Duermes. Solo duermes. Y no te mueves.
Duermes a mi lado, pasando tu brazo por mi cadera. Un brazo que me inmoviliza, un brazo que no me dejaría salir de la cama aunque el techo se hundiera.
Pero no haces fuerza con él, solo está ahí, y ese roce, esa presión es suficiente para dejarme a tu merced.
Poder acariciar la piel mas dura, mas áspera de tu antebrazo con las yemas de mis dedos se ha convertido en un extraño vicio nocturno.
Algunas noches incluso lo tomo y pesadamente lo levanto para llevar tus dedos a mis labios, celoso de las cuerdas de la guitarra que los monopolizan demasiado tiempo. Los beso uno a uno y me acarició los labios con ellos.
Y mi la punta de mi lengua recorre las yemas, con una sonrisa secreta, con una mirada de reojo que te dedico para comprobar si he perturbado tus sueños.
Y como nada en ti se ha movido significa que me das permiso para continuar.
Sé que esta norma inventada es estúpida, pero lo que hago también lo es.
Beso tu muñeca, como si quisiese besar la sangre que es igual para los dos.
Y ¿Cómo puede ser igual?
Tú, tan perfecto y yo, tan niño.
Tú, tan dulce y yo, solo yo
Y quiero que te despiertes, así que muerdo pero nada.
Me enfado contigo un poquito y conmigo un mucho. Me enfado porque tal vez haya alguien en tus sueños que te separe de mi, y…sé que es demente tener celos de un sueño, pero estando contigo ¿Cómo no tener celos de todo y todos?
Decido salir de la cama antes de forzarte a despertarte por uno de mis estúpidos ataques de niñería.
Me pongo los pantalones del pijama y antes de poder separarme de la cama tu mano me agarra.
-¿A dónde te crees que vas?- tu voz ronca y tu expresión medio dormida.
-Estoy dando vueltas, no quería despertarte- me siento de nuevo en el colchón y tú tiras para tumbarme, para quitarme los pantalones y hacerme entrar de nuevo en el radio que abarcan tus brazos para esta vez, abrazarme muy fuerte- ¿sabes que últimamente tengo celos de todo Tom?- y te ríes medio dormido y siento tus besos en mi nuca.
Y me obligas a girarme para mirarme divertido, para acariciarme los labios con la mano, con la misma con la que antes yo te soñaba despierto.
-Eso es lo que te pasa por tener un hermano tan encantador.
-Oh si, eres tan guay que no sé ni como lo aguanto.
Y me pellizcas y me atraes contra ti y me besas. Y tus brazos se cierran en torno a mi cintura. Esta vez con fuerza, con sequedad seguidos por tus piernas que acaban atrapando las mías y me quedó atrapado en ese beso, rodeado por ti, sin poder evitar un último recuento mental de todas las partes de tu cuerpo que en ese momento logro abarcar con el mío. Y cuando todo tu ser está en la lista me sonrió.
Porque los celos han desaparecido.
