Arthe, jajaja. No vas perdida no. Y ehhh.. si, tienes veto sobre Lisías, pero sólo si yo lo tengo sobre Alessandro. Que Kara elija al suyo, y así todas contentas.

Claro, Ángelo es nuestro nuevo compañero. Lo adoro. Me encanta ese personaje, y no sé muy bien porqué, pero me gusta muchísimo.

Y si, el destino era unir a Leo, Nadya y Lyosha. De un modo u otro. Cambia la historia, pero no el final.

Kara, quizá algún día Nadya deje de ser ingenua jajaja. Pero eso no va a pasar hoy, eso seguro. Ni en esta historia tampoco.

Mmmm.. ¿Sospechas, eh? Bueno, a ver si este capítulo te aclara algo.. O no.

Vete a Italia alguna vez, si puedes. No sólo por los italianos, pero sobre todo por ellos jajaja.

Y ya me contarás que te pareció "¿y si hubiera sido él?" Cuando lo acabes... (me encanta leer reviews, es como un vicio jajaja)

Ahí va el siguiente capítulo:

LEONARDO. Pistas.

Sentí como la ira se apoderaba de mi al escuchar las palabras de Árvidas. Tres siglos guardando un secreto para que ahora un estúpido inconsciente con tendencias suicidas se dedique a ponernos a todos en peligro de nuevo. Me gustan las complicaciones, es cierto. Pero los lobos son algo más que eso. Odio a esas criaturas. Ya las odiaba la primera vez, y el que hubieran matado a la mayoría de mis amigos durante las guerras no servía precisamente para mejorar mi opinión sobre ellos. Lyosha y yo seguimos a Nadya al piso superior, controlando a duras penas la necesidad de destrozarlo todo a nuestro alrededor tan sólo para acallar la rabia que nos está dominando. Desde que empezó toda esta historia, había sospechado que las cosas no se frenarían con un solo lobo aislado y ya vencido. El proceso para crearlos es lento y complicado, no es algo que pueda hacerse por error, sin saber lo que te traes entre manos. Si alguien se ha decidido a seguir los pasos necesarios para dar vida a una de esas asquerosas criaturas, tiene que tener en mente algo más que dejarla suelta y pasar a otra cosa. Pero aún así, albergaba la esperanza de que lo hubiéramos descubierto a tiempo. Después, de que Lisías lo resolviera. Y más tarde, de que esto no sucediera cerca de nuestro territorio. Ahora que sé que no era así, la preocupación se ha convertido en furia con rapidez y necesito salir y acabar con cualquier lobo que se encuentre a menos de mil kilómetros de mi casa. Y después buscaré a su creador y le otorgaré la cortesía de una muerte lenta y dolorosa. Mi furia se serenó un poco imaginando cien formas distintas de acabar con el imbécil que está haciendo esto, a cada cual más imaginativa y cruel. Lyosha, que como de costumbre asiste a mis procesos mentales, me dedicó una sonrisa torcida. Está casi tan mal como yo, pero su capacidad para dominarse es mucho mayor.

Nadya tomó asiento en la cabecera de la cama, intentando relajarse. Algo que no le iba a resultar fácil. Nuestra furia podía olerse a kilómetros, y aunque ella no sabe ni la mitad de lo que debería acerca de los lobos, la preocupación que puede leer en esa rabia es más que suficiente para ponerla histérica. Intenté calmarme por el bien de todos, mientras me sentaba junto a ella, obligándome a sonreír para animarla.

Si el creador de los lobos no tuviera bastante en su contra, el que nos viéramos obligados a pedirle a Nadya que se concentrara en sus visiones, habría llegado para condenarlo. No me gusta nada que mi compañera intente llamar a las imágenes de su mente, la agota hasta un punto insoportable. Y por supuesto, como es típico en ella, el agotamiento no la detiene ni de lejos si considera oportuno pasar por eso. El instinto de conservación no es precisamente su mejor baza, maldita mujer. Así que, desde que nos dimos cuenta de lo que ocurría, Lyosha y yo nos habíamos negado sistemáticamente a que Nadya utilizara sus poderes para ayudarnos. Después de unas cuantas discusiones más o menos acaloradas, finalmente se había comprometido a no usar de ellas a menos que fuera imprescindible. Y ahora lo imprescindible había llegado y al resto de mis preocupaciones se añadía otra más. La peor de ellas. La posibilidad de que Nadya saliera perjudicada de alguna forma de todo esto.

Cerró los ojos y se concentró, tal y como Plauto le había enseñado a hacer. Mi hermano se concentró igualmente, deslizando su mente hacia la de ella para recibir sus visiones de primera mano. En esta ocasión, no le envidié lo más mínimo. Si recibiera la imagen de un lobo antes de calmarme por completo, dejaría la maldita casa en ruinas. Pocos segundos después, el cuerpo de Nadya se envaró, y mi hermano frunció el ceño, atento a lo que sucedía en su cabeza. Tras unos instantes, ella abrió los ojos con evidente frustración.

"¿Qué diablos significaba eso?", preguntó, sabiendo que Lyosha había visto lo mismo que ella.

"No tengo ni la más remota idea", respondió molesto.

"¿Qué ha visto?", pregunté con inquietud.

"Nada en absoluto. Un bosque. Un niño. Ninguna sensación de peligro", gruñó Nadya. "Lo intentaré de nuevo"

Esta vez, tras recibir su visión, abrió los ojos de golpe, asustada. Nos miró con auténtico pavor.

"¿No regeneramos las heridas que nos provocan?", preguntó al borde de la histeria.

Por todos los demonios, debí suponer que vería algo de eso. Lyosha cruzó conmigo sus ojos ahora negros como carbones. Nadya deslizaba su vista de uno a otro, aterrorizada.

"No debes preocuparte por eso, amor. No llegarán a tocarte jamás", la serené.

"¿No llegarán a tocarme? ¿Y que pasa contigo?", gritó "¿O con tu hermano?"

Bajé la cabeza. Eso no podía asegurárselo. Bastante suerte había tenido la primera vez.

