Disclaimer: nada de lo que reconozcan es mio.


Amigos (II parte)

Los amigos son como diamantes, se labran con el tiempo y son para siempre.

Edward apenas podía lograr concentrarse en los papeles que tenía delante de él. El trabajo al principio había sido un buen refugio, una manera de olvidarse de sus problemas. Pero cada vez más lo veía como una condena.

Cansado de fingir más, se recostó en su silla y cerró los ojos, solo quería evadirse de la realidad, soñar un poco con aquel dulce paraíso que había sido su vida con Bella antes de que todo se viniera abajo.

«-Oh, Edward. ¡Son preciosas!

Edward sintió que se le ponía rojo el cogote cuando Bella lo beso rápida pero dulcemente, agradeciendo aquel tonto ramo de flores silvestres que él había arrancado del jardín de su vecina.

-No son gran cosa…

-¡No te metas con mis flores!- Bella sonrió, con la cara casi enterrada en el arreglado ramo.

-Si te gustan tanto, ven y agradéceme.- la reto, divertido, mientras se acomodaba en el viejo sillón. Se palmeo las piernas, arqueando una ceja.

Bella se sonrojo.

-Papá puede llegar...

-El "jefe" está en la estación.- la tomo de la cintura y la hizo sentarse sobre sus piernas.- Venga, amor.

Bella comenzó a besarlo como siempre, dulce e inocentemente. Todo lo inocente que se puede ser a los 17 años, claro. Edward tomo un puñado de su sedoso cabello y lo mantuvo sujeto en su mano, manteniendo a Bella firmemente en su sitio, y poco a poco comenzó a profundizar el beso. Su lengua acaricio los labios de su novia, adorando el delicioso sabor a mujer joven que lo volvía loco.

Un pequeño gemido broto de los labios de Bella, y este viajo velozmente hacia la entrepierna de él. Con todo el dolor del mundo (y de verdad era dolor, ya que empezaba a creer que tenía el severo caso de bolas azules), soltó a su novia y dejo que normalizara su respiración, mientras que el acariciaba sus piernas en toda su longitud, deleitándose con la cremosa piel blanca. Adoraba cuando Bella usaba shorts.

-Te quiero.- murmuro.

-Yo también te quiero, Bella. Algún día, te lo prometo, algún día serás legalmente mía.

-Siempre he sido tuya.- fue su inocente respuesta.

Edward sonrió, mientras sentía cada vez más notoria la cajita de terciopelo en el bolsillo de su chamarra.

-Mía… para hacerte lo que quiera, ¿no?

Bella soltó una risita, sonrojándose de nuevo.

-¿Eh, Bella? ¿Lo que yo quiera?- volvió a preguntar, sonriendo contra la piel de sus mejillas.

-Lo que quieras, lo sabes.

-¡Dulce escuchar eso!

Y acto seguido la tumbo sobre el sofá y comenzó a hacerle cosquillas. Bella se reía, jadeante, mientras le pedía que parara.

-¿Por qué? Te ves tan hermosa.- fue lo que respondió Edward, intentado no carcajearse.

Bella logro escabullirse de sus entrometidos dedos y lo apreso con sus piernas, mientras sus manos iban debajo de la camiseta gris de Edward y comenzaban a hacerle cosquillas.

Edward hace mucho había aprendido a soportar esa clase de torturas, pero no quería decepcionarla. Así que se carcajeó, mientras la empujaba gentilmente y la tumbaba sobre el sofá de nuevo a su lado, disfrutando de su hilaridad.»

Sus ojos se abrieron lentamente, parpadeando para intentar evadir el escozor de sus lágrimas no derramadas. Jamás derramadas.

¿Qué nos pasó? Antes solíamos reírnos así, ¿en qué momento perdimos nuestra alegría?- pensó, impotente.- ¿Cuándo deje de ser suficiente? ¿Cuándo el amor que le daba dejo de satisfacerla?

Había una pregunta perdida que Edward no lograba asociar con las demás. Una pregunta sin formular que le rondaba cada noche, cada día, y que sin saberlo lo mantenía distante e insensible con lo que pasaba a su alrededor.

