¡Ólooo de nuevo! Pues aquí traigo el tercer capítulo..Muchos alerts y favorites...Pero ningún review ¬¬ Venga! Hagan feliz a un Malfoy y dejen sus hermosos comentarios. :3
Capítulo 3: De risas, golpes y citas.
- Increíble.
- ¿Eso es todo? Vamos, sé que puedes mejorar eso.
- Esque…no hay palabras – chilló mientras se retorcía en su cama, bañada por la luz del Sol de la mañana de ese domingo. Reí al verla tan contenta como una niña en Navidad – fue…increíble. Él es tan…tan…
Gimió de nuevo.
- De acuerdo, no quiero escuchar tus soniditos exóticos otra vez, Dafne Greengrass. Y ¿Qué te dijo al terminar?
Dafne me miró como si le hubiera hablado en pársel.
- …¿Al terminar?
- Sí. Al terminar…¿Qué te dejó sorda de tan bueno que fue?
- No, no. Pues…- me miró insegura-…nada.
Silencio.
- …¿Nada?...¿Cómo…cómo que NADA?
- No, nada…bueno…me dijo…-se sonrojó ligeramente-…me dijo… "cierra la puerta al salir".
Dejé caer la quijada de la impresión. Su alegría de niña en Navidad se había esfumado.
- …¿¡Fue todo lo que te dijo ese…ese sucio imbécil!
- Pues…sí.
Bufé. No era posible. Bueno, realmente jamás pensé que él se enamoraría locamente de ella después de hacerle el amor…o más bien, después de acostarse con ella, porque ése no hacía el amor jamás. Pero de eso a ser un poco más amable…si lo hubiera esperado.
- Sin embargo cómo…¡cómo pensé que ese Draco-asquerosoengreídohijodemami-Malfoy, se dignaría a ser un poco más amable! – dejé escapar mi pensamiento en voz alta.
Dafne comenzó a gimotear. La miré con frialdad.
- Vamos Dafne…¿no pensabas que te iba a pedir que fueras su novia, cierto?
Gimoteó más fuerte. Volví a bufar con impaciencia.
- Por Merlín, Greengrass. Pensé que eras más lista. – la regañé mientras le pasaba un pañuelo y me sentaba al lado de ella – él jamás, escúchame bien, JAMÁSse va a enamorar. Es imposible. Y si se enamora, sería de él mismo en un espejo.
Después de un rato de lloriqueos al fin se quedó dormida. La acomodé en la cama y me fui a la sala común rumiando mi coraje.
¿Cómo era posible que ninguna chica le reclamara nada sobre ese tipo de contestaciones? Quizá estaban conscientes de que, como le había dicho a Dafne minutos antes, el jamás se enamoraría o las tomaría en serio. Pero no le costaba absolutamente nada ser un poco más amable con ellas, y a ellas no les costaba ser un poco más dignas.
Justo estaba en esos pensamientos cuando escuché pasos subiendo de los dormitorios de los chicos. Segundos después, Draco Malfoy apareció, silbando.
Como impulsada por un resorte, me levanté de mi asiento y un instante después estaba azotando al molesto rubio contra la pared, apuntándolo con mi varita.
- ¿¡Qué diablos te ocurre, Greengrass!
- Escúchame bien, Draco Malfoy- le susurré clavándole mi varita en su mejilla, causando un quejido de su parte- no voy a permitir que mi hermana vuelva a llorar por tu culpa, ¿entendido?
- No es mi culpa que ella no sea realista -me respondió cortante- está guapa y todo, pero no es nada más para mí en absoluto.
Malfoy emitió otro gruñido de dolor al sentir la punta de mi varita aún más profundamente en su piel.
- No te pido que te cases con ella, estúpido arremedo de mortífago frustrado – le dije lentamente, y me miró con odio – pero no creo que te cueste ser un poco más amable a la hora de la despedida.
Me miró altivamente con sus ojos grises, y un segundo después el desgraciado sonrió.
- ¿Qué, Greengrass, estás celosa porque ya lo hice con ella y contigo no?
Lo miré incrédula, y se me escapó una risa de ira.
- No digas estupideces, Malfoy- le escupí las palabras- me daría asco que me tocaras de ese modo. Además, dudo que seas lo suficientemente bueno para mis gustos.
- ¿Qué, acaso quieres comprobarlo? ¿O Wood te dejó insatisfecha y por eso dudas de todo hombre ahora?
Sin poder contenerme, retiré rápidamente mi varita y le solté un botefón en la cara, tirándolo al suelo. Al ver que intentaba sacar su varita, lo apunté con la mía.