"Serenaos los dos", nos instó Lyosha. "Leo, sólo son criaturas de primera generación, y los detendremos mucho antes de que lleguen a la segunda. Ni en tu peor día llegaría a tocarte uno de ellos. Y tú, querida, siempre y cuando sigas nuestras instrucciones y no vayas sola a ningún lugar, estarás a salvo"

Nadya asintió, y pude ver que empezaba a mostrar signos de cansancio. Si se tratara de otra cosa, le habría ordenado de inmediato que detuviera sus intentos de llamar a sus visiones, pero aunque Lyosha está en lo cierto, la situación no es precisamente un regalo divino. Quizá los lobos no puedan tocarnos ni a él ni a mí. Y dudo que puedan con Árvidas, Ángelo o Glauco. Pero no puedo decir lo mismo de los jóvenes, ni de las mujeres. Y aunque Nadya parezca ahora totalmente conforme con nuestras órdenes, la conozco lo suficientemente bien como para saber que si con eso cree que puede ayudarnos, no dudará en saltárselas sin detenerse a pensar en el peligro ni un simple segundo.

Volvió a concentrarse, y esta vez la conexión entre su mente y la de Lyosha se prolongó durante más de un minuto. Cuando abrió los ojos, agotada y asustada, Lyosha compuso una mueca preocupada.

"¿Quiénes son, Lyosha? ¿Quién es esa gente?", preguntó con un hilo de voz.

Éste miró hacia mí, frunciendo el ceño.

"Malachy. Y creo que su hembra, y lo que parecen varios miembros de su familia", susurró. "Si no hacemos nada para impedirlo, van a masacrarlos"

"¿Todo lobos?", pregunté.

"No. Pero Nadya no consiguió centrarse en ninguno de los atacantes", gruñó.

"Lo intentaré de nuevo", ofreció ella con gesto agotado.

"De ningún modo", repliqué. "Ya te has forzado bastante. Hay más días que uno, Nadya. Ahora déjalo"

"Pero esto es importante", protestó.

"Me importa un maldito infierno, Nadezhda", rugió Lyosha. "Mírate, estás agotada. Es más que suficiente por hoy"

"Dejadme decidir a mí cuando es suficiente. Necesitáis saber más", replicó una vez más.

"Por todos los diablos, mujer, basta de una vez", ordené, más furioso aún de lo que esperaba.

Ella cerró la boca, frunciendo los labios con esa expresión ofendida y obstinada que siempre muestra cuando las cosas no salen según su deseo. Supe sin ningún género de duda que si la dejamos sola por un simple segundo, volverá a intentarlo. Y si lo hace yo no podré controlar mi maldito genio.

"Eres la hembra más testaruda del planeta. Entiéndelo de una vez, no podemos estar todo el maldito día pendientes de tu inconsciencia. Te lo advierto, olvídate de las visiones o no respondo de mi genio", gruñó Lyosha, confirmando al leer la mente de Nadya lo que yo ya sospechaba. Que tiene intención de volver a recurrir a su concentración en cuanto nos despistemos de su vista.

"Os odio cuando me protegéis de ese modo", murmuró en tono apenado.

"¿Cuándo entenderás de una vez que no puede ser de otro modo, querida?", sonreí con afecto.

Está empezando a ablandarme. Me aterroriza que pueda pasarle algo, y el miedo es una emoción tan poco habitual en mí, que me enfurece hasta un punto insostenible. Pero aprecio el valor, y Nadya es tan extraordinariamente valiente y leal, que su coraje siempre termina por aplacarme. Miré a Lyosha, que contempla a nuestra compañera con la misma sonrisa de rendición que imagino estará mostrando mi cara en ese instante.

"Eres todo lo que tenemos, amor. ¿Por qué no nos dejas cuidar de ti?", le susurró.

Nadya suspiró, mirando sus manos. Cerró los ojos, no para invocar una visión esta vez, sino para buscar las palabras que pudieran convencernos. Esperé sonriente, aunque sé de sobra que nuestra respuesta va a ser invariablemente no.

"¿Y yo como puedo haceros entender que necesito ayudar? Una relación debe ser una calle de dos direcciones. Vosotros cuidáis de mí, y yo cuido de vosotros. Ya no me dejáis luchar, permitidme al menos que use mis dones para ayudaros", explicó en un hilo de voz.

"Amor, no podríamos hacer esto sin ti. Ya ayudas, y mucho. Pero una cosa es ayudar y otra ponerte en peligro innecesariamente. Y créeme, por mucho que te sorprenda, eso es algo que ni mi hermano ni yo hacemos"

"¿Cómo podemos hacer que lo entiendas, Nadya? Leo y yo luchamos por que es para lo que servimos. Lo que llevamos haciendo toda nuestra vida. Y para nosotros muchas de esas luchas no suponen más peligro que para ti bajar las escaleras. Si tu don no te agotara, te dejaríamos invocar una maldita visión cada minuto si fuera preciso. Pero no es así. Te deja rendida, y eso no es normal, Nadya. Nuestra especie no se agota a no ser que esté mal alimentada, y no es tu caso. No sabemos que puede ocurrir si te excedes, y que me condene si voy a permitir que lo averigüemos"

"Casi te perdemos con lo de Chernobil, Nadya. Y eso es algo por lo que no podemos volver a pasar. Si te ocurriera algo, no podría seguir viviendo. Lo que te dije no sólo eran palabras, amor. Moriría sin ti", susurré.

"Lo mismo que yo", añadió Lyosha.

Nadya se enterneció con nuestra declaración, pero aún así parece dudar. A una mujer como ella, acostumbrada a llevar las riendas de su propia vida, le resulta casi imposible comprender que nuestras sobreprotectoras atenciones son el único modo que dos ancianos milenarios como nosotros tenemos de demostrarle nuestro amor. Necesita sentirse considerada, y valiosa. Y pierde tanto tiempo y energía en intentarlo, que no percibe que ya lo es. Imaginé una solución que podría valer de momento. Y que además sería de gran utilidad.

