Nuevo capi! Más vale tarde que nunca! Este fic está teniendo mucho éxito, y tengo muchas ideas... Ideas perversas!

Espero que os guste!!


La estridente música resonaba por los pasillos de la residencia superior para deleite de muchos y desagrado de otros. Neji dirigió una mirada de desdén a sus compañeros de curso cuando pasó por delante del cuarto de Choji y Shikamaru para salir al exterior, buscando la tranquilidad que necesitaba para pensar y que le era imposible encontrar gracias a la fuerte música que salía del equipo de música que Naruto había transportado hasta allí. La canción culminó con un largo grito del vocalista y todos se rieron de la cara roja de Kiba que intentaba imitarle.

Naruto se desplomó sobre la cama del Nara pensando que una tarde con sus colegas valía mucho más que su insana relación con el Uchiha. Puso sus manos detrás de la cabeza y suspiró. La vida era sencilla… Tenía al payaso de Kiba que era el ser más simple del universo después de él mismo, y por ello era su mejor amigo, al simpático Choji que le aseguraba provisiones de patatas y cervezas de por vida, y hasta el friki de Lee era una buena compañía en ocasiones…

-Oye, ¿y Shikamaru donde está?-preguntó el rubio a Choji

-Pues con su rubia…-Todos lo muchachos gruñeron fastidiados- Sé que es rubia porque es una de las pocas cosas que me ha contado… Me asusta, parece que esta vez va en serio…

-Va, todos conocemos a Shikamaru-que-problemáticas-son-pero-me-las-follo-a-todas, este no se pilla-aseguró Kiba que rebuscaba entre los discos buscando que poner.

-No sé yo, no sé yo…

-Pues a mi me ilusiona que Shikamaru-kun haya encontrado con quién compartir la llama de su juventud-dijo Lee con estrellitas en los ojos. Los demás ignoraron la pastelada.

-Que mal rollo tíos, enamorarse es lo peor que le puede pasar a uno-dijo Kiba mirando al techo-Si te enamoras te conviertes en el perrito de una tía y dejas de ser uno mismo. Si algún día me pasa eso, me pegáis un tiro…

-No digas chorradas Kiba, adoras a las mujeres-contestó Choji con paciencia.

El Inuzuka gruñó:

-Adoro follar con ellas, no hablar con ellas, ni ir al cine agarraditos de la mano y demás mariconadas.

Choji rió dejando por imposible a su amigo.

-Yo nunca me he enamorado, pero me gustaría encontrar a una chica a la que querer y que me quisiera a mí. No soy un picaflor como vosotros-Ahora fue Kiba el que rió ante lo dicho por Choji.

-Considero que el amor es la fuerza que mueve el universo. Si algún día mi adorada Sakura-chan me diera una oportunidad…-Lee puso cara de mártir por un momento, y luego prosiguió-Y tú, Naruto-kun, ¿crees en el amor?

-Yo solo quiero una mujer. Una mujer con tetas…-contestó el Uzumaki todavía en la cama con el ceño fruncido. Los otros tres se miraron entre ellos extrañados y luego rompieron a reír mientras Kiba le daba al play pidiendo a sus amigos que no dejaran beber más a Naruto…

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Shikamaru cruzó los extensos jardines que separaban su residencia del campus universitario con las manos metidas dentro de la chaqueta, completamente helado.

La residencia de la universidad era un edificio regio y antiguo, como todos los de la academia, pero especialmente lúgubre a pesar que la vida allí dentro era una juerga durante gran parte de año.

Aunque era mixta, como su propia residencia, los pasillos estaban diferenciados por sexos. Se distinguía de la suya en que no existía ninguna prohibición que dijera que los hombres no podían estar en la zona de mujeres, o viceversa.

Aquello era una gran ventaja, aunque teniendo en cuenta la ajetreada vida sexual de los de su generación, de poco servía la prohibición.

Conocía el camino pero se sintió un poco perdido entre tantas puertas y todas aquellas muchachas que recorrían el pasillo montando follón, pidiéndose cosas o comentando los planes para el fin de semana.

-Vaya yogurín-exclamó una muchacha descaradamente cuando pasó a su lado, y Shikamaru sintió algunos pares de ojos recorriendo su cuerpo.

-Eres una pervertida Luthien.