Una pregunta que jamás el reconocería, hasta que quizás fuera demasiado tarde. Por el momento se sentía demasiado herido, vacío, y no quería aceptar fallas. Simplemente esperaba una respuesta para salvar lo que un día fue su cielo en la tierra. Pero, ¿cómo salvar algo que has enterrado? Las respuestas se buscan, no se esperan. Edward estaba ciego de impotencia, lleno de un orgullo viril que amenazaba con destrozar todo su mundo.

Por el momento, se permitía estar atado a recuerdos. A los bellos recuerdos de su matrimonio. La primera cita, desastrosa, horrible, su coche se había averiado y quedo como un tonto por no poder arreglarlo así que debieron coger un taxi, él la llevo a comer hamburguesas y luego supo que era vegetariana, a Bella se le rompió un tacón; pero aun así al final de la noche se besaron, y Bella le había dicho que sí cuando le pidió salir de nuevo.

Al ir ambos a universidades diferentes todo había sido más difícil. Se llamaban siempre que podían, y los correos electrónicos no faltaban. Pero aun así él se daba un tiempo para tomar el tren desde Chicago a Boston para pasar con ella un fin de semana. No hicieron el amor hasta el día de su luna de miel, y a pesar de su frustración sexual, había esperado por Bella con paciencia. Y la confianza era algo que se podían permitir.

Edward resoplo y sus ojos acuosos viajaron hasta el retrato encima de su escritorio. El día de su boda. Bella se veía tan hermosa. Tan inalcanzable para él, pero ahí estaba, a su lado, convirtiéndose en su mujer, atándose a él de todas las formas humanas posibles. Le había prometido amarlo, respetarlo y confiar en él, sobre la salud y la enfermedad, cuanto durasen sus vidas.

«-Hasta ahora todo va bien.

Edward le miro, confuso, mientras bailaban en la pista, con todas las miradas de los invitados puestas en ellos.

-¿Qué quieres decir?

-Que aún no has escapado.

Suspiro y le acaricio uno de los suaves rizos tiernamente.

-¿Cómo? Me has hechizado, no podría ni aunque quisiera, Bella. Y créeme, amor mío, lo último que quiero es huir de ti.

Bella se mordió el labio, manteniendo el rostro oculta contra su pecho. Bailaron un rato así, juntos y silenciosos, Edward sintiéndose más dichoso que nunca.

-Tanya se ve guapísima esta noche.

Edward sonrió, hundiendo los labios en el arco de su oreja, para luego depositar un pequeño beso ahí.

-Tú te vez mucho más guapa que ella.

-¿En serio?- pregunto Bella, con los ojos brillantes, aunque recelosos.

-Encantadora, hermosa, preciosa, radiante…- Edward la miro con una sonrisa seductora.- ¿Quieres que siga?

-Si, por favor.

-Deseable, apetecible, sensual, sexy…

-Vale, entiendo tu punto.

Edward se carcajeo, mientras la besaba tiernamente en la mejilla.

-No me importan ninguna de estas chicas de la sala, nunca me importaron, Bella.- dijo.- Siempre has sido tu amor. Por favor, no arruinemos este momento hablando de terceros.

-No puedo evitar la diferencia, Edward. Tanya es tan perfecta, y yo soy…

-Tú eres imperfectamente perfecta. Eres mi ideal, Bella. ¿Cuántas veces debo decirlo?- murmuro con dulzura. No quería discutir las inseguridades de Bella ahora, no ahora.

-¡Lo siento, lo siento! Tienes razón, no arruines nuestro momento. Ahora eres mío, ¿cierto?

-Como tu mía.

Y la beso.»

Unos toques en su puerta lo devolvieron a la realidad.

Edward se puso derecho en la silla, cogió los papeles y parpadeo para secarse los ojos.

-Adelante.- vocifero.

Ángela, su secretaria, entro y le dijo que el señor McCarthy pedía hablar con él.

-Hazlo pasar, Ángela.

La muchacha no había terminado de irse cuando Emmett McCarthy ya estaba entrando a la oficina. El joven miro extrañado a su amigo, puesto que los papeles que al parecer leía con mucho interés estaban al revés. Pensó en gastarle una broma, pero Edward ya se veía lo suficientemente torturado.

-Bueno, bueno.- murmuro mientras se sentaba.- ¿Y qué cuentas, Edward?

