Kara, hermana, puedes disponer de Lyosha, claro, para eso los compartimos jaja. Si está ocupado, te mando a Leo, o a Ángelo... Incluso, para demostrar que soy una buena hermana, hasta te presto a Alessandro (pero un ratito muy pequeño, advierto!!).
Arthe, mi otra hermana… Sigo esperando. Y sigo esperando. Y sigo esperando. QUIERO LEER MÁS. Brr… Está bien, concéntrate en los exámenes. Pero después ¡QUIERO LEER MÁS! Y el miércoles es mi cumpleaños, aviso!!! ¿No me dejarás sin regalo, verdad? Aunque sea un capítulo pequeñito.. Uno chiquitito.. De mi historia.. O de la pluma encadenada.. porfavorporfavor..
Rosi, bienvenida a este akelarre de locas. No creo que vayas a tener problemas con Arthe y con Kara, porque ya has decidido que tu favorito es Leo, y (esto es raro) aunque a todas les encanta, ninguna lo tiene por favorito (pobre Leo, ¿¿¿os habíais dado cuenta de que nadie lo había elegido como favorito???) A mi también me gusta Malachy, me gustó desde que empecé a escribir sobre él. Tengo más historias en las que también sale, y me divierte mucho. Y si, el poder de Leo está genial, aunque él no lo valore lo más mínimo. Lo de los piercings.. ejem.. Ehhh.. Bueno, eso..
Y nada, que ya llegamos al final de la historia porque calculé mal. No faltaban un par de capítulos. ESTE es el último capítulo. Siento haber tardado tanto, pero llevo unos días muy, muy liada. Y muy poco inspirada, además. (Rosii, llegaste a tiempo pero para el último capítulo!! jeje)
Como siempre, ha sido un placer leer vuestros reviews, me encanta teneros ahí, y saber que me leéis.. Y bueno, supongo que nos veremos pronto en otra historia.. A no ser que no queráis saber nada más del trío.. Si queréis seguir leyendo sobre ellos, algo más escrito hay. No me convence demasiado, pero está ahí.. Pensaré como darle una vuelta y ver si lo publico. (Y admito sugerencias para nuevas historias, como las que hace Arthe con sus preguntas. Arthe, hermana, ni te imaginas lo que me inspiran jajaja)
Vale, nada más, os dejo el final. Espero que os guste, y que me lo digáis, sea así o no. Dadle al Go, wapas :)
LEONARDO. El ataque
Nadya me dedicó una mirada airada que lo único que pretendía era disimular lo terriblemente asustada que está en realidad. Por lo menos, en esta ocasión no ha montado una escena exigiendo que la llevemos con nosotros, o rogándonos que nos quedemos en casa. Deseé tener tiempo para serenarla, para decirle que no tiene por que preocuparse. Pero aún quedan unas cuantas decisiones por tomar y muy poco tiempo. Quizá Mateo no vaya a atacar todavía a Malachy, pero no quiero tener eso sobre mi conciencia. Tenemos que salir de inmediato. No es solo mi impaciencia por atacar a los lo que me impele a apresurarme en esta ocasión. Lyosha me miró, asintiendo con suavidad.
"Saldremos en diez minutos. El tiempo de recoger algunas armas y hablar con los hombres. Lisías, me gustaría que dejarais aquí un par de buenos guerreros. Árvidas y Ángelo pueden retrasarse, y no quiero dejar la casa sin la protección de alguien lo bastante antiguo", pidió.
"Por supuesto, Aleksei. Ya contaba con ello", respondió, dirigiendo una mirada disimulada a Nadya. "Peter y Martín se quedarán aquí"
"En ese caso, sólo falta avisar a nuestros hombres", anuncié, poniéndome en pie, mientras los demás se apresuraban a imitarnos.
Una vez en el vestíbulo, comprobé que Glauco estuviera en la casa, y susurré su nombre. Pocos segundos después aparecía en lo alto de las escaleras.
"Glauco, reúne a los hombres en la sala de entrenamientos. Cuanto antes", ordené.
"¿A la familia o a todos los hombres?", preguntó.
"A todos", respondió Lyosha.
"Estaremos allí en dos minutos", dijo antes de apresurarse a cumplir nuestras órdenes.
Me volví entonces hacia Nadya, que nos mira intentando controlar su pánico. Su apariencia es de total serenidad, pero el olor de su miedo inunda mis fosas nasales. Una cálida oleada de amor me recorrió el cuerpo. Se ve tan pequeña y frágil, detenida en el medio del vestíbulo con su mejor expresión de dignidad, que no pude reprimir la necesidad de estrecharla entre mis brazos. Ella me devolvió el abrazo como si su vida dependiera de ello, y alzó la cabeza ofreciéndome sus labios. La besé con suavidad, y me aparté de ella para permitir que mi hermano se despidiera. Cuando Lyosha volvió junto a mí, Nadya reprimió un suave sollozo. No, por favor. Si se pone a llorar, no seré capaz de marcharme. Busqué con rapidez una salida de tono que la ayudara a concentrarse en algo más que su miedo.
"Tranquila, querida. Yo cuidaré del ancianito. Pero no esperes gran cosa de él cuando regresemos. A su edad uno no puede permitirse muchos esfuerzos", sonreí, provocando a mi hermano, quien comprendiendo mi intención, se apresuró a seguirme la corriente.
"Dirás más bien que el ancianito cuidará de ti, niñato. No fui yo quien regresó de la última batalla con el vientre traspasado de lado a lado", replicó. "Y si vuelve a ocurrirte, veremos quien no puede permitirse muchos esfuerzos a nuestro regreso"
"Nada de heridas esta vez, por favor", suplicó Nadya. "Prometedme que tendréis cuidado"
"Siempre lo tenemos, amor", sonreí. "Tú deja de preocuparte, y encárgate de mantener la paz de la casa. Suele haber mucha excitación cuando se prepara una batalla"
"Es cierto, querida. Yo que tú me encargaría especialmente de Cora. En cuanto empiece a escuchar los comentarios de las demás mujeres se pondrá histérica"
Ella asintió débilmente, como si le estuviéramos encargando una tarea casi imposible de realizar. Tomó aire con un profundo suspiro, y finalmente alzó la cabeza, dirigiéndonos una suave sonrisa.
"Vamos, marchad ya, o el olor de la impaciencia de Ahmed hará imposible mi tarea", nos instó con fingida alegría.
