CAPÍTULO 5. Un beso

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿alguien podría decírmelo? Solamente el silencio contesta las preguntas que una mente en blanco lanza al aire, ¿cuántas horas, días, semanas ha dormido? No lo sabe, lo único que puede sentir es como si le hubieran azotado con el látigo de siete colas, el dolor no ha disminuido en todo este tiempo, al comienzo no era capaz de enfocar nada en la oscuridad, todos sus huesos crujían, y el dolor en su mano era insoportable, si no hubiera tenido control de sí mismo hubiera gritado de dolor, era como si hubiera perdido una parte de él.

Afortunadamente para él, el lugar donde se encontraba oculto le sirvió muy bien de guarida, la vigilancia no le detectó durante todo este tiempo, pero, dime oh hermosa señora del destino, tu que sabes cual es el lugar de cada quien, contéstame ¿Por qué has cambiado su suerte, justamente en este momento?

Sherley se encontraba muy abrumada, el doctor Thompson se ha molestado con ella justamente esta tarde, le ha dicho que ha notado lo descuidada que es en ocasiones respecto a todo el material quirúrgico, por lo que esta noche, no habrá cita romántica en algún bar, en lugar de eso tendrá que estar al pendiente de un paciente que esta a punto de irse.

Sherley estaba molesta, pero ¿Cómo decirle que no, al atractivo doctor Thompson? Ni hablar, tendrá que obedecerle, porque, ¡que lindo se ve el doctor molesto! La hermosa enfermera entra en la habitación del hospital donde Frank se esta preparando para ir a casa, después del peligro en el que se encontraba, los doctores han decidido que se ha recuperado lo suficiente para que regrese a su casa a disfrutar del amor de su hija. Frank esta feliz ha tenido una segunda oportunidad…

No solamente él ha tenido una segunda oportunidad, también aquel que se encuentra tratando de recuperar sus fuerzas goza de una segunda oportunidad ¿para qué? Esa es la pregunta, ha logrado despertar en varias ocasiones de su somnolencia, pero cuando intenta formularse alguna pregunta respecto a quien es, solamente el silencio y el vacío le envuelven. Simplemente no recuerda nada.

La patrulla de la tarde de ciudad Sherley comenzó su propia ronda ajena a cualquier preocupación de la enfermera o del paciente que cuida en esos precisos momentos. La patrulla local solamente patrullara en la sección rugosa del paladar, la linda enfermera ha estado consumiendo un producto para blanquear sus perfectos dientes que ha irritado esa zona y es necesario revisar que no haya ninguna infección porque sino ¿Qué pasara cuando tenga que disfrutar los besos del doctor Thompson?

Un ligero ruido ha despertado a aquel que desea recuperarse de una vez, ha estado en una misma posición por horas y ya lo ha comenzado a sufrir, además no ha comido nada, ha perdido la conciencia por largos intervalos de tiempo, tal vez es debido a los efectos de los gases del alcohol que soporto por tanto tiempo, y ahora han repercutido en su dañada salud pero, ¿acaso él lo recuerda?

La patrulla apunta con sus linternas en el área lastimada del paladar, no es más que una muy leve irritación, nada de que preocuparse; mañana por la noche cuando el doctor Thompson le haya perdonado y disfruten una vez más de sus mutuos besos, esa irritación no presentara ningún problema. Están a punto de irse a descansar cuando algo extraño llama su atención ¿Qué es eso?

Vamos señor Frank- dijo coquetamente Sherley- ya le he tomado la temperatura muchas veces ¿Cuántas más debo hacerlo?

Espere, es que creo que estoy todavía un poquito mal- dijo el paciente fingiendo toser un poco.

Basta, niño malo- dijo ella divertida- ya es hora de que lo consientan en su casa.

Oh, por favor ¿no hay ni un besito para el enfermito?- dijo poniendo ojos de cachorro huérfano.

Uhm, lo voy a pensar- fueron sus palabras ante la cara de derrota de Frank.

¿Qué es eso?- pregunto un miembro de la patrulla. Un tipo delgado que apuntaba con su lámpara a lo que parecía un capullo de los que salen las mariposas.

No tengo idea- contesto uno de sus compañeros- tal vez solamente se trata de algún parasito o bacteria. Con una asustadita le va a bastar

Antes de que alguien entienda que paso, el capullo ha desaparecido. En su interior, el que buscaba descanso fue despertado de golpe por el deslumbrante haz de luz de la linterna, su vista esta muy cansada y sus ojos muy dañados como para soportarlo, antes de que esa tortura vuelva a deslumbrarle con un rápido movimiento, aunque en mejores condiciones lo hubiera dado mejor, se mueve a un lugar oculto en las sombras para que dejen de molestarlo.

