"-No sé quien me manda meterme en estas cosas con él…"- llevaban aburridos toda la tarde, y…no sabia ni porqué había aceptado aquello. ¿Tan desesperado estaba?
Miró sus cartas y luego al castaño que no le devolvió la mirada estando como estaba, demasiado concentrado en las suyas.
¿Porque?¿porque siempre tenía que hacer lo que quería con él?
Gustav sentía como todo su orgullo, seriedad e impenetrabilidad desaparecía cada vez que el bajista le dedicaba una de sus sonrisas de niño…y mas aún las maliciosas, que lograban hacerle enrojecer y tartamudear como una groupie mas.
Apenas les separaba la pequeña mesa baja, sentados los dos en el suelo entre cojines.
Dos jotas…un tres… un as.
-¿Cuántas quieres?- murmuró Georg divertido.
-Tres- respondió el rubio. Y las tuvo delante y se sonrió. Georg no dijo nada mas. Sus caras de póquer podían ser muy buenas cuando se concentraba en el juego. Solo se apartó un poco el cabello.-¿Vas?
-Como no- le contestó dulcemente.
-Póquer de jotas- el bajista dudó un momento antes de destapar sus cartas.
-Escalera de color.
-Pero pero pero…¿Cómo has hecho eso?...¿donde…? joder- se rindió ante las sonrisa del ganador, antes de quitarse la camiseta de malas maneras y tirándosela a la cabeza.
- C'est la vie- suspiró dramático el mayor con su pequeño gran trofeo de tela azul en la mano.- ¿Hacemos otra? Quiero ver de que color llevas hoy la ropa interior- y a Gustav se le saltaron los colores y el otro aprovechó para apoyarse en la mesa, para acortar a menos el espacio que los separaba , abrir la boca y cerrarla haciendo ruido con los dientes, como un mordisco en el aire.
"-Maldita sea…no sé quien me manda meterme en estas cosas con 'EL."
