Arthe, en este capítulo aparece por fin tu amorcito, espero que estés arreglada para él. Quizá puedas pedirle que te cuide el dedito :)

(Sigo esperando por la Pluma encadenada, y POR MI HISTORIA!!!)

¿Una exposición de España y Portugal? ¿Una exposición sobre qué? ¿Cultura, arte, turismo, historia, demografía, actualidad..? Y lo que es más ¿Porqué España y PORTUGAL? ¿Portugal? Buaf..

Bueno, aquí dejo otro capítulo. No sé si aclara las cosas, o las lía más, pero ya falta poco para resolverlo todo. Y un par de capítulos más, y otra historia que se acaba (snif)

(¿Habrá más? Ahhh, ¿quién sabe?)

ALEKSEI. Los últimos datos.

Recibimos a cinco jóvenes que tanto a Leo como a mí nos resultaron muy apropiados. En especial la primera pareja. Tanto Leo como yo hemos oído hablar de ellos y algo más que favorablemente. Nadya ha estado saliendo y entrando durante todo el tiempo que duraron las reuniones, y hasta donde yo sé, no ha recibido noticias de Malachy. He estado demasiado ocupado concentrándome en la mente de nuestras visitas, y sólo mantuve una pequeña parte de mi cabeza concentrada en ella. Está tranquila, y entretenida con algo en sus ordenadores, así que no consideré necesario preocuparme demasiado. Aunque con Nadya nunca se sabe cuando va a pasar algo.

Ya es casi de madrugada, y con toda seguridad no recibiremos a nadie más. Estaba a punto de levantarme y ver que había tenido tan ocupada a Nadya durante toda la noche, cuando Leo se incorporó bruscamente en su sillón y clavó los ojos en la ventana.

"Malachy. Viene andando. Y solo", murmuró.

Intenté concentrar mi vista en la carretera que conduce a nuestro hogar. Y en la distancia, muy a lo lejos, percibí un movimiento. Algo tan sutil que no le habría dado importancia. Yo tardaré al menos un minuto en poder ver la figura con claridad, y unos segundos más en poder asegurar que se trata de Malachy. Pero confío en los ojos de Leo tanto como en mi capacidad para rastrear. Si dice que es Malachy, es porque lo es. Me levanté, dispuesto a recibirlo en la entrada, y Leo me imitó de inmediato. Cuando llegamos a la puerta principal, ya distinguía a la perfección a la figura que se acerca hacia nosotros, mirando sus pies y caminando con actitud preocupada, sin ningún rastro de la estúpida pose que adopta delante de los suyos. Cuando estaba a unos quinientos metros de la puerta principal, alzó la vista y clavó sus ojos en nosotros con una leve sonrisa. Apresuró su paso y en menos de un segundo se detenía ante nuestra puerta.

Lo observé a través de los barrotes, tanteando su mente. Una vez más está abierta por completo para mí. Sonrió, percibiendo mi intromisión.

"No tengo nada que ocultar, Aleksei. Sólo guardo un pequeño secreto escondido en lo más recóndito de mi cabeza, pero te garantizo que también te dejaré llegar hasta él si me permites sentarme junto al fuego. Vengo andando por el bosque desde hace varios kilómetros y mis ropas están caladas"

"Pasa", espetó Leo abriendo la puerta. "Pero antes de sentarte junto a ese fuego, dime una sola cosa. Lo sabes ¿verdad? Sabes lo que está ocurriendo. Y lo sabías cuando viniste por primera vez"

Malachy miró a Leo con asombro y respeto, y después sonrió una vez más.

"Si, Leonardo. Pero no tenía ni idea de hasta que punto estabais enterados vosotros. ¿Cómo reaccionaríais si el hombre al que creéis vuestro enemigo viniera a vuestra casa hablándoos de lobos? Con suerte, me echaríais a la calle con cajas destempladas. Con mala suerte, mi familia recogería mis cenizas"

Tiene toda la razón, y no pude por menos que apreciar su astucia. Debajo de todo ese absurdo maquillaje, trabaja una mente despierta y calculadora que me demostró una vez más que Malachy no es lo que dicen de él. No hay nada de descontrolado en su actitud. Ni un ápice de la brutalidad que le achacan. Es sereno, planificador y extraordinariamente inteligente.

Lo guiamos hasta el salón y avivé el fuego, invitándolo con un gesto a que se aproximara más a él. Ha dicho la pura verdad, está calado. Esos instantes me dieron tiempo para poner en orden mis pensamientos y pensar que había intentado ocultarme la primera vez. Mirar en una mente no es ver un prístino cristal repleto de pensamientos que se muestran de golpe ante tus ojos. Cuando alguien habla, puedes ver si piensa exactamente lo que dice, o hay fingimiento en sus palabras. Cuando alguien piensa, puedes seguir sus procesos mentales. Pero si intentas buscar algo en concreto, debes encontrar el hilo de ese pensamiento e intentar seguirlo hasta el final. Requiere habilidad y práctica. Hay lectores que precisan incitar a su blanco a hablar sobre lo que desean saber, intentando encontrar una pista que les ayude a buscar. Yo soy muy hábil. No necesito de las palabras para encontrar lo que deseo, pero evidentemente, tengo que saber que es lo que quiero conocer. De lo contrario, me limito a buscar en lo superficial, a seguir el hilo mental que mi interlocutor lleva en ese instante. Una cabeza guarda miles de pensamientos, marañas de recuerdos, decenas de historias entrelazadas, y eso es algo que Malachy debe saber muy bien. En lugar de levantar un bloqueo que llamaría mi atención de inmediato, se había limitado a pensar en otra cosa. Eso requiere de mucha sangre fría, y ese es sin duda un rasgo de carácter que aprecio en un hombre.

Pero ahora ya no necesita ocultarme que está al tanto de la existencia de lobos, y decidí buscar y seguir ese hilo en particular a ver hasta donde me lleva. Para empezar, adonde yo había pensado. Malachy cree que es Mateo el que está conformando a los lobos y... Diablos.

"¿Tú trasformaste a Mateo?", pregunté atónito.

Malachy esbozó una amarga sonrisa, encogiéndose de hombros.

"Todos cometemos errores. Y Mateo fue sin duda el peor que yo he cometido jamás. Era demasiado joven, e inexperto", murmuró. "Lleva cuatro siglos buscando matarme. Ese fue uno de los motivos por los que me trasladé. Intentaba evitar un enfrentamiento abierto porque, a pesar de todo, nunca he deseado acabar él. Al fin y al cabo, yo lo creé"

Leo y yo asentimos, comprendiendo sus sentimientos. Quizá aquellos a quienes transformamos se rebelen contra nosotros, pero es muy difícil que el creador se vuelva contra ellos. La Naturaleza nos ha programado para amar a aquellos a quienes trasmitimos nuestra ponzoña, del mismo modo que programa a las madres humanas para amar a sus hijos. Malachy había preferido abandonar su hogar y su vida, antes que ponerse en una situación que le obligara a enfrentarse a Mateo. Y nosotros lo entendemos perfectamente. De haber estado en su lugar, habríamos hecho exactamente lo mismo.