"¿Quieres ayudar, querida? Pues tengo una sugerencia para ti que será de mucha más utilidad que una visión que no sabemos aún que significa", sugerí. "Antonio y Magdalena están redactando un informe sobre lo que saben de los clanes. Reúnete con ellos, y danos tu opinión. No conozco a nadie que pueda ver las incoherencias de una historia mejor que tú"

Esa es la pura verdad. Nadya es capaz de tomar las piezas aparentemente deshilvanadas de una historia y convertirla en segundos en un mosaico perfecto ante tus ojos, haciendo que te preguntes como has sido tan estúpido para no verlo antes. Su mente es como una trampa para cazar osos. Absorbe todo lo que llega a ella, y jamás lo suelta. Su capacidad analítica nunca dejará de sorprenderme.

"Es una gran idea, Leo. Si Nadya no es capaz de ver la realidad de la situación, nadie más podrá", sonrió Lyosha, animándola.

"Eso puedo hacerlo", sonrió.

"Pues hazlo cuanto antes. Mañana por la noche nos reuniremos con Mateo, y quiero tener unos cuantos ases en la manga", pidió Lyosha.

"Y deberíamos advertir a Malachy", sugirió Nadya. "Si mi visión es correcta, los lobos acabaran con ellos si no los avisamos. ¿Sabéis como poneros en contacto con él?"

Lo pensé un instante. Hacerlo supondría reconocer que Nadya tenía el don de las visiones y no me hace maldita la gracia. Entre arriesgarla a ella, o permitir que Malachy muera por mi inacción, sé perfectamente lo que escoger. Lyosha también parece dudar.

"Bueno, tenemos su teléfono. Y su dirección de correo, pero..."

Los ojos de Nadya se abrieron de par en par.

"¿Tenéis su correo? ¿Y no me lo habías dicho?", exclamó.

"¿Es importante?", pregunté.

"¿Qué si es importante? Leo, si le escribo y me responde, tal vez pueda rastrear su IP", respondió.

La miramos sin comprender, demandando más explicaciones. Lo que Nadya hace con sus máquinas, se me escapa por completo. Ella nos dirigió una mirada maliciosa.

"Podré colarme en sus ordenadores", sonrió. "Si los espías de Lisías acertaron al menos en eso, los miembros de la familia de Malachy son jóvenes. Usaran ordenadores para casi todo. Puedo sacar mucha información de ahí. Ahora si que empiezo a sentirme útil"

"Espera un segundo. ¿Ellos no podrán hacer lo mismo con nosotros?", preguntó Lyosha.

"Tú también usas el ordenador para todo", añadí yo.

Nadya nos dedicó una mirada ofendida.

"¿Alguien ha entrado alguna vez en vuestra casa sin que pudierais evitarlo?", preguntó.

"¿Bromeas?", reí.

"Sabes que no", respondió Lyosha, sonriendo con suficiencia.

"Pues eso. Vosotros ocupaos de la seguridad de la casa, que de la de los ordenadores ya me encargo yo. Nadie ha conseguido jamás violar un sistema que yo haya programado y esos niños no van a ser la excepción. Confiad en mí. No sólo soy buena. Soy la mejor", replicó con una sonrisa orgullosa.

Lyosha y yo cruzamos una mirada divertida. Todo el mal humor de Nadya se ha esfumado en un instante. No sólo puede ayudar, sino que puede hacerlo usando sus máquinas. Eso es más que suficiente para tenerla entretenida y feliz durante días.

"De acuerdo, pero con una condición, amor", dije. Ella frunció el ceño.

"¿Qué condición?", rezongó.

"¿Podemos mirar?", pedí.

Nadya me miró un instante muy breve antes de estallar en carcajadas. Sabe perfectamente lo mucho que nos gusta verla 'cazar'

"Tenemos un trato", rió. "Bueno, ¿y qué queréis hacer primero?"

"Para intentar entrar en el ordenador de Malachy, ¿tienes que esperar a que nos responda?", preguntó Lyosha.

"No necesariamente. Pero así será más fácil", respondió ella.

"Entonces ve a hablar con Antonio. Nosotros le enviaremos el mensaje a Malachy, y te avisaremos cuando responda. Aún tenemos que pensar que vamos a decirle exactamente", decidió.

Acompañamos a Nadya a la habitación de Antonio y Magdalena, y les explicamos a grandes rasgos la situación para que comprendieran el motivo de la urgencia con la que necesitábamos los datos que pudieran ofrecernos. Sin una sola pregunta, Magdalena hizo pasar a Nadya, y la acomodó junto a la mesa. Antes de que pudiéramos siquiera despedirnos, los tres estaban sumergidos en su trabajo, profundamente concentrados.

Una vez en el vestíbulo, Lyosha se detuvo. No hace falta que me diga lo que está pensando. Con toda seguridad, ha llegado a la misma conclusión que yo. Salvar a Malachy, no es tan importante como mantener segura a Nadya. Cruzó una mirada conmigo, y sin necesidad de palabras, los dos nos dirigimos al salón, en lugar de a la sala de ordenadores. Tenemos una estrategia que planear, demasiadas incógnitas y muy pocos datos reales. Lo que parece una simple cuestión de pulso de fuerza, se está convirtiendo en un rompecabezas cada vez más difícil de montar. La impaciencia de los tres clanes, los informes erróneos, los lobos... Y algo me dice que las tres cosas están relacionadas.

"Eso pensaba yo", comentó Lyosha mientras se sentaba junto al fuego.

"Pero, ¿cómo?", pregunté, acomodándome a su lado.

"No lo sé. Pero ya sabes que no creo en las casualidades. Todo esto ha surgido al mismo tiempo. Y tiene que haber un motivo"

Asentí. Yo tampoco creo en las casualidades.

"¿Y realmente vamos a avisar a Malachy? ¿Y si él tiene algo que ver con los lobos?"

"No lo creo. Son lobos de primera generación, Leo. Dudo que se vuelvan contra sus creadores. Pero aún así tampoco me apetece avisarlo. Quizá llegue a fiarme de él, pero eso no ha ocurrido todavía"

"A Nadya no va a hacerle ninguna gracia", sonreí.

"Bueno, hermano. Una vez me dijiste que me ibas a enseñar como mentirle con eficacia a una amante. Es el momento de demostrar tu habilidad", rió.