-No más que tú Yamanaka-contestó la otra y Shikamaru no pudo evitar mirarlas. La que había llamado a su amiga por el apellido de Ino tenía una melena negra con mechas rojas y la otra, que enrojecía por momentos, era rubia y Shikamaru la reconoció como la prima mayor de su amiga.

-¿Cuántos millones de veces tengo que repetir que me llamo Umi? ¡Umi! No me gusta tener nada que ver con la estirada familia de mi padre.

-Más allá de su dinero…-añadió con sorna una morena que estaba junto a las otras dos. A continuación clavó sus ojos en él-Tú eres Nara Shikamaru, ¿cierto?

-¿El Nara?-preguntó extrañada la chica que se llamaba Umi.

-Pues como ha crecido el nene, y que bien crecido, valga la redundancia-añadió Luthien.

Las tres muchachas rompieron a reír y Shikamaru se sintió aun más ridículo y avergonzado ante aquellas chicas mayores que él y tan guapas.

-¡Meiko, Umi, Luthien! Dejar al chaval-dijo en ese momento una voz masculina con fingida severidad.

-Sí, mi general-contestó la del pelo negro haciendo un gesto militar al chico que se les acercaba.

Uchiha Itachi le dio un golpecito en la frente a la chica que puso morritos y le devolvió un golpe en el brazo.

-Buenas noches, Shikamaru-dijo el Uchiha sobándose el miembro dolorido.

-Buenas noches, Itachi-saludó el moreno al hermano mayor de su compañero.

-Estas son Meiko, Umi y Luthien, el trío del infierno. Te recomiendo alejarte de ellas…

-¡Ey! Nosotras somos angelitos-dijo Umi poniéndose el cabello detrás de la oreja y miró a Shikamaru con sus ojitos verdes brillantes. Shikamaru tragó saliva y presintió que aquella inocencia era toda fachada.

-Lo que te dije, eres demasiado niño para ellas… ¿Qué haces por aquí?

Shikamaru percibió la curiosidad de las muchachas, y como la morena que le había reconocido susurró algo al oído de las otras que sonrieron con malicia.

-Dar un paseo…

-Extraño sitio para dar un paseo, Nara-dijo Meiko y sonrió-Pero bueno, disfruta de la visita…-El moreno asintió y huyó por el pasillo a toda velocidad. Los cuatro jóvenes observaron como su coleta se perdía entre la multitud, girando en el pasillo por el que todos sabían que giraría.

-Bueno y hasta aquí el misterio de quién es la nueva conquista de Temari-concluyó Meiko.

-¡Que poca vergüenza! ¡Tiene la misma edad que su hermano pequeño!-exclamó Luthien mosqueada porque su amiga no se lo hubiera contado antes y la hubiera prohibido explícitamente abusar de su hermanito Gaara.

-Uff, es que está muy bueno…-susurró Umi y las otras asintieron.

-Bueno chicas, dejar de moriros de envidia, y vamos a disfrutar de la noche del viernes. ¡Hay Itachi para todas!

-No, no, Uchiha. Tú eres entero de mi propiedad-bromeó Luthien agarrando posesivamente del brazo al moreno.

-¡Ja! En tus sueños, bonita-contestó Umi sujetando el otro brazo.

Meiko e Itachi suspiraron al unísono acostumbrados a la guerra infinita en aquellas dos…

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Shikamaru secó las manos sudorosas en los pantalones y tragó saliva antes de llamar a la puerta. Le resultaba increíble ponerse tan nervioso por ver a una mujer.

La chica le abrió con su habitual sonrisa, que ponía aun más nervioso al Nara, y le invitó a entrar sin mediar palabra.

La habitación era pequeña, con dos camas y dos escritorios, atestada de libros, discos y prendas femeninas.

-Perdona el desorden, Luthien es una verdadera cochina-dijo Temari sentándose sobre su cama. Desde su posición Shikamaru podía ver más allá del pronunciado escote de la chica. Reprimió el impulso de abalanzarse sobre ella en ese preciso instante.

-¿Luthien? ¿Es tu compañera de cuarto?-preguntó disimulando su turbación Shikamaru mientras dejaba su chaqueta sobre una silla-La he conocido, a ella y a dos más… ¿Cómo las ha llamado Itachi?... Si, el trío del infierno.

Temari asintió.

-Luthien, Meiko y Umi. Ándate con ojo con esas tres…

-¿Celosa?-preguntó observando el gesto de la rubia.