"Si realmente es él quien ha vuelto a traer la maldición de los lobos, Malachy, tendremos que acabar con él. Ha roto el juramento, y todos querrán venganza. Lo sabes, ¿verdad?", pregunté.

"Lo sé", murmuró. "Y no puedo ni quiero evitarlo. Ya he luchado contra lobos, Aleksei. Y no pienso permitir que eso se repita. Os ayudaré en lo que pueda, lucharé contra los lobos que ha creado, y haré cualquier otra cosa que deseéis. Pero no me pidáis que sea yo quien acabe con él. Sé que no podría"

"No te preocupes por eso. Te aseguro que habrá voluntarios de sobra. Empezando por mí", dijo Leo con una sonrisa maquiavélica. "Le arrancaré las entrañas y se las daré a comer a los lobos. Después dejaré que se regenere, y volveré a empezar"

Malachy torció el gesto en una mueca de dolor, y Leo se apresuró a disculparse.

"Lo siento. Pero reconoce que mi enfado está más que justificado"

"Por supuesto. Pero intenta ser menos gráfico, por favor", pidió Malachy. "Supongo que os habrá dicho que fui yo el que creó a los lobos, ¿no es cierto?"

Asentí. No pretendo darle mucha más información de la necesaria. Por ahora está siendo sincero, pero ya me ha ocultado datos con anterioridad. Decidí dejar que Leo llevara el peso de la conversación, para concentrarme en rebuscar en su mente. Como le dije a Lisías, voy a sacar de ella hasta la última gota de información.

"Mi mente está abierta para ti, Aleksei, aunque por lo que veo, no hace falta que te lo diga. Busca en ella y sabrás que es imposible que yo hiciera tal cosa. Hazlo, por favor", pidió.

Me concentré en sus pensamientos, busqué y rebusqué, intentando buscar un subterfugio, una mentira. Y hallé mucho más de lo que esperaba. Abrí los ojos, y miré a Leo, que aguarda expectante el resultado de mi escrutinio.

"No fue él", susurré. "Ni los ha creado, ni ha sido quien le ha enseñado a Mateo como hacerlo"

"¿Estás seguro?", preguntó Leo. "Estoy dispuesto a creer que no los haya creado pero, ¿quién más iba a enseñar Mateo?"

Sonreí. Como de costumbre, mi hermano suelta su lengua sin preocuparse de las consecuencias. Le importa muy poco que Malachy se ofenda con su desconfianza. Leo siempre ha tenido la teoría de que importa muy poco ser un deslenguado si puedes hacer frente a como reaccionen los demás ante tus salidas. Si Malachy le ataca, se limitará a devolverle el golpe sin alterarse lo más mínimo. Sabe de sobra que es mucho más fuerte que él, pero aunque no fuera así, estoy convencido de que tampoco se habría callado.

Pero Malachy no se ofendió. Se limitó a mirar a Leo con una sonrisa irónica, tras lo cual se volvió hacia mí.

"¿Te importaría decirle a tu hermano porque es imposible que yo enseñara a Mateo ese secreto, Aleksei? Lo haría yo mismo, pero parece dispuesto a no creer ni una sola palabra que salga de mi boca. No es que me importe, claro. Yo haría lo mismo si estuviera en su lugar"

"No sabe como hacerlo, Leo", me apresuré a contestar. Quizá Malachy no se ofenda, pero no puedo asegurar que Leo no vaya a saltar ante el tono irónico de sus palabras. "Nunca nadie le ha explicado el ritual. No tiene ni la más remota idea de cómo se forman"

"Entonces, ¿quién? Dudo mucho que nadie que no fuera su creador enseñara a dar vida a lobos a un crío como él era en aquel entonces"

"Llevo mucho tiempo intentando averiguarlo. Ojalá vosotros tengáis más suerte. Os lo dije el primer día que vine aquí. Hay muchos lobos con piel de cordero a este lado del mar"

"Y tú eres uno de ellos", espetó Leo.

Una vez más, lejos de ofenderse, Malachy soltó la carcajada.

"Yo más bien diría que soy un cordero con piel de lobo, Leonardo. Mírame bien. Mi familia es pequeña, e intentamos no provocar la ira de nadie. No soy ni la mitad de lo que dicen de mí. Y creo que lo sabes", sonrió.

"Lo único que sé es que todos los que vivís aquí un tiempo acabáis por tener un curioso sentido de la estética. Sólo espero que no me afecte. Llevas suficientes imanes en ese cuerpo tuyo para cambiar el polo magnético de la Tierra", replicó Leo. "Escúchame bien, Malachy. Si aún estás aquí, es sólo porque mi hermano cree que eres más sincero que Mateo, lo que no es decir gran cosa. Pero o empiezas a decirnos todo lo que sabes de inmediato, o dudo que ni siquiera él pueda retenerme mucho tiempo. Por más que me gusten esos dibujos tuyos, no tendré ningún reparo en convertirlos en cenizas si se me agota la paciencia. Y nada agota más mi paciencia que los lobos"

"Lo comprendo perfectamente. Tranquilo, os diré lo que sé" hizo una pausa, mirándonos a ambos. "Pero no hace falta que os diga que necesito vuestra ayuda"

"Si no has tenido nada que ver con esto, la tendrás", afirmó Leo, cruzó una mirada conmigo, y yo me limité a asentir. "Tienes nuestra palabra"

Malachy pareció satisfecho con eso. Cerró los ojos un instante, antes de comenzar su relato. Yo me concentré entonces en las palabras que su mente trazaba antes de salir por su boca. Ya tendré tiempo de buscar en sus recuerdos más adelante. Por el momento, con lo que he averiguado hasta ahora tengo bastante para hacerme una idea de quién es este personaje en realidad.

"Como ya os he contado, al poco de trasladarme, me di cuenta de que el único modo de atraer a mi lado a los jóvenes era crearme una imagen exagerada, que respondiera a las expectativas de su imaginación. Por algún motivo que aún no he conseguido descubrir, todos son extraordinariamente nuevos, supongo que estáis al tanto. Y también sabéis cuanto les impresionan las exhibiciones a los jóvenes. Pronto tuve unos cuantos seguidores, y me establecí sin demasiados problemas. Pero hace unos cincuenta años, Mateo me siguió. Debió llegar a la misma conclusión que yo, y de ahí su aspecto. Intenta llevarme la contraria en absolutamente todo lo que hago. Si yo me vistiera como un imbécil salido de una novela gótica, el llevaría mis tatuajes y mis piercings. Como soy yo el de la parafernalia demoníaca, él es el maldito Vlad el Empalador. Se instaló cerca de mí y, durante meses, su familia atentó contra mi territorio una y otra vez. Intenté reunirme con él, hablar con él. Incluso disculparme. Pero todo fue en vano. Quiere acabar conmigo como sea".