"Me deberás una, vikingo", reí. "Si Nadya se da cuenta, me arrancará las entrañas"

"No importa. Se regenerarán. Y después podremos reconciliarnos con ella", replicó ofreciéndome la más maliciosa de sus sonrisas.

"Querrás decir que podré reconciliarme con ella. Ya te he dicho que me deberás una", repliqué.

"Ya veremos", sonrió.

Escuchamos una puerta cerrarse, y poco después el familiar olor de Ángelo se detenía junto a la puerta. Le invité a entrar y se acomodó junto a nosotros, con su perpetua sonrisa dibujada en el rostro. Seiscientos años ya, y siempre nos hemos mantenido en contacto. Es el único de los pocos a los que he transformado que no ha terminado por odiarme. Claro que Ángelo es sorprendentemente parecido a mí, y yo nunca me he rebelado contra Milena. Me costó aceptar lo que me había hecho, pero siempre he sido capaz de ver el lado positivo de las cosas. Y que duda cabe que la transformación tiene más de un lado positivo, mucho más para alguien como yo, que ya adoraba las peleas y a las mujeres antes de transformarme. Y en cuestión de batallas y hembras, ¿quién supera a un vampiro? Desarrollar una conciencia fue duro, y dejar de alimentarme de humanos siguiendo sus dictados aún más. Y por supuesto, está la necesidad de emociones fuertes, la adrenalina que corre enloquecida por mi cuerpo, el ansia de violencia y destrucción, que en los días soleados y solitarios me hace pensar en el monstruo que soy en realidad y lamentar muchas de mis acciones pasadas. Pero no soy un hombre reflexivo. Disfruto del momento. Mañana puedo dejar de existir.

Esa fue la misma actitud que percibí en Ángelo la primera vez que lo vi, y la que me empujó a transformarlo cuando lo encontré casi muerto, quejándose de todas las aventuras que jamás podría correr. Muchos de mis conocidos mortales murieron en esas fechas. La peste sacudió a los humanos, dejando a ciudades como Venecia con apenas un tercio de su población. Pero el único que me pareció que tendría la fuerza necesaria para convertirse en uno de los nuestros fue el hombre que tengo ahora ante mí. Y por una vez no me equivoqué. Podría escribir cientos de libros con las aventuras que vivimos juntos. Después de la sorpresa inicial, aceptó su destino, mis enseñanzas y consejos con la misma alegría con la que se enfrentaba a cualquier cosa. No tardó en separarse de mi lado, buscando sus propias batallas, pero volvimos a encontrarnos muchas veces a lo largo de los siglos, y su compañía siempre era bien recibida. Aunque no lo tomé muy en serio cuando me dijo que se uniría a mí sin dudarlo cuando me estableciera, me doy cuenta de que en el fondo, siempre esperé que viniera. Hubiera sufrido una profunda decepción de no ser así.

"La casa es fantástica. Y la localización única. Llevo todo el día dando vueltas, estudiando el terreno. Y creedme si os digo que no le veo la más mínima pega", comentó distraídamente, mientras colocaba un cojín tras su espalda con un gruñido satisfecho.

Lyosha lo miró con interés, pero a mi no me sorprendieron demasiado sus palabras. Yo mismo le he enseñado eso. Cuando buscaba una casa de mi agrado para pasar una temporada, me parecía preferible saber antes donde estaban los puntos débiles y las posibles vías de escape. Eso me ahorraba mucho tiempo y molestias cuando había problemas.

"Es lo mismo que hacía yo", sonrió Lyosha. "Mi hermano te ha enseñado bien"

"¿Lo dudabas?", sonreí, antes de volverme hacia Ángelo "¿Has visto algo que te llamara la atención? ¿Algún rastro extraño, algún punto desde el que podamos ser espiados?"

"De ser así, ya te lo habría dicho", respondió, observándome con curiosidad. Lyosha y yo cruzamos una mirada, que él captó de inmediato. "¿Ocurre algo que yo pueda saber?"

Lyosha y yo sonreímos por la forma en que Ángelo había planteado la pregunta. Si hubiera hablado sólo conmigo, habría preguntado si había algo que debiera saber. Pero aún no está seguro de hasta que punto Lyosha confía en él, así que se limita a preguntar por lo que estamos dispuestos a contarle. Pero yo sí confío en él, y eso es más que suficiente para mi hermano.

Aún así, me llevó un par de segundos contestar a su pregunta. Estoy seguro de que a Ángelo no le van a gustar las noticias. Al educarlo, le trasmití muchas de mis filias y fobias. Cuando lo transformé, las familias estaban empezando a crear lobos y su uso se estaba extendiendo con rapidez. Lo natural hubiera sido que aprendiera a convivir con su existencia, a aceptarlos como una parte cotidiana de su nueva vida. Pero yo siempre he odiado los lobos. Los odiaba al principio, cuando aún no sabíamos lo que sucedería con ellos. Los odié aún más cuando empezaron a reproducirse. Y mi odio se convirtió en furia asesina cuando empezaron las guerras. Nunca quise saber nada de esas absurdas criaturas, y él había heredado mi repugnancia hacia ellas.

"Hay muchas cosas que puedes y debes saber. Pero empezaré por la que menos te va a gustar", respondí. "Alguien está creando lobos"

Me dirigió una mirada letal.

"Si esto es una broma, Leo, no tiene la menor gracia", masculló.

"Me temo que por una vez, Leo habla completamente en serio, Ángelo", respondió Lyosha.

Los ojos de mi amigo se transformaron en dos negros carbones, brillantes de ira. Apretó los puños fuertemente, manteniendo a duras penas la compostura.

"¿Quién?". Pareció más un rugido que una pregunta.

"Aún no lo sabemos. Por ahora sólo se ha avistado uno en Europa, en los terrenos de caza de Lisías. Pero Árvidas, uno de nuestros primos, acaba de llamar confirmando que también los tenemos aquí", respondí.

"¿Árvidas? ¿Un tipo gigantesco, con el cuello como el de un toro y los brazos más grandes que mis muslos?", preguntó.