Le dirigimos una última y apresurada sonrisa antes de dirigirnos a la sala de entrenamiento. Al abrir la puerta, aparqué mi preocupación por ella en el lugar más recóndito de mi mente, y me centré en lo que está por venir. Empiezo a arder en deseos de entrar en combate, y puedo sentir la misma impaciencia en mi hermano. Llevamos demasiados días reteniendo nuestros instintos y dedicándonos a tareas tranquilas que no ayudan en nada a acallar los deseos de salir a reventar cabezas de lobo.
Los hombres ya están esperando en el salón con actitud expectante. No me sorprende lo más mínimo, a todos nos entusiasma la idea de un buen combate. Ahora que los veo a todos reunidos frente a mí, siento el orgullo correr por mis venas como la más potente de las drogas. Apenas llevamos una semana instalados y ya hemos podido reunir a casi una treintena de hombres, sin contar a Árvidas y a Ángelo. Lyosha esboza también una sonrisa orgullosa, que se iluminó aún más al percibir la mirada aprobadora y ligeramente asombrada de Lisías y sus hermanos.
"Son casi treinta guerreros. En seis noches", susurró. "Definitivamente, no me equivoqué al elegiros"
"Eso supera incluso a Pedro. Él recibió a veintiocho en una semana", añadió Plauto.
"Y en aquel entonces era más fácil reunir a un grupo nutrido. Esto va a pasar a la historia", sonrió Ahmed.
Me hubiera pasado todo el maldito día escuchando esos comentarios, pero Malachy no puede esperar tanto. Lyosha me dirigió una sonrisa divertida, antes de indicarme que avanzara con él hacia el centro de la estancia con un gesto discreto.
"El tiempo apremia, así que seremos muy breves", empezó. "En primer lugar, ¿quiénes de vosotros no llegáis a los tres siglos?"
Cinco manos se alzaron. Menos de las que habría dicho si me hubieran preguntado una semana antes.
"Vosotros os encargaréis de proteger y vigilar nuestra casa. Es posible que alguien intente atacarnos durante nuestra ausencia. En la pista de aterrizaje encontraréis a los hombres de nuestro aliado. Id ahora mismo y buscad a Peter. El os indicará como debéis organizaros y a qué debéis prestar especial atención. Cumplid sus ordenes como si fueran las nuestras, o procurad no estar aquí cuando regresemos", ordené yo.
Los cinco se apresuraron a cumplir mi orden sin siquiera una pregunta, lo que me complació enormemente. No tenemos tiempo que perder con largas explicaciones. En cuanto se hubieron alejado unos cuantos pasos, Lyosha volvió a hablar.
"Los demás nos acompañaréis. Recoged todas las armas que podáis llevar, y reuníos con nosotros en el avión. Partiremos en cinco minutos. Vamos a atacar al clan de Mateo. Ha roto el juramento y los lobos están de nuevo entre nosotros"
Una oleada de incredulidad y rabia recorrió la sala. El nivel de los murmullos creció hasta convertirse casi en un rugido. En pocos segundos, la estancia se convirtió en un hervidero de actividad, mientras los hombres elegían armas de los armarios, y estantes o salían hacia sus habitaciones a recoger las que habían traído consigo.
"Vamos. Esperaremos en el avión", dijo Lisías. "Tenemos muchos detalles que concretar"
Lyosha y yo nos apresuramos a recoger nuestras propias armas, invitando a Malachy a que escogiera algo de su agrado. Poco después estábamos reunidos en la pequeña sala posterior del avión, mientras nuestros hombres iban entrando poco a poco, distribuyéndose en cada hueco que quedaba libre. Crucé una mirada con Lyosha, preguntándome si cabríamos todos. A pesar de que el tamaño del jet de Lisías es considerable, él ha traído consigo una veintena de guerreros, y nosotros aportamos otros tantos.
"Tranquilos", sonrió Lisías, imaginando nuestros pensamientos. "Este avión ha movido esta cantidad de tropas en muchas ocasiones. Hace años que acondicionamos la bodega de carga"
"Tenía que haberlo imaginado", sonreí. "Me encanta este juguete desde la primera vez que lo vi"
"Por mucho que diga Nadezhda, os recomiendo que adquiráis uno similar. Eso facilitará notablemente vuestros desplazamientos", comentó Aníbal.
Lyosha me miró con una sonrisa divertida, dándose perfecta cuenta de que yo estoy empezando a considerar la idea muy seriamente.
"Nadya nos matará", rió. "Y más teniendo en cuenta que también hemos encargado un coche nuevo"
"Pero no podrá decir nada si somos nosotros quienes os lo regalamos", declaró Plauto, con una sonrisa maliciosa. "Hace tiempo que queremos comprar uno más grande. Y este está en perfecto estado, sería una lástima que nadie lo aprovechara"
"Diablos, amigo. No podemos aceptar un regalo así", exclamó Lyosha. "Me gusta la idea de quedarme con este juguete, pero esta vez tenéis que aceptar algo a cambio"
"Desde luego. Os quedareis con la casa de París", ofrecí.
"Y con el Porche", sonrió Lyosha.
"Si eso os hace sentir mejor...", replicó Lisías con gesto aburrido. Al igual que a Lyosha o mi, el dinero o los objetos de valor no le interesan lo más mínimo. "Aunque me consta que sólo nos cedéis el Porche porque no soportáis que Armand lo haya conducido", añadió sonriente.
"Esa es una gran verdad. Pero a ti te encantan los Porches, y nosotros jamás volveremos a usarlo, así que el acuerdo satisface a todo el mundo", repliqué yo.
"Pues ya que está todo resuelto, vayamos entonces a lo que nos ha traído hasta aquí", nos instó Ahmed con impaciencia. "Ya hemos esperado bastante"
"Qué impaciencia. ¿Tantas ganas tienes de romper cabezas de lobo, hermano?", preguntó Plauto.
"Yo creo que el problema es que ya lleva un día alejado de Shannen", me burlé yo.
"Eres muy gracioso, Leonardo", replicó.
"Lo sé. Aunque no ha sido mi mejor chiste"
"Dejadlo ya, vosotros dos. Sean cuales sean los motivos de Ahmed, tiene toda la razón", sonrió Lyosha.
El último hombre ascendió en ese instante al avión, que unos instantes después empezó a deslizarse suavemente por la pista. En realidad, yo también ardo en deseos de concretar los planes y empezar la batalla de una vez, pero intento ganar tiempo hasta que el avión despegue. Así será más fácil retener a Malachy.
"Patrick ha puesto rumbo a casa de Mateo. Llegaremos en un par de horas. A no ser que tengáis otra idea", dijo Lisías.
