Olóoo de nuevo! :D Veo con alegría que ya hay review! Mil gracias Arizgcv! :3 Espero que haya más reviews así como hay alerts y favorites... Bueno,éste es el 4° capi: en él se hace referencia a una criatura fantástica, la cual puse la descripción (bastante reveladora en lo que respecta a la personalidad de Astoria) al final del capi.
Sin más, espero les guste. :D
Capítulo 4: Verde y azul.
La semana se pasó como agua, y cuando me di cuenta ya estábamos alistándonos para la salida a Hogsmeade del día siguiente.
- Opa opa opaaa – canturreaba Dafne, totalmente recuperada de su depresión de dos días – Astoria quiere sopaaaa y Alexander se la daa…
- ¡Cállate!
- …Con un beeeso en laaaAUCH!
El libro había dado justo en su cabeza.
- Dije que te callaras…¡Accio libro! – señalé el libro tirado en el suelo de la Sala Común con mi varita, y salió volando hacia mi mano – nadie se hace novia de nadie en la primera cita, Dafne.
- Que aguafiestas eres, Astoria. El chico está más que loco por ti, y tú no eres indiferente a él, me he dado cuenta perfectamente.
- No soy indiferente, claro que no. Me agrada, es lindo, inteligente, y directo. Justo como me gustan.
- Además, es guapo. ¿lo besarás?
- ¡Dafne!
- Bien, bien. Ya me callo. – dijo mientras se volvía a hundir en el sillón frente a mí.
La mañana estaba fría, y para mi emoción, había rastros de la primer nevada cuando salimos para dirigirnos a Hogsmeade.
Alexander, arrebujado en una chamarra negra con rombos azules, me esperaba en la entrada. Sus ojos miel, lo único que se veía de su rostro cubierto por la bufanda azul rey que llevaba, resplandecían.
- ¿Hace frío, no? – me saludó cuando me acerqué sonriente a él. Noté que tenía las manos atrás de su espalda.
- Sí, un poco pero el frío me agrad…
No alcancé a responderle pues con fluido movimiento me colocó una bufanda verde esmeralda en mi cuello. Sentí una punzada de ternura en el estómago.
- Pensé que el azul no te gustaría así que…- sonrió.
Tomé una orilla de la bufanda entre mis dedos. Mi tono de verde favorito, ¿cómo diablos lo había adivinado?
- Vaya…es hermosa. Gracias – le sonreí.
Al ponerme la bufanda habíamos quedado mucho más cerca, como ese día en la biblioteca. Escuché el molesto canturreo de Dafne en mi memoria, y no pude evitar sonreír levemente, intentando controlar una risa nerviosa.
Las manos de Alexander, aún puestas sobre la bufanda en mi cuello, se trasladaron disimuladamente a mi cabello. Dio un paso hacia mí, y pude sentir su aliento cálido en mi rostro.
Pero esta vez no me moví. No quería moverme. Lo miré a los ojos, notando por primera vez unas ligeras vetas de color verde en sus iris miel.
Acerqué mi rostro un poco más, y la punta de mi nariz acarició suavemente la suya. Cerré los ojos. Nuestros labios se rozaron…
- Vaya, que romántico momento…¿les tomo una foto? – dijo una voz que arrastraba las palabras.
No era posible.
Simplemente NO era posible.
Abrí los ojos y noté que Alexander miraba por encima de mi hombro, furioso. Volteé y le dediqué al molesto rubio una mirada de odio mortal. Él sonreía, exultante.
- ¿Qué, Malfoy, la quieres para luego pegar tu cara sobre la de él y poder imaginarte que pasó en verdad?
Alexander no pudo reprimir una risita. A Malfoy se le borró la sonrisa y la cambió por una expresión de desdén.
- ¿Bromeas, Greengrass? Primero besaría a un hipogrifo antes que a ti.
- Y yo primero te mato antes que dejarme besar por tí.
- ¿Ah sí? Pues…
- Creo que se nos hace tarde – dijo secamente Alexander tomándome de la mano y jalándome suavemente – te invito un café, vamos.
Le lancé una última mirada de asco a Malfoy, y seguí a Alexander.
Ya que estábamos bastante alejados de él, Alexander suspiró.
- Vaya, Malfoy es algo molesto, ¿verdad?