Sonreí. Es la descripción más exacta que puede hacerse de nuestro primo.

"¿Le conoces?", pregunté.

"Demonios, si. Pero creí que estaba con Lisías. Lo conocí en su casa, hace bastante tiempo"

"Ahora está con nosotros. Se ha unido a una de nuestras primas. Ya te contaré la historia completa en otra ocasión, te vas a partir de risa", respondí sonriente.

"Eso espero. Después de lo que acabas de contarme, necesito historias que me hagan reír. Lobos. ¿Quién puede ser tan idiota?", gruñó.

"Eso es lo que intentamos averiguar", respondí. "Pero la situación aquí está más complicada de lo que parecía en un principio. Y te aseguro que creíamos venir bien preparados"

"¿Complicada? No veo en qué. Por lo que me han contado, no deberíais tener ningún problema para extender vuestra influencia. La mayoría de los cabezas de clan no son ni de lejos tan antiguos como vosotros, ni tienen vuestra fama o experiencia. Ni vuestra capacidad"

"Te agradezco los cumplidos, primo", sonrió Lyosha.

Yo también estoy sonriendo. La lealtad de Ángelo es inquebrantable.

"No me los agradezcas, no son más que la verdad. Conozco bien a Leo. Y he oído hablar mucho de ti. Si no fuera suficiente lo que ha llegado a mis oídos, el que él te haya elegido como hermano bastaría por si sólo para apreciarte", replicó, desdeñando su agradecimiento con un gesto de su mano alzada. "Imagino que vuestro aliado mandaría espías a analizar la situación. E imagino también que no serían precisamente hombres tan valiosos como Árvidas. Así que no me sorprende demasiado que no veáis la situación totalmente clara. Pero aún estáis a tiempo de solucionarlo"

"No tenemos demasiado tiempo, en realidad. Esta misma noche recibiremos a uno de los cabezas de familia, y en dos días a otro. Y aún tenemos que tomar una decisión sobre la sinceridad de un tercero", explicó Lyosha.

"¿Qué es una reunión al fin y al cabo? Ellos mienten, vosotros ocultáis, y todo queda como estaba hasta que lo dicho se confirma o se desmiente", respondió desdeñoso. "Escuchad, puedo comprobar la veracidad de vuestros informes. Sé que es apresurado solicitar una misión de responsabilidad nada más llegar a una familia, pero Leo sabe que estoy más que capacitado para llevarla a cabo. Dadme tres o cuatro días, dilatad lo más posible la toma de decisiones, y os aseguro que volveré con información de utilidad"

No es una mala sugerencia. Yo mismo me habría encargado del trabajo junto con mi hermano, si nuestras responsabilidades no nos lo hubieran impedido. Llevo dándole vueltas a ese tema desde la visita de Malachy, y empiezo a frustrarme. Sólo las miradas de advertencia que de tarde en tarde me dedica Lyosha cuando pienso en dejarlo todo plantado y marcharme a ver como están las cosas con mis propios ojos me han detenido hasta ahora. De no ser por eso, ya estaría a muchos kilómetros de aquí. Ángelo es casi tan impulsivo como yo mismo, y dudo mucho que podamos frenarlo. Me dieron ganas de gritar. Ahora entiendo por que mi hermano se ha saltado nuestras órdenes permitiendo a Árvidas marchar solo. Ya sabía que lo ofendería deteniéndolo, y no quería arriesgarse a que se pusiera en tela de juicio nuestra autoridad. Es preferible hacer una excepción, que enfrentarse a que alguien incumpla una orden. Y mi amigo aquí presente, la incumpliría sin dudarlo si la situación llega a un punto que consiga irritarlo lo suficiente.

Me volví hacia mi hermano, con una sonrisa de disculpa, sabiendo que había asistido a mis procesos mentales. El me devolvió la sonrisa sin dudarlo.

"Maldita mula", susurró con genuino afecto. "Menos mal que al fin se ha hecho la luz en esa dura cabezota tuya"

"Podías habérmelo explicado", repliqué.

"¿Antes o después de que intentaras partirme la cara?", preguntó sonriente. "Tienes demasiado genio, italiano"

"¿Me he perdido algo?", preguntó Ángelo con curiosidad.

Lyosha y yo rompimos a reír. La tensión que había surgido entre nosotros se ha diluido por completo, algo que agradezco. Amo a mi hermano, odio estar molesto con él. Por supuesto, lo peor ha pasado hace ya mucho, pero aún me carcome las entrañas el recuerdo de nuestra discusión. Hasta ahora. Ahora me siento estúpido. Él había tenido razón y yo estaba equivocado.

"Tampoco es que estuvieras equivocado. Eran dos formas distintas de verlo. Y una cosa es cierta. Debí consultártelo", respondió. Se volvió hacia Ángelo, que nos miraba con expectante curiosidad. "No te has perdido nada importante. Leo y yo tuvimos un pequeño intercambio de opiniones esta tarde, pero ya está solucionado"

"Conozco esos intercambios. En el último que tuvimos, me rompió la nariz. Dos veces", sonrió.

"Te lo merecías", reí.

"Sin duda. Pero eso no desmiente el hecho de que tu hermano tiene razón. Tienes demasiado genio", comentó alegremente.

"Mira quien habla", repliqué. Poco después, compuse la más severa de mis expresiones, esperando que funcionara. Ángelo me conoce demasiado, y es difícil de impresionar. Pero aún así, espero haberlo enseñado lo bastante bien como para que no desobedezca mis órdenes. "Tu idea me parece excelente. Pero por lo que sabemos, el que está creando los lobos puede estará aquí. O alguien los ha traído. Sabes lo que son y lo que hacen, así que no irás solo. Nunca. Y si desobedeces, te romperé algo más que la nariz esta vez, ¿me he explicado con claridad?"

"Con claridad meridiana. Pero dudo que haya alguien en tu casa tan bueno como yo. Me retrasará mucho ir acompañado de un niño", respondió con irritación.

La misma respuesta que Árvidas. Los más antiguos no son tan fáciles de manejar como los jóvenes. Saben perfectamente de lo que son capaces, y odian que no les permitas valerse solos. Pero esta vez, la solución es sencilla.