"No por el momento. Pero deberías pedirle a Pedro o a Zedong que vayan con sus hombres a casa de Malachy. Por si acaso"
"Tienes razón, por supuesto. Ahmed, ¿podrías encargarte tú, por favor? Yo no tengo ni la menor idea de cómo funciona ese sistema de conferencia, y prefiero que sean ellos quienes decidan donde prefieren ir. Los dos son muy susceptibles", aclaró en nuestra dirección, mientras Ahmed se dirigía a la cabina para llamar por teléfono.
Podía haberlo hecho desde la pequeña sala en la que estábamos reunidos, pero de ese modo nos dará tiempo para poner al corriente a Malachy.
"Dudo que ninguno de los dos quiera ir a mi casa", comentó éste. "Al fin y al cabo, no es allí dónde estará la acción".
Un pesado silencio cayó entre los presentes. Nadie parece dispuesto a ser el primero en darle la noticia. Los miré uno por uno. Todos se concentran en sus manos o cruzan miradas entre ellos intentando encontrar el modo más apropiado de explicarle la visión de Nadya, mientras Malachy los observa con curiosidad. Al diablo con todos. No hay una maldita forma de decirlo suavemente por mucho que se devanen los sesos.
"Hay algo que debes saber", empecé. "Pero eso implica que conocerás uno de nuestros secretos. Y te lo advierto, si alguien más se entera, sabré que eres tú quien lo ha revelado, y te mataré sin dudarlo, ¿me has comprendido?"
"Por supuesto. Sea lo que sea, vuestro secreto estará a salvo conmigo. Si llega a conocerse, no será por mí, tenéis mi palabra", respondió con gesto ligeramente ofendido.
Miré a Lyosha, quien asintió, confirmándome la sinceridad de su promesa. Tomé un innecesario aliento antes de continuar, deteniéndome apenas un segundo para poner en orden mis pensamientos.
"Nuestra compañera tiene el don de las visiones. Antes de reunirnos contigo por segunda vez, vio como los lobos acababan contigo, y con toda tu familia", dije sin más preámbulos.
Los ojos de Malachy se volvieron del más oscuro ónice, mientras el olor de su furia nos envolvía como un manto. Se levantó como impulsado por un muelle, dispuesto a atacarme. No llegó a moverse. Antes de que pudiera dar un paso, Lyosha y Plauto lo retenían con firmeza, mientras Lisías se apresuraba a levantarse para serenarlo con su roce.
"No mates al mensajero", gruñí. "Antes de que llegues a rozarme, te reventaré los sesos, y eso no ayudará en nada a tu familia"
"¿Por qué diablos no me lo habéis dicho antes?", rugió.
"Por que hubieras salido a toda prisa a protegerlos. Y aunque mi hermano y yo te siguiéramos, no podríamos contra los guerreros de Mateo y los lobos. Por muy patéticos e inexpertos que sean unos y otros, tres hombres no son un ejército en condiciones. Teníamos que esperar los refuerzos", repliqué. "Además, las visiones de Nadya no son precisas, o exactas. El futuro no es inmutable. Una simple acción cambia todo el transcurso de los acontecimientos y los altera hasta invalidar las visiones".
"El único modo de intentar evitar lo que Nadya había visto, era hacer venir más guerreros, y retenerte para que nos ayudes y nos guíes. Tú eres quien mejor conoce a Mateo, quien sabe donde están los puntos débiles de su casa. Quien conoce su forma de luchar. La mejor forma de defender a tu familia, es dejando que guerreros experimentados la protejan".
"¿No lo comprendéis, maldita sea? Son mi familia, dependen de mí. ¿Y si los lobos los atacan antes de que lleguen los refuerzos?", gritó.
"Acabarán con ellos", respondí yo. "Pero también habrían acabado con ellos si te hubiéramos avisado antes. Te lo he dicho. Tú solo no puedes protegerlos. Nos necesitas, y lo sabes. De lo contrario no habrías recurrido a nosotros. Ayúdanos a hacer el trabajo en lugar de quejarte, diablos. Eso protegerá más a tu clan que un estúpido intento suicida en solitario"
Gracias al toque tranquilizador de Lisías, poco a poco la lógica de nuestras palabras se fue abriendo paso a través del caos de furia de su mente. Dejó de debatirse y bajó la cabeza como signo de rendición.
"Eso no va a ocurrir, Malachy. Y si así fuera, tú solo no podrías evitarlo", murmuró Lyosha, respondiendo a lo que había visto en sus pensamientos. "Créeme, si hubiera otra opción, no habríamos dudado en decírtelo"
Malachy sólo vaciló un instante más. Finalmente, alzó la cabeza con determinación, y le dedicó una mirada orgullosa a Lyosha y a Plauto, que continuaban sujetándolo.
"Si no me soltáis, no podré dibujaros un mapa de la casa de Mateo. No creo que lo necesitéis, pero será más fácil así"
Sonreí. Ese hombre me cae mejor cada minuto que pasa. Mi hermano lo soltó sin dudarlo, y Plauto lo imitó apenas un segundo después, sin duda suponiendo que Lyosha ha visto ya que Malachy no intentará saltar del avión.
"Está bien", dijo con decisión mientras tomaba asiento. "Hay muchos puntos desde los que se puede asaltar la casa de Mateo. Siempre ha sido un inútil con las localizaciones. Mis espías llevan años aprovechándose de esa circunstancia"
"¿De cuántos guerreros dispone?", preguntó Lisías.
"Apenas unos quince. Y muy jóvenes. Sus hombres no serán ningún problema para vosotros", sonrió. "Lo que ya sabríais si Aleksei hubiera podido leer su mente"
"¿Qué te hace pensar que no he podido?", preguntó Lyosha con un gesto tan indiferente que podría haber engañado a cualquiera. A cualquiera que no lo conociera tan bien como yo.
Malachy le dirigió una mirada divertida.
"No soy idiota, Aleksei. Si no supiera que serías incapaz de entender los pensamientos de Mateo, no hubiera corrido el riesgo de apresurarme a visitaros antes que él. Me limitaría a esperar que extrajeras el secreto de su mente. Si os hubiera revelado la verdad antes de que la comprobaras por ti mismo, no me creerías jamás"
Lyosha abrió los ojos de par en par, mirando a Malachy con incredulidad. Este se limitó a devolverle la mirada con la serenidad de un hombre que sabe que al destaparse la última carta, lleva la mano ganadora.
"Tienes razón. Jamás te hubiera creído", murmuró.
"¿Y serías tan amable de explicarnos que no te creerías a los que no podemos leer la mente?", pregunté yo con impaciencia.
