyosha dejó escapar una maldición entre dientes, mientras Leo gruñía con evidente preocupación.
"¿Los has visto?", preguntó.
"No exactamente. Pero no hablemos de esto por teléfono. En cuanto llegue os pondré al corriente"
"Apresúrate. Y ten cuidado"
"Siempre lo tengo, Lyosha", respondió Árvidas a modo de despedida.
Lyosha colgó el teléfono con expresión concentrada y furiosa, y cruzó su mirada con Leo, que parecía hervir de rabia. Corrí escaleras arriba a concentrarme en mi visión.