"Creo que tenemos la solución a eso. Pero tendrá que esperar hasta esta noche. ¿Puedes esperar tú también? ¿O has heredado la impaciencia de mi hermano?", preguntó Lyosha.

"La respuesta es si a las dos preguntas", sonrió Ángelo.

"Hablando de los niños. Ahí vienen", anuncié.

Ninguno de los dos se molestó en preguntar cómo lo sabía. Se limitaron a esperar pacientemente a que su olfato les dijera lo que mi vista me había revelado. Cualquiera de los dos me ha visto hacer cosas mucho más complicadas que percibir un movimiento en el bosque más allá del alcance de sus bien afinadas narices. Yo ya era un excelente arquero con una vista extraordinaria antes de transformarme, y el mordisco de Milena había multiplico esa cualidad por mil.

Miré el reloj distraídamente. Las dos parejas de jóvenes han tardado el doble de tiempo que cualquiera de nosotros hubiera empleado para rastrear la zona en solitario. Y probablemente el triple de lo que le costaría a mi hermano. A pesar de lo mucho que me irrita que Árvidas y Ángelo discutan nuestras órdenes, entiendo sus reticencias. Si yo tuviera que seguir el ritmo de nuestros jóvenes primos, acabaría por enloquecer de pura impaciencia. Aunque tampoco podemos culparlos. En primer lugar, por que aún tienen mucho que aprender, pero también por que era la primera misión que cumplían como miembros de la familia, y no cejarían hasta considerar que la habían realizado a la perfección.

Unos cuantos minutos después se detenían ante la puerta, y eran invitados a reunirse con nosotros. Ángelo se puso en pie para recibirlos, y una vez terminadas las presentaciones, tomaron asiento en torno a la chimenea para trasmitirnos el resultado de su exploración. Glauco, el mayor y más experto, fue el primero en hablar.

"Hemos rastreado hasta el último milímetro de la zona. Hay un millón de huellas de los que hemos estado esperando estos últimos días, pero estoy dispuesto a garantizar que ninguno de los rastros pertenece a alguien que no esté en la casa en este momento. Por lo menos en la zona que John y yo hemos cubierto"

"Yo me he ocupado de la zona que incluye la entrada principal y hay un par de rastros que no coinciden con los de los invitados, pero son de un hombre y una mujer que han sido recibidos. Y también puedo asegurar que no se detuvieron a analizar el terreno antes de entrar en la casa", añadió Lucas.

Fruncí el ceño. Eso significa que Malachy sabe por otros medios que los dos clanes iban a visitarnos. Quizá sea una labor de espionaje efectiva sobre ellos, pero quizá sea algo más complicado y siniestro. La idea de mandar a Ángelo y a Árvidas a recabar información, cada vez me parece más acertada. Dejando al margen que hubiera preferido que Lyosha y yo nos encargáramos de la tarea. Éste me dirigió una nueva mirada de advertencia, y me encogí discretamente de hombros. No pienso hacerlo. Bueno, sí lo he pensado, pero no lo haré. De momento. Mi hermano se limitó a sonreír con disimulo. Me conoce bien, y sabe lo que me está costando reprimirme. Me concentré en las palabras de Glauco, que de nuevo está explicando los resultados de su búsqueda.

"Ninguno de nosotros ha visto el más mínimo rastro de...", se detuvo, mirando a Ángelo por el rabillo del ojo.

"De lobos. Puedes decirlo, estoy al corriente", sonrió éste.

Glauco se limitó a asentir. Miré a Lucas, que confirmó sus palabras con otro asentimiento.

"Bien. ¿Y qué hay de los puntos débiles de la construcción? ¿Podemos ser observados?", preguntó Lyosha.

"Lo dudo mucho", respondió Glauco.

"Estoy de acuerdo", confirmó Lucas. "Ni por los humanos, ni por los nuestros"

Miré a Ángelo, que asiente con aprobación. Quizá pueda dudar de la palabra o el talento de los jóvenes, pero él ha sido entrenado por mí, y sé bien de lo que es capaz. Si dice que no podemos ser observados, me siento tan seguro como si yo mismo hubiera llevado a cabo la tarea.

"Bien. Un tema resuelto, entonces", aprobó Lyosha. "Ahora sólo queda esperar a ver que tienen que decirnos las otras familias"

Los jóvenes se miraron entre ellos, y miraron a Glauco, a quien evidentemente han designado como su portavoz de forma extraoficial. Glauco se aclaró la garganta innecesariamente, para darse tiempo a ordenar sus pensamientos. Lyosha me dirigió una mirada divertida. Él ya sabe lo que Glauco y los jóvenes quieren decir, pero está dispuesto a dejarles hablar. Me recosté en mi asiento, esperando con divertida curiosidad.

"Mis primos y yo nos preguntábamos si nos vais a necesitar esta noche", comenzó.

Empiezo a ver por donde va el asunto, y decidí seguirle el juego a mi hermano.

"Bueno, tal vez. Estamos viviendo un momento complicado, y quizá necesitemos toda la ayuda posible. O quizá no. ¿Hay algún motivo para esa pregunta?", inquirí con educada curiosidad.

Volvieron a cruzar una mirada entre todos, esta vez ligeramente frustrada, que confirmó mis sospechas. Contuve a duras penas la risa, y compuse mi expresión más seria, mientras Lyosha mantiene un rostro igualmente severo.

"No, no en realidad. Sólo nos preguntábamos... En fin. Llevamos varios días dando vueltas por los alrededores, esperando vuestra llegada... Y bueno...", rezongó Glauco. "Pero si nos necesitáis, no pasa nada. Quiero decir..."

No pude reprimir las carcajadas ni un segundo más y mi hermano no tardó en unirse a mis risas. Nuestros primos nos miraron con genuina confusión.

"Marchaos de una vez. Pero volved todos juntos", sonreí.

Se miraron entre ellos, sin saber muy bien como reaccionar.

"¿Qué esperáis? ¿A qué cambiemos de opinión? Vamos, la ciudad os espera", los animó mi hermano.

Se pusieron de pie como un solo hombre. Glauco se volvió hacia Ángelo, que los mira con expresión irónica.