Tanto misterio está empezando a irritarme. Detesto las cosas que no sé. Malachy hizo un gesto en dirección a Lyosha, invitándolo a que él mismo desvelara el misterio. Mi hermano nos miró, con la incredulidad todavía pintada en el rostro.
"Mateo es un Vainyi", dijo.
Me quedé atónito, mientras mi cabeza empezaba a trabajar a toda velocidad. Un maldito Vainyi. Es imposible, y sin embargo, explica casi todo lo que me ha corroído durante estos días. Por que mi hermano no pudo leer su mente. Por que su aspecto me repugnó desde el primer instante. Y por que todos parecen confiar en la cizaña que extiende sobre Malachy. Está en el lugar ideal para que eso ocurra. Un país repleto de vampiros jóvenes y con escaso control por parte de los antiguos.
Los Vainyi son una de esas extrañas mutaciones que la Madre Naturaleza se empeña en extender de tarde en tarde. Además de otros dones menores, disponen de la capacidad de hacer que quienes caen bajo su influjo confíen en ellos ciegamente. Y como seres depravados y carentes de moral que son, utilizan esos dones para alimentarse con los desastres que causan. Siembran cizaña por donde quiera que vayan, y disfrutan con el olor de la ira y la sangre. No son como nosotros. Los vampiros somos violentos, es cierto. Y no dudamos en matar o en utilizar a los mortales ya sea como alimento o para nuestra diversión o comodidad. Pero tenemos reglas. Tenemos una cierta conciencia, unos límites. Combatimos, matamos y en ocasiones morimos. Pero los Vainyi no. Ellos jamás se arriesgan. Son cobardes, jamás luchan. Viven de la muerte de los demás, sin necesitarlos como alimento, sin más razón que la de saciar sus ansias de diversión. No se imponen ningún tipo de límite o de norma. Son simplemente despreciables, y no deberían existir. Pasarían por humanos de no ser por un pequeño detalle, que hace que tarde o temprano, siempre acabemos cruzándonos con uno. Nos buscan desesperadamente, nos necesitan. Somos su esperanza y su salvación. Por que la Madre Naturaleza no es tan estúpida. Puede que haya permitido la existencia de seres tan repugnantes como ellos, pero se protege a si misma dotándoles de la vida más breve que se pueda imaginar. Los Vainyi sufren de un metabolismo acelerado. Nacen, alcanzan la madurez en un par de días, y mueren en un par de semanas. Sólo nuestra ponzoña los puede librar de esa suerte. Dedican toda su breve existencia a buscarnos e intentar conseguir que los transformemos, engañándonos con sus poderes. Por fortuna, fracasan a menudo. En primer lugar, porque no somos tan fáciles de localizar, por mucho que se pueda pensar. Y en segundo lugar, porque sólo los más jóvenes se ven afectados por sus poderes ya que, con el paso de los años, nuestra especie desarrolla una resistencia natural a cualquier tipo de embrujo. En muy pocos días, deben encontrar a un nómada joven que no tenga una familia que pueda aconsejarle al respecto, y que esté dispuesto a transformarlo. Y a pesar de sus poderes, eso no es tan sencillo. Si lo han educado bien, cualquier joven se resistirá mucho antes de transformar a alguien que acaba de conocer. A todos se nos advierte sobre los Vainyis más tarde o más temprano tras nuestra transformación.
"No sé como pude dejarme engañar. Pero así sucedió", masculló Malachy.
"Si a alguien podía engañar a un Vainyi, ese es a ti", repliqué yo. Él me dedicó la más ofendida de sus miradas. "No me mires así. Te conozco, Malachy. Conozco a los tipos como tú. Tienes tanta seguridad en ti mismo, que piensas que las prevenciones de los demás no van contigo. Que a ti jamás te pasará"
"No me conoces. No tienes derecho...", empezó con ira.
"Claro que te conoce. Está hablando de si mismo", sonrió Lyosha. "O de mi"
"O de cualquiera de los presentes", añadió Lisías, sonriendo a su vez. "No debes sentirte culpable. El riesgo de transformar a un Vainyi es sólo uno de los tributos que hay que pagar por ser uno de los mejores"
"Gracias", respondió sinceramente, con orgullo más que justificado. "Pero no me siento uno de los mejores. Mi familia está en peligro por culpa de mi error"
"Todos cometemos errores, créeme, lo sé bien. Y culparte por ellos no te ayudará. Tu familia estará en peligro muchas veces. Lo importante es que tienes la cabeza y el valor suficiente como para hacer todo cuanto esté en tu mano para ayudarlos", repliqué yo.
"Y la sangre fría de presentarte en nuestra casa con todos esos secretos y sin alzar ni el más mínimo bloqueo en tus pensamientos", sonrió Lyosha.
Malachy dejó escapar una risa suave.
"Dale las gracias a los espías de tus aliados. Confiaba en que pensarías tan mal de mi que estarías demasiado ocupado intentando descubrir si mis palabras eran sinceras, como para molestarte en buscar más allá. Lamento mis omisiones, te lo aseguro. Pero necesitaba que confiarais en mí", se disculpó.
Lyosha soltó una breve carcajada.
"Y un infierno. Lo que querías era comprobar que mi hermano y yo estamos a la altura de lo que has escuchado de nosotros. Ahora ya sé como funciona tu mente, amigo. Nunca volverás a ocultarme nada"
"Ahora ya no es necesario. Si conseguimos terminar con el peligro que amenaza a los míos, os estaré eternamente en deuda. Y pienso empezar a pagarla siendo totalmente sincero", replicó sonriente.
"¿Si lo conseguimos?", reí. "Vamos amigo, míranos. Sin contar a los demás guerreros, Lisías y sus hermanos y Lyosha y yo, somos más que capaces de enfrentarnos a la vez con tres o cuatro de esos lobos de primera generación sin que una de sus garras llegue a rozarnos. Y si las matemáticas no me fallan, en un solo asalto caerán entre dieciocho y veinticuatro, sin contar con los que puedas atacar tú. Y todo indica que Mateo sólo lleva seis años con esto. Es imposible que creara más de medio centenar de lobos. Esto será un paseo. Te garantizo que al final terminaremos peleándonos entre nosotros para conseguir matar a una de esas criaturas repugnantes"
El teléfono frenó nuestras carcajadas con su estruendoso toque. Plauto se inclinó para pulsar el botón del manos libres.
"Soy Árvidas. Lyosha, Leo, ¿estáis ahí?"
"Aquí estamos, primo. ¿Has hablado con Nadya? ¿Os ha dicho que debéis volver a casa?", preguntó Lyosha con tono urgente.