-No me hagas reír. Yo no me pongo celosa por nadie, y menos por ti. Sé que te tengo a mi pies, bebé.

Shikamaru no se sintió ofendido por el comentario. Esbozó una media sonrisa y se acercó peligrosamente a la muchacha.

-¿No será al revés?-preguntó mirándola a los ojos a escasos centímetros de su rostro.

-No tienes ningún poder sobre mí más allá del que yo quiera darte-mintió Temari y recorrió la distancia que les separaba para silenciar a aquel niñito insolente.

Había que reconocer que besaba deliciosamente bien. Hasta el punto de hacerle perder la poca cordura que le quedaba. Había que reconocérselo a una misma, pero ni por asomo hacérselo ver a él. Por eso no dejó que Shikamaru tomara en control, y le atrapó en una red de besos posesivos y caricias lascivas hasta tenerle sometido a ella.

Le empujó hacia la cama y se tumbó sobre él con sorprendente agilidad y rapidez.

Pese a eso su pupilo no parecía muy dispuesto a dejarse hacer y enredando sus dedos en los cabellos de ella, echó su cabeza hacia atrás y se dispuso a morder la sensible piel del blanco cuello de la muchacha. Temari se maldijo a sí misma por no ser capaz de reprimir un gemido cuando la boca del Nara apresó su piel. Perdió la capacidad de raciocinio cuando esa boca descendió por su cuello y fue mordiendo por doquier, mientras las masculinas manos aun aferraban su cabello, con nada de delicadeza, en venganza por el intento de sometimiento.

Temari aprendió la lección: Shikamaru Nara no se dejaría domar. Aquel era su terreno, y el único en el que lucharía por su superioridad.

Así que se dejó hacer, sorprendiéndose del placer que le provocaba estar rendida a él. En aquel momento supo que nunca permitiría aquella situación con otro hombre que no fuera Shikamaru. Aquel pensamiento la excitó y asustó de igual manera.

Shikamaru miró a Temari que le retaba a continuar con la mirada pero al mismo tiempo le demostraba que estaba tan perdidamente enamorada de él como él de ella. Ella no lo sabía, ni él lo aceptaba, pero era un hecho irrefutable. Por ahora, le demostraría que estaba muerta de deseo por él. Recuperó la posición dominante quedando sobre ella, y sin mucha ceremonia se libró de la molesta camisa y el sostén de la muchacha.

De todas las mujeres a las que había visto desnudas, que eran unas cuantas, Temari era de lejos la más bella. Sobre todo la más mujer, como demostraban sus pechos firmes y llenos, que le hacían volverse loco de lujuria y sentir su yo más salvaje. El rostro de ella le demostraba que aquel escrutinio la exasperaba y se sintió complacida de que Shikamaru decidiera por fin actuar, besando uno de sus pechos mientras acariciaba el otro con su mano cálida y algo áspera, con insólita maestría.

De todos los hombres con los que había yacido, que eran unos cuantos, Shikamaru era el que más dedicación había centrado en sus senos. Sin duda eso le agradaba. Incluso se sintió algo decepcionada cuando él los abandonó para besar su vientre con besos cortos y suaves, que parecían más bien caricias.

Se sentía tan caliente que creía desesperar, pero sabía que Shikamaru era un hombre sistemático, que anteponía su deseo y el suyo propio, por el simple placer de convertir el sexo en algo superior a la saciedad del deseo.

Desabrochó sus vaqueros y se desprendió de ellos junto a su ropa interior con lentitud. Ella separó las piernas y se tragó sus peticiones de que terminara ya, porque sabía que él no le haría caso. Aunque ambos llevaran todo el día desesperados porque llegara el momento…

Temari cerró los ojos al tiempo que dejaba caer su cabeza y se aferraba a la colcha, preparándose para su tortura y bendición particular. La boca de Shikamaru devoraba su piel como si se tratara de un hambriento que come después de un largo período de ayuno, o simplemente como un hombre lleno de deseo que quería aniquilar sus defensas y dejarla totalmente a su merced. Y lo conseguía, lograba derribar el muro que había construido a su alrededor durante toda su vida. No solo con aquello, si no también con su atrayente personalidad y su singular forma de pensar…

Los gemidos de Temari y su sabor en la boca, eran una autentica bendición para él. Se relamió como un gato satisfecho y Temari le miró con los ojos velados de deseo, sin ningún pudor. De nuevo, con asombrosa velocidad la muchacha se incorporó y tironeó de su jersey hasta desnudarle. Shikamaru entendió que los gestos de Temari significaban que necesitaba culminar aquello ya. Se sintió totalmente de acuerdo con los deseos de ella. Él también ardía en deseo de fundirse con aquella mujer, pero no podía resistir la tentación de disfrutar de su hermosísimo cuerpo.

