CAPÍTULO 12
Una vez que habían llegado al cuarto de Yugi, Yami abrió la puerta y se dirigió hacia donde estaba la mesita de noche para encender la lámpara que ahí se encontraba, el mayor salió del cuarto para que Yugi se cambiara y así el ir a su respectiva recamara para hacer exactamente lo mismo, una vez que estuvo listo se dirigió de nuevo a la habitación que momentos antes había dejado, ya que sabía que el menor iba a tener pesadillas por la película que habían visto, y efectivamente así pasó, Yugi ya lo estaba esperando y sin dudarlo un momento más fue donde se encontraba su amor.
Esa noche pasó tranquila para ambos ya que para dar el siguiente paso esperaría un poco más, al fin tendría tiempo de sobra ya que planeaba estar más de un mes a solas con él, así que encontraría el momento perfecto para ello.
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En la mansión Kaiba todo era diferente, el Gran Ceo por nada del mundo podía dormir, ya que en sueños solo podía ver al rubio y más aún, que lo tenía de nuevo junto a él y acto seguido despertaba, sabía que no podía seguir así, pero que haría, días antes había pensado el plan perfecto, pero ahora la única falla que encontraba era el tiempo, puesto que requeriría por lo menos un mes y eso si todo salía bien, y no podía esperar tanto.
Otro problema fundamental era que alguien sabía de ese plan y en el menor descuido el rubio se enteraría de eso y por obvias razones no tendría su objetivo, pero que más podía hacer, pensar en algo más, pero por el momento no se le ocurría nada, y más por el simple hecho que no podía dormir, así que harto de esta situación se dirigió a un pequeño mueble al otro lado de su habitación y sacó un pequeño frasco el cual contenía pastillas para dormir, y sin dudarlo un momento se tomó dos, después se fue a acostar a la espera de que dichas pastillas surtieran efecto.
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Un nuevo día había empezado y cierto chico rubio, como siempre iba corriendo para llegar temprano a su primer lugar que tenía que visitar, ya que ahora le quedaba más lejos y eso implicaba pararse más temprano, cuestión que le iba a costar mucho trabajo, así pasó toda la mañana, corriendo para llegar a todos lados al tiempo que se indicaba, no quería causarle problemas a su jefe, ya que confiaba en él y no quería defraudarlo.
Vio la lista de los lugares a los cuales tenía que ir y para su suerte nada más le faltaba uno, prosiguió a ver la dirección de este, sin dudarlo un momento partió para el último lugar, pero conforme se iba acercando se dio cuenta que era al lugar que menos quería ir, al restaurante que quedaba casi enfrente de Kaiba Corp.
Por un momento había detenido su paso, que pasaría si se lo encontraba, que le diría, aunque, era algo casi imposible, hasta donde sabía el Señor Todo Poderoso siempre salía tarde de su lujosa compañía y lógicamente no saldría en todo el día, así que un poco más calmado retomo su rumbo, y cuando llegó no pudo evitar recorrer todo el lugar con la mirada a espera de que si se encontrará, no supo porque pero sintió un poco de tristeza por no encontrarlo, sabía que en el fondo, pero muy en el fondo de su corazón anhelaba de nuevo poder verlo, aunque sea para que lo insultara, pero tenía que olvidarlo ya que sabía que no lo iba a volver a ver; una vez que concluyó con su trabajo salió de aquel lugar y regresó a su casa, no sin antes dar un último vistazo a tan impotente construcción.
Lo que no se esperaba era que ciertos ojos azules habían visto desde el momento en que había entrado hasta cuando salió de dicho restaurante, y la gran pregunta era que hacía el Gran Seto Kaiba "perdiendo" su tiempo admirando el paisaje, la respuesta era obvia, que por más que tratara de concentrarse no dejaba de pensar en el chico que acababa de ver momentos atrás, había decidido dejar el trabajo un momento y despejarse un poco viendo a las personas pasar, no era algo muy entretenido, pero al menos se distraía un poco ya que sabía que todos los individuos que pasaban nunca iban a llegar a donde él estaba, en eso vio a lo lejos una cabellera rubia y en auto reflejo enfocó mejor su mirada y la gran sorpresa que se llevó era ver a aquel oji-miel, en eso vio que empezó a buscar a su alrededor algo, pero después se dirigió al local de comida, así que se quedó esperando que saliera y cuál fue su sorpresa al ver que cuando salió observó todo el edificio y no supo porque pero se hizo para atrás para que no lo fuera a ver, lo cual había considerado una acción muy torpe ya que sabía que con esos cristales nadie podía ver hacia su interior; dio media vuelta y regresó a su escritorio, pero no para hacer precisamente su trabajo, sino para investigar mejor a ese lindo ángel.
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Muy favorablemente había encontrado casi toda la información de Joey, pero al menos tenía la que más le importaba, había descubierto que actualmente, para ser más precisos, desde ese mismo día había empezado a trabajar de supervisor de una cadena de restaurantes, y para su suerte uno de ellos estaba casi enfrente de su corporación.
Al menos lo iba a poder ver a diario a eso de las 4:00 de la tarde, por ese momento se le cruzo una idea por la mente, que pasaría si cuando fuera Joey él se encontraba hay, como actuaría el rubio, eso lo tenía que averiguar pero esperaría un tiempo para volverse a encontrar con el oji-miel.
