Post 3x24, "Human Error". El Camchase más canon y puro y amado por las fans xD.

TODO EMPEORA ANTES DE MEJORAR

"The handshake, the cough,

the kiss, the kiss, the kiss"

Carla Bruni.- At last the secret is out.

Durante los últimos días, Robert Chase se había considerado seriamente como una víctima de esa famosa Ley de Murphy: cuando piensas que no puede pasar nada peor, pasa algo peor. Bastante tenía con que Cameron pasase de él y le hubiera dicho que no quería iniciar una relación, cuando encima van y le despiden. Encima de solo y frustrado, se sentía inútil. Sí. Definitivamente las Leyes de Murphy eran ciertas.

Durante los últimos días, todo había sido extraño. La llamada de House (la estúpida llamada: eres imprescindible pero aún estás despedido), quedarse despierto hasta las tantas viendo el canal de teletienda, algo tan patético que jamás se habría imaginado haciéndolo, no saber qué hacer con su tiempo libre, dar vueltas en la cama y darse cuenta de lo que la echaba de menos ahora que no la veía todos los días. Pensar que ahora sí, que ahora que no había roce todo se había acabado entre los dos. Una llamada telefónica de su madrastra, a la que no se había atrevido a hablarle del despido. Intentar que todo pareciera igual, pero sin serlo.

Durante los últimos días, el único remanso de paz había sido encontrarse con ella en aquel bar, hablar un poco y reconocer que su etapa en el Princeton Plainsboro había significado ahora, pero que tal vez House tenía razón y era el momento de cambiar. Qué ironía oír eso de House. El que odiaba los cambios. Ella estaba preciosa, mirándole y escuchándole. A lo largo de la noche anterior había pensado en regresar a Australia y empezar de nuevo, pero ahora que ella estaba allí y que parecía tan comprensiva, se dijo que Nueva Jersey era su hogar y que volver atrás habría sido huir como un cobarde.

Esa noche, justo la noche anterior, como ya se estaba volviendo una mala costumbre, se fue a la cama bien entrada la madrugada, cruzó las manos sobre su estómago y miró al techo pensando que todo se había acabado.

Pero aún no sabía lo que iba a ocurrir.

Ese primer lunes sin trabajo y sin expectativas, decidió salir a cenar al bar cercano, como estaba haciendo tanto últimamente. Se dio cuenta de que pasaba demasiado tiempo en ese bar cuando la camarera empezó a traerle su sandwich vegetal con pollo sin que necesitara pedirlo, y sobre todo cuando le preguntó que quién era la chica con la que estaba el otro día, y al no recibir respuesta, sonrió y le dijo "ya entrará en razón".

Pero apenas había abierto la puerta cuando vio a Allison Cameron enfrente de él, en los escalones. Y por un segundo todo se removió, se tambaleó y la esperanza que había cubierto pacientemente de resignación emergió de nuevo. Era raro encontrarla allí. Era algo que nunca habría esperado, y que le hacía sentir inseguro pero feliz. Feliz de alguna manera, porque quería creer que aquello era algo bueno.

-Hola.- saludó, sin poder disimular el tono de sorpresa en su voz.

Ella parecía nerviosa, bajó ligeramente la mirada antes de pronunciar aquellas dos palabras.

-Es martes.- dijo.

Él sonrió. Sonrió porque no podía contener esa esperanza, la esperanza que podía con él y que le inundaba de ganas de ponerse a saltar como un niño celebrando que, por fin, aquello había tenido en Cameron el efecto deseado. Lo había repetido muchas veces. Es martes. Me gustas. Un encuentro cada martes no es suficiente. Pero nunca había imaginado que ella diría eso. Al menos no con el mismo sentido.

-No.- dijo.- Es lunes.

Ella subió los dos escalones que le separaban. Franqueó la barrera que había entre los dos. Aquello significaba algo, ¿verdad?

-Ya lo sé.- murmuró mientras se ponía a la altura de él.- Sólo es que no quería esperar.

Él la miró un momento. No sabía si quería creer lo que estaba viendo. Ni siquiera sabía si creerlo. Quizá todo fuera un sueño, y la realidad le decepcionaría al despertar.

Esbozó media sonrisa. Ella también lo hizo. Y entonces se besaron.

Aquel beso fue diferente a los demás. Sólo labios contra labios, el contacto, el tenerse el uno al otro. No hubo la antigua urgencia de la piel, de la pasión, de perderse en lo más profundo del cuerpo del otro para ahogar la propia soledad. Este fue un beso de alivio, un beso que decía estoy aquí, contigo, no voy a irme, no conozco un sitio mejor para estar que aquí contigo, tan cerca del cielo.

Y en ese momento, cuando todo excepto los labios de Cameron parecía haberse desvanecido, a pesar de que mil pensamientos recorrían su cabeza, al mismo ritmo que los latidos de su corazón, pensó que, si bien la Ley de Murphy podía ser cierta, también había otro dicho más que era increíblemente cierto.

Todo empeora antes de mejorar.