-Nada interesante. ¿Has visto el caso Vulturi? Todavía no sé cómo haremos para probar que hubo fraude. Ese tipo fue un completo idiota al darle ese poder a su abogado. Quizás si…

-Ya cállate, por favor.- Emmett resoplo, mirándolo entre divertido y frustrado.- ¿No piensas decirme que es lo que te tiene tan… mal?

-¿A mí? Nada.

Se inició una verdadera batalla de miradas entonces. Edward trataba de mostrarse impasible, pero era verdaderamente difícil.

-Venga ya, Edward.

El aludido suspiro, y se dijo que desahogarse una vez al año no le haría el menor daño.

-Es Bella.

-¡Claro que es Bella!- Emmett hizo una pausa antes de proseguir, casi con chanza.- ¿Te boto de la casa?

-¿Qué? Dios, no.

-¿Entonces? Tienes pinta de vagabundo. ¿Hace cuánto no te afeitas?

Contraído, Edward se pasó la mano por la barba uniforme y suspiro.

-Bella no me ha botado de la casa, Emmett.- gruño.

-Vale, vale. ¿Entonces…?

-Estamos… teniendo ciertas dificultades.- murmuro, girando un sacapuntas entre sus manos.

-¿En el sexo? Hombre, existe el Viagra, ¿sabes?

-¡Por tu madre, Emmett! ¿Es que no se puede hablar en serio contigo?

-De acuerdo, no tienes que meter a mamá en esto. No es en el sexo, entonces. ¿Celos? Bella siempre ha sido muy celosa.

-Un poco de todo.- jamás le diría a su amigo que no han tenido sexo en meses. Se burlaría el muy maldito.- Últimamente nos la pasamos peleando. Desde hace meses que estamos mal. Ni siquiera recuerdo cuando empezó.- resoplo.

-Mmm. ¿Has probado con una cena, flores?- Emmett hablo con ligera superficialidad, todo le parecía de lo más entretenido.- Bella es muy romántica, amigo. Seguro que eso, más una bonita charla sobre sentimientos y terminando con un buen revolcón, arreglarían todo.

Edward miro a su amigo atentamente un momento, y luego tomo el intercomunicador.

-¿Si, señor Cullen?- dijo Ángela.

-Ángela, por favor, llama a Felix y has que escolte al señor McCarthy fuera del edificio.

Acto seguido, y ante el estupefacto de su mejor amigo, Edward tomo a Emmett por la chaqueta y deje fuera de su oficina. Segundos después, oyó como él y Felix discutían desaforadamente.

.

-¿Y este? ¿No te parece de lo más… lindo?

Bella miro aburrida a Rosalie, que sostenía un vestido rosa de lentejuelas.

-¿Me ves cara de artista de circo, Rosalie?

-De acuerdo, perdona, pero es que… joder, cuando te pusiste tan… rellenita.

Contraída, Bella se tocó las caderas. Cierto que había subido un poco de peso y ya no era Talla Única, pero su vientre seguía plano y mantenía su atractiva forma de pera. ¿Era su culpa que los malditos que hacían los vestidos más bonitos, pensaran en anoréxicas esqueléticas vistiéndolos? ¡Ella era una mujer, por dios, tenía curvas!

-Cállate, Rose.- dijo Alice.- Además, ya tengo el vestido perfecto.

Las tres mujeres admiraron el vestido azul oscuro que Alice sostenía. Era sencillo, con un seductor escote en forma de V en la espalda, corto por las rodillas. Sencillamente perfecto.

Rosalie silbo, admirada.

-Dice "Bella follara con su marido" por todas partes.

Bella chasqueo la lengua y cogió el vestido.

-No se trata solo de eso, Rose.

Sin embargo- pensó.- no me caería mal si Edward me hace el amor.

Luego salieron de la tienda, y Bella se fue a casa con bolsas de compras en las manos. Dejo el vestido desplegado en la cama, mirando el reloj de la cómoda. Faltaban solo un par de horas para que Edward llegara a casa, y ella ya tenía en la mesa de la cocina todos los implementes necesarios para preparar un banquete que despertara su apetito. Ah, claro, y el vestido perfecto para despertaría su lívido.