Se detuvo, perdido en sus recuerdos. Poco después, volvía a comenzar su relato, con la sombra de una amarga sonrisa, dirigida a si mismo. La deslealtad de Mateo lo hiere mucho más de lo que está dispuesto a reconocer ante nadie.

"Al principio, ambos intentamos recabar apoyos en el resto de los pequeños clanes de nuestro alrededor. Pero aquí nadie parece dispuesto a formar alianzas permanentes, o siquiera temporales. Todos van a sus propios asuntos, como no tardaréis en comprobar. Pierdo mucho tiempo y recursos intentando ocultar sus actos a ojos de los humanos, o terminaríamos por tener el Continente poblado de cazadores de un extremo a otro. No tienen el más mínimo sentido de supervivencia o control. La mayoría piensa que los humanos sólo están ahí para su diversión o su alimento, y no sienten la más mínima compasión. Quizá yo me alimente de humanos, pero no acabo con inocentes. Nunca lo he hecho, y jamás lo haré. Y hasta dejaría de usarlos como comida, si me sintiera con apoyos suficientes entre los miembros de mi clan. Pero no puedo arriesgarme a que me abandone mi propia familia, bastantes problemas tengo ya", suspiró. Y hasta Leo vio que era sincero, sin necesidad de buscar en su mente.

"El caso es que no conseguimos ningún apoyo, y ni él ni yo tenemos guerreros bien entrenados entre nuestras filas. Luchamos unas cuantas veces, pero no conseguimos mucho más que mermar nuestras escasas fuerzas. De pronto, hace unos años, Mateo dejó de recibir. Su casa se cerró a cal y canto, y no permitió la entrada de nadie más. Pensé que se debería a que había descubierto a mis espías, pero el tiempo pasaba, y seguía sin aceptar a más miembros. No le conocéis como yo, no sabéis cual es el alcance de su odio. Si fuera otro, pensaría que se había hartado de nuestras absurdas rencillas, y lo dejaría pasar. Pero con él, sabía que no podía ser eso. Intenté acercarme a sus terrenos, intenté espiar su casa, pero nada funcionó. Y de pronto, hace un par de meses, uno de mis hombres desapareció. Pocos días después, encontramos su cadáver en el bosque. Supe de inmediato lo que había ocurrido, pero mis primos jamás habían oído hablar de lobos. Cuando les expliqué lo que estaba ocurriendo, enloquecieron. Hablaron de atacar, de terminar con todos. Pero yo sé que no están preparados, y me costó una eternidad refrenarlos. No veía salida a mi situación, hasta que a mis oídos llegaron las noticias de vuestro traslado, y vuestra alianza con Lisías. Pero también sabía que sus espías habían estado prestando oídos a Mateo y sus secuaces, e imaginé que no estaríais muy dispuestos a ayudarme, ni a escucharme. Fue por eso que tracé un plan descabellado, que por suerte, ha parecido funcionar"

"¡Tú nos enviaste al lobo!", exclamé.

"¿Estás completamente loco?", rugió Leo.

"¿Qué otra cosa podía hacer?", dijo Malachy apresuradamente, elevando la voz. "¡Jamás creeríais que los lobos han vuelto a aparecer! Necesitaba que investigarais. O lo encontrabais vosotros mismos, o Lisías os informaría. En cualquier caso vendríais sobre aviso. Y os conozco, sé como actuáis. Estoy seguro de que ahora mismo tenéis espías intentando averiguar todo lo posible. Hombres capaces, no como los que vuestro aliado envió"

Por una parte, ardo en deseos de arrancarle la maldita cabeza con todos sus imanes y dibujos. Y por la otra, me gustaría felicitarlo por su valor. Atrapar un lobo, enviarlo a los terrenos de caza del hombre más poderoso de entre los nuestros y presentarse en nuestra casa ocultando ese secreto simplemente por fuerza de voluntad y todo eso sólo para proteger a su clan es más de lo que se puede esperar de muchos hombres mayores y con más experiencia que él.

"Tienes un par de narices, eso hay que reconocértelo", gruñó Leo, poniéndose en pie y paseando por la habitación, intentando poner en orden sus sentimientos. Está enfadado, pero al igual que yo, aprecia el valor por encima de muchas otras cualidades. Y sin duda, Malachy es valiente. "¿Pero se te ha ocurrido pensar lo que ocurriría si ese lobo hería a alguien, maldito imbécil?"

"Era una criatura primitiva, lo más débil que he visto jamás en su especie. Nunca llegaría a tocaros, y lo sabéis. Y mucho menos a Lisías o a cualquier miembro de su clan. En ningún momento os puse en peligro. Sólo intentaba proteger a mi familia"

Leo y yo intentamos serenarnos. Lo que dice es perfectamente lógico. Hasta donde Malachy sé, no hay ningún miembro en la familia de Lisías tan joven como para que un lobo de primera generación pueda causarle problemas. Y desde luego, tampoco nos los causaría a mi hermano o a mí. Pero la que había visto a esa criatura, había sido Nadya. Y ella si podía perecer bajo sus garras. Sólo por esa posibilidad, deseo matarlo. Pero la parte de mi cerebro que aún puede pensar con claridad, me dice que es imposible que Malachy estuviera al tanto de la juventud de Nadya. Tanto Leo como yo nos hemos tomado muchas molestias para impedir que se comente. Tarde o temprano, todos estarán al tanto, pero cuanto más tarde mejor. Si algo le hubiera ocurrido, habría sido culpa de nuestra protección tanto como del alocado plan de Malachy.

"¿Qué ocurre? Tenéis que creerme. Aleksei, tú puedes leer mi mente, sabes que no te engaño. No pensaba causar mal ninguno a nadie. Quizá no fuera un plan genial, pero no había mucho más que pudiera hacer. Si Mateo os visitaba antes que yo, y recibíais la noticia de sus labios, os lanzaríais a por mí. Y mi familia no puede haceros frente. No a vosotros", explicó Malachy, asustado por nuestra reacción.

Leo tomó aliento, apretando el puente de su nariz y cerrando fuertemente los ojos, como siempre que es incapaz de serenarse. Yo hundí la cabeza en mis manos, tirando de mi cabello hacia atrás en lo que también es un gesto característico en mí cuando no me siento capaz de controlar mis nervios.

"Te creemos", masculló Leo. "Eso no quita que desee aplastarte el cráneo de todos modos, pero me contendré por ahora"

"¿Y se supone que debo agradecértelo?", bromeó Malachy en tono ligero.