Solté uno de mis acostumbrados bufidos.
- Ni que lo digas. Todos estos años ha sido horrible y lo sigue siendo.
- Me imagino. Es bastante divertido ver que una chica lo desdeña de esa manera, cuando él la busca tan insistentemente.
Me quedé congelada a la mitad del camino y volteé a ver a Alexander como si estuviera loco.
- ¿Qué…qué dijiste?
- Vamos, Astoria, no me digas que no te has dado cuenta – se detuvo y me miró como si fuera obvio lo que estaba intentando explicar – él te busca para discutir como las lunas buscan a sus planetas. Y como tú le respondes de mala forma, él te sigue buscando. Te ha de ver como un reto o algo así.
Lo miré mientras seguíamos caminando. ¿Draco Malfoy verme como un reto? No sonaba tan descabellado. Eso explicaba que desde que nos habíamos conocido nos hubiéramos odiado. Incluso esa vez…
- Desde la primera vez terminó en pleito. – dije en voz alta
- ¿La primera vez de qué?
- ¿Eh? Ah, olvídalo…luego pienso en voz alta sin darme cuenta.
- No. Suena interesante – me dijo Alexander sonriente mientras me detenía la puerta del café para que pasara.
Y a mala hora pasé. Me di cuenta de dónde estaba cuando ya era demasiado tarde.
Siempre odié el café de Madame Pudipié. Era cursi, ridículo y vulgar para mi gusto. La primera vez que Wood me llevó ahí, salí haciéndolo jurar que no me volvería a llevar. Solté un suspiro de resignación mientras mi acompañante me ofrecía una silla.
- Bueno…no es una gran historia – musité después de que Madame Pudipié se fuera con nuestra orden – es de la primera vez que me topé con Draco Malfoy.
- ¿Cómo fue? - me preguntó el Ravenclaw.
- Bueno, me lo encontré en el callejón Diagon. Yo iba con mi madre y entramos a comprar mi varita con Gregorovitch. Él estaba ahí con su padre, buscando un equipo de limpieza de varita.
Me vino a mi mente el recuerdo de su padre: ojos grises, de hielo, como los del hijo. Ojos altivos que me había causado desagrado. Sin embargo, me alegraba que Lucius Malfoy no hubiera terminado en Azkaban, gracias a la piedad de Potter…San Potter, como lo había bautizado Malfoy años atrás.
- Se quedaron ahí de metiches a ver que varita me tocaba, fingiendo que estaban viendo otros artículos del aparador interno. Cuando al fin una varita me escogió, Gregorovitch dijo que era muy antigua ésa varita y no sé cuántas cosas más recitó…Y cuando Draco escuchó los detalles de mi varita, empezó a molestar diciendo que la varita era rara como su dueña. Yo le enseñé la lengua, y su padre lo jaló hacia afuera antes de que me contestara. Eso es todo.
- ¿Y se puede saber por qué dijo eso de tu varita?
Yo me encogí de hombros mientras sacaba mi varita del bolsillo interno de mi gabardina. Era negra y el delgado mango tenía decorados victorianos grabados con fuego. Alexander la tomó delicadamente.
- Humm…32 centímetros si no me falla el cálculo. Madera de ébano puro, y núcleo de…- me miró interrogante.
- Escama de Shek.*
Alexander me miró sorprendido.
- ¿¡En…en serio!
- Sí. No sé qué le ven de especial.
- Bueno, no es un núcleo muy común - musitó mientras me devolvía mi varita – muy pocos magos se adaptan a este núcleo porque suele ser muy temperamental y aún más difícil de manejar que las de núcleo de escama de dragón. Además, ese núcleo es distintivo de una varita muy fiel: no funciona bien con nadie más que no sea su dueño original. Es excelente para magia de ataque y…
- Hechizos mentales – continué – como la legeremancia y la oclumancia. Lo sé.
- Sí…De hecho Astoria, en la edad media solamente la usaban…bueno, los magos oscuros.
Lo miré fijamente.
- Vaya. No sabía esa parte.
- Sí…es la primer varita de ese núcleo que veo en vivo y a todo color.
Reí.