Temari le quitó el resto de sus prendas con manos temblorosas y sonrisa de niña ansiosa a punto de abrir sus regalos de navidad. En cuanto lo hubo desnudado, le atrajo hacia sí rodeando con las piernas su cuerpo al tiempo que apresaba sus labios. Shikamaru correspondió el beso sintiendo que Temari le absorbía por la boca, le llenaba con su sabor y le hacía enloquecer. Que perecería en los labios de ella y no le importaba… Cuando ella le sintió en su interior mordió con fiereza los labios de él provocándole un dolor ínfimo comparado con el placer que sentía.

Temari no se sentía dueña de sus actos, los labios de Shikamaru sangraban y a ella no le importó. Era tal su gozo que si no hacia aquello creía morir, incapaz de expresarlo con palabras o poder razonarlo. Solo era capaz de hacer eso. Morder, arañar… Como si de un animal salvaje se tratara. Y seguir el ritmo que él marcaba, llevándola al más maravilloso delirio.

Shikamaru sentía que terminaría pronto. Temari, en sus brazos, temblaba con la cabeza escondida en el pelo de él y las uñas clavándose en su espalda. Llevó la mano hasta el enmarañado pelo rubio y tiró de ella para situarla junto a su cara. Con las frentes juntas, empapados de sudor, mientras se miraban a los ojos, culminaron juntos.

Temari cerró los ojos. De repente sus brazos perdieron su fuerza y se dejó caer sobre el colchón. Notó que Shikamaru se echaba sobre ella, y no le molestó su peso. Le abrazó débilmente mientras él besaba su rostro.

-Te amo-susurró a su oído. No quiso decirlo, pero lo dijo. Porque así lo sentía…

Ella no contestó, pero le abrazó con fuerza, uniéndole a ella…

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Era una noche extremadamente tranquila. No corría le viento, y en la superficie del lago brillaba la luna llena. No sintió ninguna gana de ir a dormir. Los ronquidos de Choji no resultaban nada alentadores después de haber sentido la piel de Temari junto a la suya. Ojalá pudiera dormir junto a ella…

Decidió subir a la azotea de la residencia, su lugar preferido para mirar al cielo, y cual fue su sorpresa a encontrar una figura sentada sobre la balaustrada.

La muchacha parecía abstraída en la contemplación de las estrellas y sus ojos azules brillaban por las lágrimas. Vestida con un batín blanco y su larga cabellera suelta, que brillaba extrañamente a la luz de la luna, Ino parecía intangible, como si de un espectro se tratara. Shikamaru sintió la tentación de volver dentro, pero supo que Ino necesitaría de su compañía. Recordaba la fecha a la que estaban…

-Ino-susurró para que ella no se sobresaltara.

-Shikamaru…-dijo ella mirándole mientras tomaba asiento a su lado. Intentó secarse las lágrimas con la manga pero la mirada de su amigo hizo que salieran en mayor cantidad-Lo si-siento-balbuceó.

-No tienes nada que sentir-aseguró Shikamaru, pero la orgullosa Ino apartó el rostro. Shikamaru suspiró sabiendo que sería difícil consolar a la chica. En ese momento, se dio cuenta de que Ino apretaba su teléfono móvil en un puño-¿Tu padre?-preguntó sin más explicación.

Ella asintió sin mirarle todavía:

-Le dejé un mensaje a su secretaria ayer… Esperaba que viniera a buscarme hoy, ir a ver a mamá, comer juntos, hablar…-Los hombros de Ino temblaban mientras hablaba, reprimiendo los sollozos-No me ha contestado… Solo un mensaje de su secretaria diciendo que estaba muy ocupado, y que pronto me mandaría una sorpresa…

Ino calló. Shikamaru puso una mano sobre su hombro y ella se sintió con fuerzas para proseguir:

-Yo no quiero ninguna sorpresa-le dijo mirándole a la cara-Ni dinero, ni nada de eso… Quiero que mi padre este conmigo… Como antes de que mi madre muriera…

La chica se apretó contra él y Shikamaru la abrazó intentando reconfortarla.