"Por eso os llamamos. No podemos regresar"
"Árvidas...", empecé en tono letal.
Estoy dispuesto a consentir ciertas transgresiones por mantener la paz de mi casa, pero no pienso tolerar ninguna desobediencia en lo que a la seguridad de Nadya se refiere.
"Leo, es una emergencia", me interrumpió Ángelo. "Los hombres de Mateo han salido con los lobos. Se dirigen a casa de Malachy. Nosotros vamos hacia allí ahora mismo. Intentaremos poner a salvo a las mujeres y los más jóvenes antes de que lleguen, pero necesitaremos ayuda cuanto antes"
"Patrick, cambia el rumbo. Vamos hacia la casa de Malachy. Ahmed, que los que se hayan quedado cerca de casa de Mateo, la asalten de inmediato y maten todo lo que se mueva. Mujeres, jóvenes, me da igual. Acabad con ellos", ordenó Lisías, sabiendo que sus hombres siempre están atentos a su llamada.
Ni dos segundos después, noté claramente como el avión giraba, alterando su rumbo.
"¿Cuántos son, Árvidas?", pregunté.
"Unos quince guerreros y unos cuarenta lobos. Se mueven muy despacio, y les llevamos bastante ventaja, pero aún así, debéis apresuraros. Ángelo y yo no podemos hacerles frente a todos"
"Lisías, estaremos allí en cuarenta minutos", informó Patrick desde la cabina.
Árvidas dejó escapar una maldición apagada.
"Ellos llegarán antes. Intentaremos detenerlos, pero no os demoréis"
"Avisaré a mis hombres. Ellos pondrán a salvo a las mujeres mientras llegáis. Vosotros organizad la resistencia dentro de la casa. Mis chicos son valientes, pero les falta experiencia para organizar una defensa efectiva. Hablad con Sean. Él os proporcionará todo lo que necesitéis"
"Así lo haremos", dijo Ángelo, antes de colgar.
A partir de ese momento, todo fue a la velocidad del rayo. Mientras Malachy ponía al tanto a sus hombres, Lyosha y yo fuimos a dar las últimas instrucciones a los nuestros. Nada de aspavientos o posturas innecesarias. Dejadnos a los antiguos los lobos, y encargaos de los guerreros. Si por algún motivo os atacan, apuntad al corazón o a la cabeza. Organizad los grupos. Unos atacan, los otros prenden fuego. Pensad, sed serenos. No os separéis, y no os arriesguéis innecesariamente. Hay demasiadas cosas que querría decirles. Demasiados consejos que podría darles, pero no tenemos tiempo. Tendremos que confiar en nuestra propia capacidad para detener a los lobos antes de que nuestros jóvenes puedan acercarse a ellos. Y aunque estoy plenamente convencido de que así será, no me hace ninguna gracia que esto haya sucedido antes de que hayamos tenido ocasión de entrenarlos debidamente.
Treinta y cinco minutos más tarde, Patrick anunció que estábamos sobrevolando los terrenos de Malachy. Descendió todo lo que fue posible, y sesenta vampiros se apresuraron a saltar del avión. Justo a tiempo. Los hombres de Zedong están a punto de traspasar la verja. Si alcanzan a los lobos antes que nosotros, no llegaremos a romper ni una sola de sus cabezas. No me llevó ni un par de décimas de segundo percatarme de que nuestra llegada ha sido providencial para los hombres de Malachy, y para nuestros propios primos. Mateo ha conseguido vencer la resistencia, y ha entrado en el piso inferior. Mis oídos llegaron a captar las voces de Ángelo y Árvidas, ordenando a los guerreros retirarse hasta la última planta. Sin dudar ni un solo instante más, salí corriendo hacia la entrada, con Lyosha pisándome los talones. Antes de que pudiera alcanzar la puerta, los hombres de Mateo se abalanzaron sobre nosotros, intentando impedirnos el paso. No tenemos tiempo para esto. Sin detenernos a colocar los golpes avanzamos entre la maraña de jóvenes guerreros, abriéndonos paso al interior. Nuestros hombres se encargarán de rematarlos. Pronto los antiguos estuvimos dentro de la casa, mientras los jóvenes luchan entre sí. Y entonces los vi de cerca. Los malditos lobos. Su olor lo inunda todo, enfureciéndome de un modo que no recordaba desde mis últimas luchas con ellos. Dejé de pensar con coherencia, y me concentré únicamente en mandar a todas y cada una de esas condenadas criaturas al infierno con su apestoso hedor. Lyosha y yo nos cubrimos mutuamente las espaldas, mientras evitábamos sus garras y dientes, midiendo cada golpe cuidadosamente para ser letalmente efectivos. Lisías y sus hermanos, y Zedong y el suyo, adoptaron el mismo sistema. Parejas de guerreros luchando espalda contra espalda. La parte de mi cabeza que no estaba concentrada en repeler y devolver los ataques de los lobos, percibió que una decena de ellos no se habían detenido para luchar contra nosotros, y continuaban su avance hasta el piso superior.
"Lyosha, arriba", exclamé en su mente.
Mi hermano no tardó ni un segundo en seguirme de un salto al piso superior. Los lobos entraron en tropel en el desván. Ángelo y Árvidas se enfrentaron a cuatro de ellos, consiguiendo retenerlos, pero los demás parecen tener una única idea fija en su mente. Lo comprendí apenas un segundo tarde. Mateo había previsto que su ataque pudiera fallar, y había ordenado a su ejercito maldito cumplir una última tarea desesperada, que conseguiría que su enemigo y creador se torturara durante décadas. Los lobos ignoraban cualquier otra víctima, iban directos a la hembra de Malachy. Dos de ellos la alcanzaron, y alzaron sus garras para atacarla. Ella se encogió, esperando el golpe mortal, pero antes de que éste llegara Lyosha y yo estábamos junto a ella. Sólo recibió un zarpazo en una pierna, antes de que los lobos cayeran bajo el peso de nuestras espadas.
Pocos minutos más tarde, todo había terminado. Me incliné sobre la mujer de Malachy, examinando la seriedad de su herida. Lyosha se detuvo junto a mi, con expresión interrogativa. Antes de que pudiera decirle que no era grave, ella me apartó con gesto impaciente, reprimiendo una mueca de dolor.
"Deja de sobarme, anciano. Ya tuviste tu oportunidad y me rechazaste", gruñó. "¿Dónde está Malachy?"