Leo no pudo reprimir una sonrisa. Sin lugar a dudas, estamos frente a un tipo muy valiente. Quizá sea el valor de quien no tiene mucho más que perder, pero eso no le resta ningún mérito. Tiene hielo en las venas y cada minuto que pasa me agrada más y más. Y a mi hermano le está ocurriendo lo mismo. Ya se siente con ánimos de bromear.

"No. Deberías agradecérmelo si lo hiciera. Así se caerían todos esos ridículos pendientes. Estarías mucho mejor. Tanto metal te impide pensar con claridad", replicó Leo.

"Mejor dejémoslo como está. A Mimí le encanta jugar con estas cosas. En especial con las que no ves", sonrió Malachy maliciosamente.

"Será mejor que dejemos el tema", reí, al ver la expresión de sonriente curiosidad de Leo, y la pregunta que su mente está empezando a componer.

"Pero júrame que volveremos sobre él si sigue vivo cuando esto termine", sonrió mi hermano.

Si me hubieran contado esto hace apenas quince días, me hubiera parecido increíble. Por mucho que intente evitarlo, Malachy me gusta. Y confío en él. Su mente no se ha cerrado en ningún instante, y cada una de sus palabras ha demostrado ser totalmente sincera. Me había trasladado esperando tenerlo como enemigo, y cada minuto que pasa estoy más dispuesto a considerarlo un amigo. Decidí que podía liberar mi mente de la búsqueda en su cabeza por un rato. Hace mucho que no me fijo en lo que está haciendo Nadya, concentrado como estaba en Malachy, y al percatarme de ello me sentí extrañamente inquieto. Busqué sus pensamientos, pero antes de que pudiera siquiera llegar a rozar su mente, el olor de su furia me golpeó como una maza. Leo, que en ese momento había vuelto a sentarse, con una divertida sonrisa pintada en la cara, se levantó como un muelle, dispuesto a correr tras ella. Pero no fue necesario. Antes de un segundo, Nadya entraba en el salón lívida de furia. Sin detenerse a pensarlo se abalanzó sobre Malachy.

No llegó a tocarlo. Leo y yo la detuvimos antes de que lo alcanzara. Pero aunque no lo hubiéramos hecho, él ya se había apartado de su camino en actitud defensiva.

"¡Soltadme!", ordenó Nadya. "Voy a matarlo"

Está más furiosa de lo que nunca la he visto. Y por una vez, ni Leo ni yo tuvimos tiempo de pensar en lo increíblemente hermosa que está cuando surge la fiera en su interior. Sólo una pequeña parte de mi cerebro registró ese dato, aparcándolo para cuando tenga tiempo de regodearme con él. Busqué en el caos de ira de su mente con auténtica desesperación, intentando comprender que la ha puesto así. Cuando por fin pude descifrar el laberinto de sus pensamientos, comprendí a la perfección su rabia. Está aterrorizada. Sabe que Malachy había enviado al lobo, y ahora que es consciente de lo que pueden hacer, se da cuenta de lo cerca que ha estado de morir. Casi sentí deseos de agradecerle a Malachy el detalle. Si algo le hace falta a mi compañera, es una saludable dosis de pánico de vez en cuando.

"Nadya, tranquila", ordené.

"Él nos envió al lobo", gruñó en tono letal, clavando sus ojos como dos puñales en Malachy.

"Ya lo sabemos, querida. No te preocupes. El no es el creador. Todo está bien. No lo hizo con intención de herir a nadie", intentó serenarla Leo. "Es mejor que te disculpes, Malachy. Ella fue quien lo encontró"

Los ojos de Malachy se iluminaron con una súbita comprensión, mientras su cara mostraba una expresión genuinamente contrita.

"Lo lamento profundamente, mi dama. Perdóname. Y perdonadme vosotros también. Ignoraba que vuestra compañera fuera tan joven. De haberlo sabido, jamás habría liberado al lobo. Os agradezco vuestra contención. Si hubiera sido mi mujer, no sé si yo habría podido controlarme", murmuró con sinceridad.

"No había forma de que lo supieras, Malachy", medié yo, tanto para serenarlo a él, como a Nadya. "Y eso es culpa nuestra. Hemos sido nosotros quienes, para protegerla, intentamos acallar los rumores acerca de su juventud"

"Aún así, debí pensarlo. Por favor, soltadla. Si mis disculpas no son suficientes para ella, permitidle que se desahogue golpeándome. No me defenderé, mi dama. Tienes mi palabra"

Leo y yo la soltamos de inmediato. Nadya tomó aire unas cuantas veces. Su ira ha mermado, al ver que no parecemos dispuestos a atacarle. La lealtad de nuestra compañera es inquebrantable. Al ver que nosotros ya sabemos lo que Malachy ha hecho, y no nos mostramos ofendidos, considera que eso es suficiente. Ni siquiera se plantea preguntar los motivos. Confía en mi hermano y en mí más que en su propia vida. Aún así, le dedicó una mirada orgullosa a Malachy. Quizá pueda aceptar sus excusas, pero odia que le recuerden lo joven que es.

"No me rebajaré a golpearte. Pero me debes una, recuérdalo", gruñó.

"Le deberé mucho más que eso a esta familia", sonrió Malachy. "Y soy un hombre de honor, aunque os hayan inducido a pensar lo contrario. Siempre pago mis deudas"

"Pues podías empezar a pagar dándote una ducha. El olor de esa gomina barata me está poniendo de mal humor", masculló Nadya.

"Esa es una petición fácil de satisfacer. Si me indicas donde puedo hacerlo, te complaceré gustoso. A no ser que tus compañeros prefieran que me marche"

Leo y yo cruzamos una mirada. Apenas media hora antes, lo habríamos recibido, y devuelto a su casa sin dudarlo un instante. Pero ahora los dos estamos dispuestos a aceptarlo en los planes. Ha demostrado ser un hombre valiente y astuto, y esas son dos cualidades muy deseables en una batalla. Y más en una como la que está por venir.

"Que se quede, hermano. Lisías querrá verlo con sus propios ojos. Y además, aún no me ha explicado lo de ese pendiente del que hablaba antes", sonrió Leo

"No tenemos inconveniente", respondí, cuando estuve seguro de dominar mi risa. Si conozco a mi hermano, sé que tendré que aguantar muchos comentarios de ese tipo en los próximos días. "Pero no te demores demasiado. Lisías no tardará en llegar"

Nadya le hizo una seña indicándole que le acompañara, y Malachy se apresuró a seguirla. Pocos segundos después, Leo y yo volvíamos a estar sentados junto al fuego, perdidos en nuestros pensamientos. Los acontecimientos se precipitan. En cuanto llegue Lisías, no tardaremos en volver al combate y mi cabeza empezó a trazar planes a toda velocidad. Un grupo de hombres tendría que atacar la casa de Mateo, y los más antiguos podríamos ocuparnos de los lobos. Quizá fueran criaturas débiles, pero no me hace ninguna gracia arriesgar la vida de los más inexpertos contra ellos. Un golpe mal colocado, y serán historia. En ese instante, recordé la visión de Nadya, y una violenta oleada de rabia me recorrió el cuerpo. Contra los lobos, y contra mí mismo, por idiota. ¿Cómo podía haber olvidado una cosa así? Las sorprendentes revelaciones de Malachy, y la furia de Nadya, me habían hecho perder el curso de mis pensamientos. Primero estaba demasiado concentrado intentando confirmar la sinceridad de Malachy, y cuando empezaba a centrarme en la conversación y no en lo que su mente me señalaba, la airada intromisión de mi compañera había hecho que todo lo demás desapareciera de mi mente. Leo olfateó un segundo, y me dirigió una mirada inquisitiva.