Ese día hacían cinco años desde que Naomi Yamanaka muriera en un accidente de tráfico. Fue una época horrible. Los periódicos sensacionalistas llenaron páginas y páginas con rumores que aseguraban que la mujer iba acompañada en el momento del accidente con uno de sus numerosos amantes, y los Yamanaka tuvieron que soportar meses de preguntas indiscretas y estar en boca de todo Japón. La que más sufrió fue Ino, que en aquel entonces tenía poco más de doce años. Su padre dejó de prestarla atención, llenando la carencia de madre de su hija con regalos y caprichos, que hicieron a Ino de alguien frívolo que escondía su gran sufrimiento interior.

Parecía que a la gente se le había olvidado la historia de la señora Yamanaka, y consideraban a Ino una más de las niñas mimadas y huecas que estudiaban en aquel internado. Shikamaru sabía que aquello no era cierto, ya que conocía a Ino desde que eran bebés, pero no compartía la forma de actuar de ella, y no la había ayudado como debiera. Se sintió algo culpable en ese momento…

-Soy una persona mezquina-susurró Ino entonces como si leyera sus pensamientos-Me merezco que nadie me quiera, ni siquiera mi padre…

-Ino, eso no es cierto. No eres una persona mezquina, y hay mucha gente que te tiene aprecio… Creo que el dolor de tu padre es demasiado grande para que pueda afrontarlo. Él no es capaz de mirarte sin que el recuerdo de tu madre le mortifique.

-No es justo…

-No, no lo es. Pero también tienes a Sakura, a Choji… A mí. Somos tus amigos.

Ino le miró y sonrió tristemente.

-Vosotros sois mis amigos, sí. Como tu bien has dicho me tenéis aprecio… Pero nadie me ama, y creo que no soy capaz de amar a nadie tampoco…

-No digas tonterías Ino. Todos podemos amar, y hay muchos hombres que morirían de amor por ti.

-Dudo que por algo más que por mi físico o mi dinero-Ino suspiró secándose el rostro y se coloco el pelo antes de proseguir-Y solo conozco a dos hombres de los que podría enamorar… Uno de ellos eres tu Shikamaru Nara.

Shikamaru abrió los ojos y se le subieron los colores. Se maldijo a sí mismo por haber provocado aquella situación. Ino le miró y rompió a reír. Una risa sincera y hermosa muy distinta a la que solía utilizar.

-Pagaría por ver esa cara de nuevo-dijo la chica cuando dejo de reír-Pero no he dicho ninguna mentira, Shikamaru. Eres la persona más especial que he conocido y nunca me has juzgado. Te admiro de verdad…

-Gracias Ino… Yo te tengo mucho apreció, y sabes bien que no me desagradas-Ino puso cara de ensueño recordando noches pasadas con el Nara-Pero yo… Yo estoy enamorado de otra mujer…

-¡Eso si que es nuevo! No puedo creerlo… Pero me alegro por ti. Sé que hace tiempo dejé pasar mi oportunidad contigo.

Shikamaru sonrió a la chica. Pensó que si Ino se mostrara tan sincera y natural con el resto del mundo todo le iría mucho mejor. Ino le devolvió la sonrisa agradeciendo que se hubiera quedado a hablar con ella.

-Oye Ino, ¿Quién es el otro?

El semblante de Ino se ensombreció y su mirada se desvió hacia el horizonte, perdida en sus recuerdos.

-Creo que es hora de que nos vayamos a dormir-dijo evadiendo la pregunta. Shikamaru no insistió.

-No puedo contarle Shikamaru lo de Asuma-sensei, no lo comprendería… Y yo ni siquiera debería pensar en ello-pensó la rubia de camino a su habitación.

Despidió a Shikamaru en el pasillo de los hombres y cuando llegó a su cuarto se tiró en la cama quedándose dormida casi al instante, oyendo la acompasada respiración de Sakura en la cama de al lado.


Bueno, como casi todo el mundo adivinó (obvio) la chica de Shikamaru es Temari *.* Me da verdadera pena Ino, en los proximos capis explicaré lo de Asuma ;)