"No seas desagradecida, Mimí. Estos dos ancianitos te han salvado la vida. Deberías ser más amable", sonó la voz de Malachy a mis espaldas.
"Tiene carácter", reí.
"Ni te lo imaginas", sonrió, aproximándose a nosotros.
Al igual que todos los demás, está cubierto de sangre de pies a cabeza, y su rostro dibuja una sonrisa salvaje. Se inclinó sobre Mimí, y al igual que yo, examinó su herida con ojo crítico. Ella se limitó a mirarlo con un mohín.
"Está bien", declaró al cabo de unos instantes. "Pero necesitas lavarla, y ponerle una venda. Tardará unos cuantos días en regenerarse, y te quedará una preciosa cicatriz"
En lugar de alterarse, ella lo miró con una sonrisa altiva. Supe en ese instante, que a pesar de sus modales ridículos y su actitud descontrolada, Malachy no ha elegido mal a su hembra. Es tan valiente y orgullosa como él. Él se aproximó hasta sus labios y la besó con evidente lascivia, aprobando sin reservas su valor, mientras Lyosha y yo cruzábamos una mirada divertida.
"No es que me moleste, pero quizá deberíais dejar las demostraciones de afecto para un momento en el que decenas de ojos no estén pendientes de vosotros", sonó la voz de Lisías.
Ha entrado en el desván, acompañado por Plauto, Zedong y su hermano Laotse. Todos contemplan la escena con expresiones divertidas y satisfechas.
"Los jóvenes se están encargando de las labores de limpieza, pero antes de que estas concluyan, hay un detalle que requiere tu atención, Malachy", señaló Zedong.
"Por supuesto", sonrió el aludido, poniéndose en pie. "¿De qué se trata?"
Los ancianos se separaron, dejando a la vista a Aníbal y Ahmed, que se aproximaron a Malachy, arrastrando a Mateo que se debatía entre sus manos.
"Hemos pensado que tal vez querrías ser tú quien hiciera los honores", sonrió Laotse.
Por un momento, pareció que Malachy iba a negarse, pero enseguida apareció en su rostro una expresión de ira y decisión inalterable.
"Tú, maldita criatura", gruñó, caminando hacia Mateo. "Has lanzado a los lobos contra mi familia. Has atacado mi casa. ¡Mi casa! Y has intentado matar a mi mujer. Pensé que no sería capaz de decir esto Mateo, pero voy a matarte. Mi creación, mi hijo, morirá a mis manos"
Sin dar tiempo a que nadie reaccionara, levantó la espada y rebanó la cabeza de Mateo con un solo golpe, brutal y decidido. Aníbal le tendió una antorcha, y poco después, Mateo se convertía en cenizas ante nuestros ojos. Malachy bajó la cabeza, aturdido y agotado. Lisías posó una mano tranquilizadora en su hombro.
"Esto ha debido ser difícil para ti. Pero había que hacerlo, y lo sabes. Ahora ya está, todo ha terminado. Tu error ha sido reparado con creces", lo serenó.
"Mis hombres. ¿Cuántos han caído?", preguntó.
"Sólo cuatro", respondió Ángelo. "Son valientes como demonios, amigo. No tienen ni idea de luchar, pero prometen. Ya lo creo que prometen"
Malachy pareció complacido con el halago, y con el escaso informe de bajas. Alzó la cabeza con una sonrisa triste, agradeciendo a Ángelo sus palabras.
"Habéis hecho un gran trabajo", los alabé yo. "Vamos, comprobemos nuestras filas"
Salimos a las escaleras, contemplando como los jóvenes se afanaban en deshacerse de los cadáveres, sacando fuera los restos para poder prenderles fuego con tranquilidad. No es necesario quemar a los lobos, pero ayudará a esconder sus restos, y a librar a la casa de Malachy de su terrible olor.
"Glauco", llamó Lyosha. "¿Cómo están todos?"
El aludido levantó la cabeza con una gran sonrisa.
"Apenas un par de rasguños que ya se han curado. Los lobos no llegaron a tocar a ninguno. Lo que lamento. No me hubiera importado hacerme cargo de un par de ellos". Sonreímos. Son las mejores noticias posibles. Glauco se volvió entonces hacia Árvidas y Ángelo. "Vosotros dos, la próxima vez, procurad incluirme en los planes. Os habéis llevado casi toda la diversión", gruñó.
"Espero que no haya próxima vez", reí yo. "Vamos, terminad vuestro trabajo. Cuanto antes acabéis, antes podremos volver a casa"
Bajamos las escaleras, supervisando la labor de los jóvenes sin mucha atención. Todos han realizado estas tareas antes. Son sencillas, y no requieren de experiencia.
"Me temo que en los próximos días va a ser muy difícil mantener la paz de nuestra casa", sonrió Lyosha.
Solté una breve carcajada. Tiene toda la maldita razón. El olor de la sangre y la adrenalina del combate, ha puesto a todos nuestros jóvenes primos de un humor excelente. Y de algún modo tendrán que quemar sus reservas. Nadya va a tener mucho trabajo controlando a nuestra familia en unos cuantos días. La casa se llenará de jóvenes intentando seducir a todo lo que se mueva, y peleando entre ellos por nimiedades.
"Nadya tendrá suficiente trabajo controlándonos a nosotros, hermano", volvió a reír Lyosha.
"Pues que se maten. Ya vendrán otros", repliqué yo, acompañándolo en sus risas.
"Vamos, hablemos con Lisías y Zedong. Quizá quieran disfrutar de nuestra hospitalidad unos días, y Nadya no nos perdonará que no la avisemos"
Nos reunimos con ellos en el vestíbulo. Al igual que nosotros, ninguno ha perdido ni un solo hombre, y charlan animadamente de los detalles del combate. Los invitamos a ambos a pasar unos días en nuestra casa, a lo que Zedong y Laotse respondieron afirmativamente con una rapidez que me hizo sentir más que orgulloso. Lisías declaró también su intención de quedarse, junto con Plauto. Aníbal y Ahmed prefirieron volver a casa.
"Ha sido un magnífico trabajo", aprobó Zedong. "Habéis resuelto una enrevesada historia en apenas unos días. Y nos habéis proporcionado una buena batalla. No se puede pedir más"
"Vuestros hombres luchan bien. ¿Cuántos habéis recibido?", preguntó Laotse.
"Más o menos una treintena. En seis días", replicó Lyosha, henchido de orgullo.
Tras una breve mirada de asombro, Zedong rió entre dientes.
"Esperad a que lo sepa Pedro. Siempre está presumiendo de los veintiocho que consiguió convocar él en la primera semana"
"¿Sabemos algo de él?", pregunté yo.
