-Eres idiota!- chilló Bill tratando de alejarse de su hermano, pero Tom casi lo derriba de un tirón.
-Repíteme eso- le chilló el otro. Llevaban un rato peleando por razones estúpidas. Siempre era estúpido cuando peleaban, pero aquel día era distinto. Los dos habían tenido una mañana de mierda, cada uno a su manera y lo que menos les apetecía era tener a un hermano acabando de joder.
Los gritos eran mas altos de lo normal, los tirones de cabello mas fuertes. Y Tom le dio una bofetada a Bill y el gimió y se quedó con la boca entreabierta y los ojos encendidos de rabia, con la mano en el rostro cubriendo su piel que comenzaba a martillar y escocer bajo sus anillos. Y sintió el pequeño y oscuro deseo de golpearle de nuevo. No sabía porque pero algo le atraía de aquella imagen. Y Bill se abalanzó llenó de rabia contra él, derribándolo, apretándolo contra el suelo con todas sus fuerzas, hundiendo las uñas en sus brazos y haciendo que se retorciera tratando de liberarse con un gemido que solo le encendió mas, que solo le hizo apretar mas, desear probar su sangre.
El rubio le insultaba a gritos, revolviéndose con todas sus fuerzas, golpeándole un par de veces desde su posición en la cara y en el pecho, y Bill también le pegó, y consiguió girar, para dejarle abajo, inmovilizado con las manos junto a la cabeza, jadeando con rabia, desafiante, mirándole con aquellos ojos suyos que ahora parecían carbón ardiendo y le provocaban un cosquilleo en el estomago, como una caricia.
Le mordió en el hombro. Le mordió por muchas razones. Le mordió para oirle chillar, le mordió para sentirle revolverse, le mordió para poder acercar el rostro lo suficiente a él para que su olor se le metiera en el cerebro, para poder enterrar su cara en el cuello del moreno.
Le mordió para poder tener una excusa para juntar mas sus cuerpos hasta provocar un roce doloroso, hasta sentir que los pantalones molestaban, hasta notar las uñas de su hermano hundidas en la espalda arrancándole escalofríos, haciéndole apretar mas los dientes pese a que sabía que ya le hacía mucho daño.
No era ya por enfado, quería que jadeara, que gimiera, que suplicara. No le soltaría hasta que no lo hiciese.
Y las uñas se hundían mas y mas, y ninguno quería aflojar. El menor apretaba los labios con todas sus fuerzas con las lagrimas ya bajándole por las sienes y perdiéndose entre el cabello oscuro que se esparcía por el suelo, dándole patadas allá donde podía, haciendo que el de rastas se enfureciera aún mas y se metiera entre sus piernas, primero pensando solo en no recibir mas golpes y después con un segundo de duda, de vergüenza por la posición dudando, excitándose al sentirse rodeado por su hermano.
Sin aviso, Tom apretó su cadera contra la del otro, como un espasmo que no hizo sino dolerle mas, volver sus piernas infinitas, endurecer los músculos de la espalda al sentir las manos frías de Bill subirle la camiseta hasta el cuello para hundirle las uñas directamente en la piel. Primero en la espalda, bajo el omoplato y después bajando hasta casi el borde del pantalón, crispándose allí, sobre el hueso de la cadera, y luego subiendo por el costado, con fuerza, hundiéndose en sus costillas, obligándole a soltarle para jadear sin atreverse a hacer un solo gesto por miedo a hacerse mas daño.
-Ya basta Bill- susurró contra su oreja, y como respuesta el menor solo cerró sus piernas alrededor de su cuerpo y rodó para quedarse sobre él, con fuerza, con rapidez, sin mostrarle el rostro, quedando sentado en su estómago con la cabeza gacha, incapaz de apartar los ojos del pecho del rubio.
-Voy a ir señalado semanas por tu puta culpa- aquello solo era una excusa. Ambos lo sabían pero ninguno lo diría. Ambos habían sentido lo mismo y al sentirlo Tom también había sentido miedo, miedo porque Bill era su hermano y aquel roce era prohibido.
Pero Bill solo había sentido hambre, poder sobre su gemelo y bajó el rostro hacía la piel del pecho, enrojecida y brillante por el sudor, y Tom esperó un nuevo mordisco que no llegó nunca.
Y comenzaron los besos sin que él pudiese hacer nada mas que cubrirse los ojos con las manos. Para sentirse menos culpable al no verlo…por no tener fuerzas para dejar de gemir, por no tener la templanza de obligarle a parar, por no lograr que su rostro volviese a su color original.
Y Bill sonrió, sintiéndole moverse bajo su cadera en busca de contacto estremecerse cada vez que cerraba los labios entorno a él, buscando cada vez puntos mas sensibles en su pecho, bajando sus manos cada vez un poco mas, divirtiéndose al acelerar los jadeos de su hermano, describiendo caminos con la bola de su lengua despacio, muy despacio que enloquecían al rubio mas que cualquier otro contacto.
Un mordisco en el cuello que le duraría unas horribles semanas, y una bofetada que aún dolía, pero Bill se prometió que perdonaría a Tom por todo aquello, si se quedaba quieto solo unos minutos mas…