- ¡Rictumsempra!
Observe con satisfacción cómo salía volando hasta el otro lado de la Sala común, aterrizando duramente en una silla.
Solté una risita.
- Wood era un experto en esos aspectos, Malfoy. Y cuida tu trasero, porque puede ser que me harte de verlo todos los días, y ese Rictumsempra se vuelva un Avada Kedavra.
- Eso significa que todos los días volteas a ver mi trasero, Greengrass- musitó entre quejidos.
- Sí, de la misma manera en que tú todos los días volteas a ver el mío.
Le lancé una última mirada burlona mientras él me miraba sorprendido, y salí de la Sala.
…En realidad, no sabía que él veía mi trasero todos los días, pero su rostro no me dejó dudas de que así era.
-Maldito pervertido – dejé salir, como de costumbre, mi pensamiento en voz alta seguido de múltiples maldiciones.
- ¿Y ahora qué ocurre?
Volteé para encontrarme esos ojos miel que, muy en el fondo, deseaba ver.
- Nada, sólo que…-suspire-…Malfoy me sacó de mis casillas.
- ¿A quién no? – musitó Alexander con una media sonrisa en los labios - Pero me sorprende escuchar eso viniendo de una chica.
- No todas estamos locas por ese tarado.
- Ya lo noté. Hummm…vine a buscarte porque…me preguntaba si tendrías el libro…
- Oh…lo siento. Claro. El libro de pociones…ya lo terminé – dije mientras me giraba para entrar de nuevo a la Sala Común – Te lo traeré en un momento.
- Claro, yo…- Alexander miró a su alrededor- …esperaré aquí.
Dije la contraseña y me metí trotando a la Sala Común. Para mi alegría, Malfoy ya no estaba a la vista. Tomé el libro del escritorio en donde lo había dejado la noche anterior, y salí de nuevo al pasillo.
Alexander estaba inmerso en la contemplación del techo del pasillo oscuro.
- Toma, espero te agrade. Es sumamente bueno, y la poción ocho me parece sencilla. No entiendo porque la pusieron ahí.
- ¿Qué es esa poción?
- Un filtro de amor infalible
Alexander me miró fijamente.
- ¿Has hecho alguna vez uno?
- Claro que no... – reí. Nunca lo había considerado necesario para conseguir a alguien – ...y jamás lo haría. Se me hace patético necesitar uno para conquistar a alguien.
- ¿Entonces cómo sabes que es sencillo si jamás has hecho uno?
Me estaba probando de nuevo. Maldita sea.
- Pues por el procedimiento y los ingredientes. Todo es fácil de conseguir, y los tiempos vienen exactos, nada de variantes extrañas. Sólo le veo que su proceso es largo, tarda dos meses en hacerse…pero eso es todo.
Alexander afirmó con la cabeza mientras tomaba el libro en silencio. Sonreí triunfal.
- La próxima semana es la visita a Hogsmeade.
Lo dijo de pronto, sin aviso ni nada. Lo miré por un segundo.
- …Sí. Lo sé. ¿Irás?
- Sí. ¿Tú irás con alguien?
"¿con alguien?" palabras mágicas que cambian todo el contexto de algo.
- Pues…no lo sé. En los últimos años he ido con mi hermana y los demás de slytherin…
- Y otros años pasados fuiste con Oliver Wood. Lo sé.
Volteé a ver hacia la pared, algo incómoda. ¿Para qué diablos sacó a Wood a la conversación?
- Pero ¿irás con alguien este año?
Lo miré de nuevo.
- No. No iré con nadie en especial.
- …¿Te gustaría ir conmigo?
Directo y claro. Punto para él.
- Claro. Me encantaría.
- Bueno, entonces…- me sonrió – Ya quedamos. ¿Vas al Gran Comedor?
- Sí, de hecho…
- Si quieres te acompaño.
Nos encaminamos hacia el Comedor sin decir nada. Me agradaba que no era necesario llenar los silencios con él, y eso era cómodo.
- Bueno, creo que aquí te dejo, en tu mesa no sería bienvenido– me dijo cuando llegamos – nos vemos luego, ¿vale?
- Claro. – le sonreí antes de dirigirme a la mesa de Slytherin.
Lo contemplé de lejos disimuladamente. Noté sus movimientos, fluidos, y la sonrisa cálida que le regalaba a todo aquel que le hablaba. Era un encanto, sin duda.
Y además, él no volteaba a ver mi trasero todos los días.
De la nada, ansié como nunca la salida a Hogsmeade.