La patrulla no esta conforme, con la desaparición de esa extraña cosa, una vez detectado como buenos elementos de la policía de ciudad Sherley le buscarán para ver sino es dañino y peligroso. Para su mala suerte una vez más hacen uso de sus linternas, dando exactamente donde La Muerte Roja se ha ocultado, el brillo le ha deslumbrado, los agentes de la patrulla se han visto sorprendidos, con el aspecto de la Muerte Roja, más parece que han visto un monstruo ¿es bacteria, es virus, que aspecto tiene? Uno muy malo por cierto. Con el temor de no saber a que se enfrentan, lo primero que se les ocurre es hacer uso de sus pistolas. Mala idea.

Uno de los agentes hace blanco en la Muerte Roja, éste no entiende porque del ataque, pero algo muy dentro de él le dice que no debe permitir ese trato, Él es más que ellos, para permitirse esa afrenta, aunque a penas puede sostenerse sobre sus propias piernas debido a la debilidad, les hace frente ¿Qué esta haciendo, no era mejor esconderse, huir? No, contesta su orgullo herido, pelear o morir peleando.

La confusión inunda todo el lugar, los agentes disparan en ocasiones dando en el blanco, ya que La Muerte Roja no es tan rápida como debería, otras otros agentes caen debido a un golpe dado por su atacante, con quejidos de dolor, han soltado las linternas, los mortecinos rayos de luz que les brindan solamente pueden asemejar la escena a una de esas películas de misterio o terror donde un ente esta acabando con todos sin que estos puedan hacer algo por defender sus vidas como debería.

El agotamiento ha llegado a La Muerte Roja, no puede sostenerse por más tiempo, y a la vez, no puede permitir que esos miserables agentes le atrapen; es como un mecanismo de defensa que tenga muy grabado en el subconsciente. La única salida, es escapar, no esta de acuerdo con esa solución, pero todo general sabe que en ocasiones debe dejar el campo de batalla para poder ganar la guerra…

Una luz brilla de repente, no soporta tanta luz, pero al parecer es la única forma de escapar, ese lugar que le ha servido de protección ya no puede albergarle más… Un agente ha sobrevivido y ha visto caer a sus compañeros, aunque muy golpeado por esa amenaza que no sabe de donde ha llegado, toma su pistola y le sigue aunque cojeando visiblemente de una pierna.

Por última vez travieso- alego de nuevo la enfermera- he dicho no, no es mi tipo.

Oh, por favor solo uno, uno chiquito, uno de amigos ¿si?- dice Frank suplicante.

Bueno, uno- dijo ella como niña consentida- pero, no lo presumas con tus amigos.

Frank no puede creer su suerte, un beso de una diosa, y ¡que diosa!

La Muerte Roja ha salido de la protección de la boca de la enfermera, el viento de la habitación del hospital le da de lleno en la cara, es un aire tan puro que le marea, al parecer es mejor regresar al interior, si, se ha sobrelimitado en sus fuerzas y ahora debe descansar. No tiene tiempo de pensar nada, debido a su debilidad no ha notado que muy cerca de él a sus espaldas el agente que ha sobrevivido apunta su pistola, justo cuando él, el que antaño fue temido por todos gira, el agente asustado, pensando ser víctima de otro ataque dispara. Haciendo un perfecto blanco, ¿o no tan perfecto? Ha dado limpiamente en el hombro de la Muerte Roja éste intenta descargar su furia contra el pobre agente; pero, justo en ese momento un terrible temblor les hace perder el equilibrio a ambos.

Es Sherley que por fin ha decidido darle un beso a Frank para que la deje en paz; el virus y el agente están indefensos ante este terrible juego del destino, La Muerte Roja esta más al filo de los labios de la diosa, cuando ella se acerca a Frank para el funesto beso, el virus pierde el equilibrio, con mermadas fuerzas puede sujetarse por unos segundos al piso de color carmín ¿este es el final, el verdadero final? piensa mientras ya no puede sujetarse.

El agente ha logrado escapar por un pelo y ahora lo único que desea es regresar al interior de ciudad Sherley no importa no ser héroe, no importa no ver el final del monstruo que acabo con sus amigos, lo único que le importa es escapar.

La Muerte Roja no lo resiste más, puede ver como cada uno de sus dedos se va resbalando, menos de un minuto y caerá la vacío; y lo peor es que morirá sin recordar nada, cuando están al borde de la muerte, dicen que ven su vida pasar ante sus ojos, ¿Qué vida verá él sino puede recordar nada? El momento llega, tan rápido como los latidos de su corazón, antes de que pueda hacer algo, se ha soltado, el final de su caída es incierto.

Frank ve con deleite como los labios de la enfermera se acercan a él. ¡Oh, sí, por esto vale vivir! Pero su feliz pensamiento se desvanece cuando la enfermera le ha besado en la frente. Frank solo suspira desilusionado.

Lo que para Frank fue una tragedia, para alguien más ha sido un favorable golpe de suerte, en el momento en que La Muerte Roja se soltó, Sherley acercó sus labios a la frente de Frank, lo que provocó que el terrible villano, la amenazante Muerte Roja cayera en el lugar menos creíble de todo Frank… su ojo

La Muerte Roja ha logrado ganar una segunda oportunidad, ¿acaso el agente Jones tendrá que preocuparse por esta vuelta de la rueda del destino?

Continuara…