Me había olvidado por completo del español, pero como su labor no suponía ningún riesgo, era una omisión disculpable.
"Sabemos que está algo más que enfadado por no haber podido venir aquí. Creo que sus palabras exactas fueron 'no he cruzado el océano para luchar contra gallinitas'"
Todos rompimos a reír, comprendiendo su mal humor. Si yo hubiera tenido que luchar contra mujeres y niñatos en lugar de enfrentarme a los lobos, estaría deseando romperlo todo a mi alrededor.
"Él y sus hombres pasarán unos días en las proximidades de la casa de Mateo. Antes de entrar vieron un par de lobos rondando por los alrededores. Es posible que Mateo no los haya enviado a todos aquí. Tenemos que asegurarnos", explicó Plauto. "Si queda alguno vivo, Pedro le dará caza sin problemas"
"Todo solucionado, entonces", aprobó Zedong.
"Todo no", repliqué yo. Todos se volvieron a mirarme con expresión interrogativa. Sentí a mi hermano tantear mi mente, y asentir en silencio.
"¿A qué te refieres, Leonardo?", preguntó Lisías.
"No sabemos quien le enseñó a Mateo el secreto de la creación de los lobos. Quien quiera que haya sido es tan culpable de esto como él", gruñí. "Y creo tener una idea de quien fue"
Lyosha me miró con curiosidad. La idea había empezado a surgir en mi mente hacía apenas unos segundos, y desde entonces no soy capaz de apartarla. No tengo pruebas de la convicción que se está apoderando de mí, pero es una corazonada tan fuerte, que no lo menos que podemos hacer es comprobarla.
"¿Estás seguro de eso?", preguntó Lyosha, frunciendo el ceño.
"Si. Pero no me preguntes porque", repliqué encogiéndome de hombros.
Lyosha lo consideró apenas un segundo.
"De acuerdo. Volveremos a casa y lo comprobaremos. Aunque si tú crees que es así, es suficiente para mí"
"¿Alguien puede explicarme que está ocurriendo?", preguntó Lisías.
"Leo piensa que Lázaro es el culpable", dijo Lyosha simplemente.
"¿Y en qué te apoyas para lanzar tamaña acusación?", volvió a preguntar.
Me encogí de hombros una vez más.
"En que por algún estúpido motivo, la Madre Naturaleza ha decidido que mis corazonadas serán correctas de ahora en adelante", mascullé.
"Lógico", sonrió Lisías. "A fuerza de guiarte por tu instinto, tu sexto sentido ha terminado por desarrollarse. Un don muy adecuado a tu carácter"
"No está mal", rezongué.
No siento ningún deseo de compartir con Lisías lo que me hace no apreciar mi don como se merece. Sin embargo, algo debió presentir al tantear mis sentimientos, porque me dirigió una sonrisa comprensiva que me hizo sentir aún más estúpido de lo que ya suelo sentirme habitualmente con este tema.
"Vamos, despidámonos de Malachy, y regresemos a vuestra casa. Nadezhda necesitará ayuda, si tu presentimiento resulta ser correcto", nos instó.
"Me ha parecido escuchar que Lázaro es el culpable de todo esto", resonó la voz de Malachy desde lo alto de las escaleras.
"¿Nunca te han dicho que no es educado atender a conversaciones ajenas?", reí.
"Miles de veces. Y estoy totalmente de acuerdo. No es educado en absoluto. Sin embargo, es muy útil", sonrió, descendiendo los escalones para reunirse con nosotros. "Permitidme que os acompañe. Ya he hecho lo más difícil, dejadme terminar la tarea"
Eso es algo a lo que desde luego no podemos negarnos. Malachy ha hecho lo que debía acabando con Mateo, pero no es fácil matar a alguien a quien has transformado. Aunque se trate de un maldito Vainyi que además ha intentado destruir a tu familia. Si ha sido Lázaro quien le reveló el ritual a Mateo, es tan culpable como él, y Malachy necesita venganza. Por lo que ha estado a punto de sucederle a su clan, y por haber tenido que matar a Mateo. Si a alguien corresponde hacerse cargo de Lázaro ese es Malachy. Aunque no puedo negar que me encantará ocuparme personalmente si él duda un solo segundo.
"De acuerdo. Ven con nosotros. Pero prométenos que esperarás al menos hasta que comprobemos si ha sido él", aprobó Lyosha. "Y lo mismo va por ti, Leo"
"Yo no he dicho nada", protesté.
Lyosha me dedicó una sonrisa irónica. Debí imaginarlo. Para variar, estaba dentro de mi cabeza.
"Y no quiero ni imaginar lo que puede ocurrir el día que no esté ahí", rió.
"Lo único que ocurrirá es que tendré la seguridad de ser el único que está en la cama con Nadya", reí a mi vez.
"He ahí otro buen motivo para no darte ni un segundo de intimidad", replicó.
"Está bien, entiendo que quieras aprender de mí. No me importa, en serio. Siempre he sido muy generoso con mi talento", respondí
"Y con tu lengua. ¿Es que no hay forma de que no digas la última palabra, hermano?"
"Por supuesto que si. Sólo tienes que encontrar una frase que me haga cerrar la boca. Aunque te advierto que en once siglos no me ha ocurrido nunca"
Lyosha sacudió la cabeza, sonriente.
"Glauco", llamó, ignorándome "Reúne a los hombres, volvemos a casa"
Después de una carrera por el bosque, en busca del avión, y de un ameno viaje en el que me dediqué a prestar oídos a los comentarios de mis primos y los primos de Lisías sobre el combate, a cada cual más exagerado, Patrick nos informó que tomaríamos tierra en pocos minutos. Miré a Malachy, que se removía en su asiento conteniendo a duras penas su impaciencia. Lyosha y yo cruzamos una mirada. Si Lázaro es culpable, Malachy no tardará ni un segundo en convertirlo en cenizas. Y eso probablemente traería otra guerra.
"Al final voy a tener yo razón, hermano. Si esto continúa así, este continente quedará muy vacío de los nuestros", reí en la mente de Lyosha.
Me devolvió la sonrisa, divertido. Lyosha quizá sea en apariencia mucho más controlado y sensato que yo, pero la posibilidad de acabar con otro posible rival y por la vía violenta le hace tanta gracia como a mi. Planifica, controla, prepara. Y al final se lanza a la batalla tan alegremente como yo. Y a esta no va a poner ninguna pega. Los dos sabemos que, si finalmente hay que luchar, ganaremos sin problemas.