"¿Ocurre algo?", preguntó, frunciendo el ceño.

"Acabo de recordar la visión de Nadya. No sé como he podido olvidarlo", mascullé.

"Yo lo recordé por ti", dijo Leo, con una sonrisa desprovista de humor. "Pero pensé que era mejor no decir nada"

"Explícate", demandé.

"El futuro no es inmutable, hermano. Quizá ahora que hemos escuchado lo que Malachy tenía que decirnos, el destino de su familia ha cambiado. Y de lo contrario, tampoco estamos a tiempo de evitarlo. No tenemos los hombres necesarios para luchar contra los lobos. Quizá sea impulsivo, Lyosha, pero no soy imbécil. Si le dices a Malachy lo que puede sucederle a su clan, saldrá corriendo a protegerlos. Él morirá con todos los demás, y perderemos a nuestro mejor informante. Quiero ayudarlo, pero también quiero arrancarle la cabeza a Mateo y a cualquiera que haya tenido algo que ver en este asunto. Y quiero hacerlo perdiendo al menor número posible de nuestros hombres", explicó.

Tiene toda la razón. Las visiones de Nadya no siempre resultan exactas. Es posible que al hablar con Malachy y ofrecerle nuestra ayuda, hayamos cambiado el futuro. Y de no ser así poco podemos hacer en este instante por el clan de Malachy. Y mucho menos puede hacer él en solitario. Hemos jurado ayudarlo, y lo haremos, pero no a costa de nuestros propios hombres. Si se tratara de otra cosa, reuniría a nuestra gente de inmediato. Pero hablamos de lobos, y hasta un ser tan impulsivo como Leo se lo piensa dos veces cuando de ellos se trata. Sin embargo, Malachy tiene derecho a saber. A mi me gustaría estar informado si la situación fuera a la inversa.

"Sé lo que piensas, hermano. Pero ya lo has visto. Es tan valiente que resulta temerario. Si se lo contamos, lo perderemos a él también. Y no quiero tener eso sobre mi conciencia. Por sorprendente que parezca, me gusta", murmuró Leo. "O se lo decimos, y permitimos que se vaya, o esperamos y con suerte salvaremos a su familia de todos modos. Sabes que si decide irse, nuestros jóvenes no están preparados para acompañarlo, y no puedes enviar a un hombre solo a una batalla que requiere un ejército. Ni a nuestros niños a hacer el trabajo de hombres"

"¿Cuándo te has vuelto tan sensato, hermano?", sonreí.

"Diablos, no lo sé. Algo debe estar pegándoseme de ti", rió. Un instante más tarde, su expresión se ensombreció de nuevo. "No soy un cobarde, Lyosha. No temo por mí, ni por ti. Pero tú has luchado contra ellos, lo mismo que yo. Y en todo lo que se refiere a esas criaturas del demonio, sabes que lo último que se puede hacer es tomar decisiones apresuradas. Los detesto, lo sabes. Y desde que apareció el primero, apenas puedo resistir la tentación de arrastrarte a luchar contra ellos. Pero no pondré en peligro a mi familia. Las acciones irreflexivas ya me han costado perder a más amigos en el pasado, y no puedo pasar por eso de nuevo. Por mucho que te cueste creerlo, aprendo de mis errores"

Ahí está de nuevo. La conciencia de mi hermano, por muy flexible que sea, aparece de tarde en tarde para hundirlo en un estado tan depresivo y concentrado que casi me hace sentir un dolor físico. Cuando descubrió que la fuente de los bebedores de humanos que estaban a punto de ponernos al descubierto a todos en Irkutsk era Tanya, la mujer a quien él había transformado para ayudarla a vengarse de Sila, a punto estuvo de perder la vida bajo sus garras, paralizado por la culpa. Ese simple acto de irreflexión al trasformarla, había tenido consecuencias imprevisibles y catastróficas, y aunque en apariencia lo había superado, en instantes como este, su recuerdo volvía para torturarlo. Tanya había perdido la razón. Muchos humanos habían perecido bajo las garras de sus seguidores, y el mundo había tenido que conocer a un ser tan repugnante como Sila. Hasta Nadya había estado a punto de morir a manos de ese hombre terrible, y si eso hubiera sucedido ni él ni yo podríamos seguir viviendo. Y todo por una transformación a destiempo. Por querer ayudar a una mujer a vengarse de la muerte de su esposo y de la violación y tortura de la que había sido víctima. Y lo peor de todo, es que yo mismo, el supuestamente sensato de la familia, el planificador, no puedo asegurar que no hubiera actuado de igual modo de estar en su lugar. No hay mucho que pueda decir para ayudarlo. Las palabras resultan vanos consuelos cuando de cuestiones de conciencia se trata. Somos una especie que tiende a autotorturarse. ¿Cómo podría ser de otro modo, pensando en todas las muertes que llevamos a nuestras espaldas? Aún así, deseé poder hacer algo para ayudar a mi hermano a llevar su carga. Odio verlo abatido. Intenté lo único que podía funcionar. Imitar su costumbre de buscar una salida de tono para aliviar un momento emocionalmente comprometido.

"Vamos, hermano. No intentes engañarme. Sólo quieres proteger a Malachy porque ardes en deseos de saber que diablos hace su hembra con esos extraños pendientes suyos", sonreí.

Funcionó. Esas cosas siempre funcionan con Leo. Tras unos brevísimos instantes de vacilación, su cara se iluminó con la más abierta de sus sonrisas maliciosas.

"Tengo una idea bastante aproximada de lo que hace. Lo que me llevo preguntando todo este tiempo, es como se las arregla para sujetarlos mientras tanto", rió.

No pude resistir la tentación de tantear su mente, aún sabiendo lo que iba a encontrar. Yo también necesito divertirme un poco. Y lo que vi, no me decepcionó lo más mínimo. Mi cabeza se inundó con decenas de imágenes que iban de lo abiertamente sexual a lo hilarantemente surrealista. Rompí a reír a carcajadas, y en apenas un segundo, él se unía a mi sin dudarlo.

"Como mortal, jamás habrías sobrevivido a la Inquisición, hermano", reí.

"Como mortal, jamás habría podido hacer ni la mitad de lo que he hecho", replicó sonriente.