"¿Nos acompañas?", ofreció.

"En esta ocasión no. Ya he estado ayer en la ciudad", sonrió. Metió la mano en el bolsillo de sus vaqueros, sacó una pequeña tarjeta de su cartera, y se la tendió a Glauco. "Creo que este sitio será de vuestro agrado. Es un lugar interesante. No me cabe duda de que encontraréis allí lo que quiera que vayáis buscando", terminó con una pícara sonrisa.

"¿Eso también se lo has enseñado tú?", preguntó Lyosha en un rápido susurro, mientras nuestros primos salían apresuradamente rumbo a la ciudad.

"No, eso lo aprendí yo solo", sonrió Ángelo. "Lo que sí me enseñó fue a discernir los susurros"

"Te enseñé muchas más cosas. Entre ellas, no dejar pasar una tarde de diversión. ¿Por qué diablos no has ido con ellos?"

"Vamos, Leo, me conoces bien. No hace falta que te diga que no iba a esperarte a la intemperie. He pasado dos días de juerga en la ciudad, y aunque no puedo decir que me haya cansado, casi prefiero esperar por otro tipo de diversiones. Si no me equivoco, en cuanto llegue el primo pródigo, nos haréis formar pareja para obtener los informes que necesitáis. Y eso me apetece mucho más que correr detrás de más hembras humanas", sonrió.

"Espero que no tengas que aguardar mucho más por esa diversión. ¿Dónde diablos se habrá metido Árvidas?", gruñó Lyosha.

"Tranquilo, hermano. Aún es pronto"

"Cora empieza a impacientarse. Nadya ha tenido que dejar a Antonio y Magdalena para tranquilizarla", respondió.

Lo esperaba. Cora aún era incapaz de controlar sus sentidos y emociones. Hace muy poco tiempo que es uno de los nuestros, y algo me dice que ya como humana era bastante emocional. No envidio para nada la tarea de Nadya. Serenar a los recién transformados puede convertirse en un trabajo a tiempo completo. Son incapaces de manejar sus emociones exacerbadas. Incluso a Nadya le cuesta un gran esfuerzo, y ya lleva un año conviviendo con ellas. Diablos, en ocasiones incluso a mi me resulta complicado. Miré a Lyosha, que fruncía el ceño concentrado en lo que ocurría tras la puerta de nuestra prima. Imagino que se ha dado cuenta porque jamás abandona su conexión con Nadya.

"La está volviendo loca", murmuró. "Me ha preguntado dónde está, pero no sé que diablos decirle"

"Que le diga que ha ido a la ciudad", respondí, encogiéndome de hombros. Ya se encargaría su hombre de contarle la verdad si lo considera oportuno.

"¿Y si le ocurre algo, Leo?"

"Dudo que eso suceda. Y de ser así, hermano, tendremos muchos más problemas que una pequeña mentira", repliqué.

Esperé pacientemente unos segundos, mientras Lyosha se comunicaba con Nadya, y Ángelo lo observaba con la curiosidad pintada en el rostro. Los lectores no son una rareza, pero tampoco tan comunes como para que existan dos en la misma familia. Reprimí una sonrisa. Si eso le causa asombro, debería esperar a ver el resto de las peculiaridades de este clan.

"Va a dejarla con Sue. Está agotando su paciencia", sonrió. "Te mataré si me haces repetir esto delante de ella, pero creo lo que sucede es que el miedo de Cora le recuerda demasiado al suyo en los primeros días. Se ve demasiado reflejada, y no le gusta lo más mínimo"

Dejé escapar una risa suave. La idea de encargar la educación de Cora a nuestra compañera había sido muy positiva. Nadya sabe lo suficiente para formarla, y ayudarla a enfrentarse a su nueva condición, y ha ganado mucha confianza en si misma al darse cuenta de lo mucho que ha progresado tras su transformación. Hasta ese momento, sus únicos referentes habíamos sido Lyosha y yo, y los dos somos demasiado antiguos como para que ella se pueda observar a si misma desde una perspectiva razonable. Y ahora que lo ha conseguido, odia todo lo que le recuerda su antigua inseguridad. Una inseguridad que, aunque menor, no dudo que volverá en más ocasiones. Este mundo es mucho más complejo de lo que ella imagina, algo que mi hermano y yo sabemos perfectamente. Y a medida que lo vaya descubriendo, tendrá que enfrentarse de nuevo a todo lo que aún desconoce, y eso es algo que aborrece, y que la hará sentirse de nuevo en la cuerda floja. Tampoco es que me preocupe. Es una parte natural de su proceso de aprendizaje, y siempre nos tendrá a nosotros para ayudarla. Si nos deja.

Mantuve mi oído atento al trajín de abrir y cerrar puertas en el piso superior, y poco después escuché un gruñido apagado en lo alto de las escaleras. Muy bajo, pero no lo suficiente como para que no lo captaran mis afinados sentidos. Lyosha también lo había percibido, o quizá lo había leído en la mente de Nadya incluso antes de que esta llegara a emitirlo, y soltó una risa malévola.

"Puede que a nuestra pequeña le falte mucho por aprender, pero poco le queda que ganar en cuestión de carácter", sonrió.

"Siempre ha tenido un genio espantoso", comenté, sonriendo a mi vez. "E incluso menos paciencia que yo"

"Nadie tiene menos paciencia que tú", sonó la voz de Nadya desde el vestíbulo, provocando que todos volviéramos a reír a carcajadas.

Un segundo después, entraba en el salón. Sin esperar a ser invitada, observé con aprobación. Tomó asiento frente a Ángelo, con el ceño fruncido y una mirada más que molesta en su rostro.

"Espero que Árvidas esté bien, dondequiera que se encuentre", masculló, mirándonos fijamente.

Sonreímos. Puede que Cora se haya tragado que su compañero está en la ciudad, pero Nadya nos conoce demasiado bien para eso.

"Está bien, Nadya. Tú misma lo escuchaste hace no mucho. No pienses en ello ahora. Antes de que te des cuenta, estará entrando por la puerta", la serenó Lyosha. "Hay más cosas por las que debemos preocuparnos. Dinos, ¿has sacado algo en claro de tu reunión con Antonio y Magdalena?"