Antes de que el avión se detuviera por completo, mi hermano, Malachy y yo bajamos de un salto ante la mirada desaprobadora de Lisías. Lyosha se concentró tan solo un instante.
"Están con Nadya. Gregory y Lázaro. Nadya acaba de decirles que ya vamos a reunirnos con ellos. Está tranquila, y Peter también", comentó, sin dejar de caminar hacia la casa. "Está bloqueándome. Me llevará unos segundos. Esperad mi señal", ordenó.
Entramos en la mansión caminando lentamente, ofreciéndole tiempo a Lyosha para que pudiera saltarse el bloqueo de Lázaro. Abrió la puerta sin decir ni una sola palabra, concentrado únicamente en los pensamientos de nuestros dos visitantes. Nadya se levantó sonriente para recibirnos, pero la sonrisa murió en sus labios al ver la expresión concentrada de mi hermano y mi propia mirada alerta. Gregory y Lázaro se pusieron igualmente en pie, y al volverse hacia nosotros, una mirada preocupada apareció en el rostro de este último. Sin embargo, Gregory, saludó cortésmente, sin ningún rastro de prevención. Si Lázaro tiene algo que ver en esto, su hermano no parece estar al tanto.
"Leo, sujeta a Malachy", susurró Lyosha, para volverse a continuación hacia Lázaro. "Fuiste tú", acusó.
Lázaro bajó la cabeza y asintió un par de veces. A continuación alzó la vista, retador.
"Matadme si lo creéis oportuno. No me resistiré. Si otro hubiera roto el juramento, yo lo haría sin dudarlo. Sin embargo, aunque no me creáis, os aseguro que mi intención no era revelarle nada. Simplemente, no pude resistirme. No sé que sucedió"
"¿De qué estás hablando, hermano?", preguntó Gregory alarmado. "¿Por qué iban a querer matarte?"
"Mi hermano no sabe nada. Tú puedes confirmarlo, Aleksei. Haced conmigo lo que queráis, pero perdonadle la vida a mi familia", pidió Lázaro.
Malachy se retorció en mis brazos, intentando soltarse, y abalanzarse sobre Lázaro. Lo sujeté con más firmeza. No tengo ni idea de lo que piensan los demás, y habrá que esperar a que Lyosha lo confirme, pero para mí, Lázaro está siendo sincero. Es lo bastante joven para caer bajo el embrujo de un Vainyi, y si Mateo deseaba realmente conocer el secreto, no le costaría demasiado sonsacarlo.
"Tú decides, hermano", dije. Lyosha se volvió hacia mi, sacudiendo la cabeza.
"Es sincero, ya lo sabes. Pero aún así, fue él quien reveló el secreto", respondió.
"Pero jamás lo habría hecho si Mateo no fuera un Vainyi. Y eso es culpa de Malachy", protesté.
"La decisión le corresponde a Malachy", medió Lisías, que acaba de entrar, acompañado por Zedong. "Es a él a quien han atacado los lobos, y es él quien ha perdido más hombres. Y desde luego, esta historia empezó con él"
"Estoy de acuerdo", aprobó Zedong. "Si hubiera sido intencionado, no tendríamos dudas. Pero Malachy fue el primero en caer bajo en embrujo de Vainyi. Y sin eso, no estaríamos aquí"
"Yo opino lo mismo", dijo Lyosha, mirándome fijamente.
Sacudí la cabeza. No me gusta que un hombre pague por un error cometido contra su voluntad. Nadie ha culpado a Malachy por transformar al Vainyi, y ese fue el primer fallo. Sin embargo, tienen razón. No es a mí a quien corresponde la decisión sobre la vida de Mateo.
"De acuerdo", respondí, liberando a Malachy.
Éste no dudó ni un segundo en encararse a Lázaro. Lo miró con ira, pero debatiéndose consigo mismo.
"Si en algo te ha perjudicado mi error, lo lamento. No pretendo detenerte. Sólo disculparme sinceramente"
Malachy dejó caer los brazos, y sacudió la cabeza.
"Está bien. Jamás te habrías visto en esta situación de no ser por mi", se volvió hacia nosotros. "Él culpable ya está muerto. Dejémoslo aquí", murmuró.
"Has hecho lo correcto", aprobó Lyosha, apoyando la mano en su hombro.
"¿Habéis acabado con Mateo?", preguntó Lázaro.
"Hasta con el último miembro de su clan", gruñó Malachy.
"¿Están todos bien?", preguntó Nadya.
"Perfectamente, querida", sonrió Lyosha. "Pero hablaremos después de eso. Ahora deberías ofrecerles una habitación a estos hombres. Habrá mucho de lo que hablar en los próximos días, y necesitarán un lugar donde descansar"
En la cara de Nadya apareció una sonrisa que casi le partía la cara por la mitad.
"Por supuesto. Si sois tan amables de acompañarme...", ofreció.
Lejos de sentirse preocupada por tener que alojar a los cabezas de cuatro clanes, Nadya parece encantada con la idea. Y que yo sepa, no tenemos suficiente espacio para tanto. Lyosha y yo dejamos pasar a nuestros invitados, y seguimos a Nadya a través del vestíbulo. Nadya abrió una puerta detrás de las escaleras, que hubiera jurado que ayer no estaba ahí. Y lo que apareció ante mis ojos me dejó boquiabierto. El viejo granero anexo a la casa se ha convertido en un magnífico alojamiento, con cuatro apartamentos claramente diferenciados. Dos en el piso superior, y dos en el inferior, a los que se accede desde un pequeño recibidor.
"Cada apartamento tiene dos habitaciones, un baño, y un pequeño salón. Espero que todo sea de vuestro agrado. Malachy, puedes ocupar el de la derecha. Lázaro y Gregory se pueden quedar con el de la izquierda. Lisías, Zedong. Estoy segura de que os encantará el piso superior. Las vistas son magníficas", sonrió, guiándolos escaleras arriba.
"Ahora ya sabemos cual era la sorpresa, hermano", sonrió Lyosha, cuando Nadya se perdió escaleras arriba, comentando animadamente los detalles de la construcción, en su papel de perfecta anfitriona. "Y no me cabe duda de que en algún sitio debe haber seda"
"En cuanto baje esas escaleras, me da exactamente igual que haya seda. No pienso dejarle abrir la boca", repliqué, ante la mirada sonriente de mi hermano. "¿Cómo diablos se le ha ocurrido pensar en esto?"
"No lo sé Leo. Pero si sé una cosa. Pronto será una de las mejores damas de clan", respondió.
"La mejor, hermano. La mejor", lo corregí.