"Pues si quieres seguir haciéndolo en el futuro, es mejor que cierres la boca. Nadya nos ha oído reír, y está intentando prestar oídos a nuestra conversación", murmuré en un rápido susurro.

"Y esa es la mujer que me recrimina el saltarme las reglas. Podría escribir una enciclopedia con todas las que se salta ella", sonrió en mi mente.

Pocos segundos después, Nadya se despedía de Jeremiah, agradeciéndole un trabajo que al parecer ella el había encomendado y él había realizado a la perfección. Me agradó comprobar lo rápido que se había acostumbrado Nadya a dirigir a los miembros de la familia. A pesar de su juventud, y la falta de confianza que la paraliza en ocasiones, desde que llegamos, no duda ni un segundo en encomendarle una tarea a cualquiera de sus primos si lo considera necesario. Y con el tono preciso de autoridad y amabilidad. Me siento tan orgulloso de ella como pueda estarlo. Si es capaz de dirigirse así con tan poca edad y experiencia, en pocos años será considerada como una de las mejores, sino la mejor, entre las damas de los clanes. Y eso aumentará mi propia reputación y la de Leo.

En un instante, cruzaba el vestíbulo y se reunía con nosotros con una satisfecha expresión pintada en su rostro.

"Pareces muy complacida, querida", apuntó Leo.

"Y así es. Le pedí a Jeremiah que hiciera un trabajo para mi, y lo ha realizado a la perfección", sonrió

"¿Y no vas a decirnos de que se trata?", pregunté.

"No. Y espero que no lo busques en mi mente, Lyosha", advirtió. "Es una sorpresa. Y os va a encantar"

"¿Incluye seda? Sabes que adoro la seda", sonrió Leo.

Ella le dirigió una mirada ofendida.

"¿Es que no sabes pensar en otra cosa, Leo?", espetó.

"Sin duda. También puedo pensar en raso. En satén. En terciopelo. En vidrio, metal, jabón, mármol...", replicó Leo sonriente, sin amilanarse ni un instante ante la mirada letal de Nadya. "Y si todo esto no te convence, algunas amigas humanas me han hablado maravillas de ciertas gomas, pero no me gusta demasiado como huelen. Sin embargo, estoy dispuesto a hacer un esfuerzo si eso es lo que te apetece"

Nadya lo interrumpió con un sonoro bufido.

"Te aseguro Leo, que en este mundo hay cosas mucho más importantes que el sexo", espetó.

"Estoy convencido de ello, querida...", empezó.

"Y cuando descubra cuáles, estará encantado de practicarlas", terminé su frase por él, mientras los dos estallábamos en carcajadas ante la mirada exasperada de Nadya.

"¿Y qué te parece una guerra inminente, unas criaturas horribles amenazando nuestra familia, y la próxima visita de nuestro aliado?", masculló.

Leo se encogió de hombros con indiferencia.

"He peleado en miles de guerras, he combatido contra centenares de criaturas horribles, y llevo toda la semana recibiendo gente. Rutina", declaró.

"También te has acostado con cientos de mujeres", masculló Nadya.

"Miles, en realidad", sonrió Leo, ignorando con expresión traviesa el gruñido que esa aclaración hizo soltar a Nadya. "Pero por algún extraño motivo no llego a cansarme. Hay tantas variantes, y tan poco tiempo..."

Nadya abrió la boca para contestar, y decidí detenerla antes de que esta conversación se prolongara hasta el infinito. Leo es capaz de seguir replicando hasta vencer a Nadya en su pequeño intercambio de frases. Y los dos son casi igual de testarudos.

"Déjalo ya, querida", sonreí. "Sabes que este bocazas no parará hasta que le permitas decir la última palabra"

"No necesariamente, hermano. También me conformaré con que selle mis labios con un beso, como yo suelo hacer con ella", sonrió.

"Si no te callas, terminaré por besarte yo mismo", repliqué.

Él se encogió de hombros alegremente.

"¿Besas bien?"

Tuve que hacer un soberano esfuerzo por no romper a reír. Cuando intervine, debí imaginar que mi interrupción sólo conseguiría que Leo se limitara a responderme a mí también. Es un guerrero nato, incapaz de dejar escapar un combate, aunque sea dialéctico. Un contrincante, dos o veinte, a mí hermano le da exactamente lo mismo. Devuelve los golpes verbales con la misma indiferencia con la que lucha, y no se detiene hasta conseguir una rendición completa. A mi me sucede algo similar, pero en esto siempre acabo por dejarlo ganar, por el mismo motivo por el que no apuesto contra su vista, o él no lo hace contra mi si se trata de rastrear o de jugar al ajedrez. A ambos nos gusta vencer, pero si la batalla está perdida de antemano, una retirada a tiempo no es deshonrosa.

Pero en esta ocasión, estoy dispuesto a seguir la broma hasta ver donde nos lleva. Demasiados días con tareas aburridas y noticias desesperantes me han puesto de un humor de perros. Estos breves momentos de diversión, nos ayudarán a todos a mantener la moral, y ni alguien tan sensato como yo piensa que hablar de lo que está sucediendo es tan urgente como para tener que dejarlos pasar. Sin embargo, mis planes se truncaron antes de que consiguiera siquiera abrir la boca. El sonido de un avión acercándose a nuestra pista, me detuvo de inmediato. Lisías ha llegado con los refuerzos.

Nadya saltó de su asiento como impulsada por un muelle. Adora a Lisías casi tanto como él la aprecia a ella. Desde el mismo primer instante en que Lisías posó sus ojos en Nadya, nuestra compañera despertó su curiosidad. Y esa curiosidad aumentó exponencialmente al conocer sus peculiaridades. Alguien tan extraordinariamente anciano como Lisías, adora ser sorprendido, y si algo puede hacer Nadya es sorprenderte. Durante los sucesos de Chernobil, y la ulterior estancia en su casa, la curiosidad de Lisías se fue trasformando en un aprecio más allá de toda duda, que extendió a nosotros sin ninguna reserva. Aunque a Leo y a mí siempre nos había unido una relación cordial con él y los suyos, no fue hasta que nos vio convertidos familia y unidos a Nadya, cuando esa relación se transformó en una amistad a toda prueba. Y posteriormente en una alianza que ha hecho más por la seguridad de nuestro clan que cualquier otra cosa que Leo y yo hubiéramos llevado a cabo durante todos estos siglos. Lisías jamás se había aliado a nadie, y la confianza que depositó en nosotros al ofrecernos ese privilegio, es más de lo que mi hermano y yo podíamos soñar, o llegar a agradecer.

Leo y yo cruzamos una mirada divertida, al ver como Nadya apenas puede dominar su impaciencia. Plantada ante nosotros, cambia el peso del cuerpo de un pie al otro, esperando con ansiedad a que nos levantemos para acompañarla a la pista de aterrizaje. No me costó demasiado complacerla en esta ocasión. Aunque los motivos de la visita de Lisías no sean los más propicios, a mí también me apetece saludarlo. Dejando al margen que si alguien puede resolver esta situación, es su familia.