Bella se dijo que su madre podía ser infantil, algo egoísta y quizás muy caprichosa, pero tenía razón en eso de que al hombre se le llega al corazón por medio de la comida… y los escotes, claro.

Sonriendo (sonriendo por primera vez de verdad en varios meses), acaricio su alianza y lanzo un juramento.

El prometió amarme para toda la eternidad… él lo prometió, pero jamás hice nada para ayudarle a mantener su promesa. Pero no es tarde. Oh, dios, ayúdame… que no sea tarde.

.

Ya se hacía tarde cuando Edward salió por fin de la oficina. Ángela se encontraba dormitando sobre su escritorio. Edward se acercó a ella y le movió el hombro ligeramente.

-¡Oh, dios!- muchacha se levantó de un salto y lo miro, avergonzada.- Lo siento, señor Cullen.

-No te preocupes, ya es tarde.- respondió Edward.- Ángela, ¿y las flores que te encargue?

Cuando vio el reflejo aprensivo en los ojos de su secretaria, Edward supo que mejor ni preguntaba, a menos que quisiera quedarse sin secretaria y con una demanda por homicidio.

Una vez que hubo aparcado delante de su casa, Edward se quedó unos segundos sentado en el asiento con el coche apagado. ¡Unas rosas! Unas malditas rosas era todo lo que le había pedido a Ángela y ella no pudo traérselas. ¿Qué tan difícil era llamar a la floristería y pedirlas, dulce Jesús?

Bueno, y porque no lo hiciste tú, ¿eh, Cullen?

-Cállate.- dijo Edward, pero ¿cómo pedirle a tu subconsciente que no te diga las grandes verdades de la vida?

Suspirando se bajó del coche y comenzó a caminar en dirección en su casa. Por un acto involuntario, giro la cabeza hacia el jardín de su vecina. ¿Eran esas flores?

Sin reparar en sus actos, Edward corrió hacia el patio de su vecina y arranco unas cuantas, arreglando un improvisado ramo con flores de colores crema y blanco pálido. Eran pequeñitas y simples, naturales y hermosas flores silvestres.

Como Bella.

Entonces vio como la luz de la ventana de la casa vecina se encendía, y sintiéndose como un adolecente, se escurrió detrás de la vereda y corrió hacia el porche de su casa, tal como hacía de joven, riéndose entre dientes. Había ramitas y grama en sus caros pantalones de vestir y tierra en sus zapatos, pero tenía aquel bonito e improvisado ramo de flores para Bella. Eso era lo importante. Eso siempre había sido lo importante, inclusive cuando tenía 17 años.

Aun soltaba pequeñas y silenciosas risas cuando la puerta de su casa se abrió de improviso. Sus risas pararon. Con ojos codiciosos, Edward recorrió la silueta de su mujer. Se veía hermosa… incluso crocante.

La extraña palabra le saco una sonrisa.

Edward advirtió que el cogote se le ponía rojo cuando Bella reparo en el tonto ramo entre sus manos.

-¿Son para mí?- pregunto, su voz tan ligera como un suspiro, y Edward creyó que se echaría a llorar.

Guiado por un extraño y melancólico impulso, murmuro:

-No son gran cosa…

Espero ansioso y temeroso la respuesta de Bella, pero esta se limitó a tomar las flores y acariciarlas. Luego se la llevo a la cara y las olfateo.

-No te metas con mis flores.- dijo al fin, tímidamente.

Y Edward sonrió, porque su mujer no lo había olvidado. No se sentía lo suficientemente envalentonado para seguir el hilo de la extraña conversación, así que se limitó a preguntar porque vestía así y a donde iba, sonando un tanto demandante y a la vez desolado.

Bella sonrió.

-Tengo una cita.


Perdonad la tardanza (!) pero espero que os gustara el capítulo.

Ahora, quiero agradecerles a todas sus maravillosos reviews, sois unos ángeles, de veras.

Kiimberly, no pude responderte porque no estas registrada, no porque no quisiera, lo juro por el gatito de mi vecina. (!) Gracias por todos tus bonitos reviews, y muchas muchas muchas disculpas si casi te hago perder la paciencia :)

¿un RR?

Saludos.!

P.D: tengo una historia de Nessie/Jacob y Bella/Edward nueva, pásense y díganme que tal.