Ella sacudió la cabeza negativamente, con gesto frustrado.

"No demasiado. Este continente es un maldito caos. Para empezar, hay cientos de pequeños clanes, casi intrascendentes. Apenas tienen seis o siete miembros, y no siguen las mismas reglas que los europeos. Viven en lugares absurdos, como naves abandonadas, edificios derruidos, en el medio de las ciudades... La mayoría beben de humanos, y son extraordinariamente jóvenes. De menos de un siglo"

Asentimos. Eso es más o menos lo que ya sabíamos. Resulta extraño que casi todos los vampiros de este lado del mar sean tan jóvenes, y ya habíamos discutido ese tema en otras ocasiones. Cabe pensar que quizá la mutación que dio lugar a nuestra especie surgió en el antiguo continente, y sólo en fecha reciente los nuestros se han animado a cruzar el océano. Pero esa posibilidad es bastante improbable. Lisías tiene una teoría que encuentro bastante más acertada, pero también es bastante más siniestra y no me apetece lo más mínimo pensar en ella. Lo que deja claro es que Lisías nos valora mucho. Si sus suposiciones resultan ser ciertas, no hay muchos hombres capaces de llevar a cabo la labor que nos espera. Sin duda me llena de orgullo la confianza que en nosotros ha depositado un anciano más de dos veces milenario como él, pero hasta yo espero que no sea necesario demostrarle que no era infundada.

"Sólo hay dos clanes que destacan del resto. El de Malachy, y el de Mateo. Y aquí viene lo más extraño de todo", estaba diciendo Nadya. "El clan de Malachy no lleva mucho tiempo establecido, pero cada vez consigue más y más adeptos. Toda la parafernalia con la que se rodea, anima a muchos jóvenes bebedores de humanos y adoradores del ritualismo demoníaco. No es mucho lo que nuestros primos saben de ellos, desecharon acercarse a su familia muy pronto, porque preferían un clan que bebiera de animales. Además habían escuchado muchos rumores negativos acerca de ellos"

"Como todos", comenté yo.

"Pero eso es lo raro, Leo. Todos han oído hablar mal de Malachy. Todos tienen historias que contar acerca de él y su forma de hacer las cosas. Pero parecen más leyendas urbanas que hechos contrastados", replicó Nadya.

"¿Qué quieres decir con eso?", preguntó Lyosha.

"No lo sé. Es sólo que algo no encaja. Siempre que se oye algo acerca de él, jamás lo cuenta el que lo vio. Siempre es un amigo de un amigo. Un conocido de un familiar. Un miembro de otro clan... Nadie parece saber de primera mano a qué se dedica Malachy. Rumores, y más rumores sin ninguna base más que el boca a boca. No me cuadra. Si es tan desalmado y tan descontrolado, muchos tendrían que haber visto de primera mano lo que hace, y parece ser que no es así", explicó apresuradamente.

"Es extraño, desde luego", mascullé.

Vivimos de los rumores. Somos una especie extremadamente curiosa, y nos encanta estar al día de todas las novedades. Llamadnos cotillas y estaréis en lo cierto. Pero precisamente por eso, lo normal es conocer la fuente de los rumores, o alguien cercano a ella. Es divertido tener una buena historia que contar, pero lo es aún más si tú mismo la has comprobado. O formas parte de ella. Quizá este sea otro continente, con otra forma de hacer las cosas, pero dudo mucho que mi especie haya cambiado tanto en algo que le es tan propio.

"Ya tuvimos esa sensación en casa de Lisías, pero pensamos que era porque todo provenía de sus espías, y gran parte de su trabajo consistió en hablar con otros que no fueran el propio Malachy. A quien sin duda nunca llegaron a acercarse demasiado, o no nos hubiera pillado con la guardia baja cuando nos visitó. Tú mismo has visto que no se parece demasiado a lo que los rumores dicen de él", comentó Lyosha.

"Pero eso sólo puede significar dos cosas. O es el propio Malachy el que extiende los rumores para ganar más adeptos...", empecé.

"O alguien le está haciendo la cama para que parezca más que justificado acabar con él. Pero la pregunta es, ¿por qué?", interrumpió Ángelo.

"Eso es lo que tendrás que averiguar, primo", replicó Lyosha. "Pero no será hasta que llegue Árvidas. Dejemos las especulaciones por ahora. ¿Qué más nos puedes decir, Nadya?"

"Bueno, no mucho más. El clan de Mateo es el más parecido a los nuestros. Antonio dice que es incluso mucho más tradicional y estricto que la mayoría de los clanes europeos. Se formó hace unos ochenta años, y enseguida atrajo a los que necesitaban cambiar su caótica existencia por algo que les ofreciera seguridad, compañía e instrucción. Su familia prometía, y mucho. Pero de pronto, hace seis años dejaron de aceptar más miembros. De forma radical. Ya no aceptan a nadie. Y cuando digo que no aceptan a nadie, me refiero a que ni siquiera reciben visitas. Mantienen unos ciertos contactos diplomáticos, pero jamás reciben en su casa"

"Eso es aún más raro", exclamé. "No me sorprende que una familia pretenda acabar con otra, y extienda toda clase de rumores maliciosos para justificar sus actos y cubrirse las espaldas evitando posibles alianzas en su contra. Pero, ¿dejar de recibir? ¿Cómo piensan crecer entonces? Si están preparándose para la guerra, y todo parece indicar que así es, necesitaran a todos los guerreros que puedan conseguir"

"O tal vez ya los tengan", murmuró Nadya.

"Nadie tiene suficientes...", empezó Ángelo.

Lo interrumpí con un gesto. Empiezo a ver donde quiere llegar Nadya, y la mirada furiosa de mi hermano confirmó mi intuición. Quizá no necesiten más hombres que les sirvan de guerreros, porque han encontrado la manera de proveerse de una fuente ilimitada de ellos. Y que no les importaría perder, además.

Lyosha asintió con más que evidente ira.

"Lobos", susurró.

"Lobos", confirmé.