El Gulfstream se deslizó por la pista de aterrizaje de forma impecable, y segundos más tarde, Lisías y sus hermanos descendían del avión sin molestarse en esperar una escalerilla que les sirviera de innecesaria ayuda para abandonarlo. Al igual que nosotros, podrían haber saltado de él a los mismos metros de altitud que un humano emplea para lanzarse en paracaídas. Esos artilugios humanos sólo se utilizan cuando es necesario mantener las apariencias. Entre nosotros, no nos molestamos demasiado con menudencias.

En el mismo instante en que caminaban hacia nosotros, recordé que no habíamos tenido ocasión de indicarle a Nadya cual sería la estancia apropiada para ellos. Lisías no se ofenderá si ella le ofrece un alojamiento poco adecuado, pero el disgusto de Nadya sería suficiente para enloquecernos a Leo y a mí durante días.

"Yo no me preocuparía por eso, amor", sonrió en mi mente.

Me sorprendió su frase, pero aún más me sorprendió la delicadeza y facilidad con la que ha asistido a mis procesos mentales. Está mejorando a pasos agigantados, y pronto tendré que tener cuidado con lo que pienso en su presencia, sonreí para mis adentros. Mi pequeña crece, y nada me hace sentir más orgulloso.

Intercambiamos los saludos de rigor, y los guiamos al interior de la mansión. Los cuatro hermanos miraron a su alrededor con distintas expresiones de curiosidad y aprobación, mientras nos seguían hasta el salón.

"Has hecho un magnífico trabajo, Nadezhda", aprobó Lisías, deteniéndose a contemplar la estancia. "No cambiaría ni un simple cuadro"

Nadya pareció crecer un par de centímetros, henchida de orgullo.

"Me alegra que sea de tu agrado. Pero gran parte del mérito es tuyo. Elegiste la casa perfecta"

"Pero sin duda has sido tú quien la ha transformado en un hogar", afirmó Aníbal, caminando hacia la chimenea.

Tomó asiento en uno de los sofás de tres plazas, y Lisías se sentó junto a él, indicando a Nadya que se acomodara a su lado, con el mismo gesto que un abuelo humano incita a su nieto a sentarse en sus rodillas. Nadya tomó asiento junto a él, dedicándole la más radiante de sus sonrisas. Y una vez más, me sorprendió la extraña amistad entre el anciano más de dos veces milenario y la joven transformada hace apenas un año. Plauto y Ahmed se situaron frente a ellos, dejándonos libres los sillones a Leo y a mí. En casa de Lisías, es él quien ocupa el lugar preferente junto al fuego, pero este es nuestro hogar, y nuestro también ese privilegio. Sentí una oleada de orgullo. Ahora ya no somos nómadas invitados en una casa. Ahora gozamos del rango de cabeza de clan, y aunque la familia de nuestro aliado es mucho más antigua y poderosa, podemos hablarnos de igual a igual. No es que no lo hiciéramos antes, pero desde ahora lo haremos porque nos corresponde, y no por una deferencia por su parte a nuestra valía y antigüedad.

"Disculpad mi impaciencia, pero hay algo de lo que debemos hablar cuanto antes. Después podremos intercambiar cuantas cortesías queráis", se apresuró a decir Leo.

"Llevo siglos disculpando tu impaciencia, Leonardo. Y estoy convencido de que esta será la primera ocasión en que la encontraré justificada", sonrió Lisías. "Adelante, por favor. ¿Se trata de los lobos?"

"Os haré un breve resumen. El creador es Mateo, que a su vez es una creación de Malachy, que en estos momentos está dándose una ducha en una de las cabañas. Y hay más. Nadya ha tenido una visión en la que su familia aparecía masacrada por los lobos", explicó Leo.

"Eso es lo que sabemos. Lo que no sabemos es quien le ha enseñado a Mateo a crear lobos. Apenas era un niñato de un siglo cuando los exterminamos, y Malachy no ha podido ser, ya que él mismo ignora los detalles del ritual. Tampoco sabemos cuando va a atacar, ni si el hecho de hablar con Malachy ha podido cambiar el destino de su familia", aclaré yo.

"Estábamos esperando a que llegarais con los refuerzos para hablarle a Malachy acerca de la visión de Nadya", comentó Leo. "Sus hombres son muy jóvenes y no serán capaces de repeler el ataque. Si Malachy piensa que el peligro es inminente, saldrá corriendo a protegerlos aunque sepa que esa será su muerte. Ni os imagináis lo temerario que es"

"¿Más que tú, Leonardo?", preguntó Aníbal con una sonrisa afectuosa.

"Más o menos", respondió Leo, devolviéndole la sonrisa. "Debo reconocer que en otro momento, Lyosha y yo habríamos partido con él de inmediato. Pero en esta ocasión, hasta yo me he detenido a pensar. Diablos, se trata de lobos. Junto con Árvidas y Ángelo, somos los únicos capaces de enfrentarse a ellos, y no podíamos y dejar a... esta familia sin protección"

Miré rápidamente a Nadya, para ver si se había percatado de la pausa de Leo. De no ser por ella, mi hermano hace mucho que habría corrido a enfrentarse a los lobos. Sólo la seguridad de Nadya lo retiene en la casa, e incluso con eso le está costando un gran esfuerzo. Sin embargo, ella no percibió la breve interrupción en sus palabras. Está demasiado concentrada en la conversación, intentando recabar todos los datos posibles. Su mente es un torbellino de actividad, en el que las escasas revelaciones que se están haciendo se combinan entre si, buscando una pista, una ayuda para aprender más acerca del peligro que nos amenaza.

"Y tampoco queremos perder a Malachy. Hemos empeñado nuestra palabra ofreciéndonos a ayudarlo en esta situación. Sé que eso no será un problema para vosotros. Dejando al margen que el asunto de los lobos nos concierne a todos, tanto a Leo como a mi nos gusta ese tipo, Lisías", añadí yo.

"Es inteligente, frío como el hielo, y extraordinariamente valiente. Tiene la apariencia de un imbécil, pero os garantizo que no lo es en absoluto. Estoy con Lyosha. Malachy me gusta. Me gusta mucho", comentó Leo.

Lisías meditó un instante la información que acabamos de trasmitirle. Cruzó una mirada con sus hermanos, y finalmente suspiró.

"No os ofenderé preguntándoos si estáis seguros. Si vosotros decís que es así, es suficiente para nosotros. Lo único que lamento es que mis hombres os hayan trasmitido una información errónea"

"No tienes nada de que lamentarte, ni tus hombres tampoco. Mateo detesta a Malachy, y lleva años intentando acabar con su reputación. Ni siquiera tus hombres pueden destruir en días la labor de medio siglo", respondí yo, rechazando sus excusas.