Después de más pláticas sobre la edad media y las varitas, y el café, al fin salimos del asfixiante local. El viento frío me golpeó en la cara al salir, sacándome de la pausa mental en la que ése maldito café me ponía. Me acomodé mi bufanda nueva.
- ¿Ahora adonde quieres ir? – me preguntó
- Bueno… - le dije dudosa – ¿Qué tal caminar sin rumbo?
- Suena bien – sonrió.
Después de caminar toda la tarde sin rumbo, riendo y bromeando, llegó la hora de volver a Hogwarts.
- Bueno…- me dijo al llegar al pasillo que daba a la Sala de Slytherin -…espero te haya gustado mucho la bufanda.
- Me encanto – le dije sonriente – es realmente bonita, y de mi color favorito. ¿Cómo lo supiste?
- ¿Es tu color favorito? Vaya, fue una afortunada casualidad. Te la di verde porque es el color de tu casa y de tus ojos, pero ahora que sé que también es tu color favorito, lo tendré presente.
- Bien.
Nos quedamos callados, mirándonos por unos segundos. De pronto él se acercó a mí.
- Ése Malfoy interrumpió algo que no debería haber interrumpido.
Lo miré mientras sus manos tomaban mi rostro delicadamente. Sentí de nuevo su aliento cálido en mis labios, y volví a cerrar los ojos como la vez anterior.
Sentí sus labios acariciando los míos suavemente, jugando con ellos. Mis manos se posaron en sus hombros y mis labios correspondieron al beso. Un beso suave, lento y dulce.
Después de un rato, nos separamos. Abrí los ojos y encontré esos brillantes puntos de miel clavados en mí. Le sonreí.
- Humm…buenas noches – dije, sin encontrar otra palabra más que decir.
- Buenas noches. – me susurró mientras me separaba de él y me dirigía a mi sala común.
Sentí su mirada clavada en mí cuando la puerta se cerró a mi espalda. Sin detenerme, me dirigí directamente hacia el dormitorio. Afortunadamente, Dafne ya estaba dormida cuando llegué.
Me puse la pijama y me deslicé en mi cama sin hacer ruido. Clavé la mirada en el techo, y pasé la punta de mis dedos por mis labios.
No había podido evitar comparar ese beso con los de Oliver: eran sumamente parecidos. Había sido justo como lo imaginé…y me había agradado.
Cerré los ojos y me dispuse a dormir, con una sonrisa en la cara.
*Shek: Los sheks son seres de sangre fría, con forma de serpiente gigante, aunque mucho más alargada, cuyo cuerpo está recorrido por unas alas finas, membranosas y alargadas. Sus escamas son finas y duras, sus ojos hipnóticos, y sus huevos son grandes y oscuros. Los sheks suelen vivir alejados de cualquier ser vivo que no sea de su raza, y se alimentan indistintamente de todos los animales. A diferencia de los dragones, son capaces de generar hielo a voluntad, en lugar de fuego, y sus colmillos poseen un letal veneno que tarda unas horas en actuar. Los dragones son sus enemigos a pesar de ser especies sumamente parecidas.
Los sheks son profundamente prácticos, aman la belleza y son muy inteligentes, fríos y despiadados, siempre que la situación lo exige. Controlan su instinto, aunque la mayoría pierde ese control en las luchas con los dragones, en las cuales dicho instinto los domina casi por completo, jugando por lo general en su contra.
Poseen poderes telepáticos, que les sirven para comunicarse entre ellos, formando así una extensa red telepática y de otros poderes mentales. Pueden matar introduciéndose en la mente del oponente, pero, a no ser que dicho oponente también sea telépata, necesita mantener contacto visual. Este poder mental los hace superiores en muchos aspectos. Cuando dos sheks tienen un lazo, que se establece al cabo de un largo periodo de tiempo, funden sus mentes como señal de su confianza mutua, para ver los recuerdos, ideas y pensamientos del otro; es una especie de acto sexual. También lo usan en los duelos entre los de su raza, siendo por tanto escasos los combates cuerpo a cuerpo. Gracias a esta capacidad no necesitan estar físicamente junto a un congénere para estar conectados con el resto de su raza.
Hay ciertos hechizos protectores para evitar que se metan en la frente de los magos. Les agrada vivir en los lugares más fríos, y se desconoce su origen. Destacan por su inteligencia y su frialdad calculadora.