"Sin embargo, vosotros habéis sido capaces de hacerlo", murmuró Plauto. "Nunca pensé que mi hermano se equivocara al elegiros, pero desde luego, estáis demostrando su acierto mucho más allá de cualquier expectativa. Creo que hablo por todos si os digo que me siento honrado de teneros por aliados", nos alabó, mientras sus hermanos mostraban estar de acuerdo con sus palabras con distintos gestos de aprobación y asentimiento.

Jamás me he sentido más orgulloso. Y apostaría a que mi hermano tampoco. Su rostro se iluminó con una sonrisa satisfecha, que imagino será el perfecto espejo de la mía. Apenas hemos empezado a cumplir nuestra labor, y la familia de Lisías, la más poderosa de cuantas hay entre las nuestras, aprueba y felicitaba nuestros aún escasos logros. Iba a agradecerle su cumplido, cuando el vozarrón de Ahmed me interrumpió.

"¿Y cuándo iremos a romperle el cráneo a ese Mateo?", rugió. "Por su culpa, nuestros terrenos de caza apestan a lobo"

"Me temo que eso no ha sido una falta que puedas achacarle a Mateo", sonreí. Ahmed es casi tan impaciente y deslenguado como Leo. "Y si mi olfato no me engaña, estáis a punto de conocer al culpable. Pero no le arranquéis la cabeza todavía. Todo tiene su explicación", me apresuré a añadir, al ver la mirada asesina de Ahmed.

Malachy se detuvo ante la puerta, y antes de invitarlo a entrar, miré rápidamente a nuestros invitados para asegurarme que no saltarán sobre él. Ahmed no parece demasiado tranquilo, pero Lisías es la viva imagen de la serenidad. Suficiente para mí. Si él está calmado, no dudará en usar su don para calmar a Ahmed o a cualquiera de sus hermanos si es necesario.

"Adelante, Malachy", susurré, y tardé unas décimas de segundo en convencerme de que mi olfato no me está engañando.

El hombre que atravesó la puerta, no tiene nada que ver con el personaje que se ha sentado esa misma tarde con Leo y conmigo junto al fuego. Para empezar, todos sus pendientes, cadenas y adornos han desaparecido. El cabello negro y lacio, libre del fijador cae desordenado sobre su frente y el agua ha borrado el kohl de sus ojos. Viste unos vaqueros en bastante mejor estado que la mayoría de los míos, y una sencilla camiseta negra. Sólo los dibujos de su piel, para los que debió usar un tinte resistente al agua, me convencen de que no es otro con exactamente su mismo olor quien está junto a mi.

"¿Y todo eso lo ha conseguido una ducha?", exclamó Leo. "Por todos los demonios, si lo llego a saber antes te habría lanzado a la piscina en cuanto llegaste"

"Es increíble, desde luego. Ahora entiendo a que te referías cuando dijiste que sin tus adornos nadie te reconoce", sonreí.

La suave tos de cortesía de Lisías nos arrancó de nuestro aturdimiento. Maldije para mis adentros, molesto conmigo mismo. El nuevo aspecto de Malachy nos ha sorprendido de tal modo, que hemos olvidado por completo presentarlo.

"Disculpad, amigos", me apresuré a decir. "Este es Malachy, por supuesto. O eso creo"

Malachy rió entre dientes apenas un instante antes de inclinar la cabeza cortésmente a modo de saludo.

"Es un honor conoceros, aunque sea en unas circunstancias tan desagradables", saludó.

Los cuatro hermanos inclinaron la cabeza con reserva. Están dispuestos a darle una oportunidad, ya que Leo y yo parecemos confiar en él, pero aún así no van a tratarlo con amabilidad tan fácilmente.

"Así que tú eres el joven que tantos comentarios provoca", comentó Lisías con un ligero deje de sarcasmo. "Y ahora resulta que los rumores son erróneos. ¿Puedes decirme porque no te has molestado en acallarlos?"

"En primer lugar, porque es mucho más sencillo creer lo malo que lo bueno. Y en segundo lugar, quizá tu aliado eslavo pueda referirte mucho mejor que yo la historia de Genghis Khan", sonrió con tristeza, dirigiéndose hacia mi.

"No es necesario", sonrió Lisías, aprobador, lo que hizo que sus hermanos se relajaran considerablemente. "Estoy al tanto de la astucia del Khan. No acalló los falsos rumores que acerca de su carácter sanguinario extendían sus enemigos para que estos se lo pensaran dos veces antes de atacarlo. Ya veremos si estás a su altura"

"No te quepa duda", contestó con altivez. "Al fin y al cabo, él era un mortal. En mi caso, el carácter sanguinario se presupone"

Lisías lo contempló apreciativamente unos segundos, tanteando sus emociones. Finalmente, pareció tomar una decisión. Se volvió hacia Leo y hacia mí.

"Por lo que nos habéis referido, no disponemos de mucho tiempo. No obstante, este es vuestro territorio. Haremos lo que vosotros decidáis", ofreció. "Sin embargo, me he tomado la libertad de poner en marcha unos cuantos preparativos. He traído mis propios guerreros, por supuesto, y Pedro y Zedong están ya también aquí con sus hombres, esperando vuestras órdenes"

"Deberíamos partir de inmediato", declaró Leo, como no podía ser de otro modo.

Sonreí. Ya esperaba una reacción similar por parte de Leo. Lleva tantos días reteniendo sus deseos de salir a la batalla, que ahora que la seguridad de Nadya puede quedar garantizada por los hombres de Lisías, no desea esperar ni un solo instante más. No obstante, aún queda un detalle que mi hermano no se ha detenido a considerar.

"¿Olvidas que esta noche llegarán Lázaro y Gregory? Alguien debería recibirlos"

Leo rechazó mi protesta con un gesto impaciente.

"¿Y cuál es el problema? Cualquiera entendería que esto es mucho más importante que una visita de cortesía. Pero si te preocupa lo que pueda ocurrir, Ángelo y Árvidas no tardarán en llamar. Que Nadya los haga volver. Ellos la ayudarán a explicarle la situación", replicó

"No os preocupéis por eso. Los atenderé bien. Estarán tan encantados con mi exquisita cortesía que no se detendrán ni un segundo a pensar en que no estáis para recibirlos. ¿Tardaréis mucho?", preguntó con preocupación.

Lisías sonrió. Él sólo puede leer sus emociones, pero no le hace ninguna falta llegar hasta sus pensamientos. Ni a cualquiera de los demás que conocemos a Nadya. Está muerta de miedo, pero ya ha aprendido en el pasado que no hay ningún modo de que pueda detenernos, así que intenta disimularlo por todos los medios con ese tono eficiente.

"Diablos, no", rió Leo. "Una familia de niñatos y unos lobos de primera generación. Estaremos aquí antes de que la familia de Lázaro se haya sentado"